Estamos cerca, muy cerca del final. En cualquier caso, es una alegría llevar a término esta historia a la que tanto tiempo he dedicado. Ya saben ustedes, Rozen Maiden no me pertenece, pero vaya que buenos momentos no faltaron a la hora de disfrutar de aquella serie.
Regresando a casa
Mitaku sigue esforzándose en avanzar mientras se apoyaba en la parte externa de la caldera del tren. El calor que éste irradiaba era extraordinario, pero la chica trata de ignorarlo como puede para acercarse más al maletero del Delorean. Cada vez le quedaba menos, ya casi alcanzaba su obetivo...
─ ¡Mitaku! ─ llama Suigintou en cuanto ésta se asoma por la ventana del auto.
─ ¡Estoy bien! ¡Ya casi lo consigo! ─ grita Mitaku para hacerse oír.
Tanto Shinku como Suigintou estaban pendientes del avance de Mitaku. Al más mínimo percance estaban dispuestas a salir disparadas a ayudarle. Sólo se quedaban para mantener bajo control el Delorean y vigilar el condensador de flujos para que las cosas no se descarrilen. El puente estaba cerca, y las muñecas se mantenían a la expectativa.
─ Tú puedes, Mitaku. No te rindas ─ decía Shinku en susurros.
El tren sigue su marcha, empujando con abrumadora facilidad el Delorean y llevándolo más y más cerca del puente. Mitaku ya casi tenía a su alcance el auto, e incluso se agacha un poco para hacer el intento de alcanzarlo, pero en ese momento casi resbala, haciendo que las dos muñecas se llevaran un tremendo susto. Mitaku vuelve a enderezarse, viendo que todavía no lograba alcanzar el auto.
─ Esto no está funcionando. Debo intentarlo de otro ─ se decía a sí misma, pero al ver las opciones que tenía a disposición, nota un detalle en todo aquello ─. No puede ser. No hay manera de que avance más. No podré alcanzar el auto a este paso ─ en ese momento trata de calcular la distancia que había entre ella y el auto, pensano que tal vez podría saltar esa distancia, cuando se da cuenta de algo importante ─ ¡Mierda! El tren y el auto están en movimiento. No hay manera de que consiga salvar esta distancia con la velocidad a la que esto se desplaza. Lo único que lograría sería morir de una manera bastante estúpida.
Con aquella idea en mente, parecía que a Mitaku no le quedaban opciones. El tren iba ya muy deprisa, y sería cuestión de menos de un minuto llegar al acantilado, así que trata de poner en funcionamiento y a toda máquina su cerebro para dar con una solución, pero por desgracia nada llega a ella. Tal parecía que su única opción iba a ser arriesgarse a acortar más la distancia como pudiera, pese a que no había sitio seguro para sujetarse ni una superficie horizontal para pisar. Al final decide tomar el reto e intenta avanzar.
─ ¿Qué crees que estás haciendo? ─ dice Suigintou al ver lo que hacía la humana.
Shinku no la tenía tan fácil para mirar a causa del pésimo ángulo con que contaba, pero los gritos de Suigintou fácilmente le hacían saber que Mitaku estaba en serios problemas. Suigintou se dispone entonces a salir para ayudar a Mitaku a alcanzar el auto, pero la velocidad que estaban alcanzando era tanta que le estaba costando horrores estabilizarse, y ni siquiera pudo considerar la opción de soltarse del borde de la ventana. En ese momento prueba la opción de usar sus alas para intentar alcanzarla. Parecía una buena idea, así intenta ponerla en marcha.
─ ¡Ten mucho cuidado, Suigintou! ─ advierte Shinku.
─ ¡Lo sé!
Las alas de Suigintou avanzan rápidamente y estaban por alcanzar a Mitaku, la cual esperaba aquel apoyo, pero no le era fácil mantenerse agarrada en aquel punto de la locomotora, así que hacía señas a Suigintou para que se apurara. Justo cuando faltaba menos me medio metro para ser atrapada por las alas, la sobrecalentada caldera explota, haciendo que trozos de la cubierta externa se desprendieran parcialmente, permitiendo la salida de una cantidad considerable de humo y fuego. Mitaku casi cae ante aquella explosión, y Suigintou acaba fallando en intentar atraparla, siendo una baranda lo único que impedía que Mitaku cayese al suelo.
─ ¡SHINKU-CHAN, SUIGINTOU-CHAN!
