Una vista a los sucesos

Shinku estaba sorprendida de saber que había viajado al pasado. Se le hacía increíble pensar que Suigintou había viajado al pasado en aquel accidente en que el rayo impactó contra el Delorean, pero al menos aquello le permitía pensar que existía una buena explicación para todo, incluyendo el hecho de que su cuerpo se hiciera pedazos y que a su mente llegaran recuerdos de Barasuishou entrando en escena antes de tiempo. Todavía había algo que no estaba en su sitio, y Mitaku pensaba igual que ella.

─ En ese caso tenemos que buscar a Suigintou. Con toda seguridad encontraremos con ella la clave que necesitamos para corregir el futuro ─ asegura Mitaku.

─ Es posible, pero igual debemos tener cuidado ─ Shinku tantea nuevamente a su alrededor, sin encontrar nada de utilidad ─. Este sitio es realmente tétrico ¿Cómo pudo Suigintou caer en un lugar así?

─ Supongo que no se puede evitar. El rayo le hizo mucho daño al auto, si incluso Yuu-san necesitó cambiar la fuente de energía del condensador de flujos para darle tan solo tres usos.

─ ¿Tres? ─ Shinku se tensa rápidamente.

─ Sí, y ya hemos hecho uno. Nos quedan únicamente dos viajes, los cuales serán los que nos lleven a nuestros respectivos tiempos si todo llega a salir bien, aunque desde aquí todo se ve complicado…

Ya sin más de qué hablar, Mitaku y Shinku entran nuevamente el Delorean para llevarlo a un sitio seguro mientras buscarían a Suigintou. El sitio elegido por la humana no podía ser otro que la misma mina de donde le había sacado con la ayuda de Yuu. Estaba confiada de que nadie vendría, basándose en el hecho de que el otro Delorean no sería tocado durante todo el siglo que pasaría antes de que ella y Yuu lo encuentren. El plan era sencillo y libre de fallos. Nada podría salir mal en esta parte.


Horas más tarde

─ ¿Estás segura de que tenemos que vestirnos de ese modo para buscar a Suigintou? ─ Shinku miraba extrañada la ropa que estaba llevando puesta en ese momento.

─ Completamente. Tus ropas victorianas llamarían demasiado la atención, y además mis ropas habituales son del futuro, por lo que descuadraría completamente con la forma de vestir actual. Los kimonos en cambio son la forma de vestir que más han trascendido en la historia de Japón, siendo usados desde que existe como civilización.

─ Me extraña que a esto lo llames civilización ─ se queja Shinku al dar una nueva mirada al paisaje.

Tanto Mitaku como Shinku llevaban puesto un sencillo kimono oscuro adornado con motivos florales rojizos y una cinta atada de color verde, a fin de hacerlas ver como chicas ordinarias y tradicionales japonesas, aunque Mitaku veía como un auténtico reto el cabello rubio de Shinku, especialmente tomando en cuenta que no había llevado consigo una peluca negra para así hacerla resaltar menos y pretender que se vea más realista. Sabía que dicha peluca no sería ningún impedimento para que Suigintou la reconociese en cuanto se viesen, pero al menos sí hubiera sido un buen disfraz ante el resto del mundo. Ya lo hecho, hecho estaba, y no valía la pena lamentarse de nada. Ambas se van alejando del auto, pero Mitaku da un último vistazo a una cierta distancia para estar segura de que el auto no iba a ser encontrado por accidente, cuando un sonido líquido empieza a llamarle la atención, haciendo que se empezara a preocupar.

─ ¿Qué ocurre? ─ dice Shinku.

─ Algo está pasando en la mina. Dame un momento ─ Mitaku se acerca corriendo al Delorean para revisarlo, siguiendo el sonido líquido ─ ¡Maldición! El tanque de gasolina acaba de rajarse.

─ ¿Y eso qué significa?

─ Aún en mi época siguen existiendo autos que funcionan con gasolina, y ante ello he aprendido que la gasolina es el combustible que aprovechan los automóviles para moverse. Sin gasolina, es imposible que el auto alcance por sí mismo la velocidad que necesitamos para viajar de vuelta al futuro.

Shinku se acerca entonces al auto y usa sus pétalos para reparar la rajadura que se hallaba en la parte inferior del depósito, pero ya el mal estaba hecho: La gasolina ya se había derramado, y la ínfima cantidad que quedaba no sería suficiente para que el auto pudiera arrancar. Mitaku golpea su frente contra la puerta del copiloto y gime unos cuantos lamentos, pensando que ahora estaban atrapadas en el siglo XIX sin posibilidad alguna de escape.

