Pansy vs Pandora.
Con un simple alohomora la puerta que la separaba de la zona prohibida se desbloqueó, durante todo el trayecto se preguntaba cómo era posible que una supuesta área alejada de los estudiantes pudiera abrirse tan fácilmente. Usando el maleficio deslumbrador se permitió leer con tranquilidad cada uno de los lomos de los gruesos libros, buscando el esperado título de artes oscuras. En su vida solo había usado una de las tres maldiciones imperdonables, el Avada Kedavra aprendió a conjurarlo cuando tan solo tenía quince años. Lucius Malfoy se había tomado personalmente la molestia de enseñarle ese maleficio.
El primer y único día que lo usó, asesinó a una araña. Nunca había visto a su madre tan callada ni a su padre tan orgulloso.
Extrajo el libro indicando entre los demás sin hacer ningún tipo de ruido, entonces con sumo cuidado invocó un hechizo no-verbal que creó una réplica exacta del mismo. El maullido de la gata del conserje la hace inspirar profundo antes de darse vuelta sobre sus talones para retirarse del sitio prohibido. Conforme va caminando los pasos del Filch se escuchan cada vez más cerca de su ubicación, Pandora sabe que el conjuro no durará más tiempo.
– ¿Quién está aquí?
Argus Filch no poseía una varita debido a su condición de squib, lo que la hace recapacitar momentáneamente.
Fijándose en cada obstáculo en su camino Pandora busca escabullirse de la biblioteca hacia los dormitorios, a ese paso el hechizo ya se había desvanecido. Como prefecta no debía tener por rondar los corredores a tales horas, pero no podía permitir que la pillaran con un libro prohibido en las manos. Pronto el Lumus de una varita causa que alerte todos sus sentidos, usando su propia magia hace desaparecer el texto de los ojos de cualquiera, el corazón le late con demasiada fuerza en el pecho que por un momento teme que se le salga del mismo. El prefecto de Hufflepuff, Ernest Macmillan se muestra por los corredores.
– Me apuntas a la cara y date por muerto. –amenaza la también prefecta con una mueca de disgusto plasmada en el rostro–. ¿Qué te trae por el segundo piso?
– No tenía idea de que hoy estabas de guardia, es agradable verte hoy.
– No te emociones demasiado. –concluye cruzándose de brazos sobre el pecho–. Ahora mismo me marcho, suerte con tus rondas.
Tratando de parecer indiferente se echa el cabello hacia atrás de forma antipática, entonces me da la espalda para retirarse del lugar girando su dedo dentro de los bolsillos de la túnica, asegurándose de arrastrar el objeto tras ella. Si Lucius Malfoy se enterara de su hazaña, probablemente le daría un sermón más largo que su vida. Aun así debía correr el riesgo.
Se refugió en el corredor del sótano, cerca de las mazmorras de Slytherin. En donde se supone que debía vigilar. Con el Lumus de su varita causa una chispa de iluminación y por fin se decide por abrir el libro inspirando profundamente.
– Las artes oscuras, también conocidas como magia negra, que tienen como fin causar un daño irreparable. Las tres maldiciones imperdonables junto con algunas pociones son unas de las tantas prácticas ilegales de esta magia. –lee en voz baja con precaución.
Si Narcisa viera leyendo semejante escritura, seguramente la mataría.
– Ofensiva y defensiva de las artes oscuras. –ojea el nombre del capítulo con cautela–. Después de todo seguiré los pasos de mis padres.
Desde pequeña había tenido cierta fascinación por el tema de la ofensiva de hechizos, se le daba mejor que defenderse de los mismos.
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– Oh, pero miren quién ha llegado. Es la traidora Malfoy.
Pandora se vio obligada a respirar profundamente antes de encarar a Pansy Parkinson frunciendo el ceño. A decir verdad estaba acostumbrada a que las personas a su alrededor hablaran mierda sobre su apellido en general, por lo cual no me tomó importancia.