─ ¡Aguanta, Mitaku! ─ Suigintou hace un nuevo intento, y esta vez logra tomar los brazos de Mitaku para luego alzarla ─ ¡Sostente fuerte, que ya te voy a traer!
Mitaku hace lo que Suigintou le había indicado, y a medida que la eleva se sostiene fuertemente para no caer. Shinku se mantenía mirando lo que estaba pasando de manera intermitente, pues también debía prestar atención a la vía. Cada vez faltaba menos, y Shinku estaba cada vez más ansiosa a medida que veía el momento clave de ese viaje final.
─ ¡Suigintou! ¡Suigintooou!
La muñeca albina abre bastante los ojos al darse cuenta de dónde provenía aquel llamado, y sobre todo quién le llamaba: Megu estaba persiguiendo el tren y el Delorean a caballo, y llevaba consigo una maleta, que tanto Shinku como Suigintou habían identificado al instante.
─ Es mi maleta... ¿Cómo lo pude haber olvidado? ─ dice Suigintou en un susurro mirando fijamente a su médium de aquel lugar y época.
─ ¡Suigintou, vengo para devolverte tu maleta! ¡Estoy segura que lo necesitas! ─ Megu hace que el caballo intente acercarse al Delorean para dejar la maleta de Suigintou al alcance de la muñeca.
Pero la tentativa no era fácil. El tren ya iba demasiado rápido, y la velocidad seguía en crecimiento, y el caballo ya estaba dando lo mejor de sí para mantener un ritmo que claramente se hacía imposible. Megu lentamente va quedando atrás, preocupando a Suigintou, pues podía notar que su médium sería lo bastante testaruda para insistir en su intento por alcanzarla.
─ ¡Yo me encargo de Mitaku! ─ Shinku crea una formación de pétalos y ayuda a Suigintou a sostener a Mitaku para que alcance más rápidamente el Delorean ─ ¡Ahora ve, Suigintou! ¡Recupera tu maleta!
─ Comprendido, Shinku ─ Suigintou mira a los ojos de su hermana mientras ambas terminaban de traer a Mitaku ─. Esta ha sido una verdadera experiencia. Ojalá hubiéramos podido llevarnos mejor desde antes.
─ Lo sé. También yo lo pienso, Suigintou. Estoy segura que cuando regresemos a nuestra época las cosas van a cambiar para mejor, y así podremos acabar definitivamente con el juego de Alice.
Suigintou esboza una sonrisa de confianza. Sabía que sí podía contar con Shinku de ahora en adelante, y que lo que vendría para ambas sería para mejor. Ahora, sin temor ni duda alguna en su corazón, usa sus alas para alcanzar la maleta, pero la aceleración del tren y el Delorean llega a un punto en que para Suigintou se hizo imposible mantenerse estable, y desgraciadamente termina perdiendo el agarre al auto.
─ ¡SUIGINTOU-CHAN! ─ grita Mitaku preocupada.
─ ¡Ten cuidado! ─ grita ahora Shinku.
Suigintou había perdido completamente el contacto con el auto, y por tanto perdió también su oportunidad para viajar en el tiempo junto con Shinku y Mitaku. Éstas hubieran optado por echar para atrás sus intentos y dejarlo para después para no abandonar a Suigintou, pero no tenían opción a ello, y el auto finalmente alcanza la velocidad necesaria para dar la marcha al futuro.
─ ¡VÁYANSE, RÁPIDO!
De todos modos no había alternativa. Estando Mitaku dentro del auto, y ya estando por llegar al precipicio que marcaba el fin del camino, Shinku activa el condensador de flujos, haciendo que el auto se viera envuelto en una serie de destellos antes de desaparecer antes de caer. El tren no correría la misma suerte y se desploma sin remedio alguno. Suigintou y Megu ven de ese modo la ida de aquella oportunidad para que la muñeca albina regrese a su época.
Año 2004
El Delorean se ve repentinamente recorriendo por inercia por las vías del tren. Ya no había precipicio ni vías rústicas, sino que sólo se veía la modernidad que Shinku había estado conociendo antes del inicio de aquella aventura. Mitaku también podía reconocer algunos elementos que seguían siendo comunes a su época, y el reloj conectado al condensador de flujos confirmaba la fecha en que se encontraban. No había error alguno.
─ Hemos regresado... Estamos en mi época ─ dice Shinku mirando a su alrededor.
─ Ya lo creo ─ dice Mitaku ─. Ya estamos a principios del siglo XIX. El ambiente es bastante genial, aunque se siente un poco antiguo debido a la época a la que pertenezco.
