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GRITA PARA MÍ
Entre sueños, puedo distinguir el timbre de mi celular y trato de aferrarme, en vano, a la placentera historia que se está proyectando en mi mente.
- ¡Candy! - suspiro, deseando que fuera ella quien tuviera entre mis brazos, en lugar de esta insulsa almohada.
Es una verdadera lástima que, contrario a lo que estaba sucediendo en mi sueño "XXX", yo aún no haya podido tener algún acercamiento más íntimo con mi novia. Y no es porque no lo haya intentado, ya que en más de una ocasión mis labios la han besado de manera provocativa y mis manos la han tocado de forma sugerente; pero lo único que he conseguido, ha sido una sutil invitación para que me marche a mi suntuosa mansión, a dormir solo, como si fuera un perro callejero.
Y es que Candy se comporta conmigo de una manera tan… decente, tan… escrupulosa, que a veces me pregunto si esa es su verdadera personalidad o sí solo es una forma de tenerme quieto. Pero sea cual sea la razón, la mayoría de las veces me siento como el peor de los degenerados cuando mi mente impúdica comienza a fantasear con su cuerpo desnudo bañado en sudor, con sus pechos moviéndose al compás de mis envestidas, con su sexo húmedo rozando mi abdomen, rozando mi… - Mierda, ya me puse duro de solo pensarlo.
El maldito teléfono comienza a sonar de nuevo y no conforme con haber interrumpido mi candente sueño, ahora también interrumpe mis sucios pensamientos.
- ¡Con un demonio! - Balbuceo entre dientes, al comprender que por más que lo intente, no me volveré a dormir y mucho menos volveré a soñar con ella.
Disgustado, me incorporo de la cama y tomó el maldito aparato para que, quien sea que me esté llamando, deje de fastidiar de una vez por todas.
- ¿Diga?
- Buenos días hijo, ¿cómo estás?
El remordimiento me invade al descubrir que se trata de mi madre.
- Bien mamá, ¿y tú?
- Tan bien como se puede estar…
- Me da mucho gusto.
- ¿Cómo sigue tu corazón?
- Sigue latiendo, lo cual ya es ganancia.
- Ten fe, hijo. Vas a ver que pronto aparecerá un donador.
- Eso espero.
- Voy a tener un par de semanas libres antes de que empiece la gira de mi obra y quiero tomarme unos días para ir a verte, claro, si no te incomoda mi presencia.
- Por supuesto que no, sabes que eres bienvenida en mi casa.
- Karen se ofreció a acompañarme, me dijo que necesita hablar contigo, ella quiere arreglar las cosas entre ustedes...
- ¿Sigues hablando con ella después de lo que pasó?
- Hijo, todos cometemos errores y yo estoy convencida de que Karen es una buena mujer…
Tengo que aguantarme las ganas de reír al escuchar las palabras "buena mujer"; si mi madre supiera lo que hacía su "buena mujer" en el consultorio de su psicólogo y en nuestra casa, seguramente no pensaría eso de ella.
- … ¿Sabes Terry? Creo que deberías darle otra…
- Mamá, no tengo ningún interés en hablar sobre las buenas intenciones de Karen. Sí quieres venir, hazlo… pero hazlo sola. De mi parte, no tengo nada que hablar con ella y creo que está de más decirte que no la quiero en MI casa.
Un silencio prolongado me indica que a mi madre no le agradó mi respuesta.
- Salgo pasado mañana, en el vuelo de las 4 de la tarde.
- Ok. Yo paso a recogerte.
- Tengo que colgar, me están esperando.
- No te preocupes, nos vemos en dos días.
- Nos vemos, cuídate mucho, te mando un beso enorme.
- Adiós mamá.
La llamada de mi madre no es exactamente la mejor forma de iniciar mi día, y no es porque me moleste su visita, de hecho me encanta que venga a verme; pero tengo la ligera sospecha de que a ella no le agradará enterarse de que tengo una nueva novia. Además, con su llegada tendré menos tiempo para estar con Candy.
