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¡Feliz Navidad!

Me despierto con unas incontenibles ganas de hacer pipí y en el momento en que intento incorporarme de la cama, noto que mi adorado novio me tiene inmovilizada por completo. Yo trato de liberarme sin despertarlo, pero esas malditas agruras que no me dejaron en paz durante casi toda la noche, regresan de improvisto, haciendo que suelte un fuerte gruñido. Y compruebo, muy a mi pesar, que la comida hindú extra picante no está hecha para mi pobre estómago.

Cuando el malestar cesa, aparto con cuidado la pierna de Terry, la cual se encuentra sobre mi abdomen – Y que además está oprimiendo mi vejiga – Con la intención de levantarme e irme directo al baño, pero un bufido a mis espaldas me indica que su dueño no está muy conforme con esa acción y sin pedirme permiso, vuelve a aprisionarme entre sus extremidades.

- ¿A dónde crees que vas? – Me pregunta, mordiendo suavemente mi hombro.

- Tengo que ir al baño…

- No lo creo, señorita – Susurra cerca de mi oído, mientras su desvergonzada mano se dirige hacia el sur, deslizándose por debajo de mi pijama y de mi ropa interior; colocándose justo sobre ese punto de placer.

- Terry… - Musito, al sentir sus dedos frotándolo suavemente.

- Ayer me dejaste con las ganas – Me reclama con la voz enronquecida, al mismo tiempo que su miembro erecto se restriega sobre mi trasero.

- Estaba cansada - Le digo, en un intento por justificarme - Además me cayó pesada la cena. Esa comida estaba demasiado condimentada y toda la noche sentí que me estaba quemando por dentro.

- Pecas, no seas exagerada.

- ¡Es verdad!

- ¿Y ya te sientes mejor?

- Un poco, pero necesito ir al baño, si no, voy a terminar mojando el colchón como cuando tenía 4 años.

Su risa aguardentosa inunda la habitación y algunos segundos después, su mano sale de su escondite.

- Te voy a dejar ir, pero tienes que prometerme que volverás pronto – Me dice, dándome una pequeña nalgada.

- Te lo prometo – Le respondo, girándome hacia él y depositando un fugaz beso sobre sus labios antes de emprender la huida.

Un par de minutos más tarde, ya estoy de nuevo en la cama – Tal y como se lo prometí – Sin un solo trapo encima, derritiéndome entre sus brazos.

- ¿Qué vamos a hacer hoy? – Me pregunta, una vez que damos por terminado nuestra muy placentera sesión de arrumacos.

- Te dije que iba a ir a almorzar con Annie.

- Cierto, lo había olvidado... – Contesta, jugando con uno de mis rizos.

Yo me separo de él y me siento en la orilla de la cama, metiendo mis pies dentro de las sandalias.

- ¿Puedo ir con ustedes?

- No lo creo...

- ¿Por qué?

- Porque mi amiga y yo tenemos una plática pendiente que no hemos podido concluir, ya que siempre quieres estar pegado a mí como un chicle.

Él se acerca velozmente a mí y me abraza por la espalda - ¿Te molesta?

- Claro que no, me encanta – Le respondo, girándome hacia él y mostrándole una gran sonrisa - Pero hoy, Sr. Grandchester, iré sola.

El suelta un gruñido de inconformidad que yo trato de acallar besando sus labios.

- Me voy a bañar – Le digo, saltando fuera del colchón y caminando a paso rápido hacia el baño.

- Voy a hacer un poco de café, ¿quieres?

- Sí, por favor - Contesto, cerrando la puerta tras de mí.

Mientras me enjabono la cabeza, me pongo a meditar en lo mucho que ha cambiado mi vida durante estas últimas semanas, y es que no deja de sorprenderme que alguien como yo, quien siempre había evitado que otra persona invadiera su espacio y su intimidad, dejara que su novio se apoderara de todo su mundo, así como lo hizo él.

Todo inició el día en que Terry llegó al departamento con una inocente maleta, la cual contenía un par de mudas para cambiarse de ropa, un cepillo de dientes y un rastrillo. Y sin darme cuenta, sus pertenencias fueron multiplicándose, a tal grado, que ahora la mitad de las prendas que están en mi closet pertenecen a mi novio, así como la mitad de los artículos que se encuentran en el baño. ¿Y qué decir del refrigerador y la alacena de la cocina? Que ahora están llenos de productos raros, cuyos nombres ni siquiera puedo pronunciar correctamente.

Por si fuera poco, en medio del desayunador reposa aquel frasco de mermelada de albaricoque en presentación familiar, que no puede faltar en nuestro desayuno.

Pero a pesar de todas esas intromisiones, tengo que reconocer que nunca, en toda mi vida, me había sentido tan feliz. Y es que amo que su rostro sea lo último que veo al dormir y lo primero que veo al despertar, amo que él me rodee con sus brazos mientras vemos su serie de televisión favorita al anochecer y que me lleve cargando hasta la alcoba cuando me gana el sueño. Amo aquellas pláticas que solemos tener hasta altas horas de la madrugada y que siempre terminan con una sesión de sexo pausado, pero extremadamente delicioso.

