Fueron en busca de la moto para ir a un nuevo destino. Todavía quedaba tiempo hasta que se hiciera la hora de regresar a casa para preparar la cena.
-¿Adónde vamos, mamá? Proponlo tú -Imploró la ojicristal con hartazgo.
-Pues… Tomando en cuenta que ese doctor marica tiene el día libre, casi seguro que terminaré cruzándomelo en todas partes -Chistó, maldiciendo su mala suerte. No solo debía padecer la falta de azúcar, sino que también a ese infeliz, ese miserable que le quitó a su esposa (Según su criterio cuando la realidad fue otra). Definitivamente Madoka-sama la odiaba.
-¿Tan terrible es cruzártelo? -La miró con descreimiento-Ignóralo y ya.
-No tenemos mucho dinero y tampoco es que hayan muchas opciones económicas… -Se masajeó la nuca, contrariada
-Al parque ya fuimos –Reflexionó
-Tenemos el centro comercial, el Templo…
-Vayamos al centro comercial, es un lugar grande y las probabilidades de cruzarnos con él serán bajísimas.
-Tú no conoces mi suerte, te apuesto una barra de chocolate a que nos lo cruzaremos igual.
-Buen intento, mamá -Satirizó la chica sentándose tras ella en la moto- No comerás chocolate hasta que el médico te diga que estás bien. Así que bórralo de tu mente.
Cuando, dicho y hecho, al transcurrir tan solo veinte minutos y cruzárselo en una intersección, Nico le reclamó a viva voz a Dis la barra de chocolate que había ganado en buena ley, las dos mujeres empezaron a discutir de manera infantil sobre quién debería irse del lugar; mientras ambas argumentaban con veracidad que era un sitio público y que tenían tanto derecho como el otro a estar allí.
La mujer loli le propuso a su hija escapar hacia algún lugar donde pudiera estar tranquila, lejos de las tentaciones dulces y lejos de la presencia de ese doctor como de esa mocosa que tenía por hija.
-¿Patín sobre hielo? -Dia miró el letrero entre ojos.
-¡Las probabilidades de que yo venga aquí son nulas! ¡Esto es una investigación científica! ¡Si entramos y ese doctor marica está aquí, es que efectivamente Madoka-sama se está burlando de mí!
Pagaron el uso de los patines y de la pista para entrar al salón con infinito recelo. Fuera de sí, Nico observó cada rostro, buscando en ellos la presencia de Shun y de Yuna. A la bubu desu wa le tranquilizó ver alivio en la expresión de su madre.
-Ey, Mamá… Yo nunca patiné –Avisó la pobre pelinegra menor, aferrándose de la baranda por temor a caer y hacer un papelón
-¿Tú sí? -Terminó de hacer la pregunta y la figura de su madre desapareció de su rango visual.
-¿Esto responde tu pregunta? -Cuestionó la pelinegra mayor desde el suelo. Intentó ponerse de pie de inmediato al sentir como el frío y el agua le traspasaba la ropa.
-Lo siento, mamá -Se disculpó tratando de reprimir la risa, le dio la mano como una forma de redimirse, pero la ojicarmín volvió a patinar al tratar de ponerse de pie. La pelinegra mayor no se fue al suelo porque, oportunamente, seguía aferrada con la otra mano a la baranda.
Llevaban dos minutos tratando de salir de la entrada, pero a Nico se le dificultaba ponerse de pie y mantener el equilibrio. Habrase visto, una idol de su talla vencida por la ley de la gravedad. Y la risa de Dia tampoco cooperaba para sentir menos humillación. Cuando logró mantener el equilibrio y hacerse de la baranda, lo demás fue paulatino. Sin embargo, cuando acabó de nuevo en el piso, concluyó que patinar no era lo suyo. La ojicristal por su lado, no se despegó de la seguridad de su querida baranda, no quería hacer el ridículo como su madre quien, por cierto, ya se había acostumbrado a hacer el hazmerreír desde muchos años antes, desde que estuvo en el grupo de Muse.
Habían alquilado por media hora nada más y para cuando Nico le agarró la mano a eso de patinar, descubriendo que era mucho más sencillo de lo que parecía, tocaba entregar los patines y salir de la pista o, en caso contrario, pagar media hora más.
-No sé qué es tan gracioso -Se quejó la mujer loli, colocándose las botas en la entrada- Tú ni siquiera intentaste dejar la seguridad de la baranda, al menos yo sí.
-Bueno, no es que me esté burlando, pero ey -Intentó justificarse- No es algo de todos los días ver a la gran Nico Nii caer de bruces al suelo -Apretó los dientes, escondiendo la sonrisa
- Y estando sobria -Apuntó, como si fuera lo más relevante a sobresaltar de la cuestión.
