(7)
PLÁTICAS DE MEDIA NOCHE
- ¿Qué es lo que hay entre ese hombre y tú? – Me pregunta Annie, cuando entramos a mi departamento.
- Nada... Es mi paciente, ya te lo dije.
- Ay Candy, a otro perro con ese hueso...
- ¿Qué es lo que estás insinuando? ¿Qué tengo una relación con él?
- Yo no estoy insinuando nada, pero es más que obvio que él tiene un gran interés en ti... Y todo parece indicar que no te es del todo indiferente.
- Creo que tanto alcohol te está haciendo ver cosas que no son.
- ¿Dime que persona se tomaría la molestia de hacer todo lo que él hizo esta noche, si no estuviera interesado en tener algo contigo?
- No puedo hablar por él, pero si puedo hablar por mí... Y puedo decirte, con toda sinceridad, que no estoy interesada en ese hombre. Además, yo tengo una relación muy estable con Anthony y...
- Bah, jodida relación la tuya, solo se ven una vez al mes y por un par de días...
- Pues discúlpame, pero no todos somos tan afortunados como tú…
- Candy, no te estoy atacando.
- No parece…
- Solo quiero que me contestes una cosa, ¿de verdad estás satisfecha con esa relación?
Quisiera responderle que sí y así acabar con este maldito interrogatorio de una vez por todas, pero al hacerlo, le estaría mintiendo a mi mejor amiga y eso es algo que nunca he hecho.
- No, no al 100%.
- ¿Y por qué sigues con él?
- No lo sé…. Tal vez porque tengo miedo de lastimarlo o tal vez porque tengo miedo a quedarme sola.
- Amiga, prácticamente estás sola…
- Sí, lo sé y estoy consciente de que es estúpido, pero él ha sido el único hombre con el que he estado en toda mi vida, con él viví todas mis primeras experiencias y a través de estos años, los dos hemos creado un vínculo de confianza y de familiaridad que no me atrevo a romper… En el fondo, tengo miedo de no volver a encajar de esa manera con alguien más.
- Cuando mi relación con tu hermano terminó, yo me sentía igual que tú, pensaba que nunca iba a volver a enamorarme de nadie más y ya ves, ahora estoy casada con un hombre maravilloso y tengo dos hermosas hijas.
- Te casaste porque estabas embarazada de Susy.
- Bueno, el motivo es lo de menos… Lo que intento darte a entender, es que no es bueno aferrarse a nadie. Como dirían por ahí: "hay muchos peces en el mar".
- Sí, puede ser…
- Y ese señor Graham, ¿de verdad no te atrae ni un poquito?
- Reconozco que es muy guapo y que tiene mucha personalidad pero…
- ¿Pero?…
- Primero que nada, él es mi paciente y mi ética profesional jamás me permitiría acercarme a él de esa forma.
- ¿Y dejando a un lado tu ética profesional?
- Annie, él está prácticamente desahuciado…
- ¿De verdad? - Me pregunta, haciendo una mueca de dolor - ¿Qué es lo que tiene?
- Necesita un trasplante de corazón, porque el suyo puede fallar en cualquier momento.
- ¡Qué triste!…
- Sí, es triste, muy triste.
- Tal vez podrías alegrar sus últimos días – Me dice, mostrándome una sonrisa pícara.
- Eres realmente imposible.
Ella se acerca a mí y me abraza con fuerza – Candy, yo solo quiero que seas feliz, así como yo lo soy.
- Y realmente te lo agradezco, pero escúchame bien, el Sr. Grandchester no es una opción para mí.
- ¡Qué lástima! Me pareció que hacían una muy bonita pareja.
- Ash, mejor vamos a dormir.
- ¿Y nuestra plática de chicas? – Me pregunta, tomando la botella de tequila que se quedó en la mesita de centro.
- Te prometo que tendremos una plática de chicas, pero será en otro momento porque ahora necesito dormir aunque sea un par de horas.
- Está bien, tú ganas… Pero me debes una.
Dos horas y media después, me despierto maldiciendo al mundo entero y con todo el pesar del mi corazón, salgo de la habitación tratando de hacer el menor ruido posible. Una vez afuera me dirijo hacia la cocina para encender la cafetera, ya que, definitivamente, voy a necesitar mucha cafeína para poder sobrellevar mi día. Luego de tomarme dos tazas de café cargado, me baño y me arreglo para irme a la universidad.
