Primero de todo y mas importante, los personajes no me pertenecen, son todos de mi reina Rumiko.

Traigo algo diferente esta vez. Tengo varias historias en mi cabeza desde hace tiempo y he decidido juntarlas en un fic que estará compuesto de One-shots. Algunos serán muy cortos (incluso drabbles) y otros un poco mas largos pero espero que tenga buena acogida y me digáis que os parece esta idea. Las historias no tendrán relación entre si pero tendrán un factor común, todas serán de Ranma y Akane como pareja principal.

Siento mucho si se me escapa alguna falta de ortografía y espero que me dejéis vuestras opiniones, tanto buenas como malas. Agradecer a todos aquellos que me dejan un review, de verdad animan muchísimo, también agradecer a los que añaden a favorito y a seguir, aunque para vosotros sea darle a un simple botón o escribir un par de palabras, para los que escribimos significa la vida ya que lo que hacemos os divierte y entretiene. Muchas gracias de corazón.

Entre otras cosas Ana 12 me ha pedido una pequeña historia por su cumpleaños que es el 14 de febrero y sin duda alguna que te respondo que si. ¡Prometo que el día de tu cumpleaños tendrás un one-shot como mi humilde regalo!

Sin mas, a leer.


Sin dormir

La paz reinaba en el dojo Tendo. La noche era cálida pero sin resultar molesta por lo que los habitantes de la casa dormían plácidamente. No se escuchaba ni el ruido de una mosca, ningún coche molesto pasaba por las calles, ni siquiera los gatos buscaban comida en la basura produciendo molestos sonidos mecánicos.

Todo era un remanso de tranquilidad hasta que…

Un llanto desgarrador inundó el dojo. En la habitación del joven matrimonio Saotome el más pequeño de la familia berreaba como si no hubiera un mañana. Sus padres, cuya cama estaba próxima a la cuna del infante, pegaron un bote y se incorporaron.

Ranma se frotó los ojos y se destapó – Ya voy yo – Akane no protestó, viendo la hora en el reloj sabía de sobra que su pequeño no tenía hambre, así que dejaría a su marido encargarse. Dio un largo bostezo y se tapó para volver a dormir.

El pequeño seguía llorando a pleno pulmón haciendo que Ranma hiciera sonidos suaves mientras le tomaba en brazos – Ya, ya está, papá está aquí.

Le meció varias veces pero el pequeño no se calmó, sino que berreó con más fuerza dando leves pataditas. Ranma medio adormilado aun tomó a su hijo y acercó la boquita del niño a su mejilla. Al no percibir que el niño buscara alimento le apartó levemente – Hambre no tienes… - una bombilla se iluminó en su cabeza, alzo de nuevo al pequeño y lo olió poniendo una mueca de desagrado – ya se lo que te pasa.

Con paso rápido le llevo al cambiador y encendió una lamparita para no molestar a Akane quien yacía profundamente dormida de nuevo. Se dispuso a cambiar el pañal de su hijo quien ya estaba algo más tranquilo. Cuando descubrió el pastel Ranma puso cara de desagrado pero no pudo evitar sonreír – Madre mía chaval, con ese cuerpecito no entiendo cómo puedes hacer estas cosas – el pequeño dejó de llorar y Ranma terminó de cambiarle para volver a ponerle el pijama.

Tiró el pañal al cesto de la basura y tomó a su pequeño en brazos. Suspiró de felicidad. Si hace un par de años le dicen que iba a cambiar pañales en medio de la noche se habría muerto de risa, pero ahora era algo cotidiano y que no le molestaba para nada hacer. Meció de nuevo a su hijo paseándole por la habitación hasta que el pequeño se quedó dormido en sus brazos. Con cuidado lo posó en su cuna y volvió a la cama junto con su mujer.

Acarició levemente el rostro de Akane y se tumbó junto a ella mirando la hora del reloj. La una y media de la mañana, aun era pronto. Dio un largo bostezo y se acomodó volviendo a dormir.


