(22)
CERRANDO CÍRCULOS
- Candy, tienes que salir inmediatamente de aquí - Me ordena el doctor Anderson, pero yo, aterrada, me rehúso a obedecerlo.
Es por esa razón que una de las enfermeras me termina sacando a la fuerza de ese cuarto y lo último que alcanzó a ver antes de que cierren de nuevo la puerta, es a un hombre que entra a toda prisa a la habitación, llevando una camilla consigo.
Presa de la incertidumbre, me quedo en el pasillo esperando a que alguna de las personas que están ahí dentro, salga y me dé una explicación de lo que está ocurriendo con Terry, pero luego de esperar varios minutos, comprendo que eso nunca va a suceder. Justo cuando estoy por darme por vencida, veo que uno de los médicos que acompañaba a Frank, sale al pasillo.
- ¿Qué es lo que le están haciendo a mi esposo? - Le pregunto, angustiada.
- Tranquilícese, señora; por el momento hemos logrado estabilizar al señor Grandchester. Ahora necesito que venga conmigo, tiene que firmar la hoja de autorización - Me responde, tomándome sutilmente del brazo y guiándome hacia la salida.
- ¿Autorización? ¿Autorización para qué? – Lo cuestiono, confundida.
- La autorización para operar a su esposo.
- ¿De qué demonios me está hablando?
- Tenemos un donador, señora... - Al escuchar esas palabras, mi corazón comienza a latir violentamente - Pero hay que intervenir de inmediato - Añade, luego de algunos segundos.
- ¿Eso quiere decir que él va a vivir?…
- No le voy a mentir, las posibilidades de que su esposo sobreviva son muy bajas, pero el doctor Anderson está haciendo todo lo posible por salvar su vida.
El médico me conduce hasta uno de los consultorios y mientras caminamos, no puedo evitar sentir una enorme gratitud hacia mi amigo Frank, hacia Dios, pero sobre todo hacia esa persona que sin saberlo, acaba de salvar la vida de Terry.
- Esto es solo una formalidad, ya que debido a lo precipitado de la situación y el precario estado de salud del señor Grandchester, el doctor Anderson decidió que lo mejor era comenzar con la intervención lo antes posible, aunque aún no contara con la autorización para hacerlo – Me dice el joven médico, al tiempo que yo termino de firmar los papeles - Su esposo está en muy buenas manos – Expresa él, antes de despedirse de mí.
- Gracias.
Una vez que salimos de la oficina, yo me encamino de regreso hacia la sala de urgencias, dónde mi familia ya me está esperando con impaciencia. Al verme entrar, ellos se acercan rápidamente a mí para interrogarme.
- Candy, nos tenías muy preocupados. ¿En dónde te metiste? – Me reclama mi madre, sin tratar de ocultar su molestia.
- Yo estaba en la habitación de Terry, me permitieron pasar a verlo por un momento – Mientras hablo, mis ojos comienzan a recorrer la sala en busca de Eleanor o del señor Grandchester, ya que deseo informarles acerca de lo que está sucediendo con su hijo - Por cierto, ¿En dónde están sus padres? – Inquiero, al no encontrarlos por ningún lado.
- No lo sé, ese señor no se ha aparecido por aquí desde hace varias horas y su madre estaba con nosotros, pero hace algunos minutos salió un doctor y la llamó para hablar con ella en privado… No sé qué le habrán dicho, pero lucía realmente afectada. No la hemos vuelto a ver desde entonces – Me contesta mi padre.
- Candy, ¿qué es lo que está sucediendo? - Me pregunta Tom.
- Al parecer encontraron un donador…
- ¡Alabado sea el señor! – Exclama mi mamá, abrazándome – Yo sabía que ocurriría un milagro.
- Yo aún no termino de creerlo.
- Candy, no quiero sonar pesimista; pero debes estar consciente de que el estado de salud de Terry es delicado y las probabilidades de que sobreviva a una operación de este tipo son muy limitadas – Nos interrumpe mi hermano.