¡Sí, amo a Terrence Grandchester! Lo amo como nunca había amado a nadie en mi vida y estoy consciente de que lo necesito tanto o más qué esa taza de café cargado que tomo al despertar.

Pero hay días que toda esa oleada de nuevos sentimientos me atemoriza y no puedo evitar preguntarme qué será de mí cuando ya no pueda contemplar ese par de ojos azules que tanto me fascinan; cuando no pueda escuchar su voz rasposa diciéndome al oído lo mucho que me ama; cuando no pueda besar esos labios acolchados, ni acariciar ese cuerpo tan varonil.

La puerta del baño se abre de golpe y yo me apresuro a ocultar las lágrimas que habían comenzado a salir involuntariamente de mis ojos.

- Terry, debes aprender a tocar la puerta antes de entrar – Le reclamo.

- ¿Estás llorando? - Me pregunta, escrutando mi rostro detenidamente.

- No, me entró shampoo en los ojos.

- Mmmm... Te marcó Annie, dice que va a llegar 15 minutos tarde.

- Ok.

Justo cuando él está saliendo del baño, se detiene y vuelve a asomar su cabeza por la puerta.

- Por cierto pecas, ya está el café.

- Gracias guapo, enseguida te alcanzo.

Cuando termino de arreglarme, salgo al comedor para tomarme mi taza de café matutina, pero esta vez solo soy capaz de darle un par de sorbos, ya que ese maldito malestar estomacal vuelve a atacar.

- ¿A qué hora vas a volver? – Me pregunta, mientras me observa con curiosidad.

- No sé, pero espero regresar antes de las dos.

- ¿Por qué tan tarde?

- Porque tengo muchas cosas que platicar con mi amiga.

- ¿Sobre mí?

- Tal vez...

- Mmm...

- Te veo al rato, te amo – Le digo, mientras me acerco a él para despedirme.

- Yo también te amo mucho, mucho, mucho, mucho - Me dice, dándome un beso por cada "mucho" pronunciado - Te vas con cuidado y me saludas a Annie.

- Sí guapo, adiós.

Tardo más de media hora en llegar al restaurante preferido de mi mejor amiga y al entrar, me doy cuenta de que ella ya me está esperando en la mesa.

- Se suponía que yo era la que iba a llegar tarde - Me reclama.

- Perdóname, había mucho tráfico y...

- Embustera, de seguro tú novio te tenía esposada en la cama y no te dejaba venir... ¿verdad, pecadora?

Es inevitable que una enorme sonrisa de dibuje en mi cara al escuchar toda la sarta de tonterías que dice mi amiga.

- Estás muy mal de tu cabeza - Le respondo, tomando su copa de vino y dándole un gran sorbo - Por cierto, te manda saludos Terry.

- Pensé que vendrías con él, con eso de que no se te despega ni un solo segundo... Solo falta que se meta a dar consulta contigo al hospital.

- Deja de decir tonterías... – Le exijo, fingiéndome ofendida, aunque en el fondo su comentario me haya parecido de lo más divertido.

- Es la verdad.

- Lo sé, mi novio es algo… dependiente.

Tomo el menú que ella ya no está utilizando y comienzo a examinarlo detenidamente.

- Oye Candy, ¿y él no ha vuelto a intentar…?

- ¿Suicidarse?

- Sí, eso.

- No, gracias a Dios.

- ¿Y no te da miedo que pueda intentarlo de nuevo?

Yo desvío la vista del menú y la clavo en el rostro de mi amiga - Claro que sí, me aterra pensar que Terry pudiera tener otra crisis como la que tuvo ese día y que yo no esté cerca de él para tranquilizarlo.

- Sí yo hubiera estado en tu lugar, le hubiera dicho a su padre hasta de lo que se iba a morir.

- Créeme qué ganas no me faltaron, pero cuando conseguí que Terry me hablara sobre lo que había sucedido, su padre ya estaba a cientos de kilómetros de aquí.

- Le hubieras marcado por teléfono.

- Por supuesto que no, si algún día le digo sus verdades a ese hombre, va a ser frente a frente.

El mesero que nos va a atender hace su aparición y luego de darnos un par de sugerencias, nos toma la orden y se retira del lugar.

- ¿Y qué es eso tan importante que querías contarme? - Me pregunta, dándole un pellizco a uno de los panes que se encuentran dispuestos en el centro de la mesa.

- Terry y yo...

- ¡¿Van a casarse?! – Exclama con la boca llena, completamente emocionada.

- No... No todavía.

- ¿No me dijiste que te lo había insinuado?

- Sí, pero no me lo ha propuesto formalmente. Esa solo fue una plática aislada que no se ha vuelto a repetir.

- ¿Y aceptarías casarte con él?... Claro, en el supuesto caso de que te lo propusiera.

- Sí - Contesto, sin una pizca de indecisión.

- Ay amiga, jamás pensé que te escucharía decir eso. Pero bueno, si no van a casarse, ¿qué es lo que querías decirme?

- Él y yo... estamos intentando tener un bebé.

Los ojos azules de Annie se abren como platos, al igual que sus labios; y poco falta para que el pedazo de pan que acababa de morder, se le salga de la boca.

- ¡¿Qué?!