Poco antes de salir del departamento, me doy cuenta de que mi cartera no está dentro de mi bolso y el pánico me invade al recordar que ahí llevaba todas mis identificaciones y mis tarjetas del banco - Me lleva el carajo - Murmuro, mientras trató de recordar dónde la vi por última vez, aunque podría apostar que fue en esa estúpida discoteca.
Después de revisar la sala de pies a cabeza, me doy por vencida y me dejo caer en el sillón. La idea de que Annie la haya tomado sin querer y haya olvidado decírmelo, aviva una última esperanza en mí, así que me dirijo de nuevo a la habitación y despierto a mi amiga para preguntarle.
- ¿Annie?
Ella lanza un gruñido y se gira del otro lado de la cama.
- ¿Qué pasó? - Murmura, sin abrir los ojos.
- ¿De casualidad no guardaste mi cartera?
- Mmmm... No.
- Creo que la perdí, no la encuentro por ningún lado.
- ¿Traías mucho dinero?
- No, pero si muchos documentos importantes.
- ¿Quieres que me dé una vuelta al club, a ver si ellos la guardaron?
- Sí, te lo agradecería mucho.
- Ok, al rato paso a preguntar y te mando mensaje, ¿va?
- Va... Gracias.
- Te quiero, tontita.
- Yo también.
Salgo de mi casa sintiéndome más estúpida que cuando era una adolescente, y es que en esa época yo solía ser muy despistada y era común que perdiera todo lo que traía en las manos. Recuerdo que mi madre solía decirme que no perdía la cabeza porque la traía pegada al cuerpo, pero desde que comencé a vivir sola, me hice el firme propósito de ser más precavida y hacía muchos años que no perdía ni una sola de mis pertenencias.
Llego a la universidad completamente fastidiada y con un humor de los mil demonios y por lo mismo, el tiempo entre clase y clase se me hace eterno. En lo único que puedo pensar mientras el profesor habla, es en mi estúpida cartera y en el hecho de que ya quiero que sean las 2:30 para poder irme a descansar.
Cuando por fin termina mi agonía, reviso mi celular en busca de algún mensaje de Annie, pero al ver que ella no me ha escrito, me subo a mi auto y emprendo el regreso a mi departamento con toda la intención de tirarme en la cama y no levantarme de ahí hasta el día siguiente… Y eso es precisamente lo que hago al llegar, justo después de desconectar el timbre y el teléfono, y apagar mi celular.
Despierto varias horas después y me doy cuenta de que ya anocheció. Estiro mi brazo hacia el buró para encender la lámpara de cabecera y cubro mis ojos con una mano, en lo que estos se acostumbran a la luz.
Tomo mi celular con mi mano libre y después de encenderlo, veo que tengo tres mensajes nuevos. El primero que selecciono es el de Annie y mientras se muestra el contenido, le ruego al cielo para que ella haya tenido suerte en la discoteca.
Fui al club, pero me dijeron que no habían visto nada. Lo siento mucho amiga.
La verdad es que no me sorprende mucho su respuesta, de hecho no esperaba que ellos la hubieran encontrado entre todo ese mundo de gente, así que me resigno al hecho de que tendré que cancelar todas mis tarjetas y renovar todas mis identificaciones.
Bebé, ¿estás bien? No he recibido ninguna noticia tuya desde ayer y hace rato intenté marcarte, pero nunca entró la llamada. Por favor, cuando puedas comunícate conmigo, me tienes muy preocupado.
Al leer el mensaje de Anthony, me doy cuenta de que no me he comunicado con él en dos días. Ya puedo escuchar su regaño cuando le cuente que perdí mi cartera por irme de fiesta con mi mejor amiga, pero como no estoy de humor para discutir con mi novio en este momento, decido responderle hasta mañana.
- Tengo tu cartera, si quieres recuperarla, comunícate conmigo.
Una emoción enorme me invade al saber que van a devolverme mi cartera y presa de la euforia, contesto el mensaje lo más rápido que puedo.
- Hola, te lo agradezco mucho. ¿Podrías entregármela hoy? Dime dónde te veo.
Algunos minutos después, recibo una respuesta.
- En una hora, en el "Cloud Gate" de Millennium Park.
- ¿Cómo te reconozco?
- Llevo un pantalón color caqui, un suéter azul marino y un gorro del mismo color.
- Ok. Te veo ahí en una hora.
- Ok.
