(6)
AMÁRRAME
A las siete de la noche en punto, escucho que tocan el timbre y me levanto en automático para ver de quién se trata. Al salir de mi habitación, recorro la sala dando de tumbos con los muebles hasta llegar a la puerta y al momento de abrirla, me encuentro con mi mejor amiga, quién sostiene una botella de tequila entre sus dedos.
- Candy, ¿aún no te has metido a bañar? – Me pregunta, bastante sorprendida.
- Apenas son las 7…
- Sí, pero conociéndote y conociéndome, vamos a necesitar mínimo dos horas para arreglarnos.
Un gruñido sale de mi boca y haciendo caso omiso de mi amiga, me regreso a la sala para aventarme en el sillón.
- ¡Candy!...
- Báñate tú primero y déjame descansar unos minutos más, te juro que estoy molida… Hoy tuve un día terriblemente pesado.
Ella se dirige a la cocina, en lugar de meterse al baño como se lo sugerí y saca dos vasos tequileros de la alacena, los cuales llena hasta el tope; luego regresa a la sala y se acomoda en frente de mí.
- Siéntate...
Otro gruñido se escapa de mi garganta en señal de protesta, pero al ver que no surte el efecto deseado, termino haciendo lo que mi amiga me ordena.
- Tómatelo - Me dice, dándome uno de los vasos con tequila.
- Es muy temprano para comenzar a beber...
- ¡Tómatelo, con un demonio! - Insiste y yo la obedezco.
Conforme el tequila va bajando por mi garganta, siento como va quemando todo a su paso.
- ¡Mierda! Te juro que esta cosa me escaldó la laringe.
- No seas exagerada.
Ella, haciendo caso omiso a mi comentario, sirve otra ronda igual y repetimos el ritual una vez más.
- Si vuelvo a terminar en el hospital, te juro que voy a patear tu trasero hasta que quede rojo e hinchado.
- Bájale dos rayitas a tu estrés que nadie va a terminar en el hospital.
Me gustaría darle un voto de confianza a mi amiga, pero conociéndola y conociéndome, sé que es mejor esperar lo peor.
Varias horas y varios shots de tequila después, Annie y yo ya estamos bañadas, cambiadas, maquilladas, perfumadas y listas para nuestra noche de fiesta.
Antes de salir del departamento, me doy un último vistazo al espejo para comprobar que todo se encuentra en su lugar. Nunca me he considerado una belleza deslumbrante, como lo insinuó el Sr. Grandchester hace unas horas; de hecho, hay varias cosas de mi físico que no me gustan, como mi estatura baja, el montón de pecas que cubren mi rostro y parte de mi torso, o mi nariz pequeña y respingada.
"Nadie está conforme con lo que tiene", dirían por ahí y yo siempre he creído que esa es una verdad universal, absoluta e indiscutible que pude comprobar hace escasos minutos, cuando Annie elogió mis grandes pechos y se quejó de los suyos. Lo que ella no sabe, es que para alguien de mi complexión, unos senos grandes, más que una bendición, son una tortura. Aparte de mis pechos, sé que mi amiga también envidia mi cabello rubio, rizado y alborotado; pero lo cierto es que yo mataría por tener su cabello negro, lacio y sedoso.
Dejando a un lado mis complejos, comienzo a observar detenidamente mi apariencia. A petición de Annie, me he puesto un chiquivestido morado que tiene un escote profundo, muy, muy profundo y he decidido utilizar las zapatillas más altas que tengo en mi clóset. Llevo el cabello suelto, a diferencia de cómo lo utilizo normalmente para ir a trabajar y mi maquillaje es bastante cargado, con un efecto ahumado en los ojos que hace resaltar su color verde azulado y que se equilibra con mi labial en tono rosa cuarzo.
- Vámonos ya, o se nos va a hacer tarde – Me grita mi amiga desde la sala.
- Ya voy.
Cojo del perchero un bolso color plata que hace juego con mi calzado y salgo de mi cuarto decidida a pasarla bien.
Llegamos a "The Undergroud" casi a las once de la noche y nos saltamos la fila, yendo directamente hacia donde se encuentra el cadenero, que es un sujeto alto, negro y corpulento, que tiene el cuerpo lleno de tatuajes.
- Hola, buenas noches, estamos en la lista V.I.P. - Le dice mi amiga, tratando de demostrar seguridad.
