(3)
TODO ESTÁ BIEN.
La alarma de mi teléfono comienza a sonar y yo trató de abrir los ojos con mucha dificultad. Ignoro a qué hora me quedé dormida, o mejor dicho, ignoro a qué hora me dejaron dormir, pero estoy segura de que fue muy, muy tarde.
Me levanto en calidad de zombi y busco a tientas mi celular; el cual, se supone, debería estar sobre el buró. Unos segundos después, mis manos por fin logran encontrarlo y apago la alarma con rapidez.
Mientras intento levantarme de la cama, siento que un brazo se cuela entre las sábanas y se enreda en mi cintura, para luego halarme de nuevo hacia el colchón.
- Tony, se me va a hacer tarde.
- No te vayas, quédate conmigo.
- Solo tengo clases un día a la semana… Y no puedo faltar.
- No nos vimos en todo un mes, ¿no podrías hacer una excepción?
Le doy un vistazo rápido al cuerpo endemoniadamente sexy que se encuentra a mi lado y lo reconsidero por algunos segundos - No te imaginas las ganas que tengo de quedarme contigo, pero de verdad tengo que ir. Además, tú también tienes que ir a visitar a tu abuela, ¿lo olvidaste?
Un gruñido sale de su pecho y me aprieta, una vez más, hacia su cuerpo - Tú tienes la culpa, tú y ese pequeño cuerpecito de Diosa que tienes – Sus labios se posan rápidamente sobre mi cuello y comienzan a bajar lentamente por la línea de mi columna.
- ¡Ya basta Anthony! si no me levanto en este preciso momento, voy a llegar retrasada a mi primera clase.
- Solo te pido diez minutos de tu tiempo… Te prometo que no te vas a arrepentir – Me dice, mordiendo mi espalda.
- Esta bien, pero solo serán diez minutos… - Le respondo, girándome hacia él y besando con ferocidad sus labios carnosos.
Cuarenta minutos más tarde, me encuentro corriendo como desquiciada por todo el departamento, tratando de encontrar uno de mis libros.
- Odio llegar tarde – Mascullo entre dientes, mientras termino de amarrarme el cabello en un chongo malhecho.
- ¿A qué hora regresas? – Me pregunta Anthony, quien acaba de salir del baño.
- Intentaré llegar a las tres.
- Te veo aquí a las 3 y media.
- Bien, nos vemos al rato…
Le echo un último vistazo a mis cosas, para cerciorarme de que no estoy olvidando nada y antes de caminar hacia la puerta, le doy las últimas recomendaciones a mi novio - Tony, hay comida en el refrigerador y hay un duplicado de las llaves en el primer cajón de la alacena; llévatelas, por si llegas antes que yo.
- Candy…
- ¿Qué pasó?
- Que tengas un excelente día, muñequita… ¡Te quiero!
Una sonrisa se extiende en mis labios y valiéndome un reverendo cacahuate el hecho de que voy a llegar tarde, me acerco hasta donde él se encuentra y le doy un último beso – Yo también te quiero, bombón.
Salgo del edificio como alma que lleva el diablo y mientras camino hacia el estacionamiento, me encomiendo a todos los santos para que me hagan el milagro de llegar a tiempo a la universidad. A las 8:05 apenas voy llegando al campus y después de bajar del auto, me aviento una carrera maratónica, tipo Forest Gump, hasta el aula donde se imparten las clases.
Para mí buena suerte, no soy la única que está diez minutos retrasada; ya que mi profesor, mejor conocido como Samuel, tampoco ha llegado. Él llega diez minutos después, deshaciéndose en disculpas y en lo que saca su material de trabajo del portafolio, nos cuenta que un idiota chocó su auto.
Samuel Robinson es una eminencia en el mundo de la psicología; con una maestría, dos doctorados y muchos diplomados en su haber, es reconocido como uno de los mejores psicólogos del país. Hace varios años que dejó la consulta privada y ahora se dedica a compartir todos sus conocimientos con nosotros, los pobres mortales. Mi admiración hacia él es enorme y por tal motivo, me sentí sumamente orgullosa cuando, en su última clase, me dijo que veía un gran potencial en mí.
El Sr. Samuel comienza a apuntar el tema que vamos a tratar hoy en el pizarrón y yo observo el tópico con curiosidad.