- Sí, estoy consciente de eso…
- Oh, Tom, no empieces a angustiar a tu hermana con tus cosas - Lo reprende mi madre – Hay que tener fe; estoy segura de que con la ayuda de Dios, todo va a salir bien.
- Sí, es verdad mamá. Lo siento, no debí decir eso – Se disculpa él, para luego acercarse a mí y unirse a nuestro abrazo.
Una vez que mi familia termina con el interrogatorio, tomo asiento en una de las sillas de la sala y permanezco ahí con ellos, en espera de alguna noticia favorable. Luego de más de media hora en expectativa, empiezo a sentirme demasiado intranquila y es por eso que decido ir a la capilla del hospital con la intención de poner en paz a mi mente y a mi corazón.
- Voy a salir un momento, necesito despejarme un poco - Le informo a mi familia, levantándome de la silla.
- ¿Quieres que te acompañemos? – Me pregunta mi papá.
- No, gracias, prefiero ir sola.
- Está bien, vete con cuidado.
Aunque no me lo dicen, sé que mis padres, al igual que mi hermano, están muy preocupados por mí, y es por eso que trato de mostrarme fuerte frente a ellos, aunque por dentro me esté desmoronando.
Cansada de fingir, trato de salir lo más rápido posible de la sala de espera y mientras camino por un enorme pasillo, las lágrimas que había estado reteniendo desde hace mucho tiempo, salen libremente por mis ojos, librándome de un enorme peso. Al llegar la capilla, me encuentro con Eleanor, quien está de rodillas frente al pequeño altar, rezando en silencio. Yo me acerco sigilosamente hasta donde está ella y me hinco a su lado para acompañarla en su plegaria.
- ¡Candy! – Murmura, al darse cuenta de mi presencia - ¿Cómo está mi hijo? – Pregunta, escrutando mi rostro en busca de una respuesta.
- Lo están operando… Es increíble, pero por fin encontraron un donador – Le informo, colocando mi mano sobre la suya y apretándola levemente.
- Lo sé… - Ella deja escapar un largo suspiro antes de continuar hablando – Richard…. Richard está muerto – Me dice entre sollozos, tratando, inútilmente, de mantener la compostura.
- ¡Oh, por Dios! – Exclamo, intentando dominar todas las emociones que bullen en mi interior - Pero si yo platiqué con él hace apenas unas horas – Expreso, aun sin poder creer en lo que acabo de escuchar.
- Tuvo un accidente… - Me dice, sacando un pañuelo de su bolso, con el cual seca las lágrimas que resbalan por su rostro - Al parecer iba manejando demasiado rápido y se estampó contra un poste. Tenía muerte cerebral y no hubo nada que pudieran hacer para salvarlo.
- Yo… lo siento mucho.
- Él es el donador – Confiesa con la voz quebrada.
Esa revelación me deja conmocionada y por varios segundos me quedo callada, sin saber qué contestarle.
- ¿Sabes? Creo que Richard presentía que esta sería la última vez que nos veríamos – Musita, rompiendo el silencio que nos envolvía – Antes de salir del hospital, me pidió que le dijera a nuestro hijo lo mucho que lo amaba y que realmente lamentaba no haber podido ser un mejor padre para él.
Mientras escucho hablar a Eleanor, no puedo evitar sentirme culpable por lo que le sucedió al señor Grandchester, sobre todo al recordar esa última plática que tuvimos.
- Sí Terry logra sobrevivir, su padre le habrá dado el mejor regalo de todos, la vida – Me dice en voz baja, sacándome de mis atormentados pensamientos.
- Sí, es verdad.
- Y tú le darás el segundo mejor regalo, un hijo – Murmura, colocando su mano sobre mi vientre y acariciándolo cariñosamente.
- Lo que más deseo, es que él viva lo suficiente para conocerla.
- Vamos a orar Candy, pidámosle con fervor a Dios por una segunda oportunidad para mi hijo. Estoy segura que Él atenderá nuestras súplicas.
- Sí, Él lo hará.
