(17)
POR TI ME CASARÉ
Desde el momento en que el estúpido hermano de Candy nos abre la puerta, tengo el mal presentimiento de que todo esto va a resultar muy mal; y es que la cara de perro rabioso que pone cuando me tiene frente a él, me deja muy en claro que no soy santo de su devoción.
Para colmo de males, Candy, quien debería permanecer a mi lado, se va rápidamente a la cocina para saludar a su mamá y ganas no me faltan de hacer lo mismo, pero entiendo que no puedo seguir corriendo detrás de mi novia como si fuera un maldito perro faldero.
Al darme cuenta de que me he quedado solo con ese imbécil, decido sacar provecho de la situación, poniéndome a conversar con mi futuro cuñado, en un intento por mejorar la tensa relación que existe entre los dos. Y es así como, sin pedir permiso, tomo asiento del otro lado del sillón y lanzo la primera interrogante de la noche.
- ¿Así que eres doctor, eh?
- Soy médico oncólogo, aún no he hecho ningún doctorado para merecer ese título – Me responde con su cara de mula, dejándome ver como el peor de los estúpidos.
Luego saca una cajetilla de cigarros del bolsillo de su camisa y me ofrece uno.
- ¿Gustas?
- Gracias, no fumo.
- Mmm, es cierto, había olvidado lo de tu problema cardiaco…
Sé que está mintiendo, pero opto por seguirle la corriente.
- Me sorprende que fumes, siendo oncólogo deberías saber que eso te puede provocar cáncer.
Él me muestra una sonrisa ladeada, mientras busca su encendedor en los bolsillos del pantalón.
- De algo me he de morir, ¿no? Además, creo que aún falta mucho para que eso suceda… Por cierto, ¿a ti cuánto tiempo te queda? ¿Una semana? ¿Un mes? ¿Un año? – Me pregunta viéndome directamente a los ojos.
- Maldito bastardo – Grita mi cerebro, al darse cuenta del golpe bajo que acabo de recibir – No lo sé, aún no me han dictado sentencia… - Le contesto, tratando de tomar las cosas con un poco de humor - Pero quiero pensar que voy a recibir mi trasplante antes de que eso ocurra.
- No nos hagamos tontos, Grandchester – Me dice, lanzándome una mirada desafiante, para luego meterse el pitillo entre los labios y darle una larga fumada - No espero que me disculpes por lo que voy a decirte, pero después de la conversación que tuve con mi hermana, me tome el atrevimiento de llamar al doctor Rosenzweig… Y créeme, estoy muy bien informado acerca de "tu situación". Conozco a Candy como la palma de mi mano, y sé lo idealista y también lo necia que puede llegar a ser; así que si aún hay algo de sensatez en ti, espero que hagas lo correcto y evites hacerla sufrir en vano.
- ¿Pero quién se cree este idiota para meterse en mi relación con Candy? – Me digo a mí mismo y justo cuando estoy por contestarle, el timbre de la puerta comienza a sonar, librándome del terrible castigo de seguir escuchando sus estúpidas palabras.
Él se levanta rápidamente del sillón y justo cuando está por llegar a la puerta, escucho la voz de mi novia, quien al parecer se está acercando a la estancia, y yo respiro aliviado al saber que ella ya está de regreso.
A juzgar por lo que veo a continuación, creo que no soy el único que se intimida con la presencia de ese imbécil, y es que cuando Annie se encuentra frente a él, pone una cara de susto que nunca antes le había visto y pocos segundos después, el refractario que trae en las manos se le resbala como si tuviera mantequilla, haciendo un maldito estruendo al tocar el suelo.
No es que me guste burlarme de la desgracia ajena, pero el solo hecho de ver el estado de aturdimiento de los dos, me hace sonreír involuntariamente y es inevitable que mi mirada se enfoque en Archie, quien no parece estar muy contento con la escena que su esposa está protagonizando.
Una vez que la apenada pareja entra a la casa, se acerca a saludar a Candy para posteriormente saludarme a mí y en el instante en que intento jugarle una broma a la pelinegra, mi suegra nos llama para que nos acerquemos al comedor.
No cabe duda que la señora White tiene un don especial para la cocina, y es que mi boca comienza a salivar en cuanto mis ojos ven toda la comida dispuesta en la mesa; lamentablemente ese don no se lo heredó a su hija, ya que las delicias culinarias de "mi pecas" dejan mucho que desear. Obviamente eso nunca se lo haré saber a mi novia, porque con el genio que se carga últimamente, corro el riesgo de terminar con una sartén incrustada en mi cabeza.
