(14)

LA FAMILIA

Parte 1

Mi novia no ha pronunciado ni una sola palabra durante el largo trayecto del aeropuerto al restaurante – Lo cual es bastante inusual, dado que ella suele hablar hasta por los codos - Y no la culpo, ya que el recibimiento que le dio mi mamá no fue precisamente el más amistoso; a decir verdad fue bastante hostil y me sorprende que, a pesar de todo, ella no se hubiera marchado.

Al observar a mi pecosa por el espejo retrovisor, noto que tiene los brazos cruzados, el ceño fruncido y la boquita parada en señal de enojo. Si no fuera porque mi mamá está al lado mío – Con una expresión bastante similar – Ya habría orillado mi auto, me habría bajado del mismo y me habría subido al asiento posterior con el único fin de darle unos cuantos besos bien puestos a esa señorita berrinchuda, aminorando su coraje.

Viendo las cosas objetivamente, tengo que darle la razón a Candy. Y es que yo también estaría enojado si al conocer a su madre, ella me barriera de pies a cabeza con la mirada, para luego sacar a relucir el tema de su ex novio, hablándole de lo arrepentido que está de su conducta y de lo mucho que la ama y que la extraña.

- Imbécil, nunca debiste obligarla a venir – Murmura una voz en mi cabeza y aunque me moleste aceptarlo, sé que tiene razón.

- ¿Y a qué te dedicas Candice? – Le pregunta mi mamá, rompiendo el silencio que nos había acompañado durante los últimos quince minutos. Y yo realmente se lo agradezco, porque no deseo pasar la siguiente media hora escuchando mi maldita respiración.

- Soy psicóloga – Le contesta mi novia, de forma cortante.

- Que interesante… Supongo que tienes tu propio consultorio.

- No, trabajo para un hospital.

- Mmmm… ¿Y cómo fue que conociste a Terry?

- Bueno él… él era mi paciente.

- Cariño, nunca me dijiste que estabas tomando terapia psicológica – Me dice mi madre, sin poder ocultar su sorpresa.

- Sí, bueno, fue después del incidente del lago; el doctor Anderson creyó que lo mejor para mí, era referirme con una de las psicólogas del hospital.

- Pero tengo entendido que los psicólogos no deben fraternizar con sus pacientes, ¿o me equivoco, Candice?

- Terry ya no es mi paciente.

- ¿Ah no?

- No, mamá. Candy dejó de ser mi psicóloga cuando iniciamos nuestra relación.

- ¿Así que dejaste tu terapia?

- No, solo cambie de terapeuta.

- Mmm… ¿Y dónde estudiaste, Candice?

- En la universidad de Princeton.

- ¡Oh! Dicen que esa universidad es de lo mejor para quien desea estudiar esa carrera.

- Sí, lo es.

- Aunque es bastante costosa… ¿Tus papás te pagaron tus estudios?

- No, yo obtuve una beca del 70% y el resto se cubrió con un préstamo universitario.

- ¡Ah!…

Mi madre me mira de un modo que no logro interpretar del todo, pero que me hace sentir muy incómodo.

- Linda, ¿cuántos años tienes?

- Veinticinco.

- ¡Veinticinco! ¡Dios mío, eres un bebé!

- ¡Mamá, basta ya!

- Hijo, es que tu novia es muy joven.

Candy me lanza una mirada fulminante a través del espejo retrovisor y si no fuera porque estoy conduciendo a una velocidad bastante alta, estoy seguro que ella ya hubiera abierto la puerta y se hubiera bajado del auto, no sin antes mandarnos al carajo a mi mamá y a mí – Sí, sobre todo a mí, por haberla convencido de venir.

Enciendo el estéreo del carro en un intento por acabar de una vez por todas con el jodido interrogatorio de mi madre y mientras la canción "Baby I love your way" del grupo Big Mountain suena en mi reproductor, le lanzo fugaces miradas de amor a mi iracunda novia hasta que logro que una tenue sonrisa se asome en sus labios.