Observo el reloj y veo que son las 8:30, así que me levanto de la cama y me meto al baño para darme una ducha rápida; al salir, me visto de la manera más informal, con unos pants negros, una sudadera rosa y unos tenis del mismo color. Antes de irme, tomo un paquete de galletas de avena del refrigerador y luego salgo del departamento en dirección al parque.
Cuando voy a medio camino, comienzo a meditar sobre lo imprudente de fui al responder tan rápido - ¿Y si es un secuestrador? ¿Y si intenta hacerme daño? – Me pregunto, pero trato de tranquilizarme pensando que ese parque siempre está lleno de gente.
Al llegar al lugar indicado, me doy cuenta que la zona está casi desértica y un ligero estremecimiento empieza a apoderarse de todo mi cuerpo – Creo que debí pedirle a Annie que me acompañara – Me digo a mí misma y saco mi celular para mandarle un mensaje.
Justo cuando estoy terminando de escribir, siento que unas manos se posan sobre mis hombros, apretándolos con firmeza. Yo me quedo muda debido al pánico tan grande que estoy sintiendo y lo único que se me ocurre es hacer uso de mis técnicas de Karate aprendidas en la infancia.
Sin pensarlo demasiado, le doy un codazo a mí atacante en algún lugar entre el estómago y el pecho, liberándome así de su agarre, después le lanzo un tremendo patadón, justo en la entrepierna, que estoy segura que no le permitirá tener descendencia en todo lo que le resta de vida.
Antes de echarme a correr, puedo ver mi cartera tirada a un lado del estúpido ese y aprovechando que él está en posición fetal, retorciéndose del dolor, me decido a tomarla.
- Srta. Candy, me dejó estéril – Murmura una voz completamente enronquecida, que reconozco de inmediato.
- ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! – Repito en mi mente, mientras me acerco a socorrer al Sr. Grandchester.
- Discúlpeme, no sabía que era usted.
- Que agresividad la suya, si aún guardaba la esperanza de engendrar un hijo, después de hoy, murió para siempre.
- Perdóneme, por favor… ¡Ay Dios!… Estoy tan apenada…. ¿Se encuentra bien?
- ¿Usted qué cree? – Me responde, mientras se frota el pecho en repetidas ocasiones.
- ¿Quiere que lo lleve al hospital?
- No, no es necesario, estoy seguro que el dolor pasará pronto. Solo ayúdeme a sentarme, esos golpes fueron brutales y me dejaron sin aliento.
- Su corazón… ¿Está bien? – Le pregunto, mientras lo ayudo a incorporarse.
- Eso creo - Me dice, pero puedo ver que cada vez respira con mayor dificultad.
- No me importa lo que usted diga, lo llevaré al hospital, al fin que está muy cerca de aquí.
- No, de verdad no es necesario.
El señor Grandchester vuelve a colocar su mano sobre su pecho y una mueca de dolor se hace presente en su rostro.
- ¿Puede caminar?
Él niega con la cabeza y al observar su cara, me doy cuenta de que está muy pálido y que sus labios se están poniendo ligeramente morados.
- Voy a llamar a una ambulancia.
- Por favor, no haga eso… No sabe cómo odio los hospitales, me hacen sentir más solo de lo que ya me encuentro.
- Yo me quedaré con usted, se lo prometo.
Saco mi celular y llamo al 911, después me siento a su lado y tomo su mano, apretándola con fuerza, mientras que en mi mente le pido a Dios que nada malo le suceda. Para mi buena suerte, en menos de tres minutos la ambulancia ya está llegando al lugar.
Los paramédicos lo colocan cuidadosamente en la camilla y sus ojos, cargados de temor, me miran fijamente, haciéndome sentir como el peor de los seres humanos por haberlo puesto en esta situación.
- ¿Usted viene con él? – Me pregunta uno de los paramédicos.
- Sí.
- ¿Qué parentesco tienen?
- Soy su…
- Novia, es mi novia – Responde él, rápidamente - ¿Puede acompañarme?
- Sí, claro.
Ellos lo suben a la ambulancia y yo me subo detrás de ellos, colocándome a su derecha; su mano busca rápidamente la mía y la sostiene con firmeza – No me deje morir solo – Murmuran sus labios antes de que le coloquen la mascarilla de oxígeno y yo siento como se me rompe el corazón al escuchar esas palabras.
Creo que nunca se me había hecho tan largo un trayecto tan corto y mientras el vehículo avanza, miles de pensamientos fatalistas comienzan a rondar mi mente - ¿Qué va a pasar si él muere? ¿Podría cargar con otra muerte en mi consciencia?