En lo que yo sigo examinando el menú, mi suegro se levanta de su asiento y comienza a dar las clásicas palabras de agradecimiento y mientras él habla, los nervios comienzan a apoderarse de mí al advertir que llegó el momento de hacer público mi compromiso con Candy.
En cuanto el señor White termina su discurso, pido la palabra y aclaro un poco la garganta para evitar que la voz me traicione en este momento tan importante, luego tomo una larga bocanada de aire y busco la mano de mi amada para infundirme confianza antes de disponerme a hablar.
- Candy y yo tenemos algo importante que decirles… - Expreso, con toda seguridad y volteo a ver el rostro de mi novia, solo para darme cuenta de que ella luce extremadamente pálida.
Mi cabeza me grita que espere un poco más para soltar la bomba, pero cuando regreso a ver a todos los presentes, descubro que ellos mantienen su mirada expectante, fija sobre nosotros.
- ¿Y bien? – Me cuestiona su padre, después de casi un minuto de silencio.
- Candy y yo…
Ni bien acabo de pronuncia el "yo", mi pecosa se gira hacia mí, para luego inclinar su cabeza, vaciando el contenido de su estómago sobre mis zapatos.
- Perdóname – Murmura ella, antes de que el vómito le impida seguir hablando y yo retiro discretamente mi pie, para evitar que me siga ensuciando.
- Pecas, ¿estás bien? – Le pregunto, sujetando su cabello, pero ella no es capaz de contestarme, porque sigue expulsando todo el almuerzo sobre el suelo. Intento permanecer junto a mi novia, pero el viciado olor me obliga a apartarme un poco, a sabiendas de que si sigo cerca, voy a terminar vomitando igual que ella.
- Patricia, tráele un bote o algo a tu hermana – Grita el señor White, sin ocultar la expresión de asco en su rostro y la aludida se levanta rápidamente, obedeciendo a su papá.
Cuando Paty le da el recipiente a Candy, le pregunta, una vez más, si se encuentra bien y ella asiente con la cabeza como respuesta.
- Debe ser el embarazo – Dice Annie, muy segura de sí misma y a mí casi se me ponen los cabellos de punta al escuchar esas palabras; aunque a juzgar por la cara de todos, no soy el único sorprendido por esa confesión.
- ¡¿Estás embarazada?! – Exclama su padre, con los ojos bien abiertos.
- No, no estoy – Una última arcada interrumpe su oración.
- ¿Entonces por qué estás vomitando? ¿Estás enferma? ¿Te sientes mal? – Inquiere su madre, mirándola con angustia, para luego incorporarse de la silla y retirarse del comedor.
- No sé por qué demonios estoy vomitando, maldita sea. Y no, no estoy embarazada…. Aún.
Con solo escuchar su maldiciente respuesta, puedo saber que Candy está muy, muy estresada; así que decido guardarme mis propios comentarios con el fin de no estresarla más de la cuenta.
- ¿Aún no estás embarazada? ¿Qué acaso están planeando tener un bebé? – Nos interroga su hermano.
- Sí, lo estamos intentando.
El silencio cae en la habitación súbitamente y en ese preciso instante de tensión, a Candy se le ocurre levantarse de su asiento e irse al baño, dejándome en medio de esa jauría de lobos. Y justo entonces, la mirada penetrante del resto de la familia recae sobre mi rostro.
¿No se supone que deberían casarse antes de intentar tener un bebé? – Me pregunta su hermana, con cierta preocupación.
- Yo voy a…
- Mi hija es una mujer decente y por lo tanto debiste pedirle matrimonio antes de intentar formar una familia con ella – Me interrumpe el señor White, quien habla con bastante severidad.
- Mi esposo tiene razón… Ella tuvo que llegar al altar vestida de blanco. – Añade su madre.
Yo intento ubicar de donde viene la voz de la señora White y al momento de desviar mi vista hacia abajo, descubro que ella está hincada en el suelo, limpiando el desastre que Candy hizo en mi pie.
- No se preocupe señora, yo lo hago – Murmuro, intentando quitarle la franela húmeda que tiene en sus manos; pero ella aparta mi mano y sigue frotando frenéticamente el trapo sobre mi pantalón y mi zapato.
Ni siquiera me esfuerzo en explicarles que yo no fui quién le quitó la "honra" a su hija, ya que lo único que deseo hacerles saber es que sí voy a casarme con ella.
- Déjenme explicarles, yo pienso…
- Es más que obvio que ni tú ni mi hermana piensan, de lo contrario, no estarían aquí arruinándonos la cena con toda esta sarta de tonterías.
Tengo el leve presentimiento de que no me van a dejar hablar, así que decido darme por vencido y dejar que ellos expresen su descontento hasta que se cansen.