─ Estamos en problemas, en unos muy serios, Shinku-chan…

─ ¿Cómo haremos entonces para irnos de aquí?

─ Pues no se me ocurre nada ─ Mitaku se apoya en el auto, con la vista fija en la puerta ─. Podríamos probar a empujar el auto, pero los humanos no somos capaces de alcanzar la aceleración necesaria para poner en funcionamiento el condensador de flujos, y dudo mucho que una muñeca pueda lograrlo, aunque se trate de una Rozen Maiden.

Shinku comprende entonces la razón por la que Mitaku se preocupara tanto. Regresar a su época había pasado a ser algo imposible, sobre todo si no conseguían hacer que el auto se moviera. En ese momento una idea llega a ella, y pensó que podía ser su salvación.

─ ¿No podrías conseguir más gasolina? Eso nos permitiría…

─ Es inútil ─ interrumpe Mitaku mientras dejaba de apoyarse en el auto y empieza a caminar rumbo a la ciudad con paso vago ─. La gasolina es algo que se desconoce en esta época. Yuu-san me dijo que el primer automóvil en Japón no sería creado sino hasta principios del próximo siglo, y la existencia de los autos es lo que inspira la invención de la gasolina, por lo que tendríamos que esperar al menos treinta años para que la gasolina aparezca aquí.

─ ¿Treinta años? ─ Shinku se preocupa bastante ─ Puede que ese tiempo no signifique gran cosa para Suigintou y para mí, pero tú no podrás contar con ese beneficio ¿Qué se supone que haremos para regresar a nuestras épocas sin tener que esperar tanto tiempo?

Mitaku se mantiene en silencio, en uno desolador y casi fantasmal. Sentía que había perdido completamente la esperanza de regresar a casa. No volvería a ver a su madre, y esta no sería capaz de reconocerla cuando le sea posible regresar, si es que tal posibilidad se llegaba a dar. Lo único que le quedaba en ese caso sería ir en busca de Suigintou y prevenir lo que sea que la despojara de su Rosa Mística. Shinku no necesitaba poseer visión de rayos X para ver lo mal que se encontraba la chica en ese momento, pese a que esta se esforzaba dolorosamente en disimular su gesto.

─ ¿Mitaku?

─ Debemos ir por Suigintou. Ya pensaremos más tarde en cómo reponer la gasolina, o sustituirla ─ dice Mitaku con un hilo de voz, y enseguida empieza a caminar con rumbo a la ciudad.

Shinku se queda en su lugar durante algunos segundos, mirando fijamente a Mitaku y sabiendo que estaba completamente destrozada por dentro. Nada había en ese momento que pudiera decir para consolarla, así que Shinku decide seguirla muda hasta que llegasen a la ciudad, rogando mentalmente que la suerte por lo menos sea benevolente para permitirle encontrar a Suigintou.


Ciudad

Apoyada en el alféizar de la ventana, viendo con aburrimiento el ir y venir de la emergente sociedad del Japón del siglo XIX, se encontraba Suigintou, también oyendo unas suaves y bellas tonadas que eran lo único que había servido para alegrarle un poco el día.

La vida citadina sin un poco de movimiento real resultaba sumamente fastidioso, y Suigintou ya llevaba un tiempo que había decidido abandonar completamente el Juego de Alice. Aquella batalla contra Suiseiseki había servido para abrirle los ojos a la realidad, y verse a sí misma alcanzando la forma de Alice luchando al lado de Shinku había sido el impulso definitivo para convencerle de que lo mejor era seguir por un camino nuevo. Debido a ello había decidido adoptar una actitud distinta, aunque seguía siendo igual en muchos sentidos, como su altanería al momento de interactuar con humanos, o con la única humana con quien ha hablado en esa línea temporal, que era precisamente la responsable de la tonada que escuchaba la muñeca albina.

─ ¿Hay algo que te preocupe, Suigintou? ─ dice la chica al momento de interrumpir su canción.

─ Sólo pensaba que no está pasando nada interesante ─ Suigintou voltea a ver a la chica y empieza a volar para acercarse a ella.

La nueva médium de Suigintou se encontraba acostada en un futón mientras se dedicaba a aprender costurería de forma práctica. Su habilidad era innegable, pues había logrado completar los detalles de un kimono, e incluso Suigintou no podía negar que se veía espectacular el resultado.

─ ¿Qué me dices? ¿Te lo vas a probar, Suigintou?

─ Supongo que si te dijera que no tú insistirías, así que vamos a probarlo ─ Suigintou acepta la propuesta.