Nico no pensaba lo mismo, al menos cuando la nariz empezó a sangrarle de tantos golpes y la ciática a dolerle; lo que más le había herido era la presencia de algunos niños quienes contemplaba el espectáculo lastimoso que daba con atención, revoloteando a su alrededor y patinando con una gracia insultante.
Ya, su pensamiento fue "Si una niña de seis años puede dar una voltereta como esa, ¡Rayos! Yo debería poder ponerme de pie" y "¡Pum!" al suelo. Todo muy divertido para Dia, pero muy doloroso para ella.
La pelinegra dejó de reír cuando notó la expresión iracunda de la mayor. No era un día excepcional para burlarse de Nico, sin embargo comenzaba a acostumbrarse a su mal humor crónico. La gota que colmó el vaso para la ex idol fue cuando aceptó con desgana ir a jugar a juegos de consola y perder absolutamente a todos.
También hubieron una serie de incidentes en el camino donde la frustrada Nico se fue corriendo en dirección a un bar gay de la ciudad, quería despilfarrar su dinero en una chica fácil o incluso cuando se topó con Yoshiko que daba un espectáculo en la calle sólo para golpearla a lluvia de patadones sobre la espalda, o cuando intentó mirar bajo las faldas de una que otra señora en los baños y muchas otras desventuras que es mejor no contar por su contenido inapropiado.
Comenzaba a hacerse de noche para cuando emprendieron el regreso a casa, tanto Shun como Nico se ignoraron mutuamente todas aquellas veces que se cruzaron, porque sí, llegaron a la conclusión de que lo suyo era kármico.
Al llegar a su apartamento, esta estaba en calma y en silencio, la luz apagada daba cuenta de que ni Kanan ni Mari no estaban allí aunque Ruby las estaba esperando. Una nota puesta en el refrigerador fue bastante esclarecedora. La shinny aseguraba no querer estar presente con la chica delfín cuando empezaran las demostraciones de afecto entre las dos o vomitaría, así que por eso se había ido a su casa a pasar la noche con su Kanan.
La bubu desu wa hizo un bollo con la nota y lo arrojó con furia dentro del cesto de la basura, para de inmediato empezar a hacer la cena con ayuda de Ruby que había llegado recientemente. La mujer loli avisó a sus hijas que iría a bañarse, escapando por ese ínfimo instante de la estricta vigilancia de la ojicristal.
Era evidente que ésta no podría estarle todo el tiempo encima, de una manera demasiado literal para su gusto. Ya en su cuarto, usando una camiseta negra y con un pantalón de pijama puesto, revisó en los cajones de su armario hasta hallar un chocolatín.
Sabía que algo hallaría en su cuarto, tenía la costumbre de dejar esa clase de tesoros desperdigados por todos lados. En sus viejos tiempos, cuando se trataba de Nozomi o Kotori (Cuando se trataba de juguetes o material enfermo) había aprendido a conocer como tener varios refugios alternos y por un momento se había olvidado de ese escondite en particular, entre la ropa interior.
Echó una mirada recatada a la puerta y con celeridad empezó a romper el papel. No supo si el imperceptible ruido fue suficiente para alertar a su primogénita, o si esta tenía el sentido del olfato demasiado agudo, pero sintió su presencia tras la espalda, imposible de ignorar.
Lo siguiente ocurrió como en una película con final predecible, empezaron a discutir y a forcejear, los reclamos de Dia morían en los reclamos de su madre, y viceversa. La mujer loli no tenía fuerza para luchar contra la sobreprotección de la ojicristal, se sentía algo herida por las duras palabras de su hija y su mirada recriminatoria. Quizás la joven no lo sabía, pero tenía una capacidad asombrosa para herirla en lo más profundo solo con sus comentarios. Era una experta en dar contra comentarios, no debería sorprenderle.
-¡Después de que pasé un día horrible contigo!
-¡Yo no te pedí que hicieras de madre!
-¡¿Es así como me lo pagas?! -Le quitó el dulce de la mano, sin sentirse conmovida por la expresión angustiosa de la mayor-¡Por Dios, mamá, se supone que eres una adulta, sé que es difícil para ti, y más lo del divorcio pero podrías poner un poco más de empeño de tu parte para hacerlo más sencillo!
Ahora hacía miradas furiosas (Como las que hizo en el capítulo 2 de Sunshine) mientras la mujer loli no se quedaba atrás
- ¡Los que te rodeamos queremos tenerte viva! ¡¿O quieres que te amputen las piernas?! ¡¿O terminar en una sala de hospital, postrada en una camilla?!