Pasaron un par de horas cuando de nuevo los gritos del pequeño Saotome resonaron por la casa. Akane miró de reojo el reloj, las cuatro… posiblemente su pequeño tuviera hambre. Enterró su cabeza en la almohada con pesar y dio un largo suspiro.

Los gritos del niño subían de nivel pero Akane seguía sin moverse, estaba agotada.

- Akane – murmuró Ranma más dormido que despierto.

- Voy – dijo Akane con pesar levantándose para acercarse a la cuna de su hijo quien berreaba a todo pulmón. Lo tomó con cuidado y se sentó en la mecedora. En un acto casi robótico debido al sueño, destapó su pecho y acerco a su hijo quien lo tomó con ansia.

Akane adormilada pego un quejido de dolor ante las intensas succiones de su pequeño – Con cuidado, vas a arrancarle una teta a mama – susurró Akane acariciando la cabeza del pequeño.

El heredero Saotome pareció entenderlo pues bajo su intensidad comiendo más despacio. Akane soltó un largo bostezo y esperó a que su pequeño se saciara. De vez en cuando daba leves caricias en la espalda de su hijo y sonrió al notar que se había quedado dormidito.

Lo alzó despertándole y apoyándolo en su hombro – vamos mi amor, echa el aire y puedes volver a dormir – dio un par de palmaditas en su espalda y el pequeño soltó un sonidito mono que enterneció a su madre.

Era increíble la felicidad que le aportaba el pequeño Hideki. Ese pedacito de Ranma y de ella que le desvelaba mañana, tarde y noche, era el ser más perfecto a sus ojos. Volvió a acomodar al bebe en sus brazos y le acunó para que se durmiera.

A los pocos minutos, donde ella casi se queda dormida también, dejó al infante en su cuna y volvió a acomodarse en la cama. Un ronquido de Ranma resonó en la habitación y Akane se giró a mirarle. Estaba boca abajo y medio destapado, la cabeza girada en su dirección y la boca semi abierta, estaba segura que hasta babeaba.

Con cuidado dio un beso en la espalda de su marido para no despertarle, sabía que Ranma estaba tan agotado como ella pues su pequeño demandaba mucha atención, por eso se acomodó despacio para no molestarle. Dio un vistazo al reloj para saber qué hora era: las cuatro y media de la mañana. Dejó caer su cabeza en la almohada y pidió que su pequeño aguantara el resto de la noche dormido. Poco a poco el sueño la fue venciendo pero había algo raro en el ambiente, algo que la tenía inquieta y no le permitía descansar.

La habitación estaba muy silenciosa, solo los leves ronquidos de Ranma se escuchaban y eso le ponía los pelos de punta. Comenzó a plantear escenarios macabros donde su pequeño dejaba de respirar de repente y notó la ansiedad recorrer su pecho.

Nerviosa, se despertó y se levantó bruscamente asustando a su marido – ¡¿Akane?! ¿Qué pasa? – se alarmó al ver a su mujer acercarse corriendo a la cuna de su hijo.

Akane no contestó, se limitó a poner su mano encima del cuerpecito de su niño con gesto nervioso. Ranma se alertó y dejó atrás todo el sueño levantándose – ¡Akane! ¡¿Qué pasa con Hideki?!

Akane dio un largo suspiro al notar que su pequeño dormía tranquilo y que respiraba perfectamente – Lo siento, no quise asustarte.

- ¿Qué ocurre? – preguntó cerciorándose el también de que su hijo estuviera bien.

- Me entró el pánico – dijo la muchacha tapando bien al pequeño – empecé a pensar que podría pasarle algo, ponerse enfermo o dejar de respirar y…

Al ver las lágrimas acumularse en los ojos de su mujer se acercó a abrazarla. Akane se apretó contra el pecho de Ranma quien le beso la cabeza con cariño – No pasa nada, ya está, solo fue una pesadilla.

