The Malfoy Twin 1.

Podía sentir la mirada de todos los estudiantes con cada paso que daba por en medio del pasillo entre las mesas, al otro lado del camino la directora Minerva Mcgonagall se encontraba esperándola con el sombrero seleccionador en su posesión. Con impotencia y movimientos coquetos se detuvo frente a la entidad de poder para luego tomar asiento y que bajo la mirada de todos le colocara el sombrero mágico en la cabeza.

Ah, una Malfoy. Pero no una cualquiera. . . una dama con la inteligencia e ingenio de un Ravenclaw, la lealtad y osadía de un Gryffindor, la dedicación y carisma de un Hufflepuff. Y por supuesto posees la ambición, astucia y determinación de un Slytherin. –comenta el sombrero frunciendo el ceño–. Es una decisión difícil pero no imposible, ¡Slytherin!

La mesa de la casa anunciada comenzó a aplaudir y entonces la rubia se acerca a los estudiantes sin expresión alguna en su rostro. Se posiciona junto a su hermano gemelo sin objetar palabra alguna y después de unas palabras de bienvenida por parte de la directora se dio inicio al banquete.

– Una Malfoy, ¿eh? –saluda una joven sonriente de cabellos castaños–. Soy Astoria Greengrass.

– Draco me ha hablado mucho sobre ti. –exclama la chica por primera vez, con una voz imponente como sus movimientos–. Soy la gemela mayor, Pandora.

– No habíamos oído hablar mucho sobre ti, aunque una vez Draco comentó que tenía un familiar femenino que quería mucho. –asegura Astoria sonriente–. Así que ahora supongo que eres tú.

