(16)
REENCUENTROS
- Sr. Grandchester, usted debe guardar reposo absoluto durante los siguientes cinco días, cero actividad física, nada de emociones fuertes... Nada de sexo salvaje - Bromea Frank, al mismo tiempo que nos lanza una mirada traviesa, para luego regresar su vista al escritorio y seguir haciendo anotaciones en la receta médica.
- No sé preocupe doctor, yo me encargaré de que Terry siga al pie de la letra TODAS sus indicaciones - Le respondo.
- Modifiqué la dosis de varios de sus medicamentos y añadí dos más a la lista, espero que eso sea suficiente para mantener el corazón del Sr. Grandchester funcionando al cien por ciento.
- Eso espero – Yo le muestro una sutil sonrisa a Frank, pero la mirada recelosa de mi novio me incita a dejar de sonreír.
- Sr. Grandchester, recuerde que debe llevar una dieta muy estricta, pero sobre todo debe evitar el consumo de alcohol, cigarro... Usted sabe, todas esas sustancias nocivas para su salud.
- Sí, ya lo sé… Me lo ha repetido infinidad de veces - Contesta Terry, evidenciando su fastidio.
- No olvide que sí siente algún malestar, por muy pequeño que sea, debe venir inmediatamente al hospital.
- Lo tendré presente...
- Roxy le agendará una cita para dentro de dos semanas; va a ser solo una revisión de rutina, solo para confirmar que todo marche bien – Le dice el doctor, entregándole la receta a mi novio, quien rápidamente la dobla a la mitad y la mete en el bolsillo de su camisa – Eso es todo de mi parte – Finaliza, mostrándonos una amable sonrisa.
- Dr. Anderson, me gustaría saber si tengo permitido asistir a la cena de Año Nuevo en casa de mis suegros, o tengo que quedarme enclaustrado en mi casa – Le pregunta mi novio, de forma sarcástica.
- Pues al menos que tenga pensado bailar "break dance" después de la cena, no encuentro ningún impedimento para que vaya.
Es inevitable que se me escape una pequeña risa al escuchar la respuesta del doctor y no pasa mucho tiempo antes de que los ojos de Terry se claven en mi rostro como si fueran estacas. Luego de algunos segundos en completo silencio, mi novio y yo nos levantamos de nuestros asientos y salimos del consultorio.
- Fuiste muy descortés con él – Le reclamo, una vez que estamos en el pasillo.
- Se lo merece, por andar de encimoso con mi futura esposa.
- No digas tonterías.
- No son tonterías, no creas que no me he dado cuenta de la forma en que ese sujeto te mira.
- Terry, ¡estás alucinando!… Él y yo solo somos buenos compañeros, ¿acaso no confías en mí?
- Sí, pero no confío en las sucias intenciones de los hombres que están a tu alrededor – Me responde, tomándome entre sus brazos y acercándose a mi rostro para darme un beso, el cual yo rechazo enseguida.
- Entonces no confías en mí, porque si lo hicieras, sabrías que yo jamás, escúchalo bien, JAMÁS te engañaría con otro.
- Mejor cambiemos de tema, no quiero discutir contigo por culpa de ese doctor.
- Pues "ese doctor" como tú lo llamas, ha trabajado muy cerca de mí durante todo este tiempo y nunca se ha atrevido a faltarme al respeto. Además, te recuerdo que es él quien te ha salvado la vida en más de una ocasión.
Él lanza un largo y ronco gruñido de inconformidad que yo finjo no escuchar y ninguno de los dos dice palabra alguna durante el tiempo que tarda el ascensor en llegar a la planta baja.
- El señor Miller ya nos está esperando en tu casa – Le digo, cuando se abren las puertas.
- Nuestra casa, pecas.
- Sí, es cierto – Le respondo, encogiéndome de hombros y es que aún no logro hacerme a la idea de que ese será nuestro futuro hogar.