Las dos nos concentramos en clamar vehementemente por la vida de Terry, convencidas de que, en algún lugar del cielo, nuestras plegarias serán escuchadas. Una vez que terminamos nuestra oración, las dos nos dirigimos de regreso a la sala, en espera de ese milagro.
Las siguientes horas pasan muy lentamente y después de tanto tiempo en vela, el cansancio comienza a cobrarme factura. Es así que, cuando me dirijo hacia el baño, la fuerza de mis piernas me abandona súbitamente, haciéndome caer en medio del lugar. Mi familia, asustada, rápidamente va a mi auxilio, llevándome de regreso hacia mi asiento.
- Hija, tienes que dormir un poco – Me dice mi madre, angustiada.
- Pero yo no me siento cansada…
- Necesitas descansar aunque sea un rato. Ve a tu casa, nosotros nos quedaremos aquí y te mantendremos informada de todo lo que suceda – Me pide Eleanor, quien se encuentra sentada a un lado mío.
- No quiero irme de aquí hasta que el doctor salga del quirófano y nos informe cómo está Terry.
- Candy, no seas necia; tanto estrés puede perjudicar a tu bebé, recuerda que ya no se trata solo de ti, ahora también debes velar por la salud de Sophie - Insiste mi hermano.
- Pero es que yo…
- Vamos, yo iré contigo. Tu papá y Tom se quedarán aquí con Eleanor y cuando regresemos, ellos se irán a descansar – Me ordena mi madre, sin dar cabida a una negativa de mi parte.
- Está bien, mamá.
Justo cuando estoy por retirarme del hospital, el doctor Anderson sale nuevamente a la sala de espera y al mirar su rostro, puedo distinguir un brillo especial en su mirada que me hace sentir esperanzada. Sin decir una sola palabra, él se acerca a mí y me da un fuerte abrazo.
- El trasplante se realizó con éxito… - Expresa, lleno de júbilo.
No voy a negarlo, la dicha que siento al escuchar esas palabras es inmensa, pero una parte de mí me dice que aún no debo hacerme demasiadas ilusiones.
- El estado de salud de Terry sigue siendo delicado, así que las siguientes horas serán vitales para su recuperación – Continúa él, luego de algunos segundos.
- ¿Entonces?...
- Tendremos que esperar a que su cuerpo acepte el nuevo órgano... Tuvimos que inducirlo al coma, pero tenemos fe en que logrará recuperarse.
- ¿De verdad crees que Terry lo logre?
- Quiero creer que sí. Él desea vivir y está luchando con todas sus fuerzas por seguir en este mundo.
La mezcla de emociones que estoy sintiendo en mi interior es tan fuerte, que termino quebrándome por completo.
- Tranquila Candy, sé que todo esto es muy difícil, pero tienes que ser fuerte – Murmura, colocando su mano sobre mi hombro.
- Lo sé, pero es que todo esto me parece tan increíble, que me cuesta trabajo asimilarlo – Le respondo, haciendo un esfuerzo por calmarme - Hace unas cuantas horas pensé que él iba a morir y ahora…
- Y ahora él tiene una nueva oportunidad de vivir. Deberías estar feliz por eso – Me interrumpe.
- Sí, es cierto.
- Ahora deja de preocuparte y ve a descansar, que para ser sincero no luces nada bien – Bromea, al mismo tiempo que alborota mi cabello con sus dedos, haciendo que una sonrisa sincera se dibuje en mis labios.
- No te preocupes, eso es justo lo que iba a hacer en este momento – Le contesto, para luego comenzar a caminar hacia la salida, donde mi madre ya me está esperando - ¿Frank? – Lo llamo, después de dar un par de pasos.
- ¿Qué pasa, Candy?
- Muchas gracias, yo…. – Al intentar agradecerle, un enorme nudo en mi garganta me impide hablar y mis ojos comienzan a humedecerse nuevamente.
- No es nada – Responde con una enorme sonrisa – Es lo menos que podía hacer por ti – Finaliza, para luego darse la vuelta y caminar de nuevo hacia el área de urgencias.
