(9)

SORPRESAS Y DECEPCIONES

Una vez que me canso de dar de vueltas en la sala, me recuesto en el sillón y comienzo a observar el techo, mientras escucho el sonido que hacen las manecillas del reloj al avanzar lentamente.

- ¿Cómo permití que las cosas llegaran tan lejos? – Me pregunto, otra vez, sin poder hallar una respuesta.

Han pasado casi cuarenta y ocho horas desde que nos dimos aquel beso y yo no he podido sacarme al Sr. Grandchester de la cabeza por más que lo intento. Aún puedo sentir sus suaves labios presionados sobre los míos, moviéndose al compás de los míos, al mismo tiempo que su barba, a medio rasurar, rozaba mi piel.

- ¿En qué demonios estabas pensando, Candy? – Me pregunto, pero tengo que admitir que cuando él me besó, yo ya no estaba pensando en nada; de hecho dejé de hacerlo en el momento en el que él tomó mi rostro entre sus manos, o tal vez antes, no lo sé.

Trato de justificarme a mí misma, repitiéndome que yo intenté rechazarlo, que intenté alejarlo de mí – Jajaja, ¿a quién quieres engañar, Candy? Te rendiste en el mismo instante en que su boca se unió con la tuya – Sí, es verdad, mi cuerpo entero se rindió al sentir el calor que emanaba de su piel, al respirar su aroma y al probar el sabor de su saliva. En ese mismo instante mis manos se aferraron con fuerza a su camisa, en lo que él me envolvía delicadamente entre sus brazos y comenzaba a acariciar mi espalda con la yema de sus dedos.

Mi cuerpo entero tembló cuando él se detuvo por unos segundos, solo para susurrarme un "Te quiero" y mi corazón se aceleró cuando el volvió a besarme con más intensidad, con más ímpetu, mientras que nuestros pies comenzaban a moverse por el consultorio como si estuvieran bailando un vals. Cuando me di cuenta, mi cadera ya había topado con el borde de mi escritorio y fue entonces que sus manos se colocaron firmemente en mi cintura, para alzarme y sentarme sobre su superficie.

- Detente Candy, esto no está bien, esto no es correcto. ¡Aléjate! – Me gritaba mi mente, pero no la escuché y contrario a lo que me dictaba la razón, rodeé su cuello con mis brazos y lo atraje mucho más cerca de mí. Él se colocó rápidamente entre mis muslos y una de sus manos se situó en la parte baja de mi espalda, mientras que la otra se posaba sobre mi nuca, permitiendo que sus dedos se introdujeran entre mis cabellos, liberándolos de su amarre y posteriormente comenzaran a jugar con ellos, despeinándolos a su antojo.

Ignoro cuánto tiempo estuvimos besándonos, pero creo que se me fue una vida entera entre sus brazos y a pesar de que yo mantenía los ojos cerrados, pude percibir su sonrisa en más de una ocasión.

Por mi parte, me permití recorrer su rostro con mis dedos y tirar suavemente de su cabello repetidas veces, también me permití sonreír cuando se separó temporalmente de mí y comenzó a besar mi nariz, mi frente, mis ojos, para luego regresar a mi boca, atacándola con mayor ferocidad.

Mi rostro se enrojece al recordar cómo sus labios abandonaron los míos, avanzando lentamente hacia mi oído y dejando una estela de besos a su paso. Me derretí cuando sus dientes atraparon el lóbulo de mi oreja y lo estrujaron lentamente, para luego murmurar un "Me encantas, Candy, me fascinas". Y casi desfallecí cuando su boca se apoderó de mi cuello y posteriormente de mis hombros, sin darme tregua alguna.

No, no tienes ninguna justificación, Candice – Me recrimino a mí misma, sabiendo que yo lo dejé avanzar, sabiendo que yo permití que me besara y que me acariciara de esa forma – Sí, todo esto es tu culpa, Candice. Tú solita te metiste en este lío y ahora tienes que ver de qué forma vas a salir de él.

El timbre de mi celular interrumpe mis atormentados pensamientos, al igual que la alarma interrumpió nuestro momento íntimo, obligándome a poner los pies sobre la tierra. No sé de dónde saqué la fuerza para separarme de él, ni para mantenerme firme, cuando sus ojos azules me suplicaban que le permitiera seguir a mi lado, que le permitiera seguir besándome.

