¿Nico le estaba hablando en serio? ¿De verdad pretendía satisfacer su necesidad de azúcar con sexo? ¿Con su propia hija? ¿Esa era la mujer quién la llevó en su ser y la dio a luz? Más que su madre parecía una mujer frustrada, subnormal, desquiciada y enferma.

Amén de que no se lo creía nadie, sonaba más a pretexto que a realidad. Estaba demente si en verdad creía que ella, Dia Nishikino, hija de una prestigiosa familia, se dejaría así como así. Sintió una mano de la ojicarmín dando directo en su seno derecho mientras que la otra estaba a escasos centímetros de la perdición, y ya no se sintió tan segura de su último pensamiento. Cerró los ojos y tragó saliva al ver la sonrisa bribona en la pelinegra mayor.

-Si hasta quieres -Murmuró con satisfacción al descubrirla excitada.

Nada extraño tomando en cuenta que Dia, así de tímida como era (Pero en las intimidades con su dokimakura), no dejaba de ser una adolescente promedio. Si se empalmaba con una foto de su tía Eli, de Maki o de cualquiera de sus tías, no era nada extraño que lo hiciera ante un contacto tan directo y osado.

-No, no quiero… -Aseguró ofendida- No así

-No seas tonta, al menos debes sentir curiosidad -Le sonrió, tratando de convencerla. Agudizó la mirada, notándola cohibida- Por algo todavía estás teniendo esas fotos

-¿Esas… fotos? -Musitó con un hilillo de voz y Nico asintió.

-Sí, "esas" fotos… las miles de fotos que tienes de Eli por "error" -La risilla malvada se le escapó-¡No mientas Dia, Eli es tu proveedora oficial de pornografía! ¡Y sé muy bien que esas fotos siguen estando en tu armario junto a las demás! -Hasta podía asegurar que había sido frecuentemente revisada, por algo las puntas de los cuadros estaban marcados.

Aquello era veraz, debió reconocer la ojicristal, al menos lo de "proveedora oficial". Por estar obsesionada de manera sexual por su tía, no tenía más opciones que recurrir tanto a Mari como su tía Nozomi con la excusa de que era para guardar el legado de las school idols, o recurría a Riko cuando quería hacerse de algún manga yuri para adultos. Sin pudores, Dia admitía que Eli Ayase desde algún tiempo era su fantasía sexual sabiendo que estaba casada y Mari su mejor amiga era su hija.

Una de esas tantas veces le había tomado por error cuando estaba en bikini -Qué ingenua se sintió en ese instante al darse cuenta de que no había sido ningún error- Y aparte compró una revista que no versaban solamente de chicas con chicos o de chicas con chicas… ¿Qué? La bubu desu wa también tenía su lado perverso, que fuera una chica seria y respetable no significaba que fuera una santa.

En ese entonces Nico se había disculpado con su hija, entre risas, diciéndole que las tirara, pero vaya sorpresa se llevó meses después al revisarle su preciado botín pornográfico y encontrarla. No estaba tan errada en sus suposiciones, Dia Nishikino, su hija biologica era una amante de las milf, le gustaba destruir matrimonios ajenos, era una lesbiana NTR de clóset, aunque Homura-sama la ubicara en el tres en su escala, Konata la ubicaría en un puesto un poco alto.

-¿De verdad no sientes nada de curiosidad? –Preguntó Nico mientras le bajaba lentamente la falda. Ni tiempo le estaba dando a la ojicristal para pensar una respuesta.

-¡Pero es una curiosidad sana, no significa que quiera o esté en verdad dispuesta a hacerlo con un mujer, ni menos contigo!

-Yo quiero, tú quieres -Canturreó, bajándole la pantimedia para observar sin reparos una sensual braguita roja con decoraciones, le subió la camiseta hasta quitársela, un bonito sostén rojo con detalles negros y aparte sus senos eran iguales a los de Maki… Era como ver a Maki con cabello negro y ese peinado estilo japonés tirando al estilo egipcio.

Oh, sí, Dia, su propia hija que nació de su vientre era un jovencita muy hormonal, Nico lo sabía muy bien. Los más moderados en el fondo son los más perversos, esa actitud de niña perfeccionista como estricta no la llevaba en balde, completaba el target. Su hija en ropa interior, la contempló con afecto. Era un pensamiento idiota de su parte, pero después de todo era Nico Yazawa, la gran idol Nico Nii y a esas conclusiones perversas llegaba sin ningún tipo de esfuerzo.

