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LA DECISIÓN

- Todo parece indicar que será una niña - Nos dice la ginecóloga, con una enorme sonrisa pintada en los labios.

- ¡Una niña! - Gritamos mi hermano y yo al unísono, tomándonos de la mano.

- No puedo asegurarlo por completo, pero hay un 90% de probabilidad de que así sea, Sra. Grandchester.

Las dos últimas palabras que ella pronuncia se sienten como una patada en el hígado.

- Sra. White - Corrijo rápidamente.

- ¡Oh! Lo siento mucho, en su expediente decía que...

- Me estoy divorciando - Interrumpo y me sorprendo de que por primera vez en dos semanas, no me den ganas de llorar al recordar que Terry ya no está a mi lado.

- ¿Y cuántos meses de embarazo tiene mi hermana? - Pregunta Tom, al observar el momento tan bochornoso en el que nos encontramos su compañera y yo.

- Ella tiene 16 semanas... En este momento su bebé mide aproximadamente 10 cm. Y muy pronto comenzará a sentir como se mueve dentro de su vientre.

- ¿De verdad? Me muero por sentir sus pataditas - Respondo, emocionada.

- Bueno, al principio la sensación será muy sutil, como si le hicieran cosquillas...

- ¡Qué maravilla!

- Su bebé se está desarrollando perfectamente, pero recuerde, debe tomar diariamente el ácido fólico y las vitaminas que le voy a recetar

- Sí, por supuesto.

- Le programaré una cita dentro de un mes para asegurarnos de que su bebé siga creciendo adecuadamente.

- Gracias.

Después de despedirnos de la ginecóloga, Tom y yo salimos de su consultorio y nos dirigimos a un pequeño restaurante cercano al hospital donde él trabaja, con el fin de comer juntos antes de que emprenda su viaje hacia Chicago. Hoy mi hermano va a ir a la casa que yo solía compartir con mi aun esposo, para recoger mis pertenencias más importantes; pues desde que salí huyendo de ese lugar, hace más de diez días, no he vuelto a poner ni un sólo pie ahí.

- ¿Estás segura que no quieres venir? - Me cuestiona Tom, mirándome directamente a los ojos.

- Sí, no quisiera volver a toparme con Terry.

- Algún día tienes que enfrentarlo.

- Probablemente, pero ese día no será hoy.

- Ya hice la cita con el abogado. Nos recibirá mañana en la tarde.

Un enorme hueco se forma en mi estómago al escuchar esas palabras y aunque una parte de mí no desea asistir a esa cita, sé que debo cumplir con la promesa que hice, de iniciar lo antes posible con los trámites de divorcio.

- Candy, ¿estás bien? – Indaga mi hermano, al ver que me he quedado pensativa.

- Sí, estoy bien – Le respondo, fingiendo una sonrisa.

- ¿Solo quieres que te traiga tu ropa?

- Sí y también mi celular. Si no mal recuerdo lo dejé en la sala.

- Ok. Trataré de volver temprano, tengo ganas de ir a dar una vuelta a la plaza.

- Me encanta tu idea, yo tengo muchas ganas de ir a comprar más ropita para mí bebé.

Mi hermano me sonríe tiernamente, al tiempo que su mirada se fija en mi vientre ligeramente abultado.

- ¿Quieres que te lleve de regreso al departamento?

- No, hoy tengo ganas de caminar. Además, a Sophie y a mí nos hace bien el ejercicio – Contesto, sobándome la panza.

- ¿Sophie? ¿No se llamaba así la muñeca de Susana?

- Sí… A las dos nos gustaba mucho ese nombre y cuando éramos niñas prometimos que la primera que tuviera una hija, la llamaría de esa forma.

- Oh, ya veo. "Sophie" – Murmura para sí mismo - Sí, me gusta, me gusta mucho.

- ¿Verdad que es un nombre muy lindo?

- Bastante.

Mi hermano observa rápidamente su reloj y hace una expresión de preocupación, luego coloca algunos billetes en la charola de la propina y se levanta del asiento.

- Ya son las 10, si no me apuro, se me va a hacer tarde.

- Creo que me quedaré aquí un rato más... Se me antojó un postre.