- Será mejor que se vaya – Le dije, volteando mi rostro para evitar mirarlo de frente.

- Candy…

- Por favor, váyase, yo… necesito pensar, necesito estar sola.

- Necesitamos hablar.

- ¡Vete! – Le grité y su gesto contrariado me indicó lo mucho que le había molestado que lo hiciera.

- Está bien, hablaremos después.

Pude ver su silueta alejarse lentamente de mí y en el instante en que abrió la puerta, el impulso de correr hacia él y detenerlo se hizo presente, pero haciendo uso de toda mi fuerza de voluntad, me obligué a mí misma a controlarme y a dejarlo ir.

Cubro mi cara con mis manos y muevo la cabeza en señal de negación al darme cuenta de mi gran equivocación y harta de tanto pensar, me levanto del sillón para ver quien me llamó. Al revisar mi celular, me doy cuenta de que es otra llamada perdida del señor Grandchester, la cual viene acompañada de otro mensaje. Con éste deben ser más de 100, ya que él no ha parado de escribirme desde ese día.

La curiosidad de mata y aunque me había prometido no volver a abrir ningún otro de sus mensajes, termino haciéndolo de nuevo.

Por favor Candy, contesta, necesitamos hablar de lo que pasó entre nosotros.

Pero no, no quiero hablar, no quiero verlo, lo único que necesito es tiempo para aclarar mis ideas - Tienes que alejarte de aquí, tienes que poner tierra de por medio entre los dos – Me dice una voz dentro de mi cabeza y después de escucharla infinidad de veces, comienzo a creer que tiene toda la razón.

Ahora que lo pienso, hace mucho tiempo no me tomo unos días libres, la última vez fue hace poco más de un año, cuando fui a Nueva York para pasar el cumpleaños de mi novio…

- ¡Anthony! – Sí, en todas estas horas de agonía, ni siquiera me había tomado la molestia de pensar en él y aunque estoy consciente de que nuestra relación no está en su mejor momento, ya que ni siquiera se ha comunicado conmigo en todo el fin de semana, eso no significa que yo le voy a poner los cuernos con el primer hombre que se me ponga enfrente y mucho menos si se trata de un irresistible paciente de cabellos castaños y ojos azules como el zafiro… – Necesitas hablar con Anthony, necesitan replantearse su situación. ¡Ve a buscarlo! – Me repite la voz.

Sé que él me dijo que vendría a verme pronto, pero algo dentro de mí me dice que no debo esperar más. Tal vez lo único que necesitamos es pasar más tiempo juntos, tal vez así podremos reencender esa chispa que solíamos tener, tal vez de esa forma pueda poner en orden mis sentimientos y tal vez así deje de pensar en el señor Grandchester, porque de lo contrario, me voy a volver completamente loca.

Con esa idea rondando mi mente, saco la laptop de mi mochila con la intención de comprar mis boletos de avión. Sé que puedo viajar mañana en la tarde, después de dejar todo arreglado en el trabajo y regresarme el viernes en la noche. Obviamente eso implicaría tener que cancelar todas mis citas de la semana y re-agendarlas a lo largo del mes, pero bien vale la pena el esfuerzo.

Paso el resto de la tarde haciendo mi maleta y planeando mi itinerario. Aprovechando mi estancia en Nueva York, pienso darme una escapada a Nueva Jersey para visitar a mi hermana Patricia. Tampoco voy a avisarle que iré a verla, quiero que se lleve una enorme sorpresa cuando me vea llegar al campus, estoy segura que se pondrá sumamente feliz.

Me acuesto a dormir a las diez de la noche y me levanto media hora antes de lo habitual para poder llegar temprano al hospital y así poder acabar con todos mis pendientes a tiempo. Mi turno transcurre del modo más tranquilo y durante mis ratos libres me dedico a llamar a cada uno de mis pacientes para reacomodar sus citas. Al final de mi lista se encuentra el Señor Grandchester y aunque no concretamos ningún encuentro para esta semana, tengo que informarle que yo ya no podré seguir siendo su terapeuta.

