Pandora cuenta el engaño del diario.
Ni siquiera los pasillos cargados de distinguidos adornos navideños podían arrancarle una sonrisa a Pandora Malfoy, quien caminaba por los corredores con el rostro inexpresivo y las manos alisando su túnica. No le molestaba la navidad en lo absoluto, pero realmente prefería no celebrar absolutamente nada ese año.
Una puerta color gris se abre al notar sus pasos, la Sala de los Menesteres se alza ante sus narices con ímpetu. Atraviesa el umbral de la puerta con la cabeza en alto, encontrándose con el trío de oro sentado en los cómodos sillones que ofrecía la habitación. Por el contrario de todo el castillo, la sala no contaba con los ostentosos adornos navideños, lucía oscura y simple ante el criterio de los presentes. Pandora se detiene a unos metros de los tres chicos.
– Muchas gracias por venir, lo aprecio.
– Yo no quería venir, él me ha obligado. –Ron se encoge de hombros señalando a Harry–. Pero ya estoy aquí.
– Suelta tu veneno, serpiente. –pide la única chica del grupo con impaciencia–. No tenemos todo el maldito día.
Pandora Malfoy inspira profundamente antes hablar:
– No fue Cedric Diggory quien llevó a Harry al cementerio esa noche. –suelta observando el ventanal empañado por la neblina de la lluvia, llamando inmediatamente la atención de los jóvenes–. Tampoco fue él quien puso el hechizo en la copa del torneo. –baja la cabeza mientras que intenta tragar el nudo de su garganta–. Fue Bellatrix Lestrange.
– ¡Eso es imposible! –dicta Hermione de forma inmediata–. Para ese entonces Bellatrix estaba encerrada en Azkaban pagando por sus crímenes.
Con ímpetu Pandora se gira a mirarlos sin ninguna expresión en el rostro.
– Hice una visita al despacho de Mcgonagall y me vi obligada a coger el diario donde supuestamente él confesó que lo hizo. –tira el pequeño texto sobre la mesa bajo la atenta mirada de los tres chicos–. Cedric Diggory estuvo bajo el control de una maldición llamada Confundus Animo, una maldición imperdonable que fue diseñada por quién-tú-sabes desde su estadía en Hogwarts.
– Leí sobre él. –interrumpe Hermione haciendo memoria–. Es un hechizo que solo puede ser usado por magos experimentados, tiene la finalidad de hacer a la víctima incapaz de razonar y de decidir por su propia cuenta. La maldición hace que no recuerdes absolutamente nada y es como si tu propio cerebro no existiera. Es por ello que manipular al individuo es más que fácil para un profesional.
– ¿Estás queriendo decir que Cedric fue embrujado con eso?
– Y no solo con eso. –suspira Pandora–. Tengo uno que otro contacto en la prisión de Azkaban, antes del torneo Bellatrix Lestrange estuvo trabajando con un polvoriento libro que la enseñó a crear su propia maldición. –del bolsillo de su capa extrae una hoja de papel color bronce–. Ella estuvo probándola en cientos de guardias hasta que finalmente logró de pasar de persona en persona hasta llegar a Hogwarts.
– ¿Cómo se llamaba el hechizo?
– El hechizo se llama Corporis Possessioum, básicamente es una maldición que le permite a un mago con alto potencial poseer el cuerpo de un individuo sin que su propio cuerpo se vea afectado. –inhala profundamente–. Quiero decir que Bellatrix usó ese hechizo en uno de los estudiantes de Hogwarts para llegar a Cedric y de esta manera manipularlo para llevar a Harry inconscientemente a la trampa de Voldemort.
La sala quedó en silencio por unos segundos.
– Es lo más tonto que he escuchado. –ríe Ron sujetando su estómago por las carcajadas–. Estás tan loca como Voldemort.
– Si eso fue así. –exclama el niño que sobrevivió–. ¿Por qué Diggory está muerto y Bellatrix no siguió manipulándolo por medio de otro estudiante?
– Porque el plan fue elaborado con éxito. –responde su hermana acariciando el diario con delicadeza–. Voldemort revivió, por eso es que ordenó que lo asesinaran para que no contara los verdaderos planes. Es por ello que cuando Harry luchó contra ese maldito imbécil escuchó la voz arrepentida de Cedric. –mira al elegido directamente a los ojos–. Porque cuando pisaron ese cementerio, el embrujo del Confundus Animo se desvaneció completamente. Pero ya era demasiado tarde.