- Sus nombres - Ladra el hombre en cuestión, sin siquiera voltear a vernos.
- Candice...
- ¿Candice White? - La expresión del cadenero cambia completamente a una mucho más amable, con solo pronunciar mi nombre.
- Sí Candice White y Annie...
Él la interrumpe antes de que ella termine de decir su apellido - Por favor, pasen, el señor Graham ya las está esperando.
El cadenero saca su radio de su bolsillo y le avisa a alguien que ya llegamos
- Adentro, uno de mis compañeros las va a guiar hasta su mesa.
- Gracias - Respondemos las dos al unísono, sin poder ocultar nuestra confusión.
- ¿El primo del amigo de Archie nos está esperando adentro?
- No lo sé... Aunque pensándolo bien, no lo creo. Tengo entendido que iba a estar fuera de la ciudad... Además, no sabía que se llamara Graham.
- Que raro... ¿Se habrán confundido?
- ¡Qué importa! El punto es que nos dejaron pasar.
Las dos nos olvidamos pronto de ese asunto al ver que el ambiente está en su máxima expresión. La canción "Timber" de Pitbull ft. Ke$ha, está sonando a todo lo que da y Annie comienza a bailar al escucharla.
Un mesero se acerca a nosotros y después de una rápida presentación, nos guía hasta nuestra mesa, la cual está ubicada en la mejor zona de la discoteca, muy cerca de la barra y de la pista. Para nuestra sorpresa, no hay nadie más sentado en ella.
- Pidan lo que quieran, todo se va a cargar a la cuenta del Sr. Graham - Nos dice Bryan, nuestro mesero estrella.
- ¿Y dónde está el Sr. Graham? - Le pregunto, sintiendo una enorme curiosidad por saber quién es ese espléndido hombre.
- Estaba aquí hace un momento, tal vez fue a los sanitarios, no creo que tarde en volver.
- Qué lástima, gracias de todas formas.
Mi amiga se encarga de ordenar las bebidas y ni bien se va Bryan, las dos nos levantamos para bailar. Minutos más tarde, él regresa con unos tragos fosforescentes, que a pesar de lo extravagante de su color, saben bastante bien.
Tres horas más tarde, aún no hay señas del misterioso Sr. Graham, pero la verdad es que poco nos importa, ya que nos la estamos pasando muy bien a sus costillas. En el transcurso de la noche, algunos chicos se acercan para bailar con nosotras, pero los rechazamos sutilmente. No sé si sea la música, el alcohol o la compañía, pero hoy me siento bastante animada y tengo que reconocer que hace mucho tiempo que no me sentía así, ni siquiera cuando Anthony venía a visitarme.
La canción "Bailando" de Enrique Iglesias comienza a sonar y mi amiga se acerca a mí para decirme algo.
- No voltees, pero hay un hombre guapísimo que no te ha quitado la vista de encima desde que llegamos…
- ¿De verdad? ¿Dónde está él?
- Sentado en la barra.
- Descríbelo…
- Mmm… Tiene el cabello obscuro, ojos azules y un rostro que parece tallado por los Dioses…
Una risa se escapa de mi boca al escuchar su última descripción.
- Yo le calculo unos treinta…. Es alto y delgado…
- ¿Cómo está vestido?
- Trae una camisa negra, ligeramente abierta del pecho y un pantalón de mezclilla deslavado.
- Cámbiame el lugar, quiero verlo.
Annie me toma de la mano y me gira, simulando estar bailando y al estar del otro lado, busco entre la gente de la barra al hombre que concuerde con la descripción. Cuando por fin lo encuentro, siento como mi estómago se encoge al instante.
- ¡Sr. Grandchester! – Murmuro y mi amiga observa mi rostro con preocupación.
- ¿Qué pasa? ¿Lo conoces?
- Es uno de mis pacientes…
- Ay no… ¿Está loco?
- Ya te dije que mis pacientes no están locos.
Él, al saberse descubierto, esboza una sonrisa y se levanta de su asiento, tomando con una mano su bebida y con la otra su gabardina; para luego comenzar a caminar hacia dónde me encuentro.
- ¡Mierda!
- ¿Ahora qué?
- Viene para acá…
Algunos segundos después, El Sr. Grandchester llega hasta nuestra mesa.
- Buenas noches, señoritas – Nos dice y se acerca a saludar, primero a Annie, quien lo mira como si fuera una aparición divina, y después a mí.
