(11)
CON UN BESO
Justo cuando su rostro se estrella contra el suelo, el señor Grandchester tiene un ataque de risa y por un instante no sé si asustarme, enojarme o reírme con él.
- ¿Está bien? – Le pregunto.
- ¿Tú que crees? – Me responde, aun riendo.
- ¿Qué que creo? Creo que usted es un inconsciente, ¿en qué demonios estaba pensando cuando decidió emborracharse de esta forma? - Le reclamo, mientras me acerco a él para ayudarlo.
- Estaba pensando en ti…
Ignorando sus palabras, me hinco a su lado y hago un esfuerzo sobrehumano para poder levantarlo del suelo, pero tal parece que el alcohol lo hizo aumentar más de 100 kilos, ya que cada vez que logro alzarlo un poco, el peso de su cuerpo lo hace volver a caer y como consecuencia, él vuelve a reír.
- No sé cómo se atrevió a venir en este estado…
- Quería verte, necesitaba verte – Me contesta, alzando su mano y rozando con ella la piel de mi mejilla.
- Le pudo pasar algo – El solo hecho de imaginarlo, hace que se me encoja el estómago.
- ¿Te hubiera importado?
- Por supuesto que sí…
El señor Grandchester sonríe e intenta levantarse con la finalidad de acercarse a mí, pero termina cayendo al suelo una vez más.
- ¡Maldita sea! Mi cabeza no deja de dar vueltas – Se queja, entrecerrando los ojos – No debí beber tanto.
- ¡No me diga!…
- Soy un completo imbécil… déjame aquí y regresa a tu departamento, no merezco que te preocupes por mí.
Si su intención era chantajearme con sus palabras, él consigue su objetivo a la perfección – Voy a ir por ayuda.
- No, no lo hagas, dame unos minutos, yo puedo…
- No, no puedes hacerlo tú solo y yo no soy tan fuerte como para levantarte y llevarte adentro – Le respondo, haciendo evidente mi frustración por no poder ayudarlo - Ahorita regreso.
Me sorprendo al ver que una sonrisa pícara se asoma rápidamente en su rostro y me molesto al pensar que se está burlando de mí - ¿Esto te parece gracioso?
- No… - Me responde, dejando escapar una risa tonta.
- Entonces, ¿de qué demonios te estás riendo?
- Me estás tuteando…
Caigo en la cuenta de que tiene razón y no puedo evitar sentirme un poco avergonzada por mi actitud, aunque obviamente no se lo dejo saber.
- Pues si no dejas de reír, te juro que será la última vez que lo haga – Le advierto, fingiendo enojo.
Su semblante se torna serio al instante y ahora soy yo quien sonríe, aprovechando que estoy de espaldas y que no puede verme.
Mientras me alejo de él, comienzo a analizar mis limitadas opciones. Obviamente necesito a alguien lo suficientemente grande y fuerte como para que pueda levantar el alcoholizado trasero del señor Grandchester y lo meta, aunque sea a rastras, a mi departamento.
Luego de meditarlo por un momento, me decido por Mark, uno de los inquilinos del primer piso que en sus tiempos libres se dedica al fisicoculturismo. Tan solo espero que él no haya salido, de lo contrario, tendré que buscar otros medios para hacer que el señor "Estoy ahogado en alcohol" se levante del suelo.
Para mi buena suerte, mi musculoso vecino se encuentra en casa y luego de contarle mi penosa historia, accede a ayudarme. A mí regreso, me sorprendo al descubrir que el señor Grandchester ya se quedó dormido y me pregunto qué tan buena es la idea de despertarlo.
Mark se aproxima a él y sin decir palabra alguna, se lo echa al hombro como si fuera un costal de papas y lo mete al departamento. Yo desvío la mirada e intento contener la estrepitosa carcajada que amenaza con salir de mi boca, al ver la cara de susto que pone el señor Grandchester cuando se da cuenta que un hombre lo está cargando.
- ¿En dónde te lo dejo? - Me pregunta Mark, con un aire divertido.
- Llévalo a mi habitación - Le indico y puedo ver que una sonrisa pícara se dibuja en los labios de mi ex paciente.
- Ni siquiera lo pienses - Le advierto, haciendo que otra risa se escape de su boca.
Una vez que mi vecino deja al señor Grandchester recostado en mi cama, lo acompañó a la entrada, al tiempo que le agradezco infinitamente por su ayuda. Cuando regreso a la habitación, me quedo recargada en el marco de la puerta, observando al hombre que tengo frente a mí, el cual permanece con los ojos cerrados y está tarareando una canción.