Antes de que una rebelde lágrima pudiera ser notada por el grupo, con un ágil movimiento de su mano limpia su rostro y entonces muerde su labio.
– Supongamos que todo lo que has dicho es cierto. –dice Ron frunciendo el ceño–. ¿Por qué estás tan obsesionada con Cedric?
– Porque no voy a permitir que su memoria se vea manchada por blasfemias, porque no podría soportar escuchar tanta mierda sobre él sabiendo yo la verdad. Porque como su prometida no me quedaré de brazos cruzados.
Nuevamente el silencio reina en el lugar y luego de unos cuantos minutos de deliberación entre los tres jóvenes con las miradas, es Harry Potter quien da un paso al frente mostrándole una honesta sonrisa a Pandora.
– Cuenta con nosotros. –dijo–. Manipulado o no, Cedric me salvó la vida junto a mis padres para que escapara de Voldemort. –dijo fuerte y claro–. No permitiremos que el mundo mágico siga culpándolo del renacimiento de ese demonio.
– Entonces si Bellatrix sigue viva y actualmente sigue ocupando el cuerpo de una estudiante del colegio. ¿Quién coño es esa persona?
Pandora Malfoy humedece sus labios sin dejar de acariciar el diario entre sus manos.
– Es una estudiante de Ravenclaw. –murmura–. Y ustedes han estado conviviendo con ella mejor de lo que habría esperado, se han ganado su confianza. –finalmente deposita el diario sobre la mesa con demasiada sutileza–. ¿Su nombre? Cho Chang.
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Los preparativos del baile de navidad mantenían ocupados a todo el personal delcolegio, exceptuando por las estudiantes que solo parloteaban por todos lados sobre los vestidos que deslumbrarían esa noche. El tema del dichoso baile también estaba en boca de Astoria –quien obviamente había sido invitada por Draco–, la chica ignoraba completamente que la hermana no su novio ni siquiera le estaba prestando la más mínima atención.
Cuando Astoria se la pasaba platicando sobre el vestuario que usaría, Pandora recargaba su cabeza en su mano mientras que asentía perezosamente, leyendo el diario de su prometido a escondidas de la castaña. Por las vacaciones de navidad solían pasar el día en la sala común de Slytherin y una que otra vez se paseaban por Hogsmeade para matar el tiempo.
La noticia de que Narcisa y Lucius Malfoy asistirían al baile ya circulaba por todo el castillo, teniendo reacciones mayormente positivas sobre las negativas. A los gemelos les hacía gracia como la castaña del grupo solía evadir el tema sobre conocer a sus suegros en el venturoso baile, desviando la trama lo más que se le ocurriera. Era gracioso.
– ¿Tú que vas a ponerte, Pandora?
– Ropa. –contesta vagamente sin apartar la mirada del diario–. No tengo muchos ánimos de asistir, pero si no hago acto de aparición mis padres definitivamente van a matarme.
– Y es que yo tampoco permitiré que te pongas cualquier cosa. –regaña la chica–. Esta tarde iremos de compras a Hogsmeade.
– Tengo mejores cosas que hacer, sin ofender. –la mira a los ojos–. De verdad lo siento.
– Tus excusas no sirven conmigo, Pandora Narcisa Malfoy, en veinte minutos te veo en el Gran Comedor para irnos.
Tras decir esas palabras, Astoria Greengrass se incorpora de la mesa con frenesí hasta que elegantemente se marcha a los dormitorios para cambiar su atuendo a algo más cálido y resistente al invierno que aguarda detrás de los muros del colegio.
– Te has buscado a una chica con un carácter del demonio. –asegura su hermana.
– Tengo mucha experiencia contigo. –responde Draco encogiéndose de hombros–. Ella en serio se enfadará si no vas a cambiarte ahora mismo. –le arrebata el diario de las manos–. Yo me encargaré de esto mientras que tú por primera vez en años te diviertes como una chica de tu edad.
– Diecisiete años, Draco, no quince.
– A los quince no eras así.
– Porque siempre he sido una chica con los pies en la tierra, preocupándose por sus estudios antes que lucir un jodido vestido. –bufa ella–. Mientras más rápido me vaya, más rápido regreso. Cuida de ese diario si no quieres terminar con un Avada Kedavra.
Draco sonríe victorioso mientras la observa retirarse.
