The Malfoy Twin 5: Día en Hogsmeade.
– ¿Hogsmeade? ¡De ninguna manera!
Draco suspira por tercera vez en el día cediéndole una mirada fulminante a su hermana gemela, la verdad es que él y Astoria llevaban más de diez minutos intentando que a la chica accediera a poner un pie fuera de los terrenos del castillo. Tal parece que habían olvidado lo terca que solía ser. Pandora vuelve su atención al libro de pociones ante ella y seguidamente olvidarse del tema.
– No seas así, estoy segura de que te divertirás. –comenta Astoria con una enorme sonrisa en su rostro–. ¡Por favor! Estoy segura de que las cervezas de mantequilla serán de tu infinito agrado.
– Infinito agrado habrá en mí cuando me permitan estudiar, ambos. –suelta la chica sin apartar nuevamente la mirada del pesado libro de pociones.
– Eres una obstinada. –Draco conocía perfectamente a su hermana y por lo tanto sabía que convencerla sería una tarea bastante complicada, por lo que con un bufido levanta su varita–. No me obligues a usar el Imperius contigo.
Pandora lo observa con el ceño fruncido y el mentón levantado, demostrándole que su amenaza no le causa temor. Pero con lentitud echa el pesado libro a un lado y se mete las manos en los bolsillos, todo sin dejar de sostenerle la mirada, entonces se encamina a los dormitorios femeninos para cambiarse el atuendo por algo más casual.
– Tu hermana me pone los pelos de punta, la próxima vez que intente hacerse la obstinada no dudaré en lanzarle un Sectumsempra como justicia.
– ¿Sectumsempra? Oh no, eso no está a su nivel. Intenta lanzarle esa maldición y te arrojará un Avada Kedavra como respuesta.
Veinte minutos después Pandora Malfoy sentía la mirada de muchos encima de ella. Había escogido una camisa de encajes blancos, pantalones ceñidos al cuerpo y altas botas de tacón color azabache. Al llegar a Las Tres Escobas la atención sobre ella aumentó considerablemente, sobre todo por parte de los estudiantes masculinos que la analizaban de pies a cabeza, algunos lanzándole miradas carnales.
Draco suspira audiblemente tomando asiento en la mesa cerca de la ventana, causando que Astoria se eche junto a él y por ende Pandora se siente frente a ellos. Como siempre mantiene su rostro inexpresivo y los ojos puestos en todos los presentes, como si estuviera analizándolos detenidamente. La Greengrass pide cervezas de mantequilla para los tres a uno de los camareros y segundos después las bebidas aparecen encima de la mesa.
– Ahí viene el trío de oro. –susurra Astoria como un secreto–. Y se están acercando.
Pandora no se toma la molestia de mirarlos.
– El trío de Slytherin. –saluda Harry con una sonrisa plasmada en su rostro–. Es la primera vez que te veo por aquí, Pandora.
– No era mi intención venir a derrochar mi tiempo en un lugar como este. –contesta la rubia levantando su mirada hacia él y después hacia los dos jóvenes que flaquean a Harry como si fueran sus guardaespaldas, rueda los ojos sin objetar nada más–. Pero hay veces que hay que privar a los demás con mi presencia. –le resta importancia a su forma de expresarse–. Dos Malfoy juntos en un solo lugar, es demasiada perfección.
– ¿No has pensado en privar a los demás de tus comentarios? –suelta el pelirrojo del trío de oro con burla.
– ¿Has deliberado sobre renunciar a ser un traidor a tu sangre?
Ambos se enfrentan a un duelo de miradas con determinación.
– Más te vale que no la hagas enojar, Weasley. No querrás sufrir una muerte lenta y dolorosa bajo su mando. –interrumpe el chico de cabellos rubio ceniza con ademán desinteresado–. Solo es una advertencia.
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Claramente podía sacar su varita –aunque no tenía necesidad de hacerlo– y conjurar un Petrificus Totalus para finalmente adormecer el cuerpo de quien sospechaba que sería su cuñada en un futuro cercano y poder dormir en paz. Pero no podía hacerlo porque Draco se lo había advertido. Si le tocaba un solo cabello a la castaña estaba segura de despertar con cuernos en la cabeza como consecuencia, por lo tanto era mejor para su seguridad física seguir las órdenes de la Greengrass.
