(18)

SOLA

¿Hay algo mejor que despertar abrazada a tu esposo, mientras escuchas el canto de las aves y el sonido que hacen las olas del mar?

No, no lo creo.

Y es que cuando me levanté, al día siguiente de nuestra boda, mi amado compañero me sorprendió al entregarme los boletos de avión para nuestra luna de miel, la cual se llevaría a cabo en las paradisíacas costas de Jamaica.

No voy a mentir, me preocupaba mucho que él tuviera otra recaída durante el viaje y por tal motivo me mostré renuente a aceptar su idea; pero al final, como siempre, Terry logró convencerme con sus hábiles tácticas de seducción.

Al día siguiente, a las 7 de la mañana, abordamos el avión que nos llevaría a la Isla Caribeña y una vez que arribamos al aeropuerto de Bahía Montego, mi esposo y yo nos desplazamos hacia la playa "Siete Millas, en la ciudad de Negril, para hospedarnos en un lujoso hotel ubicado a orilla del mar.

Tengo que reconocer que este sitio superó, por mucho, todas mis expectativas y es que la arena blanca, junto con el color turquesa de sus aguas, me enamoraron por completo; tanto, que me duele pensar que muy pronto tendré regresar a mi ajetreada rutina en la ciudad.

Pero al menos por hoy, intentaré no pensar en eso.

- Pecas, ¿qué haces ahí? - Me pregunta Terry, al descubrirme sentada al pie del ventanal, observando el divino paisaje que tengo frente a mis ojos.

- Estoy contemplando el mar...

- Ven, vuelve conmigo - Murmura, palmeando el colchón.

- Ven por mí - Le respondo, mostrándole una sonrisa traviesa.

En el momento en que mi esposo hace señas de querer incorporarse de la cama, yo me levanto rápidamente de la silla y atravieso el umbral de la ventana, con el propósito de huir de él. Terry ni siquiera se molesta en correr, simplemente empieza a caminar detrás de mí, dando grandes zancadas, mientras que yo intento esquivar el camino de palmarecas que rodea el resort.

Cuando creo que ya le llevo suficiente ventaja, me giro hacia atrás, pero no logro verlo por ningún lado y luego de un par de minutos, me inquieto al pensar que algo malo pudo haberle sucedido en el camino. Es por esa razón que decido regresarme a la habitación, solo para cerciorarme de que él se encuentra bien.

Al momento de dar el primer paso, un par de fuertes brazos se enredan alrededor de mi cintura, alzando mis pies del suelo.

- Así que mi mujer se pone rebelde, ¿eh? - Murmura, muy cerca de mi oído.

- Yo nunca te dije que sería una esposa sumisa... - Contesto, sin poder aguantar la risa.

- En ese caso, tendré que enseñarte a ser más obediente – Al momento de decir esas palabras, su voz rasposa se vuelve irresistiblemente seductora.

- ¿Ah, sí?

Yo me giro hacia él y me quedo embobada contemplando sus cabellos castaños, completamente despeinados, que no dejan de moverse al compás del viento; así como ese bronceado perfecto que acentúa el azul intenso de sus ojos y sus rasgos varoniles.

- Eres una niña muy, muy mala y mereces un castigo - Susurra, rozando sus labios contra los míos.

Terry aprisiona mi rostro entre sus manos y me besa con extrema pasión, haciéndome perder el sentido del tiempo y del espacio en cuestión de segundos. Cuando logro recuperar la cordura, él ya me lleva entre sus brazos de regreso a nuestra habitación, donde sé muy bien que haremos el amor, tal y como lo hemos hecho durante los últimos 6 días desde que llegamos al hotel.

Hay que reconocer que mi fogoso esposo se toma muy enserio nuestro propósito de quedar embarazados y es por eso que insiste en que debemos hacer la tarea diariamente hasta lograr nuestro objetivo. Aunque siendo sincera, no me molesta en absoluto que lo intentemos con tanto empeño.

- Es una pena que hoy sea el último día de nuestra luna de miel, ¿te imaginas lo hermoso que sería poder vivir en un lugar así, por siempre?… - Farfullo, mientras me acomodo entre sus brazos.

- Podríamos quedarnos a vivir aquí, si así lo deseas.

- Solo era un comentario al aire… Sabes bien que no puedo dejar mi trabajo botado y tampoco deseo abandonar mi maestría, ya solo me falta medio año para terminar. Además tú no puedes desatender tu tratamiento con el doctor Anderson.

- Sí, es verdad; pero tienes que reconocer que la idea suena bastante tentadora.

Yo afirmo con la cabeza, para luego darle un beso en los labios.

- ¿Has notado lo bien que te han sentado estás vacaciones? Últimamente habías estado muy estresada y algo malhumorada, pero desde que llegamos aquí, todo parece haber vuelto a la normalidad.

- Sí, tengo que admitir que últimamente no me he preocupado por nada y creo que eso se ha reflejado en mi estado de salud. Es más, hasta mis malestares estomacales han disminuido, o al menos ya no he vuelto a sentir esas malditas agruras que me estaban volviendo loca.

- A lo mejor ya empieza a hacer efecto el tratamiento que te recetó el gastroenterólogo.

- Ojalá… No me gustaría sentirme así de nuevo.

- He pensado que ahora que ya estamos casados, podrías poner tu propio consultorio y dejar el trabajo del hospital. Así estarías menos estresada.

- Me gusta mi trabajo en el hospital.