═══════ ≪ •❈• ≫ ═══════
El día de hoy, después de un largo y agotador mes, Terry por fin será dado de alta y mientras recorro el pasillo del hospital que conduce hacia su cuarto, no puedo dejar de agradecerle a Dios por concederle esta nueva oportunidad de vida.
No fue nada fácil sobrellevar esta situación, ya que desde el momento en que supe de su intervención, mi corazón pasó a estar dentro de una montaña rusa, con mis emociones yendo de arriba para abajo a cada instante; y es que había días en que su cuerpo parecía haber aceptado el nuevo corazón, pero había otros, como cuando él recaía en esas espantosas crisis, que creía que eso nunca iba a suceder.
Durante las primeras tres semanas me hice el propósito de ir a visitarlo diariamente, a pesar de que sólo se me tenía permitido verlo unos cuantos minutos al día; en mis cortas visitas solía platicarle acerca de nuestra hija y de lo rápido que ella estaba creciendo dentro de mí. Aunque no tenía la certeza de que él pudiera escucharme, conservaba la esperanza de que mis palabras lo motivarían a seguir luchando, como lo había hecho hasta ese momento.
Esa noche, después de que el doctor Anderson me informara que el trasplante se había realizado con éxito, regresé a la que solía ser nuestra casa para descansar un poco, acompañada de mi madre. A decir verdad, me sorprendió que todo siguiera tal como lo había dejado la última vez que estuve ahí, con excepción de las fotos del primer ultrasonido que me realizaron, las cuales se encontraban tiradas en el suelo, cerca de la entrada. Fue entonces cuando comprendí que él había descubierto mi embarazo antes de que tuviera el infarto.
No voy a negarlo, los remordimientos rápidamente empezaron a hacer de las suyas, pero mi mamá logró tranquilizarme, diciéndome que con o sin ultrasonido, su corazón hubiera dejado de funcionar en algún momento.
Antes de acostarme a dormir, ella me preparó algo rápido de merendar con lo poco que aún quedaba en la alacena y aunque no platicamos mucho, me sentí agradecida por el hecho de que estuviera a mi lado, apoyándome incondicionalmente. Después de comer, me fui a recostar en la cama y me quedé profundamente dormida por varias horas; cuando desperté, le marqué a mi padre, quien me informó que todavía no había ninguna novedad respecto al estado de salud de mi esposo, razón por la cual no me apresuré a regresar de inmediato al hospital.
Una vez que colgué el teléfono, comencé a revisar todos los mensajes que había recibido durante el tiempo que mi celular estuvo apagado y a pesar de que me había prometido no abrir los que Terry me había enviado cuando estuve viviendo con Tom, la curiosidad hizo mella en mí, empujándome a leerlos. Recuerdo haber llorado por más de una hora en esa habitación, repasando, una y otra vez, aquellas palabras de súplica, de perdón, de amor que él me había escrito y no pude evitar pensar que si yo hubiera abierto esos mensajes un par de semanas antes, las cosas hubieran sido muy diferentes entre nosotros.
Como por obra del destino, vino a mi mente la conversación que tuve con mi hermana en aquel extraño sueño y comprendí que de no haber sido por todo lo que sucedió, yo nunca hubiera encontrado esa fortaleza que habitaba dentro de mí, la misma fortaleza que me motivó a seguir mi camino, sola y fue entonces cuando pude entender por completo las palabras que Susana me dijo en esa ocasión. Yo necesitaba despertar del letargo en el que había permanecido por tantos años y Terry fue quien me ayudó a hacerlo.
- Candy, mi hijo no ha dejado de preguntar por ti. Te ha estado esperando por más de una hora - Me dice Eleanor cuando nos encontramos en el pasillo, sacándome rápidamente de mis cavilaciones - ¿Estás lista para hablar con él? - Indaga, al observar mi rostro acongojado.
- Sí, creo que sí – Respondo, dejando escapar un largo suspiro.
