(13)
UNA PLEGARIA AL CIELO
Los primeros claros del sol comienzan a iluminar la habitación, indicándome que ya es hora de levantarme. Para mí buena suerte, todavía no suena mi alarma, lo que me permite aprovechar de algunos minutos extras para despabilarme por completo.
La sensación de que algo me está oprimiendo el pecho me hace girar la cabeza y al hacerlo, descubro que se trata del fuerte brazo de Terry que reposa, inerte, sobre mi tórax. Antes de intentar mover un músculo, me quedo observando el sexy rostro de mi novio, el cual mantiene esa expresión pícara que tenía hace unas horas, y mis labios se curvan en una enorme sonrisa de satisfacción al recordar lo que hicimos anoche.
Cuando considero que ya he pasado suficiente tiempo escrutando el perfecto y varonil rostro que tengo enfrente, retiro cuidadosamente su brazo de mi cuerpo, tratando de no despertarlo y me incorporo de la cama para dirigirme al sanitario. En el trayecto, me distraigo de nuevo observando su espalda desnuda y sí, también ese glorioso trasero, firme y redondeado, que se asoma por debajo de la sábana; y luego de un par de minutos, tengo que obligarme a mí misma a dejar de verlo para poder continuar mi camino hacia el baño.
En lugar de meterme a bañar, me quedo sentada sobre la tapa del excusado, repasando cada escena de nuestro apasionado - Y bastante divertido - encuentro sexual y me estremezco por completo al evocar sus largos dedos recorriendo mi piel, acariciando mis pechos, frotando mi centro… así como esos candentes besos que deposito en cada centímetro de mi cuerpo. Conforme mi cerebro continúa repasando esas ardientes escenas, no puedo evitar preguntarme si hice lo correcto al cruzar "esa línea".
De repente, un flashazo de él incitándome a gritar me viene a la mente – ¡Oh, por Dios! ¿De verdad hice eso? – Me cuestiono, para luego llevarme las manos al rostro y sacudir mi cabeza al percatarme de lo escandalosos que fueron mis gritos de placer - ¡Qué vergüenza! - Exclamo al imaginar que más de uno de mis vecinos debió haberme escuchado.
Mientras intento borrar esos bochornosos pensamientos de mi mente, la imagen de mí misma aferrada a su cuerpo, disfrutando de esa sensación de confort que me brindaron sus brazos después de haber tocado el cielo con las manos, asalta mi mente. Estaba tan cansada, que no me di cuenta en que momento dejé de prestarle atención a su conversación; la cual, si no mal recuerdo, trataba de lo maravilloso que sería si tuviéramos un hijo – ¡Un hijo suyo y mío! – La sola idea me hace sonreír como una tonta, pero me obligo a poner los pies en la tierra, recordándome que aún no estoy lista para esa clase de responsabilidad.
De la nada, la puerta se abre de golpe, pegándome un susto de muerte.
- ¿Qué haces aquí? – Me pregunta Terry, observándome con curiosidad, mientras que yo contemplo su cuerpo de dios griego, completamente desnudo.
- Yo estaba… haciendo pipí.
- ¿Sobre la tapa del inodoro?
- ¡Mierda! - Intentó buscar una justificación a mi estúpido comportamiento, pero al no encontrar ninguna, decido decir la verdad.
- Estaba… pensando.
- ¿En qué?
- En ti…
Una sonrisa presuntuosa se hace presente en su rostro, al mismo tiempo que comienza a avanzar de forma pausada hacia donde me encuentro sentada.
- ¿Y se puede saber qué pensabas de mí?
Yo me encojo de hombros, ya que no estoy segura de querer agrandar más, su ya enorme ego masculino.
- Estaba pensando cosas…
- ¿Qué cosas? – Indaga, acercándose como un felino, para luego hincarse frente a mí sin dejar de escrutar mi rostro con esos ojos azules, tan seductores, que me vuelven loca.
- Estaba pensando en lo que hicimos ayer…
- Te refieres a nuestra ida al cine o a nuestra visita al restaurante – Bromea.