- Sí, pero ahí tratas con muchas personas... En especial con hombres – Añade en voz baja.

- ¡Terry!... – Exclamo, dejándole en claro que no me gustó su comentario.

- Es solo una sugerencia, no tienes por qué molestarte.

- Sé que tus intenciones son buenas, pero ya suficiente hiciste con pagar mi préstamo de la universidad y el crédito de mi auto. No quiero sentirme en deuda contigo.

- ¡¿En deuda?!... Candy, por si no te has dado cuenta, ahora eres mi esposa y eso es lo mínimo que tengo que hacer por ti.

- Y de verdad te lo agradezco, pero me gustaría que todo siguiera como hasta ahora.

- Pecas, tienes que considerar el hecho de que cuando logres quedar embarazada, tendrás que permanecer en casa. Por nada del mundo quiero que andes de un lado para el otro, poniendo en riesgo la salud de nuestro bebé.

- Bueno, cuando eso suceda, hablaremos al respecto.

Yo me levanto de la cama sin decir una sola palabra y me visto rápidamente, en un intento por escapar de esa conversación.

- ¿Vienes? - Le pregunto, antes de avanzar hacia el exterior del hotel para dar un paseo.

- Sí, ahorita te alcanzo.

Mientras camino hacia la playa, regresan a mi mente cada una de las palabras que Terry pronunció hace un momento: desde su deseo porque deje mi trabajo en el hospital, hasta el mismo embarazo que, según él, no he podido lograr; y sin saber por qué, comienzo a sentirme muy molesta con él… conmigo.

Cuando la brisa del mar golpea mi rostro, descubro que un par de lágrimas escurridizas se han escapado de mis ojos y me maldigo mentalmente por ser tan sentimental.

- ¿Qué te sucede? –Me cuestiona una voz a mis espaldas, haciéndome brincar del susto.

- Nada…

- ¿Entonces por qué estás llorando?

Antes de que logre decir nada, sus brazos me envuelven tiernamente, haciendo que el enfado desaparezca como por arte de magia.

- Debe ser mi periodo… Siempre me pongo sensible antes de que lleguen esos días – Le respondo, saliéndome por la tangente.

- Mmmm… En ese caso vamos a desayunar, tengo mucha hambre – Propone él, como si nada hubiera pasado.

- Sí, yo también.

El resto de la mañana y parte de la tarde, nos la pasamos recostados en la arena, tomando el sol y metiéndonos de vez en cuando al mar para refrescarnos. Cuando el ocaso comienza a reflejarse en el horizonte, regresamos a la habitación y nos arreglamos para asistir a una cena romántica que Terry mandó a organizar en uno de los restaurantes del hotel, por ser la última noche que pasaremos aquí.

Al llegar al elegante salón, me quedo observando detenidamente el lugar que se encuentra apenas iluminado. Me toma un par de segundos descubrir que solo hay una mesa servida, la cual está rodeada de velas blancas y pétalos de rosas. Es entonces cuando caigo en la cuenta de que seremos los únicos comensales que atenderán en el restaurante.

Al fondo, en un improvisado escenario, un grupo local de reggae empieza a tocar, amenizando el ambiente y al sentir la mirada penetrante de mi esposo sobre mí, no puedo evitar dedicarle una enorme sonrisa.

- No era necesario que reservaras todo el restaurante para nosotros – Le digo, en tono de reprimenda.

- No quería mirones en nuestra fiesta…

- ¿Nuestra fiesta?

- Así es, Sra. Grandchester…

Mi esposo me escolta hasta la mesa y yo sonrío complacida. Cuando creo que no hay nada más que pueda llegar a sorprenderme esta noche, Terry se levanta de su asiento y se dirige hacia el escenario, donde le murmura algo al vocalista del grupo. De la nada, ellos comienzan a tocar una melodía que nunca antes había escuchado.

Mi vida es hermosa porque existes tú,

Hermosos son mis días porque veo tu luz

Llevas ese fuego que hay en mi corazón

Para toda mi vida, tú eres la razón

)o(

Es que tu cariño conmigo compartiste

Ya no estoy triste, no estoy triste

Y a cambio de nada, tu amor me diste

Ya no estoy triste, no estoy triste

)o(

Felicidad, eso es lo que tú me das

Felicidad, cada mañana al despertar

Felicidad, desde ti y para siempre

)o(

- ¿Te gustó? – Me pregunta, una vez que regresa a mi lado.

- Me encantó – Respondo, dándole docenas de besos en todo su rostro.

- Me alegra, la escribí especialmente para ti…

- ¡Mentiroso!…

- ¡Es verdad! Todas las tardes, en lo que tú te ibas al gimnasio, yo me venía a ensayar con mis nuevos amigos.

- Tal vez deberías armar tu propio grupo.

- Sí, lo he considerado muy seriamente. Solo hay un pequeño problema...

- ¿Cuál?

- Mis futuras fans. Tendría que decirles que soy soltero; ya sabes, para no matar sus ilusiones.

- En ese caso olvida por completo esa tonta idea – Le contesto, fingiéndome molesta.

- Oye…

- Nada de fans alborotadas y obsesivas. La única fan a la que tienes que atender, es a mí.

- Está bien, tú ganas – Responde, frotando su nariz con la mía.

El resto de la velada la pasamos platicando, bebiendo, riendo, bailando, cantando; y cuando el cansancio nos vence, nos dirigimos a nuestra habitación para dormir abrazados, como siempre.