Él coloca su mano sobre mi cintura, haciéndome sentir una descarga eléctrica por todo mi cuerpo y me planta un beso en la mejilla.
- Déjeme decirle que hoy se ve espectacularmente hermosa – Me susurra, muy cerca de mi oído y yo siento como mis piernas se vuelven de hule con cada una de sus palabras.
- Yo, yo… Gracias.
Annie observa con diversión toda la escena y como vil traidora, me deja sola y a merced de ese hombre.
- Voy al baño, ahorita regreso – Me dice.
- Te acompaño…
- No, voy sola. No sería correcto que dejaras solo a tu "amigo".
Ella comienza a caminar hacia los sanitarios y una enorme ansiedad me invade de repente, al verla alejarse de mí.
- ¿Bailamos? – Me pregunta el Sr. Grandchester y ni bien ha terminado de preguntarme, me toma de la mano y me hala hacia él, para luego comenzar a moverse al compás de la música. A través de la corta distancia que nos separa, puedo escuchar como tararea el estribillo de la canción.
Trato de no prestarle atención al hecho de que mi corazón no ha dejado de latir cómo desesperado desde que él llego e intento concentrar mis pensamientos en la imagen de mi novio.
Al terminar la melodía de Enrique Iglesias, una tonada muy conocida empieza a sonar.
Ay, quiéreme de apoco
Pero que no me dé cuenta y que nadie sepa
Ven y cuídame
Pero que parezca que me estás haciendo daño
Amárrame
- Esa canción me encanta – Vuelve a susurrar él, rozando sutilmente mi brazo con sus dedos y haciendo que los vellos de mi cuerpo se ericen por completo.
Ay, finge que no te gustó
Dame una mirada y luego vuélvete lejana
Y sin querer, búscame y déjame
Llámame pero no me hables
Bésame y ahógame
Amárrame
Su mano se fija en mi cintura, acercándome más a su cuerpo, si es que eso es posible y él comienza a cantar, una vez más, muy cerca de mi oído.
Cúrame, y enférmame de a poco, poco a poco
Cúrame, y transfórmame en un loco, poco a poco
Amárrame
Él pronuncia la palabra "AMARRAME" con énfasis, mientras me mira fijamente a los ojos. Su mirada me pone nerviosa y yo tropiezo con uno de sus pies, pero él logra sostenerme a tiempo, evitando que me caiga.
Ay, quiero ver tu perversión
Hasta donde llegas, hasta dónde me has llevado
Ignórame, ven y pierde la razón
Quiero que me ruegues y me mires a los ojos
El señor Grandchester toma mis manos y las coloca alrededor de su cuello, pero tan pronto me suelta, yo me apresuro a retirarlas de ese lugar. Cuando volteo a ver su rostro, me doy cuenta de que una sonrisa pícara se ha dibujado en sus labios.
Dame la espalda, desenfócame
Tómame del pelo y repíteme mi nombre
Y ámame, pero sin querer
Deja que te lleve que mañana acaba todo
Amárrame.
Al terminar la canción, me separo rápidamente de él y me acerco a la mesa con la excusa de que tengo sed. Mientras tomo mi bebida, observo el vaso de mi paciente y no puedo evitar sentirme molesta al notar que está bebiendo.
- ¿De verdad está tomando alcohol?
El comienza a reír cínicamente - ¿Tiene algún problema con eso?
- Sí, usted… Usted no debería hacerlo...
- ¿Qué más da?
Yo tomo el vaso, con toda la intención de tirar su contenido al suelo, pero él me detiene.
- No lo haga, ese trago me costó muy caro, al menos tómeselo.
- ¿Qué es?
- Pruébelo.
Yo lo miró con desconfianza y me acerco el vaso a los labios; al probarlo, me doy cuenta de que solo se trata de agua. Una carcajada sale de su boca, mientras se acerca a mí y me quita el vaso de los dedos.
- Para que lo sepa, Srta. White, desde que comencé a asistir a sus terapias, retomé mis buenos hábitos y reanudé mis chequeos con el señor Anderson, además, estoy tomando mi medicación de nuevo.
Mi sorpresa es demasiado grande, tanto, que por un momento no sé qué decirle.
- Discúlpeme... yo no lo sabía.
- Pues ahora ya lo sabe... Por cierto, la que debería dejar de beber es usted; desde que llegó, se ha bebido mínimo seis vasos de esos.