- Terry y yo nos vamos a casar a finales de mes – Les dice mi novia, quien acaba de regresar del baño, con un tono firme, salvando mi pellejo una vez más.
- ¿Un mes? ¿Pero por qué tan pronto? - Pregunta su madre, quien ahora se encuentra limpiando el piso.
- Porque estamos muy enamorados y no creemos que sea necesario esperar más tiempo.
- ¿Por qué no eres sincera, hermanita? ¿Por qué no mejor nos dices que lo haces porque él se va a morir muy pronto? – Interfiere su hermano.
- ¿Y si así fuera qué?
- Si así fuera, estarías cometiendo el peor error de tu vida.
- Ese no es tu problema, así que deja de meterte en donde no te llaman.
- Claro que es mi problema, porque eres mi hermana y te quiero; y lo que menos deseo es verte igual de deprimida que cuando murió Susana.
- ¡Tom, basta ya! - Exclama su mamá.
- No mamá, esta vez no me voy a callar, estoy cansado de tener que guardar silencio para no mortificar a Candy. Sé que no soy el único aquí que piensa lo mismo, pero todos tienen tanto miedo de lastimar sus sentimientos, que prefieren callar, en lugar de decirle en la cara lo que en realidad están pensando.
- Pues si de decir verdades se trata, yo también estoy cansada de que solo me dirijas la palabra para hacerme notar todo lo que, según tú, hago mal. Te has mantenido al margen de mi vida por muchos años y justo ahora se te ocurre representar el papel de hermano sobreprotector.
- Yo no me mantuve al margen, tú te cerraste en una maldita burbuja y no permitiste que nadie más pudiera acercarse a ti.
- Eso no es cierto. Tú te apartaste de mi lado, dejándome completamente sola en el momento en que más te necesitaba. Egoísta.
En el momento en que Candy termina de hablar, las lágrimas comienzan a salir sin cesar de sus ojos y mi novia camina hacia la escalera, tratando desesperadamente de huir de su verdugo. Pero su hermano es mucho más rápido y la alcanza al pie de los escalones, tapándole el paso.
Yo intento levantarme de mi asiento, pero Annie me toma del brazo al mismo tiempo que hace gestos extraños, dándome a entender que lo mejor es no intervenir en esa discusión.
- ¿Y qué querías? ¿Qué yo estuviera pegado a ti las 24 horas, cuando toda la familia se estaba desmoronando? Estoy seguro que nunca te diste cuenta de las innumerables veces que tuve que salirme del hospital para ir a recoger a papá a algún bar, porque él ya estaba tan ahogado en alcohol, que ni siquiera podía regresarse solo.
- Thomas, deja a tu hermana en paz – Le grita la señora White, incorporándose del suelo, pero ahora es su esposo quien la detiene, de la misma forma en que Annie hizo conmigo.
- Y tampoco te diste cuenta de todas las noches que mamá pasó en vela, presa del insomnio que la aquejó durante varios años luego de la muerte de Susana; o de todas las veces que Paty mojó la cama o despertó llorando, porque juraba que había visto a nuestra hermana muerta al pie de la cama.
- Déjame, no quiero oírte - Le dice, dándole un fuerte empujón; pero él la toma de las muñecas, impidiéndole huir.
- ¿Y qué es lo que hacías tú, Candy? ¿Dime dónde estabas tú?... Yéndote a las fiestas de Annie para escapar de la realidad; jugando a ir con el maldito psicólogo que en nada te ayudó... Pero claro, todos teníamos que ocultar lo que en verdad sentíamos para que la señorita no se sintiera mal, para que la princesa no se pusiera llorar.
La expresión en el rostro de todos, denota lo incomodo que les resulta escuchar esa conversación, y sin embargo, tal vez por vergüenza o por miedo, nadie hace nada para detenerla.
- Cállate, nada de lo que estás diciendo es verdad
- Claro que lo es, tú estabas tan inmersa en tu propia lástima, en tu propio remordimiento, que nunca quisiste darte cuenta de nada. Así que si hay una persona egoísta aquí, Candy; esa eres tú.
- Te odio... - Al momento de pronunciar esas palabras, mi novia le da una cachetada a su hermano, que lo hace tambalearse.
- No, no me odias a mí, te odias a ti misma; y tú sabes muy bien por qué.
Cuando creo que ya he tenido suficiente de este miserable espectáculo, me libero del agarre de Annie para ir por Candy y llevármela de una jodida vez de este maldito lugar; pero al momento de atravesar la estancia, observo a mi novia desvanecerse lentamente sobre las escaleras.
¡Candy! – Exclamamos su hermano y yo al unísono, mientras la vemos caer al suelo.
Yo corro hasta la escalinata, pero poco antes de llegar, él me detiene poniendo la palma de su mano frente a mí.