Si lo pienso detenidamente, creo que esa resistencia se debe a que las pocas noches que he pasado en su casa, he terminado muy fastidiada. Y es que el hecho de estar en un lugar tan grande, rodeada de personas completamente ajenas a mí, me hace sentir muy incómoda.
También podría deberse a que prefiero la privacidad que Terry y yo tenemos en nuestro departamento, donde podemos pasearnos en cueros por toda la sala, sin preocuparnos de que alguno de los empleados pueda vernos el trasero y donde podemos hacer el amor de forma escandalosa, sin temor de que el mayordomo y la mucama nos puedan escuchar. Pero sobre todo, donde podemos ser un par de locos disfrutando de su amor, sin que nadie nos juzgue.
El último, pero no menos importante, motivo por el cual no me veo viviendo en esa casa, se debe a que Terry vivió y durmió ahí con su ex esposa. Y siendo yo la mujercita insegura que a veces soy, muero de celos al imaginar que ellos hicieron el amor como changos en esas camas.
- ¿En qué piensas? – Indaga Terry, al darse cuenta que tengo la cabeza en la luna.
- En cosas del hospital, nada importante.
- Mmmm… ¿Estás segura?
- Sí, estoy segura.
Su mirada me confirma que no me creyó nada, pero esta vez no hace el esfuerzo de averiguar más al respecto; así que ambos seguimos nuestro camino hacia el estacionamiento sin dirigirnos la palabra.
Por la noche me la pasó dando vueltas en la cama, tratando de asimilar la magnitud del paso que estoy a punto de dar, y es que si todo sale como lo hemos planeado, en un mes seré oficialmente la Sra. Grandchester.
Yo traté de ser muy clara con Terry al decirle que no deseaba una boda pomposa, ya que para mí lo único realmente importante es unir mi vida a la suya. Por lo mismo, he decidido que ese día solamente me acompañaran las personas que más quiero en este mundo, que son mi familia y mi mejor amiga.
Ahora que lo pienso, tengo que empezar a buscar mi ajuar de novia; casi puedo apostar que Annie se ofrecerá a acompañarme a recorrer todas las tiendas de la ciudad en busca del vestido perfecto, claro, después de brincar y gritar de emoción al enterarse de la noticia de mi boda.
Una sonrisa se dibuja en mi rostro al imaginarme la escena completa y justo cuando mi mente empieza a fantasear con el vestido ideal, vuelve a mi cabeza el tema de la casa y casi por inercia comienzo a observar detenidamente cada rincón de la habitación, solo para convencerme, una vez más, de lo mucho que aborrezco este lugar.
Un fuerte ardor en el esófago, producto de las malditas agruras que siguen molestándome – Y que ya empiezan a preocuparme - Me ataca de repente, interrumpiendo de tajo mis pensamientos. Yo me volteo boca abajo en un intento por apaciguar ese espantoso malestar y en el instante en que intento retomar mis cavilaciones, escucho la voz aguardentosa de mi novio, quien acaba de despertarse.
- Ya duérmete pecas - Balbucea, abrazándome y besando mi hombro.
- ¿Te desperté?
- Sí, te mueves mucho, pareces una lombriz.
- Perdóname - Le digo, girándome hacia él y besándolo en la boca.
- ¿En qué estabas pensando?
- En cosas sin importancia.
- Candy… ¿Por qué no me tienes confianza?
- Está bien, estaba pensando en lo mucho que me desagrada dormir en tu casa – Le respondo, para no generar otra tonta discusión.
- ¿Entonces por qué aceptaste que nos quedáramos aquí?
- Porque el señor Miller fue muy insistente al respecto y creo que en el fondo tiene razón; en esta casa hay mucha gente que puede cuidarte mientras yo estoy trabajando.
- Eso se puede solucionar contratando a una enfermera.
- Sí, pero tu casa está mucho más cerca del hospital que mi departamento y en una emergencia, esos minutos pueden hacer una gran diferencia.