- Recuerda que no debes comer tanta azúcar, eso les puede hacer daño a ambas... - Me reprende.

- Y tú recuerda que debo de comer por dos.

- ¡Ah! – Lanza un suspiro - ¡Eres imposible, Candy! - Me dice, moviendo la cabeza - Nos vemos al rato. Te quiero.

Antes de salir del restaurante, mi hermano me da un beso en la frente como despedida y mientras observo su figura desvanecerse entre la gente, no puedo dejar de pensar en lo maravilloso que es tenerlo tan cerca de mí.

"El tiempo se encarga de curar, poco a poco, cada una de nuestras heridas", solía decirles a mis pacientes para motivarlos a seguir adelante con sus vidas, pero es ahora que realmente he podido comprobar la veracidad de esa frase. Y es que cuando yo llegué aquí, hace dos semanas, me sentía totalmente deshecha, inservible, pero estos días en compañía de Tom, me han ayudado a reconstruirme a mí misma; me han ayudado a recuperar ese amor propio que había perdido por intentar, en vano, satisfacer los deseos de alguien más.

No voy a negarlo, aún me duele recordar aquella vida que solía tener en Chicago, junto a Terry; aún me despierto en la madrugada buscando su cuerpo junto al mío; aún me sorprendo pensando en él, imaginando todo lo que le contaría si volviera a verlo; aún me pierdo observando a la nada, pensando en todo lo que pudo ser y no fue.

- ¿Desea ordenar algo más? – Me pregunta la mesera, interrumpiendo mis reflexiones.

- Sí, un "Banana Split" con mucho jarabe de chocolate.

- ¿Cuántos meses tiene? – Me pregunta, señalando mi abdomen.

- Apenas cuatro.

- Felicidades – Me dice, sonriendo.

- Gracias.

- Enseguida le traigo su postre, no me gustaría que su bebé naciera con cara de banana por mi culpa.

Es inevitable que una risa se escape de mi boca al imaginar a mi hija con cara de plátano y una vez que la alegre mesera se retira, vuelvo a acariciar mi pequeña panza, dedicándole un par de palabras de amor a mi pequeña.

Desde hace varios días, todos los malestares que solía tener, disminuyeron paulatinamente, dando lugar a estos irresistibles antojos por cosas dulces y frías. Tom suele regañarme diciendo que debo cuidar más mi alimentación, pero lo cierto es que siempre termina cediendo a mis caprichos.

Creo que el hecho de mudarme con mi hermano, ha significado un cambio importante para ambos, pero al final hemos logrado adaptarnos lo mejor posible para poder convivir en armonía. Los dos nos hemos esforzado en reparar aquel vínculo fraternal que se había desquebrajado y estamos intentando reconstruir la confianza que se había perdido.

Hace un par de días Tom me propuso hablar con la directora del hospital para que me dieran empleo, pero no fui capaz de aceptar su ofrecimiento, ya que por ahora no me siento preparada para ayudar a nadie que no sea a mí misma. Él también me propuso retomar mis terapias psicológicas y aunque en un principio me negué rotundamente, comprendí que eso era lo mejor que podía hacer en este momento de sanación. Por esa razón, a partir de la próxima semana comenzaré a tratarme con una compañera suya, que según mi hermano, es excelente en su trabajo.

Una vez que termino de comer mi postre, salgo del establecimiento y me encamino hacia un pequeño parque que se encuentra a unas cuantas calles del departamento de Tom. Últimamente, observar a los niños jugar se ha vuelto uno de mis pasatiempos favoritos y suelo venir todas las tardes, por espacio de una hora, a regocijarme con las ocurrencias de esos pequeños diablitos.

Después de un largo tiempo de estar sentada en una de las bancas, mi pecho se oprime sin ninguna razón aparente, dando paso a un mal presentimiento. Asustada, me dirijo al departamento de Tom para esperar su llegada y justo cuando estoy entrando, escucho que el teléfono empieza a timbrar.

- ¿Candy?

- Sí, soy yo, ¿ya vienes?

- Candy, tengo algo que decirte, pero quiero que lo tomes con mucha calma...

- ¿Te sucedió algo en el camino?

- No, estoy bien... ¿Estás sentada?