Después de posponer esa llamada varias veces durante todo el día, me decido a hacerle frente de una vez por todas y marco su número antes de que vuelva a acobardarme.

- Bueno - Contesta él y se abre un hueco en mi estómago con solo escuchar su voz.

- Buenas tardes señor Grandchester, habla la señorita White… - Mi voz suena temblorosa y yo aclaro la garganta, tratando de ocultar mi nerviosismo.

- Candy, que bueno que me llamas, necesito hablar contigo, dime dónde puedo verte.

- El motivo de mi llamada es para informarle que ya no podré seguir llevando su terapia. A partir de este momento, usted continuará sus sesiones con la doctora Kimberly Sanders. Me tomé el atrevimiento de programarle una cita para la próxima semana, va a ser el viernes a las dos de la tarde.

No escucho ninguna respuesta de su parte y yo espero algunos segundos más, hasta que el sonido de la línea telefónica me confirma que me colgó. La verdad es que no me sorprende, de hecho esperaba que lo hiciera, así como esperaba que me gritara hasta de lo que me iba a morir. Gracias a Dios esto último no sucedió.

Trato de no darle importancia a su berrinche y salgo del consultorio para dirigirme al departamento de recursos humanos y pedir los días que me deben. Luego de llenar algunas formas, consigo que me den la autorización que necesito y regreso a mi oficina para terminar mis pendientes y así poder abandonar el hospital a buena hora.

Al entrar al consultorio, casi me muero del susto al encontrarme con el Sr. Grandchester, quien está recargado en la esquina del escritorio, con el semblante más atemorizante que haya visto en mi vida.

- ¿Pero qué demonios hace usted aquí?

- ¿Qué no es obvio? Te estoy esperando, ya que tú te niegas a hablar conmigo.

- No tenemos nada de qué hablar – Le digo, rodeándolo para llegar a mi asiento.

- ¿Qué es esa estupidez de que vas a dejar de ser mi terapeuta?

- No es ninguna estupidez, yo no puedo seguir tratándolo, mi ética no me lo permite.

- ¡Al diablo con la ética! ¿Dime qué es lo que va a pasar entre tú y yo?

- Nada, no va a pasar nada.

- ¿Y el beso que nos dimos? ¿No significó nada para ti?

- Ese beso fue un error, no debió suceder, así como tampoco debió existir ningún tipo de relación entre los dos fuera de este consultorio.

- Qué fácil, ¿no?

- No, no es fácil, es lo correcto.

- Candy, ¡te quiero, maldita sea! Y te quiero para mí, ¿acaso eso es tan difícil de entender? ¿Acaso no sientes lo mismo que yo?

Su mirada me penetra como si fuera una daga y yo trato de esquivarla para no sucumbir ante ella – Lo siento, yo no puedo corresponderle.

No, no debo corresponderle, aunque ya no sea mi paciente y aunque me muera de ganas de estar con él, lo mejor será que cada quien continúe con su propio camino. Sé que es cruel de mi parte, pero no podría estar al lado de un hombre que de un momento a otro podría morir. No, no soy tan fuerte como soportar esa agonía y sé que si decidiera quedarme a su lado, terminaría haciéndole más daño.

- ¿Esa es tu última palabra? – Me pregunta.

- Sí… Lo siento.

- Bien, en ese caso te prometo que no volveré a molestarte nunca más.

El señor Grandchester sale del consultorio azotando la puerta y las ganas de correr hacia él y detenerlo me invaden una vez más, pero logro contenerlas a tiempo. Yo me recargo sobre el respaldo del asiento, mientras me repito hasta el cansancio que estoy haciendo lo correcto, que esto es lo mejor para los dos, para mí.

Una hora más tarde, cuando el remordimiento ha disminuido un poco, abandono el hospital y conduzco hasta mi departamento para recoger mis maletas y cambiarme de ropa; una vez que estoy lista, me encamino a la avenida para tomar el taxi que me llevará al aeropuerto. Mientras estoy en la sala de espera, tengo un mal presentimiento sobre este viaje, pero trato de ignorarlo y me obligó a mantener una actitud optimista, diciéndome mí misma que todo saldrá bien.