Sacudo mi cabeza, en un intento por despejar mis ideas y me obligo a mantener una actitud positiva, aunque me esté costando demasiado trabajo.
Al llegar al hospital, él es trasladado a la sala de urgencias, en lo que yo me quedo en recepción, llenando su hoja de ingreso. Es una verdadera suerte que casi me haya aprendido su expediente de memoria, si no, estaría en serios problemas. Una vez que termino con todo el papeleo, me dirijo a la sala de espera y aguardo por alguna noticia suya. Casi dos horas después, un médico, conocido mío, sale para darme informes.
- ¿Candy? – Pregunta, sin ocultar la sorpresa que le da verme ahí.
- Buenas noches, Dr. Jones.
- No tenía idea de que el Sr. Terrence fuera familiar suyo.
- Es... un amigo cercano. Pero dígame, ¿cómo se encuentra él?
- Estable, aunque algo angustiado y muy adolorido… No ha dejado de preguntar por usted.
- ¿Puedo pasar a verlo?
- Por supuesto, solo trate de no alterarlo mucho, él debe estar en total reposo durante las próximas horas.
- Sí, no se preocupe.
- El señor Terrence va a permanecer en la unidad de cuidados intermedios por esta noche. ¿Usted se va a quedar con él?
- Sí, yo lo haré.
- Bien, le informaré a la enfermera para que esté enterada.
- Gracias.
Después de despedirme del Dr. Jones, me dirijo hacia la habitación del Sr. Grandchester y al entrar, él voltea a verme y me regala una enorme sonrisa.
- Me alegra ver que no se ha ido.
- Le dije que no iba a dejarlo solo.
- Se lo agradezco, de verdad. Le juro que si no fuera porque el Sr. Miller está de viaje, cerrando un importante negocio junto con mi padre, no me atrevería a molestarla de esta manera.
- No se preocupe, no es ninguna molestia, después de todo yo lo puse en esta situación.
Él comienza a reír con dificultad – No, yo lo hice… Quería asustarla y… bueno, ya ve lo que pasó.
- Entonces somos igual de responsables.
- Sí, creo que sí.
- Pero ya no se preocupe por eso, ahora tiene que descansar.
- No me siento cansado, dormí todo el maldito día.
- Estamos igual, yo dormí toda la maldita tarde.
- Haríamos una buena pareja, seríamos como dos osos polares hibernando durante el invierno - Me dice, bromeando.
En situación normal no le seguiría el juego, pero dadas las circunstancias y el hecho de que me siento bastante estresada con todo lo que acaba de suceder, decido seguir con la broma.
- Mmm… No lo sé, sería una vida demasiado holgazana.
- Bueno, podríamos entretenernos en otras cosas durante el resto de las estaciones.
- Podría ser… Solo hay un pequeño problema.
- ¿Cuál?
- Tendría que comer en exceso para poder sobrevivir todo el invierno y eso me haría engordar mucho.
- Ese no es un problema para mí…. Estoy seguro que se vería encantadora con unos cuantos kilos de más.
Una carcajada se escapa de mi boca al imaginarnos de esa manera y él comienza a reír conmigo.
- Srta. White, ¿por qué no se sienta? Le prometo que no la voy a morder... Y no porque no quiera, si no porque no puedo.
- Vaya, tal parece que estoy salvada.
- Solo por hoy... - Me responde, guiñándome un ojo.
Una sonrisa se dibuja en mis labios y luego de un par de segundos, comienzo a caminar hacia el pequeño sillón que se encuentra a un lado de él.
- Cuénteme algo sobre usted, hoy quiero ser yo quien la analice.
- Mmmm… así que ahora es usted el que va a tomar mi lugar.
- ¿No le gusta la idea?
- Suena interesante… - Le respondo, recargando mi cabeza en el respaldo del sillón - Y dígame, ¿qué es lo que quiere saber de mí?
- Tal vez podría empezar por hablarme de su infancia.
- Mi infancia… - Por un momento mi mente se sitúa en esos maravillosos años de mi vida – Mi infancia fue sumamente bella… Crecí rodeada de amor, tanto de mis padres, como de mis hermanos. ¿Sabe? Yo tenía una melliza que se llamaba Susana…
- ¿La de la foto?
- Sí, la misma… Cuando éramos pequeñas, solíamos ser inseparables y siempre nos metíamos en problemas a causa de todas las travesuras que hacíamos… Annie y mi hermano mayor, Tom, eran nuestros cómplices.
