Nota: Hola! Les traigo un nuevo capítulo!
KHR! No me pertenece sino a Akira Amano.
Sin más a leer.
Al límite
Reborn sintió un deseo asesino, mayor a lo normal. En frente tenia a un Iemitsu completamente borracho y drogado. Miro el pequeño frasquito con ese líquido tranparente que Verde le dio. Dijo que estaba probando un nuevo tipo de suero de la verdad. Y como Reborn es tan bondadoso se ofreció para probarlo. Lo que le vino de maravilla ya que tenía muchas ganas de interrogar al idiota de Iemitsu.
Ahora con la verdad dicha, tenía a León listo y cargado para fusilar a su amigo. Ese tipo no se merecía ser padre. Ahora se arrepentía de toda esa mierda que le lanzo a su alumno sobre que tenía que aceptar a Iemitsu.
Pero también tenía que reconocer que el también tuvo un poco de culpa por no haber hablado con el chico antes.
Ya estaba listo para hacerle unos cuanto agujeros en el cráneo cando sonó el teléfono de la casa. Bajo el arma y se fue a atender.
"Residencia Sawada" dijo al descolgar el teléfono.
"Reborn-dono, habla Basil"
"¿Sucedió algo?"
"Los niños y la chica Miura están en Italia"
"¿Qué? ¿Cómo llegaron hasta allá?"
"Al parecer se colaron en un avión, pero lo más extraño es que se fueron a Florencia. Ahora la policía la están buscando como la principal sospechosa de un asesinato"
Reborn se quedo en blanco, era obvio que esa niña no mato a nadie. Pero se preguntaba cómo es que había llegado a esa situación.
"¿Tsuna está en esa ciudad?"
"Es lo más probable. Ahora mismo CEDEF la está buscando intensamente"
"¿Crees que me puedan abrir un camino?"
"No podemos. Nono nos tiene muy vigilados, secretamente formamos un grupo pequeño para poder encontrar a Sawada-dono. No nos parece correcto que el noveno intente separarlos"
"…"
"Reborn-dono ¿podría trasmitirle este mensaje a mi maestro?"
"Si puedo hacerlo" Reborn corto la llamada y se quedo mirando a Iemitsu.
Solo por ahora no lo mataría.
Solo porque le es útil.
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Haru temblaba de miedo, lo mismo pasaba con Fuuta y Lambo. Ahora no solo la policía la buscaba sino también unas personas con trajes negros. Estaba segura que no eran los Hombres de negro así que solo podían ser de la mafia. Miro a I-pin que parecía la más tranquila de los cuatro, la niña china acostumbrada a ese tipo de "ambientes" no tenía tanto miedo de la lúgubre edificación. De tanto escapar terminaron en un edificio bastante deteriorado y abandonado.
Los cuatro subieron por unas escaleras de madera que en cualquier momento se iban a re quebrantar bajo el peso de ellos. Llegaron al segundo piso y que si no fuera por la luz de la luna que entraba por esas ventanas rotas, no se vería absolutamente nada. Ese lugar era digno de una película de terror. Pero ninguno se iba a acobardar. No ahora.
Escucharon el crujir de la madera en lo que parecía un apartamento en el piso en el que estaban ellos. Se les erizaron los bellos de la nuca y sus respiraciones se volvieron más agitadas. Haru quería llorar y de hecho sus lágrimas ya estaban por deslizarse hacia sus mejillas. Apretujo tanto a Lambo que cuando se dio cuenta, el niño ya estaba desmayado. Fuuta se estaba sosteniendo de la cintura de Haru. I-pin se adelanto y entro a ese apartamento, estaba todo oscuro pero pudo sentir la presencia de otra persona. Una neblina la cubrió por completo y ya no pudo distinguir a sus amigos que estaban detrás de ella. Una escalofriante risa la hizo temblar, retrocedió y trato de volver con Haru. Pero ya no pudo, estaba atrapada.