A la mañana siguiente nos despertamos muy temprano, ya que aún tenemos que arreglar las maletas para nuestro regreso a Chicago, y a las dos de la tarde en punto, emprendemos el vuelo que nos llevará de vuelta a nuestro hogar.

Llegamos a la casa cerca de las 9, y por espacio de una hora nos dedicamos a medio recoger el tiradero que impera en nuestra casa, antes de darnos por vencidos, rindiéndonos ante el llamado de nuestro colchón.

Mi alarma me despierta a las 6:00 a.m., recordándome que, por mucho que lo desee, no podré quedarme descansando al lado de mi esposo. Y es así como, con toda la pereza del mundo, me dirijo al hospital para reincorporarme a mi jornada laboral.

Debido a la cantidad de días que estuve ausente, tengo que ponerme al corriente de todos los pendientes que dejé rezagados por irme de vacaciones. Es por eso que éste termina siendo uno de los días más atareados que he tenido en todo el tiempo que llevo trabajando aquí.

Cuando el reloj marca las 5, decido dar por terminada mi faena del día de hoy y salgo de mi oficina, cerrándola con llave. Mientras camino por el pasillo, le mando un mensaje a Terry, avisándole que ya voy de salida.

- Buenas tardes Candy, ¿qué tal estuvieron sus vacaciones? – Me pregunta el Dr. Anderson, cuando coincidimos enfrente del reloj checador.

- Fenomenales – Le respondo, mostrándole una sonrisa que habla por sí sola.

- Le creo, ese bronceado lo dice todo… - Me dice, guiñándome el ojo - ¿Y qué lugar visitaron?

- Jamaica.

-¡Jamaica!

- Sí, es un país maravilloso, Frank, alguna vez debería darse una escapada.

- Lo intentaré, cuando me digne a tomarme un descanso. El trabajo en el hospital puede ser realmente absorbente.

- Lo sé…. Yo solía vivir para mi trabajo, pero desde que estoy con Terry, he empezado a darle prioridad a mi vida privada.

- Me da gusto, Candy. Se nota que los dos están muy enamorados.

- Sí, lo estamos.

Él me sonríe como respuesta y después se despide de mí, pero antes de que comience a caminar, lo detengo para hacerle una última pregunta.

- Frank, si no es indiscreción, ¿cómo sigue aquel muchacho del que me habló en aquella ocasión? Con todo lo de la boda, olvide por completo ese asunto y usted ya no me volvió a comentar nada al respecto…

- Sus padres no han querido firmar la orden para desconectarlo… Y sin ese papel no podemos hacer nada, más que esperar – Al momento de decir esas palabras, su mano se posa sobre mi hombro, dándome un ligero apretón.

- No piense mal de mí, no es que yo quiera que ese joven se muera, pero…

- No se preocupe Candy, yo la entiendo y es por eso que he estado vigilando ese caso muy de cerca, para que cuando llegue el momento se pueda actuar con rapidez.

- Por cierto, ¿sus padres ya firmaron la hoja de donante?

- No, todavía no la firman; pero tengo fe en que lo harán.

- Gracias Frank, de verdad aprecio todo lo que usted hace por mí y por mi esposo – Expreso con sinceridad, tomando sus manos entre las mías y estrechándolas con fuerza como seña de agradecimiento. Justo cuando estoy por soltarlas, escuchó la voz de Terry detrás de mí.

- Creo que yo salgo sobrando aquí, ¿no es así?... - Nos reclama en tono irónico, para luego darse la vuelta y empezar a caminar hacia la salida, sin esperarme.

Yo prácticamente tengo que correr detrás de él para poder alcanzarlo y cuando por fin lo logro, él se niega a dirigirme la palabra.

- Terry, por favor háblame - Le suplico.

- No quiero que sigas trabajando cerca de ese sujeto, ¿entendiste?

- Terry, no es lo que parece…

- ¿Ah, no? ¿Entonces dime qué es?

- Solo le estaba agradeciendo…

- Ajá…

- No puedes seguir desconfiando así de mí, ¿acaso no te das cuenta de lo mucho que te amo?

- Te doy una semana para que dejes el trabajo, Candy. ¡Una semana!

- No voy a dejar mi trabajo por culpa de tus estúpidos celos sin sentido.

- Pues si quieres que sigamos juntos, vas a tener que hacerlo.

Su respuesta me deja petrificada y para cuando logro reaccionar, él ya se ha marchado del hospital. Al llegar a la casa no lo encuentro por ningún lado y mi primera reacción es llamarlo a su celular, el cual se encuentra apagado. La angustia me carcome lentamente y es por esa razón que paso el resto de la tarde aguardando su regreso, cosa que no ocurre hasta la medianoche.

Al entrar, Terry camina de largo sin siquiera mirarme y se mete a nuestra habitación, cerrando la puerta a su paso. Yo espero algunos minutos antes de intentar hablar de nuevo con él y cuando por fin me armo de valor, entro a la recámara, donde lo encuentro sentado en la orilla de la cama, con la mirada perdida.

- ¿Dónde estabas? - Le pregunto, con un hilo de voz.

- Por ahí... – Responde cínicamente.

- Tenemos que hablar - Le digo, tratando de demostrar algo de firmeza.

- Te escucho.

- Terry, necesito que pares con todo esto... Tu actitud me está matando y lo peor de todo es que yo nunca te he dado motivos para que desconfíes de mí.