-Mamá…

-Tranquila -Le susurró mientras se quitaba el sueter para liberar del encierro su propia anatomía, no tenía sostén pero su plano pecho era fornido y por no decir deleitable, en verdad la gimnasia le daba buenos puntos, no era una mujer de grandes atributos pero de alguna manera era codiciable por no decir, una mujer con cara de niña pero bien violable. Se recostó sobre la ojicristal y le habló con calma

-Soy yo, tontita. No voy a hacerte daño adrede.

-Lo sé, es que… -No sabía bien cómo expresar lo que sentía.

Podría asegurar que experimentaba confusión, además de una curiosidad desbordante, porque por mucho que quisiera negarlo y escudarse en su personalidad seria, que Nico la acariciara así, en esa zona tan personal, le resultaba muy agradable y gratificante.

-Es mejor entre amigas, ¿No te parece?

-No me parece -Se quejó, tiritando de miedo al ver la entrada de su madre con más claridad cuando se levantó para estirarse hasta la cómoda. La vio abriendo un cajón y revisarlo con impaciencia, hasta quitar algo que, supo de inmediato por deducción lógica, era un condón y un arnés

-Lo primero es la seguridad, ¿Cierto? No es que yo tenga alguna enfermedad, pero siempre hay que tomar recaudos cuando nos metemos a una cueva por primera vez, aunque esta esté inexplorada.

Linda alegoría, pensó la menor, y no pudo evitar sonreír, sintiendo como los músculos poco a poco se relajaban. Si lo pensaba bien y con calma, no era tan terrible la idea de hacerlo con su mamá, después de todo siempre se sentía segura a su lado, y esa no sería la excepción aunque no estuvieran en un momento tortuoso o que Aqours no estuviese en problemas.

La mayor tenía una manera muy particular de cuidarla y de educarla, no en vano pensaba que si estaba allí con el arnés listo para destrozar, hablándole sobre esas cuestiones y tomándose todo el tiempo del mundo era porque tenía una real intención de velar por ella y prepararla a futuro.

Se arrodilló en la cama para darle a la bubu desu wa una mejor vista de lo que hacía y, ante su atenta mirada, rompió el envoltorio del preservativo para colocárselo en la punta del pene plástico. Sin dejar de hablarle, sin dejar de decir idioteces en veinte de las diez frases que soltaba, pero con la clara intención de proveerle toda la información que su hija mayor podría llegar a necesitar en esas circunstancias.

-… Y es muy importante que no quede aire en la punta, porque cuando entra se puede romper. Y si estás con una chica, créeme, no querrás que se rompa.

-Ah… entiendo…

Aquello parecía una clase, se sentía que Nico era la sensei y Dia la alumna. No pudo evitar reír al ver esa situación de aquella manera, en especial porque la ojicristal tenía una expresión aturdida que era antológica. Lo bueno es que ya no lucía asustada, ni mucho menos contrariada o asqueada por estar así con su madre, en una situación evidentemente íntima.

-¿De qué te ríes? -Se ofendió la pelinegra menor, tapándose por decoro con las manos. Por un momento, tan atento estaba a los movimientos de la mayor, que no había reparado en su propia y expuesta desnudez.

En respuesta a su pregunta la ojicarmín se quitó el condón. Le sorprendía descubrir que pese al frío y a la aparente atmosfera calma, todavía ese pene de plástico y látex siguiera erecto.

-Ahora tú… -Le puso uno de los condones en la mano.

-¡No voy a tocártela! -Se quejó, pero por costumbre más que por sentirse en verdad molesta. Chistó y protestó en silencio al ver como la mujer loli esperaba en verdad a que ella hiciera toda la faena- No entiendo para qué te lo quitaste, si ya…

-No te quejes, vamos… -Se acercó más a ella, ofreciéndoselo con una sonrisa lujuriosa. Aunque estaban envueltas en un clima que resultaba familiar y en absoluto era erótico, su propio cuerpo parecía ser consciente de que todo ese preámbulo era necesario para logar su cometido.

Era como estar sentando en el restaurante esperando a que el postre llegara a la mesa. Debía aguardar los minutos necesarios hasta que el cocinero lo preparara y, en esa ansiedad desbordante, podía disfrutar en verdad de él cuando finalmente llegara.

Dia estaba relajada y se tomaba toda la situación con una naturalidad que esperaba de su parte; aunque llevaba varios meses con la idea de tenerlo allí y en esa situación, Nico no pretendía que su primera experiencia con su hija estuviera cargada de miedos y tensiones.

Sentir las delicadas manos de la bubu desu wa sobre el pene falso y la inexperiencia de este, la encendían y la enternecían en partes iguales. La ayudó un poco, hasta que la pelienegra menor logró deslizar el condón hasta la base, apretando la punta para liberar el aire, tal como le había aconsejado. Era una buena forma de asegurarse que lo haría a futuro cuando estuviera con otra amante; al menos podía decir que ya había pasado por la experiencia.