- Tom, déjate de rodeos y dime qué pasa, ¿no pudiste entrar a la casa? ¿No encontraste mi ropa?

- No, no es eso.

- ¿Entonces?

- Candy, cuando entré a la casa, me encontré con Terry...

- ¿Tuvieron algún altercado? ¿Se atrevió a hacerte algo?... Él… ¿estaba con alguien más? – Al formular la última pregunta, mi corazón se estruja violentamente.

- Él estaba en el suelo, inconsciente… Apenas y estaba respirando.

La confesión de mi hermano provoca que me quede sin aire y tengo que recargarme en el sillón para poder seguir hablando.

- Traté de darle primeros auxilios, pero ignoro cuánto tiempo había transcurrido desde que perdió el conocimiento...

- ¿Él está vivo? – Lo cuestiono, temiendo lo peor.

- Sí, pero su pronóstico no es muy alentador. El doctor me pidió que contactara a sus familiares... Candy, tienes que estar preparada, ellos no creen que él sobreviva.

- ¡Oh, por Dios! - Exclamó horrorizada y un par de sollozos se escapan de mi boca, al igual que varias lágrimas, las cuales corren sin cesar por mis mejillas. En ese instante, cualquier resentimiento que pudiera tener contra Terry se desvanece de inmediato.

- ¿Tienes mi celular a la mano? – Le pregunto, haciendo un esfuerzo sobrehumano para que mi voz no se quiebre.

- No, ni siquiera me dio tiempo de buscarlo.

- Tom, por favor vuelve a la casa y busca la agenda que se encuentra en el primer cajón del buró, al lado de la cama.

- Ok.

- Y por favor localiza al Sr. Leonard Miller, comunícale lo que está pasando.

- Está bien.

- ¿En dónde te encuentras tú?

- En el hospital North Western Memorial.

- Voy para allá.

- No Candy, espera...

En ese instante cuelgo el teléfono y me levanto del asiento para tomar las llaves de mi auto y salir lo más rápido posible hacia Chicago. Tom ni siquiera se toma la molestia de volver a marcar, pues sabe bien que nada de lo que diga evitara que haga este viaje.

Una hora y media después llego al hospital y me quedo parada unos minutos en la puerta principal, intentando controlar los temblores que sacuden todo mi cuerpo; cuando por fin consigo tranquilizarme, me encamino hacia el área de cuidados intensivos. El primer rostro que vislumbro al llegar a mi destino es el del doctor Anderson, quien a decir verdad luce bastante afligido. Él se acerca rápidamente a mí y toma mis manos entre las suyas.

- Candy, de verdad lo siento. Todo fue mi culpa, yo no debí decir nada… Te juro que lo hice sin querer, jamás pensé que fuera a suceder esto – Balbucea, pero por más que intento, no logro entender de qué demonios me está hablando.

- ¿Cómo está Terry?

No hay necesidad de que Frank diga nada, ya que su sola mirada, cargada de tristeza, me hace saber que su respuesta no será positiva.

- Mal, muy mal; las probabilidades de que sobreviva son casi nulas.

- ¿Puedo pasar a verlo?

- No, por el momento no puede recibir visitas.

Frustrada, me muerdo los labios en un intento por sofocar los sollozos que luchan por salir de mi boca y justo cuando estoy por echarme a llorar, siento que alguien aprieta mi hombro. El Dr. Anderson aprovecha mi distracción para ingresar de nuevo al área de cuidados intensivos.

- Señora, siento mucho todo esto que está pasando.

- Sr. Miller, ¿pudo contactar a los padres de Terry?

- Sí, la señora Baker tratará de llegar lo antes posible, al igual que el señor Grandchester.

Al momento de escuchar nombrar al padre de mi esposo, caigo en la cuenta de que ni siquiera lo conozco.

- Me alegra mucho que esté aquí, a pesar de todo lo que pasó entre ustedes – Expresa él, con pesar.

- Eso es porque, a pesar de todo, Terry sigue siendo mi esposo y es mi obligación estar aquí.

- Candy, sé que ustedes han tenido muchas dificultades; pero jamás debe dudar del amor que Terrence siente por usted.

- Él no siente amor por mí; eso me lo dejó muy claro la última vez que hablamos.