- Sabes a que me refiero.
- No, no lo sé... dímelo - Susurra muy cerca de mi rostro y puedo escuchar como su voz se vuelve más grave de lo normal.
- Pensaba en ti y en mí... haciendo el amor.
- ¿De verdad?
- Sí...
Sus labios se acercan peligrosamente a mí cuello y mi piel se eriza ante su eminente contacto.
- ¿Te gustaría repetirlo?
- Sí… Pero no en este momento - Le respondo, levantándome de golpe, antes de que mi fuerza de voluntad se rinda ante sus encantos - Tengo que ir a la universidad.
- Mmm, tu estúpida maestría - Gruñe.
- Sí, mi estúpida maestría.
- No vayas - Me implora, sujetando una de mis manos.
- Tengo que ir... Nunca he faltado y definitivamente, esta no será la primera vez.
- Quédate conmigo, te prometo que la pasaremos muy bien – Me dice, alzando las cejas de forma sugestiva, lo que provoca en mí una enorme sonrisa.
- Te creo, pero de verdad tengo que ir... – Le contesto, abriendo los dos grifos de agua para llenar la tina - Podemos pasarla bien una vez que regrese de mis clases.
- Podemos pasarla bien antes de que te vayas a tus clases.
Él se levanta del suelo y sin darme tiempo de nada, me envuelve entre sus brazos rápidamente.
- Terry - Murmuro - Se me va a hacer tarde...
- Ni siquiera ha sonado tu despertador.
El oportuno tono de mi celular comienza a timbrar, dándome la razón.
- ¿Ves? – Le digo, tomando mi teléfono y desactivando la alarma.
- Prometo no tardarme mucho…
Ni bien acaba de hablar, Terry se apodera de mis labios salvajemente, provocando que mi mente ya no sea consciente de nada, más que de sus besos. Él se separa de mí únicamente para sentarse en el marco de la bañera y después halarme hacia él, acomodándome entre sus piernas. Unos cuantos segundos más tarde, dos de sus dedos se introducen en mi intimidad y comienzan a entrar y salir de forma sincronizada.
- Quiero que grites mucho más fuerte que ayer – Farfulla, cerca de mi oído.
- Me van a correr del edificio por escandalosa.
- Mejor, así te llevo a vivir conmigo… - Me dice, mordiéndome la oreja.
- ¿Por qué querría irme a vivir contigo?
- Porque te trataría como toda una reina…
En ese momento, su mano libre viaja hasta mis pechos y comienza a apretarlos con firmeza, haciéndome perder el hilo de la conversación. Solo soy vagamente consciente de que su miembro erecto está rozando mis glúteos.
El agua comienza a desbordarse de la tina y Terry estira uno de sus brazos para cerrar los grifos, pero rápidamente regresa a su posición original para seguir torturándome con sus caricias. Cuando llego a ese punto exacto de placer, me arqueo hacia atrás, recargando mi cabeza sobre su hombro y él aprovecha mi postura para apoderarse de mi cuello como si fuera un vampiro. Entonces yo, alentada por él, vuelvo a gritar, logrando que una sonrisa de satisfacción se dibuje en su rostro.
Una vez todo ese remolino de sensaciones cesa, me levanto de la bañera y lo tomo de la mano para guiarlo de nuevo hacia la recamara, con el único fin de sentir ese firme, duro y grueso pene dentro de mí.
Cuando sus pies chocan con la orilla de la cama, lo aviento hacia el colchón y saco otro preservativo - Uno de los muchos que dejó Anthony durante sus visitas - para colocárselo y mientras lo hago, puedo ver que él se humedece los labios con la lengua. Acto seguido, me monto sobre mi novio y comienzo a cabalgarlo como si estuviera en un concurso de rodeo.
- Candy, no sabes cuánto me excita que te muevas así– Susurra, con su voz cargada de deseo, alentándome a seguir.