-Me tienes harta -Se llevó los dedos a su sien derecha tratando de controlar su furia, sabía que la falta de azúcar la ponía sensible y no quería hacer algo de lo que luego se arrepintiera, como romperle la cara de una trompada
-¡Estuve todo el día aguantándote chillar en mi oído!- Se interrumpió para reclamar al ver como su hija se metía sin titubear la redondeada golosina en la boca- ¡Escupe eso, si yo no lo como tú tampoco! -Se acercó a ella para tomarla de la nuca y, con la otra mano, meterle los dedos dentro de la boca.
Hablaba en serio cuando afirmó que si ella no podía comerlo, no lo comería nadie. Al menos de eso se dio cuenta la bubu desu wa cuando sintió los dedos de la mayor dentro de la boca, intentó tragar, pero era demasiado para ella y no era ni siquiera Hanamaru que se tragaba un emparedado, así que irremediablemente se ahogó. Nico tuvo que ayudarla, dándole unas palmadas algo dolorosas en la espalda que le hicieron dudar respecto a si era una ayuda o una venganza.
-¡Ya está, deja de quejarte! -Habló la ojicristal cuando se vio liberada de las garras de la muerte.
Lo que tenía que hacer por la salud de su madre que encima seguía quejándose en vez de notar el esfuerzo que estaba haciendo. ¡No era nada agradable ejercer el papel de madre para con ella! ¡Ni tampoco era agradable escucharle decir cosas tan groseras o tener que tolerar esas miradas sobre su persona!
Pero si lo hacía era porque le importaba lo suficiente como para que todo ese malestar fuera secundario. Si lo hacía, era porque su madre había estado ahí para ella, un millar de veces, siempre estuvo a su lado desde que nació
-¡Harta me tienes! -Aseguró Nico, y no, no iba a quedarse sin su cuota diaria de azúcar por culpa de esa niña con complejo de adulta. Se suponía que ahí ella no solo era el responsable, sino además, su madre. Se haría respetar, aunque fuera a golpes.
-¡Ya me lo comí, así que deja de llorar! –Vociferó la pelinegra menor, todavía ahogada; vio la sonrisa malvada de Nico y supo que eso no era nada bueno, no auguraba nada saludable o positivo.
Acaso, ¿La falta de azúcar como la ausencia de Maki en verdad podía despertar el lado más siniestro y perverso de Nico-chan? La bubu desu wa no lo sabía y no quería quedarse allí a averiguarlo. Intentó dar la vuelta y huir, pero la mujer loli la tomó fuerte de la mano para tumbarla sobre el tatami (Suelo de una casa japonesa).
-¡No es tarde, todavía queda! -Gritó de manera incoherente antes de meterle la lengua, literal y asquerosamente, dentro de la boca.
-¡¿Qué haces?! -Quiso quejarse como dictaba su naturaleza, pero la mujer no le dio lugar siquiera a respirar. Se lo merecía por ser tan débil y blandengue… Una forever alone y una perdedora
Dia creería, con acierto, que la ojicarmín la estaba besando, pero para Nico, desde su lugar, eso no era un beso, era una venganza.
-¡No es suficiente! -Exclamó, liberándola por unos segundos. Necesitaba más azúcar, aunque los labios, la boca y los dientes de su hija guardaban restos del medallón de chocolate con menta, era insuficiente para saciar su adicción.
-S-Suéltame, mamá -Aunque había querido sonar histérica, como nunca antes hubiera sonado, la voz le había nacido trémula y dubitativa. Hasta daban pena de existir esas palabras.
-¿Sabes hija? Cuestionó sosteniéndola de las muñecas- Nozomi una vez me dijo que el chocolate es un buen sustituto del sexo.
-Mamá… -Lloriqueó, o eso le pareció a la mujer loli
-Oh, sí –Carcajeó- Y si lo ponemos a la inversa…
-¡No!
-¡Vamos, princesa! -La alentó con sorna-Ya tuvimos la cita, este es el paso siguiente en la relación…
-¡¿Qué relación?! -Gritó enrojecida.
¿Nico le estaba hablando en serio? ¿De verdad pretendía satisfacer su necesidad de azúcar con sexo? ¿Con su propia hija? ¿Esa era la mujer quién la llevó en su ser y la dio a luz? Más que su madre parecía una mujer frustrada, subnormal, desquiciada y enferma.
Amén de que no se lo creía nadie, sonaba más a pretexto que a realidad. Estaba demente si en verdad creía que ella, Dia Nishikino, hija de una prestigiosa familia, se dejaría así como así. Sintió una mano de la ojicarmín dando directo en su seno derecho mientras que la otra estaba a escasos centímetros de la perdición, y ya no se sintió tan segura de su último pensamiento. Cerró los ojos y tragó saliva al ver la sonrisa bribona en la pelinegra mayor.