- No todo es lo que parece – Me dice y yo me encojo de hombros, quedándome en silencio por varios segundos sin saber qué contestar.

La oportuna aparición de Tom me salva de ese momento incómodo.

- Si me disculpa, voy a estar con mi hermano – Le informo y al momento de empezar a caminar, su mirada se fija en mi vientre.

- ¡Está embarazada! – Exclama, asombrado, mientras yo trato de cubrir mi abdomen con las manos - ¿Por qué no le dijo nada a Terrence? – Me pregunta.

- No lo creí prudente – Le respondo y sigo con mi camino, tratando de evitar más cuestionamientos de su parte. Cuando llego hasta donde se encuentra Tom, le pido prestada su sudadera y me la pongo encima, ocultando de esa forma mi embarazo.

Las siguientes horas se tornan eternas en la espera de alguna noticia favorable. Mis padres llegan poco tiempo después y ambos se quedan haciéndome compañía junto con mi hermano. Annie también me hace una visita rápida y antes de irse, promete regresar al día siguiente.

Eleanor arriba cerca de la medianoche y a pesar de que intenta parecer tranquila, su rostro, el cual luce bastante desmejorado, demuestra lo mucho que está sufriendo por la situación de su hijo. Cuando el doctor Anderson sale a darnos informes, ella se acerca a él y luego de hablar por varios minutos a solas, se sienta en un lugar apartado de la sala; yo me levanto de mi asiento y me acerco a hacerle compañía.

- Hola Eleanor, yo…

- No digas nada, por favor, solo abrázame muy fuerte – Me pide y yo accedo a hacerlo. En el momento en que la rodeo con mis brazos, ella rompe en llanto – No puedo creer que mi Terry nos esté dejando – Susurra.

- Yo tampoco.

- No sabes lo que daría por estar en su lugar.

- Sí, lo sé… Porque yo daría lo mismo.

Ella levanta su rostro hacia mí y me sonríe levemente.

- Me alegra que estés aquí, él me contó lo que había pasado entre ustedes y…

- No creo que sea el mejor momento para hablar de eso.

- Sí, es verdad – Me responde.

No sé cuánto tiempo nos quedamos abrazadas en silencio, pero luego de lo que me parece una eternidad, Eleanor vuelve a hablar.

- Te importaría dejarme sola un momento. Necesito aclarar mis pensamientos – Expresa de forma amable.

- Sí, claro.

Yo le doy un último abrazo y vuelvo al lado de mis padres para continuar con la espera. Cerca de las seis de la mañana un hombre de edad avanzada, con mucho porte, hace su aparición en el hospital. No me toma mucho tiempo deducir que se trata del Sr. Grandchester y mientras lo observo con detenimiento, descubro que su presencia me hace sentir incómoda.

El padre de Terry ni siquiera repara en mí, ya que rápidamente se acerca a Eleanor para susurrarle algo al oído, haciendo que ella se aferre a su pecho y comience a llorar. Yo permanezco en mi lugar contemplando la escena, evitando acercarme a ellos por temor a recibir algún desplante por parte de ese señor.

Pocos minutos después de su llegada, el doctor Anderson vuelve a salir a la sala de espera y me llama discretamente.

- ¿Alguna buena noticia? – Le pregunto esperanzada, pero solo recibo un "no" como respuesta.

- Candy, me duele mucho tener que decirte esto, pero dada la situación de Terry, es necesario que tomes una decisión importante.

- ¿Qué clase de decisión?

- Tu esposo está conectado a una máquina que le permite bombear la sangre a todo su cuerpo, ya que su corazón no es capaz de hacerlo por sí mismo. Él puede seguir "viviendo" de esa forma por varias horas, tal vez días, pero tú tiene que analizar qué clase de vida sería esa...

- ¿Me estás pidiendo la autorización para desconectarlo de ese aparato?

- Sí.

En ese momento yo siento como si un hoyo negro se abriera en mi pecho, impidiéndome respirar.

- No, por favor, no me pidas eso, yo no podría... – Mascullo, con lágrimas en los ojos.

- Candy, tú, cómo su esposa, eres la única persona autorizada para tomar esa decisión.

- Pero es que yo…

- Vamos a hacer esto; yo voy a ir a descansar un rato, tómate ese tiempo para meditarlo con calma.