Tres canciones después, por fin estamos llegando al dichoso restaurante y lo único que deseo es que mi madre logre controlar su afilada lengua, de aquí a que terminemos de cenar, porque esta maldita sensación de estar entre la espada y la pared está comenzando a ponerme muy tenso y de un humor de los mil demonios.

Cuando las dos damas bajan del auto, mi madre se prende de mi brazo derecho, mientras que mi novia me toma de la mano izquierda.

- Terry este restaurante es muy bueno, tu esposa me trajo aquí la primera vez que vine a Chicago – Me dice al observar el letrero que está sobre la pared.

- Mamá, yo ya no estoy casado.

- Mmm… Como sea, aquí sirven unos cortes de carne exquisitos…

Puedo sentir la mirada penetrante de Candy sobre mi rostro, pero esta vez me hago "el que la virgen le habla", con el fin de evitar un estúpido enfrentamiento en plena banqueta.

Al entrar al restaurante, la hostess nos recibe con una gran sonrisa – Sí, al menos alguien en este maldito momento es capaz de sonreír - Y nos lleva hasta nuestra mesa. Cuando la joven se retira, mi madre continúa con su despiadado – Y a la vez sutil – ataque contra mi novia.

- ¿Candice, tú ya habías venido a comer aquí?

- No señora, es la primera vez que vengo a este sitio.

- Sí, lo supuse. Estos precios pueden ser bastante inaccesibles para ciertas personas...

Algo parecido a una sonrisa se asoma de los labios de Candy, pero su mirada – Que no sabe mentir - me dice que está furiosa y estoy seguro que sus ojos fueran pistolas, mi madre yacería en el suelo en este preciso instante.

- Si me disculpan, tengo que ir al baño – Nos dice mi novia, levantándose de la silla y encaminándose rápidamente hacia los sanitarios.

Yo aprovecho que ella se ha ido para encarar a mi madre.

- ¿Qué es lo que te pasa? – Le pregunto, intentando no sonar tan agresivo.

- No sé de qué me estás hablando, cariño – Me contesta, sin dejar de observar el menú.

- Sí lo sabes, no has dejado de atacar a Candy ni un solo momento.

- Terry, no hay que ser demasiado inteligente para deducir qué es lo que esa jovencita busca de ti.

- Me hubiera gustado que llegaras a esa deducción con Karen, así me habrías evitado muchos dolores de cabeza.

Justo cuando acabo de pronunciar la última palabra de esa oración, mi madre aparta la vista del menú y la fija en mí, mientras que su rostro mantiene esa expresión severa que suele poner cuando está realmente disgustada – Probablemente yo no lo hice, pero tu padre sí; y si no mal recuerdo, lo tachaste de paranoico y le prohibiste tajantemente que se metiera en tu vida.

- Pues lo mismo te pido a ti, ya estoy lo bastante grandecito como para saber qué es lo que hago.

- Karen ha ido a buscarme a la casa varias veces, dice que te extraña, que está arrepentida y que quiere volver a intentarlo.

- Me importa un carajo lo que quiera Karen, yo no la quiero en mi vida.

- ¿Tan grande es tu orgullo?

- No es orgullo, es solo que el amor que sentía por ella ya no existe.

- Tal vez podrían volver a intentarlo, ella…

- Mamá, ella no es lo que tú crees.

- Entonces habla… Dime quién es realmente esa mujer, dime por qué la detestas tanto. Lo único que me dijiste en aquella ocasión, fue que ella había traicionado tu confianza y después me pediste que vendiera la casa; pero nunca me explicaste el verdadero motivo de su separación, nunca me contaste que fue lo que sucedió entre ustedes.

- No quiero hablar de eso… no quiero hablar de ella, ni de todo lo que hizo a mis espaldas – Le respondo, sin dejar de mirar los cubiertos que están dispuestos frente a mí.

- Hijo, deja de ocultarte dentro de tu caparazón. Confía en mí, soy tu madre y te amo.

Al alzar la vista, puedo ver que Candy se acerca a paso lento hacia nosotros.