- Sí, él y yo llevamos varias semanas haciendo el amor sin cuidarnos. De hecho, empezamos el mismo día que ocurrió aquel incidente en el lago.

- ¡Oh, por Dios! ¿Y cómo fue que llegaron a ese acuerdo? ¿Él te lo pidió? ¿O tú lo decidiste?

- No.

- ¿No qué?

- No lo planeamos, solamente dejamos de protegernos.

- ¿Y tú estás segura de querer dar ese gran paso?

- Sí – Contesto, aunque en el fondo no estoy muy segura de esa aseveración.

- Candy, un bebé es una gran responsabilidad y no es que quiera matar tus ilusiones, pero Terry aún necesita ese trasplante de corazón.

- Lo sé, pero él lo desea tanto y en el fondo, creo que yo también lo deseo.

- Pues si están pensando en formar una familia, con más razón deberían pensar en casarse. ¿Te has puesto a pensar en lo que podría pasar si el falleciera? ¿En qué lugar quedarías tú? ¿En qué lugar quedaría tu hijo dentro de esa familia tan rara?

- La verdad es que después de que Terry me confesara lo que su padre piensa de mí, no he querido insistirle al respecto. Lo que menos quiero, es que mi novio también piense que quiero casarme con él por interés.

- Insisto en que deberían hablarlo, no por ti, si no por ese bebé que podría estarse cocinando en este preciso instante dentro de tu cuerpo... - Me dice, señalando mi vientre – Candy, cuidar un bebé no es tarea fácil, si yo, que tuve todo el apoyo de Archie, llegué a sentir que me volvía loca… No quiero si quiera imaginar lo que tienen que sufrir las mujeres que lo hacen solas.

- Sí, tienes razón. Creo que hablaré con él esta misma noche.

- Oye, ¿y no has sentido ascos? ¿Cansancio? ¿Antojos?

- No todavía...

- Ay amiga, aunque no me agradan mucho las circunstancias de tu embarazo… Muero por verte con tu panzota de embarazada.

- Lo mismo me dijo Terry – Le respondo con una enorme sonrisa pintada en los labios, mientras me viene a la mente la imagen de mi novio.

- Cambiando de tema, ¿qué vas a hacer mañana?

- No lo sé, lo más seguro es que nos quedemos en casa.

- Pensé que irías con tus papás...

- Sabes que no me gusta ir en Noche Buena y mucho menos me gusta pasar la Navidad en su casa... Estas fechas me traen muy malos recuerdos y además, no deseo tener otro enfrentamiento con Tom. Por esa razón, decidimos que íbamos a celebrar el Año Nuevo con mis padres, aprovechando que mi hermano no va a estar presente.

- Nosotros también vamos a celebrar el año nuevo con mis papás, igual y paso a saludar a los tuyos, hace años que no los veo...

- Desconsiderada, después de que ellos casi te adoptaron como su nuera - Bromeo.

- Qué chistosita te has vuelto, Candice White - Me dice, cruzándose de brazos - Oye, ¿y por qué no celebras la Noche Buena en mi casa?

- Sí, es una magnífica idea. Lo voy a consultar con Terry y te aviso.

Ella suelta una fuerte carcajada, sin dejar de observarme con incredulidad - ¿Candy, te estás escuchando?.. "Lo voy a consultar con Terry y te aviso" - Me imita, burlándose de mí - Definitivamente te hemos perdido, amiga.

El mesero vuelve a hacer su aparición, cargando una charola con nuestros platillos e impidiendo que pueda contestarle a Annie como se merece.

Durante los siguientes 90 minutos, ambas nos ponemos al día de nuestras vidas, hasta que una llamada de Archie nos indica que ya es hora de despedirnos. Una vez que entro a mi departamento, descubro a mi novio recostado en el sillón, tomando una siesta; pero él se despierta al escuchar que la puerta se cierra y se levanta rápidamente para recibirme con una enorme sonrisa.

Lo primero que noto al verlo, es que su rostro luce bastante pálido.

- Que bueno que llegaste, te extrañé – Me dice, soltando un largo bostezo y tallándose los ojos.

- Yo también. ¿Quieres salir a dar una vuelta?

- Preferiría quedarme aquí, no me siento muy bien; de hecho me siento exhausto, como si no hubiera dormido nada.

- ¿Quieres que te lleve al hospital?

- No, no es la primera vez que me pasa. Estoy seguro que en unas horas me voy a sentir mejor, solo necesito descansar.

Yo me acerco a mi novio y me acomodo entre sus piernas, al tiempo que él me rodea con sus brazos y noto que un sonido raro, procedente de su pecho, se hace presente cada vez que respira.

- ¿Estás seguro que no quieres que te revisen? – Insisto.

- No, estoy bien… Voy al baño, enseguida regreso.

Terry se levanta del sillón y luego de dar un par de pasos, se lleva su mano al pecho y comienza a trastabillar por la estancia, hasta que logra sujetarse de una de las paredes.

- Candy llama a... - Él no puede terminar la oración, porque su cuerpo se desploma, quedando tendido sobre el suelo.

- ¡Terry! - Exclamo, mientras un pánico indescriptible me invade por completo y rápidamente saco mi celular para marcar el número de emergencias; tarea que me resulta sumamente difícil, ya que mis manos no dejan de temblar.