─ Sí... ─ Shinku asoma la cabeza cuano el auto se detiene finalmente ─ Estas calles no las conozco bien, pero sé que la casa de Jun no debe de estar muy lejos.
─ Y no lo está ─ dice Mitaku ─. Conozco perfectamente la dirección de Jun-san. Es la misma que en mi época sigue utilizando Nori-san, así que sé por dónde debemos avanzar.
─ De todos modos debemos sacar el auto de aquí ─ sugiere Shinku ─. Tenemos que cargar el tanque de gasolina y seguir con nuestro...
En ese momento sienten una fuerte vibración, y un ruido empieza a tomar fuerza, y las dos miran hacia atrás, notando el acercamiento de un tren que venía a toda velocidad. Las dos se asustan y se apresuran en salir de allí, para luego ver, a pocos metros de distancia, cómo el tren arrolla el auto y lo hace pedazos. En ese momento, tanto Shinku como Mitaku sintieron una enorme impotencia invadirlas, y sobre todo Mitaku, pues eso implicaba el fin de sus esperanzas de regresar a su época. Una lágrima resbala por su mejilla mientras ve los restos del Delorean.
─ Imposible... No... no puede ser... El Delorean... ha sido destruido...
Shinku estaba igual de desencajada que Mitaku, pero por su parte estaba pensando en Suigintou y en el hecho de que se quedó atrás. Se supone que debían venir juntas, pero esa eventualidad tan simple hecho tiró todo por la borda y saboteó sus intenciones de traerla. Era doloroso aquello, aunque Shinku sabía que su tristeza no estaba tan justificada como sí lo estaba la de Mitaku.
─ No podré... No podré regresar a casa... ─ Mitaku empieza a llorar con amargura mientras cerraba lentamente sus puños contra el suelo ─ He hecho todo lo que estaba a mi alcance, y todavía eso no fue suficiente. Okaa-san, tía Kana...
─ Lo siento mucho, Mitaku. De verdad lo siento ─ Shinku no podía hacer nada mejor que darle un abrazo a Mitaku para consolarla ─. También yo quería que pudieras regresar a casa. Ahora no sé qué podemos hacer.
─ Hemos enfrentado varias situaciones que parecían sobrepasarnos, incluso lucían imposibles, pero de alguna manera lográbamos sobreponernos, pero ahora... ─ Mitaku se levanta y se acerca a los restos del condensador de flujos ─ No sé crear esto. Es una tecnología y entendimiento que nunca he podido captar de Megu-san, pero sí sé que esto tomaría mucho tiempo. No hay manera de que yo pueda esperar a encontrar a la Megu-san de esta época para que cree otro condensador de flujos. Para entonces será muy tarde para regresar a mi hogar, y ni siquiera hay garantía de que Megu-san viva lo suficiente para terminarlo.
Shinku asiente mecánicamente y con dolor. Mitaku tenía mucha razón, y la rubia nada podía hacer para cambiar esa historia. En ese momento Shinku ve que en el cielo aparece su espíritu artificial y el de Suigintou, y juntos se reúnen frente a ella.
─ Hollie, Meimei... ─ los dos espíritus parpadean en respuesta a las palabras de Shinku, y ésta siente que su esperanza se aviva nuevamente ─ No podemos rendirnos ahora, Mitaku.
─ ¿Qué?
─ Hemos hecho demasiado. Hemos apostado bastante al éxito de esto como para abandonar, sin importar que el automóvil quede hecho trizas. Debemos buscar a Megu y hablar con ella, sin importar nada más, y te prometo que vas a regresar a tu época, con tu familia. No me voy a rendir en esto, y te pido que tampoco te rindas. Mientras haya un poco de esperanza para ti, es tu deber aferrarte a ella.
─ G-gracias, Shinku-chan.
Era la última epopeya de Shinku, y costase lo que costase, Shinku cumpiría se palabra. Sin esperar a nada más, Shinku toma su maleta y le pide a Hollie y Meimei que las guiasen a ella y Mitaku al sitio donde se encontraba Megu.
CONTINUARÁ...
Ahora sí que se los aseguro, el próximo capítulo va a ser el último. Es probable que lo suba para la próxima semana, tomando en cuenta que tengo la agenda un poco menos ocupada para entones, así que creo que será perfectamente posible poner fin a esta historia. Un saludo a todos, y nos veremos en el capítulo final.
Hasta otra