- Lo único que te estoy pidiendo es que dejes ese estúpido trabajo. ¿Por qué no puedes darme ese pequeño gusto? Yo he intentado complacerte en todo lo que me has pedido...

- Sí, pero lo que me pides es una completa tontería... Ya te lo he dicho, yo no quiero dejar mi trabajo.

- Sabes bien que no necesitas trabajar.

- Pero deseo hacerlo.

- ¿Me amas?

- Claro que te amo, tú eres mi vida entera - Le respondo, acercándome rápidamente a él y cogiendo su rostro para darle un beso. Beso que él rechaza sin titubear.

- Entonces haz lo que te estoy pidiendo.

- Así tenga mi propio consultorio, siempre habrá hombres cerca de mí, pero eso no quiere decir que…

- Candy, demuéstrame lo mucho que me amas...

- Terry, por favor no me hagas esto - Al momento de decir esas palabras, mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas.

- Por favor pecas, hazlo por mí - Y ahora es él quien me besa repentinamente.

- No puedo dejar mi trabajo botado así como así, hay gente que depende de mí...

- Haz lo mismo que hiciste conmigo hace tiempo, transfiere a tus pacientes con otra de las psicólogas.

Yo me quedo en silencio, meditando mi respuesta y al cabo de un par de minutos, termino por ceder a sus demandas - Está bien, solo dame un poco más de tiempo.

- Un mes Candy, solo un mes.

- Hecho.

No pasa mucho tiempo antes de que sus labios se apoderen de nueva cuenta de mi boca y mientras mi esposo me besa, me recriminó a mí misma por ser tan débil y me odio por aceptar sus condiciones, a pesar de que no deseo hacerlo. Pero entre más lo pienso, más me convenzo de que esto es lo mejor; y es que yo me odiaría aún más si por culpa de mi necedad, perdiera al amor de mi vida. Por esa razón termino cediendo a sus demandas, aunque vayan en contra de mis propios principios.

Las siguientes tres semanas me la paso dándole vueltas a mi determinación de dejar mi empleo y buscando desesperadamente la manera de alargar, el mayor tiempo posible, el tema de mi renuncia. Como era de esperarse, el maldito estrés al que me encuentro sometida, provoca que esos estúpidos malestares vuelvan con mucho más fuerza, haciéndome sentir disgustada todo el tiempo.

Pero a pesar de todo, trato de no hacerle notar mi mal humor a Terry, ya que he percibido que su estado de salud ha empezado a deteriorarse paulatinamente y eso es algo que me angustia demasiado.

En los últimos días, él ha pasado más tiempo dormido que despierto y ha perdido un poco de color en el rostro, así como esa vitalidad que solía irradiar todo su cuerpo. Algunas veces lo he descubierto respirando con dificultad o llevándose la mano al pecho, y aunque mi esposo tampoco me dice nada por no preocuparme, sé que no la está pasando nada bien.

- Candy, ¿puedo hablar con usted? – Me pregunta el Dr. Anderson, sacándome de mis tortuosos pensamientos.

- Claro…

- Es sobre los familiares del joven que se encontraba en coma… Ellos por fin aceptaron que se desconecten las máquinas que lo mantenían con vida. El procedimiento se realizará mañana, al mediodía.

- ¡Oh, por Dios! ¿De verdad? – Exclamo, sin poder ocultar mi felicidad.

- Sí, pero hay un pequeño problema; ellos se rehusaron tajantemente a que los órganos de su hijo sean donados.

- ¿Qué? Pero… ¿Por qué?... ¡Eso no es justo!

- Lo siento Candy, es su decisión y no hay nada que podamos hacer al respecto.

- No, no puedo aceptarlo. Tengo que hablar con ellos, tengo que convencerlos.

- Candy, usted no puede intervenir en ese asunto.

- Claro que puedo. Y lo haré.

Con esas últimas palabras, me levanto de mi asiento y camino a paso veloz hacia el piso de cuidados intensivos, lugar donde se encuentra el paciente en cuestión.

Frank no lo sabe, pero desde la última vez que hablamos al respecto, me tomé la libertad de investigar todo lo referente a ese caso. Es más, me las arreglé para ofrecer mi ayuda psicológica a sus padres, aunque claro está que ellos la rechazaron de inmediato.

Sé que el Dr. Anderson está caminando detrás de mí, tratando de alcanzarme para impedir que logre mi objetivo, pero yo soy más rápida y llego a la sala de espera mucho antes que él. Al entrar, diviso rápidamente a la madre del muchacho, quién se encuentra sola, con la cabeza recargada en una de las butacas.

Sin pensarlo demasiado, me siento a su lado para platicar con ella.

- Buenas tardes, necesito hablar con usted - Murmuro, mientras ella me observa de reojo.

- Pensé que mi esposo había sido muy claro, no necesitamos de su ayuda.

- No se trata de eso...

- Entonces.

- Vengo a pedirle... No, vengo a suplicarle que firme la autorización para donar los órganos de su hijo.

- Eso es algo que a usted no le compete.

- Sí me compete, porque mi esposo necesita un trasplante y...

- No me interesa su vida privada. Los órganos de mi hijo no se van a donar y no tengo nada más que hablar al respecto.

- Entienda que con esa autorización usted podría salvar muchas vidas...

Ella se levanta de su asiento, con la intención de alejarse, pero yo la tomó del brazo, impidiendo que pueda escapar.