- ¡Candy! – Como me gustaría que ella estuviera conmigo en este preciso momento y es que cada uno de los días que hemos pasado juntos han sido tan jodidamente buenos, que desearía estar pegado a ella como una sanguijuela, las 24 horas, los 365 días del año. Es más, si por mí fuera, la sacaría de trabajar para tenerla a mi lado todo el tiempo.
- Tal vez algún día lo haga – Me digo a mí mismo, antes de encaminarme hacia el baño.
Después de ducharme y cambiarme, me dirijo al comedor para tomar mi desayuno habitual, el cual consiste en una taza de café cargado y sin azúcar - que en teoría no debería tomar - y dos rebanadas de pan tostado con mermelada de albaricoque.
Justo cuando voy a darle el primer sorbo a mi café, veo entrar a Leonard a la habitación.
- Buenos días Terry – Me saluda, mostrando cierta preocupación en su rostro.
- Buenos días Leonard.
- Discúlpame por venir sin avisar, pero tenemos que revisar los contratos de compra–venta del grupo Meliá. Tu padre quiere que cerremos el trato con ellos lo antes posible.
- ¿Tiene que ser hoy? – Le pregunto, sin tratar de ocultar mi apatía, mientras embarro un poco de mermelada en mi pan.
- Sí, tu padre quiere que le envíe los documentos HOY mismo, antes de las 6 de la tarde.
- Que raro, no me dijo nada.
- Tal vez no lo hizo porque llevan casi un mes sin dirigirse la palabra.
- Ah, sí, lo había olvidado.
Sí, así como había olvidado que el mismo día que se me ocurrió beberme todo el alcohol del mundo, Andrés le marcó a mi padre para ponerlo al tanto de la "situación". Está de más decir que mi progenitor no estuvo muy contento con mi "estúpida e inconsciente forma de actuar" - según sus propias palabras - la cual casi le genera una úlcera gástrica debido al tremendo coraje que hizo – Jijijiji.
Cuando por fin encendí mi celular, dos días después, me encontré con varios de mensajes suyos que contenían, en su mayoría, palabras denigrantes hacia mi persona. En situación normal, esas palabras hubieran terminado por hundirme en el fango, pero debido al estado de euforia extrema en el que me encontraba en ese momento, simplemente las ignoré; pero por obvias razones, después de ese día evitamos tener cualquier clase de comunicación.
- Como sea, hoy tengo un compromiso importante - Le respondo, retomando la conversación.
- Ir a atosigar a la señorita White al hospital, como lo has hecho diariamente durante las últimas cuatro semanas, no puede definirse como un compromiso importante.
Yo no puedo evitar reír al escuchar sus palabras llenas de sarcasmo y aunque me parece gracioso, no podría estar más en desacuerdo con esa afirmación, porque si bien es cierto que he pasado la mayor parte de mi tiempo con Candy, definitivamente no la estoy atosigando.
- Para mí sí – Le respondo, cínicamente.
Su falta de respuesta y su mirada penetrante, me indican que en esta ocasión no está bromeando.
- En unas horas van a entregarle el diván que mandé a hacer especialmente para su consultorio y quiero estar presente cuando ella lo reciba.
Leonard rueda los ojos – Dile al mensajero que grabe su reacción, así podrás conservar ese "momento maravilloso" por el resto de tus días.
Sus palabras cargadas de humor negro, combinadas con ese gesto inexpresivo al momento de decirlas, son más que suficientes para provocar en mí una estrepitosa carcajada.
- Al menos déjame terminar mi desayuno, ¿no?
- No te estoy agarrando las manos – Me contesta cínicamente, antes de tomar el periódico que está sobre la mesa y comenzar a hojearlo, en lo que yo termino de disfrutar del casi obsceno placer que me produce morder mis crujientes tostadas.
Al ver que no tengo más opción, me levanto de la mesa y me dirijo a mi despacho para analizar esos estúpidos contratos. Antes de iniciar con mi tedioso trabajo, le mando un mensaje a Candy para avisarle que no podré ir a almorzar con ella al mediodía, tal y como lo he hecho todos los días, durante el último mes.