- ¿Me ha estado espiando?
Él se encoge de hombros y voltea el rostro hacia otro lado, fingiendo demencia.
- Le estoy hablando – Le digo y justo cuando voy a empezar a reclamarle, veo que Annie regresa del baño.
- Vaya, pensé que ya te habías ido por la taza - Le reprocho a mi amiga, haciendo evidente mi molestia.
- Perdóname, había una fila enorme y tuve que esperar bastante para poder entrar...
Cualquiera hubiera pensado que el señor Grandchester se iría una vez que Annie llegó, pero en lugar de eso, él se sienta en la mesa como si viniera con nosotras. Yo trato de ignorarlo y sigo bailando, fingiendo que no me importa que esté ahí, aunque lo cierto es que su presencia me perturba demasiado.
Una hora más tarde, cuando mis pies ya no pueden soportar ni un minuto más, le pido a mi amiga que nos vayamos del lugar. Yo me acerco a despedirme de mi paciente acosador y cuando creo que por fin me voy a librar de él, se ofrece, insistentemente, a acompañarnos hasta la entrada.
Al salir de la discoteca, el cadenero no pierde la oportunidad de despedirse.
- Hasta luego Sr. Graham, espero que se la haya pasado muy bien.
- Gracias Ricky, nos vemos luego - El Sr. Grandchester se acerca a ese hombre y puedo ver que mete un billete de alta denominación en el bolsillo de su camisa.
- ¿Usted es el señor Graham? - Le pregunta Annie, completamente asombrada.
- Terrence Graham Grandchester, para servirle.
No sé por qué, pero el hecho de que él haya armado todo este teatro me pone furiosa y mi primera reacción es alejarme de ellos, con toda la intención de parar un taxi lo antes posible e irme de ahí. Mientras espero, un sujeto que va tambaleándose por la calle, se acerca a mí.
- Hola linda, ¿no quieres venir conmigo? - Me pregunta, observando con descaro mi escote.
Yo me cruzo de brazos, tratando de desviar su mirada morbosa - No, gracias.
- Anda linda, vamos a divertirnos un poco - A pesar de la distancia, puedo percibir su aliento alcohólico.
Ni siquiera me digno a responderle, simplemente me doy la vuelta, con la intención de alejarme de ahí.
El hombre me jala del brazo con fuerza - No te hagas del rogar, muñequita, con ese tipo de ropa se nota la clase de mujer eres.
Justo cuando estoy por decirle sus verdades al imbécil ese, siento como unas manos se entrelazan alrededor de mi cintura y unos labios cálidos se posan sobre mi hombro, muy cerca de mi cuello.
- ¿Todo bien, bebé? - Me dice una voz muy familiar, que suena más ronca que de costumbre.
Yo asiento con la cabeza, incapaz de pronunciar palabra alguna, no porque esté asustada, si no por todas esas sensaciones extrañas que me provoca su cercanía.
- ¿Nos vamos?
Vuelvo a asentir una vez más y puedo ver cómo ese borracho asqueroso se da la vuelta y se va. El señor Grandchester me suelta repentinamente y mi espalda, la cual comenzaba a acostumbrarse a su calor, extraña su cercanía.
- Voy a parar un taxi - Le digo tartamudeando.
Él se quita su gabardina y la coloca tiernamente sobre mis hombros – Eso ahuyentará el frío… Y también a esos borrachos imbéciles.
- Gracias.
- ¿Le volvió a fallar su auto?
- No, es solo que no me gusta manejar cuando salgo de fiesta.
- Buena elección... Yo puedo llevarlas, mi bebé está justo aquí adelante - Me dice, señalándome su auto lujoso.
- De verdad no es necesario, ya suficiente ha hecho por nosotras esta noche...
- Vamos Srta. White, no se ponga digna.
- No me pongo digna, es solo que...
- Ay ya Candy, deja que nos lleve - Me dice Annie, quién ya está caminando hacia el vehículo.
- Maldita sea - Murmuro en mi mente y al ver que no tengo otra opción, comienzo a seguirla.
Él quita la alarma del carro y yo abro la puerta trasera, con toda la intención de sentarme atrás con mi amiga, pero ella me da un fuerte codazo y me lanza una mirada asesina, que me hace reconsiderarlo. Al final, termino subiéndome al asiento del copiloto.