Haru ya estaba en un ataque de crisis, espero para lo que a ella le pareció unos eternos minutos y la niña no salía. Entro con cautela y la llamo, pero no hubo respuesta. Dio un respingo cuando de la planta baja se escucho disparos y gritos, así que no lo pensó dos veces; agarro la mano de Fuuta, apretó a Lambo más contra su pecho y entro.
Una espesa y escalofriante niebla la envolvió, una risa resonó en el lugar y ella estuvo a punto de gritar, pero entonces una mano cubrió su boca.
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Oregano y Basil se escondían detrás de una pared en la planta baja de un edificio a las afueras de Florencia. Las balas iban y venían, la policía los tenían acorralados. Uno de sus compañeros grito de dolor cuando una bala le atravesó el hombro izquierdo. Oregano y otros agentes de CEDEF retrocedieron un poco más adentro del edificio abandonado. Basil logro escabullirse y subir hasta el primer piso. Lo reviso lo mejor que pudo, al no encontrar nada siguió con el segundo piso. Empezó a caminar a lo largo del pasillo, siempre con su llama de la última voluntad encendida. Observo todo a lo que su vista alcanzaba, llego al final del pasillo donde había solo una puerta rota y abierta que daba acceso a la vivienda (o lo que fue de ella). Se adentro un poco y agudizo el oído. Como no sintió ni escucho nada se dispuso a ir al piso de arriba, pero al girar sobre sus talones y mirar para atrás quedo petrificado.
El lugar por donde había llegado no estaba, en cambio si pudo ver un terrorífico pasillo que parecía interminable; del techo colgaban unas lámparas de luz amarillo oscuro que se movían de adelante hacia atrás. Ya no se escuchaban los disparos, ni los gritos, ni las sirenas de la policía.
Basil maldijo y golpeo el piso con su pie.
Había quedado atrapado en una ilusión.
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Mukuro se mordió el labio inferior al punto de casi salir sangre y se sostuvo más del asiento del copiloto cuando el auto volvió a saltar por culpa de un bache. Al volante iba Ryohei que estaba en modo ´Extremo´, conducía extremadamente y gritaba incoherencias extremas. Y si a eso le sumamos los chillidos de Miura y de Lambo adulto (porque el muy tonto no tuvo mejor idea que irse al futuro y dejar las responsabilidades al, aun más tonto, de su yo adulto cuando casi chocan contra un árbol) Mukuro estaba que estallaba. De atrás venían tres patrulleros persiguiéndolos y si seguían con esa interminable carrera no habia duda de que iban a llegar más policías.
"¡Dobla en esa curva!" grito Mukuro. El chico acato la orden y dio un giro de noventa grados metiéndose en la curva casi tapada por los frondosos árboles. Entonces una niebla rodeo el lugar, un auto igual al que estaban en ese momento siguió de largo, al segundo aparecieron las patrullas y siguieron con la persecución. Los dos muchachos dieron un suspiro de alivio.
"Cabeza de piña ¿¡Por qué no lo hiciste antes!?" grito enfurecido Ryohei.
"Kufufufu, ¡Pudrete!" respondió Mukuro, haciendo notar en su vos un poco de rencor.
"Haru-nee… Lambo…" llamo una vocecita, los dos se dieron vuelta y vieron como Fuuta zarandeaba a los dos chicos desmayados. Al minuto Lambo volvió a ser un niño. Fuuta se sorprendió al verlo riendo a los cuatro vientos con la boca embarrada de comida y en una mano sostenía un choclo.
"¿Are? ¿Y Tsuna?" pregunto desorientado el pequeño.
"Volviste…" contesto Fuuta. A lo que Lambo se largo a llorar, lo que causo que Mukuro lo quisiera asesinar con su tridente. Ryohei suspiro resignado ante la escena.
"Sera mejor esperar un rato antes de ponernos en marcha" dijo pero ninguno de los presentes le escucho