- Buenos días pecas, te tengo una mala noticia.
- ¿Qué pasó? ¿Estás bien?
- Sí, estoy de maravilla, pero tengo trabajo y no podré ir a verte al hospital.
- Malo, había traído ensalada extra para ti :(
A pesar de que la comida de la cafetería es bastante aceptable, Candy insiste en llevarme mi almuerzo saludable al hospital para, según ella, cuidar de mi corazón. Y es por ese tipo de acciones, que yo me he enamorado como un loco de esa sexy psicóloga.
- Prometo compensarte.
- ¿Ah, sí? ¿Y cómo se supone que harás eso?
- Te voy a llevar al cine y después a cenar. Paso por ti a las 6 en punto.
- Está bien, te veo al rato. Te quiero mucho. :)
- Yo te quiero más. :D
Durante las siguientes seis tediosas horas, Leonard y yo nos dedicamos a redactar, corregir y revisar todos los documentos que se necesitan para hacer efectiva la fusión entre las dos cadenas hoteleras. De vez en cuando, le doy un vistazo rápido al celular para cerciorarme de que mi dulce novia no me haya mandado un mensaje de agradecimiento por el regalo que le hice, pero para mi sorpresa, ese mensaje nunca llega.
Una vez que terminamos con todo ese jodido papeleo, mi viejo amigo y yo nos sentamos a comer algo, en lo que platicamos de la buena racha que está atravesando nuestra cadena hotelera. Una hora más tarde, me despido de Leonard y me dirijo a mi habitación para arreglarme un poco, antes de ir a recoger a mi pecosa novia.
De camino a su departamento, paso por una florería para comprarle un ramo de rosas rojas y a las 6 en punto estoy llegando a la puerta de su hogar. Luego de tocar un par de veces, esbozo mi sonrisa más seductora para recibirla.
Cuando ella abre la puerta, mi corazón se acelera como un caballo desbocado, pero se detiene de golpe al ver la expresión glacial de su rostro.
- Hola – Me dice, sin siquiera darme un beso de bienvenida y puedo percibir en su voz un aire de… ¡¿molestia?!
- Hola pecas… ¿cómo te fue hoy?
- Mmmm… bien – Me responde, con total desgano y sin siquiera voltear a verme.
Un incómodo silencio se hace presente entre los dos y yo me aproximo a ella con el pretexto de darle las rosas.
- Espero que te gusten…
Una vez que le entrego el ramo de flores, intento acercarme a su rostro para besarla, pero ella simplemente me evade. Sobra decir que su actitud esquiva está comenzando a desesperarme.
- ¿Qué demonios tienes? – Le pregunto, tratando de no hacer demasiado evidente mi molestia.
- ¿Por qué hiciste eso?
- ¿Por qué hice qué?
- ¿Por qué mandaste ese costoso diván a mi consultorio?
- Ah, ¡ya salió el peine! – Me digo a mí mismo y mi mente trata desesperadamente de encontrar una respuesta que no me lleve a la horca.
- Porque te hacía falta uno y pensé que…
- ¿Sabes lo que van a pensar de mí?
- ¿Que por fin vas a tener un lugar decente donde brindarle las terapias a tus pacientes?
- No, van a pensar que me involucro con mis pacientes con tal de conseguir un estúpido sillón.
- Nadie tiene por qué enterarse. Diles que tú lo compraste.
- Sí claro, me van a creer... Durante dos años y medio no le hice ningún arreglo a ese consultorio y misteriosamente, desde que tu apareciste, varios objetos se han agregado a la decoración: una margarita, una pintura costosa, un par de jarrones egipcios, un perchero y ahora un diván.
- Es un girasol, no una margarita.
- Lo que sea, no me importa…
- Candy, no seas dramática… Además, ¿qué importa lo que piensen los demás? Tú sabes bien que las cosas no son así.
- Terry, no es bien visto que una psicóloga mantenga una relación amorosa con su paciente.
- Ya no soy tu paciente.