- No fue una pesadilla – negó – fue una paranoia mental, desde que Tofu me dijo que los bebes pueden sufrir muerte súbita si no le escucho me pongo histérica – con cuidado se agachó sobre la cunita del bebe y se limpió las lágrimas mientras acariciaba la cabecita de Hideki – me muero si algo le pasara.

- Lo sé, tranquila, está bien, nuestro hijo está bien. Solo está dormido, sabes que no permitiría que le pasase algo – con delicadeza sobó la espalda de Akane para darle tranquilidad. No le gustaba ver a su mujer así aunque la entendía perfectamente. En más de una ocasión se había visto con un ataque de ansiedad al pensar que un día su hijo sufriera algún daño. Verle allí en su cuna durmiendo como un angelito le tranquilizaba y más si tenía Akane a su lado.

Ver sufrir a su hijo o a Akane era un castigo para el, por lo que decidió hacer una broma para cambiar el humor de su esposa – si te sirve de consuelo – dijo captando la atención de Akane – tu siempre has sido una histérica.

Cerró los ojos esperando un golpe que nunca llegó, por el contrario recibió una leve risa – idiota.

Ranma besó la sien de su mujer y la arrastró de nuevo a la cama – venga, a dormir que es tarde – Akane se dejó mimar dentro de las sabanas donde Ranma la abrazó contra su pecho. El matrimonio sonrió feliz mientras se quedaban dormidos.


El reloj marcaba las cinco y veinticinco de la mañana cuando de nuevo el llanto de Hideki resonó por la habitación. Ranma siguió roncando pero Akane le dio unos golpecitos en la cadera para despertarle.

- Te toca – murmuró la muchacha recibiendo un gruñido de su esposo que no se movió. Agarró la cadera del hombre y le meneó más fuerte – Ranma.

La advertencia en la voz de su mujer consiguió hacerlo levantarse con pesadez. Se quedó sentado en la cama unos segundos y se levantó para acercarse a su hijo que lloriqueaba levemente.

- ¿Y ahora qué te pasa hijo? – el tono de voz de Ranma no era enfadado, ni curioso… su tono de voz era el de alguien desesperado por dormir del tirón una noche.

Lo acunó entre sus brazos y el pequeño se calmó pero no volvió a cerrar los ojos. A diferencia de los adultos, el pequeño Hideki estaba de lo más activo. Sus enormes ojos azules estaban abiertos de par en par y se veía más interesado en chupar su puñito que en dormir.

- Hijo, por favor duérmete – le meció levemente pero el pequeño no pareció inmutarse. Notó que doblaba sus piernecitas y soltaba un lloriqueo. Ranma deseó golpearse la cabeza contra la pared. Lo que quedaba esa noche, que el pequeño Hideki tuviera cólicos.

Una patada más y de nuevo el pequeño soltó el llanto. Ranma lo puso bocabajo, apoyando su tripita en su antebrazo y le sobó la espalda. Le dolía mucho ver a su hijo sufrir y se sentía impotente por no poder ayudarle más.

- Ya está, venga ya está – decía Ranma moviéndole levemente arriba y abajo – esa tripa mala, dios mío – habló Ranma como si su hijo le entendiera.

El pequeño daba pataditas y soltaba sollozos. Ranma paseó a su pequeño mirando de reojo como el reloj avanzaba. Quiso sollozar el también cuando se percató de que quedaba menos de dos horas para que tuviera que levantarse a trabajar.

El pequeño Hideki dejó de llorar al cuarto de hora y Ranma agradeció a Kami que los cólicos de su hijo pasaran. Lo tomó en brazos para colocarlo en su cuna cuando volvió a llorar.

- No puede ser – murmuró desesperado – por favor Hideki, papá necesita dormir, venga ya está.

Su hijo se acomodó en los brazos de su padre de nuevo sin interés por dormirse. Ranma suspiró y se sentó en la mecedora para que su hijo se durmiera de una maldita vez. Le amaba con todo su corazón pero a veces en momentos como aquel deseaba haber sido estéril.