- Frank…

- Piénsalo.

Justo cuando mi amigo se dispone a retirarse, los padres de Terry se acercan a donde él y yo estamos conversando.

- ¿Qué es lo que está sucediendo aquí? – Pregunta el Sr. Grandchester, con tono enérgico.

El Dr. Anderson voltea a verme, dudando entre si debe hablar o no. Un movimiento afirmativo de mi cabeza lo incita a hacerlo.

- Creo que deben contemplar la opción de desconectar el aparato que mantiene a su hijo con vida.

- ¿Ya no hay ninguna esperanza? - Pregunta Eleanor, angustiada.

- No, lo siento. A menos que aparezca un donador en este preciso momento, no hay nada más que se pueda hacer por él… Y aun en ese caso, sus probabilidades de vida son limitadas.

- Por mi parte, no tengo ninguna objeción con que lo desconecten – Expresa su padre y yo me quedo atónita al escuchar esa respuesta.

- ¿Desconectarlo? ¡Por Dios! ¡Es su hijo! ¿Qué acaso no tiene corazón? – Le reclamo indignada, recibiendo como respuesta una mirada despectiva de su parte.

- Lo mejor será acabar con todo esto de una buena vez, no le veo el caso a mantener por más tiempo la agonía de Terry, ni la de todos nosotros.

- ¡No! – Contraataco y veo que su rostro se encoleriza de inmediato.

- La única persona capaz de dar esa autorización, es su esposa – Interrumpe Frank al ver la situación tan tensa en la que nos encontramos todos.

El padre de Terry me mira con desprecio y después se da la vuelta para dirigirse a su asiento – Solo recuerde que mi hijo está sufriendo – Me dice antes de alejarse por completo de ahí.

Una vez que el doctor Anderson se ha marchado, regreso al lado de mis padres y me siento en medio de los dos.

- ¿Qué sucede, Candy? – Me cuestiona mi papá, al ver mi semblante desencajado.

- Ellos quieren desconectar a Terry – Respondo, sin poder ocultar el dolor que me provoca el solo pensar en esa posibilidad.

Mi padre me abraza con fuerza y me da un beso en la frente – No te preocupes hija, nadie puede obligarte a hacerlo, si tu no lo deseas.

- Lo sé – Le contesto, tratando de desechar esos pensamientos.

Luego de algunos minutos en silencio, me separo lentamente de mi papá y me levanto del asiento - Voy a comprar algo de comer, tengo hambre…

- ¿Quieres que te acompañemos? – Me pregunta mi madre.

- No, gracias. Prefiero estar sola.

Al llegar a la cafetería, pido un paquete de galletas junto con un vaso con leche y me dirijo a la mesa más apartada del lugar para no ser molestada por nadie. Antes de sentarme, me quito la sudadera, ya que el ambiente está bastante cálido.

Mientras estoy comiendo, escucho que alguien se acerca a mí y al girar el rostro, me encuentro de frente con el papá de Terry.

- Así que usted es la famosa Candy, ¿eh?

- No sé si sea famosa, pero sí, soy yo.

- Yo soy Richard Grandchester, el padre de Terrence, pero supongo que eso usted ya lo sabe.

- Le diría que estoy encantada de conocerlo, pero no es así.

Él comienza a reír y luego de algunos segundos toma asiento frente a mí - Al menos es sincera – Me dice, escudriñando mi rostro, mientras que yo intento ignorarlo, fingiendo revisar un mensaje imaginario en mi celular.

- Sé que usted y yo iniciamos con el pie izquierdo, pero nunca es tarde para empezar de nuevo, ¿no lo cree?

- No, no después de lo que dijo hace rato... ¿Qué acaso no siente ni un poco de compasión por su propio hijo?

- Es por compasión a él que dije lo que dije. ¿Usted cree que no me duele todo lo que está pasando? Él es mi hijo y lo amo.

- ¿De verdad? Si tanto lo ama, ¿por qué se ha encargado de hacerle la vida imposible?

- Lo único que yo siempre deseé, fue que él se convirtiera en un hombre de bien.

- ¿Humillándolo?

- Yo quería que él se formara un carácter fuerte, como el mío. Mi padre me educó igual y véame, aquí estoy.