- No te acerques, ella necesita tomar aire – Me ordena, para luego cargarla y llevarla al piso de arriba.
Yo camino detrás de él, seguido de sus preocupados padres; pero una vez que el muy idiota traspasa la puerta de la habitación, se encierra con seguro.
Los minutos afuera pasan lentamente y la angustia comienza a apoderarse por completo de mí. Sé que Candy ha estado muy estresada últimamente, tratando de partirse en dos para cuidarme sin descuidar su trabajo; también sé que hay días que ha dormido muy poco y que apenas ha probado bocado, y estoy muy consciente de que todo eso pudo haber repercutido en su salud.
Tal vez por eso se ha quejado tanto de esos dolores estomacales, tal vez por eso ha estado tan malhumorada últimamente; y yo, como siempre, minimice todos sus malestares, acusándola de ser una exagerada.
Casi un cuarto de hora después, su hermano sale de la recámara y me dice que mi novia quiere hablar conmigo. Al entrar, la encuentro acostada en la cama, con los ojos vidriosos y un prominente chichón en la frente.
- ¿Qué te dijo tu hermano? – Le pregunto.
- Que debe ser una gastritis por tanto estrés.
- Mañana vamos a ir a ver al médico, a primera hora.
- Sácame de aquí - Me súplica, alzando sus brazos hacia mí y yo la obedezco sin dudarlo ni un solo segundo.
Conforme avanzamos por el pasillo, nadie hace el intento de detenernos, al contrario nos ceden el paso mientras nos miran con cierta consternación. Mi novia esconde su rostro en el hueco que se forma entre mi hombro y mi cuello, evitando cualquier contacto con su familia. Al llegar al auto, la acomodo en el asiento delantero y pasamos los primeros cinco minutos del trayecto a casa sin decir una sola palabra.
- Yo también veía a mi hermana – Murmura Candy, rompiendo de tajo con el silencio que nos envolvía.
- ¿Disculpa?
- No solo Paty veía a Susana, yo también la veía en mis sueños y no solo eso, muchas veces sentí su presencia en la habitación...
- ¿Tú se los dijiste? ¿A tus padres?
- Sí, fue por eso que me llevaron con el psicólogo, porque llegó un momento en que yo ya no podía dormir.
- ¿Cuánto tiempo fuiste a terapia?
- Solo dos meses…
- ¿Por qué tan poco?
- Porque sentí que mi terapeuta me estaba presionando demasiado.
- ¿Por qué lo dices?
- Porque yo… Yo no podía recordar nada de lo que había pasado esa mañana y el muy imbécil creyó que yo me negaba a cooperar con él…
- ¿Se lo dijiste a tus padres?
- No, solo dejé de asistir; no le dije nada a nadie, más que a Annie. Ellos estaban seguros de que yo iba religiosamente a mis sesiones, pero en realidad me iba a casa de mi mejor amiga a pasar el rato. Mis padres nunca se dieron cuenta de nada.
Después de esa confesión, creo que puedo entender porque Candy sigue sin superar aquel episodio de su vida.
- ¿Sabes? Aún suele pasarme… - Farfulla, interrumpiendo mis pensamientos.
- ¿Qué cosa? – Le pregunto, confundido.
- Hoy soñé con mi hermana mientras estaba inconsciente.
- ¿Y qué fue lo que soñaste?
- En realidad solo fue un recuerdo de cuando éramos pequeñas – Me dice, sonriendo - En ese entonces las dos estábamos jugando a que nuestras muñecas eran nuestros bebés y ella me dijo que si algún día tenía una hija, la nombraría Sophie. Yo me enojé con ella porque ese nombre también me gustaba y después de mucho discutir, Susana me propuso que la primera que tuviera una hija, la llamaría de esa forma...
- Sophie… - Musito y rápidamente me viene a la mente aquel sueño que tuve hace algunas semanas, aunque no me atrevo a contárselo
- ¿Te gusta ese nombre? – Indaga.
- Es un nombre muy bonito.
- Terry, creo que estoy embarazada... - Me confiesa, mirando fijamente mi rostro y el impacto de sus palabras me hace orillar el auto y detenerlo en el acotamiento.
- Pero tú le dijiste a tu familia que no...
- Es solo una sospecha y después de escuchar la forma en que todos reaccionaban con el comentario de Annie, no creí conveniente hacérselos saber.
Una risa histérica se escapa de mi garganta y una inmensa felicidad, mezclada con una buena dosis de emoción, se apodera de todo mi cuerpo.
- ¡Mierda! Esta es la mejor noticia que me han dado en toda mi maldita vida - Le digo, tomando su dulce rostro entre mis manos y besándolo en repetidas ocasiones.
