The Malfoy Twin 3.
– Me rindo. –gime Astoria golpeando su cabeza contra la madera–. No entiendo absolutamente nada aunque lo intente nuevamente.
– El EXTASIS es mañana, sea como sea necesitas aprenderlo. –responde Pandora frunciendo el ceño sin apartar su atención del libro que reposa sobre la mesa–. Debo admitir que la teoría de las artes oscuras no es exactamente un paseo por el parque, pero aun así debemos terminar con una ´E´ en nuestros boletines. Aunque el profesor de seguro nos aceptaría una ´S´, pero me niego rotundamente a ser una mediocre.
Astoria gimotea, Draco lanza un suspiro rodando los ojos y cruzando sus brazos sobre su pecho, lo que causa una carcajada por parte de la mayor. En realidad Pandora no tenía idea de cuánto tiempo llevaba estudiando para el examen de defensa contra las artes oscuras, pero podía suponer que era bastante rato por el hecho de que varias tazas de café vacías se encontraban sobre la mesa junto con los libros apilados.
– Propongo un descanso. –pide la pequeña de los Greengrass con una mueca–. Voy a por un bocadillo, ¿quieren algo ustedes dos?
– Cafeína para mi cuerpo, por favor. –contesta Pandora
– ¿Tú quieres algo, Draco? –inquiere Astoria.
– No te molestes, te acompañaré. –sonríe el rubio levantándose de la cama con una sonrisa–. Ahora volvemos.
– Tómense su tiempo. –responde Pandora.
La chica mira como la pareja se retira por la mesa del Gran Salón con rumbo a la sala común de Slytherin para conseguir alimentos, por su parte ella retira un mechón de cabello rubio de su rostro hasta colocarlo tras su oreja. Suspira profundamente antes de volver toda su atención al libro frente suyo para continuar estudiando.
– Expecto Patronum. . . –comenta a sí misma con desdén.
Conocía perfectamente ese hechizo, tanto como la palma de su mano. Desde pequeña fue su encantamiento favorito, todo lo contrario a su hermano gemelo, llevaba bastante tiempo sin requerir de ese hechizo. Incluso temía haber olvidado su suave agite con la varita para convocar a su guardián.
Inspira profundamente antes de batir su varita y por arte de magia recoger el desastre en la mesa Slytherin, dejando a la vista la perfecta madera pulida. Seguidamente guarda la vara en los bolsillos de la capa y seguidamente abandonar el comedor hacia la biblioteca en busca de regresar los libros utilizados.
Los pasillos de Hogwarts le parecían bastante lúgubres a su parecer –y definitivamente no ayudaban los cuadros mágicos hablando entre sí y observándote con frialdad–, toma aire profundamente antes de cruzar el umbral de la puerta de la biblioteca con rumbo a la estantería de dónde extrajo los textos. El cabello le cae delicadamente por el rostro y es entonces cuando se pone de puntillas para encajar el último libro en su lugar. Sopla sobre el rebelde mechón de cabello rubio para luego girarse y encontrarse cara a cara con un chico castaño.
– Debes ser Pandora Malfoy, todo el mundo habla sobre ti.
– Disculpa, ¿te conozco? –inquiere ella frunciendo el ceño levemente–. No es que me moleste tu compañía, como sea que te llames, pero haz el favor de no invadir mi espacio personal.
– Oh, claro. Lo siento. –contesta el castaño haciéndose a un lado sin dejar de regalarle una sonrisa–. Soy Ernest Macmillan y estamos juntos en las clases de defensa contra las artes oscuras.
– Ya te recuerdo. –comenta la chica deslizándose nuevamente por el pasillo en busca de otro libro–. ¿Necesitas algo o solo me sigues por gusto? –inquiere sin voltear a mirarlo.
– Solo me preguntaba si querías acompañarme a Hogsmade a por unas cervezas de mantequilla.
Pandora continúa sin observarlo, se detiene a leer el lomo de un libro bastante grueso y luego lo deposita en la pequeña mesa para ojear sus textos.
– Ahm, estoy algo ocupada ahora. –responde con toda la atención en las letras–. Estoy estudiando para el EXTASIS y no me gustaría perder el hilo.
– No hay problema, entonces estudiaré contigo.
La rubia suspira pesadamente antes de finalmente mirarlo a los ojos.
– No es por nada malo, pero me gusta estudiar por mi propia cuenta. –admite chasqueando la lengua–. Y tú, cualquiera que sea tu nombre, no vas a conseguir un polvo conmigo solo por tu `caballerosidad`. Hazte a un lado.
Rozando sus hombros en el trayecto Pandora Malfoy se retira del pasillo sin mirar atrás.
Conforme se iba desplazando por los pasillos de la biblioteca toda su atención se detiene ante un anaquel postrado frente a un ventanal, lentamente se acerca a verificar su contenido y entonces sus ojos de agradan de la impresión mientras analiza el contenido. Un portarretrato de Cedric Diggory se encontraba tras el sucio vidrio cubierto de sustancias que no sabía su providencia, por medio de un hechizo le habían creado unos bigotes y cola a la fotografía del sonriente capitán del equipo de Quidditch de Hufflepuff y la madera de la vitrina estaba llena de frases asquerosas como: "Fuiste tú quien revivió a Voldemort", "Mereces estar muerto", "Ahora ni siquiera tu propio padre te querrá" y muchas blasfemias más que le hicieron la sangre.
Inhala profundamente para normalizar su abrupta respiración y entonces por encima de su hombro observa las paredes del lugar cubiertas de lo que parecía ser la copia del diario El Profeta anunciando más mentiras sobre Cedric.
Estuvo a punto de coger su varita y destrozar todo si no fuera porque sintió un suave tacto en su muñeca. El particular a perfume masculino que desprendía Draco la insta a bajar la guardia.
– No puedes hacer eso. –susurra el rubio en su oído–. Baja la varita y vayamos a estudiar.
– Me vale una jodida mierda. –gruñe ella en voz baja entre dientes–. A quién sea que haya hecho esto, voy a matarlo.
Astoria se mantenía a unos metros de los gemelos frunciendo el ceño y sosteniendo un pequeño libro entre sus manos, no entendía absolutamente nada. Por su parte Draco se encontraba sosteniendo la muñeca de su hermana para evitar que lanzara un encantamiento contra el anaquel, recarga su barbilla en el hombro de ella y seguidamente baja lentamente su mano.
– Si lo haces llevarán a dirección y como extra bajarán puntos a la casa, como prefectos no podemos permitirlo.
Pandora suspiró, pero guardó su varita de mala gana.
– No permitiré que esto termine así, oh no, vamos a interrogar a alguien sobre esta mierda. –exclama la rubia arrancando uno de los carteles de la pared y próximamente arrugarlo entre sus manos.
– ¿Qué demonios estás haciendo, Pandora? ¡Por Salazar!
– Estoy a punto de cometer un homicidio. –gruñe ella por su parte a la par que se encamina rumbo a la salida, empujando a los estudiantes a su alrededor.