Tengo que confesar que desde que Terry despertó, hace una semana, he estado evitando tener este encuentro con él, pero sé que no puedo seguir postergándolo por más tiempo.
Aquel día, cuando Frank me marcó para informarme que mi esposo por fin había salido del coma y mejor aún, que ya se encontraba totalmente fuera de peligro, me sentí la mujer más feliz del planeta, pero mi alegría se vio opacada rápidamente por decenas de dudas que comenzaron a saturar mi cerebro al instante; y es que por primera vez, desde que él ingresó en el hospital, me pregunté qué es lo que iba a suceder entre nosotros a partir de ahora.
La última vez que Terry y yo nos vimos, él me dejó muy en claro que ya no había espacio para mí dentro de su vida y a pesar del sufrimiento que me causó su confesión, yo la acepté con toda la dignidad que me fue posible. Pero al descubrir los motivos que lo orillaron a actuar de esa forma, el enojo que sentía por él se esfumó, dando paso a la esperanza de volver a retomar nuestra vida juntos.
Fue justo entonces cuando mi mente formuló aquella pregunta que me hizo replantearme todo. ¿Realmente podría seguir viviendo a su lado, dejando atrás el pasado y actuando como si nada hubiera pasado entre los dos? Alguien alguna vez me dijo que el amor era capaz de perdonarlo todo, pero, ¿de verdad sería capaz de hacerlo? ¿De verdad podría borrar las heridas que él me había causado? ¿De verdad podríamos tener un final feliz, sabiendo que nos habíamos hecho tanto daño?
Todos estos pensamientos provocaron que el insomnio se apoderara de mí durante varias noches y luego de pasar varios días cuestionándome qué es lo que debía hacer, por fin logré tomar una decisión.
- Tranquila Candy – Me digo a mí misma al darme cuenta que he llegado a mi destino.
Antes de entrar a la habitación, respiro profundamente para luego llamar un par de veces a la puerta.
- Hola, buenos días - Lo saludo, asomando mi cabeza por la pequeña abertura.
- Hola pecas - Me dice, mostrándome una de esas hermosas sonrisas que fue capaz de derretir mi corazón en más de una ocasión - ¡Tenía tantas ganas de verte!... – Exclama, dejando escapar un suspiro.
- Yo también – Miento, al tiempo que doy un paso hacia adelante - ¿Cómo te sientes? - Le pregunto, tratando de ocultar el nerviosismo que invade todo mi cuerpo.
- Excelente... Es como si hubiera vuelto a nacer.
- Yo... me alegro por ti.
- ¿Por qué te quedas ahí parada? Ven, acércate, no te voy a morder - Bromea, guiñándome un ojo.
Al escuchar esa última oración, descubro que me he quedado en la entrada, con mi mano prendada de la manija.
Indecisa, cierro la puerta y comienzo a caminar a paso lento hacia la camilla, hasta quedar a un lado suyo.
- Sí, lo sé - Respondo con nostalgia, mientras los recuerdos del día que nos conocimos regresan a mi mente.
- ¿Qué tienes? Te noto extraña... - Me cuestiona, observando mi rostro con curiosidad.
- Deben ser mis hormonas, desde hace varios meses están vueltas locas.
Yo comienzo a sobar mi vientre inconscientemente y puedo sentir como su mirada se fija en el pequeño bulto que sobresale de mi cuerpo.
- ¿Cuantos meses tienes ya?
- Cuatro, casi cinco.
- ¿Por qué no me lo dijiste?
- No lo creí conveniente. No después de la forma en que me trataste la última vez que hablamos.
A pesar de que me había prometido no hacerle ningún reclamo, esas palabras salen de mi boca sin que pueda hacer nada para detenerlas y avergonzada, me apresuro a esquivar su mirada, la cual se ha posado sobre mi rostro.
- Lo siento, yo... me equivoqué.
- Los dos nos equivocamos.
- Créeme que lo que menos deseaba era lastimarte, yo solo quería protegerte.