- Necesito comprar una prueba de embarazo para poder confirmarlo.
- Compraremos todas las que tengan en la farmacia.
Una risa – La primera de la noche – Escapa de sus boca y yo vuelvo a reír con ella.
- No seas exagerado.
- Créeme que no estoy exagerando…. Te amo Candy, te amo tanto…
Nuestros labios se unen en un profundo y prolongado beso, y al cabo de varios minutos, nos separamos para seguir con nuestro camino al departamento. Antes de llegar, me detengo en una farmacia y a petición de mi novia, compro un par de pruebas de embarazo de diferentes marcas.
Una vez que estamos en la comodidad de nuestra recamara, ella saca el instructivo de una de las cajas y comienza a leerlo detenidamente.
- Tendré que hacerme el test mañana tempano; según esto, debe utilizarse la primera orina del día – Me dice, al cabo de unos minutos.
- Para serte sincero, no creo que pueda dormir esta noche.
- Yo tampoco – Me responde sonriendo, para luego colocar las pruebas caseras sobre el buró.
Candy se quita el vestido, dejándolo sobre el piso y luego se recuesta en la cama. Yo también me desvisto y me acomodo rápidamente a un lado de ella, abrazándola.
- ¿Pecas?
- Ajam…
- No quiero molestarte, pero creo que deberías visitar a algún colega tuyo.
- Ya te dije que estoy bien – Contesta, haciendo evidente su disgusto a través de su voz.
- No, no lo estás y lo sabes.
Un largo silencio sobreviene a mis palabras y al cabo de algunos minutos, que se sienten como una eternidad, ella vuelve a hablar.
- Lo haré, una vez que pase todo esto de la boda haré una cita con un psicólogo, ¿de acuerdo?
- De acuerdo.
A pesar de que mi novia me dijo que no podría conciliar el sueño, ella se duerme casi inmediatamente, mientras que yo no puedo pegar el ojo en toda la noche debido a la emoción que me domina. Y es que aún me parece mentira que después de tanto tiempo anhelando tener un hijo, por fin mi deseo de haya hecho realidad.
Ya entrada la madrugada, el cansancio me gana y logro quedarme dormido; pero al sentir que Candy se desliza sigilosamente sobre el colchón, me despierto enseguida.
Permanezco recostado, con los ojos entreabiertos, observando como ella toma las pruebas de embarazo del buró para luego dirigirse a toda prisa hacia el baño, pero como no pienso quedarme aquí con la incertidumbre, me levanto rápidamente de la cama y me encaminó hacia donde ella se encuentra. Al entrar, la encuentro haciendo malabares con un pie sobre el retrete.
- Maldita sea, Terry, cuántas veces te he dicho que no entres de esa forma el baño - Me grita, lanzándome un jabón sin abrir que se encontraba cerca de ahí y que logró esquivar de puro milagro.
- Qué carácter te cargas, mujer; casi me descalabras - Le reclamo, indignado.
- Es que no puedo creer que aún sigas haciendo lo mismo, sabiendo lo mucho que me molesta.
Sí, sé que ella me ha repetido infinidad de veces que no lo haga, pero es un mal hábito que no he logrado erradicar y que dudo mucho que pueda desaparecer algún día.
- Perdóname, te prometo que no lo volveré a hacer – Miento.
Ella gruñe cómo respuesta y después se sienta sobre el borde de la tina.
- ¿Y bien?
- Tengo que esperar cinco minutos – Me dice, un poco más calmada.
Yo me siento a un lado de mi novia, abrazándola, al tiempo que ella recarga su cabeza sobre mi hombro y los dos aguardamos en silencio a que se cumpla el tiempo establecido; cuando la alarma de Candy comienza a timbrar, ella se levanta, tomando una de las pruebas que reposa sobre el lavabo para luego observarla minuciosamente.
- ¿Estás embarazada?
- No lo sé…
- ¿Cómo que no lo sabes?
- Creo que esta cochinada está dañada, se supone que debería mostrarme dos rayitas, pero no aparece nada.
- A ver…
Yo tomo la prueba de embarazo, solo para darme cuenta de que efectivamente no aparece nada en la pequeña ventanita.
- ¿Y qué dice la otra? – Le pregunto, impaciente.
- ¡Negativo! – Exclama con tristeza, para luego lanzar todo al cesto de la basura.
- Pero…. ¿Y los malestares?
- Tal vez mi hermano tiene razón y todo se deban al estrés que he tenido últimamente…
Al observar su rostro lleno de desilusión, decido quedarme callado para no hacerle notar mi propia decepción.
