Esta es una historia adaptada a los personajes de Candy Candy, Los personajes pertenecen a Mizuki e Igarashi


Hola chicas

Bueno pues, ante todo quisiera agradecerles que siguieran conmigo esta historia.

Desde que la leí la primera vez supe que los personajes de la historia eran muy parecidos a Candy y Albert. Quise subirla hace ya un tiempo, pero fue cuando empezaron las adaptaciones, y me acobarde, porque siempre supe que esta historia no es la típica historia que solemos leer.

Esta historia es diferente, dramática al 100% y como ya se habrán dado cuenta mucha de ustedes, el final pese a que será "feliz" no será el tipo felices por siempre.

Aprovechando, quisiera dar las gracias a un mis de amigas GW y MV, por ayudarme en el capítulo anterior, ya que este si no está en el libro y fue por petición de varias de ustedes, ya que querían un encuentro más íntimo entre los rubios.

Pues, sin más preámbulo, les dejo el ultimo capitulo.


Seis semanas después...

Bajé por las escaleras poco a poco y con cuidado, sosteniendo mi largo vestido blanco para que el dobladillo no tocara el suelo.

Mi padre me esperaba abajo intentando mantener la sonrisa con todas sus fuerzas. Cuando alargó la mano para tomar la mía, se le escapó una única lágrima que le resbaló por la mejilla como una perla perdida.

—Ojalá tu madre estuviera aquí para verte. Estaría muy orgullosa de ti.

Me puse de puntillas para darle un beso e inhalé el olor refrescante y familiar de su aftershave.

—Calla, papá, o harás que me ponga a llorar y eche a perder todo el trabajo que ha hecho Annie.

Contemplé el pasillo y el salón; momentos antes, estando en la planta de arriba, había sonado como si al menos hubiera cien personas en la casa.

— ¿Ya se han marchado todos?

Mi padre recorrió con la mirada la casa vacía.

—Sí, cariño. Solo quedamos tú y yo. El coche está fuera esperando.

Suspiré para tranquilizarme. Había llegado el momento.

— ¿Nerviosa? —preguntó mi padre, pasándome mi ramo de rosas rojas.

Sacudí la cabeza sonriendo.

—Solo emocionada.

Tomó mi mano y me guió hacia la puerta.

—Es hora de salir, Candy.

Las seis semanas de compromiso habían pasado volando debido a los preparativos de la boda. Supuse que algunos dirigirían miradas curiosas a mi cintura para explicar nuestras prisas. Estarían equivocados, por supuesto, pero si insistían sería más fácil dar esa explicación que contar la verdad. ¿Cómo habrían reaccionado si hubieran oído la conversación que mantuvimos al respecto Albert y yo?

—No quiero esperar —me había confesado pocos días después de Navidad—. Ya te he esperado demasiado tiempo.

Sus palabras me habían llenado de una cálida satisfacción, pero aún había algo que me inquietaba sobremanera.

—Sé que pensarás que solo son tonterías —empecé—, pero déjame decirlo una vez y te prometo que nunca volveré a hablar del tema.

Asintió levemente. Supongo que imaginaba lo que iba a decir.

—Esto que me ha ocurrido... Sea lo que sea... Creo que empezó cuando me golpeé la cabeza en aquel accidente de coche y acabó fuera de control después de que me atracaran y volviese a hacerme daño...

—Continúa —urgió al verme fruncir el ceño; me resultaba difícil decir aquello.

— ¿Y si me ocurre algo otra vez? ¿Qué pasa si «vuelvo atrás», por así decirlo? ¿Qué haremos si todo vuelve a cambiar?

Me acercó hacia él y me besó lentamente como si quisiera ahuyentar aquella absurda idea.

—No pasará nada de eso —prometió —. No vas a ir a ninguna parte sin mí. No te lo permitiré. —Era una bonita declaración, pero vio que seguía preocupada—. En la vida no tenemos garantías de nada, Candy. Hay accidentes y enfermedades y no podemos evitarlo. Mi trabajo a veces puede resultar peligroso, ¡y ya sabemos que tú puedes meterte en graves problemas solo con levantarte de la cama! Pero no podemos dejar que eso rija nuestras vidas.