Intento acercarme a mi novio, pero el simple hecho de pensar que pudiera estar muerto, hace que me quedé inmóvil, como si fuera una estatua. Cuando por fin me armo de valor, tomo su muñeca en busca de su pulso, el cual, gracias a Dios, aun puedo sentir.

El tiempo empieza a transcurrir lentamente y durante los minutos que tarda en llegar la ambulancia, solo soy consciente del frío que se han apoderado de todo mi cuerpo y de las lágrimas calientes que no dejan de caer sobre mis mejillas.

Los paramédicos llegan al departamento más rápido de lo que pensé y una vez dentro, comienzan a bombardearme con decenas de preguntas que no soy capaz de contestar, ya que me encuentro en completo estado de shock. Fugaces flashazos de realidad llegan a mi cabeza durante el trayecto al hospital y a pesar de que hay muchas voces hablando alrededor, no puedo distinguir nada de lo que dicen. De la nada, una de las voces logra llegar hasta mis oídos.

- Su pulso está bajando, tenemos que estabilizarlo.

- Ya casi llegamos al hospital - Dice otro de los presentes - Resiste amigo.

- "¿Resiste amigo?" - Cuando por fin logro procesar esas dos simples palabras, ellos ya están bajando la camilla de la ambulancia, para llevarla lo más rápido posible a la sala de urgencias. Mientras tanto, yo me quedo parada en la entrada del hospital, hecha un mar de confusión, de llanto y de incertidumbre.

- Candy - Murmura una voz a mis espaldas y cuando volteo, veo a Annie a unos cuantos pasos de distancia

Intento hablar, pero lo único que sale de mi boca es un fuerte chillido, acompañado de interminables sollozos.

- Tranquila preciosa, todo va a estar bien - Me dice, abrazándome con todas sus fuerzas.

- Señora, necesitamos que nos llene unas formas de ingreso - Me dice una voz masculina; pero yo rechazo su petición, negando con la cabeza.

- Yo lo haré, solo denos un par de minutos, por favor – Contesta ella.

- Está bien.

Desahogo toda mi tristeza y mi frustración sobre el hombro de Annie, al tiempo que ella acaricia mi cabello en repetidas ocasiones. Cuando siento que me he liberado de todos esos sentimientos que me estaban oprimiendo el pecho, me separo lentamente de mi amiga.

- ¿Cómo fue que llegaste aquí? - Le preguntó, tratando de darle una explicación a su oportuna aparición.

- Tú me llamaste - Me responde, sin poder ocultar su desconcierto.

- ¿Yo? Yo no... No lo recuerdo - Contesto, dejando escapar un largo suspiro - De hecho, apenas y recuerdo cómo fue que llegué hasta aquí.

- No importa... Ven, vamos a recepción para llenar esas formas de ingreso.

- Sí, vamos.

Las siguientes tres horas las pasamos en la sala de espera, aguardando alguna noticia de Terry; y por más que yo trato de sacarles información a todos mis conocidos, nadie es capaz de decirme algo sobre su estado de salud y yo siento como la desesperación me está matando lentamente.

- Familiares del Sr. Grandchester - Vocea un médico que nunca antes había visto y yo me acerco rápidamente a él, ansiosa.

- Yo soy su familiar... - Le respondo.

- ¿Cuál es el parentesco que tiene con él?

- Soy su prometida.

- Bien, por el momento, el señor Grandchester está estable...

- ¿Puedo pasar a verlo?

- No. Él tuvo un paro cardíaco al entrar a urgencias y fue un verdadero milagro que hayamos podido reanimarlo. Además, sufrió una contusión cerebral debido al golpe que recibió en la cabeza. Es por eso que lo mantendremos en la sala de cuidados intensivos hasta el día de mañana y dependiendo de su evolución, lo pasaremos a cuidados Intermedios o lo trasladaremos a piso.

Creo que mi angustia no pasa desapercibida para el médico, porque rápidamente pone su mano sobre mi hombro, dándole un suave apretón.

- No se preocupe, él va a estar bien. Nosotros la mantendremos informada sobre su estado de salud.

- Gracias.

Una vez que él se retira, Annie vuelve a abrazarme.

- Tal vez deberías avisarle a su familia.

- Sí, creo que tienes razón.

Saco el celular de mi bolso y le marco al señor Miller para que él se encargue de contactar a los padres de Terry. Una hora después, lo veo llegar al hospital.

- ¿Cómo se encuentra Terrence? – Me pregunta, visiblemente preocupado.

- Estable…

- ¿Qué fue lo que sucedió?

- Él se levantó para ir al baño y de repente se desmayó – Contesto, sin poder evitar que las lágrimas vuelvan a salir de mis ojos - Dicen que tuvo un paro cardiaco… Él…. Él pudo haber muerto.

- Srita. White, Terrence es un guerrero; además, tiene un gran motivo para seguir viviendo – Me dice, dándome un par de palmadas en la espalda - Por cierto, no pude contactar a al Sr. Grandchester, pero la Sra. Baker tratará de llegar hoy mismo a Chicago.

- Muchas gracias.