- Ya viene mi novia, así que te pido… ¡No! Te suplico que la trates bien. Ella es una persona muy importante para mí.

Mi madre hace una mueca de disgusto y después vuelve a apresar el menú entre sus manos para seguir examinándolo. Cuando Candy toma asiento, se puede sentir la tensión creciente entre los tres y un incómodo silencio se hace presente en la mesa por varios minutos.

De la nada, el celular de mi pecosa comienza a sonar y ella atiende la llamada de prisa. Al cabo de un par de minutos de conversación, cuelga el teléfono y voltea a verme.

- Lo siento, tengo que irme. Annie se lastimó la pierna y Archie la va a llevar al hospital, así que me pidió que fuera a su casa para que me quedara con las niñas.

Yo no le creo ni una sola palabra de lo que está diciendo, pero después de todo lo que ha pasado, ni siquiera me atrevo a confrontara, ni a pedirle que se quede a cenar con nosotros.

- ¿Te veo al rato? – Le pregunto.

- No sé a qué hora voy a llegar al departamento, mejor te veo mañana.

Ella se levanta de su asiento y se acerca a mí para darme un frío beso en los labios.

- Hasta luego Sra. Baker, fue un placer conocerla – Le dice a mi madre, mostrándole una sonrisa forzada, mientras le extiende la mano para despedirse de ella. Y aunque intenta ocultarlo, es evidente que Candy está molesta, decepcionada… ¡¿Triste?!

- Igualmente Candice – Le responde mi madre, con una de sus mejores sonrisas actuadas.

- Espero que ya estés contenta – Le reclamo a mi mamá, cuando veo que mi novia se encuentra a una distancia prudente de nosotros. En respuesta, ella solo se encoge de hombros y le hace una seña al mesero para que nos tome la orden.

Salvo por alguna que otra pregunta obligada sobre nuestras vidas, mi madre y yo no nos dirigimos la palabra durante el resto de la cena y ese mutismo nos acompaña hasta que llegamos a la casa.

Una vez que mi mamá termina de acomodar sus cosas en la habitación que dispuse para ella, le pido que me acompañe a la recamara que solía compartir con Karen, para mostrarle, de una jodida vez, el motivo de nuestra separación. Al entrar al cuarto, me dirijo hacia el buró donde guardé el informe que me proporcionó el detective, para luego entregárselo a mi madre.

- ¿Qué es esto? – Me pregunta.

- Léelo.

Ella se sienta sobre la orilla de la cama y saca las hojas del sobre para comenzar a leerlas de forma meticulosa.

- ¿Ella te engañó con su terapeuta? – Me cuestiona, luego de varios minutos de lectura.

- Sí y no fue una sola vez, ella me vio la cara de idiota por varios meses. De hecho los encontré en nuestra propia casa, en nuestra propia cama.

- ¿Por qué nunca me lo dijiste?

- Porque me daba vergüenza admitir que me habían engañado de esa manera.

- ¿Ella mantiene a ese sujeto?

- Todo parece indicar que sí, o al menos lo hizo mientras estuvo casada conmigo; porque dudo que con su sueldo de actriz le alcance para pagar el departamento de lujo en el que vive su amante.

- Ella nunca me contó nada, solo me dijo que tú habías malinterpretado las cosas, que todo era un error.

- Mamá, es obvio que Karen jamás te iba a contar nada de eso. Y estoy seguro de que ahora puedes entender cuál es la verdadera razón por la que desea volver a mi lado.

Mi mamá se levanta de la cama y se acerca a mí, tomando mi rostro entre sus manos y depositando un tierno beso sobre mi frente.

- Lo siento cariño, de haberlo sabido, jamás habría aceptado hablar con ella.

- Lo sé.

- ¿Qué te parece si mañana platicamos con más calma? Ha sido un día largo y estoy muy cansada por el viaje.

- Claro, te acompaño a tu cuarto.