- Pero lo fuiste… Y no conforme con eso, te pavoneas conmigo en el hospital a todas horas. Yo no quiero que mis compañeros tengan una mala imagen de mí.
- ¿Por qué no me hablas claro y me dices a dónde quieres llegar? ¿Quieres que demos por terminada nuestra relación?
- No, yo nunca dije eso.
- ¿Entonces?
- Solo quiero que te mantengas al margen de mi trabajo… Solo quiero que me des un respiro…
Sus palabras me lastiman tanto como su actitud y es que no entiendo qué es lo que Candy espera de mí, ¿qué me mantenga al margen de su vida? ¿Qué me comporte como el tarado de su ex novio y venga a visitarla una vez al mes? ¿Acaso es eso lo que ella desea de nuestra relación?
- ¿Sabes? No me siento de humor para nada, lo mejor será que me vaya. Nos vemos cuando estés más tranquila.
Empiezo a caminar hacia la puerta sin siquiera esperar una respuesta de su parte y justo cuando estoy por llegar a mi objetivo, unas manos se entrelazan alrededor de mi abdomen, impidiéndome avanzar.
- No, por favor no te vayas – Murmura.
Mi orgullo me ordena que mande todo al carajo y que me marche de una maldita vez de este lugar.
- Trata de ponerte en mis zapatos… - Me dice, en voz baja.
Es obvio que no puedo ponerme en sus zapatos, porque yo en su lugar estaría feliz de que mi novio me procurara y me regalara un jodido diván para que mi consultorio no luciera como una maldita celda.
- Luego hablamos – Le respondo de manera fría, haciendo un esfuerzo sobrehumano por no sucumbir ante sus súplicas y sujeto sus manos en un intento por apartarlas de mí.
- Olvida lo que dije y hagamos de cuenta que no ha pasado nada – Insiste, al tiempo que me sostiene con más fuerza.
Incapaz de seguir fingiendo indiferencia, dejo de luchar y accedo a quedarme con ella.
- Está bien… Borrón y cuenta nueva – Le digo, no muy convencido de mi propia respuesta.
Al girarme hacia Candy, me doy cuenta que sus ojos están llorosos, así que la abrazo y deposito un tierno beso sobre su frente, evitando así que comience a llorar frente a mí.
- Vámonos ya, si no, no vamos a alcanzar a llegar a la función de las 7 – Le digo y ella asiente con la cabeza, para luego ir por su bolso y tomar sus llaves.
A diferencia de nuestras salidas anteriores, en esta ocasión se puede sentir la creciente tensión que hay entre nosotros, evidenciando el hecho de que ninguno de los dos se la está pasando bien. La mayoría de la cena transcurre en completo silencio, debido a que Candy perece tener la cabeza en la luna; y el silencio se incrementa al subirnos al carro, haciendo de este, uno de los trayectos más fastidiosos de toda mi vida.
Cuando por fin llegamos, me estaciono enfrente de su edificio y la acompaño hasta la entrada de su departamento, como suelo hacerlo siempre. Una vez que Candy abre la puerta, me despido rápidamente de ella, ya que no tengo ninguna intención de seguir alargando la velada; pero al momento de dar el primer paso, ella me detiene.
- Terry, ¿te gustaría quedarte a dormir conmigo? – Me pregunta, tomando mi mano y observándome con esa mirada llena de indecisión.
Trato de ocultar la sorpresa que me causan sus palabras, sobre todo porque es la primera vez que Candy me pide tal cosa y me quedo en silencio tratando de deducir si ella me está proponiendo lo que creo que me está proponiendo o si todo es producto de mi lujuriosa imaginación.
- Sí, bueno, eso… estaría bien – Le respondo y permito que mi novia me guíe hasta el interior del departamento a paso lento.
Aunque no me lo diga, me doy cuenta de que ella está nerviosa, ya que no deja de jugar con las llaves que cuelgan de su otra mano; y mientras la sigo, no puedo dejar de preguntarme si estaré haciendo lo correcto.
- ¿Estás segura de que quieres que me quede?
- Por supuesto – Me responde, mostrándome una sonrisa radiante - ¿O tú prefieres irte a tu casa?