- Bueno, entonces no te quejes... Además, solo será por un mes, en lo que autorizan tus vacaciones.
- Yo no me estoy quejando, tú me preguntaste, que es muy diferente... – Le contesto, sin ocultar mi enfado.
- Uy... ¿comiste gallo o qué demonios te sucede?... Últimamente estás demasiado susceptible.
- Ash… Olvídalo
Yo me giro de nuevo dándole la espalda y haciéndole ver lo mucho que me molestó su comentario; pero aunque odie darle la razón a mi novio, tengo que aceptar que no está del todo equivocado, y es que en los últimos días mi humor ha estado bastante descontrolado. Como claro ejemplo está la noche de ayer, cuando me puse a llorar como vil Magdalena mientras veía "Dulce Noviembre" en la televisión; aunque yo le atribuí mi ataque de sentimentalismo a la temática de la historia.
- No te enojes pecas, no me gusta verte así - Me dice Terry, mientras frota su nariz en mi cuello.
- No estoy enojada - Miento.
- Nos quedaremos en donde tú quieras.
- Tu casa está bien; de cualquier forma tengo que irme acostumbrando a este lugar, ya que desde ayer me dejaste muy claro que nos mudaremos a esta casa cuando nos casemos.
- ¿Ese es el problema?
- No...
- ¡Candy!...
- La verdad es que me gustaría que todo siguiera como antes...
- Pecas, tu departamento es muy pequeño... ¿Qué va a pasar cuando tengamos un hijo? ¿Vamos a dormir todos apretados en una misma recámara?
- No, pero no quiero que nuestra vida de casados transcurra en esa casa, donde tú ya viviste una historia de amor con alguien más...
El exhala un largo suspiro y después coloca su mano sobre mi cintura, acariciándola - Si eso es lo que te mortifica, venderé esta casa y buscaremos otra; una que cumpla con todas tus expectativas...
Es inevitable que una enorme sonrisa se dibuje en mis labios al escuchar esa respuesta, la cual me lleva a voltearme y darle decenas de besos en todo su rostro.
- Cambiando de tema, no olvides confirmarle a tu mamá nuestra asistencia a la cena de Año Nuevo; quiero aprovechar ese momento para pedirles formalmente tu mano.
- No sé si sea buena idea.
- ¿Por qué?
- Porque no estoy segura de que vayan a aceptarte.
- Pues a excepción de tu hermano, tuve la impresión de que le caí muy bien a todos.
- Sí, pero una cosa es que te presente como mi novio y otra muy diferente que les diga que voy a casarme contigo y que ya estamos intentando tener un bebé. Después de todo son mis padres y ellos solo quieren lo mejor para mí.
- ¿Insinúas que yo no soy lo mejor para ti? - Me pregunta, tratando de ocultar lo mucho que le duelen mis palabras.
- Terry, tu eres lo mejor que pudo pasarme en la vida; pero no estoy segura de que mis padres opinen lo mismo que yo.
- ¿Entonces qué propones? ¿Que nos casemos sin decirles nada?
- No, solo quiero que esperemos un poco más; quiero darles tiempo suficiente para asimilar la noticia.
- Candy, da igual si se los décimos ahora o dentro de un mes. Créeme, su reacción va a ser la misma, no importa cuánto tiempo dejemos pasar.
Yo me quedo meditando en las palabras de mi novio y termino por convencerme de que tiene razón.
- Sí, es verdad. Hagámoslo de una vez por todas y que sea lo que Dios quiera.
- Todo va a salir bien, pecas. Ya verás.
Terry me da un tierno beso en los labios y luego me acerca a su cuerpo para abrazarme. Después de varios minutos en silencio, él musita unas cuantas palabras incomprensibles antes de cerrar los ojos, y se queda dormido casi instantáneamente. Mientras tanto, yo me hago el firme propósito de dejar de pensar tonterías e intento dormirme de una vez por todas.