Después de dejar a mi mamá en su habitación, la idea de ir a ver a mi furiosa novia para hacer las paces con ella, se hace presente en mi cabeza. Casi podría apostar que todo eso de que Annie se lastimó el pie y que se la llevaron de urgencia al hospital, es una reverenda mentira; así que sin pensarlo demasiado, me encamino hacia el garaje, cortando un par de rosas de las que crecen en mi jardín, para luego subirme a mi auto y dirigirme hacia su hogar.

Al llegar a la entrada de su departamento, toco la puerta un par de veces y espero algunos minutos en lo que ella abre. Cuando Candy sale, ni siquiera intenta ocultar la molestia que le causa verme parado frente a ella; motivo por el cual ni siquiera intento entregarle las flores.

- ¿Qué haces aquí? – Me pregunta.

- La pregunta correcta es, ¿qué haces tú aquí? Yo te hacía cuidando a dos pequeñas diablillas en casa de tu mejor amiga.

- Bueno, ya viste que no es así – Me responde, encogiéndose de hombros y dándose la vuelta para regresar al interior de su departamento, mientras que yo intento obviar el hecho de que solo está vistiendo una pegada blusa de tirantes sin sostén y un short que apenas le cubre la mitad del trasero.

- No deberías salir con esa ropa, no es correcto que otros hombres te vean vestida así.

- Sabía que eras tú. Puedo reconocer tu zapateo nervioso a kilómetros de distancia.

- ¿Me puedes explicar por qué hiciste todo ese teatro en el restaurante?

- No sé de qué hablas.

- Sí, si lo sabes. Esa llamada "misteriosa" y tú saliendo a toda prisa del lugar.

- No creo que no te hayas dado cuenta de que no le caí bien a tu madre... Poco faltó para que ella misma me pidiera que me fuera.

- Pecas, no exageres las cosas.

- No, no estoy exagerando las cosas y sinceramente no tengo ganas de hablar sobre eso... Ya tuve suficiente por esta noche.

- Está bien, no hablaremos sobre eso...

Al momento de acercarme a la sala, noto que mi novia está viendo una película, acompañada de una pizza grande de pepperoni y dos latas de cerveza que reposan sobre la mesita de centro; hecho que me deja completamente asombrado, ya que Candy es una de esas mujeres que cuidan al máximo todo lo que se llevan a la boca y definitivamente, la comida chatarra no es algo que suela estar en su menú.

¿Qué película estás viendo? - Le pregunto, tomando una rebanada de pizza de la caja y sentándome al otro extremo del sillón.

- "Hush" – Me contesta, casi ladrando.

- Ah… ¿Y de qué trata?

- De una madre psicópata que odia a su nuera e intenta matarla para quedarse con su nieto – Me responde, sin siquiera voltear a verme.

- Mmm… Que interesante.

- ¿No te bastó con el exquisito corte de carne que comiste en Joe's? – Me pregunta con ironía, mientras observa como me meto la rebanada de pizza a la boca.

- La verdad es que no estaba tan delicioso y para ser sincero, no se compara en absoluto con esta suculenta y grasosa pizza de pepperoni – Le respondo, mientras pongo los ojos en blanco, fingiendo mi mejor gesto de placer; haciéndola reír instantáneamente.

Cuando creo que he ganado la batalla, veo como el cojín que Candy tiene entre sus manos sale disparado hacia mí, estrellándose justo en medio de mi rostro.

- ¿Con qué quieres jugar rudo, eh?

Una sonrisa traviesa se asoma en sus labios y yo, ni lerdo ni perezoso, me abalanzo sobre ella para hacerle cosquillas.

- Basta Terry, no puedo respirar – Me grita entre risas, mientras trata desesperadamente de zafarse de mí.

- Dime que ya no estás enojada conmigo – Le exijo sin dejar de torturarla.

- Ya no estoy enojada contigo – Me responde, con la respiración entrecortada por el esfuerzo.

- Dime que me amas – Le pido, acercándome lentamente a su boca.

- Te amo… - Susurra, acortando la distancia que la separa de la mía.