Look into your heart
You will find
There's nothin' there to hide
Take me as I am
Take my life
I would give it all, I would sacrifice
)o(
Don't tell me it's not worth fightin' for
I can't help it, there's nothin' I want more
You know it's true
Everything I do
I do it for you
)o(
Él deja de cantar súbitamente al advertir mi presencia
- ¿Candy?...
- ¿Qué pasó?
- Necesito que me hagas un enorme favor.
- ¿Cuál?
- Abrázame...
Yo titubeo por un instante, pero al final termino sucumbiendo a las inmensas ganas que tengo de volver a estar entre sus brazos y me acerco a paso lento hasta mi cama, para luego recostarme tímidamente a su lado.
Él se aproxima a mí y comienza a buscar mi boca con sus labios, sin siquiera abrir los ojos.
- No creo que sea prudente, estás demasiado borracho – Le digo, alejando mi rostro.
- Solo será un beso… por favor, lo necesito.
El señor Grandchester vuelve a buscar mi boca y cuando por fin la encuentra, deposita en ella unos cuantos besos qué me saben a licor y a gloria.
- No sabes cuánto te quiero - Murmura, aún con sus labios pegados a los míos y después me estrecha en un fuerte abrazo, que termina uniéndome a su cuerpo.
- Yo también te quiero - Le respondo, acariciando tiernamente su mejilla y otra sonrisa, mucho más hermosa que las anteriores, se dibuja en su rostro.
Le doy un par de besos más y después hundo mi rostro en la cavidad de su cuello, tratando de aspirar el aroma de su piel, el cual se asemeja al de la hierba fresca.
- Prométeme que no te vas a alejar de mí.
- Yo no puedo…
- Por favor, prométemelo.
- Te lo prometo...
- Candy...
- ¿Si?
- Te amo.
Su confesión me deja muda y lo único que atino a hacer, es volver a besarlo para obviar mi falta de respuesta. Luego de una intensa sesión de besos, permanecemos abrazados por un largo rato, hasta que el señor Grandchester se queda profundamente dormido.
Cuando me dispongo a bajarme de la cama, puedo escuchar un jadeo proveniente de su pecho, el cual se hace presente cada vez que él inhala aire. El miedo me invade al suponer que ese ruido extraño es producto de su imprudente forma de beber.
- ¿Y si los medicamentos que está tomando le producen alguna reacción? – Me pregunto y me doy cuenta de que eso es algo muy probable, debido a su condición.
La idea de consultar al doctor Anderson comienza a rondar mi cabeza y dejando a un lado la vergüenza y el miedo al qué dirán, me decido a llamarlo. Camino rápidamente hacia la sala y trato de hallar mi celular entre el montón de cosas que boté sobre el desayunador al llegar del aeropuerto; cuando por fin lo encuentro, lo enciendo y busco entre mis contactos el número de mi compañero, para luego marcarle.
- ¿Diga?
- Hola, buenos días Dr. Anderson, habla Candy…
- ¡Candy! ¡Qué sorpresa! ¿Qué tal tus vacaciones?
- Bien…. Bien.
- Me da mucho gusto… Pero dime, ¿en qué te puedo servir?
- Bueno, yo… quería hacerle una consulta…
- ¿Qué clase de consulta?
- Quería preguntarle, ¿qué tan dañino puede ser el alcohol en un paciente que está tomando medicamentos para el corazón?
- Depende…
- ¿De qué?
- Del tipo de medicamento que esté tomando y cuanto alcohol haya ingerido.
- Mmmmm… No sé qué medicamento esté tomando, solo sé que tiene insuficiencia cardíaca y que bebió una enorme, realmente enorme cantidad de alcohol.
Él se queda en completo silencio y yo le echo un vistazo a la pantalla para cerciorarme de que aún sigue en la línea.
- ¿Dr. Anderson?...
- Quiero suponer que te estás refiriendo al Sr. Grandchester, ¿no es así?
Es una verdadera suerte que no estemos hablando de frente, porque de ser así, mi compañero ya habría notado que mi rostro se enrojeció por completo.
- Sí, es él… - Le respondo, sintiéndome completamente avergonzada.
- Bueno Candy, el Sr. Grandchester está tomando un inhibidor de ACE, el cual ayuda a que su corazón trabaje con menor intensidad, al reducir la presión arterial; impidiendo que su cardiopatía empeore.