- No, claro que no, yo… quiero quedarme contigo.
Me siento tan nervioso como la primera vez que estuve a solas con una mujer y aprovechando que ella se volteó para acomodar su bolso en la mesa, tomo una larga bocanada de aire, en un intento por calmar mis nervios.
- ¿Quieres ver la tele un rato o prefieres?...
- Lo que tú decidas hacer está bien para mí.
Y sí, lo que decide hacer está más que perfecto para mí, porque sin pensarlo dos veces, Candy se lanza hacía mí, rodeándome con brazos y piernas. Pero para mi mala suerte, ella toma demasiado impulso al momento de brincar y por intentar sostenerla, pierdo el equilibrio.
Me tambaleo unos cuantos segundos sin caer, pero acabo tropezando con el doblez de la alfombra y con la única mano que tengo libre – Ya que la otra está anclada al firme trasero de mi novia - Intento sujetarme de cualquier cosa que esté a mi alcance; pero a pesar de mis esfuerzos, los dos terminamos en el suelo.
Su armoniosa risa resuena con fuerza en toda la estancia y contagiado por ella, mi risa emerge descontroladamente, a tal punto que mi estómago comienza a doler.
- Soy un completo desastre cuando estoy contigo - Le digo, una vez que nuestras risas han cesado.
- Sí, eres el desastre más hermoso que me ha ocurrido en la vida.
Nuestros labios se buscan de nuevo y comienzan a rozarse de manera tímida, pero luego de algunos segundos, se liberan y dan rienda suelta a toda la pasión que han estado conteniendo.
Candy se coloca a horcajadas sobre mí y comienza a desabotonar, con destreza, mi camisa y una vez que termina con esa titánica tarea, yo me dispongo a quitarle su blusa, la cual saco de su cuerpo de un solo tirón, dejando al descubierto ese sexy sostén de encaje en color vino que cubre sus senos.
Coloco mis manos sobre su espalda, con toda la mala intención de liberarla de su sujetador, pero por más que recorro la zona, no logro encontrar ningún broche. Escucho una risita traviesa proveniente de su boca y al observar sus manos, descubro que el broche se encuentra al frente de su sostén. Ella lo toma con sus dedos y lo abre de un solo movimiento, dejando salir ese par de pechos grandes y redondeados que serían la envida de cualquiera de esas mujeres que salen retratadas en la revista Playboy.
Yo retiro la prenda de sus brazos y la aviento lo más lejos que puedo de nosotros - Por si acaso se le ocurre arrepentirse – Y sin pensarlo demasiado, me giro sobre mi eje, para colocarla sobre la alfombra. Antes de comenzar a llenar su torso de besos, me deshago de mi camisa, la cual termina arrumbada a un par de metros de distancia, para luego hincarme frente a ella, acomodándome entre sus muslos.
Lentamente me inclino hacia mi novia, apoyándome sobre mis antebrazos y comienzo a besar la piel de su cuello, bajando lentamente hacia sus hombros. Poco a poco me encamino hacia esos turgentes pechos que reclaman mi atención y al momento de estar frente a ellos, me quedo contemplando su perfección por un par de segundos, para luego dar inicio a mi feroz ataque.
Mi lengua comienza a trazar círculos alrededor de su areola y puedo percibir que su punta se endurece por completo. Incitados por ese descubrimiento, mis dientes se apoderan de ese botón rosado, halándolo y estrujándolo a su antojo. Puedo sentir como Candy se retuerce debajo de mi cuerpo, cada vez que mi boca pasa de un pecho al otro, al tiempo que deja escapar varios suspiros, los cuales no hacen más que acrecentar mi deseo.
Sediento de sus besos, regreso a su boca para saciarme de ella y me apodero por completo de esos labios rojos al mismo tiempo que mi novia pasa sus dedos entre mi cabello, jalándolo y despeinándolo en repetidas ocasiones. Después coloca sus manos sobre mi espalda y comienza a trazar sendas imaginarias de norte a sur, hasta llegar al inicio de mis glúteos, donde sin pedir permiso, toma uno de ellos y lo oprime con fuerza.