- Yo te amo mucho, mucho más, pecosa – Susurro con la voz enronquecida, sin separar mis labios de los suyos.

- Te dije que no quería conocer a tu mamá...

- Lo sé, perdóname. Fue un error, lo reconozco.

- Está bien, estás perdonado.

Ella me da muchos besitos en los labios como muestra de su indulgencia

- Vamos a dormir y a olvidarnos de todo lo que pasó, estoy muy cansada - Me dice, incorporándose del sillón y apagando la tele, para luego tomarme de la mano y guiarme lentamente hasta la recámara.

Al llegar a la habitación, ella se dirige al baño para desmaquillarse el rostro y lavarse los dientes, mientras que yo comienzo a quitarme la ropa para dormir más cómodo.

- ¿Candy?...

- Ajam...

- ¿Alguna vez has pensado en abrir tu propio consultorio?

- No realmente.

- ¿Por qué?

- Porque no cuento con el dinero para hacerlo. Apenas estoy terminando de pagar mi préstamo universitario y junto con los gastos del departamento y los del auto, solo me queda el dinero justo para vivir decentemente. Además, esas cosas llevan su tiempo y sé que no voy a tener una agenda llena de un día para otro; yo no puedo darme el lujo de perder un sueldo fijo por un sueño guajiro.

- ¿Cuánto debes de tu préstamo?

- Poco más de 50,000 dólares.

- Yo voy a pagar tu deuda – Le digo y puedo ver que sus ojos se abren como platos.

- Por supuesto que no.

- Por supuesto que sí y no solo eso, también te voy a ayudar a que montes tu propio consultorio.

- He dicho que no… Y no, es no.

Me quedo en silencio un momento, en lo que mi novia termina de enjuagarse la boca, con la única intención de continuar con mi ataque una vez que ella se acueste en la cama. Y así lo hago.

- Dime por qué no quieres aceptar mi ayuda.

- Porque no es correcto.

- Candy, no empieces con tus clases de ética... a mí no me cuesta nada hacerlo...

- Claro que sí, te costará 50,000 dólares.

- Eso no es nada para mí.

- Presuntuoso.

- ¿Por qué no me dejas hacer de tu vida algo mejor? Yo quiero que tengas todo lo que siempre has soñado y mucho más.

- Terry, ni siquiera estamos casados.

- Eso se puede solucionar de inmediato; si tú quieres, mañana mismo vamos al registro civil y nos casamos. Créeme, nada me haría más feliz que hacerte mi esposa.

- Tu segunda esposa...

- Y la última, te lo aseguro.

- Terry...

- Anda, di que sí.

- ¿A qué?

- A todo lo que te estoy proponiendo.

Sus ojos, cargados de sorpresa y de duda, me miran fijamente; y después de algunos segundos, que me parecen una eternidad, por fin se decide a hablar.

- ¿Qué pensarían tus padres?

- Al diablo mis padres. Por si no te has dado cuenta, ya soy mayor de edad.

- ¿Qué pensarían mis padres? - Murmura, para sí misma - Ellos ni siquiera te conocen.

- Eso se puede solucionar fácilmente. El próximo jueves vamos a ir esa la cena de acción de gracias a la que tu mamá nos invitó, y me vas a presentar oficialmente como tu novio y como tu futuro esposo

- Pero yo no tengo...

- No digas que no tienes tiempo, porque sí lo tienes.

Al verse acorralada, no le queda otra opción más que aceptar mi propuesta.

- Está bien, vamos a ir a cenar a casa de mis padres, pero solo te presentaré como mi novio... por el momento.

- ¿Y me vas a dejar pagar tú deuda?

- Eso es algo que tengo que pensar con calma… Te daré mi respuesta hasta que estemos casados – Me dice, sonriendo.

- ¿Y cuándo va a ser eso?

- Cuando tus padres y mis padres nos den su aprobación.

- ¡Por Dios Candy! No tenemos 15 años...