- Lo sé, no tienes que explicarme nada.
- Pero quiero hacerlo.
- No ahora; no es el momento – Le respondo, al darme cuenta que si seguimos hablando de ese tema, terminaremos discutiendo, como siempre.
- Candy, solo quiero que sepas que a partir de ahora todo va a ser diferente. Yo me voy a encargar de que seamos muy felices…
- Terry, no sigas... – Murmuro, sintiendo que un par de lágrimas se escapan de mis ojos.
- ¿Qué es lo que sucede contigo?
- No creo que sea conveniente que sigamos juntos, no ahora – Le digo y puedo la sorpresa que le causan mis palabras.
- ¿Por qué no? – Me cuestiona, incrédulo.
- Porque necesito sanar mis heridas… Ambos necesitamos sanar nuestras heridas.
- No entiendo de que qué estás hablando – Me responde, con una expresión severa en su rostro.
- No podemos continuar con nuestras vidas como si nada hubiera pasado, al menos yo no puedo hacerlo.
- ¿Acaso ya no me amas?
- Si te amo, pero en este tiempo comprendí que debo empezar a amarme a mí misma.
- No te entiendo.
- Sí tú y yo seguimos juntos, tarde o temprano volveremos a hacernos daño. Necesitamos hacer las paces con nuestro pasado, antes de intentar pensar en un futuro.
- Pecas, yo solo te necesito a ti para ser feliz – Me dice, con los ojos cargados de lágrimas.
- Ahí está precisamente el problema… "Me necesitas", nuestro amor se convirtió en una necesidad… Yo me aferré a ti, en un intento por borrar los remordimientos que me provocaba el suicidio de mi hermana; tú te aferraste a mí para sobreponerte de la infidelidad de Karen y buscando en mi la valoración que nunca tuviste por parte de tu padre.
- Candy…
- Ha llegado el momento de replantearnos nuestra relación; tú necesitas superar todo lo que sucedió con tu padre y con tu ex esposa, y yo necesito superar todo lo que ocurrió con Susana.
- Podemos superarlo juntos – Insiste, intentando tomar una de mis manos, pero yo la alejo rápidamente, evitando que logre alcanzarla.
- Prefiero que lo hagamos por separado.
- ¿Qué pasará con nuestro hijo?
- Es una niña – Le confieso y observo que, por un instante, su cara se llena de emoción – Y tú podrás verla cuando lo desees.
- ¿De verdad esto es lo que quieres?
- Sí.
Él se queda callado, mirando hacia algún punto de la pared, absorto en sus pensamientos y luego de lo que me parece una eternidad, me da una respuesta.
- En ese caso, respetare tu decisión.
- Gracias.
El silencio que prosigue a esa última palabra, crea un ambiente bastante incómodo entre los dos, es por esa razón que opto por marcharme, evitando alargar por más tiempo nuestra agonía.
- Tengo que irme, me están esperando.
- ¿A dónde vas a ir? ¿En dónde piensas quedarte? – Me cuestiona.
- Será mejor que no lo sepas.
Antes de darme la vuelta, me acerco a él para depositar un último beso en su frente. Terry aprovecha mi cercanía para sujetarme de la cintura y acercarme a su cuerpo.
- Te amo – Murmura y puedo ver que una lágrima se escapa de sus ojos.
- Yo también – Le contesto, sintiendo como mis mejillas se humedecen al instante.
- Entonces quédate conmigo – Me ruega por última vez.
- No puedo. Sé que ahora no lo comprendes, pero créeme, esto es lo mejor para los dos…
Yo me separo lentamente de él, y antes de que mi fuerza de voluntad me abandone, comienzo a caminar hacia la puerta, evitando mirarlo de nuevo a los ojos.
Estoy consciente de que le estoy rompiendo el corazón en mil pedazos y pese a lo que se pudiera pensar, no lo hago por venganza, ni por orgullo, sino porque estoy convencida de que necesitamos de este tiempo a solas para darnos cuenta si de verdad estamos destinados a estar juntos.