Al observar su rostro, descubro que sus hermosos ojos azules están completamente obscurecidos por la pasión y que una media sonrisa perversa que se ha asomado en sus labios.
- ¿Te gusta? – Me pregunta y yo afirmo con la cabeza, ya que en este momento mi boca no es capaz de emitir palabra alguna – Quiero que me digas que tanto te gusta – Me exige, apretando ambos lados de mi cadera con sus manos.
Reconozco que nunca he sido muy afecta a hablar mientras hago el amor; de hecho, es uno de los pocos momentos en que me gusta permanecer en completo silencio. Sin embargo y dadas las circunstancias, me obligo a responder.
- Mucho – Murmuro, con la voz entrecortada.
- No te escuché…
- ¡Me gusta mucho!… ¡Me encanta! – Exclamo y al hacerlo, puedo escuchar un fuerte bufido salir de su garganta.
Comienzo a frotarme con mucha más fuerza sobre su pubis y al cabo de unos minutos, nuestros gemidos evidencian que hemos llegado al clímax.
Yo me desplomo sobre el torso de Terry y él me envuelve con sus brazos, para luego girarse y quedar encima de mí, depositando decenas de pequeños besos sobre mis labios. Los dos permanecemos abrazados en completa calma, mientras intentamos recuperar el aliento.
Le doy un rápido vistazo al reloj que cuelga sobre la pared y me doy cuenta de que ni siquiera volando voy a llegar a mi primera clase; así que decido tomar las cosas con calma y me permito disfrutar de la sensación tan placentera que me brindan los fuertes brazos de mi novio.
- Mi mamá va a venir a verme - Me dice, poniendo fin a nuestro prolongado silencio – Y a mí momento de paz y tranquilidad.
- ¿Ah, sí? ¿Cuándo?
- Llega mañana en la tarde...
- Supongo que no te veré durante el tiempo que ella esté aquí.
- De hecho pensaba presentártela. Quiero que se conozcan.
Por alguna extraña razón que no comprendo, su idea no me complace demasiado.
- ¿No crees que es demasiado pronto?
- Llevamos un mes saliendo; te amo, me amas... No somos unos niños Candy, eres importante para mí y me gustaría que empezaras a relacionarte con mi entorno.
No sé si sea el hecho de que nunca he conocido oficialmente a una suegra lo que me pone tan nerviosa, pero lo que sí sé, es que no tengo ningún interés conocer a su mamá.
- Bueno, yo...
- ¿Tú qué?
- Yo... tengo que arreglarme, si no, tampoco voy a llegar a mi segunda clase - Le digo y sin darle tiempo de nada, me levanto para echarme una carrera al baño, cerrando la puerta con seguro.
Veinte minutos más tarde regresó a la habitación y lo encuentro dormitando en la cama; como no tengo ninguna intención de retomar nuestra conversación anterior, me visto y me arreglo en completo silencio para no perturbar su sueño.
- Guapo, ya me voy – Murmuro cerca de su rostro, antes de marcharme del departamento.
El entreabre sus ojos y me sonríe – Te ves hermosa, ¿para quién te arreglas tanto, eh?
- Para nadie, solo me gusta verme bien.
- Me voy a poner celoso de tus compañeros…
- No tendrías por qué, yo solo tengo ojos para ti.
Su sonrisa se hace mucho más grande y rápidamente se acerca a mí para darme un beso.
- ¿Te puedo esperar aquí? Me siento muy cansado y no tengo ganas de manejar hasta mi casa.
- Claro, regreso en unas cuantas horas.
- Por favor, maneja con cuidado.
- No te preocupes, nos vemos al rato. Te amo.
- Yo también te amo pecas.
Después de depositar un par de besos en sus apetitosos labios, salgo rápidamente del departamento para dirigirme a la universidad y justo cuando me estoy subiendo al auto, advierto que dejé mi celular sobre la mesa. Como no dispongo de mucho tiempo, ni siquiera hago el intento de regresar por él.