Annie se encarga de indicarle la dirección y mientras el auto avanza, me digo a mí misma que debo de poner un alto a las atenciones del Sr. Grandchester, ya que no es correcto que nuestra relación se extienda más allá de las sesiones qué tenemos en el hospital. Con ese pensamiento en mente, me hago el firme propósito de no hablar con él en lo que resta del trayecto, para dejar en claro que no estoy interesada en tener ningún otro tipo de acercamiento.
Después de algunos minutos en completo silencio, noto que él me mira con insistencia.
- ¿Se encuentra bien? - Me pregunta.
- Sí, ¿por qué?
- Se ve diferente... rara...
- Estoy bien, solo estoy cansada... - Le respondo, de manera tajante, con la intención de evitar más preguntas.
-Bien...
Él sube el volumen de su reproductor de música y adelanta varias canciones hasta que se detiene en la de "Amazing" de Aerosmith y comienza a cantarla.
When I lost my grip
And I hit the floor
Yeah, I thought I could leave, but couldn't get out the door
I was so sick and tired
Of livin' a lie
I was wishin' that I would die.
No sé si es el hecho de que tiene una voz muy bella o tal vez es porque está cantando con un enorme sentimiento, pero por un instante me quedo contemplando su rostro. Él voltea a verme y empieza a mover sus cejas al ritmo de la canción, provocando una genuina risa en mí.
- Me alegra ver que sonríe de nuevo... No deje de hacerlo nunca, usted tiene una sonrisa muy linda.
- Gracias.
- Perdón por lo de esta noche, mi intención nunca fue espiarla… De hecho ni siquiera pensaba acercarme a ustedes, tan solo quería cerciorarme de que las trataran bien.
- No era necesario.
- Tal vez no, pero quise hacerlo.
- Se lo agradezco, pero le voy a pedir que lo que pasó esta noche no se vuelva a repetir, no quiero que se malinterprete la relación que hay entre usted y yo….
- Tiene razón, no se volverá a repetir – Me dice, cambiando su expresión a una completamente seria.
Al llegar al frente de mi edificio, Annie es la primera en despedirse y después de agradecer sus atenciones, se baja del auto. Yo permanezco en el coche un minuto más, con toda la intención de disculparme, ya que algo dentro de mí, me dice que fui demasiado tosca con él.
- Sr. Grandchester, yo realmente deseo ayudarlo y quiero que entienda que la mejor forma de hacerlo, es manteniendo una relación estrictamente profesional. Espero que lo que sucedió hoy, no cambie lo que hemos logrado en nuestra terapia.
- No se preocupe, no pasa nada – Responde, pero su lenguaje corporal expresa algo totalmente diferente.
- Gracias por entender, nos vemos el viernes.
- Hasta el viernes.
Yo me bajo lentamente del auto y ni bien cierro la puerta, él arranca y se aleja de ahí. Lo único que espero, es que el señor Grandchester de verdad haya entendido mi proceder y no se niegue a seguir con las terapias.
Hola, hola, sé que les había dicho que actualizaría mañana, pero mi suegra ha estado algo delicada de salud y esta semana se puso peor, así que vamos a viajar de nuevo a Yucatán para estar con ella (aprovechando que es temporada baja en el hotel y están dando permisos al por mayor)
No estoy segura de si voy a regresar el lunes o el martes... Y obviamente no voy a poder actualizar estando allá, así que prefiero subir el capítulo ahora, que tenerlas esperando hasta el martes o el miércoles.
Les agradezco todos sus comentarios y tengo que aclarar que la historia está ubicada en el año 2014 (en el expediente venía marcada la fecha :))
La canción "Amárrame" de Mon Laferte con Juanes, es más reciente, pero sentí/creí que encajaba perfecto con la situación (Sí, ya sé que es poco probable que la pongan en el antro de moda de Chicago, pero se vale soñar, jajaja)
La otra canción (Amazing de Aerosmith) sentí que reflejaba perfectamente la historia de Terry, en un principio pensé en colocar toda la letra, pero después me arrepentí, así que solo coloqué una estrofa. Si quieren y pueden escucharla, háganlo, creo que es una canción bastante inspiradora para quien ha estado en el hoyo y puede salir de él (Reconozco que soy fan de esa banda de rock, tal vez por eso me gusta)
Eso es todo, les mando un saludo grande y afectuoso.
Nos leemos pronto (no pongo día para no quedarles mal)