Terry, si vamos a formar una familia, quiero que lo hagamos bien. No quiero que en un futuro, tu mama me siga viendo como un bicho raro cada vez que tengamos que coincidir en algún lugar.

- Está bien pecas, será como tú digas.

Yo me acerco a su boca y comienzo a besarla de manera apasionada, al mismo tiempo que mis manos recorren cada curva de su cuerpo. De repente, una duda asalta mi cabeza, haciendo que me detenga de golpe.

- ¿Candy?

- ¿Sí?

- ¿Te gustan los niños?

- Sí.

- ¿Y te gustaría tener hijos conmigo?

- Me encantaría...

Mis labios se arquean en una inevitable sonrisa al escuchar su respuesta y preso de una incontenible emoción, vuelvo a besarla con mucho más ímpetu que antes, mientras que una de mis manos viaja hasta sus pechos, estrujando sus pezones.

- ¿Candy?

Ella, presa de la excitación, solo me responde con un suave gemido.

- ¿Qué opinas de comenzar a intentarlo ahora?

- Su risa no se hace esperar y yo también comienzo a reír, contagiado por ella.

- Aún no Sr. Grandchester, no hasta que estemos casados.

- Está bien, futura señora de Grandchester.

- Suena bien.

- Suena fantástico.

Mi futura esposa apaga la luz de la lámpara y yo sigo con la ineludible tarea de despojarla de su ropa y recorrer cada centímetro de su cuerpo. Cuando por fin lo consigo, nos entregamos al deseo y al amor que nos tenemos.

Me despierto a las 5:30 de la mañana, hora en que Candy se levanta para ir al trabajo y mientras ella se arregla, me recuerda que hoy tengo cita a las 11 con la Dra. Sanders, mi nueva terapeuta; gesto que le agradezco sinceramente, porque lo había olvidado por completo.

A las 6:40, ella sale a toda prisa del departamento, no sin antes darme una copia de las llaves y un largo beso en los labios, que me sabe a café y a gloria.

Ante de irme, me quedo algunos minutos más recorriendo cada espacio de su hogar, mientras pienso en todos los cambios que se le podrían realizar al departamento, para hacerlo un lugar más agradable, más acogedor.

Una hora después llego a mi casa y me encuentro con mi madre, quien ya está desayunando.

- Buenos días hijo, ¿qué tal dormiste?

- Bien, muy bien. ¿Y tú?

- Como un bebé. Supongo que pasaste la noche con tu novia.

- Es correcto – Le respondo, sentándome a su lado.

- Me da gusto.

- Mamá, yo… tengo la intención de casarme con ella.

Tanta es la impresión de mi madre al escuchar esa noticia, que poco falta para que se atragante con el pedazo de melón que acababa de meterse en la boca.

- Pero hijo, hace poco que acabas de divorciarte.

- Lo sé, pero estoy enamorado y para serte sincero, en este momento no estoy para darme el lujo de llevarme las cosas con calma. Ni siquiera sé si seguiré vivo el día de mañana…

El rostro de mi madre se entristece instantáneamente y al cabo de algunos minutos, ella voltea a verme con sus ojos azules, cargados de un infinito dolor.

- Está bien hijo, yo te apoyaré en lo que tú decidas – Me dice, esbozando una sonrisa que a todo el mundo le parecería genuina, pero que yo sé que está fingiendo.

- Gracias mamá.

Ella coloca su mano sobre la mía y la aprieta levemente.

- Mamá, quiero pedirte un gran favor.

- ¿Cuál?

- Quiero que hables con mi papá y que le cuentes sobre mis planes.

- Terrence, eso tienes que hacerlo tú.

- Lo haría, pero él está en su papel de digno y conociéndonos, sé que vamos a terminar peleando de nuevo.

Mi madre mueve la cabeza en señal de negación y suelta un largo suspiro - El fin de semana voy a viajar a Londres, así que aprovecharé para visitar a tu padre y platicar con él, ¿te parece?

- Sí, me parece perfecto.

Ella vuelve a centrar su atención en su coctel de frutas, el cual dejó de comer poco después de que yo llegué.