A las tres en punto vuelvo a mi añorado hogar y lo primero que veo al abrir la puerta, es a mi novio en ropa interior, recostado en el sillón, viendo la tele. Tanta confianza de su parte me indica que, efectivamente, hemos cruzado "esa línea" en nuestra relación.
- ¿Cómo te fue? – Me pregunta, sin siquiera inmutarse.
- Muy bien.
- Dejaste tu celular.
- Sí, lo sé.
- Te marcó Annie….
- ¿Ah, sí?
- No pensaba contestar, pero después de la vigésima llamada, decidí hacerlo.
- ¿Y qué te dijo?
- Que hoy es el cumpleaños de Madison y que no te perdonará si no vas a su fiesta.
- ¡Rayos! Lo olvidé por completo.
- ¿Vamos a ir?
- Tenemos que ir – Le digo, dándole un beso en la boca.
- También te habló tu mamá…
- ¡¿Contestaste?!
- Pensé que era algo urgente, te marcó más de 4 veces… Y para serte sincero, me sorprendí cuando me llamó Anthony. Yo hubiera jurado que por tratarse de tu madre, al menos le habrías comentado que ese tipo ya no era tu novio.
- Mi mamá y yo no tenemos una relación muy cercana. De hecho, no tengo una relación muy cercana con nadie de mi familia, solo con mi hermana menor.
- ¿Por qué?
- Porque su presencia solía recordarme a Susana y yo me alejé, me alejé lo más que pude de ellos – Le respondo, dejando escapar un largo suspiro.
Un incómodo silencio se hace presente entre los dos y puedo sentir su mirada penetrante sobre mí.
- ¿No te dijo el motivo de su llamada? – Le pregunto, tratando de desviar la conversación.
- Me dijo que iban a volver a reunirse el próximo jueves para celebrar el día de acción de gracias, por si querías acompañarlos.
- No creo tener tiempo… - Miento.
Otro largo silencio sobreviene a mis palabras, y mientras mi mente busca desesperadamente algo que decir, puedo escuchar su respiración detrás de mí.
- Candy…
- ¿Sí?
- ¿Alguna vez has pensado en volver a tomar terapia?… Ya sabes, para que te ayuden a superar la muerte de tu hermana.
- Terry, yo no necesito tomar terapia, estoy perfectamente bien… - Le respondo, girándome para quedar frente a él y dándole un par de golpecitos en el pecho – Me voy a dar una ducha rápida, si no, no vamos a llegar a tiempo a la fiesta.
A pesar de que su insinuación me causó cierta molestia, intento permanecer calmada; y sin decir palabra alguna, me dirijo a paso lento hacia el baño.
- Me voy adelantando a mi casa para cambiarme de ropa, te veo en una hora – Me grita desde la sala.
- Está bien, voy a pasar al "Water Tower Place" a comprar el regalo. Si quieres nos vemos ahí.
- Me mandas un mensaje cuando ya estés llegando.
- Ok…
Me siento aliviada cuando lo escucho marcharse del departamento y segundos después, me invade una enorme culpa por albergar ese tipo de sentimientos hacia mi novio.
Intento buscar una razón a mi comportamiento, pero lo cierto es que ni yo misma me entiendo. Hay veces que quisiera mantener mi distancia con Terry, conservar mi espacio, no sentirme atosigada por él; pero cuando se aleja, el miedo a perderlo me domina y lo único que deseo es que él se quede por siempre cerca de mí.
Mientras el agua caliente cae sobre mi cabeza, llego a la conclusión de que mi actitud hostil se debe a que estoy acostumbrada a estar sola, sin nadie que me diga que hacer, sin nadie que esté sobre mí todo el tiempo y me doy cuenta que me costará mucho más trabajo del que pensé, acostumbrarme a esta nueva relación.
Cuarenta minutos más tarde me encuentro con él en la entrada del rascacielos, y todo rastro de enojo se evapora por completo cuando lo veo enfundado en ese pantalón de mezclilla azul marino que realza su firme trasero y vistiendo esa camisa blanca, que tanto me gusta, con los dos primeros botones desabrochados.