– Ese imbécil de allá es Gregory Goyle. –comenta Draco señalando con la cabeza al joven–. A Pansy Parkinson debes recordarla. Ambas jóvenes se lanzan una mirada como saludo, la de Pandora cargada de severidad y la de Pansy llena de burla. La gemela había tenido varios roces con esta última desde que su hermano comenzó a llevarla a la mansión en vacaciones, ciertamente la castaña solo le agradaba a Lucius por su forma tan macabra de ser. – Es extraño que entraras a Hogwarts en el último año. –implica Draco observando a su hermana gemela con una sonrisa sincera–. Pero no quita el hecho de que me encanta que estés aquí. Los gemelos Malfoy no compartían tanto parentesco, poseían el mismo color de pelo y la misma elegancia de sus gestos. Pero la mirada cargada de sensualidad por parte de Pandora no se podía comparar con el atisbo de Draco –que alegaba arrogancia–, por otro lado ella era callada y fría. Como si analizara cada una de sus palabras a fondo. – ¿Entrarás al equipo de Quidditch? –inquiere Astoria bebiendo de su copa de agua. La recién llegada está a punto de contestar, pero su hermano le quita las palabras de la boca. – Te sorprenderías de lo buena que puede ser Pandora con una escoba. –asegura–. Después de papá, es la mejor de la familia. Aunque mamá siempre anda detrás de ella después de cada partido, ordenándole que cuide su rubia melena correctamente. – Amor de madre. –corrige la gemela con una sonrisita–. Contestando a tu pregunta, es probable que sí entre al equipo. Las calificaciones de los EXTASIS no serán problema para divertirme un poco en el campo de Quidditch. – ¿No tienes miedo de romperte una uña? –se cuela Pansy en la conversación con burla–. Es decir, no puedes permitir que tu carísimo esmalte se perjudique. – ¿Ya has terminado tu rabieta? –inquiere Pandora con impaciencia–. Excelente, ya puedes cerrar la boca y meter tu horrible nariz en tus propios asuntos. Las risas inundan la mesa causando que Pansy le dedique una fulminante mirada, la cual es correspondida de forma inmediata por la rubia. . En el descanso de la mañana siguiente, el equipo de Quidditch de Slytherin se adentra a los campos sujetando sus escobas en las manos. El nuevo trío –como ahora se conocía a los gemelos Malfoy y Astoria Greengrass– se detiene junto a los miembros del juego con las miradas apaciguadas. Es entonces cuando el buscador le hace entrega a su hermana de una escoba, depositándola en el césped justo ante ella. – Cuidado con romperte una uña, majestad. –se burla uno de los chicos. – Cierra la boca, Goyle. –ordena Draco cruzándose de brazos y luego vuelve su atención a su hermana–. Si necesitas ayuda por favor házmelo saber. Pandora observa la escoba tirada en el suelo antes de estirar su mano y exclamar: ¡Arriba! Causando que el palo de madera impacte de forma suave contra su mano y ella pasa una pierna sobre el mismo antes de colocar un mechón de cabello detrás de su oreja. – Buena suerte, Malfoy. La necesitarás. Ella sonríe arrogante. – Cuidado con la baba, Goyle. Se impulsa en el aire en cuestión de segundos y ante la mirada de los presentes se inclina hacia adelante para aumentar la velocidad. El viento impacta contra sus rubios cabellos brindándole una sensación de libertad, llevaba tanto tiempo sin montar una escoba que había olvidado cómo se sentía volar. Pansy Parkinson la observa con los brazos cruzados acompañados del ceño fruncido, la miraba con rotundos celos. Vuela sobre sus cabezas con arrogancia causando que el público se agache de forma inmediata, entonces ella sonríe con clemencia y seguidamente coloca los pies en la tierra con la escoba en la mano. Su lacio cabello rubio permanece intacto y la túnica de su uniforme no contiene ni una sola arruga. – ¡Eso fue suerte! –exclama Pansy. – Entonces, ¿por qué no lo intentas tú? –comenta Pandora acercándosele–. ¿O es que te da miedo romperte una uña? – Eres una. . . – Campeona, lo sé. Puedes agregarle muchos halagos a la lista. Es más, ¿quieres un autógrafo? El capitán del equipo se acerca brindándole una sonrisa. – Estás dentro. – Lo sé. –contesta ella con arrogancia–. Pero gracias por comunicarlo de todas formas. . ¡Diffindo! Pandora alzó el mentón con arrogancia cuando Ginny Weasley se fue de bruces hacia el suelo, dejando escapar un gemido de dolor en el progreso. El novio de la pelirroja se apresura en tomarla en brazos para retirarla de una vez por todas del duelo, el profesor de Defensa contra las Artes Oscuras le dedica una mirada orgullosa a la rubia antes de exclamar: – Draco Malfoy, al frente. Los gemelos se conectaron en un ataque de miradas, envainando sus varitas en sus manos. Él en la mano derecha, ella en la mano izquierda. Ambos conocían sus formas de luchar, aunque era complicado para Draco saber qué hechizo usaría Pandora para atacarlo. Su hermana tenía la destreza de usar sus encantamientos no-verbales en los duelos. En cuanto el docente dio la orden de comenzar, lo hicieron sin piedad. Draco la atacó vilmente con un Desmaius, a lo que ella reaccionó con un Protego dicho en voz alta que rebotó el encantamiento del contrario. Lo siguiente que Pandora lanzó fue un Glacius potente que impactó contra el conjuro Incendio por parte de su hermano, ambos maleficios se desvanecen entre sí y estos se miran directamente sin ninguna expresión en la cara. Segundos después se notó un cambio abrupto en el ambiente, y esta vez fue Pandora quien atacó sin ningún esfuerzo a Draco con hechizos no-verbales. Se embestían sin ningún tipo de tregua, pero con elegancia. La multitud comenzaba a aglomerarse a su alrededor para observar el duelo con atención, observando los movimientos de los gemelos como idolatrándolos. – ¡Expelliarmus! –bramó Draco. La varita de su hermana voló de sus manos con rapidez, ella cambia la expresión nula de su rostro a una pequeña sonrisita antes de alzar las manos y comenzar a caminar hacia él. Draco sabía que el orgullo de Pandora no le permitiría abandonar la batalla. Con un movimiento demasiado rápido para la vista de los presentes, ella sujetaba de nuevo la varita en sus manos y exclama con la voz fuerte: ¡Depulso! El chico impacta contra la pared con aturdimiento, la sala se llena de jadeos sorpresivos, pero el asombro es aún mayor cuando su hermano contraataca a pesar de estar en el suelo. – Levántate. –ordena su gemela mientras que se acerca a su hermano sin dejar de sostener su varita, le tiende la mano ayudándolo a incorporarse del suelo y luego le dedica una sonrisa–. Tan satisfactorio como siempre. – ¡Maravilloso! –dicta el profesor con asombro–. Ambos son muy buenos duelistas por lo que pude observar, en mis años de experiencia nunca había presenciado algo tan bueno en uno de los tantos duelos que he ideado. Aunque también sé, señorita Malfoy, que usted no ha usado todo el poder que posee. – Draco es mi mayor debilidad. –dicta la rubia engullendo su varita en la túnica para después observar a su hermano directamente a sus ojos grises–. No obstante, a veces sí quisiera demostrarle que soy más poderosa que él. –se encoge de hombros con indiferencia–. Pero resulta que soy demasiado cobarde como para arrojarle un simple Desmaius. Su hermano carcajea débilmente antes de colocar un mechón de cabello tras su oreja, en clara señal de tregua.