- Bueno, en ese caso creo que tendremos que esforzarnos un poco más – Le digo, abrazándola por la espalda y haciéndole cosquillas, con el fin de hacerla sonreír; lo cual consigo luego de unos cuantos segundos.
- Terry, el doctor te dijo que…
- Al diablo el doctor –Murmuro muy cerca de su oído, para luego cargarla, llevándola hasta nuestra cama, donde a pesar de sus fingidas protestas le hago el amor apasionadamente.
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Durante estas últimas tres semanas, no he tenido ni un solo maldito momento de tranquilidad, ya que todo esto de la organización de la boda me ha tenido más que ocupado.
Sinceramente no recuerdo que yo me haya involucrado tanto cuando me casé con Karen y eso que en aquella ocasión la ceremonia fue mil veces más ostentosa; aunque tal vez se debió a que ella contrató a una planificadora profesional que se encargó hasta del más mínimo detalle de la fiesta, sin requerir de mi presencia en absoluto.
Pero Candy es diferente a mi ex esposa y ella, junto a su alocada amiga, quiso hacerse cargo de todo lo relacionado con ese gran día y no solo eso, también ha requerido de mi presencia y sobre todo de mi opinión, en cada detalle de nuestra sencilla recepción.
A mi novia se le ocurrió que nuestra unión se llevara a cabo en el estanque de lirios de Alfred Caldwell, ubicado en el parque Lincoln y cuando me hizo saber sobre su maravillosa idea, concordé con ella en que no había un lugar más mágico y más hermoso que ese para celebrar nuestro matrimonio. Yo propuse que el selecto banquete corriera a cargo del prestigiado restaurante "North Pond", el cual se encuentra en el corazón de ese mismo parque, y Candy aceptó encantada.
La elección de la casa en dónde vamos a vivir fue otra de las cosas que me trajo bastante ajetreado y es que la señorita Pecas es realmente exigente en cuanto a bienes raíces se trata. No miento al decir que recorrimos casi dos docenas de casas, hasta que por fin logramos encontrar aquella que se amoldó perfectamente a sus expectativas.
Ambos concordamos en que no nos mudaríamos a nuestro nuevo hogar hasta después de casados y mientras tanto, yo me encargué de mandar a hacer algunos arreglos, así como de decorar cada uno de los espacios de acuerdo a sus gustos. Reconozco que me costó un poco de trabajo ceder el control, pero con un poco de persuasión, también logré añadir mi toque personal en la decoración de la casa.
Aunque aún no se lo he hecho saber, tengo pensado conservar mi casa del lago y no es porque desee mantener algún recuerdo de Karen, sino porque, simplemente, esa casa me fascina y me duele hasta el alma deshacerme de ella. Tan solo espero que Candy lo entienda y no haga una tormenta en un vaso con agua por culpa de mi decisión.
- Muchacho, ¿estás listo? – Me cuestiona Leonard, asomándose por la ventanilla del auto – La limosina de tu futura esposa no tarda en llegar.
- Sí, yo estoy listo – Le respondo, bajándome del carro, para dirigirme al estanque - ¿Mi mamá ya llegó? – Le pregunto, tratando de controlar mis nervios.
- Sí, ella ya te está esperando.
- ¿Y mi padre?
- No pude localizarlo…
- No mientas.
- ¿Qué quieres que te diga? ¿Que no quiso venir a la boda de su hijo?
- No importa, no lo necesito aquí…
Al llegar al sitio elegido, veo a la mamá de Candy, acompañada de su hermana; así como a Annie junto con su esposo y sus dos hijas, quienes rápidamente se acercan a saludarme afectuosamente, mientras me presumen la canasta con pétalos de rosa que sostienen en sus manos.
A pesar de que Candy si invitó a su hermano, tal parece que él, al igual que mi padre, no está interesado en asistir a nuestra celebración.
Mi madre también se acerca a mí y me da un fuerte abrazo para luego comenzar a arreglarme la solapa del saco así como el nudo de la corbata.
- Basta, mamá, me vas a ahorcar – Le reclamo, luego de que ella me da un tirón que casi me rompe la tráquea.
- Perdona, estoy nerviosa… Ya es tarde y esa muchachita aún no llega.
- Ya llegó – Murmuro, mientras observo embelesado a mi novia, quien se acerca a paso lento, con una enorme sonrisa en los labios, tomada del brazo de su papá.
¡Dios mío! Candy se ve tan hermosa, tan radiante, que no puedo creer que la vida me esté ofreciendo tan maravilloso regalo.
- Cierra la boca, se te va a meter una mosca – Me dice mi pecosa, en tono de burla, una vez que llega al improvisado altar, haciéndome reír como un tonto.