- Déjeme en paz, usted no tiene por qué acosarnos de esta forma.

- Solo le pido que reconsidere su decisión.

- No tengo nada que reconsiderar, esta es mi última respuesta.

- Sí usted de verdad cree en Dios...

Ella comienza a gritar, pidiendo ayuda, al tiempo que trata desesperadamente de alejarse de mí; pero si de algo estoy segura, es que no me voy a dar por vencida tan fácilmente y justo cuando me dispongo a reanudar mi ataque, Frank me toma del brazo.

- Candy, si sigue con esto se va a meter en un serio problema. ¡Pare ya!

Pero no, no puedo parar, no puedo permitir que la única esperanza de mi esposo se me escape de las manos. Así que me suelto del agarre de mi amigo, para ir tras la señora y seguir insistiendo.

- No puedo creer que haya gente tan egoísta como usted, tan insensata – Le digo, alzando el tono de mi voz.

- Sí no me deja en paz, le juro que la voy a reportar.

- Aún estamos a tiempo… Se lo suplico, firme la autorización – Le exijo, sujetando sus hombros y sacudiéndola con brusquedad.

- ¡Suélteme! – Grita ella.

- Le debería dar vergüenza decir que es una persona de fe.

Ella se queda en silencio y por un momento me siento victoriosa, creyendo que gané la batalla. Pero todo cambia cuando escuchó la voz del director del hospital, quién se encuentra detrás de mí y al voltear a mi alrededor, descubro que hay un grupo de gente observándonos atentamente.

- Srita. White, venga a mí oficina inmediatamente - Me ordena mi jefe.

Ni siquiera es necesario que mire su rostro, el simple tono de su voz me deja muy en claro que estoy en serios problemas.

═══════ ≪ •❈• ≫ ═══════

- ¿Pero en qué demonios estabas pensando? ¡Tonta! - Me reprende mi mejor amiga, mientras me ofrece una taza de té.

- No estaba pensando, estaba desesperada.

- Candy, pero actuar como una maldita psicópata no era la solución.

- Annie, ¿dime qué hubieras hecho tú en mi lugar?

- En primer lugar, hubiera hablado con ella en privado y no enfrente de todo el hospital...

- Hola Candy – Me saluda Archie, quien acaba de entrar de improvisto a la cocina - ¿Estás bien?

Cuando estoy a punto de contestar, una sola seña de mi amiga le deja muy en claro a su marido que no es bienvenido en este momento, haciéndolo regresar por donde vino.

- ¿Sabes Annie? Todos los días me levanto con miedo, pensando en que ese podría ser el último día que pase a su lado. Siento que la vida de mi esposo se está acortando y me odio por no poder hacer nada para ayudarlo - Al decir esas palabras, una hilera de lágrimas comienzan a correr por mis mejillas.

- Tómate tu té, te va a hacer bien.

- Desde que me pidió que dejara mi trabajo me he sentido tan estresada y lo peor de todo es que he tenido que interiorizar toda mi frustración para no perturbarlo. Era cuestión de tiempo para que todo esto explotara.

- Nunca debiste haber aceptado sus condiciones...

- Me sentí acorralada, no quería perderlo...

- Por Dios, Candy, ¿qué es lo que pasa contigo? Lo único que has hecho desde que estás con él, es ceder ante cada uno de sus chantajes. Estoy segura que si le hubieras dicho, claro y fuerte, que no ibas a renunciar a tu trabajo, él hubiera seguido contigo a pesar de todo.

- Tenía miedo de que en verdad se fuera...

- Candy, se supone que tú eres la psicóloga y se supone que tú deberías saber manejar este tipo de situaciones... Dime entonces, ¿por qué dejas que Terry te manipule de esa manera?

- Porque no quiero que el día de mañana, cuando él ya no esté conmigo, me arrepienta por no haberlo hecho feliz en sus últimos días.

- Estás mal Candy, muy mal… Y perdona que te lo diga, pero esta vez voy a darle la razón a tu hermano. No debiste casarte tan apresuradamente.

- No me sorprende que estés de su lado. Aun no se me olvida tu reacción cuando lo viste en la cena de Año Nuevo; poco faltó para que tu ropa interior también se fuera al suelo.

- ¡Idiota!

Una risa, la primera de la tarde, me hace olvidar por un instante todos mis problemas.

- Deja de insistir con eso. Ya te dije que me cayó de sorpresa, sobre todo porque no lo había visto en mucho tiempo – Se excusa ella.

- Ajá...

- Y no me cambies el tema, que no estamos hablando de mí, sino de ti... Candy, no puedes seguir así, no es sano para ninguno de los dos.

- No puedo alejarme de él, lo amo.

- No estoy diciendo que lo dejes. Solo te pido que te mantengas firme, que no dejes que siga controlándote.

El timbre de mi celular interrumpe nuestra charla y yo me apresuro a leer el mensaje que me envió mi esposo.

- ¿Te falta mucho para salir? ¿A qué hora paso por ti?

- Estoy con Annie, pero ya casi salgo para la casa.

- Ok. Aquí te espero.

Yo guardo mi celular en mi bolso y me levanto de mi asiento.

- Creo que llegó el momento de irme – Le digo a mi amiga, quien me mira con preocupación.

- ¿Se lo vas a decir?

- No, no quiero que se mortifique por culpa de mis estupideces.

- Tienes que decirle que te despidieron. No puedes ocultarle algo tan grave.