INTERVENCIÓN PSICOLÓGICA EN ENFERMEDADES CRÓNICAS
1. Enfermedades cardiovasculares
1.1. Características y definición.
1.2. Factores causales y de riesgo.
1.3. Evaluación de los factores de riesgo.
1.4. Estrategias de intervención.
La imagen del imponente Señor Grandchester vuelve a mi mente y no puedo evitar preguntarme qué es lo que estará haciendo en este preciso momento. La verdad es que siento un poco de lástima por ese hombre, no debe ser nada agradable saber que vas a morir pronto y peor aún, saber que vas a morir solo. En el fondo de mi corazón me gustaría poder ayudarlo y bajo ese pensamiento caritativo, me prometo hacer todo lo que esté en mis manos para que él se recupere de su crisis existencial.
Seis horas y media después, salgo de mi última clase y me dirijo hacia mi departamento, donde Anthony ya me está esperando para irnos a la comida que se va a realizar en casa de mis padres. Al llegar, me doy una ducha rápida y me cambio de ropa, mientras que él termina de envolver un pequeño pastel que compró para ellos. A las cuatro en punto salimos hacia nuestro destino y yo no puedo evitar sentirme un poco nerviosa.
La casa de mis padres se encuentra ubicada en la Villa Forest Park, a media hora de distancia de Chicago. A pesar de que ellos viven relativamente cerca, no suelo ir a visitarlos muy a menudo, ya que fue ahí donde mi hermana se quitó la vida, hace ocho años y estar en esa casa me trae muchos malos recuerdos.
Cuando por fin llegamos a mi antiguo hogar, mi madre sale a recibirnos al jardín y puedo ver como un gesto de auténtica felicidad se plasma en su rostro al momento de verme.
- Hija, que bueno que pudiste venir, hace tanto tiempo que no te veía… Creo que ya hasta empezaba a olvidar como era tu cara.
- Mamá, no seas exagerada… He estado muy ocupada y…
- Sí, lo sé, no tienes por qué disculparte, yo lo entiendo.
- ¿Ya están todos?
- Solo falta Tom, pero no debe tardar. Me prometió que vendría.
La mirada de mi madre se dirige hacia mi acompañante y comienza a observarlo de pies a cabeza, por unos segundos.
- ¿Profesor Anthony? ¿Es usted? – Le pregunta.
- Hola Sra. White, ¿no me diga que ya no se acuerda de mí?
- Oh, por favor discúlpeme, pero ha pasado tanto tiempo… Creo que la última vez que nos vimos fue en la graduación de Candy, hace más de dos años. Además, está tan cambiado, que no lo reconocí.
-Sra. White, déjeme decirle que por usted no han pasado los años, sigue estando igual de guapa que la última vez que nos vimos.
- Oh, muchacho, vas a hacer que me sonroje.
- Le traje un pequeño detalle, espero que le guste.
Anthony le entrega el pastel envuelto y mi mamá observa la envoltura con curiosidad. Puedo apostar que se está preguntando qué es lo que hay dentro del empaque.
- Hijo, no te hubieras molestado… Pero no se queden ahí parados, vamos adentro.
Los tres entramos a la casa y nos dirigimos hacia el comedor, donde se encuentra mi hermana.
- ¡Candy, que bueno que viniste! – Exclama Paty, al verme entrar y rápidamente se acerca a mí para darme un fuerte y caluroso abrazo.
- Hermana querida, te vas por unos cuantos meses y a tu regreso ya eres toda una mujercita – Le digo, haciéndola sonrojar.
Patricia es mi hermana menor, a quien le llevo siete años. Hace apenas unos meses terminó la preparatoria y antes de graduarse, consiguió una beca para estudiar en la universidad de Princeton, al igual que yo. Ella está muy apegada a mis padres y supongo que es por eso que quiso venir a visitarlos, aunque no sea temporada de vacaciones ni día festivo.
- ¿Dónde está papá? – Les pregunto.
- Acaba de entrar al baño – Me responde mi madre.
- Ay no, justamente quería entrar a hacer pipí.
- Utiliza el baño de arriba, está libre.
- Eso haré… Ahorita vengo.