Las siguientes horas las paso sentada en esas duras bancas de hospital, esperando el momento en que se me permita pasar a ver a mi novio. Annie se va a su casa cerca de las diez de la noche y solo nos quedamos el Sr. Miller y yo, aguardando pacientemente los esporádicos informes que nos da el doctor.

A las 7 de la mañana hace su aparición la Sra. Baker y luego de mucho insistir, me convence de irme a dormir unas horas, con la promesa de que me mantendrá informada de todo lo que pase con Terry. Cuando llego a mi departamento, me tiro sobre la cama, quedándome dormida instantáneamente y en uno de los muchos sueños que tengo, puedo verme a mí misma, nueve años atrás, en el mismo fatídico día en que murió mi hermana.

Una enorme ansiedad me consume cuando me veo subiendo las escaleras rumbo a mi cuarto, para ir a contarle a Susana que mis padres le habían regalado ese vestido azul que tanto le había gustado; y yo trato de advertirle a la Candy adolescente que se apresure a llegar, que la detenga; pero por más que grito, ella no me escucha.

Observo como ella se introduce en el cuarto y toca un par de veces la puerta del baño; pero al no escuchar respuesta, irrumpe en el cuarto y se queda completamente petrificada, observando la escena que se presenta frente a sus ojos. A pesar de mi resistencia, una fuerza invisible me acerca hasta ese lugar y una vez más vuelvo a revivir el dolor que me dio encontrar a Susy tirada en el piso, con las muñecas ensangrentadas.

En el preciso instante en que intento alejarme de ahí, veo que una lágrima resbala por la mejilla de mi hermana y descubro que ella sigue viva. Mi cerebro intenta procesar todo lo que estoy presenciando, pero los desgarradores gritos de mi yo adolescente, suplicando la ayuda de Tom, me desconcentran y puedo ver como ella se acerca rápidamente al cuerpo de Susana, tratando de socorrerla.

- Perdóname Candy, ya no quiero seguir sufriendo; por favor, déjame morir – Murmura mi hermana, apretando una de sus manos.

Después de eso, todo se vuelve confuso y yo siento como si la habitación estuviera dando vueltas rápidamente, hasta que la voz de mi hermano hace que todo se detenga de golpe - Candy… ¿Qué estás haciendo? – Me cuestiona y el remolino vuelve a iniciar su marcha, con mucha más fuerza.

Me despierto bastante confundida, tratando desesperádamente de separar la fantasía de la realidad y no puedo evitar preguntarme qué tan verídico habrá sido ese sueño. A veces tengo la sensación de que mi mente borró por completo todo lo que sucedió durante esos minutos; de hecho, es como si existiera una enorme laguna dentro de mi cabeza, que no me permite recordar nada.

Mi celular vibra y al observar la pantalla, descubro que ya casi son las tres de la tarde. Es inevitable que una maldición se escape de mi boca, ya que tenía la intención de regresar antes del mediodía al hospital. Checo el último mensaje que llegó a mi teléfono, el cual proviene de un número desconocido, solo para descubrir que se trata de mi futura suegra.

- Hola Candice, solo quería informarte que mi hijo ya fue trasladado a una habitación; al parecer ya está completamente fuera de peligro y en unas horas más nos van a permitir verlo. Voy a ir a la casa a cambiarme y a descansar un poco, Leonard se va a quedar al pendiente de él.

Esa noticia me llena de emoción y en lo único que puedo pensar, es en las enormes ganas que tengo de ver a Terry, así que me doy una ducha rápida y vuelvo al hospital lo más rápido posible. Al llegar, no logro ver a nadie en la sala de espera, por lo que me acerco a recepción para pedir informes de mi novio. La señorita encargada me manda al cuarto piso y cuando llego ahí, me dicen que el señor Miller acaba de entrar a la habitación y que tendré que esperar a que él salga para que yo pueda pasar.

Mientras espero en el corredor, veo pasar al doctor Anderson, quien rápidamente se acerca a saludarme.

- ¿Cómo está Terry? – Le pregunto.

- Estable… por el momento.

- ¿Qué quiere decir con eso?

- Que usted tiene que ser muy fuerte y prepararse para lo que pueda pasar, porque esas crisis van a ser cada vez más frecuentes.

Yo me encojo de hombros, deseando no haber realizado esa pregunta.

- No se desanime, Candy. La fe mueve montañas.

Yo le muestro una tímida sonrisa, al mismo tiempo que intento controlar las enormes ganas que tengo de llorar – Si, la esperanza es lo último que muere – Le respondo, sorprendiéndome de lo falsas que se escucharon mis palabras.

- ¿Pidió el día de hoy? – Me cuestiona, en un claro intento por desviar la conversación.

- Sí, no pude pegar el ojo en toda la noche y lo cierto es que no tenía cabeza para atender a nadie.

Sus ojos color aceituna se fijan en mi rostro, analizándolo.

- ¿Sabe? No debería decirte esto, pero… - El voltea a ver a todas direcciones, para cerciorarse de que no haya nadie más cerca de nosotros - Hace un par de semanas llegó un paciente a terapia intensiva, le dispararon en la cabeza y es muy probable que su cerebro nunca se recupere de ese trauma. Por el momento lo tienen conectado a un respirador y solo están esperando la autorización de los familiares para poder desconectarlo.