Yo me aparto de su boca por un momento y comienzo a descender de nuevo, dejando una estela de besos desde su barbilla hasta su ombligo. Una vez ahí, mis dedos inquietos deshacen la botonadura de sus jeans ajustados y después se colocan sobre las presillas de su pantalón, para tirar de él y sacarlo de sus piernas.
Lo primero que mis ojos observan mientras me deshago de la prenda, es esa sexy tanga de encaje que hace juego con su sostén y una vez que sus vaqueros están fuera de su cuerpo, me acerco hasta ese diminuto pedazo de tela y lo cojo con mis dientes, para tirar de él hacia abajo, haciendo que una risa nerviosa se escape de sus labios.
Con ayuda de mis manos, saco la última prenda que cubre su cuerpo y me detengo unos minutos para contemplar su magnificencia.
- Estás haciendo trampa – Susurra, pero no logro comprender el significado de sus palabras hasta que ella señala mi pantalón; así que me levanto rápidamente del suelo, para deshacerme de él, arrastrando mi bóxer en el camino y liberando mi miembro completamente erecto, que clama por atención. Candy se muerde los labios cuando mi mano lo cubre y comienza a masajearlo de arriba hacia abajo y viceversa.
- ¿Vamos a tu habitación? – Le pregunto, ya que no tengo ninguna intención de hacerle el amor sobre esta áspera alfombra.
Ella se incorpora rápidamente, para luego tomar mi mano desocupada y conducirme hasta la recámara. Antes de tumbarnos sobre el colchón, la aprisiono entre mis brazos y comienzo a besarla y acariciarla con suma pasión, recorriendo cada centímetro de su fastuoso cuerpo.
Ella se recuesta sobre la cama y es en ese preciso momento que caigo en la cuenta de que no traigo ni un puto condón – Sí serás imbécil Terry, te la has pasado fantaseado casi todo un mes con hacerle el amor y cuando se te presenta la oportunidad, ni si quiera vienes preparado.
En mi defensa puedo decir, que tiene años - Sí, años – que no utilizaba un maldito condón, ya que Karen siempre se encargó de cuidarse por los dos – Maldita sea mi maldita suerte – Farfullo entre dientes, porque podría apostar que Candy no es del tipo de mujer que tiene relaciones sin protección.
- ¿Qué sucede? – Me pregunta al notar que me he quedado como un reverendo idiota, parado al lado de la cama.
- Yo no… no... Yo… no... Traigo condón – Tartamudeo en voz baja.
- ¿Qué?
- ¡Que yo no traigo condón!
- Ah…. No te preocupes, yo tengo unos cuantos aquí.
En ese momento siento como si un maldito coro celestial me estuviera cantando en la oreja y una sonrisa estúpida se dibuja en mi cara, mientras que ella saca un pequeño y brillante paquete del primer cajón de su buró.
- ¿Te ayudo? – Me pregunta, rasgando el empaque cuidadosamente y sacando el preservativo.
- Por favor – Le respondo, sin poder evitar que mi voz se enronquezca de placer, al contemplar como mi sexy novia desliza magistralmente el condón sobre mi pene, al tiempo que me sonríe de forma pícara. Y si antes creía que estaba enamorado de ella, ahora creo que es el amor de mi vida.
Sin pensarlo demasiado, me lanzo sobre ella y la beso como si estuviera poseído. Candy me responde del mismo modo y los dos nos pegamos de tal forma que si alguien nos viera, no podría distinguir en donde termina su cuerpo y comienza el mío.
Cuando estoy a punto de fundirme por completo con ella, la voz de doctor Anderson, diciéndome que no debo agitarme demasiado, retumba en mi cabeza y un par de improperios pasan por mi mente al darme cuenta que no podré hacerle el amor del modo salvaje que había imaginado.