—Aunque para curarme en salud quizá te regale un casco como obsequio de boda.

— ¡Quedará muy bien con el velo!

—Lo que a mí me preocupa más — dijo cambiando de tono— es qué puede pasar si de repente recuperas la memoria y un día te despiertas y descubres que te has casado con el hombre equivocado. ¿Y si te das cuenta de que en realidad querías estar con Terry?

En sus ojos había una vulnerabilidad que nunca había visto antes.

— ¿O sea que me curo de la amnesia pero me vuelvo totalmente estúpida?

Intentó esbozar una sonrisa, pero no se reflejó en sus ojos.

—Supongo que los dos nos preocupamos por cosas absurdas que nunca ocurrirán.

El largo vehículo plateado, decorado con lazos blancos, esperaba junto al bordillo. Algunos vecinos observaron desde sus puertas o jardines cómo mi padre y yo salíamos de casa. Cerca de nosotros un niño pequeño gritó de alegría. Alguien empezó a aplaudir y la ovación se propagó por toda la calle.

En la parte trasera del coche, mi padre alargó el brazo para apartarme de la cara un largo mechón de pelo que me la tapaba.

—Mi preciosa hija —dijo sonriendo mientras el coche se alejaba de casa y emprendía el corto trayecto hacia la iglesia.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

La enfermera hizo muy poco ruido al entrar en la pequeña habitación. No obstante, su entrada sobresaltó al hombre sentado junto a la cama. Este levantó la vista con expresión preocupada, pero al ver que estaba sola se relajó un poco.

¿Quiere que le traiga algo? — ofreció con amabilidad la enfermera, ocupada en alisar la colcha, que por otro lado siempre estaba arreglada.

No, gracias —contestó educadamente.

Ella le miró con compasión. Tenía un aspecto muy débil y frágil, como si fuera él quien debiese guardar cama. No había dejado de acompañarla junto a su lecho ni un solo día. Decían que ni siquiera acudía ya a su propio tratamiento. Para las enfermeras era tan desgarrador... Todas se sentían del todo inútiles.

Cruzó el cuarto para alcanzar los aparatos situados al lado de la cama y llevó la mano a un interruptor.

Le bajaré el volumen a esto, ¿de acuerdo? Acaba siendo un poquito irritante.

No, por favor —rogó el hombre en tono angustiado—. Me gusta oírlo. Cuanto más alto mejor. Demuestra que sigue con nosotros.

La enfermera tragó saliva para deshacer el nudo que tenía en la garganta, pero hizo lo que le pidió y subió el volumen en lugar de bajarlo.

El bip-bip alto y persistente que emitía el dispositivo de soporte vital llenó la habitación.

εїз

El coche avanzó majestuosamente hasta la entrada de la iglesia. Esperando junto a la entrada techada del cementerio estaba Annie, resplandeciente con su vestido color carmesí de dama de honor. Mi padre me ofreció su mano para ayudarme a bajar del coche. Annie se acercó inmediatamente y comenzó a alisar las arrugas inexistentes de mi vestido. Miré a mi vieja amiga, que estaba agachada a mis pies, con una pregunta en los ojos.

Me cogió la mano y me dio un pequeño apretón.

—Claro que está aquí.

Sonreí un poco, aliviada.

—Lleva toda la vida esperando esto, Candy. ¿Dónde quieres que esté?

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

La enfermera los dejó a solas, pues comprendía que el hombre necesitaba hasta el último momento de privacidad. Él contempló con amor a su querida hija, que yacía inmóvil en el lecho del hospital. No veía los tubos y cables que la conectaban a la máquina que la mantenía con vida. Solo veía a su única hija, perdida en un sueño profundo del que no lograba despertar.

Papá está aquí —murmuró con ternura mientras le caían las lágrimas.

