The Malfoy Twin 14: salida de chicas.
Si sus padres se enteraban que compró su vestido de gala en Hogsmeade, probablemente estaría castigada durante un año entero. Se dirigen hacia una tienda bastante abarrotada de estudiantes, Astoria hace un puchero de disgusto cuando nota que probablemente no puedan comprar un vestido para la noche tan importante. Pandora al notar su mueca rueda los ojos antes de acercarse al lugar con las manos metidas en los bolsillos.
– Si no se largan ahora mismo, no dudaré en convertirlas en cerdos voladores para que ni siquiera puedan asistir al baile.
Solo bastaron esas palabras para que la mayoría de las chicas salieran disparadas del negocio, quedando solo dos chicas completamente conocidas para las recién llegadas. Pandora toma asiento despreocupada en un cómodo sillón rojo mientras que su acompañante corre por toda la tienda buscando vestidos que se ajusten a sus pedidos.
– ¿Alguna sugerencia para tu vestido? –pregunta la menuda chica buscando entre tonos azules–. Tienes prohibido vestir de negro o gris.
– El negro es elegancia. –contradice desde su silla–. Lo usaré.
– ¡Definitivamente no! Esta vez haremos destacar tus ojos con un color blanco o azul, me parece que te quedaría muy bien.
– Haz lo que quieras, Astoria.
– ¡Lo he encontrado, ven a probártela!
La verdad es que Pandora se preguntaba la razón por la cual se dejaba arrastrar por su cuñada hacia uno de los probadores del lugar, pero simplemente se deja hacer a la par que con su varita retira cada prenda de su cuerpo hasta darle paso al nuevo atuendo. El vestido color blanco de encajes se adaptó perfectamente a sus curvas, poseía un lindo escote corazón con tirantes que le daban cierto aire inofensivo que no terminaba de convencerle, pero debía admitir que favorecía a su figura.
– Te ves realmente preciosa. –Astoria se lleva las manos a la boca con emoción–. Sabía que te favorecería, nada más mira como contrasta con tus ojos.
– No me quejo, pero ya quiero quitármelo. Es tu turno de buscar un vestido que en realidad quieras usar esa noche. –con un movimiento de su varita vuelve a su vestimenta común para el invierno–. Tómate tu tiempo.
Astoria asiente con emoción.
Tres horas con cinco minutos fue lo que la rubia tuvo que esperar para que finalmente la chica se decidió por un sencillo vestido color negro. ¡Negro! O sea, ella sí podía vestirse de ese color porque alegaba que contrastaba excelente con sus verdes ojos. ¡Era injusto! Aun así se dirigen a pagar los diseños hasta que Pandora cruza la mirada con Pansy, quien se la regresa de forma instantánea.
– ¿Buscando la manera de acentuar la belleza que no posees? –se burla con una mano sobre su marcada cadera–. Te has equivocado de tienda, aquí no venden pieles de cerdo.
– Muy graciosa. –gruñe Pansy cruzándose de brazos sobre el pecho–. ¿Desde cuándo sales de compras con la pequeña Greengrass?
– Desde que se convirtió en la prometida de mi hermano. –le dedica una sonrisa socarrona–. Lo sé, es un encanto, ¿no te parece?
– Vámonos, Pansy. No vale la pena. –interviene la chica asiática.
– Una Ravenclaw y una Slytherin, qué buena mezcla. –asegura la rubia–. ¿Se juntan para tener mayor coeficiencia intelectual o por lástima?
– Ibas a casarte con un Hufflepuff, no veo mayor diferencia. –escupe Cho–. Oh, lo siento. ¿He herido tus sentimientos?
– ¿Sentimientos? –inquiere la rubia frunciendo el ceño–. Para nada, Cho. Mis sentimientos nunca podrían ser heridos por una arpía como tú. –le guiña el ojo burlona–. Buenas tardes, imitación de señoritas.
Cuando salen del negocio femenino la nieve las recibe con brusquedad, llenando sus atuendos nuevamente con la misma. Ambas chicas caminan hacia el bar del pueblo en medio de pláticas, una vez entran en el lugar toman asiento en una mesa cerca de la ventana y es entonces cuando se encargan de pedir una bebida para el frío.
– Es raro ver a Cho Chang cerca de Pansy Parkinson, ¿no lo crees? –inquiere la castaña liberando sus suaves manos de los guantes de lana grises–. Hace unos años ni siquiera se les pasaba por la cabeza decirse ni buenos días.
– Hace un par de meses ni siquiera habría venido a Hogsmeade bajo ninguna circunstancia, pero ya ves que estoy aquí. –se encoge de hombros con una mueca–. A veces las personas cambiamos para peor, ¡pero qué se le puede hacer!
Astoria ríe con suavidad y entonces el mesero coloca dos cervezas de mantequilla encima de la mesa sin dejar de dedicarle un guiño a la castaña, las mejillas de la chica se tornan rojizas ante tal insinuación y Pandora gruñe.
– Va a casarse con mi hermano, idiota.
Tan rápido como llegó, el mesero se retira del lugar causando una sutil carcajada en Pandora Malfoy. Eso había sido gracioso.
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Sentir la calidez de los brazos de su madre le arranca un suspiro, recuesta su cabeza del pecho de Narcisa Malfoy mientras que esta le dedica suaves caricias en el cabello. Por otro lado, Lucius permanecía manteniendo una respetuosa conversación con Minerva sobre el comportamiento de sus hijos durante el año escolar. Draco sonríe cuando lo nota con tanto ánimo.
– Es bueno verte de nuevo, cariño.
– Opino lo mismo, madre. –contesta su hija con una sonrisita.
– ¿No hay abrazo para mí, Pandora? –inquiere su padre con una sonrisita, su primogénita se desata de los brazos de su madre para ir a los de Lucius–. Te extrañé bastante.
– Yo los extrañé a ambos, me hace bastante feliz que estén aquí para navidad. Estoy segura de que serán más que bienvenidos por haber dado la idea del baile, muchas alumnas e incluso alumnos lo aprecian.
– Aunque parezca extraño, ha sido mi idea. –cuenta el hombre–. Quería que tuvieras una navidad especial en tu primer y último año de Hogwarts, sabes que eres mi pequeña princesa de fuego.
Princesa de fuego. Princesa de fuego. Princesa de fuego. . .
– Ahm, querido. –llama su esposa con la voz tranquila–. Es tarde y estoy segura de que nuestros hijos querrán dormir sus horas para prepararse para la noche de mañana. Nosotros debemos ir a supervisar los últimos detalles.
– Tienes razón. –accede su marido–. Que tengan una buena noche, hijos.
– Deseamos lo mismo hacia ustedes. –responde el rubio con un movimiento con la cabeza–. Nos veremos mañana por la noche.
– Hasta mañana, profesora Mcgonagall. –se despide cortésmente la mayor de los gemelos antes de girar sobre sus talones y comenzar a andar a los dormitorios seguida de su hermano–. Draco, si mañana noto algo demasiado tonto para mí. Prométeme que me salvarás.
– Siempre lo he hecho.
Su hermana mayor rueda los ojos.
– Imbécil.