– Estoy emocionada, finalmente podremos conversar de muchas cosas. –chilla la menor de ambas colocando la última sábana manualmente sobre el suelo–. Lo mejor de todo es que Pansy tiene su propia pijamada con sus amigas, no nos molestará en toda la noche. ¡Esto va a ser muy divertido!
– Divertido para nosotras, tedioso para Draco. Él deberá hacer las rondas solo esta noche.
– Deja de centrarte en el colegio por un momento, disfruta de tu primer y último año en Hogwarts. –bufa cruzándose de brazos sobre el pecho–. Hablemos sobre temas interesantes así como lo hacen los muggles.
– Ni se te ocurra volver a compararnos con esas sucias alimañas.
Pandora Malfoy realmente no tenía nada en contra de los muggles, pero después de tono se había criado en el seno de una familia con fuertes creencias en la pureza de la sangre. Entre ambos gemelos era Draco quien demostraba una profunda aberración hacia los sangre sucia –algo que sabía todo el colegio– y por obvias razones hacia los dichosos no-magos. La primera y última vez que refutó algo en contra de la pureza de la sangre, Lucius casi le proporcionó un golpe sino hubiese sido por Narcisa. Esa noche había recibido un largo discurso sobre el linaje de su familia y que por ende debía continuar con la cultura proporcionada durante décadas. Algo estúpido a su parecer.
– No te enojes, siéntate y hablemos sobre cosas interesantes.
El silencio inundó la habitación por varios minutos.
– No tienes ni la menor idea de lo que es tener una pijamada, ¿cierto?
– Lo siento. –Astoria baja la mirada con las mejillas notoriamente sonrojadas, jugaba con sus manos buscando la manera de aplacar los nervios y como extra mordía sus labios–. Por favor no me lances un hechizo.
– Aunque quisiera, no podría hacerlo. –suspira echándose el cabello hacia atrás con un movimiento de cabeza–. Platiquemos sobre mi hermano.
Si antes Astoria Greengrass parecía una tierna muñeca de porcelana por sus mejillas, ahora parecía un tomate viviente por el color que demostraban las mismas.
– No te hagas la inocente, sé que te gusta mi hermano.
Estuvieron platicando durante un par de horas hasta que finalmente Astoria fue vencida por el sueño, en lo que su cabeza tocó la almohada cayó rápidamente rendida. La –todavía despierta– rubia se incorpora de las improvisadas sábanas en el suelo y después vestir el uniforme con la ayuda de su varita, seguidamente se retira de los terrenos de Slytherin con la cabeza en alto.
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– No deberías estar rondando por los pasillos. –dicta la chica apuntándola con su varita directamente al rostro–. Se supone que hoy le toca al prefecto masculino de Slytherin hacer la guardia, no me han avisado de algún cambio de planes.
– Sería genial que dejaras de apuntarme a la cara. –refunfuña la rubia como respuesta, cuando la tenue luz blanca se aleja de su campo se visión logra reconocer a Hermione Granger, prefecta femenina de la casa del león–. Draco no se encuentra en condiciones de realizar rondas, se ha quedado hasta muy tarde estudiando para los EXTASIS. Me pidió que lo cubriera esta noche.
No era del todo una mentira, al regresar del pueblo su hermano se había retirado a la biblioteca de la institución para repasar los apuntes. Fue ella misma quien se encargó de llevarle un poco de comida hacia su escritorio, aunque él ni siquiera se tomó la molestia de mirarla. Ahora mismo su gemelo podía estar recorriendo los últimos pasillos de Hogwarts con la varita en la mano, ignorando por completo la situación.
– Entonces supongo que sabes qué hacer si atrapas a alguien fuera de la cama.
– No nací ayer, Hermione. –replica con obviedad girando sus ojos–. Sé perfectamente lo que debo hacer, ahora si me disculpas estás obstaculizando mi trabajo. A un lado.
A grandes zancadas se aleja de la castaña, con la mirada perdida en los corredores del castillo. Le importaba una mierda si había uno que otro alumno merodeando los pasillos con curiosidad. La razón por la cual realmente se encontraba a horas de la madrugada caminando por el lugar, era para ir a la biblioteca y tomar uno de los libros que tanto había deseado tener en sus manos desde que llegó. Y eso incluía ir a la zona prohibida.