Alargó el brazo para acariciarle el rostro, fijándose apenas en la cicatriz blanca en forma de rayo que le iba desde la frente hasta la mejilla. Con dedos temblorosos le apartó de la cara un largo mechón de pelo que se la tapaba.

Mi preciosa hija —dijo llorando desconsoladamente.

Esa vez, la enfermera llamó a la puerta con discreción antes de entrar.

Solo quería decirle que el doctor Lenard acaba de llegar. Vendrá en diez minutos, más o menos.

¿Tan pronto? —preguntó el hombre con pánico.

Todo estaba pasando muy deprisa; quedaba tan poco tiempo...

Cuando volvieron a quedarse solos en la habitación, cogió la botellita que guardaba en el cajón de la mesita de noche. Le temblaban los dedos mientras trataba de quitarle el tapón y varias gotas cayeron sobre la almohada de su hija. Se aplicó un poco de su característico aftershave en las mejillas macilentas.

Hacía mucho tiempo le habían dicho que a lo mejor todavía era capaz de oír y de oler cosas, incluso desde lo más profundo de su coma. Así pues, cuando estaba en la habitación siempre lo llevaba encima con la esperanza de que, de alguna forma, la fragancia familiar atravesara el velo y le hiciera saber que estaba allí con ella, que no se encontraba sola.

Has sido muy valiente, cariño — susurró cerca de su rostro—. Sé que no quieres dejarme solo, pero estaré bien.

Las lágrimas le quebraron la voz.

Estoy muy orgulloso de ti —añadió mientras alguien giraba el pomo de la puerta y la habitación empezaba a llenarse en silencio.

εїз

Nos detuvimos frente a la iglesia. Tras las puertas de madera oímos que en el interior se había hecho el silencio. Los invitados esperaban nuestra llegada mirando hacia la entrada con los cuellos estirados. Annie se colocó en su posición detrás de mí mientras que mi padre me cogió del brazo. Se inclinó y me dio un beso en la mejilla, y la fragancia de su aftershave se entremezcló con la de mi ramo de flores creando un aroma embriagador.

—Estoy muy orgulloso de ti.

—Te quiero, papá —le dije, colocándome el velo vaporoso sobre el rostro.

En el interior de la iglesia el órgano empezó a tocar un conocido compás. Era nuestra señal de entrada. Las puertas se abrieron y comenzamos a desfilar por el pasillo.

Sabía que todas las miradas estaban clavadas en mí mientras avanzábamos, pero no veía a nadie. Solo existía él. Estaba ante el altar, de cara a mí, esperando, como había hecho durante tanto tiempo, igual que un príncipe en un cuento de hadas. Sus ojos estaban tan llenos de amor que me quedé sin aliento.

Quería ir volando a su lado; casi me sentí propulsada hacia él por la oleada de amor de mi grupito de familiares y amigos. Claro que me alegraba que estuvieran allí para formar parte de ese día, pero las únicas personas que me importaban de verdad eran las que tenía al lado y detrás cuando me paré junto al hombre con quien compartiría el resto de mis días.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

El doctor Lenard entró en la habitación junto a otros dos médicos que no había visto antes. La enfermera apareció discretamente detrás de ellos.

Buenos días, señor White.

El hombre se vio incapaz de responder; se limitó a mirar al médico con unos ojos enrojecidos e inundados de tristeza. El médico se acercó al hombre y le puso una mano en el hombro para reconfortarle. Desde el exterior llegó el sonido de la sirena de una ambulancia, un ruido continuo al que el hombre apenas prestaba ya atención.

¿Entiende lo que vamos a hacer hoy, señor White? ¿George?

El hombre levantó la cabeza y miró al médico.

¿Están completamente seguros? ¿No da ninguna señal? ¿Nada?

El médico sacudió el cabeza, apenado. Se volvió hacia uno de sus colegas y habló en voz baja.

¿El papeleo está en orden?

El otro médico asintió una sola vez.

Es que a veces creo que puede oír lo que ocurre —exclamó el hombre—. Y en ocasiones estoy seguro de que sabe que estoy aquí. Creo que huele mi aftershave...