– ¿Necesitas algo de mi parte, Parkinson? –inquiere frunciendo su ceño–. Ahora mismo me encuentro lo bastante ocupada como para deliberar contigo.
– ¿Haciendo qué? ¿Leyendo la basura de la biblioteca?
La rubia inhala profundamente cuando nota una aglomeración de gente a su alrededor.
– ¿En serio quieres discutir un tema que no te incumbe?
– No me sorprende. –se burla la castaña–. Eres la escoria de la familia, después de todo por algo te ocultaron de la sociedad. Eres una jodida traidora al igual que tus padres.
Pandora Malfoy podía aguantar muchísimos insultos hacia su persona, pero que se atrevieran a tocar los nombres de sus padres de esa manera no le causaba ninguna gracia. La chica humedece sus labios carmesí y pronto da un paso hacia adelante con determinación.
– ¿Lo expresas porque me tienes miedo? –dice tranquila y con voz clara–. Sería incapaz de levantar mi varita indebidamente en una rata como tú, así que simplemente observaré desde lo alto como te humillas ante todo Hogwarts.
Pansy Parkinson da también un paso hacia adelante.
– Tu familia es una maldita traidora, simplemente huyó de la batalla como simples cucarachas. –ríe estrepitosamente causando que los demás alumnos la imiten–. Cuando veo a un Malfoy me da tanto asco que quiero matarlo. –levanta su varita con determinación en contra de Pandora–. ¿No llamarás a tu papi para que venga a salvarte?
De pronto los labios de la rubia se fruncen una sonrisa mientras que sus ojos grises brillan.
– ¿Creíste que podrías intimidarme a mí? Oh, te equivocas. Porque yo no soy una rata como tú, al contrario, yo sí poseo la gracia de una dama.
Girándose sobre sus talones le da la espalda para comenzar a andar lejos del patio escolar.
– ¡Te arrepentirás de esto, maldita traidora! –fue cuestión de segundos cuando Pansy afirma el agarre de su varita en sus manos y una chica sale disparada en contra de la rubia con fuerza–. Desmaius.
– Protego. –susurra Pandora alzando su varita y una barrera mágica se crea de forma inmediata para detener el hechizo. Entonces de forma bastante deprisa se aferra al objeto en sus manos para exclamar–. Depulso.
Sin tener protección alguna Pansy es arrojada por el hechizo al otro lado del patio con un estruendo, alertando a un prefecto a ir a socorrerla. Pandora Malfoy baja la varita con dirección al suelo mientras que camina para encontrarse con una aturdida castaña en el suelo.
– Mala jugada, cariño. Nunca ataques a un mago por la espalda si valoras tu reputación. Mucho menos si es un Malfoy.
Camina hacia la puerta en donde Draco la observaba con los brazos cruzados sobre el pecho, entonces ella se detiene a su lado sin ninguna expresión en el rostro.
– Juro que me he controlado.
– Ni me lo digas. –sin objetar nada más ambos se retiran del lugar con rumbo a la biblioteca del castillo.
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El libro de las Artes Oscuras se encontraba escondido al fondo de su baúl bajo un encantamiento de protección bastante avanzado, con un contrahechizo que le causaría dolor de cabeza hasta a la mismísima Hermione Granger. Pandora se sienta al borde de la cama con la mirada clavada en la nada, se encontraba sola en el dormitorio y realmente podía hacer varias cosas en el solitario lugar. Como revisar las cosas de Pansy.
Sabía que una bruja tan poca coeficiencia intelectual como Parkinson nunca podría hacer un encantamiento adecuado para proteger alguna pertenencia, por lo que con un hechizo no-verbal logró ver lo que parecían ser pociones de Felix Felicis ocultas al fondo del baúl. Soltó una endeble risa nasal mientras que volvía a conjurar el hechizo con demasiada debilidad que poseía, sin levantar sospechas.
Aunque sabía que alguien la estuvo observando todo el tiempo, pero ni siquiera se preocupó en saber quién era.