- ¿Para quién te arreglas tanto, eh? – Le pregunto, luego de darle un beso en los labios.
- Para una chiquilla hermosa que me trae loco.
- Me voy a poner celosa de Madison – Le digo, imitando su actitud posesiva de la mañana y provocando en él una estrepitosa risa.
- No te preocupes, no me gustan las mujeres tan jóvenes - Me responde, guiñándome el ojo y yo le sonrío como respuesta.
Los dos nos tomamos de la mano y pasamos cerca de veinte minutos recorriendo el centro comercial, buscando el regalo ideal para la hija menor de los Cornwell; cuando por fin lo encontramos, salimos de la plaza para dirigirnos a la dichosa fiesta. Al llegar a casa de mi amiga, ella nos recibe con una sonrisa pícara, la misma sonrisa que puso tres semanas atrás, cuando le confesé que había iniciado un tórrido romance con mi paciente.
Ese día, las dos habíamos ido a tomar un café al Starbucks que está cerca de su casa y aunque yo ya le había contado a mi amiga sobre mi viaje a Nueva York y sobre mi rompimiento con Anthony, todavía no me atrevía a decirle que al final – Y después de haberle jurado y perjurado que jamás iba a tener algo con él – Había aceptado ser la novia del "Señor Graham", como ella suele llamarlo.
- Lo sabía, sabía que ibas a terminar cayendo en sus redes - Me dijo en esa ocasión, sin poder contener la risa - Si hubieras visto la cara de tonta que ponías cada vez que él se acercaba a ti, me hubieras dado la razón... Sabía que era cuestión de tiempo para que ustedes dos terminaran juntos.
- Tengo que reconocer que él es muy persuasivo y yo… yo no pude resistirme a sus encantos.
- ¿Y qué tal es en la cama? – Me preguntó, alzando las cejas de forma sugerente y haciéndome reír.
- No lo sé, aún no hemos llegado a eso... Solo hemos salido por una semana.
- Ay Candy, no me digas que ya te volviste frígida.
- Por supuesto que no, pero quiero llevarme las cosas con calma; después de todo, acabo de terminar mi relación con Anthony.
- Amiga, esa ni siquiera podría considerarse una relación. Era obvio que te iba a poner el cuerno... Ya sabes lo que dicen por ahí: amor de lejos, amor de pen...
- Sí, lo sé... Pero siempre pensé que él era un hombre íntegro; siempre creí que él de verdad estaba enamorado de mí.
- ¿Y no te ha vuelto a buscar?
- Sí, me ha mandado cientos de mensajes pidiéndome perdón, tratando de arreglar las cosas...Pero bueno, ya sabes lo que opino de los hombres infieles.
- Candy, la mayoría de los hombres son unos malditos perros…Pero ese Anthony, aparte de perro, es un cínico de lo peor.
- Lo sé, no cabe duda que nunca dejamos de conocer a las personas…
La mano de Terry, jalándome hacia el interior de la casa, me despierta de mis cavilaciones y puedo escuchar la voz chillona de mi amiga, quien se acerca a saludarme.
- Por un momento pensé que no vendrías, con eso de que has estado muy "ocupada" últimamente - Me reclama, mientras recibe el regalo que compré para Madison.
- Sabes que jamás faltaría al cumpleaños de tus hijas.
- Más te vale, ya que si no venías, te iba a aplicar la ley del hielo indefinidamente.
Después de darme un beso en el cachete, Annie se acerca a Terry con la intención de saludarlo y le murmura algo que no logro descifrar, pero que lo hace reír como un tonto.
Los tres nos dirigimos hacia el jardín trasero, el cual está decorado con decenas de globos y serpentinas, y justo cuando estamos por tomar asiento, escucho unas vocecitas gritar mi nombre.
- ¡Tía Candy, viniste! – Exclama Susy, la mayor de las hermanas Cornwell, quien corre a toda prisa hacia el jardín, seguida de Madison, quien intenta desesperadamente seguirle el ritmo.