En la mañana, la mucama se encarga de llevarnos el desayuno a la habitación y en lo que termino de arreglarme para irme al trabajo, noto que Terry no ha tocado su pan tostado.
- ¿Te sientes mal? - Le pregunto, tratando de no hacer evidente mi preocupación.
- Amanecí con el estómago revuelto.
- ¿Crees que te haya caído mal la cena?
- No, yo creo que son los medicamentos nuevos; esas pastillas suelen tener efectos secundarios.
- Voy a tratar de escaparme un rato del trabajo para venir a almorzar contigo, espero que para entonces ya te sientas mejor.
- Me mandas un mensaje antes de venir; es muy probable que me duerma toda la mañana.
- Flojo...
- Recuerda que estoy en recuperación – Me dice, mostrándome una enorme sonrisa que yo le devuelvo con el mismo gesto.
- Ya me voy, nos vemos al rato.
- Cuídate mucho, pecas. Te amo.
Los dos nos despedimos con un beso y un par de minutos más tarde salgo de esa casa sintiéndome la peor de las novias; y es que odio tener que ir a trabajar dejando a Terry solo, sobre todo después del tremendo susto que me metió hace unos días. De haber sabido que él iba a sufrir esa recaída, le hubiera pedido a Kimberly que tomara sus vacaciones después que yo.
Durante todo el camino al hospital me la pasó pensando en todos los pendientes que tengo a lo largo del día y en la manera en cómo me tengo que organizar para acabarlos antes de las tres de la tarde. Justo cuando estoy por llegar a mi consultorio, escucho una voz bastante familiar detrás de mí.
- Hola hermosa...
Yo me volteó rápidamente, solo para comprobar que mis sospechas son ciertas.
- ¿Qué haces aquí? – Le pregunto al rubio que se encuentra a escasos dos metros de distancia, dejándole en claro lo mucho que me molesta volver a verlo.
- Te estaba esperando, necesitaba hablar contigo y decidí venir, ya que tú te niegas a contestar mis mensajes y mis llamadas.
- No tengo por qué contestarlos; por si no lo recuerdas, hace tiempo que nosotros terminamos.
Mientras expreso esas palabras, comienzo a examinar la apariencia mi ex novio, quien luce bastante desaliñado, demacrado, sin esa chispa que solía tener cuando estábamos juntos.
- Candy, te extraño demasiado... - Murmura, dando un paso hacia adelante.
- Pues lo siento, porque yo no te extraño para nada… - Le respondo, dando dos pasos hacia atrás.
- Preciosa, fueron tres maravillosos años juntos...
- Sí, en los que solo nos vimos una vez al mes, o dos, si tenía mucha suerte...
- Corazón, vamos a intentarlo de nuevo. Todo será como tú quieras, estoy dispuesto a mudarme a Chicago; es más, podemos poner un consultorio juntos y...
- Anthony, me voy a casar...
Su mirada se concentra rápidamente en mis manos, específicamente en el costoso anillo de compromiso que sobresale de mi dedo.
- Pero si no tiene ni tres meses que terminamos.
- Pues ya ves, así son las cosas, estoy enamorada y quiero unir mi vida a la de la persona que amo. Siento mucho que hayas tenido que hacer este viaje en vano.
- Vamos preciosa, no creo que me hayas olvidado en tan poco tiempo, ¿apoco no recuerdas lo bien que la pasábamos en tu departamento? – Me dice, acortando la distancia que nos separa y tomándome entre sus brazos.
- Suéltame Anthony, si no lo haces, te juro que voy a gritar.
- Solo quiero darte un último beso, bebé.
- ¿Estás borracho? – Le pregunto al percibir el aroma a alcohol que flota en el aire.
- Un poco, pero te juro que no bebí demasiado – Me responde cínicamente.
En el preciso instante en que él intenta unir sus labios a los míos, yo le propino un tremendo patadón en sus partes bajas - Peor que el que le di a Terry en aquella ocasión - que lo hace doblarse en dos, y yo aprovecho la oportunidad para entrar a mi consultorio, cerrando la puerta con llave.