- Eso significa que…
- Eso significa que su medicamento no debe combinarse con ninguna bebida alcohólica, ya que el alcohol puede provocar que su presión arterial disminuya más de lo normal.
- ¿Y qué pasa cuando la presión arterial disminuye?
- Se pueden presentar mareos, aturdimiento e incluso desmayos.
- Él está dormido...
- En ese caso, te recomiendo que no te separes de su lado y que te mantengas muy alerta. Si notas cualquier cosa extraña, márcame, ¿entendido?
- De hecho, él está respirando de forma extraña, como si se estuviera quejando.
- Eso es normal debido a su condición, solo revisa sus uñas y su boca de manera constante, si ves que comienzan a ponerse azules, me marcas.
- Sí, doctor. Muchas gracias.
- De nada. Hasta luego.
- Hasta luego.
La plática con el Dr. Anderson me deja mucho más preocupada que antes, así que decido seguir al pie de la letra sus recomendaciones y vuelvo a mi habitación para vigilar que el señor Grandchester se encuentre bien y que no se haya puesto azul en mi ausencia; lo cual, gracias a Dios, no sucedió.
Me paro a un lado de la cama y por un momento me quedo embelesada contemplando su rostro tan varonil, sus cejas obscuras y pobladas, la línea recta de su nariz, sus ojos cubiertos por esas enormes pestañas tupidas y sus labios gruesos, los cuales están ligeramente entreabiertos.
Cuando mi mirada se desvía hacia su cuerpo, me doy cuenta de que él tiene demasiada ropa puesta, así que me hago a la tarea de quitarle unos cuantos trapos de encima, con el fin de que duerma más cómodo.
Empiezo por despojarlo de su sudadera y al momento de jalarla, su celular cae al suelo. Yo lo levanto y siento el impulso de hurgar un poco entre sus mensajes, pero me digo a mí misma que eso no es correcto y termino colocando el aparato sobre mi buró.
Su torso queda cubierto únicamente por una camiseta negra y yo me detengo a observar sus brazos fuertes y torneados; así como la pelusilla, castaña y rizada, que sobresalen de su pecho. Me hinco a su lado para abrir la hebilla de su cinturón y aprovecho para desabotonar su pantalón de mezclilla, dejando al descubierto un caminito de vello obscuro que inicia en su ombligo y que se pierde debajo del elástico de su bóxer.
Mis manos osan tocar su abdomen plano con mucho cuidado y al momento en que mis dedos lo recorren lentamente, él suelta un largo suspiro y se mueve de lugar, haciendo que yo me sobresalte y que me baje de la cama de un brinco, debido al temor que tengo de ser descubierta con las manos en la masa. Aprovechando que estoy al pie de la cama, retiro los Vans que cubren sus pies y luego saco un cobertor de mi closet para colocárselo encima.
Cierro las persianas de mi cuarto para evitar que entre la luz del exterior y me acomodo a un lado suyo, con la intención de observarlo de cerca.
Mientras observo a la nada, me viene a la mente mi último año de preparatoria. En ese entonces Susy tenía unos cuantos meses de haber fallecido y toda mi vida, y la de mi familia, estaba al revés.
Mi padre se había dado a la bebida y era común que algún amigo o conocido, o a veces hasta algún empleado del bar, nos hablara en la madrugada para que fuéramos a recogerlo. Generalmente era Tom el que se encargaba de ese trabajo, pero algunas veces yo llegué a acompañarlo.
Nunca podré olvidar la cara de vergüenza que ponía mi padre cuando nos veía llegar, a la vez que nos juraba y perjuraba que jamás lo volvería a hacer. A mí me desgarraba el corazón verlo en ese estado: arrastrando las palabras, con los ojos perdidos y con rastros de vómito y cerveza en su camisa. En más de una ocasión fue necesario que nos ayudaran a subirlo al carro, ya que él no era capaz de ponerse en pie y al día siguiente, cuando su nivel de alcohol disminuía, ni siquiera era capaz de mirarnos a la cara, debido a la vergüenza tan grande que le provocaba su alcoholismo.
Fueron años muy difíciles, pero gracias a Dios, un día mi padre se armó de valor para dejar toda esa mierda atrás y seguir adelante; él dice que lo hizo por nosotros, pero yo sé que lo hizo por mi madre, porque ella nunca lo dejó solo, porque ella nunca perdió la fe en su amado esposo y porque ella siempre estuvo al pie del cañón, motivándolo, amándolo.