La ojicristal quiso quejarse y salir corriendo cuando la vio rompiendo otro envoltorio, era uno transparente que mostraba un gel incoloro, supo lo que eso significaba, pero por más que su mente decía "no", su boca y en especial su cuerpo, parecían mostrarse predispuestos.

O sería que en verdad no tenía la fuerza de voluntad necesaria para frenarla. Una parte de ella, muy tonta, pero con gran peso, se decía que era injusto para la mayor. Nico se había tomado la molestia de aconsejarle y hasta había tenido la suficiente paciencia para estar media hora estando en bolas sin hacer otra cosa más que hablarle.

¿Tenía derecho a dejarla así? ¿A pararse y mandarse a mudar? ¿A decirle "Maejor otro día, por hoy es suficiente"? Sí, tenía derecho, pero la pelinegra menor sentía que no era justo para su madre. O quizás su mente buscaba alguna vana justificación para permitirse la atrocidad que iba a cometer.

-Mamá, está muy frío -Se quejó al sentir el gel en una zona por demás personal, intentó aferrarle la muñeca, pero con delicadeza Nico le quitó la mano que le entorpecía.

-Relájate, o no podré meter ni un dedo.

-¡Es que no quiero que metas nada! -Gritó logrando con facilidad la carcajada de la pelinegra mayor

-O sexo o chocolate.

-Mira, si me pones esas condiciones -Se ofendió tratando de ahogar una mueca de malestar cuando sintió el primer roce en su vagina- Muérete de diabetes… no me importa

-Qué mala eres, Dia-chan… No te preocupas por mi salud.

-¡Me dices eso después del día fatal que me hiciste pasar! -Se quedó con el grito atorado en la garganta, porque ahora ese dedo lo sentía tan adentro que le cortaba el aire.

Nico le acarició los pechos, tal vez para consolarla, luego el vientre y más tarde la vagina. La masturbó con cuidado, mientras la preparaba con aun más cuidado. Todo fue lento, muy lento, y en el fondo la ojicristal lo agradeció. Lo que no agradeció fue la faena en sí, porque cuando su madre decretó que ya era suficiente y que no daba más, ahí sí supo que no todo era tan maravilloso como simulaban las revistas y las películas.

Dia prefería el chocolate, si le daban a elegir. Nico no, en ese momento prefería el cuerpo de su hija antes que el azúcar. ¡Y vaya, nunca creyó que llegaría el día en el que algo o alguien pudiera estar por encima del dulce! Nico Yazawa tenía un serio problema en la cabeza y su escala de valores era un poco extraña.

Sin embargo, poco a poco, cuando el dolor dejó de ser indecible a niveles absurdos, abandonó esa idea: quizás no fuera tan horrible, por algo muchos mujeres lo hacían. De golpe, viéndo a su madre con esa expresión en la cara, que sí, se le asemejaba mucho a esa que ponía cuando comía un parfait, y escuchándola gemir, al principio de manera muy interna, luego entremezclando palabras que iban de lo soez a lo romántico -bueno, si es que decirle que follarla era mil veces mejor que comer salchichas con la mano y sin pagarlo se lo podía tomar como un cumplido-, le podía ver el lado bueno.

Le agradaba ver a Nico así, no solo porque ya no lucía de tan mal humor como escasas horas atrás y por ende ya no sentía esa necesidad de estamparle la cabeza contra la pared por irritable, sino porque le agradaba descubrir que podía satisfacer tanto a ese mujer, a su propia madre.

Quizás ella no fuera una barra de chocolate, pero vamos, cumplía una función similar: algún placer estaba satisfaciendo, y con creces, al menos eso juzgaba por las guarradas que clamaba a viva voz la vieja idol.

De repente, todas esas emociones se convirtieron de nuevo en dolor, pero en un dolor diferente, porque pese a que escocía, también le daba placer, o tal vez era la mano de la pelinegra mayor que no dejaba de tocarla de esa manera tan especial.

No lo sabía, pero de golpe todo eso se había vuelto muy rico, sin embargo cuando recién empezaba a encontrarle en verdad el lado bueno, todo terminó.

Nico la aferró de la cadera, habló de manera incoherente sobre distintas variedades de chocolate y con una expresión seria, casi la misma que a veces adoptada durante un duro día de trabajo, se descargó. Y mierda, encima le había mordido el hombro hasta hacerlo sangrar, seguro que le dejaría una marca y ¿Qué excusas le daría a sus amigas como a su hermanita Ruby? En ese momento poco le importaba.