Mientras me dirijo hacia la salida del hospital, no puedo evitar pensar en lo mucho que cambió mi vida durante este último año y una vez que llego hasta mi coche, regreso la vista hacia el edificio, sintiéndome satisfecha conmigo misma, por haberme atrevido a cerrar ese ciclo.
- ¿Estás segura de que esto es lo que quieres? – Me pregunta mi hermano, cuando me subo a su auto.
- Nunca he estado más segura de algo en mi vida.
- Todo va a estar bien – Me dice, dándome un beso en la frente.
- Lo sé.
═══════ ≪ •❈• ≫ ═══════
- Buenos días – Saludo, al ingresar a la pequeña sala de espera – Soy Candice White; tengo una cita.
- Buenos días, señorita White, la doctora Roberts ya la está esperando – Me dice la recepcionista, levantándose de su asiento para abrirme la puerta del consultorio.
- Gracias.
Lo primero que noto al ingresar a la habitación, es la hermosa decoración de la misma y antes de avanzar, me quedo parada en la entrada por un momento, contemplando minuciosamente cada espacio.
- Buenos días Candy, acércate – Me dice la psicóloga, quien se localiza en el otro extremo del consultorio, al tiempo que me señala el sillón vacío que se encuentra a un lado de ella.
Temerosa, camino a paso lento hacia el lugar indicado y es inevitable que una risa nerviosa se escape de mi boca, al darme cuenta que ahora soy yo la que se encuentra del otro lado de la moneda.
Una vez que tomo asiento, mis piernas inquietas comienzan a moverse sin que pueda hacer nada por detenerlas.
- ¿Nerviosa? – Me pregunta, mirándome fijamente a los ojos.
- Un poco.
- ¿Es la primera vez que tomas terapia?
- No, pero es la primera vez que realmente deseo tomarla.
Ella me sonríe con cierta complicidad, mientras coge su libreta junto con su lapicero.
- En ese caso, no perdamos el tiempo…
═══════ ≪ •❈• ≫ ═══════
Hold up, hold on
Don't be scared
You'll never change what's been and gone
May your smile (May your smile)
Shine on (Shine on)
Don't be scared (Don't be scared)
Your destiny may keep you warm
)o(
'Cause all of the stars are fading away
Just try not to worry, you'll see them some day
Take what you need and be on your way
And stop crying your heart out
)o(
Get up (Get up)
Come on (Come on)
Why're you scared? (I'm not scared)
You'll never change what's been and gone...
HOLA CHICAS LINDAS, DESPUÉS DE UNA ETERNIDAD (SÍ, LES PIDO DISCULPAS NUEVAMENTE) AQUÍ LES DEJO EL CAPÍTULO QUE LES HABÍA PROMETIDO.
LES AGRADEZCO POR TODOS SUS MENSAJES DE APOYO Y LES COMENTO QUE HE DECIDIDO PUBLICAR EL FINAL AQUÍ, AUNQUE DESPUÉS LO MOVERÉ A LA OTRA PLATAFORMA.
POR EL MOMENTO NO CUENTO CON MUCHO TIEMPO, YA QUE ESTOY POR IRME AL TRABAJO, PERO ESPERO PODER CONTESTAR A SUS COMENTARIOS EN LA SECCIÓN DE REVIEWS, ENTRE HOY Y MAÑANA.
LES AGRADEZCO UNA VEZ MÁS POR SU PACIENCIA Y ESPERO QUE NO ME LINCHEN (AL MENOS NO MATÉ A TERRY), JAJAJAJA.
GRACIAS A MONSE, POR REVISAR MI CAPÍTULO Y AYUDARME CON TUS OBSERVACIONES; Y TAMBIÉN A CESHIRE, POR DARME SU PUNTO DE VISTA.
LES MANDO UN SALUDO FUERTE Y AFECTUOSO A TODAS Y CADA UNA DE USTEDES.
NOS LEEMOS PRONTO.
*La canción al final es "Stop crying your heart out" de Oasis.