Las dos se abalanzan sobre mí, sujetándose con fuerza de mis piernas y yo me inclino para poder abrazarlas, depositando un beso en la frente de cada una de ellas – Claro que vine, preciosas, ¿a poco creyeron que me perdería la fiesta?
- Ayer escuché que mamá le decía a papá que desde que tenías nuevo novio, solo querías estar "empiernada" con él y que por eso no ibas a venir.
- ¡Madison! – Grita Annie, con el rostro completamente enrojecido – ¿Cuántas veces te he dicho que no debes escuchar conversaciones ajenas? Váyanse con su padre.
- Pero mamá…
- ¡Que se vayan con su padre!
Las dos niñas comienzan a correr de regreso a la casa y al observar el rostro de mi novio, descubro que está riendo silenciosamente.
- En algo no te equivocaste – Le dice Terry a mi amiga – Realmente nos gusta estar "empiernados".
- ¡Terry, no digas eso! – Exclamo, sintiéndome muy avergonzada y mi actitud puritana les provoca una fuerte carcajada a los dos.
En el transcurso de las siguientes horas, los invitados comienzan a llegar y lo que en un principio era un jardín vacío, se convierte en un campo de juegos para el montón de chiquillos que están corriendo sin cesar por todo el lugar.
Contrario a lo que hubiera imaginado, mi novio se está divirtiendo a lo grande y cuando me doy cuenta, ya está jugando con un par de niños que se sentaron a su lado. Algunos minutos más tarde lo escucho reír con las ocurrencias del payaso "Bombita" y sin saber por qué, la idea de que sería un excelente padre cruza por mi cabeza.
Cuando todos los invitados se han marchado, Annie, Archie y yo nos quedamos platicando por un buen rato en la sala, bebiendo un par de cervezas, en lo que Terry sigue jugando a atrapar a Susy y a Madison por todo el corredor.
- A tu novio le gustan los niños, ¿verdad? – Me pregunta Archie, mientras observa cómo Terry lanza por los aires a su hija menor.
- Sí, le encantan. Creo que su más grande anhelo es ser papá.
- Tal vez deberías darle el gusto – Me dice mi amiga en son de broma, guiñándome el ojo.
- Apenas llevamos un mes saliendo, es demasiado pronto para pensar en eso… Siempre he creído que lo mejor es esperar a que llegue el momento indicado.
- Amiga, se te van a ir los mejores años esperando "el momento indicado" y en lugar de hijos, vas a tener nietos.
- Además Candy, nadie tiene la vida comprada; el día de mañana podríamos estar muertos y todo el tiempo que esperamos sería en vano – Añade Archie.
"El día de mañana podríamos estar muertos"… Esas palabras resuenan con fuerza en mi cabeza, clavándose en mi corazón como si fueran una daga y por primera vez, desde que empecé a salir con Terry, comienzo a meditar sobre el incierto tiempo que me queda junto a él. El solo hecho de pensar que mañana su corazón podría dejar de latir y que yo me quedaría aquí, sola y triste, añorando su presencia, hace que me den ganas de llorar.
Esos pensamientos no dejan de dar vueltas en mi cabeza y mientras lo hacen, yo me doy cuenta de lo mucho que lo amo y lo mucho que me dolería perderlo - Nunca debiste dejarlo entrar en tu vida – Murmura una voz traicionera dentro de mi cabeza y aunque me duela aceptarlo, sé que tiene razón.
- Creo que ya es hora de irme – Les digo a mis amigos, levantándome del sofá. Ya que todas esas reflexiones sobre la muerte me han hecho sentir indispuesta.
- ¿Tan pronto? Apenas son las nueve – Me cuestiona Annie.
- Sí, pero estoy cansada, hoy me levanté temprano para ir a la universidad.
Sin decir más, me acerco a mi novio para pedirle que nos vayamos y luego de despedirnos de todos, salimos a la calle para subirnos al auto.
- ¿Quieres que te deje en tu casa? – Le pregunto, ya que no estoy segura de querer pasar la noche con él.