Luego de que su padre se retira hacia su asiento, yo levanto el velo que cubre parte de su cara, solo para contemplar aquellos ojos brillantes que me miran con tanta adoración.
Ni siquiera soy consciente de las palabras que dice el padre mientras se efectúa la ceremonia religiosa, ya que toda mi atención está puesta sobre la hermosa mujer que tengo frente de mí y es por eso que Candy tiene que darme un sutil golpe en el brazo cuando llega mi turno de recitar los votos matrimoniales.
Por ti me casaré
Yo seré tu esposo, tú serás mi esposa
Y yo prometeré que te querré
Y tú también prometerás que me querrás
Con tanto miedo que cruzarás los dedos
Firmaremos nuestro amor en un papel
Porque nuestro matrimonio es mucho más que un pacto
Y al final, seguro que todo será perfecto
Aunque somos diferentes, somos casi exactos
Y yo prometeré que te querré
Y tú también prometerás que me querrás hasta la muerte
En el momento en que el padre nos declara marido y mujer, yo me acerco a mi esposa para sellar nuestra unión con un tierno beso en los labios, mientras trato de detener, a toda costa, las lágrimas de felicidad que amenazan con salir de mis ojos. A continuación esbozo una enorme sonrisa y tomo la mano de Candy para empezar a caminar, con mucho orgullo, a través del camino de piedras, acercándonos a nuestros invitados y recibiendo sus felicitaciones.
Luego de casi media hora, todos nos dirigimos al restaurante, en donde ya nos están esperando para servir el banquete. Una vez que todos estamos acomodados alrededor de la mesa, su padre, como siempre, dedica unas cuantas palabras en honor a su hija.
- No sabes cuantas veces le rogué a Dios para que pusiera en tu camino al hombre que realmente te mereciera y me complace saber que al fin lo has encontrado. Estoy seguro que con el amor que ustedes se tienen y con la bendición que nuestro señor les dio el día de hoy, ustedes tendrán un matrimonio que durara por siempre. Quiero que sepas que comparto tu felicidad, estoy seguro de que el buen Terry te hará inmensamente feliz, porque ya le he dicho a él que si no lo hace, ¡SE LAS VERÁ CONMIGO!
Una carcajada se hace escuchar entre todos los presentes al escuchar las palabras del señor White.
- Te amo hija, muchas felicidades.
Él se acerca a nosotros para darnos un caluroso abrazo y mientras abraza a su hija, le murmura unas cuantas palabras al oído que la hacen derramar unas cuantas lágrimas.
La velada transcurre de forma muy amena, pero para ser honesto, lo único que deseo es llegar a mi hogar para estar a solas con mi esposa.
Al filo de las diez de la noche nos despedimos de todos para dirigirnos a nuestra nueva casa y cuando por fin llegamos, Candy casi se emociona hasta el tuétano al ver el camino de velas y pétalos de rosa que va desde la entrada hasta nuestra habitación. En el instante que cruzamos el umbral de la recámara, yo la envuelvo entre mis brazos y la beso con suma pasión.
- Te amo Candy, te juro que te amaré por todo lo que me resta de vida.
- Yo también mi amor – Me responde ella, con lágrimas en los ojos.
- ¿Por qué lloras? – Le pregunto, preocupado.
- Porque soy inmensamente feliz – Me responde lanzándose a mi cuello.
Yo tomo su rostro entre mis manos para volver a besarla y los dos sonreímos al saber que a partir de ahora nuestra unión será perpetua.
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Hoy me vino la gana, que no las musas
Hoy no tengo pretextos, ni disculpas para cantarte a ti
Para escribirte un verso y descolgarte desde aquí
Hasta las ganas de la mañana ya por venir.
Hoy primero del segundo del año
Mientras esta mujer rompe el espacio para inventarse al fin
Para mirarla toda en el silencio y de perfil
Tomo sus manos como escenario para existir.
Y es que no importa que digan que está trillado
Hablar de amor, que maldigan
Si no han probado la noche en sus brazos de sol.
Se detiene el reloj sobre nosotros
Caen las diez que resbalan por sus hombros y se cuela la luz
Que se enreda en tu pelo, pero la liberas tú
Oro y diamante, por un instante, de tono azul
Hola chicas lindas, primero que nada muchas gracias por esperar pacientemente las actualizaciones de la historia, juro que he intentado meterle velocidad, pero a veces me resulta imposible.
Este capítulo cuenta con dos de mis canciones favoritas; la primera es "Por ti me casaré" de Eros Ramazzotti y la segunda es "Brazos de Sol" de Alejandro Filio y Silvio Rodríguez (Una de las cosas buenas que me dejó el vivir en Pueblita chula es el gusto por la trova). Les voy a ser sincera con esta última canción, yo la tengo en mi celular como una colaboración entre ambos trovadores, pero ya al buscar la letra en internet, encontré algunas páginas que decían que era de Alejandro y otras de Silvio y como no quise errarle, mejor lo dejo como lo tengo en mi cel.