Ante su respuesta, yo no puedo hacer nada, más que lanzar un largo suspiro - Es una pena que jamás se haya dado cuenta del enorme daño que le hizo a su hijo con sus acciones.

- No debería juzgarme tan severamente. Se supone que parte de su trabajo es tratar de comprender el proceder de las personas, ¿no es así? – Expresa, de forma desafiante.

- Pues no, no comprendo cómo una persona que dice amar tanto a alguien, puede herirle tanto. Dígame, ¿alguna vez le dijo que lo amaba? ¿Alguna vez lo abrazó? ¿Alguna vez estuvo con él cuando lo necesitaba? ¿Alguna vez le demostró lo mucho que le importaba? Terry siempre creyó que no era lo suficientemente bueno para usted, siempre pensó que no era digno de su cariño. Tal vez si usted no hubiera sido tan frío con su propio hijo, su historia sería diferente…

- ¿Él le dijo eso?

- No hubo necesidad de que lo hiciera, era algo evidente... Pero ya ni siquiera tiene caso hablar de eso, porque su hijo se está muriendo y se irá con la creencia de que usted nunca lo amó. Ahora sí me disculpa, no tengo ningún interés en continuar con esta plática.

Al momento de incorporarme de la silla, noto que su mirada se fija en mi abdomen y es entonces que caigo en cuenta de que no me coloqué la sudadera.

- ¡Está embarazada! – Exclama, asombrado.

- Sí, lo estoy.

Por primera vez desde que el señor Grandchester llegó, veo que su rostro se descompone.

- Es una lástima, él siempre quiso tener un hijo.

- Es una niña…. Y se va a llamar Sophie – Le respondo, acariciando mi vientre y es inevitable que un par de lágrimas se escapen de mis ojos - ¿Sabe? A pesar de todo, me hubiera gustado que Terry la conociera… Me hubiera gustado que las cosas fueran diferentes, que tuviéramos más tiempo para estar juntos, que hubiéramos logrado ser una familia feliz.

- Lo siento.

- Yo lo siento más.

Salgo de la cafetería con el corazón en la mano y tengo que refugiarme en unas bancas apartadas para poder sacar toda la frustración y el dolor que estoy sintiendo en este momento.

El llanto me invade de forma incontrolable, sacando a flote todos esos sentimientos que había mantenido ocultos en lo profundo de mí. Lloro de impotencia, porque sé que Terry se está muriendo y no puedo hacer nada para evitarlo; lloro de tristeza, porque mi hija jamás conocerá a su padre; lloro de coraje, porque si yo me hubiera mantenido firme en mi propósito de no involucrarme con él, nada de esto estaría pasando.

Cuando el cansancio me vence, me recargo en la cabecera de la silla y me quedo profundamente dormida, transportándome, una vez más, al mundo de los sueños.

En esta ocasión me encuentro en una habitación vacía, la cual está pintada completamente de blanco. La luz que la ilumina es bastante intensa, tanto, que a mis ojos les cuesta varios segundos acostumbrarse a ella. En medio del cuarto puedo ver a Susana, quién me observa con una enorme sonrisa.

- Candy, acércate - Me pide, pero el miedo me obliga a permanecer en el mismo sitio.

- Susy...

- Es hora de que dejes ir todo eso que te hace daño...

- No te entiendo.

- Han pasado muchos años y tú me has mantenido atada a ti desde aquel día.

- Pero yo...

- Ven, no tengas miedo, no voy a lastimarte - Me dice, extendiendo su mano hacia mí.

Dubitativa, me acerco hacia ella y rozo mis dedos con los suyos; instantáneamente, una visión del pasado me envuelve y el escenario se transforma en mi antigua recamara en casa de mis padres, el día que mi hermana murió.

Ahí estábamos las dos en el piso del baño; yo intentando parar la sangre que brotaba de su muñeca con un trapo y ella suplicándome que la dejara ir. Pero yo no podía, no quería hacerlo, porque sentía que sí ella se iba, yo perdería a esa personita que me había acompañado desde el momento de mi concepción y una gran parte de mí se marcharía con ella.