A las 6:25 despega mi avión y dos horas y media después, aterriza en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy. Una vez que recojo mi equipaje de las bandas transportadoras, me apresuro a salir a tomar un taxi, ya que aún me falta casi una hora de camino hasta la isla de Manhattan.

Mientras el taxista lucha con el espantoso tráfico de la ciudad, el cual se acrecentó debido a la lluvia que comenzó a caer hace diez minutos, me pregunto si habrá sido una buena idea venir sin avisarle a mi novio; y es que como veo las cosas, creo que tardaré más de una hora para poder llegar al departamento de Anthony y es muy probable que para ese entonces, él ya se encuentre dormido.

- Debiste haber reservado una habitación de hotel – Me digo a mí misma, pero estoy consciente de que ya es muy tarde para hacer eso.

Llegamos a la entrada del condominio cerca de las once y cuarto, y no puedo evitar mojarme al bajar del taxi. Lo bueno es que mi novio tiene una enorme tina en su baño y una vez que esté en su departamento, me daré una larga ducha con agua caliente y después me tiraré en la cama para dormir hasta el mediodía. Tan solo espero que él no tenga otros planes en mente.

Ni bien acabo de entrar al edificio, un hombre mayor me intercepta.

- Buenas noches señorita, ¿buscaba a alguien?

- No, sí; bueno, aquí vive mi novio.

- ¿Cómo se llama su novio?

- Anthony Brown.

- ¿El señor Brown es su novio? – Me pregunta, sin poder ocultar su asombro.

- Sí, llevamos casi tres años de noviazgo.

- Permítame un momento, le voy a marcar para que baje por usted.

- ¡No! Por favor no lo haga, vine desde Chicago solo para darle una sorpresa.

Aunque no me lo diga, puedo ver que él no está muy convencido con mi respuesta.

- Le juro que le estoy diciendo la verdad, es más, si quiere le dejo mi identificación para que vea que no le estoy mintiendo.

El hombre exhala un largo suspiro y luego de algunos segundos, veo que su rostro se suaviza un poco – Está bien, pase; el señor Brown vive en el departamento 302 del tercer piso.

- Gracias. ¿Puedo dejar aquí mis maletas? Fue un viaje largo y estoy cansada. Le prometo que mi novio vendrá a recogerlas muy pronto.

- Sí, no hay problema.

Gracias a Dios el edificio tiene elevador y no tengo que aventarme esos tres pisos caminando. Cuando llego al piso indicado, me dirijo a la última puerta del corredor. A pesar de que no he venido muy seguido, aún recuerdo como llegar al departamento de Anthony.

Antes de tocar, me arreglo un poco el cabello y trato de acomodarme la blusa y el pantalón para verme más presentable. Una vez que me siento lista, toco la puerta en un par de ocasiones y pongo mi mejor sonrisa.

- Debe ser la comida – Dice una voz femenina y yo me pregunto si me habré equivocado de departamento.

Cuando la puerta se abre, veo a una mujer de cabello rojizo, de mi misma estatura, bastante guapa y de muy buen cuerpo, la cual viste únicamente una camisa; camisa que puedo reconocer enseguida, ya que yo se la regalé a Anthony en su último cumpleaños.

- ¿Te puedo ayudar en algo? – Me cuestiona, recorriéndome con la mirada de pies a cabeza.

- ¿Quién es, preciosa? – Se escucha a lo lejos y puedo identificar perfectamente la voz de mi novio.

Yo me quedo completamente petrificada, tratando de asimilar la escena que tengo enfrente de mí.

- ¡Hellooo! ¿Estás ahí? ¿Te puedo ayudar en algo? – Vuelve a preguntar esa estúpida mujer, hablándome de forma despectiva y grosera.

En situación normal no dudaría ni un instante en ponerla en su lugar, pero dado mi estado de turbación, solo atino a pronunciar dos palabras.

- ¿Está Anthony? – Le pregunto, casi en un murmullo.

- ¿Quién eres? ¿Para qué lo buscas? – Me interroga, evidenciando sus celos y su inseguridad.

En ese momento veo como Anthony se asoma desde la cocina y puedo jurar que su rostro palidece más de tres tonos cuando me ve parada en la puerta.