Yo lo observo tratando de deducir qué es lo que intenta decirme.

- Srita. White, ese hombre tiene el mismo tipo de sangre que el señor Grandchester.

Me llevo las manos a la boca, tratando de contener el grito de emoción que amenaza con salir de mi garganta.

- El único problema es que su familia pertenece a una de esas religiones muy escrupulosas y ellos no están a favor de la donación de órganos. Pero estamos intentando convencerlos para que nos den su autorización cuando llegue el momento.

- ¡Oh, por Dios! No sabe lo feliz que me ha hecho con esta noticia – Le digo y le doy un fuerte abrazo. Justo en ese preciso instante, la puerta de una de las habitaciones se abre y puedo sentir la mirada penetrante de mi novio sobre mí.

- Que bueno que ya está aquí, Srita, White. Terrence tenía muchas ganas de verla – Me dice el Sr. Miller, al mismo tiempo que sale del cuarto – Voy a ir a descansar un poco, regreso por la noche.

- Sí, claro. No se preocupe, yo no pienso despegarme de aquí ni un solo segundo.

Me despido rápidamente del Dr. Anderson para entrar a la habitación y antes de hacerlo, él me advierte que mantenga nuestra conversación en secreto. Cuando estoy dentro, le muestro una enorme sonrisa a mi novio.

- Guapo, no sabes las ganas que tenía de….

- No sabía que ustedes dos fueran tan amigos – Interrumpe Terry y puedo sentir una enorme tensión de su parte.

- Somos compañeros y nos llevamos bien – Respondo, acercándome a la camilla.

- ¿Por eso se estaban abrazando?

-Él me dio una buena noticia, eso es todo.

- ¿Qué noticia?

- No puedo decirte. Pero es algo muy, muy bueno.

Trato de no darle importancia a ese asunto, ya que lo que menos deseo es ponerme a pelear con mi novio, en estas circunstancias - ¿Cómo te sientes?

Yo me acerco a él con la intención de darle un beso en los labios, pero él voltea su rostro.

- Bien – Me contesta, de forma seca.

- Estaba muy preocupada por ti… - Intento aproximar mi mano a su cabeza para acariciar sus cabellos castaños, pero él la aparta de un manotazo.

- Sí, se nota.

Su actitud agresiva me mata y esas malditas ganas de llorar vuelven a mí con más fuerza.

- Creo que lo mejor será que regrese al rato, cuando estés de mejor humor – Le digo, tratando de que mi voz no se quiebre y girando mi rostro para ocultar esa lágrima rebelde que resbala por mi mejilla; pero justo cuando estoy por llegar a la salida, un sollozo traicionero se escapa de mi garganta, delatándome.

A pesar de que escucho que Terry pronuncia mi nombre un par de veces, yo me apresuro a salir, cerrando la puerta detrás de mí. Una vez afuera, solo soy capaz de dar un par de pasos, ya que las lágrimas nublan mi vista, impidiéndome ver por dónde voy; así que me recargo sobre la pared, intentando contener todo este remolino de sentimientos que tengo en mi interior.

- ¿Candice? ¿Te sucede algo?

Al enfocar la mirada, me doy cuenta de que se trata de la Sra. Baker y es inevitable que mi cerebro suelte un par de maldiciones, ya que lo único que me faltaba para hacer mi día más miserable, es que ella me viera en esta penosa situación.

- No, estoy bien – Le respondo, secándome las lágrimas.

Intento dar un paso hacia adelante, pero la fuerza de mis piernas me abandona de improvisto y si no es porque mi futura suegra me toma del brazo, lo más seguro es que mi rostro estaría estampado en el piso.

- ¿Has comido algo el día de hoy? – Me pregunta y al procesar mi respuesta, reparo en que no he probado bocado desde ayer.

- No… nada.

- ¡Santo Dios, niña! ¿Pero cómo se te ocurre? Te vas a enfermar… Ven, vamos a la cafetería para que comas algo - Y sin darme tiempo a nada, comienza a jalarme hacia el ascensor.

Mientras mastico mi sándwich de pechuga de pavo, la señora Baker no deja de mirarme insistentemente y justo cuando pienso que no puedo sentirme más incómoda, ella empieza a hablar.

- Candice, sé que este no es el mejor momento para hacerte esta pregunta, pero no puedo irme de aquí sin hacerla.

- Adelante.

- ¿Estás segura de querer hacer eso?

- No la entiendo.

- Candice, no nos hagamos tontas, sabes bien cuál es la condición de mi hijo y sabes bien cuáles son sus posibilidades de vivir…

Al decir esas últimas palabras, su voz se quiebra y sus ojos se llenan de lágrimas; y ella se queda en silencio un par de segundos, tratando de recobrar la compostura.

- Candice, eres una mujer muy joven y muy hermosa, ¿estás segura de querer unir tu vida a la de mi hijo? El mismo doctor me lo dijo hace un rato, esto es solo el inicio… Sus crisis serán mucho más fuertes y más seguidas, hasta que llegue el momento en que su corazón ya no se recupere. ¿De verdad quieres pasar por todo esto?

- Sí – Le respondo, sin titubear – Le voy a decir lo mismo que le dije a su hijo hace un mes: Así sean unos meses o toda la eternidad, yo quiero estar siempre junto a él, porque lo amo.