Al mediodía me asomo por la puerta para cerciorarme de que Anthony no esté rondando por los pasillos y al ver que no hay moros en la costa, me escapo del hospital para ir a almorzar con Terry. Al llegar a la casa, comienzo a buscarlo como desesperada, pero no lo encuentro ni en la sala ni en el comedor, así que me dirijo a su recámara, sospechando que aún podría estar dormido.
Al acercarme a la puerta, escucho una voz femenina procedente del interior de la habitación y descubro que no soy la única que tuvo que hacer frente a su pasado el día de hoy.
- Terry, sé que me equivoqué, pero créeme que estoy muy arrepentida. Estaba asustada y tomé el camino fácil, perdóname.
- Pues lo siento mucho por ti, pero después de lo que hiciste ya no hay marcha atrás.
- Mi amor, fueron muchos años juntos, ¿ya no recuerdas lo felices que éramos? ¿Lo bien que la pasábamos?... Aún podemos recuperar todo este tiempo perdido.
- Ya te dije que no y por favor ya no insistas, que yo no pienso volver contigo así vengas suplicando de rodillas; vete de una maldita vez y deja de hacer el ridículo.
- ¿Por qué eres tan cruel conmigo? Yo te amo Terry, nunca dejé de amarte…
Los malditos celos se apoderan de mí y a pesar de que había optado por no intervenir en esa discusión, las ganas de desgreñar a la idiota rogona esa, me obligan a irrumpir sin permiso en la habitación.
- ¡Candy! - Exclama mi novio al verme entrar.
- Hola, yo... yo te estaba buscando para comer juntos, tal y como habíamos quedado en la mañana – Le respondo, tratando de mantener la compostura.
En el momento en que su ex esposa gira su rostro para verme, yo me quedo completamente petrificada; y es que la mujer que tengo enfrente de mí, es la misma que encontré en el departamento de Anthony cuando fui a Nueva York. Al parecer la sorpresa es mutua, ya que a ella casi se le salen los ojos de la impresión.
Ella intenta decir algo, pero solo salen frases entrecortadas de su boca, y luego de tartamudear en repetidas ocasiones, por fin consigue formular una oración.
- ¿Qué carajos haces tú aquí?
Cuando estoy a punto de responderle como se merece, mi novio me toma la delantera.
- ¿Ustedes dos se conocen?
- Sí. No - Respondemos al unísono, acrecentando la confusión de Terry.
- ¿Quién es ella? - Le pregunta su ex esposa, sin poder disimular el temblor de su voz.
- Karen, te presento a Candy, MI PROMETIDA.
- ¡¿Tú qué?!
El rostro de la tonta esa palidece instantáneamente y poco falta para que se caiga de nalgas en el suelo.
- …Mi prometida, ella y yo nos vamos a casar a finales del próximo mes.
- ¿Estás bromeando, verdad?
- En absoluto - Le responde Terry, alzando mi mano para darle un beso y restregándole mi anillo en su cara.
- Pero, pero...
- Como te podrás dar cuenta, tu presencia está de más en esta habitación; así que te pido de la manera más atenta que te largues de una jodida vez.
Al darse cuenta de que no va a conseguir lo que sea que haya venido a buscar en esta casa, ella se da la media vuelta y se marcha con la poca dignidad que aún le queda.
- Vaya que es pequeño el mundo – Me digo a mí misma, mientras la veo salir de la habitación.
- ¿Me vas a decir de dónde la conoces? – Resuena la grave voz de Terry atrás de mí.
- Ella…. Yo…
Obligo a mi cabeza a formular una mentira piadosa desesperadamente, pero tal parece que mi cerebro me ha abandonado en esta misión, porque por más que lo intento, no se me ocurre nada que decir.
- ¿Ella qué?