No sé cuánto tiempo pasa antes de que el cansancio me venza y me quede profundamente dormida, pero cuando me doy cuenta, ya estoy soñando. En mi sueño me encuentro en esta misma habitación y puedo percibir que hay una presencia cerca de mí, observándome; pero por más que recorro el cuarto con la mirada, no logro ver nada.
- Candy… - Se escucha a lo lejos y rápidamente identifico la voz.
- ¿Susy?
- Candy, tienes que liberarte de tus miedos.
- ¿Dónde estás?
- Vendrán tiempos difíciles...
- Susy, ¿por qué no puedo verte?
- Tienes que ser fuerte.
- ¿De qué estás hablando? Dime dónde estás.
- Libérate
- Susy, quiero verte, déjame verte.
La sensación de que alguien me ha sujetado de la muñeca me despierta de manera violenta. Confundida, pero sobre todo aterrada, giro mi cabeza tratando de ubicar al responsable y lo primero que distingo, a través de la obscuridad, son unos ojos azules que me observan fijamente. Un grito de terror se escapa de mi boca al pensar que se trata de Susana.
- Candy, tranquila, soy yo, Terry – Me repite varias veces y mi corazón se llena de paz al escuchar su voz rasposa. Cuando me despierto por completo, caigo en la cuenta de que es él quien está sujetando mi mano
- ¿Estás bien? – Me pregunta.
- Sí, yo… solo tuve una pesadilla y me asusté mucho.
- Lo sé, no dejabas de quejarte.
El señor Grandchester me abraza tiernamente y yo le correspondo, acomodándome entre sus brazos.
- No tienes por qué preocuparte, mientras estés conmigo nada malo te va a suceder, te lo prometo.
Puedo ver su rostro aproximarse rápidamente a mí y sin darme tiempo de reaccionar, sus labios se unen con los míos en un beso profundo, cargado de infinidad de sentimientos. Esta vez no intento rechazarlo, al contrario respondo a su beso con la misma intensidad, mientras paso mis dedos entre sus cabellos sedosos.
- ¿Cómo te sientes? – Le pregunto.
- Me duele la cabeza y sigo un poco mareado; pero no pienso quejarme por eso, porque me merezco eso y mucho más.
- No debiste…
- Sí, no debí hacerlo, pero no me arrepiento, ya que mi estupidez me trajo hasta ti.
- Realmente me asustaste…
- Perdóname, no fue mi intensión, yo solo quería verte.
- Está bien, te perdono.
- ¿Sabes? Todo esto me parece un sueño – Murmura, rozando su nariz con la mía.
- No es un sueño…
Él sonríe al escuchar mi respuesta y vuelve a besarme, de forma más intensa.
- No sabes cuantas veces fantaseé con estar así, contigo… No sé qué demonios me hiciste, pero por más que intento, no puedo dejar de pensar en ti…
- Yo no te he hecho nada… no todavía… – Bromeo y los dos comenzamos a reír.
- Repíteme una vez más que me quieres…
Yo me sonrojo al descubrir que él recuerda mi confesión de hace unas horas.
- ¿Qué te pasa? ¿Tan rápido dejaste de quererme?
- Por supuesto que no, te quiero… y te quiero mucho.
- ¿Por qué me rechazaste ese día?
- Porque estaba asustada y muy confundida...
- ¿Ya no lo estás?
- Un poco, pero ya no puedo seguir negando lo que siento por ti.
Al decir esas palabras, soy yo la que busca sus labios para depositar muchos besitos sobre ellos.
- No podía sacarte de la cabeza y comencé a beber para olvidarte. Ayer llamé decenas de veces a tu consultorio, pero nunca contestaste – Me reclama.
- No estaba en Chicago, viajé a Nueva York.
- ¿A ver a tu novio? – Me pregunta y a pesar de que no puedo verlo, noto de que su voz se endurece al decir esa palabra.
- Sí… tenía que hablar con él.
- ¿Y qué pasó?
- Lo encontré con otra…
Una risa burlona se escapa de su boca y yo le doy un golpe en el hombro, haciéndolo reír más.
- Ya me sospechaba que ese noviecito tuyo era un verdadero idiota, pero después de lo que me acabas de decir, lo he comprobado.
- Esta vez no puedo contradecirte, concuerdo completamente contigo.
- ¿Te das cuenta? Es una prueba inequívoca de que somos el uno para el otro… A los dos nos vieron la cara y lo descubrimos del mismo modo.
- No creo que eso pruebe nada.