- Él quería que dejara el trabajo, ¿no?... Pues le haré creer que lo hice…

- Candy...

- Es lo mejor Annie... Es lo mejor. Nos vemos.

Antes de irme, paso a su baño para echarme un poco de agua fría en el rostro y le pido un poco de maquillaje para ocultar cualquier rastro de llanto. Al llegar a casa, mi esposo me recibe con una sonrisa.

- ¿Cómo te fue? – Me cuestiona Terry, cuando me ve entrar.

- Bien.

- Pensé que aún seguías en el hospital.

- Salí temprano y tuve ganas de visitar a mi amiga, pero ya sabes que siempre se nos va el tiempo hablando de tonterías – Le respondo, dándole un beso.

- ¿Estás bien? Te noto rara.

- Sí, estoy bien, no te preocupes.

Yo me alejo de él para evitar que siga examinándome y me dirijo hacia la cocina para comenzar a preparar la cena. Justo cuando estoy sacando los víveres del refrigerador, escucho la voz de mi esposo.

- Pecas, voy a salir de viaje mañana…

- ¿De viaje? ¿A dónde? – Le pregunto rápidamente, fijando mi vista en él.

- A Londres…

- ¿A Londres?

- Es un viaje de negocios. Como socio de mi padre tengo que estar presente cuando se cierra un contrato importante. Voy a estar fuera por una semana, dos a lo mucho.

- ¿Y por qué no me habías dicho nada?

- Porque Leonard no me había confirmado la fecha; lo hizo hoy en la mañana.

- No quiero que viajes, últimamente has estado bastante…

- Voy a estar bien, amor. Además, no voy a viajar solo, Leonard va a ir conmigo.

- Pero…

- Tranquila, no me va a pasar nada malo, te lo prometo.

Sé que por más que lo intente, no voy a hacerlo cambiar de parecer, así que dejo de insistir y sigo preparando la comida. Mientras lo hago, me convenzo a mí misma de que tal vez ese viaje sea lo mejor en este momento, al menos así tendré tiempo de manejar con calma el tema de mi despido.

A la mañana siguiente llevo a Terry al aeropuerto, donde el señor Miller ya lo está esperando, y luego de despedir a mi esposo con un largo beso y un fuerte abrazo, me regreso a la casa, sintiéndome completamente sola.

═══════ ≪ •❈• ≫ ═══════

No sé por qué, pero desde que él se fue, hace dos semanas, me he sentido sumamente deprimida. Es más, he pasado la mayor parte de mis días durmiendo, aunque eso realmente no me sorprende, ya que el exceso de sueño, o la falta de este, suele ser uno de los principales síntomas de la depresión. Depresión que estoy atravesando luego de perder mi trabajo.

El único momento feliz que tengo durante el día, es cuando mi esposo me llama por las noches; aunque para ser sincera, la felicidad me dura muy poco, ya que una vez que cuelgo el teléfono, me quedo llorando por horas dentro de la habitación hasta quedarme dormida.

Pero hoy me desperté un poco más animada que los días anteriores y eso se debe a que esta noche Terry por fin regresará de su viaje. Por tal motivo me he levantado de la cama mucho más temprano con la intención de comenzar a escombrar la casa, la cual, reconozco, he mantenido bastante desordenada últimamente.

Al momento de mover uno de los sillones para barrer la sala, siento que un dolor se hace presente en mi vientre, pero trato de no prestarle demasiada atención. La dolencia comienza a incrementarse gradualmente en el transcurso del día y la sospecha de que me lastimé debido al esfuerzo se hace presente, obligándome a ir al hospital para que me revisen.

La idea de volver al lugar donde fui despedida hace dos semanas no me hace muy feliz, pero considerando que la clínica se encuentra a escasas cinco calles de distancia y que ahí trabajan varios médicos, amigos míos; llego a la conclusión de que es la mejor opción.

Trato de mantener un perfil bajo mientras me escabullo hacia la sala de urgencias y justo cuando empiezo a buscar a algún médico disponible, me encuentro con Emerson, un internista con el que me llevo muy bien y que para mi fortuna, se encuentra desocupado en este momento.

Luego de un par de preguntas incómodas acerca del penoso incidente que protagonicé hace varios días, me recuesto en la camilla para que él pueda iniciar con la revisión, al tiempo que le respondo varias preguntas acerca de mi estado de salud.

- ¿Desde cuándo comenzaste a sentir estas molestias?

- Hace tres meses, más o menos.

Cuando escucha mi respuesta, él examina mi abdomen con sus dedos y luego toma su estetoscopio y lo coloca sobre mi vientre. Después de minuto en completo silencio, Emerson esboza una amplia sonrisa.

- Candy, estás embarazada.

- ¡¿Qué?!

- Sí, estás embarazada, por eso has sentido todos esos malestares. Me sorprende que no te hubieras dado cuenta.

- Yo me hice dos pruebas de embarazo y una de ellas salió negativa.

- ¿Y la otra?

- Salió defectuosa.

- Bueno, esos tests caseros no suelen ser muy confiables. Debiste hacerte una prueba de sangre.

- A decir verdad, no lo pensé.

- Voy a buscar al ginecólogo en turno para que te revise.

- Siempre me he atendido con la Dra. Miller.

- Ok, voy a ver si no está muy ocupada, ahorita regreso.

Al cabo de algunos minutos, mi compañero vuelve al consultorio.

