The Malfoy Twin 4.

Arroja el papel sobre el escritorio caoba de la directora, la mujer alza la mirada del pergamino con extrañeza al notar al trío Slytherin irrumpir en su oficina. Draco simplemente flaqueaba a Pandora con los brazos cruzados y Astoria mantenía una expresión neutra en su rostro. Minerva le sostiene la mirada a la prefecta con el ceño fruncido, mientras que la rubia lanzaba fuego por los ojos.

– ¿A qué viene todo este escándalo? –pregunta Mcgonagall con asombro.

– Quería presentarle una queja. Estaba caminando por los pasillos de la biblioteca y encontré que en uno de los anaqueles estuvieron lanzando cosas poco respetuosas a uno de los fallecidos por causa de Voldemort. –explica mientras que aprieta sus puños, pero continúa manteniendo una expresión serena en su rostro–. Me parece una falta a la memoria de Cedric Diggory. No solo es la formación como magos, es vital también los valores y el respeto. Por tal motivo solicito que se tomen medidas.

– Me parece muy sabio de su parte, señorita Malfoy. –agradece la directora–. Debido a su actitud le obsequiaré veinte puntos a la casa de Slytherin.

Una sonrisa triunfante se forma en el rostro de Draco, quien carraspea para llamar la atención de ambas mujeres, apresurando de esta manera a su hermana. Con un movimiento de su varita Mcgonagall asegura limpiar el anaquel con una sonrisa. La gemela asiente cortésmente con la cabeza antes de retirarse de la oficina con una sonrisa victoriosa en el rostro.

– Nunca te había visto tan contenta. –asegura la menor de los tres.

– Ella solo se pone de buen humor cuando consigue lo que quiere. –asegura el chico del trío metiendo las manos en los bolsillos de su túnica–. Si te sorprende esta reacción, no la has visto cuando hace hasta lo imposible para que papá le compre lo que realmente quiere.

– Pero qué mentiroso. –ríe su hermana–. La verdad, Astoria, es que tu querido novio es quien más le pide cosas a nuestro padre. ¡Incluso mamá se sorprende por sus exigencias! Aunque cuando se trata de equipamiento para el Quidditch no tenemos ni que abrir la boca, es papá quien nos arrastra al Callejón Diagon para comprarnos absolutamente todo.

Astoria ríe con bastante suavidad.

– ¿Qué harán hoy? –inquiere la mayor deslizándose con elegancia–. Tengo dos horas libre antes de tener clases de pociones. –se encoge de hombros con un bufido–. Hoy practicaremos para el EXTASIS.

– Tengo clase de herbología. –la cantaría voz de la menor se esfuma para dar paso a un tono completamente aburrido–. Mi papá quiere un sobresaliente en la asignatura así que debo entregárselo, es un completo fastidio pero ni modo.

– Presenté el examen hace dos días. –interrumpe su novio tomando su mano con bastante suavidad–. Es bastante sencillo, si gustas puedo ayudarte a estudiar. Lo mejor para mi princesa.

– ¡Joder, qué cursis! –se burla la mayor de la pareja que camina tras ella–. Bésense de una buena vez.

– No tienes por qué preocuparte, Draco. –dice con las mejillas bañadas de un tierno color rojizo, lo que le arranca una inconsciente sonrisa al chico–. Voy tarde a clases, nos vemos más tarde. –apretando los libros entre sus brazos y con las mejillas aún teñidas baja las escaleras rumbo a su clase de herbología.

– Entonces. . . ¿vas en serio con ella?

La pregunta toma con sorpresa al rubio, quien le lanza una mirada confusa a su hermana mayor. Por obvias razones Pandora llevaba sospechando desde su ingreso a Hogwarts que su gemelo sí quisiese algo serio con Astoria, sabía perfectamente que él podía ser caballeroso con cualquier chica pero no de esa manera. Además de que sus gestos tan preocupados –como ayudarle a estudiar, algo que realmente repudiaba– hacían que sus sospechas se incrementaran más que antes.

– No sé de lo que me hablas.

Su hermana deja escapar una carcajada debido a las palabras de su allegado.

– Te advierto que a mí no vas lograr engañarme, sé claramente que te gusta esa chica y no le veo ningún problema. Es bonita, lista, perteneciente a nuestra casa y sangre pura. –se encoge de hombros a la par que explica sus puntos de vista–. Si te preocupa lo que dirán nuestros padres sobre ella, estoy segura de que serán comentarios bastante positivos. Se nota a kilómetros que Astoria Greengrass te trae desequilibrado.

– Si lo dices de ese modo suena bastante mal. –Draco rueda los ojos mientras que continúa con las manos en los bolsillos para bajar las escaleras–. ¿Has recibido una carta de mamá? Yo encontré una ayer encima de la cama junto con un paquete, me envió un pastel de frambuesa.

– No he revisado mi correspondencia. –admite frunciendo el ceño–. ¿Me guardaste un poco de pastel o te lo has devorado tú solo?

– Le di un poco a Astoria. –su hermana golpea su hombro con fuerza, causando que por poco pierda el equilibrio en el último escalón y se tambalee–. ¡Oye, creí que te había enviado a ti también!

– Aun así debes pensar más en tu gemela que en la chica que te estás ligando, imbécil.

– ¿Detecto celos en tu voz, Pandora Narcisa? –se burla con una falsa impresión decorando su rostro–. No puedo creer que mamá se haya olvidado de ti. . .

– Cierra la boca antes de que lo haga yo mismo. –amenaza apuntándolo con el dedo–. O te juro que te quemo vivo.

– Ya lo veremos. –Draco toma la muñeca de Pandora entre sus manos para girarla con fuerza entre sus talones, seguidamente coloca la punta de su varita contra su pálido cuello y su extremidad libre aprisionándola contra su cuerpo–. Aunque seas tan poderosa como realmente lo eres, no hay posibilidades de que puedas si quiera apuntar tu varita en mi contra. Y lo sabes perfectamente. Tus amenazas ya no me las creo.

Ella forcejea.

– Muévete y te humillaré frente a todos en el campo de entrenamiento, porque sabes claramente que ni siquiera intentarás defenderte de mí.

– Maldito cobarde. –refunfuña obsequiándole toda la razón–. Aparta esa varita de mí o te arrepentirás.

– ¿Eso crees?

Confundo. –murmulla con la voz bastante apaciguada, lo que causa que su hermano la deje en completa libertad alejando su varita de su cuerpo–. No digas que no te lo advertí.

– Aun así no fuiste capaz de tocarme ni un solo segundo.

– Cierra el pico y vámonos a clases, imbécil de cuarta.