- Al menos déjame soñar con que lo nuestro es especial y que estamos predestinados a estar juntos.
- Sí, tienes razón, debe ser el destino que se empeña en unirnos... - Le respondo, de forma sarcástica.
- ¿Te estás burlando de mí? ¿Cómo te atreves, muchachita insolente? - El señor Grandchester se coloca encima de mí y comienza a hacerme cosquillas, logrando hacerme reír hasta el punto de no poder respirar.
- Basta, ya no más, por favor - Suplico, con las pocas fuerzas que aún me quedan.
Él sonríe complacido y toma mis manos, colocándolas atrás de mi cabeza, para luego volver a besarme.
- Eres un salvaje...
- Eso es para que te enseñes a respetar a tu futuro señor - Me dice, logrando que una carcajada se escape de mi boca.
- ¿No me crees? - Me pregunta, acercándose a mi oído - Te lo recordaré el día de nuestra boda - Murmura, mordiendo mi oreja.
Mi piel se eriza por completo y yo no sé si es debido a que su lengua ha comenzado a recorrer mi cuello o por escuchar la palabra "boda" salir de su boca. Justo cuando estoy por deducirlo, me interrumpe el sonido del timbre.
- ¿Quién diablos te busca en la madrugada? - Me interroga, sin siquiera tratar de ocultar su molestia.
- No lo sé...
Busco mi celular entre las sábanas y al checar la hora, me doy cuenta de que ya casi son las siete de la mañana.
- No es de madrugada, ya está amaneciendo.
- ¿Qué hora es?
- Las siete.
Me acerco a la ventana y abro las persianas para dejar entrar la luz, haciendo que él se cubra la cara como si fuera un vampiro.
- Quién te manda a beber – Lo reprendo y con una sola mirada, él me hace saber que no le gustó mi comentario.
Salgo a la sala dejando a mi… - Lo que sea - refunfuñando en la habitación y mientras camino hacia la puerta, el timbre suena un par de veces más, haciendo que yo apresure el paso. Mi cuerpo se convierte en piedra, cuando veo quién está del otro lado.
- Princesa, por favor, tienes que escucharme.
Intento azotarle la puerta en la cara, pero él es más hábil que yo y la detiene.
- Escúchame bien, no me voy a ir de aquí hasta que hablemos.
- Yo no tengo nada que hablar contigo, para mí todo está muy claro.
- Vamos bebé, dame otra oportunidad, por los viejos tiempos.
- Lo siento, yo no doy segundas oportunidades.
Él me toma de la cintura e intenta acercarse a mí para besarme, pero yo coloco mis manos en su pecho, evitando que lo haga.
- Suéltame ya, idiota – Le ordeno, pero él me ignora.
- Mi amor, ¿estás bien? – Grita el señor Grandchester desde la habitación y los ojos de Anthony se abren como platos al escuchar esas palabras.
- ¿No creerás que solo tú puedes divertirte? – Le digo con ironía, y aprovechando su confusión, lo empujo hacia el pasillo y cierro la puerta.
- ¿Te hizo algo ese imbécil? – Me pregunta el señor Grandchester, mientras se acerca a mí.
- No, estoy bien.
- Porque si te hizo algo, te juro que ahorita mismo lo alcanzo y le rompo la cara.
- No es necesario, estoy segura de que no va a volver, además no vale la pena que arriesgues tu corazón por alguien como él.
- Por ti haría eso y más…
- Te creo, pero yo no deseo pasar el resto de mis días libres acompañándote en el hospital.
- Que mala eres…
Yo me encojo de hombros y luego le sonrío.
- Al menos le hubieras propinado una buena patada, de esas que sabes dar.
Su comentario me hace reír con ganas, consiguiendo que olvide el desagradable incidente que acabo de tener.
- Lo haré, si me vuelve a buscar.
Él me envuelve entre sus brazos y yo rodeo su cuello con los míos.
- Candy, sé que a mi edad y después de todo lo que he vivido, lo que voy a preguntarte sonará realmente estúpido, pero es necesario que te haga esta pregunta.
- Te escucho.
- ¿Quieres ser mi novia?
Es inevitable que una enorme sonrisa se dibuje en mi rostro.
- ¿Tú que crees?
- No lo sé, tú dímelo – Me responde, jugando con mi cabello.
- Sí, sí quiero.
Y con un largo beso, me despojo de todos mis miedos e decido iniciar un nuevo capítulo en mi vida.