- Hoy es tu día de suerte, ella está desocupada y te va hacer una ecografía. Tu embarazo ya está algo avanzado y como no has recibido ningún cuidado prenatal...

- ¿Crees que mi bebé pueda estar en peligro?

- No, pero es mejor cerciorarnos de que no tenga ningún problema, ¿no crees?

- Sí, claro.

Emerson me guía hasta otro consultorio, donde la ginecóloga ya me está esperando. Ella me pasa una bata y me señala el baño, para luego pedirme que me despoje de mi ropa y me recueste en la camilla.

Antes de empezar con el procedimiento, la doctora me pone un poco he gel frío sobre mi abdomen y comienza con la exploración.

- Veamos - Me dice, mientras mueve el aparato por mi vientre – Tienes doce semanas de embarazo. No entiendo como no te diste cuenta, ¿no se suspendió tu periodo?

- Nunca he sido muy exacta, he pasado hasta tres meses sin menstruar…

- ¿Y no tuviste síntomas?

- Solo agruras y una que otra nausea. Pero fui a ver a un gastroenterólogo y me dijo que era gastritis…

- Sí, bueno, suelen confundirse los síntomas; pero no te preocupes, muy pronto dejarás de sentir todos esos malestares típicos del primer trimestre.

- Y mi bebé… ¿está bien?

- Todo parece indicar que sí.

- ¿Y ese dolor el en vientre?

- Es probable que te hayas lastimado algún músculo, pero no tiene nada que ver con tu bebé.

- ¿Ya puedo saber su sexo? – Le pregunto, emocionada.

- Tal vez en un mes más… No comas ansias.

Ella sigue examinando el monitor, mientras que yo trato de interpretar, sin mucho éxito, las imágenes que aparecen frente a mí.

- Oh, mira, te está saludando – Me dice, señalando la pantalla y al enfocar la mirada, veo lo que supongo que es un bracito, moviéndose, y es inevitable que mis ojos se llenen de lágrimas debido a la emoción.

Al terminar la ecografía, la ginecóloga empieza a llenar una receta, al mismo tiempo que me da decenas de consejos para mi embarazo. Cuando salgo de su consultorio me siento como si estuviera flotando en las nubes y es por esa razón que tropiezo, sin querer, con el doctor Anderson, quien luce bastante sorprendido de verme.

- ¡Candy! No esperaba encontrarla aquí, no después de lo que pasó.

- ¡Estoy embarazada! – Exclamo, sin poder ocultar la inmensa alegría que estoy sintiendo.

- ¿De verdad? ¡Felicidades!... ¿Y su esposo?

- Está de viaje, pero vuelve hoy mismo, de hecho debe estar llegando al aeropuerto en este momento… ¡Dios! Muero de ganas de ver su cara cuando le dé la noticia… Pero bueno, lo dejo, que aún tengo que caminar hasta mi casa.

- La llevo, ya voy de salida.

- No es necesario, son solo cinco calles.

- No importa, me queda de paso.

Después de mucho insistir, termino accediendo a la petición de mi amigo y una vez que me deja enfrente del portón, nos despedimos con un abrazo.

- Siento mucho lo que sucedió, yo me siento realmente responsable – Me dice, una vez que bajo de su auto.

- No importa, de todas formas hubiera tenido que dejar el trabajo, así que fue lo mejor. Nos vemos Frank.

- Nos vemos y cuida mucho a ese bebé.

- Gracias.

Al entrar a la casa, me sorprendo al encontrarme con Terry sentado en el sillón.

- Amor, pensé que llegabas más tarde.

- Adelanté mi viaje…

- Que bueno, porque tengo una noticia que…

- ¿En dónde estabas?

- En el hospital…

- ¿Por qué no te llevaste el carro?

- Desde que nos mudamos a esta casa no me lo he llevado y lo sabes… ¿Qué es lo que te sucede?

- Nada, estoy cansado.

- ¿Ya te tomaste tus medicamentos?

- Todavía no…

Sin perder el tiempo, me dirijo a la cocina para servirle un vaso con agua a mi esposo, a fin de darle sus medicinas.

- Candy, ¿me amas? – Me pregunta, cuando regreso a la sala.

- Claro que sí.

- Ven, vamos a hacer el amor.

- Primero tómate tus medicinas, no luces muy bien.

- Al diablo las medicinas… No te he visto en dos semanas.

- No te llevará ni un minuto tomártelas.

Yo le acerco el vaso de agua, pero él lo tira al suelo de un manotazo.

- Con un carajo, ¿qué acaso no puedes olvidarte de las jodidas medicinas por un momento?

Su actitud agresiva me deja completamente paralizada y rápidamente volteo mi rostro, tratando de ocultar las lágrimas que amenazan por salir de mis ojos, pero ya es demasiado tarde.

- Perdóname Candy, por favor…. Yo no quise… - Suplica, arrodillándose ante mí.

- No importa, de verdad… Estoy bien.

- Deja de decir que estás bien, porque no es así… Nada está bien, maldita sea.

Sin saber qué hacer y mucho menos qué decir, me dirijo hacia la habitación en un intento por aclarar mis aturdidos pensamientos.

Al cabo de unos segundos, él me abraza por la espalda y comienza a besar mi cuello mientras que sus manos me despojan de mi ropa. Y a partir de entonces no soy consciente de nada, más que de sus besos, de sus dedos estrujando mis pezones, de su miembro firme internándose sin contemplaciones dentro de mí, haciéndome olvidar, aunque sea por un instante, todo lo que acaba de ocurrir.