Les agradezco infinitamente sus comentarios y aprovechando que ahorita tengo un poquito de tiempo, voy a contestarlos de rapidito.
* Winterlieb: Gracias por tu paciencia, te deseo un excelente día a ti también. Saludos.
* Gladys: ¿Será estrés o será embarazo? Hagan sus apuestas, jajaja. Sobre su papá, se supone que hace tiempo lo ayudó para que recorriera varios hospitales en busca de otras opciones, pero al final todos concordaron en que la única solución era un trasplante y he ahí donde radica el principal problema.
*Marga1416: Muchas gracias por los elogios y por leer la historia :)
* Dulce Graham: Es verdad, Karen es más falsa que una moneda de tres pesos; aunque bueno, no pienso ahondar mucho en esos personajes, pero probablemente en el próximo capítulo hagan su última aparición.
* Eli: Tienes razón, Candy debió confiar un poco más en su prometido, aunque hay una razón para que no lo haya hecho y ya se sabrá más adelante. Como podrás darte cuenta, las palabras de Karen no influyeron demasiado en la determinación de la pecosa para casarse con Terry. Y no, tampoco le pasó nada malo (aparte del chichón en la cabeza, jajaja). Saludos.
* Guest: Aquí les dejo otro capítulo. Bendiciones para ti también.
* Sofia Saldaa: Ya ni me acordaba de los benditos errores, según yo quedé de corregirlos esa noche, pero de que me pongo a hacer otras cosas, luego se me va el avión, jaja.
No pretendo que le pase nada malo a Candy, dije que les iba a dar unos pocos capítulos de amor y paz y es lo que he intentado hacer, jejeje.
La imagen, como siempre, pertenece a Romijuri (Sí, soy su mega fan) y la puse tratando de reflejar la noche que pasaron en el hospital contemplando la nieve.
* Anastasia Romanov: Cuando dices apareándose me imagino a los animalitos que pasan en el Discovery Channel, jajaja. Pues bueno, no, no le pasó nada a Candy, lo del bebé….. lo dejaré en interrogante hasta el próximo capítulo (Que le toca a Candy)
Como mencionaba anteriormente, no pienso hacerle mucha bulla a los resucitados, más que nada era para que no quedara la duda de que había sido de ellos. Perdón por torturarlas con el tiempo de las actualizaciones, esta semana intenté apurarme más.
*Magy: Muchas gracias por tus palabras, me alegra que al menos mi historia sirva de desestresante, jejeje. Te agradezco a ti por tomarte el tiempo de leer y comentar. Gracias.
* Kamanance: Como diría el dicho, nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido. Insisto, aun no aclararé nada del embarazo hasta el próximo capítulo.
* Briss White: Espero darle a Candy un final feliz y sí peleó con su hermano, pero fue más leve, creo… :S
* Guest: Aquí está la actualización para que no sufran :D
*Juli: Muchas gracias, créeme que hago mi mayor esfuerzo por actualizar lo más pronto posible. Sorry si las hago esperar mucho, espero que valga la pena ;)
* CANDYGRANDCHESTER: Sobre la situación Tom – Annie, se sabrá en los próximos dos capítulos. Gracias por leer y comentar la historia. Saludos!
* ElydeReyes: Ya no más espera; gracias por su paciencia :)
* Marta Hernández: Prometo no ser muy cruel con la pareja (Sí, los haré sufrir un poco, pero nada más) Sobre el embarazo, bueno… ya se sabrá. Gracias por tus comentarios :)
BUENO CHICAS, MUCHAS, MUCHAS GRACIAS A TODAS USTEDES.
IGUAL LE QUIERO AGRADECER A TODAS LAS QUE ME HAN AÑADIDO A SUS FAVORITOS Y A LAS QUE SIGUEN LA HISTORIA.
UN SALUDO GRANDE A TODAS LAS LECTORAS SILENCIOSAS.
Y MI ENORME AGRADECIMIENTO A MI BETA READER, MONSE, QUIEN ME HACE FAVOR DE EDITAR MI HISTORIA Y DARME UNA QUE OTRA RECOMENDACIÓN. GRACIAS.
NO CREO PUBLICAR ESTA SEMANA, PERO ESPERO HACERLO A MEDIADOS DE LA PRÓXIMA.
LES MANDO UN SALUDO GRANDE Y AFECTUOSO A TODAS USTEDES.
QUE TENGAN UN EXCELENTE DÍA.