- Ella era la zorra asquerosa que se acostaba con mi ex novio en Nueva York y que te engañaba hasta el cansancio mientras tu recorrías el mundo, con la esperanza de encontrar un corazón que te permitiera seguir viviendo – Son las palabras que mis labios se mueren por decir, pero una voz en mi interior me dice que no es correcto expresarme de esa manera
- ¿Por qué deberías tener misericordia de ella? Si esa imbécil te restregó en la cara su enorme sonrisa de satisfacción, al darse cuenta que había logrado arruinar tu relación – Me dice una voz en mi cabeza y yo no puedo evitar reírme al darme cuenta de lo irónica que puede ser la vida.
- Candy, estoy esperando una respuesta – Insiste Terry y yo decido decirle la verdad.
- Ella… Ella era la mujer que estaba en el departamento de mi ex novio cuando fui a visitarlo a Nueva York.
- ¿Estás segura?
- Sí, yo jamás podría olvidar su rostro.
- ¿El idiota ese era tu novio? – Me pregunta, incrédulo.
- Sí…
Él esboza una sonrisa burlona, que trata de ocultar rápidamente.
- ¿Qué es lo que te parece tan divertido?
- Estaba pensando en lo curioso que puede ser el destino, que al final se encargó de juntar a cada quien con su cada cual.
- ¿No te molesta?
- ¿Por qué habría de molestarme? Si no hubiera sido por su desliz, tú y yo no nos hubiéramos conocido y no estaríamos juntos en este preciso momento.
- Bueno, es que yo pensé que…. Olvídalo.
- Sí, lo mejor será que nos olvidemos este asunto y vayamos a almorzar.
- No quiero que nos quedemos en esta casa por más tiempo, no me agrada la idea de que esa mujer te siga buscando.
- ¡Uh! ¿Así que la señorita Pecas está celosa?
- Sí y por lo mismo no quiero que ninguna lagartona arrepentida te ande rondando.
Una estruendosa carcajada se escapa de su garganta y rápidamente se acerca a mí para abrazarme.
- Está bien celosita, al rato te alcanzo en el hospital para irnos a tu departamento.
- No, mejor vengo por ti, no quiero que te pase algo malo en el trayecto.
- Candy, deja de sobreprotegerme, no me va a pasar nada si camino unas cuantas calles.
- Pero el doctor dijo...
- No me importa lo que él haya dicho... Voy a ir a recogerte al hospital, tal y como lo había hecho antes de mi última recaída.
- Bueno, pero que te lleve Andrés, si no, no voy a estar tranquila.
- Está bien pecas.
Una vez que terminamos de comer, me regreso de nuevo al trabajo y trato de apurarme lo más que puedo para salir temprano. A las tres y media le mando un mensaje a mi novio para que venga por mí y me salgo rápidamente del hospital para esperarlo en el estacionamiento.
Justo cuando me dispongo a revisar mi celular, escucho la inconfundible voz de la lagartona arrepentida, muy cerca de mí.
- ¿Lo hiciste para vengarte, verdad?
Yo levanto la vista y recorro el estacionamiento con la mirada, hasta que la encuentro recargada en uno de los autos, con la mirada fija en mí.
- ¿Me estás siguiendo? – Le pregunto, pero ella no me responde.
- Si lo hiciste por lo que ocurrió con Anthony, déjame decirte que ese sujeto no vale la pena… ¿Sabías que él era casado?
- No…
- ¿Sabías que se aprovechaba de la vulnerabilidad de sus pacientes para obtener sus favores económicos? En este momento están a punto de revocarle su licencia y…
- No me interesa Anthony, ni nada que tenga que ver con su vida.
- Sí claro, a mí tampoco me interesaría si ya tuviera en mis redes al pez más gordo…
Hago un enorme esfuerzo por no caer en sus provocaciones, pero por más que intento, no puedo detener las palabras que luchan por salir de mi boca.