- Bueno yo… pensé que me quedaría a dormir contigo, después de todo mañana descansas.
- ¿No se supone que va a llegar tu mamá?
- Sí, pero va a llegar en la tarde…
- Bien, en ese caso vamos a mi departamento.
El silencio se hace presente la mayor parte del camino y es que por más que intento, no puedo sacarme de la cabeza todos esos pensamientos fatalistas. Una vez que llegamos a mi departamento, me dirijo a la habitación con toda la intención de aventarme en la cama y dormir hasta que logre olvidarme de todo.
- Por cierto, hice reservaciones para ir a cenar a "Joe's" con mi madre – Me dice él, mientras se quita la ropa.
- Terry, yo no estoy segura de querer conocer a tu mamá y mucho menos de querer cenar con ella.
- ¿Por qué no?
- Porque no…
- Dame una buena razón.
- Porque todo esto está yendo demasiado rápido y ni siquiera sabemos qué es lo que va a pasar mañana; contigo, con tu corazón…
- Oh, así que es eso…
- Terry…
- No, está bien, te entiendo… ¿Para qué profundizar la relación con el pobre moribundo? Si de todas formas se va a morir…
- Terry, no hagas eso…
- ¿Hacer qué?
- Chantajearme con tu enfermedad.
Sus ojos azules se fijan en mí y su mirada cargada de tristeza me rompe el corazón.
- Bien, no volveré a mencionar mi enfermedad nunca más… No quiero que la lástima te obligue a estar conmigo.
- No estoy contigo por lástima.
- ¿Entonces por qué estás conmigo?
- Porque te amo.
Mis brazos se entrelazan con fuerza alrededor de su cintura y puedo sentir su resistencia a abrazarme, pero luego de algunos minutos termina cediendo.
- Candy… te amo, de verdad te amo y créeme que estoy muy consciente de mi situación. Todas las mañanas, al levantarme, me pregunto si este será mi último día y por las noches, antes de dormir, le agradezco a la vida por haberte conocido, por permitirme pasar este tiempo a tu lado… Y si mañana muero, moriré feliz, amándote.
- Pero es que yo no quiero que te mueras – Le respondo, y al hacerlo, siento como las lágrimas comienzan a surcar mi rostro.
- Pecas…. No llores… Tú misma me dijiste alguna vez que la esperanza es lo último que muere – Me dice, tomando mi rostro entre sus manos – Vamos a mantener viva la esperanza, ¿sí?
- Sí…
Los dos nos recostamos en la cama, abrazándonos en completo silencio; y antes de que el cansancio me venza, elevo una plegaria al cielo, pidiéndole por un milagro, por otra oportunidad para él... por otra oportunidad para mí.
Hola, hola, ya estoy de regreso :)
* Gladys: No comas ansias, Anthony y Karen se mantendrán fuera de escena por unos cuantos capítulos, ya después les tocará lo que merecen. Sobre el corazón de Terry… por el momento seguirá con el mismo.
*Guest: Muchas gracias por tus palabras y por tus buenos deseos. ¡Saludos!
* Palasatenea2018: Ya en el siguiente capítulo habrá una rápida aparición de Eleanor y se explicará un poco de su comportamiento. Y tienes razón, después de 12 capítulos ya era hora de que tuvieran acción, jajaja.
* Eli: Hay muchas razones por las cuales a Candy le cuesta trabajo soltarse por completo. Insisto, Karen no estará presente por ahora en la vida de Terry, peeeerooo, eso no significa que no aparecerá en un futuro.
* Kamanance: Bueno traté de ponerme en el papel, jajaja y sí, reconozco que mi esposo me ayudó un poco con la redacción. Gracias.
* Jajajaja, un poquito de acción? Le van a hacer hoyo al colchón… jijiji… Sobre Eleanor, ya averiguarán sus intenciones en el próximo capítulo.
* Yeshua1583: Jajajaja… no, no soy tan cruel para hacer que le del soponcio después de que por fin pudo cuchiplanchar con Candy, jajaja. Saludos!