Me encamino a toda velocidad hacia el segundo piso y al pasar por el corredor, puedo ver que la puerta de mi antigua habitación, la cual solía compartir con Susy, está abierta. Sin saber por qué, me dirijo lentamente hacia ella y permanezco de pie en la entrada por algunos segundos, hasta que me decido a entrar.
Me sorprendo al ver que todo luce igual que la última vez que estuve aquí y me doy cuenta de que, pesar de los años, mi madre no se ha atrevido a tirar ni una sola de las pertenencias de Susana.
Un par de muñecas, que se encuentran sobre la cama inferior de la litera, llaman mi atención; recuerdo que papá nos las regaló, a mi hermana y a mí, cuando cumplimos ocho años. En un principio, eran dos muñecas idénticas, pero Susy le hizo algunas modificaciones a la mía para que fuera más parecida a mí. Ella le dibujó algunas pecas sobre las mejillas y le coloreó los ojos con un marcador verde, también le hizo dos coletas, las cuales trenzó durante un mes completo, para obtener el efecto de un cabello rizado.
Al tomar mi muñeca de la cama, su zapatito sale volando y yo me giro para recogerlo. Sin querer, mis ojos se fijan en la puerta del baño e instantáneamente, la imagen de mi hermana tirada en el piso, con sus manos ensangrentadas y su piel completamente pálida, vuelve a mí mente.
En esa ocasión, el doctor había permitido que Susana saliera del hospital una semana antes de Noche Buena, para que pudiera pasar los días festivos con nosotros, ya que a inicios de año sería intervenida quirúrgicamente para extirpar su creciente tumor.
Esa triste mañana de navidad, me desperté más temprano que de costumbre y al descender de la litera, noté que Susana no estaba en su cama. Yo aproveché su ausencia para bajar rápidamente hacia la sala y buscar los regalos que nuestros padres nos habían dejado en el árbol, con el fin de llevarle sus presentes a la habitación, porque ella estaba demasiado débil como para bajar a verlos.
Lo que menos hubiera imaginado, es que al ir a buscarla al baño me encontraría con esa desgarradora escena. Lo que pasó después sigue siendo muy confuso para mí, aun ahora; lo único que recuerdo es que mi hermano me sostenía con todas sus fuerzas, mientras me decía que todo iba a estar bien. Pero sus palabras eran mentira, porque ya nada volvió a estar bien después de ese día.
- Candy, la comida ya está servida…
La voz de Tom me saca de mis tristes pensamientos y al voltear, veo el rostro de mi hermano mayor, quien me está mirando fijamente. Él se queda parado en la entrada, observando como limpio las lágrimas que corren sin cesar por mis mejillas.
- Gracias, en un momento bajo – Le respondo y trato de levantarme, con mucha dificultad, ya que siento como si mi todo cuerpo se hubiera vuelto de plomo.
- ¿Te ayudo?
- No, gracias, yo puedo sola.
Tom es cuatro años más grande que yo y antes de que muriera Susy, solíamos ser muy unidos. Pero a raíz de ese suceso, él construyó una enorme barrera a su alrededor que me fue imposible derrumbar. Reconozco que durante mucho tiempo estuve enojada él, por dejarme sola, por negarme su apoyo cuando más lo necesitaba, por alejarme de su lado; pero después comprendí que esa fue la única forma que encontró para superar el desgarrador dolor, que al igual que todos, sentía en su interior.
Actualmente, él vive en la ciudad de Naperville, a una hora y media de Chicago y trabaja como médico oncólogo en el hospital Edward-Elmhurst Health Center. A pesar de que es corta la distancia que nos separa, la brecha que se ha abierto entre nuestros corazones es enorme y a veces dudo que algún día se pueda cerrar.
Camino lentamente hacia la salida y al pasar a su lado, él atrapa una de mis manos – Candy… - Murmura y yo finjo una sonrisa, con la intención de no preocuparlo más.
- No es nada, de verdad estoy bien... Voy al baño de mis padres, enseguida bajo.
Algunos minutos después, regreso al comedor y mi madre me observa con algo de preocupación - ¿Cariño, estás...? – Ella se queda callada repentinamente y yo supongo que Tom le ha hecho alguna seña, porque ni ella, ni ninguno de los presentes, vuelve a mencionar algo al respecto.