- Mamá…

- ¿Sí, hijo?

- Me harías un último favor.

- Claro.

- Quiero que durante tu estancia en Chicago, te des la oportunidad de tratar a mi novia… de conocerla más a fondo.

- Terry…

- Es cierto que Candy es muy joven y entiendo que te preocupe que solo esté conmigo por mi dinero; pero algo dentro de mí me dice que ella es una buena persona y yo la amo como un loco, la amo como nunca había amado a nadie en mi vida.

- Está bien hijo, lo haré – El semblante contrariado de mi madre me indica que la idea no le agradó del todo y sin embargo, le agradezco en el alma que esté dispuesta a intentarlo.

- Gracias mamá, te quiero.

- Yo también.

Durante los siguientes tres días, mi madre hace un verdadero esfuerzo por tratar de congeniar con mi novia, a pesar de que no tienen ningún interés en común; excepto yo. Candy intenta hacer lo mismo y aunque es obvio que nunca serán las mejores amigas, para cuando mi mamá se va de la ciudad, las dos tienen una relación bastante cordial.

El día de acción de gracias llega y mientras mi novia termina de maquillarse, yo me doy un último vistazo en el espejo del baño -Hoy por fin conoceré a los papás de Candy – Me digo a mí mismo y la sola idea hace que me ponga nervioso. Realmente no sé con qué me voy a encontrar al llegar a esa casa y después del decepcionante primer encuentro entre mi madre y Candy, prefiero no hacerme demasiadas ilusiones con respecto a esta visita.

De camino a Forest Park, nos detenemos en una reconocida pastelería de la ciudad para comprar un pastel de calabaza; y luego de que nos despachan, esperamos algunos minutos en lo que la vendedora nos envuelve el pastel, para poder seguir con nuestro viaje.

Una vez que nos estacionamos enfrente a la casa de sus padres, veo que una mujer rubia, muy parecida a Candy, se asoma por la puerta, y pocos segundos después, ella sale corriendo para recibirnos.

- ¡Ya llegó Candy! – Grita a los cuatro vientos y se detiene enfrente de la puerta del copiloto, esperando a que su hija baje del auto.

- Mamá, ¿es necesario armar tanto escándalo?

- Ay hija, estoy emocionada, hace más de dos meses que no te veíamos – Masculla, para luego acercarse a ella y abrazarla.

Yo me aproximo lentamente hacia mi novia y me quedo parado como un idiota, sin saber qué demonios hacer, ni mucho menos qué decir, en lo que ellas terminan de abrazarse.

- ¿Quién es este apuesto joven? – Le pregunta, mientras me observa detenidamente de pies a cabeza.

- Él es Terry, mi novio.

- Así que tú eres Terry… Supuse que con esa voz tan varonil serías un hombre muy apuesto y veo que no me equivoqué – Me dice, soltando una risita nerviosa, idéntica a la de Candy.

- Terry, te presento a Paulina White, mi madre.

- Mucho gusto señora – Le digo, extendiéndole mi mano.

- El gusto es mío – Me responde, apretándola con fuerza.

Los tres comenzamos a caminar hacia la entrada de la casa y poco antes de llegar a la puerta, sale una muchachita de cabello castaño y ojos verdes, los cuales cubre con unos gruesos lentes. Si no me equivoco, ella debe ser Patricia, su hermana menor.

- ¡Candy! – Exclama la joven, abalanzándose hacia mi novia, quien la recibe con los brazos abiertos.

- Paty, que alegría me da volver a verte.

- A mí también, te extrañé horrores.

De la nada, un hombre bastante alto y robusto, muy parecido a su hermana, aparece en escena; completando el cuadro familiar.

- Mi muñequita, que bueno que pudiste acompañarnos – Le dice, acercándose a Candy y rodeando sus hombros con su brazo - Yo estaba seguro de que no vendrías, pero tu madre, tan optimista como siempre, me hizo apostar 50 dólares a que si lo harías… Está de más decir que perdí la apuesta.