- Annie es la pelinegra que iba con usted ayer, ¿no es así?
- Sí, ella es mi mejor amiga y nos conocemos desde que éramos unas chiquillas mocosas.
- Se ve que es muy alegre.
- Cuando era niña solía ser muy tímida, pero una vez que entró en la adolescencia se desató por completo.
- ¿Y su hermano cómo es?
- Físicamente es idéntico a mi papá… Sobre su carácter, puedo asegurar que ha cambiado mucho en los últimos años. De pequeño solía ser igual de alegre y extrovertido que Susy, pero cuando ella murió, él se volvió callado, distante y dejó de sonreír.
- ¿Usted a quién se parece?
- A mi mamá.
- Y su hermana… ¿Cómo era ella? ¿Se parecía a usted?
- No mucho, ella era el vivo retrato de mi abuela, con su cabello lacio y rubio y sus grandes ojos azules, casi del mismo tono que los suyos… Ella aparentaba ser muy tranquila, pero en el fondo era el mismísimo demonio, casi todas las travesuras que hacíamos eran idea suya, pero mis padres siempre creyeron que yo era la mente maestra. Realmente no me importaba que me regañaran por su culpa, yo la adoraba y prefería sufrir el castigo que verla triste. Susy y yo siempre alardeábamos de saber que era lo que sentía y pensaba la otra.
- ¿Y no era cierto?
- Lo fue, hasta que ella se enfermó…
- ¿Por qué lo dice?
- Porque mi hermana se encerró en su propio mundo y se alejó de mi…. Yo también me alejé e hice nuevas amistades… fue una época difícil, Susy siempre estaba débil, enferma, de mal humor y conforme su enfermedad avanzaba, ella pasaba más tiempo en el hospital que en nuestra propia casa.
- ¿Cuántos años tenía cuando le descubrieron su cáncer?
- Catorce.
- ¿Y cuántos años tenía cuando murió?
Dieciséis, casi diecisiete.
- ¿Y por qué no la operaron antes?
- Porque debido a la ubicación del tumor existía el riesgo de que perdiera la movilidad de alguna parte del cuerpo o del cuerpo entero, así que los médicos trataron de agotar todas las posibilidades antes de decidirse a realizar la cirugía.
- ¿Murió en el quirófano?
- No, se suicidó dos semanas antes de que la intervinieran – Al decir esas palabras, puedo sentir como mis ojos se llenan de lágrimas, así que me muerdo los labios en un intento de controlar mi llanto - Lo siento, esto es algo difícil para mí.
- Llore, desahóguese, eso la hará sentir mejor.
- No, estoy bien… De verdad.
- No es cierto – Me dice, mirándome fijamente a los ojos y desarmándome por completo.
- Es solo que me dolió tanto su muerte… Hubiera esperado que después de todo lo que vivimos juntas, ella me tuviera confianza… tal vez yo hubiera podido hacer algo para ayudarla.
- Tal vez no quería agobiarla con sus problemas.
Exhalo un largo suspiro y me apresuro a secar un par de lágrimas traicioneras que lograron salir de mis ojos - Como sea, mi hermana se fue y ningún "hubiera" va a cambiar ese hecho.
- ¿Fue por eso que estudió psicología, verdad?
- Sí, reconozco que su muerte influyó en mi decisión de estudiar esa carrera.
- Srta. White, ¿le puedo preguntar algo?
- ¿Me va a preguntar si quiero ser su novia? – Bromeo, en un intento por recobrar la compostura.
- Depende… Si me promete que su respuesta va a ser afirmativa, le juro que me quito el catéter y los cables que me conectan al monitor y me lanzo a sus pies para pedírselo.
Una ruidosa carcajada brota de mi boca sin que pueda detenerla - No sea dramático…
- Soy hijo de una actriz, ¿qué esperaba?
- Sí, creo que tiene razón, lo trae en la sangre… Pero dígame, ¿qué es lo que quería preguntarme?
- … ¿Usted ha tomado terapia psicológica alguna vez?
- Sí, en dos ocasiones. La primera fue poco después de la muerte de mi hermana, la segunda fue a raíz de la muerte de una de mis primeras pacientes.
- ¿Así que los psicólogos también tienen que recurrir a la terapia de vez en cuando?