La comida transcurre entre anécdotas de mis hermanos, acompañadas de algunas bromas y consejos de mis padres. Yo también hago algunas aportaciones a la charla familiar, contándoles acerca de mi trabajo en el hospital y de lo bien que me está yendo en mi maestría.
A pesar de que trato de aparentar felicidad, sé que Anthony se ha dado cuenta de que algo me está perturbando, ya que no ha dejado examinar mi rostro, discretamente, desde que regresé. Él es de las pocas personas a las que les he contado sobre lo ocurrido con mi hermana y a pesar de que nunca me ha cuestionado al respecto, siempre ha sabido que es un tema que me afecta demasiado.
Mi hermano, por su parte, no ha dejado de ver discretamente a mi acompañante y no lo culpo, es la primera vez me ve en compañía de un hombre ajeno a la familia. En un momento de silencio, él se decide a hablar.
- ¿Y cuánto tiempo llevan saliendo juntos? – Nos pregunta.
- Podría decirse que tres años. Empezamos a salir en el último semestre que Candy estuvo en la universidad y cuando ella se graduó, nos dimos un break de seis meses. De ahí decidimos volver a intentarlo y llevamos dos años juntos desde entonces – Le responde Anthony.
- Pero tú eres de Nueva York… ¿no es así?
- Soy originario de Chicago, pero tengo mi consultorio en Manhattan.
- Ahhhh – Mi hermano alza una ceja y regresa a verlo - Pero entre tus planes, no está el de regresarte a vivir a Chicago, ¿verdad?
- No.
- Así que no tienes intenciones de formalizar tu relación con mi hermana.
- Bueno, creo que aún es muy pronto…
- Sí, claro... Le llevas nueve años y tienen tres años saliendo, pero aún es muy pronto – Tom me mira fijamente a los ojos, como queriendo decirme algo.
- ¿A dónde quieres llegar? – Le pregunto, visiblemente alterada - ¿Desde cuándo te preocupa tanto lo que pasa en mis relaciones?
- Siempre me he preocupado por ti, aunque no lo creas.
Mi madre, al ver el rumbo que está tomando la conversación, saca el pastel del refrigerador y lo pone al centro de la mesa.
- Basta de tanta plática, mejor vamos a probar este pastelito que Tony nos hizo el favor de traer.
- Yo ya tuve suficiente, gracias – Responde Tom, quien después de llevar su plato al fregadero, se sube a su recamara. No sé por qué, pero tengo la sospecha de que él no va a salir de ahí, hasta que Anthony y yo nos hayamos ido de la casa.
No pasa mucho tiempo antes de que eso suceda, ya que una hora más tarde, nos despedimos de mi familia excusándonos en el hecho de que estamos cansados; él por su reciente viaje y yo por haber ido temprano a clases. Al llegar a mi departamento, él comienza a contarme sobre el estado de salud de su abuela, pero como tengo tantos pensamientos en mi mente, ni siquiera le estoy poniendo atención.
Anthony se da cuenta de mi estado de turbación y enciende el reproductor de música, en un intento por hacerme regresar a la realidad. Un par de minutos después, la canción "Summer love" de David Tavaré comienza a sonar y él empieza a cantarla a todo pulmón.
In a while
Maybe you remember,
When we met
On the beach
When you showed me the way
From that day,
We'd always be together
In our hearts
In our minds
Nothing could throw it away
- ¿Te acuerdas? – Me pregunta.
- Claro que sí – Le respondo, sonriendo.
Al final de mi primer año en Princeton, Anthony organizó un viaje a la ciudad de Ibiza. A él le faltaba un estudiante para alcanzar el cupo mínimo y yo no tenía dinero para ir; pero lo que era un hecho, era que ninguno de los dos quería pasar esas vacaciones en su casa. Al final, pudimos resolver convenientemente la situación, él me prestó dinero para pagar mis gastos y gracias a mí, se obtuvo la autorización para realizar el viaje.
Un día antes de regresar a Estados Unidos, mis compañeros y yo decidimos pasar la noche en "Pachá", la discoteca de moda de la ciudad. Para las 4 de la mañana, todos estaban completamente ebrios y aprovechando que él era el más sobrio de todos, le pedí que me acompañara a despedirme de la playa.
Mientras caminábamos por la arena, él decidió poner música en su celular, para ambientar el momento y la primera canción que sonó, fue justamente esa.