- Nadie, no soy nadie – Le respondo, en parte porque no tengo ninguna intención de pelear con esa idiota y en parte porque es verdad, yo no soy nadie en la vida de Anthony Brown.

Me doy la vuelta sin decir una sola palabra y camino de regreso al ascensor con un remolino de sentimientos dando vueltas en mi interior. Justo cuando estoy por llegar, puedo escuchar la voz de Anthony, quien no para de repetir mi nombre, mientras corre desesperadamente para alcanzarme. Para su mala suerte, lo que menos deseo en este momento es hablar con él, así que me escabullo por las escaleras en un intento desesperado de huir.

- Candy, por favor, espera… No es lo que tú piensas. Ella… ella es solo una amiga.

- ¡Por Dios! ¿De verdad piensas que te voy a creer eso? - Le contesto, sin dejar de correr cuesta abajo.

- Muñequita, vamos a hablar con calma… vamos a solucionar las cosas.

- No me interesa solucionar nada contigo.

- Bebé, déjame explicarte.

- ¿Explicarme qué? ¿Qué me has estado viendo la cara de idiota durante todos estos años?

- Mi amor, las cosas no son así.

- ¿Entonces como son? Ahora puedo entender por qué no querías que viniera a Nueva York… - Yo comienzo a reír de forma irónica – Vaya que soy estúpida… ¿Cómo no me di cuenta? Si todo estaba tan claro... ¿Pero sabes qué, Anthony? Hasta aquí llegó tu estúpida.

Al momento de alzar la cara para confrontarlo, noto que la mujerzuela esa nos está espiando a través de la barandilla, con una gran sonrisa de satisfacción dibujada en sus labios - Maldita zorra - Murmuro y siento un enorme coraje al darme cuenta de que ella si estaba enterada de mi existencia.

Yo reanudó mi marcha y cuando por fin llego al recibidor, él me alcanza y me coge del brazo.

- Candy, no te puedes ir así, no te voy a dejar ir.

El deseo de golpearlo hasta que libere todo mi coraje me invade, pero eso sería darle demasiada importancia y él ni siquiera se merece eso de mi parte.

- Anthony, deja de hacer el ridículo y actúa como el hombre que se supone que eres… Solo acepta las consecuencias de tus actos y déjame ir.

- Princesa, no me digas eso por favor.

- Lo mejor que puedes hacer es regresar con esa mujer, que por cierto, te está esperando al pie de la escalera.

- Ella no me interesa, solo fue un pasatiempo...

- Pues qué lástima, porque tendrás que conformarte con ese pasatiempo de ahora en adelante - Le digo, soltándome de su agarre.

Camino hacia dónde se encuentran mis maletas y puedo ver como el señor que me atendió hace unos momentos nos observa con el rabillo del ojo, al mismo tiempo que finge estar leyendo el periódico.

- ¿Quiere que le pida un taxi? - Me pregunta.

- Sí, se lo agradecería mucho.

El señor se acerca al teléfono que está empotrado a la pared y luego de un par de minutos, me informa que el taxi ya está en camino. Estoy consciente de que Anthony sigue parado a mitad del recibidor, vistiendo solo un bóxer y observándome fijamente, pero yo lo ignoro por completo, mientras espero a que el vehículo llegue.

- Disculpe, ¿sabe si hay algún hotel por aquí cerca? - Le preguntó al hombre, bajando el tono de mi voz.

- Hay uno a unas calles de aquí, no es muy elegante, pero...

- No importa, solo quiero un lugar donde pueda pasar la noche.

- Si gusta puedo darle una tarjeta.

- Sí, por favor.

- Dígale a la recepcionista que va de parte del señor Petrov, el portero del condominio Linden 78.

- ¿Le puedo pedir un último favor?

- Por supuesto.

- Si el señor Brown le pregunta, no le diga en qué hotel me estoy hospedando.

- No se preocupe, no se lo diré – Me contesta, guiñándome el ojo.

- Gracias.

El sonido de un claxon me indica que el taxi ha llegado y aunque sigue lloviendo, me subo al auto sin siquiera mirar atrás. Le entrego al conductor la tarjeta que me dio el señor Petrov y en menos de cinco minutos nos detenemos enfrente de la entrada de un sencillo hotel. Antes de retirarse, el chófer me ayuda a llevar mis maletas hasta la entrada, acción que le agradezco en el alma.