Hola, hola chicas lindas, había pensado actualizar mañana, pero analizando la situación, me doy cuenta que voy a estar muy ajetreada y no creo tener tiempo suficiente para hacerlo. Así que aprovechando que tengo un tiempo libre, me decidí a subir el capítulo de una vez.
Creo que no se los había comentado, pero este fin de semana le quitan los cuernos a mi gorda (la van a bautizar) y es por esa razón que he estado corriendo de un lado para el otro, organizando todo para el festejo; además, toda mi parentela viene desde Acapulco y se van a quedar hasta el viernes conmigo; razón por la cual (con toda la pena de mi corazón) no voy a actualizar la próxima semana (Sí, ya sé, soy muy cruel, pero no creo tener tiempo para nada, más que para estar con mi familia)
Cómo se pudieron dar cuenta, no pude contestar a sus comentarios, ya que mi poco tiempo libre lo ocupaba para editar mi capítulo o para dormir (principalmente la segunda) así que les pido una enorme disculpa.
- Gladys: Te agradezco mucho tus palabras, realmente intento plasmar lo mejor que puedo la personalidad de Terry. Sobre Anthony... pues como dirían por ahí: Cada quien cosecha lo que siembra.
- Marta Hernández: Gracias a ustedes por leer mi historia y si, las cosas ya se están mejorando para los dos.
- ElydeReyes: Muchas gracias, no sabes la satisfacción que me da el hecho de que les guste lo que escribo.
- Ceshire: Tu me diste la idea (Gracias) Así que podría decirse que sí es una complacencia.
Sobre Anthony, sí, él es el vividor (maldito) y en los siguientes capítulos se sabrá un poco más de su vida y la de Karen.
Sobre tu pregunta de que sí Terry había causado el accidente, no, no fue él.
Jajaja, acosadora? Me haces sentir como estrella de rock :D
Gracias por tus palabras, ya sabes, hago mi mayor esfuerzo y gracias por explicarme el roll de Terry en tu historia. Gracias.
Ah, sí, gracias por todos tus comentarios :)
- Kamanance: No puse el nombre, pero sí, Anthony es el amante de Karen. Sobre Terry, casi se pone esa mugrosa camisa, pero al final no lo hizo. Saludos.
- Anastasia Romanov: Ya sé que Candy se ha portado muy fría con Terry, pero ella también tiene sus razones para comportarse así.
Tienes razón, sería bonito que nadie en este mundo sufriera y que todos nos brindáramos amor y comprensión, pero lamentablemente no es así.
Creo que tu mente viajó mucho con lo de Anthony, jajaja... Aunque no es mala idea ;)
- Flormnll: Gracias flor, ya actualicé para que no comas ansias. Saludos.
- Ely: Tienes mucha razón en decir que Terry ya está enamorado y también tienes razón en decir que si él hubiera seguido leyendo, habría descubierto la relación que Candy tenía con Anthony. Pero lo bueno es que Candy ya aceptó sus sentimientos.
- Guest: Gracias a ti por leer y que bueno que ya quedó un poco más claro. Bendiciones para ti también.
- Alesita77: De que Karen se va a llevar si chasco, se lo va a llevar. Sobre Anthony, ya veré qué hago con él. Gracias por tus buenos deseos y aunque sí tengo fiesta, creo que a la fiesta que te referías era a la del hijo de Ceshire, jajaja.
- Sofía Saldaa: Muchas, muchísimas gracias por tus lindas palabras y tienes razón, cuando estamos enamorados hacemos un montón de tonterías (yo también hice cada estupidez...)
Como no las quiero ver sufrir, ya hice que Candy le de unadé una oportunidad al castaño.
Ya saben que me gusta jugar con eso de los sueños... Así que... Bueno es probable que se vuelva realidad.
Espero darme un poco de tiempo para publicar, aunque no quiero prometerles nada.
Gracias por seguir mis historias con tanto entusiasmo, te mando un abrazo fuerte.
- Venezona López: Ay, me revolví con tu comentario, pero sí, Anthony estaba casado cuando iba a ver a Candy y ella no lo sabía. Saludos!
- Guest: Sí, Anthony es el vividor.
- Iris Adriana: Gracias, puedo sí, hacía falta ver el punto de Terry. Nos leemos pronto.
- Maya AC: Muchas gracias, me alegra que les haya gustado. Besos para ti también.
- Guest: No comas ansias, ya actualicé.
Les mando un saludo a todas, ya me ganó el tiempo, asi que no alargó más mi discurso.
Nos leemos pronto.
Que tengan un excelente fin de semana.