Anthony comenzó a cantarla, tal y como lo está haciendo ahora y yo comencé a reír como una loca al escuchar su desafinada voz. Él me dijo que yo tenía una risa sumamente contagiosa y comenzó a reír conmigo. Al final, los dos terminamos bailando y cantando a la orilla de la playa, hasta el amanecer. Si bien en ese entonces ya llevábamos una buena relación, a partir de ese día nos hicimos mucho más cercanos.
Él me toma de la cintura y me da un beso en los hombros - ¿En qué piensas?
- Nada, solo estaba recordando aquel viaje a Ibiza... Pero dime, ¿qué planes tienes para mañana?
- Pensaba pasar el día con mi familia… Espero que no te moleste.
- ¿Por qué habría de molestarme? Entiendo que tu familia es primero. Además, yo voy a estar muy ocupada, ya que me dejaron investigar varios temas para la maestría...
Mi respuesta no podría ser más falsa y es que aunque trate de negarlo, me molesta el hecho de que él no me incluya en sus actividades familiares. A veces me siento como un fantasma dentro de su vida y en más de una ocasión he llegado a pensar que él se avergüenza de mí. Pero a pesar de todo, trato de no hacerle saber mis verdaderos sentimientos, ya que lo que menos quiero, es que piense que intento presionarlo.
- Me gustaría que fuéramos a cenar en la noche, como despedida – Me dice.
- Me parece perfecto.
- Haré la reservación por la mañana y pasaré por ti a las 8 de la noche. Es probable que me vaya muy temprano, así que no te preocupes si no me ves al despertar.
- Está bien.
Los dos nos vamos a dormir temprano y después de una intensa sesión de sexo, nos quedamos profundamente dormidos. Cuando me levanto, a las 9 de la mañana, él ya se ha marchado del departamento, tal como me lo había advertido ayer.
Durante el resto del día, me dedico a hacer las investigaciones que me dejaron de tarea y dos horas antes de mi cita, comienzo a arreglarme. Anthony pasa por mí a la hora pactada y una vez en el restaurante, la cena transcurre de manera amena, durante varias horas. Cerca de la media noche nos informan que el lugar ya está por cerrar, así que nos retiramos de ese sitio, para trasladarnos a mi departamento.
En la privacidad de mi habitación, nos despedirnos de manera apasionada, como es nuestra costumbre, ya que al día siguiente él partirá en el vuelo de las 6 de la mañana, con rumbo a Nueva York. Nuestra despedida me sabe dulce al principio, pero conforme va llegando al final, me deja con un amargo sabor de boca; tal vez porque pasará un mes más antes de que vuelva a verlo; o tal vez porque esta relación intermitente comienza a dejarme insatisfecha.
Temprano, por la mañana, llevo a Anthony al aeropuerto y de ahí me dirijo hacia el hospital, donde retomaré mi rutina diaria. Una vez en mi oficina, comienzo a checar mi agenda y me doy cuenta de que tengo un espacio abierto a las diez, el cual aprovecharé para darme una vuelta a la "habitación del terror".
A las 10 en punto me dirijo a la habitación 407 y una vez más toco la puerta en repetidas ocasiones, sin recibir respuesta alguna. Un par de minutos más tarde, por fin me decido a entrar, pero lo único que encuentro es una cama vacía.
- ¿Dónde está el Sr. Grandchester? – Le pregunto a Helen, la enfermera en turno.
- Lo dieron de alta ayer por la mañana.
- ¿Se fue solo?
- No, un familiar suyo vino a recogerlo.
- Ah, bueno. Gracias, Helen.
No sé por qué, pero me siento un poco decepcionada de mí misma, por no haber podido ayudar a ese hombre como me lo había prometido. Antes de salir de la habitación, dedico un par de minutos de mi tiempo para orar por él y su recuperación.
El resto del día es un ir y venir, de un lado para otro, ya que no solo atiendo a los pacientes en mi consultorio, si no que trato de ir a visitarlos hasta sus habitaciones, para animarlos un poco. A las cuatro de la tarde termino con todos mis pendientes y regreso a mi oficina para recoger mis cosas y retirarme del hospital.