- Pues tú también lo tuviste en tus redes y lo dejaste escapar…
Su rostro me demuestra lo mucho que le molesta mi comentario y justo cuando intenta abrir la boca para contestarme, la interrumpo.
- Ahora si me disculpas, tengo cosas más importantes que hacer, que escuchar la bola de tonterías que tengas que decir – Yo me acerco a la puerta de mi auto con toda la intención de subirme y alejarme lo más pronto posible de este lugar.
- Anthony solía decir que eras muy ingenua…
- ¿Así que hablaban de mí?...
- Sí, él me habló de ti desde la primera noche que dormí en su departamento; me dijo que eras una mujer muy tierna, muy dulce, muy sensible, muy inocente…
- ¿A dónde quieres llegar con todo esto?
- Terry no es el hombre adecuado para ti…
- ¿Ah, no?
Yo sé que estás deslumbrada con su forma de ser; a mí también me deslumbró cuando lo conocí, pero como dirían por ahí: "Amar a alguien cuando brilla es fácil. El gran reto es lograr iluminarlo en sus momentos más oscuros"…
- Sí, tal como lo hiciste tú, ¿no?
- Yo cometí una equivocación…
- Pues no sabes cómo lo siento… - Le respondo de forma sarcástica, abriendo la puerta.
- ¿Crees poder hacerle frente a la verdadera personalidad de Terry? ¿Acaso él te ha contado de sus episodios depresivos? ¿Qué vas a hacer cuando intente controlar hasta el color de esmalte que usas en las uñas? Eso sin contar con su problema cardiaco y todos los malditos traumas que tiene por culpa de su padre. Ay Candy, ¿en verdad crees que vas a tener un final feliz?
- Ese es mi problema, no el tuyo. Así que te voy a pedir de favor que nos dejes en paz.
- Muy bien "dulce Candy", no hay peor sordo que el que no quiere oír; solo espero que no te suceda lo mismo que a mí y termines en la cama de tu psicólogo cuando caigas en la cuenta de que no eres tan feliz como todos creen.
- Pues no debe ser tan malo, donde estás luchando desesperadamente por volver a la misma situación…
Ella me lanza una mirada desafiante y después me muestra la misma sonrisa cínica que me mostró en Nueva York; y yo tengo que luchar contra las enormes ganas que tengo de borrársela de un puñetazo. La odiosa esa se sube a su auto, para luego marcharse del hospital, mientras que yo me quedo meditando en todas las cosas que me dijo. Un par de minutos más tarde, veo llegar a Terry acompañado de Andrés y su rostro luce bastante preocupado.
- ¿Estás bien? – Me cuestiona una vez que se baja del auto.
- Sí, yo…
- Me topé con Karen en el camino y pensé que te había hecho algo.
- No, ella no me hizo nada.
- ¿Estás segura?
- Sí, de verdad, estoy bien – Le respondo, mostrándole una enorme sonrisa – Solo vámonos a nuestro hogar, ya no quiero estar aquí.
- Sí, vámonos.
No logro sacarme las palabras de Karen en todo lo que resta del día, y por la noche, el miedo a la reacción de mis padres, combinada con mis malestares estomacales, me obliga a quedarme despierta hasta altas horas de la madrugada.
A pesar de mi mala noche, accedo a ir con Terry a comprar los presentes que él desea llevarle a mi familia y es así como se nos va casi todo el día recorriendo las tiendas del centro comercial. A las 10 de la noche ya estamos listos para irnos a casa de mis padres y antes de partir, me doy un último vistazo en el espejo, solo para contemplar por última vez el hermoso vestido que mi novio me regaló.
- ¿Lista? – Me pregunta, abrazándome por la espalda.
- Lista…
- Todo va a salir bien – Me dice, dándome un beso en el cuello.
- Sí, todo va a salir bien – Murmuro, no muy convencida de mi respuesta, para luego girarme hacia él, dándole un beso en los labios – Te ves muy guapo con esa camisa negra.