Por esa razón, me coloco detrás de Candy imitando la postura de la cucharita, al mismo tiempo que mis dedos ansiosos tratan de llegar a su intimidad para recorrerla lentamente. Cuando uno de ellos se hunde entre sus pliegues, compruebo que ella está más que lista para recibirme, así que me introduzco lentamente dentro de esa cavidad húmeda, estrecha y caliente; mientras que un suave jadeo escapa de su boca en el momento que mi miembro entra por completo.
Mis manos se colocan sobre sus pechos, estrechándolos y cuando la acomodo del modo que deseo, comienzo a moverme de forma pausada, pero constante. Sin pensarlo demasiado, mis dientes comienzan a mordisquear sus hombros y parte de su espalda y yo puedo sentir como ella se estremece con cada embestida, con cada caricia, con cada mordisco y con cada beso depositado sobre su piel.
Nuestros cuerpos sincronizados inician un vaivén parsimonioso, que logra hacerme perder la noción del tiempo y del espacio. Varios gemidos interrumpen el silencio de la habitación, cuando mi mano se cuela entre sus piernas y se posa sobre su centro, frotándolo en repetidas ocasiones. En respuesta, yo trato de aumentar la velocidad de mis embates, tanto como mi corazón me lo permite.
Su cuerpo, cubierto de un tenue sudor, empieza a tensarse; sus pezones erguidos se endurecen y su respiración comienza a sonar entrecortada, advirtiéndome que pronto alcanzará el clímax. Yo separo ligeramente sus glúteos para introducirme de manera más profunda y ella gira su rostro, buscando el contacto de mis labios desesperadamente.
Aprovechando que sus ojos permanecen cerrados, me permito contemplar su cara sonrojada, la cual no oculta todo el placer que está experimentando y justo cuando estoy por besarla, un par de resuellos me indican que está llegando a su punto máximo.
Muy a mi pesar, me doy cuenta que Candy es de esas mujeres que se mantienen calladas durante el sexo; pero mi instinto animal desea escucharla gritar, así que la incito a desinhibirse por completo.
- ¡Grita! – Le susurro en su oreja, provocando en ella una sonrisa tímida – Grita para mí, te lo suplico.
Y ella me obedece.
Sus fuertes gemidos son como música para mis oídos y terminan por sobreexcitarme. Segundos después, mis testículos se encogen en señal de que mi orgasmo está próximo y yo sigo embistiendo su sexo hasta que una enorme llamarada de placer me consume por dentro, nublando mi mente por completo.
Gruño un par de veces, al tiempo que mi rostro se hunde en su cabello, permitiéndome inhalar su aroma a cítricos.
- Te amo – Le digo, aun con la respiración acelerada y mi corazón latiendo a mil por hora.
- Yo también te amo - Me responde, girándose lentamente hacia mí y depositando un largo beso sobre mis labios.
Hola, hola, pues aquí estoy de regreso, antes de lo que pensé :)
Primero que nada les quiero agradecer todos sus comentarios, así como sus buenos deseos para el bautizo de mi gorda (lástima que no estamos en el face, si no les enseñaba una foto)
Aprovecho para mandarles un saludo grande y afectuoso a:
PALASATENEA2018
WINTERLIEB
COLD WINTER RAIN (Bueno, a ti te saludo más seguido)
VENEZOLANA LOPEZ
YESHUA1583 (¿Qué querías? Tengo el mexican style en mi sangre telenovelera, jajajaja)
ANASTASIA ROMANOV (Me encanta la música, de hecho en mi soltería dormía escuchando el canal musical del cable)
ELI
ALYVENUS
MARTHA HERNANDEZ
CANDYNOCHIPA2003
SOFIA SALDAA
KAMANANCE
LADYYIYA
BRIS WHITE
IRIS ADRIANA
ELYDEREYES
CESHIRE (Gracias por tu observación)
DULCE GRAHAM
CLAUS MART
Y A TODAS LAS GUEST.
Así como a todas las que siguen mi historia y a quienes me han agregado a sus favoritos
Espero darme un tiempo para contestar todos sus comentarios el fin de semana. (Ya saben que sus reviews son mi mejor motivación para seguir escribiendo)
Nos leemos pronto
Que tengan un excelente día.