Yo camino hacia la recepción, pero no veo a nadie, así que toco el timbre un par de veces para hacer notar mi llegada. Cuando la recepcionista aparece, le pido una habitación sencilla, mencionando el nombre del portero del edificio y ella me hace un pequeño descuento sobre el precio total. Gracias a Dios, el cuarto que me asignan está en el primer piso, así que no tengo que esforzarme mucho para poder llegar. Una vez que estoy dentro de la habitación, apago mi celular y me lanzo a la cama, dejando salir las lágrimas que estuve reteniendo durante todo este tiempo, hasta que sin darme cuenta, me quedo profundamente dormida.

Despierto a las diez de la mañana sintiéndome más calmada; a decir verdad, esperaba que todo esto del rompimiento me doliera un poco más, pero lo cierto es que me siento aliviada de que la relación se haya terminado sin que yo quedara como la bruja del cuento. Creo que en el fondo lo único lastimado fue mi orgullo, pero estoy segura de que sanará pronto.

Me asomo por la ventana y me doy cuenta de que no ha dejado de llover. Quisiera salir a ver a mi hermana, pero debido a que ayer me dormí sin cambiarme la ropa, siento la garganta irritada y podría jurar que tengo un poco de temperatura – Tal vez mañana – Me digo y saco mi laptop para intentar cambiar la fecha de mi regreso a Chicago.

Luego de buscar por más de media hora, consigo el último asiento disponible en el vuelo de mañana, a las dos de la tarde. Eso frustra mis planes de ir a visitar a Paty, pero lo prefiero antes de permanecer por más tiempo en esta ciudad, arriesgándome a tener otro encuentro con Anthony o con su estúpida amante.

Para mi buena suerte, hay una pequeña cafetería a un lado del hotel, así que no tendré que desplazarme muy lejos para poder desayunar. Después de comer, permanezco sentada por más de dos horas, contemplando la lluvia que cae a través del vidrio y mientras lo hago, no puedo evitar preguntarme cómo estará en clima en Chicago y sobre todo, cómo estará el señor Grandchester.

Aprovechando que dejó de llover, me decido volver al hotel. Antes de salir del restaurante, le pregunto al mesero por alguna farmacia y él me informa que hay una, a una calle de distancia. Después de comprar algunos medicamentos para aliviar el malestar de mi garganta, regreso a mi habitación, donde paso el resto del día viendo la televisión, hasta que vuelvo a quedarme dormida.

Me despierto un poco más temprano que ayer, con un resfriado espantoso y si antes creía que no me gustaba Nueva York, ahora estoy segura de que lo aborrezco. Me levanto de la cama para bañarme y cambiarme y a las 10:30 abandono el hotel para irme al aeropuerto. Antes de que inicie el abordaje de mi vuelo, paso a comer algo en uno de los muchos restaurantes que se encuentran ahí y prendo mi celular, el cual no había encendido desde aquella anoche, con la intención de distraerme un poco en lo que espero mi comida.

Una oleada de mensajes comienza a llegar sin detenerse y puedo ver que la inmensa mayoría son de Anthony; así que rápidamente selecciono toda la conversación y la elimino, sin siquiera intentar averiguar qué fue lo que me escribió. A pesar de que también tengo un mensaje de mi madre y uno más de Annie, mis ojos solo se fijan en el mensaje nuevo que recibí del señor Grandchester.

Mi mente me dice que no lo abra, pero mi corazón me ordena que lo haga y por esta ocasión, termino obedeciéndolo.

Candy, sé que te dije que no volvería a molestarte, pero no puedo dejar de pensar en ti… Te extraño y necesito verte. No me importa si no me correspondes, tan solo déjame estar a tu lado, tan solo eso te pido.

Apago mi celular inmediatamente, porque sé que si lo mantengo encendido, voy a terminar respondiéndole y trato de no agobiarme pensando en él, pero eso es en lo único que puedo pensar durante todo el trayecto de regreso a Chicago. Cuando por fin llego a mi departamento, me tiro sobre el sillón y trato de controlar estas malditas ganas que tengo de marcarle y de pedirle que nos veamos.