Guardo todos los expedientes que ocupé el día de hoy en el archivero y antes de salir, tomo mi bolso, junto con mis llaves. Al momento de abrir la puerta, me encuentro con una imponente figura, la cual está parada a escasos centímetros de distancia.
- Buenas tardes, Srta. White – Me saluda una voz familiar, grave y rasposa, que por alguna razón que desconozco, me suena particularmente seductora.
Hola chicas, muchas gracias por todos sus comentarios.
- Phambe: Que malvada eres, jajaja, te diré que no había pensado en matar a nadie (Bueno, sí había pensado en matar a alguien, pero no precisamente a Anthony...) Como sea, aún no decido cual será el final de los protagonistas, así que no comas ansias.
- Guest: Muchas gracias, me alegra que te guste lo que escribo.
- Eli: Pues si, la esposa de Terry salió mentirosa y traicionera (Como diría el grupo Elefante)... y sobre Anthonyyyy... poco a poco se mostrarán los detalles obscuros de su relación. Saludos.
- Guest: Gracias a ti por leer mi historia. Bendiciones de regreso.
- Iris Adriana: Es más que obvio que Terry va a ceder mucho antes que Candy... Pero aún faltan algunos capítulos para que se empiece a dar algo entre ellos. Gracias por tus palabras. Saludos.
- Guest: Tus deseos son órdenes, aquí está el otro capítulo.
- Sofia Saldaa: Muchas gracias a ti, por seguir leyendo mis historias. Sobre lo que dices de los sentimientos de Candy, ella empieza a sentirse un poco cansada de esa relación a distancia.
Te confieso que trato de ponerle un poco de humor a los diálogos, ya que el tema es un poco delicado y no quiero hacer una historia pesada de leer.
Ah, y no te preocupes por Terry, no estará solo por mucho tiempo.
- Luz Verónica: No te preocupes, como le comentaba a Phambe, no pretendo matar a Anthony... Aunque obviamente tendré que mandarlo un poquito lejos de Candy, para que ella pueda estar con Terry...
- Briss White: Muchas gracias :)
- Guest: Ay Dios, no sé por qué piensan que voy a hacer matadero de gente, jajaja... Tranquilas, hasta el momento no pienso matar a ninguno de los personajes.
- XanxisK: Gracias a ti por tus palabras, realmente me halagan. Las actualizaciones serán Lunes, Miércoles y Viernes, así que no tendrán que esperar mucho.
- Anastasia Romanov: Muchas gracias a ti por seguir leyendo mis historias. Bien dicen que más rápido cae un hablador que un cojo y aquí anda esta habladora, escribiendo nuevamente sobre Terry, jajaja. Saludos!
- Ceshire: Hola linda, muchas gracias por tus comentarios, realmente me siento halagada por tus palabras, muchas gracias. Sobre mis otras historias (Caramelo y Rojo atardecer) te comento que las tengo en pausa (sobre todo la última) ya que la inspiración no ha sido del todo buena conmigo y no me ha permitido avanzar como yo quisiera, pero en cuanto se me ilumine la cabeza, las voy a terminar.
Sobre Anthony... Bueno, no puedo decirte mucho por ahora, pero ya se verá por qué no incluye a Candy en su vida familiar...
Saludos Ceshire y sigo atenta tus historias (Por fis, no tardes en actualizar "Un-break my heart")
* Dato tonto: Siempre que leo el título de tu fic, me viene a la mente la canción homónima de Toni Braxton... "Un-break my heart, say you'll love me again..." Quiero suponer que por eso le pusiste ese título...
- Eli Ventura: No te preocupes, Anthony no aparecerá en todos los capítulos, así que no sufrirás mucho. Te puedo asegurar que en los próximos 5 no vas a tener que leer sobre él... jajaja. Saludos.
Bueno chicas lindas, gracias de nuevo por sus reviews... Gracias también a quienes me agregaron a sus favoritos recientemente y a quienes se animaron a seguir mi historia.
Saludos a todas las lectoras silenciosas, que hacen aumentar el numero de visitas... jejeje.
Les comento que en esta historia los diálogos van a estar a la orden del día, habrá mucha, pero mucha interacción entre los personajes, así que intentaré hacer los diálogos bastante ligeros, para que no se aburran leyéndolos.
Nos leemos el viernes y una vez más, muchas gracias.