- Tú te ves hermosa, como siempre… - Me responde, besando mi frente - Vámonos ya, si no se nos va a hacer tarde.
Un fuerte retortijón en el estómago se hace presente cuando cruzo el umbral de la puerta y un mal presentimiento me invade de repente, pero trato de ahuyentarlo, repitiéndome a mí misma que todo va estar bien.
Al llegar a la casa, toco un par de veces la puerta sin obtener ninguna respuesta y justo cuando estoy por tocar una vez más, sale mi hermano con su acostumbrada cara de pocos amigos.
- Hola - Nos saluda de forma seca, para luego darse la vuelta y caminar hacia el sillón.
- Cariño, te estábamos esperando; tu padre y tu hermana están terminando de arreglarse – Me grita mi mamá desde la cocina y yo me apresuro a llegar hasta donde está ella.
- Me dijiste que no iba a venir Tom – Le reclamo al pararme a su lado.
- Cambió de opinión de repente… No iba a decirle que no viniera, también es mi hijo, Candy…
La consternación en el rostro de mi madre me obliga a calmarme y decido no hacer más comentarios al respecto.
- Hablé con él y le pedí que se comportara, estoy segura que no te causará más disgustos – Susurra mi madre, colocando una de sus manos sobre la mía.
- Gracias mamá.
El timbre de la puerta me salva de esta incómoda situación y yo me ofrezco rápidamente a ver quién es.
- ¿Esperas a alguien? – Le pregunto a mi madre, antes de salir de la cocina.
- No, pero igual y es alguno de los vecinos.
Justo cuando estoy por llegar a la sala, veo que Tom ya está abriendo la puerta y solo se escucha que algo se quiebra en el piso.
- ¿Estás bien? – Pregunta mi hermano y al acercarme más a la entrada, descubro que se trata de mi mejor amiga, quien acaba de tirar un refractario de comida en la entrada de la casa.
- Yo lo recojo – Le dice ella sin poder ocultar su nerviosismo y ante la mirada perpleja de su esposo, se agacha al suelo para recoger los pedazos de cristal dispersos en el suelo.
- Deja eso, te vas a lastimar – Le responde Tom, hincándose frente a ella y sujetando sus manos – Entra, yo me encargo de limpiar todo – Le ordena y Annie termina haciendo lo que él le dice, no sin antes tropezar con el tapete navideño.
Un segundo retortijón vuelve a atacar mi estómago, esta vez acompañado de unas espantosas nauseas, las cuales parecen acrecentarse con el olor de la comida. Y la idea de que no debí venir toma mucha más fuerza en mi cabeza.
Mi madre nos llama para que nos sentemos a cenar y aunque Annie insiste en que solo vino a saludarlos, ella la convence de que se siente con nosotros a la mesa. Mi padre, ayudado por mi novio, acerca uno de los sillones al comedor para que todos podamos comer juntos y una vez que todos nos acomodamos, comienza a dar gracias por el maravilloso año que se va y también por el año que va a comenzar.
Cuando mi papá termina de dar su discurso, Terry pide la palabra y un tercer retortijón me obliga a llevarme la mano al estómago.
- Candy y yo tenemos algo muy importante que decirles – Expresa, con una enorme sonrisa dibujada en su rostro, al mismo tiempo que toma mi mano entre las suyas. Y yo puedo sentir la mirada de todos los presentes clavada sobre nosotros.
Hola chicas, aprovecho que tengo un poco de tiempo libre para subir de una vez el nuevo capítulo, reconozco que solo lo chequé un par de veces, así que es probable que encuentren con uno que otro error (Ojalá y no suceda, pero prefiero advertirles con anticipación)
Espero poder darle otra checada por la noche y también espero poder contestar los comentarios que se acumulen en el transcurso del día.
Les agradezco infinitamente por cada uno de sus reviews y gracias por seguir mi historia.
Les mando un saludo fuerte y afectuoso.
Que tengan un excelente día.