Al cabo de un par de minutos ya Suigintou se había cambiado por completo, exhibiendo así el resultado del trabajo de su nueva médium. Se veía bastante hermosa, y el hecho de que volase mientras se sometía al escarnio de la chica le hacía ver como una especie de ángel del Japón clásico. La chica aplaude contenta con su obra y pretende levantarse de la cama, pero de pronto empieza a marearse y pierde el equilibrio.

─ No deberías intentar eso si no has comido, tonta ─ regaña Suigintou mientras se acerca a la chica y la ayuda a acostarse otra vez.

─ Lo sé, pero es que se me hace demasiado fastidioso esperar a la comida para moverme de aquí ─ se lamenta la chica ─. Es un martirio estar así siempre, teniendo que depender de otras personas para algo tan elemental como ponerme de pie, cuando no tengo ni dos meses ni cien años de edad.

─ Sí, en eso me recuerdas también a mi médium en el futuro ─ suelta Suigintou con un dejo de nostalgia.

─ Lo sé, pero a veces me gustaría que me dieras más detalles de cómo es esa chica que tendrá la fortuna de ser tu médium en el futuro. Nunca me das detalles de cómo es ella.

─ ¿No te parece suficiente con decirte que es tu descendiente y que se parece extraordinariamente a ti? ─ Suigintou contiene las ganas de reír ante la negativa de la chica ─ Sólo piensa en ti misma en una cama con patas altas. A veces, cuando te veo, tengo la impresión de que ella viajó en el tiempo conmigo.

─ Ya veo. Entonces debe ser una chica muy bella, aunque también muy desdichada de salud ─ la chica estira la mano para tomar unos pergaminos donde tenía sus lecciones de costura ─. Kakizaki Megu, recuerdo que la llamaste. No sé cómo esa chica podría ser mi descendiente, pues mi cuerpo está demasiado débil para valerme por mí misma, menos podría tener una familia así como estoy.

─ Yo tampoco entiendo cómo será que lo logres, pero ese milagro al final servirá para repetir la maldición en ella, y por algún tiempo quise averiguar cómo salvarla ─ Suigintou se sienta al lado de su médium y echa un vistazo a los pergaminos ─. Megu. Es raro que hasta en el nombre se parezcan ustedes dos.

─ ¿Tú crees? Yo pienso que debe ser obra del destino, como si aquella Megu fuese mi reencarnación o algo así.

─ No digas tonterías, Megu ¿De verdad crees que esas tonterías existen? ─ Suigintou alza una ceja mientras espera una respuesta de parte de la chica.

─ Yo solo digo que no hay que cerrarse a las posibilidades, Suigintou. Reencarnar con el mismo nombre sería bastante hermoso si no fuera por la condición de salud mía y de ella.

Suigintou se encoge de hombros y mira en dirección a la ventana. Esta Megu del pasado era definitivamente igual de extraña que la Megu de su tiempo. Tal vez sea cierto que se trata de la misma persona en un cuerpo y tiempo distintos, pero Suigintou prefería no creer en algo así.

─ Voy a salir un rato. Me gustaría recorrer el campo un rato ─ Sigintou sale con el Kimono hasta la ventana.

─ Ten mucho cuidado y procura no ser vista.

─ Lo sé. No hace falta que me lo digas.

Megu sonríe dulcemente mientras Suigintou emprende vuelo al exterior, con un rumbo que la chica desconocía completamente, lo que la hacía añorar cualquier posibilidad de caminar de manera normal.


Campo abierto

Aquella zona no contaba con mucha afluencia de seres humanos, pues estos se habían acoplado a la vida de la naciente industria de la ciudad, así que Suigintou contaba con que nadie la iba a molestar allí, pero cuando pone un pie en el suelo, de repente siente un ataque que procede de atrás de ella. Consigue esquivarlo, y al voltear se encuentra con una muñeca que jamás en su vida había visto, cosa que la desconcierta, pues se notaba que no se trataba de una Rozen Maiden.

─ ¿Quién eres tú?

─ Oh, pero qué mal que no tengas idea de mi identidad, Suigintou ─ responde la muñeca con burla ─. Pensé que no podías ser más patética, pero creo que me he equivocado. No entiendo porqué otou-sama me ha enviado para deshacerme de ti.

Suigintou aprieta los dientes, sabiendo que era inevitable el comienzo de una pelea con esa muñeca desconocida. Una nueva aventura comienza así para la muñeca de la rosa negra.

CONTINUARÁ...


¿Alguien se imagina quién podría ser esa muñeca que va a pelear contra Suigintou? Para el próximo capítulo podrán ver aclaradas sus dudas, no se preocupen. Por ahora lo que queda es despedirme y retirarme, pues todavía tengo muchas cosas por hacer.

Hasta otra