En algún momento sus ojos azules se cruzaron con los míos y sin necesidad de pronunciar palabra alguna, ella me hizo comprender lo mucho que estaba sufriendo y entendí que, si de verdad la amaba, tenía que aceptar su deseo de irse de este mundo.

Fue entonces cuando dejé de luchar y me quedé a su lado, sujetando su mano hasta que llegó el final. Y cuando Susana exhaló su último aliento, el remordimiento me golpeó con todas sus fuerzas, porque en el fondo sabía que hubiera podido salvarla. Y como modo de defensa, mi mente bloqueó cualquier recuerdo.

- ¿Ahora lo entiendes? - Susurra mi hermana, soltando mi mano, regresándome de golpe al mismo cuarto blanco.

Sí, ahora comprendo que me aferré a su recuerdo, tratando de mitigar la culpa y aunque con el tiempo logré sobrellevar esos sentimientos por muchos años, la presencia de Terry los removió nuevamente y tontamente creí que si lo salvaba a él, me eximiría de mi pecado.

- Sí, lo entiendo – Le respondo, sintiendo un gran alivio dentro de mí al expresar esas palabras.

- Es hora de que yo me vaya.

Su confesión me llena de tristeza y en un impulso me acerco a ella para abrazarla.

- ¿Volveré a verte algún día? - Le pregunto, afligida.

- Candy, mi alma siempre estará unida a la tuya.

En ese instante, uno de sus dedos toca mi vientre, traspasándolo y puedo sentir con claridad como mi bebé se mueve en mi interior.

- De una, u otra forma, siempre estaré contigo – Me dice, sonriendo.

- ¿Me recordarás?

- No, pero juntas crearemos nuevos recuerdos.

- ¿Qué pasará con Terry?

- Él ya ha cumplido con su propósito.

- ¿Qué propósito?

- El de mostrarte cómo despertar.

Al terminar de hablar, la silueta de mi hermana se transforma en un halo de luz.

- Tienes que dejarnos ir - Murmura y claramente veo como su espíritu se introduce dentro de mi cuerpo.

Yo despierto de mi sueño abruptamente, pero a diferencia de otras ocasiones, no me siento asustada y luego de un par de minutos, me levanto a paso lento de mi asiento y comienzo a caminar por los pasillos del hospital, meditando en el sueño que acabo de tener. Justo cuando estoy por dar la vuelta para dirigirme a la sala de espera, me topo con mi viejo amigo, Frank, quien al parecer acaba de regresar.

- Ya tomé una decisión – Le informo.

- ¿Y qué fue lo que decidiste?

- Firmaré la autorización – Le digo, con toda seguridad – Pero antes quiero verlo por última vez, me gustaría despedirme de él.

- Está bien, pero solo serán un par de minutos, ¿entendido?

- Sí…

El doctor Anderson me presta un uniforme especial y después me guía hasta la habitación de Terry.

- Frank, ¿te puedo pedir un último favor? – Le pregunto, antes de entrar.

- Por supuesto.

- Me gustaría que si sus padres así lo desean, también puedan darle un último adiós.

- Claro, yo les informaré acerca de tu decisión

Una vez que estoy adentro del cuarto, él cierra la puerta, dejándome a solas con mi esposo y un sollozo se me escapa de la boca, obligándome a girar mi rostro por un segundo, al verlo recostado en esa cama, prácticamente inerte, conectado a todos esos aparatos.

Cuando logro recuperar la compostura, me acerco a paso lento hasta su lado y luego de algunos minutos en silencio, comienzo a hablar.

- Terry, no tienes idea de lo mucho que me duele verte así, créeme que si pudiera darte mi corazón, lo haría sin dudarlo ni un solo segundo, con tal de que volvieras a abrir tus ojos, tus hermosos ojos.

Con mucho cuidado, acaricio tiernamente su rostro, derramando unas cuantas lágrimas en el proceso.

- Te amo, sí, a pesar de todo te amo demasiado y me hubiera encantado que todo hubiera sido diferente entre nosotros, que, tal vez, nos hubiéramos conocido en otras circunstancias…. No tuve oportunidad de decírtelo, pero estoy embarazada, ¿puedes creerlo? ¡Embarazada!

Las lágrimas cesan por un momento, cediéndole el paso a una tenue sonrisa.