Enciendo la tele con la intención de distraer a mi mente, pero irónicamente, todo me recuerda a él. Luego de torturarme por casi quince minutos, escucho que alguien toca la puerta con insistencia - ¿Será Anthony? – Me pregunto y me levanto sigilosamente con toda la intención de espiar por la mirilla.

Al momento de asomarme, no veo a nadie del otro lado, así que salgo al pasillo y me llevo una enorme sorpresa al encontrarme con el señor Grandchester, recargado sobre la pared, con los ojos entrecerrados, una media sonrisa dibujada en sus labios y destilando alcohol por los poros.

- Te lo ruego, déjame estar a tu lado – Me dice, arrastrando las palabras, haciendo evidente su estado de ebriedad y al intentar caminar hacia mí, se tropieza, desplomándose en el suelo.


Esta es la respuesta a los comentarios del capítulo anterior, lo había publicado en la sección de Reviews, pero lo vuelvo a poner aquí, por si no lo vieron. Además, agrego los que me llegaron después.

- Dulce Graham: Jajaja... Sí, ya después de 8 capítulos de estira y afloja ya era hora de que se besaran. Sobre Anthony... ya en el próximo capítulo sabrán un poco más sobre qué es lo que oculta.

- Cold Winter Rain: Por eso mismo te agradezco tu tiempo, porque sé que anduviste muy complicada. A mí también me gustó el resultado final, aunque me hayas dejado mucha tarea, jejeje.
Seguimos en contacto (¡MUCHAS GRACIAS!)

- Yessy: Bueno, por ahí más o menos va la cosa, pero ya pronto se le va a caer el teatrito.

- ElydeReyes: Muchas gracias por tus palabras, de verdad. Espero actualizar el lunes sin falta.

- Alesita77: ¿Si, verdad? Pinche Candy sonsa que no se da cuenta que le están poniendo tremendos cuernos... jajaja... Prometo no hacer sufrir mucho a Terryto baby muacccc (Ah, no, ese es Maluma, jejeje) ya pronto va a solucionar las cosas con la pecosa.

- Eli: Uy nena... yo podría escribir un montón de fics de todas las ocasiones que me pusieron los cachos, jajajaja... Pero tienes razón, la mayoría de las veces una se da cuenta de que algo no está bien (y digo la mayoría de las veces porque luego el amor nos ciega y... bueno... ahí andamos de sonsas) Sobre Terry y Candy...Ya dije que no voy a hacer sufrir mucho al bombón.

- Cheshire: Gracias por tus comentarios (Ambos, dos) No te preocupes, yo te entiendo, a veces las ocupaciones nos absorben y por más que intentamos, no podemos hacernos un tiempo (a mí me pasa seguido)... Lo único que te voy a exigir (jajajaja) es mi actualización de "Reminiscencia" (Llevo una semana de angustia, pensando si aquellos dos se desbarrancaron o no, jajaja) Y ya si se puede, también la de "Unbreak my heart..." Porque aun no supero que Ethan haya cambiado a Candy y necesito saber POR QUÉEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE. Gracias Ceshire :)

- Palasatanea2018: Jajajaja... No puedo prometer que Candy no se pondrá sus moños, pero sí prometo que no tardará mucho con los moños puestos, jajajaja. Saludos.

- Lila Venezuela: Gracias linda, yo ya ando haciendo mi soundtrack, jajaja. Pero te agradezco que te tomes el tiempo de leer y de escuchar las canciones. GRACIAS :)

- Guest: ¿Será?... Ahora sí que: !DESCÚBRANLO EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO)

- Anastasia Romanov: Híjole, no puedo responder a tu primera suposición, pero como dije anteriormente, sí prometo que Candy no va a ser muy mala con Terry (o mejor dicho, no por mucho tiempo :S) Sobre el beso... Les adelanto que sí se va a dejar querer (solo un poquito)

- Marta Hernandez: Muchas gracias Marta, también hay que agradecer a Monse (Cold Winter Rain) que me ayuda a editar la historia, sobre todo la parte de la terapia psicológica (GRACIAS, GRACIAS) Y bueno, mientras tenga tiempo y Dios me preste vida, seguiré escribiendo.