Acunó a su pequeño mientras le hablaba para que se durmiera – ya está, a dormir, papá no puede con el alma y los niños buenos deben descansar y dejar a sus papás hacerlo también.

Hideki le miró con ojos curiosos y Ranma puso una boba sonrisa – eres como tu madre, cabezota.

Tal vez el pequeño no dormía porque no estaba cómodo, por eso Ranma lo acomodó en su pecho abrazándole. Notó como su hijo acomodaba su cabecita en su pecho y agarraba su camiseta interior con sus manitas.

Ranma pensó que quizás si se tumbaba, Hideki se dormiría más rápido, así que se acercó a la cama y se medio tumbó, colocó un par de cojines tras su espalda alta y recostó bien a su niño en su pecho.

De vez en cuando daba leves caricias y besos a su cabecita – venga Hideki, mira, haz como mamá – el pequeño pareció entenderle pues dio un bostezo al igual que su padre.

Ranma dio un leve vistazo a su hijo y se alegró de notar que se empezaba a dormir. Unos minutos más y podría cerrar él también los ojos. El movimiento de su mujer captó su atención. A su lado, Akane dormía a pierna suelta y aunque la envidiaba enormemente le dio una inmensa alegría verla tan calmada.

Su mujer y su hijo eran lo más preciado para él y si ellos estaban bien y cómodos, eso le era suficiente.

Poco a poco sus ojos se hicieron pesados, comenzaban a cerrarse sin que él pudiera oponerse y casi sin darse cuenta se quedó dormido con su hijo en su pecho. No supo cuánto tiempo se quedó dormido pero no debió ser mucho ya que no le costó despertar cuando Akane le quitó a su hijo de sus brazos.

- Siento despertarte – susurró Akane.

- Tranquila – contestó acomodándose mientras Akane posaba a su hijo en su cuna - no estaba dormido del todo.

Akane sonrió levemente – Es agotador pero en cierta forma se siente bien ¿no?

Ranma soltó un gruñido en contestación, estaba tan cansado que ni siquiera tenía fuerza para hablar. Notó como la cama se hundía bajo el peso de su mujer y unos cálidos brazos le rodearon – aunque nos haga pasar las noches en vela, Hideki es lo mejor que me ha pasado en la vida.

- Opino igual – murmuró Ranma acomodándose en los brazos de su mujer – daría todo por él.

Akane sonrió de lado al darse cuenta de que su marido le respondía prácticamente por instinto ya que estaba más dormido que despierto. Le besó la frente y se acomodó a dormir, no sin antes decir – espero que pronto tengamos una niña.

Ranma entre sueños, sonrió también.

Quince minutos más tarde el llanto de Hideki demandando su desayuno les alertó. Akane y Ranma se miraron desesperados. Con los ojos rojos y unas enormes bolsas moradas adornándolos Akane se levantó arrastrando los pies.

Ranma desde la cama con voz lastimera dijo – Akane, te quiero con todo mi corazón y Hideki es un regalo, pero me estoy planteando que sea hijo único.

Akane no contestó, simplemente se sentó en la mecedora y comenzó a alimentar a su niño. Para ella merecía la pena todos los esfuerzos y el cansancio, todo merecía la pena si era por él. Por su pequeño Hideki.

Ranma la miró desde la cama apreciando la belleza de la escena. Las palabras dichas con anterioridad se borraban pues poco le importaba el sueño si podía ser espectador de momentos como ese. Sonrió como un idiota viendo a su marimacho alimentar a su niño y mientras observaba llegó a una conclusión:

Su Hideki era un coñazo por las noches, pero por Kami que mataría por parar el tiempo y que su niño no creciera, aunque pasara el resto de sus noches sin dormir.


Este capítulo puede parecer "muy poco paternal" por parte de Ranma pero intenté plasmar todas esas historias nocturnas que mi hermana y mi cuñado me cuentan cada vez que hay un bebé en la casa. Como dice mi cuñado, adoro a mis hijos pero a veces me tiraría por la ventaba cuando se ponen "torcidos"