Las dos nos quedamos en silencio por varios minutos, en los que ella sigue escrutando mi rostro minuciosamente.

- Salgo en el vuelo de las 11 de la noche, no puedo quedarme más tiempo porque estoy en medio de una gira. Me voy tranquila porque sé que tú cuidarás bien de mi hijo - Me dice levantándose de su asiento – Voy a despedirme de él.

Ella da unos cuantos pasos y luego se gira hacia mí.

- Por cierto Candice, Terry tiene razón en decir que eres como un libro abierto. Realmente eres incapaz de mentir.

Asombrada por sus palabras, le dedico una tímida sonrisa, antes de que ella siga su camino.

Paso las siguientes horas viendo la televisión en la cafetería, y es que el miedo de volver a la habitación de mi novio y que él vuelva a tratarme de la manera en que lo hizo hace un rato, evita que mis piernas deseen moverse de ahí. Cerca de las 10:30, recibo un mensaje de mi madre, deseándome una feliz navidad, en el cual anexa una foto de toda la familia sentada alrededor de la mesa; y no puedo evitar sentirme triste al pensar que voy a pasar la Noche Buena en una fría sala de hospital.

Unos minutos después hace su aparición el señor Miller, cargando dos vasos de café y se sienta frente a mí, ofreciéndome uno de ellos.

- Terrence ya se quedó dormido, él estuvo preguntando por usted.

- Que raro, cuando fui a verlo no parecía querer verme.

- Compréndalo, después de todo lo que le ha pasado, le cuesta trabajo confiar en la gente. Pero él la ama, realmente la ama.

Yo me encojo de hombros y me quedo observando el vapor que sale de mi vaso, preguntándome a mí misma si de verdad quiero hacer esto. Luego de algunos minutos, me levanto de mi asiento.

- Con su permiso, voy a ir a ver a Terry… Yo quiero estar a su lado.

- Estoy seguro que él se pondrá muy feliz cuando la vea… - Me dice, sonriendo - Por cierto, ¡Feliz Navidad, Srita White!

- Gracias, igualmente.

Cuando entro a la habitación, encuentro a mi novio despierto, observando la ventana.

- Perdóname – Murmura, al darse cuenta que soy yo.

- No tiene importancia – Le contesto, acercándome a él y dándole un beso en los labios, haciendo que él suelte un largo suspiro.

- Está nevando – Me dice, señalando al exterior.

- Sí, ya casi es Navidad.

- No sé por qué, pero siempre que planeo algo para ti, todo me sale mal…

- ¿Por qué lo dices? – Le pregunto, acomodando su almohada.

- Porque había organizado una maravillosa cena para los dos y deseaba darte una gran sorpresa esta noche.

- ¿Ah, sí? ¿Y cuál era esa maravillosa sorpresa?

Sus ojos cargados de melancolía me miran fijamente, haciendo que se forme un enorme nudo en mi garganta.

- ¿Qué pasa Terry?

- Candy, cásate conmigo… - Me pide, sacando una pequeña cajita de entre las sábanas y abriéndola ante mí, mostrándome un hermoso anillo de compromiso.

Yo me quedo en completo shock y es que de todas las formas románticas en que hubiera imaginado que podrían pedirme matrimonio, esta es en la que menos hubiera pensado. Cuando logro recobrar la compostura, una risa nerviosa sale de mi garganta.

- Vaya Terry, tú sí que sabes proponer matrimonio de forma original.

Mi novio comienza a reír estrepitosamente y yo río con él.

- No quiero arriesgarme a que ocurra otra desgracia – Me dice, sonriéndome de forma muy dulce.

- Terry…

- ¿Qué dices, pecas? ¿Quieres ser mi esposa?

- Sí, sí quiero.

Él toma mi mano y desliza tiernamente el anillo a través de mi dedo. Yo no soy capaz de controlar las ganas que tengo de abrazarlo con todas mis fuerzas, y lo hago, depositando decenas de besos sobre sus labios.

- Feliz navidad, pecas… Te amo.

- Feliz navidad amor – Le respondo, sosteniendo su mano, mientras ambos contemplamos la nieve caer.


Perdón por no haber puesto los comentarios hace rato, pero estaba con el tiempo contado.

Aquí anexo la primera ronda que puse en la sección de reviews, más los que se acumularon en el transcurso de la semana.

* Gladys: Me alegra que te haya gustado el capítulo, a mí también se me arrugó el corazón mientras lo escribía y hasta me pregunté si no se me habían pasado las cucharadas de drama :3

* Dulce Graham: Pues sí, ambos la tienen difícil por donde la vean, pero creo que solo así demostrarán que su amor es verdadero.

*AnneNov: Muchas Gracias :)

* Yessy: Así es, a veces actuamos inconscientemente y lastimamos a las personas que más nos importan. Y efectivamente, ellos les demostrarán a todos que su amor es mucho más grande que todos sus prejuicios.

* Guest: Así es, de aquí en adelante viene lo mero bueno, jajaja. Gracias, bendiciones también para ti.

* Guest: Prometo darle más momentos de felicidad al castaño y bueno... y lo único que diré es que sí, si se van a casar.