Cuando todo termina, los dos nos quedamos recostados en completo silencio, tal vez para evitar decir algo que pueda lastimarnos más. No sé en qué momento me quedo profundamente dormida, pero me despierto al escuchar unos sollozos provenientes de algún lugar cercano y al darme la vuelta me doy cuenta de que Terry ya no está conmigo.

Yo me levanto de la cama y salgo sigilosamente de la habitación, en busca de mi esposo y al llegar a la sala, descubro que es él quien se encuentra llorando en el baño. Incapaz de enfrentarlo, me quedo sentada a un lado de la puerta por espacio de una hora, con la cabeza entre mis rodillas, en la penumbra de la habitación, sintiendo como las lágrimas surcan mis mejillas.

Por la mañana me despierto al percibir los rayos del sol iluminando la recamara y lo primero que noto es que estoy de nueva cuenta en la cama, sola. Rápidamente comienzo a buscar a Terry por toda la casa y una vez que llego al comedor, encuentro una nota suya sobre la mesa.

Lo siento mucho Candy, esto no está funcionando.

Te doy la libertad para que rehagas tu vida.

Sé feliz.

Y con esas simples palabras caigo en la cuenta de que mi esposo me ha abandonado…

═══════ ≪ •❈• ≫ ═══════

Abrázame y muérdeme

Llévate contigo mis heridas

Aviéntame y déjame

Mientras yo contemplo tu partida

En espera de que vuelvas y tal vez vuelvas por mí

)o(

Y ya te vas, ¿qué me dirás?

Dirás: qué poco sabes tú decir

Despídete, ya no estarás

Al menos ten conmigo esa bondad

Te extrañaré, no mentiré

Me duele que no estés y tú te vas

)o(

Amárrame y muérdeme

Llévate contigo mis heridas

Murmúrame y ládrame

Grita hasta que ya no escuche nada

Sólo ve cómo me quedo aquí, esperando a que no estés

En espera de que vuelvas y tal vez vuelvas por mí…


Chicas lindas, lamento mucho la demora, pero he estado algo ocupada con algunos pequeños proyectos y sí, reconozco que dejé de lado esta historia (solo un poco), pero ya estoy aquí de nuevo (Sí, no me odien)

En este capítulo aparecen dos canciones: la primera es "Felicidad" del grupo Gondwana (No, no se la escribió Terry a Candy, jajaja) y la segunda es un clásico de clásicos de mi lista de reproducción, se llama "Avientame" del grupo Café Tacuba (Ufffff!) y sí, es una de mis canciones favoritas de todos los tiempo (Que también formó parte del soundtrack de la película "Amores Perros")

Es probable que no actualice esta historia hasta principios de enero (Sí, sorry) pero como les había comentado en un principio, quiero publicar dos historias antes de que termine este año, la primera la estaría publicando el 24 (como parte de la dinámica organizada por Doralix "Las posadas Terrytanas") y la segunda el 31 de Dic, conmemorando el día en que Candy y Terry se conocieron. Así que les pido de su paciencia y de su comprensión, les juro que si voy a terminar la historia y voy a intentar subir un capítulo nuevo lo antes posible.

Hablando de las "Posadas Terrytanas", les comento que se va a estar publicando una historia diaria hasta el día 24, todas con motivos navideños.

Hasta el momento se han publicado 4.

*"Demasiado" de Gissa Graham

* "Una historia de Navidad" de Gianny 17

* "La noche buena perfecta" de Princesa Filomena

* "El regalo de Santa" de Doralix Graham

Les dejo los nombres para quien guste leer y comentar a las chicas que con tanto entusiasmo están escribiendo para el rebelde ;)

Y estén atentas para las historias que se seguirán subiendo estos días, ya saben que su apoyo es importante, ya que es lo único que nos mantiene escribiendo, así que si las leen, no olviden dejar su comentario.

Bueno, creo que eso es todo por el momento.

Les agradezco todos sus reviews, sus follows, sus favorites.

Les agradezco a todas mis lectoras silenciosas por leer mi historia.

Le agradezco infinitamente a Monse por ser mi beta reader y por corregir mis horrores, digo, errores :)

Gracias, muchas gracias de corazón.

NOS LEEMOS HOY EN LA NOCHE Y EL 31 (Siiii, estoy emocionada)

Y si no me quieren leer (jajaja) pues les deseo una FELIZ NAVIDAD (Jojojo) Y un PRÓSPERO AÑO NUEVO.

Por cierto, como dato extra, apenas cumplí un año escribiendo Fics (¿pueden creerlo?) Bueno, sé que hay gente que lleva más tiempo, pero a mí se me hace todo un logro y sí, les agradezco a todas esas personitas que han seguido mis historias desde el principio; una de ellas es Ely, otra es Sofía, así como Yeshua (perdon si te emocione la otra vez, es que en mis tiempos libres luego me pongo a editar mi vieja historia) y también Phambe, quien apenas me escribió un review que me dio mucho gusto recibir (Gracias Phambe). Anastasia Romanov también me ha seguido en varias aventuras, jajaja.

Sé que me me falta mencionar a varias, pero mi cerebro ya no está cooperando conmigo en este momento, así que prometo seguir agradeciendo en mi próxima publicación.

Les mando un abrazo fuerte y afectuoso.

Que tengan un excelente día.