- Nuestra hija se llamará Sophie y cuando crezca, yo le hablaré cosas maravillosas de ti y le contaré lo mucho que deseaste que llegara a nuestras vidas, porque al final eso es cierto, tú siempre anhelaste su llegada.

Yo tomo una de sus manos entre las mías y la acerco lentamente hasta mis labios para darle un beso.

- Terry… Sé que debo dejarte ir y créeme que me costó mucho trabajo tomar esta decisión, pero tuve que hacerlo, porque sé que probablemente estás sufriendo y tu padre tiene razón, no debo prolongar más tiempo tu agonía. Sí me estás escuchando, quiero que sepas que fuiste el amor de mi vida y que pase lo que pase, siempre te recordaré.

No sé si es producto de mi imaginación, pero puedo sentir como los dedos de Terry aprietan levemente los míos, renovando en mí la esperanza de que pueda despertar; pero la alegría me dura muy poco, porque el monitor cardiaco comienza a sonar, alertándome que su pulso está disminuyendo.

De la nada, el doctor Anderson, acompañado con otros médicos, entra a la habitación gritando un montón de cosas que no logro comprender. Después de varios segundos, su mirada se cruza con la mía y él murmura una última oración.

- Candy, tienes que salir inmediatamente de aquí.

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Would you hold my hand

If I saw you in heaven?

Would you help me stand

If I saw you in heaven?

I'll find my way through night and day

'Cause I know I just can't stay here in heaven


Hola chicas lindas, perdón por la demora, pero de verdad este capítulo me hizo batallar bastante y aun terminado, todavía me dejó un poco dudosa. Así que si hay una culpable aquí, soy yo, que tardé mas de una semana en terminarlo (Sí, lo sé, no tengo perdón de Dios)

Pensé en publicarlo mañana, pero va a ser un día muy ajetreado para mí, por lo que no sé si tendré tiempo de hacerlo; por eso preferí actualizar de una vez. Les pido que no saquen conclusiones adelantadas, por favor.

Les agradezco infinitamente todos sus comentarios, gracias por seguir mi historia y agregarme a sus favoritos (Me quedé sorprendida de tener 50 y tantos favoritos y 70 y tantos follows... ya que nunca había logrado tantos... MUCHAS GRACIAS!) No prometo responderlos, pero intentaré hacerlo en el transcurso de la semana.

Tampoco les prometo actualizar pronto, ya que desde ahora les digo que el capítulo que sigue, al igual que este, ya me está rompiendo la cabeza.

Creo que ya les había comentado acerca del grupo AUTORAS DE CANDY & TERRY (Les dejo el link)

www(punto)facebook(punto)com(diagonal)groups(diagonal)2177855165863125(diagonal)

Solo le quitan el paréntesis y en su lugar pones el signo de puntuación al que hace referencia.

Y de la dinámica que se está organizando para elegir los mejores fics del 2018 y también las mejores autoras.

Si no tienen facebook, les paso el link de la página de votación, para que no se queden sin participar.

docs(punto)google(punto)com(diagonal)forms(diagonal)d(diagonal)e(diagonal)1FAIpQLSexxvnFSdSVjJo1EjQwYCi1xzjGoDkw6(guion bajo)XtnFnGjvGCNvLjCg(diagonal)viewform?fbclid=IwAR1iOukajqRYawuOI7HM9-ClftyV-ev34FH1iFcb0A4jsJyM9UAvTiSG2Nw

E igual que en la anterior, quitan los parentesis, poniendo el signo de puntuación correspondiente.

Bueno, me despido, no sin antes mandarles un abrazo fuerte y afectuoso.

Que tengan una excelente noche.

Nos leemos pronto.

*** Un agradecimiento especial a Monse, que una vez más me salvó el pellejo y también a Ceshire, que me dio su sabio punto de vista.

** La canción al final es "Tears in heaven" de Eric Clapton y en el capítulo anterior, la canción fue "Paula" de Zoé.

* Mi historia no es adaptación, si bien la idea provino de una película, la trama y los diálogos salieron de mi cabecita loca.

Cualquier duda pueden mandarme un mensaje privado o buscarme en facebook como CaPe Brenda (como referencia, tengo una imagen de Candy con un vestido amarillo)