* Claus Mart: Sí, perdón, sé que para ser su primera aparición, la hice un poco insoportable, pero no es una mala persona, jajaja...Ya después la van a querer :)

* Ely: Prometo darles una tregua a esos dos, para que puedan vivir su amor aunque sea unos meses. Sé que el papá de Terry les cae como patada de mula en el estómago, pero lo único que les puedo decir, es que no es tan malo como parece. (Bueno, por el momento odienlo, ya después me entenderán)

* Yeshua: Que bueno que no les haya molestado la extensión del capítulo. Y muchas gracias por el cumplido. Saludos :D

* CandyNochipa2003: Creo que a veces me meto muy a fondo con la historia y como le decía a Gladys, yo también sentí feo cuando lo escribí y cuando leí el capítulo completo. Tuve miedo de haberme excedido, pero Monse me dijo que estaba bien de drama y me tranquilicé. Por cierto, a los dos les va a valer cacahuate lo que opinen los demás...

* Guest: Muchas gracias.

* Kamanance: Gracias, intentaré excederme de vez en cuando con el tamaño de los capítulos.
Es cierto que va a sufrir, pero al menos el próximo capítulo será feliz como lombriz.

* FlorMares: Muchas gracias, cuando comencé a escribir la historia, estaba algo dudosa, ya que no sabía si la iban a aceptar, sobre todo porque muchos capítulos (sobre todo los que vienen adelante) son bastante crudos.
Claro que no me aburres con tu historia, creo que muchas veces pasa eso (y no solo con los padres, a veces también con los hermanos, o hasta con nuestras parejas) Y como no sabemos comunicarnos adecuadamente, vamos generando frustraciones, resentimientos, etc.
Me alegra que la historia tenga otro fin, aparte de entretener.
Saludos.

* Briss White: Sí, es triste que aun tenga esos pensamientos suicidas rondando su cabeza.

* Guest: Muchas gracias, me alegra que no las haya fastidiado con mi capitulazo, jajaja.

* Guest: Muchas gracias a ti, por seguir mi historia y comentarla, saludos y muchas bendiciones también para ti.

* Anastasia Romanov: Lo único que te puedo decir, es que no estás tan errada en tus conclusiones -_-

Sí, lo sé, muchas veces la gente que tiene ese tipo de enfermedades crónicas, termina muriendo de cosas que nada tienen que ver con su enfermedad.

Yo soy la que tiene que agradecerte a ti, por leer y comentar mi historia. GRACIAS! Te mando un gran abrazo.

* ElydeReyes: Tienes razón, esas heridas son las que más tardan en sanar y a veces se necesita de mucho amor para hacerlo. Gracias, realmente no falta tanto para que termine la historia. Yo le calculo a lo mucho unos 7 capítulos más.

* Sofía Saldaa: Concuerdo contigo en que tal vez no fue la mejor manera de expresarse del padre de Terry, pero en el fondo el quiere lo mejor para su hijo (aunque no lo parezca)

Fue una verdadera suerte que Candy llegara para salvar a Terry y lo único que les queda, de ahora en adelante, es tratar de defender su amor a toda costa.

Saludos Sofi (Te diste cuenta que la hija de Candy y Terry se va a llamar como tu, obvi en versión gringa, jajaja) Ya te lo había dicho antes, pero te lo repito, gracias por seguir mi historia con tanta emoción. :)

*Claus: Muchas gracias, intentare hacerlos un poco más extensos cuando el tiempo me lo permita. Saludos de nuevo.

* Ceshire: Muchas gracias por tus comentarios. Obvio no me molesta que me hagas las observaciones de mis errores y te agradezco que me los hagas notar. Te soy sincera, estos días no he tenido mucho tiempo para sentarme a corregirlos, pero espero tomarme unos minutos durante el fin de semana para hacerlo con calma.

Jajaja, sí, creo que puse a una Eleanor muy perra, jajajaja, pero dirías tú, es un universo alterno y se vale.

Sobre el papá, tenía mis dudas acerca de ponerlo tan intransigente, ya que sabía que provocaría reacciones entre las lectoras (y así fue) Pero prometo que tengo una razón para que él se porte de esa forma (ya lo verán)

Lo de la parte que ella no lo detiene, tengo que confesar que alguna vez me la aplicaron a mí (cuando iba en la universidad) y creo que fue una forma de hacerme reaccionar sobre que la estaba cagando, jajaja. Por eso quise ponerla en ese capítulo.

Saludos Ceshire, una vez más, muchas gracias por tus comentario y espero que actualices pronto "Unbreak my heart" porque ya quiero leer la patiza que le pone Terry a Ethan, jajaja.

*Guests: No sé si sean una misma o cuatro diferentes, jajaja, pero bueno, había comentado que actualizaría a finales de semana y aquí estoy. Gracias por estar al pendiente de mi historia. Espero publicar a mediados de la semana siguiente.

Bueno ahora sí me despido, gracias por todos sus comentarios. Espero darme un tiempo mañana en la noche para contestar los que se acumulen del nuevo capítulo.

Les deseo una excelente noche y un maravilloso fin de semana.

Les mando un abrazo fuerte y afectuoso. Nos leemos pronto.