* Ceshire: Por supuesto que no me molesta que me des tu opinión, en este capítulo quise dar a entender el porqué de la actitud de Candy (no sé si lo logré, pero hice mi mayor esfuerzo para que quedara más claro)
Sobre el error de dedo, intenté buscarlo, pero no lo encontré, jajajaja (y eso que no tengo problemas de la vista, si no… ) Monse suele decirme que no le gusta revisar varias veces el mismo archivo, porque luego se le pasan los detalles y creo que tiene razón.
*Sofía Saldaa: Como diría Candy, por fin cruzaron "esa línea en la relación" y sí, por esa razón Candy estaba muy pensativa en la cena (creo que no lo expliqué en el capítulo, pero se dio a entender, o no?
Sobre la pelea, tal vez sea algo tonto que peleen por un cochino sillón, pero intenté proyectar el hecho de que Terry está muy pegado a Candy y ella aún no se acostumbra a ese tipo de cercanía (ya que estaba acostumbrada a prácticamente estar sola) y ella siente que todo está avanzando demasiado rápido.
Sobre la mamá de Terry, ellos tendrán una pequeña plática aclarando lo sucedido.
Sorry por hacerlas esperar, por una u otra razón, he estado bastante complicada con mis tiempos, pero espero poder acomodar mis horarios y seguir actualizando 3 veces por semana, como lo venía haciendo en un principio. Muchas gracias por tus comentarios, te mando un fuerte abrazo.
*Darling evening: Muchas gracias :)
* Anastasia Romanov: Puede que tengas razón, Candy es inmadura en cuestión de relaciones sentimentales, porque solo ha tenido un novio, el cual solo veía una vez por semana. Así que no está acostumbrada a que le den amor a manos llenas, jajaja.
No entendí eso de que se da "animos" solito, jajajaja. Si lo dices por la escena en que él se "masajea" de arriba abajo y viceversa, yo nunca dije que su amigo estuviera con la cabeza gacha, jajaja. Sobre lo de ir a la guerra sin fusil, créeme que llega a ocurrir, jijiji.
* Guest: Gracias por tus palabras. Espero actualizar pronto.
* Briss White: Muchas gracias, terminando de actualizar, respondo tu PM.
* Guest: Pueeeeesss… intentaré subir un capítulo el sábado.
* Iris Adriana: Intenté hacer la escena cachonda un poco divertida, espero haber logrado mi objetivo. Saludos y gracias.
* Claus mart: Lo sé, no he podido hacer capítulos más largos debido a la falta de tiempo. Saludos y gracias a ti.
* Marta Hernandez: Muchas gracias Marta y sí, me la pasé muy bien. Cuídate y que estés muy bien. Saludos.
*Guest: Muchas gracias y bendiciones para ti también.
* Bibi Grandchester: Muchas gracias por seguir mi historia. Saludos.
BUENO, LO PROMETIDO ES DEUDA, LES AGRADEZCO EN EL ALMA POR TODOS SUS COMENTARIOS.
MUCHAS VECES CON EL TRABAJO Y LAS OCUPACIONES EN LA CASA (SÍ, TENGO MÁS QUEHACER EN MI CASA, QUE EN MI PROPIO TRABAJO), NO ME QUEDA MUCHO TIEMPO PARA ESCRIBIR. ASÍ QUE LES PIDO UN POCO DE PACIENCIA, TARDE PERO SEGURO VOY A IR ACTUALIZANDO LA HISTORIA.
ESPERO SUBIR OTRO CAPÍTULO EL SÁBADO, AUNQUE NO PROMETO NADA.
LES MANDO UN SALUDO FUERTE Y AFECTUOSO A TODAS USTEDES.
UN AGRADECIMIENTO ESPECIAL A MONSE, QUE ME REGALA PARTE DE SU VALIOSO TIEMPO PARA REVISAR LA HISTORIA.
NOS LEEMOS PRONTO Y QUE TENGAN UN EXCELENTE DÍA.