- El que seamos psicólogos, no nos exenta de tener problemas, frustraciones, miedos… Somos igual de humanos que el resto de las personas y también necesitamos que alguien nos escuche de vez en cuando.
- ¿Nunca pensó en estudiar otra cosa?
- Cuando era pequeña quería ser enfermera.
- Mmmm… puedo imaginármela con su uniforme blanco.
- Mientras no me imagine con uno de esos diminutos disfraces que utilizan las mujeres de dudosa reputación para ir a las fiestas de Halloween, todo está bien…
Su risa nerviosa y el enrojecimiento súbito de su rostro, lo delatan de inmediato.
- ¿Me imaginó así?
Él se encoge de hombros y una sonrisa, mitad angelical, mitad perversa, se forma en sus labios haciéndolo lucir endemoniadamente sexy.
- Y luego dice que no es un pervertido.
- No lo era, hasta que la conocí. Usted genera en mí los pensamientos más indecentes que haya tenido en mi vida.
Ni siquiera me atrevo a mirarlo a la cara, lo único que deseo es salir corriendo de la habitación y no volver a verlo nunca más, pero sé que tengo que comportarme como una mujer madura y no como una chiquilla asustada. Así que me quedo ahí, fingiendo que no me perturbaron sus últimas palabras, aunque en el fondo hayan removido hasta la más mínima fibra de mi cuerpo.
- ¿Y usted qué quería ser de grande? – Le pregunto, desviando el tema.
- Yo soñaba con ser cantante…
- Ayer lo escuché cantar y déjeme decirle que tiene una voz muy linda.
- Gracias.
- ¿Por qué no lo intentó?
- Por miedoso… Tenía mucho miedo de fracasar.
- De los fracasos se aprende.
- Tal vez, pero lo cierto es que no quería hacer el ridículo, tal como lo hice ayer, frente a usted.
- Usted no…
- Sí, lo hice y para serle sincero, no pensaba volver a las terapias por esa misma razón…
- Y ahora, ¿piensa volver?
- Sí, lo haré, me hace mucho bien hablar con usted… - Me dice, entrecerrando sus ojos.
- ¿Ya tiene sueño?
- Un poco.
- Descanse, yo me voy a quedar con usted toda la noche.
- Gracias… ¿Le gustaría que le cantara una canción?
- Sí, eso estaría bien.
Él aclara su garganta y empieza a entonar la melodía.
There used to be a greying tower alone on the sea
You became the light on the dark side of me
Love remained a drug that's the high and not the pill
But did you know that when it snows
My eyes become large and the light that you shine can be seen?
Baby, I compare you to a kiss from a rose on the grey
Ooh, the more I get of you, the stranger it feels, yeah
Now that your rose is in bloom
A light hits the gloom on the grey
There is so much a man can tell you, so much he can say
You remain my power, my pleasure, my pain
Baby, to me, you're like a growing addiction that I can't deny
Won't you tell me, is that healthy, baby?
But did you know that when it snows
My eyes become large and the light that you shine can be seen
Algunos minutos más tarde, el señor Grandchester se queda profundamente dormido y después de cerciorarme que está respirando bien, me traslado a un sofá que se encuentra en la esquina de la habitación para recostarme un rato. Al cabo de un cuarto de hora, yo también me quedo dormida.
Hola, hola chicas lindas, aquí ando de rapidito, subiendo un nuevo capítulo...
No tengo mucho tiempo, pero solo quiero agradecerles por todos sus comentarios y sus muestras de apoyo, gracias por agregarme a sus favoritos y por seguir la historia. Les agradezco también a mis lectoras silenciosas. GRACIAS, MIL GRACIAS A TODAS USTEDES.
Espero poder contestarles con calma en el próximo capítulo, porque aquí me ven con ojos de pistola cada vez que me quedo mucho tiempo con el celular en la mano, jajajajaja.
Se supone que regreso al paraíso el miércoles, pero no sé a qué hora y además, supongo que voy a estar carrereada, como casi siempre que salimos de viaje, así que no les prometo actualizar ese día. Pero si no, el jueves actualizo capítulo sin falta.
La canción que utilicé en este capítulo de la de "Kiss from a Rose" de Seal (Otra de mis favoritas)
Les mando un saludo fuerte y afectuoso. Nos leemos pronto.
*Yeshua: Muchas gracias por tu invitación, en otra ocasión, con más calma, nos ponemos de acuerdo. Tu vives en Mérida, ¿no?
Ahora sí me despido, saludosssss y que tengan un excelente día.