El hombre suelta una carcajada tan estruendosa, que creo que se escuchó hasta el final de la calle.

- ¡Papá!…

- Deja de refunfuñar y dale un abrazo a este viejo tonto.

- No eres tonto – Le responde ella, abrazándolo con fuerza, para luego darle un beso en el cachete.

- ¿Quién es él? – Le pregunta, mientras me señala con el dedo.

- Él es Terry, mi novio.

- Oh, mucho gusto Terry, yo soy Tomas White, para servirte.

- Mucho gusto, Sr. White.

- Nada de señor White, dime Tomas.

- Está bien, Tomas.

- Oye hija, ¿y qué pasó con el muchacho rubio que trajiste la otra vez?

- Él y yo terminamos hace tiempo.

- Que bueno hija, ni a tu hermano ni a mí nos caía bien… Se notaba a leguas que era un reverendo…

- Basta Tomas – Murmura su esposa, tomándolo del brazo y guiándolo al interior de la casa.

Nosotros los imitamos rápidamente y una vez que pongo un pie sobre la estancia, el delicioso aroma a pavo recién horneado, salsa de arándanos y de puré de camote, asalta mis fosas nasales.

- ¿Qué les parece si pasamos de una vez al comedor? La cena ya está lista – Nos dice mi suegra.

- ¿Tom no va a venir? – Pregunta Candy.

- Sí, pero ya sabes que él siempre llega tarde a las reuniones familiares.

Es inevitable que mi boca empiece a salivar cuando mis ojos contemplan el exquisito banquete que está dispuesto sobre la mesa. Y antes de que tomemos asiento, mi novia me da un codazo para que entregue el pastel de calabaza que aun sostengo entre mis manos.

Todos tomamos nuestros lugares en la mesa y justo cuando mi suegro está por dar un pequeño discurso de agradecimiento, el hermano mayor de Candy hace su aparición. No voy a negar que su presencia es bastante intimidante, porque además de ese semblante bastante parco que se carga, él desprende cierto aire de arrogancia a su alrededor.

- Buenas noches a todos – Farfulla y rápidamente toma su lugar en el comedor sin siquiera voltear a vernos. Pero una vez que se da cuenta de mi presencia, comienza a observarme fijamente, escrutando mi rostro con curiosidad, sin emitir una sola palabra.

Algunos minutos más tarde, todos estamos disfrutando de la deliciosa comida que preparó la señora White y de una plática bastante amena, encabezada por su esposo; y justo cuando pienso que las cosas van mejor de lo que hubiera podido imaginar, el señor White hace la pregunta del millón.

- ¿Y cómo fue que se conocieron?

En ese momento todas las miradas se posan sobre nosotros, esperando escuchar la – Tan ansiada - Respuesta.

- Bueno, yo… yo lo conocí en el hospital.

- ¿Eres doctor? – Me pregunta su hermana mayor, con curiosidad.

- No, yo era su paciente…

CONTINUARÁ…


Hola chicas lindas, perdón por el retraso, pero como podrán darse cuenta, se me extendió el capítulo...

Por esta única ocasión, el capítulo constará de dos partes, ya que solo éste consta de 5200 palabras (15 páginas) y ya no quise seguirlo alargando más (por que todavía me faltaba bastante para terminarlo)

Si mis tiempos me lo permiten, espero poder publicarlo a más tardar el viernes.

Les agradezco cada uno de sus reviews, por el momento no cuento con el tiempo suficiente para responderlos personalmente, pero espero poder hacerlo a lo largo de la semana.

Agradezco también a todas las personas que siguen mi historia, así como a aquellas que me han agregado a sus favoritos.

Gracias a todas las lectoras silenciosas.

Gracias, gracias a todas ustedes por tomarse el tiempo de leer (pero sobre todo, gracias a quienes se toman la molestia de regalarme un comentario).

Les mando un abrazo grande y afectuoso.

Nos leemos pronto.

Que tengan un excelente inicio de semana.