La ojicristal estaba agitada, sintiendo el peso de su madre sobre su cuerpo y esas particulares cosquillas en el cuerpo, temblaba, de ansiedad y espanto por lo que habían hecho. Quiso decir algo, una palabra, pero le nació un gemido mientras la llamaba por su nombre.

La mujer loli se dio cuenta del pormenor, despertó de su ensoñación y la miró a la cara, estaba roja y agitada de excitación. Sin salir del interior de su hija, pero sin moverse, intentó ayudarle a liberarse.

Fue su turno para ver un espectáculo digno de alguna película erótica, porque la bubu desu wa se arqueaba de placer y se mordía los labios, suplicándole a algún Dios vaya a saber qué diantres, porque Nico no le entendía ni una jota.

Le parecía muy kawaii ver a su hija así, se imaginaba que de esa manera debía lucir cuando se masturbaba en la soledad de su cuarto, viendo esos cuantiosos posters de su idol favorita. Si es que en el fondo, la mujer loli siempre lo supo, su hija era toda una pervertidilla.

Sin pedírselo empezó a mover las caderas en un rítmico vaivén, anunciado que su excitación ya había pasado los decibeles de su propia personalidad timorata, la fiera de la lujuria se había desatado en él. Sí, esa misma que poseía a los jóvenes de entre catorce y dieciocho años, convirtiéndolos en unas máquinas curiosas pervertidoras de mujeres curtidas como Nico Yazawa, quienes creían haberlo visto todo en materia de sexo, pero se encontraban ante una nueva sensación, mezcla exótica entre "Qué adorable que se ve la chica pasiva, así, toda tímida y debil como en una de esas series de dibujos animados para adultos" y "¡Mierda, si sigue moviendo bien rico el culo así me la voy a tener que follar de nuevo!".

Para el tercer round -Así había decidido llamarlo la pelinegra mayor- Ninguna de los dos parecía tener hambre, -Ni siquiera tenían condones ya- ¿Quién podía tener hambre en esas circunstancias? Ni hablar de condones y dildos

Al menos no sentía ninguna necesidad de hacer una pausa, así fuera para tomar agua o para ir a comprar más condones a la farmacia, después de todo, mientras Dia no se quejase de dolor y su cuerpo siguiera resistiendo, tenía en mente seguir tanto como estuviera en sus capacidades.

Le sorprendió notarse tan vigorosa, suponía que eso se debía a que Dia-chan despertaba en ella su lado más perverso, pero aguantó unos cuantos rounds, más de lo que hubiera soportado con la amante y esposa más fogosa que hubiera tenido, ahora ya en el pasado, como un lejano recuerdo.

Si alguien le hubiera dicho que esa pollita lograría motivarla tanto e, incluso más alarmante, si alguien le hubiera dicho que ese mismo pollita tuviera tanto aguante, no lo hubiera creído; pero allí estaban las dos… Madre e hija haciéndolo bien rico.

Nico dispuesta y firme, firme en todo sentido, y Dia sin expresar deseos de terminar con la sesión de tortura al que era sometida con tanta vileza.

Le dolía, desde ya, por muy fuertecito que fuera la bubu desu wa, nadie podría aguantar siete veces seguidas, casi ocho, los embates de Nico Yazawa, pero la curiosidad y la necesidad de satisfacer a la chica que tanto quería, era más que cualquier dolor y cualquier cansancio. Y si pararon fueron por obvias necesidades de ducharse y usar el baño.

Nico siguió de mal humor durante toda esa semana, la falta de azúcar la ponía muy quisquillosa; creyó con ilusión que la abnegación que estaba haciendo al final daría sus frutos y que valdría la pena, pero en la nueva consulta y luego de leer el resultado de los estudios, el médico le reiteró la necesidad de suspender la ingesta de azúcares y, además, le recetó una medicación que le permitiría nivelarla.

En otras palabras, ahora era oficialmente diabética.

Así que no le quedó más que acostumbrarse al sabor del endulzante artificial y encontrarle gusto a las golosinas sin azúcar.

Para distraerla de la fatalidad en la que su madre estaba envuelta, Dia tuvo que sacrificarse. Cada vez que Nico se hartaba de su sobreprotección, la sometía, quizás como una indecente manera de vengarse; porque eso de que el chocolate suplanta al sexo era una falacia enorme como la Terminal, muy típico de Nozomi que metía en la cabeza.

Si había sobrevivido al primer día de lo que sería un largo periodo de abstinencia, la ojicristal podía hacerse a la idea de lo que le esperaba de por vida. Sin embargo no se quejaba, le gustaba sentirse útil. Le halagaba saber que su madre la comparaba a un chocolate de la más excelsa calidad, era mucho decir viniendo justamente de Nico Yazawa.