El doctor Lenard volvió a sacudir la cabeza con tristeza. Había oído la misma historia de muchas otras familias consternadas que deseaban con todas sus fuerzas tener esperanza cuando ya no la había.

Desde que tenía trece años, cada Navidad me ha regalado una botellita de esto —explicó el hombre a la enfermera, cuya compostura profesional empezaba a flaquear al escuchar sus palabras—. Era como nuestra bromita secreta... —Su voz se apagó.

εїз

No recuerdo la ceremonia, aunque seguro que fue hermosa. Oí vagamente los himnos y supongo que dije «Sí, quiero» cuando tocaba, pero en realidad todo se difuminó maravillosamente como si estuviera en un sueño. Lo único que recuerdo es la expresión en los ojos de Albert mientras me colocaba la fina alianza de oro en el dedo y levantaba con cuidado el velo de mi cara. Se oyó una pequeña aclamación desde los bancos que teníamos detrás cuando reclamó mi boca con un beso tierno.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

El hombre asintió con la cabeza, incapaz de hablar.

¿Hay alguien aquí con usted? — preguntó el doctor Lenard, preocupado no por la paciente, por quien no podía hacer ya nada, sino por su padre.

No, no hay nadie —dijo el hombre al cabo—. Solo estamos nosotros dos. Ella es todo lo que tengo en este mundo.

Detrás de los médicos, la enfermera empezó a llorar en silencio.

El doctor Lenard se acercó a la máquina que respiraba por Candy, tal como llevaba haciendo todos los días desde que la habían ingresado en el hospital unos dos meses atrás.

Llevará un momento —dijo en voz baja el doctor Lenard.

El padre agarró la mano de su hija y la apretó con fuerza para que supiera que estaba con ella.

εїз

Nos dimos la vuelta para emprender el camino de regreso por el pasillo. Unidos por fin. Juntos para siempre. Cuando pasamos al lado del banco donde estaba mi padre, él alargó el brazo y Tomó mi mano, dándole un fuerte apretón. Le miré y sonreí. No le solté la mano ni cuando empezamos a alejarnos, manteniendo el contacto hasta que solo nos tocamos con las puntas de los dedos.

Ƹ̴Ӂ̴Ʒ

Se ha ido —susurró el médico al oído del hombre mientras la máquina que tenían detrás confirmaba sus palabras con un lastimero sonido largo y continúo.

εїз

Un sonido largo y continuo proveniente del órgano de la iglesia se oyó detrás de nosotros antes de transformarse en los compases cantarines de una de mis canciones de amor favoritas.

A medida que nos acercábamos a la entrada nos abrieron las puertas de par en par. Una luz inusualmente brillante para el mes de febrero se coló por la entrada y nos deslumbró con su intensidad después de la fría oscuridad de la iglesia.

Albert y yo intercambiamos una mirada profunda y cargada de significado antes de encaminarnos juntos hacia la luz.

✾◕ ‿ ◕✾ FIN ✿◕ ‿ ◕✿

Quiero agradecer a cada una de ustedes por acompañarme en este loco viaje de la adaptación, se que es un historia fuera de lo común, el final es algo que nadie espera, leerlo nuevamente me saco las lagrimas, créanme soy muy sensible con este tipo de historias y de corazón espero que aunque no sea el final que esperaban, le hay gustado mucho la historia

Quiero agradecer a todas ustedes por tomarse el tiempo de comentar. No leemos en la próxima.

Enamorada

Wall-e17

Sasha Vy

Elbroche

Ashlyne

Venezolana Lopez

Lovelycan

Yuyu

Ana Isela

Gladis

MadelRos

Mcvarela

Alyvenus

Aliandrew

Kandrew

Rene

Janethlilith

Marcela

Azukrita

Reeka21

Friditas

Alebeth

Mj

Elsy82

Glen

Gabriela Infante

Gabiota

Y a todas las Guest y a las que leyeron en silencio.

La novela se llama "LA OTRA VIDA DE RACHEL" y el titulo original en ingles es "FRACTURED" de Dani Atkins.