- DTG: Gracias, muchas gracias a ti por leerla.

- Yeshua: Creo que sí se escuchó el grito hasta Playa del Carmen, jajajaja... Te advierto que tienes tres días para dejarte crecer las uñas para el próximo capítulo, jajajaja. Sobre Anthony... mmmm... mmmm... Mejor nos leemos el lunes :D

- Sofia Saldaa: Pues ese arroz ya se está cociendo, solo falta que Candy enfrente sus sentimientos, porque ya medio los aceptó. Sobre Anthony... tengo la respuesta aquí en la punta de los dedos... Pero con todo el dolor de mi corazón (Ay ajaaaaa) las voy a hacer sufrir el fin de semana :(
Sí, yo también creo que el título "Acaricia mi alma" le va mejor.
Te agradezco infinitamente por leer mi historia y por comentar con tanto entusiasmo. Como diría Gustavo Ceratti: ¡GRACIAS TOTALES! :)

- Venezolana lopez: A mi también me encantó describir la escena del beso (Grrrr)... Un abrazo grande para ti.

- Kamanance: No te culpo, creo que el grupo solo es conocido por la gente a la que le gusta ese tipo de música y que vive en México. Gracias por leer.

- GUEST: Esta bien, me convenciste ;)

- Briss White: Gracias... Un capítulo más para ti.

- Iris Adriana: Pues sí, al fin hubo beso y apapacho y todo lo demás (Bueno no, no todo) Sobre quien es la misteriosa mujer de Anthony, mmmm... me reservaré su nombre unos capítulos más.

- Alesita 77: Jajaja... está bien, me convenció tu chantaje :D (Eso me hace menos mala?)

- Ivy: Muchas gracias por tus palabras, no sabes lo bien que se siente que te digan eso :) Gracias a ti por leer. Saludos.

- GUEST: Muchas, muchas gracias. Creo que esta historia está quedando mejor, porque me estoy tomando el tiempo de editarla con calma (Sí, aunque no me lo crean, este capítulo lo leí más de diez veces). Que Dios te bendiga y gracias por tus buenos deseos hacia mí y hacia mi familia.

- Ceshire: Ya te había respondido, pero de nuevo te agradezco tus observaciones. Probablemente tengas razón y forcé un poco la confrontación entre esos dos, pero no quería alargar más la primera interacción romántica de ellos y fue lo mejor que se me ocurrió, jaja. Saludos y gracias por actualizar. Sobre el grupo, jajaja, bueno mis gustos musicales son muy extensos. No sé si viste la película de "Amar te duele", este grupo participó en el soundtrack, con la canción "Soñé" que si no mal recuerdo, se escucha casi al final, cuando los protagonistas tienen su noche de pasión.

- Mar147: Muchas gracias a ti por seguir mis historias. Te confieso que por el momento no tengo tiempo ni cabeza para actualizar los otros dos fics, pero intentaré darme un espacio para escribir un capítulo más (aunque sea de Caramelo) Saludos!

LES AGRADEZCO DE CORAZÓN TODOS SUS COMENTARIOS, YA SABEN QUE ESA ES LA MEJOR RETRIBUCIÓN QUE PUEDEN HACERLE A TODAS LAS PERSONAS QUE NOS TOMAMOS EL TIEMPO DE ESCRIBIR, CRÉANME QUE AUNQUE SEA UN "GRACIAS", HACE LA DIFERENCIA Y NOS MOTIVA A SEGUIR.

ADELANTÉ LA FECHA DE PUBLICACIÓN, PARA NO HACER TAN LARGA LA ESPERA. VOY A ACTUALIZAR EL MIÉRCOLES, YA QUE ESTOY ESCRIBIENDO EL CAPÍTULO DESDE CERO (CESHIRE ME DIO LA IDEA DE HACER UNO DESDE EL PUNTO DE VISTA DE TERRY) Y ESPERO TERMINARLO EN EL TRANSCURSO DEL DÍA, PARA ENVIÁRSELO A MONSE Y CORREGIRLO ANTES DEL MARTES

LES MANDO UN SALUDO GRANDE Y AFECTUOSO
QUE TENGAN UN EXCELENTE DÍA