The Malfoy Twin 16.
Cuando despierta se encuentra con la amorosa mirada de su madre, Narcisa acaricia su rostro con demasiada sutileza causando paz en su interior. Por en cambio, Lucius la observaba de brazos cruzados y el ceño fruncido. Lleva su mano libre a la cabeza por el repentino dolor que presenta.
– ¿Qué me ha pasado? –inquiere ella en modo de saludo.
– Desapareciste de la fiesta por unas horas, fui a buscarte y te encontré tendida en el suelo de tu habitación. –responde su madre con preocupación–. Estabas hechizada.
Pandora baja la mirada cargada de angustia.
– ¿Por qué estabas en los dormitorios, Pandora? –inquiere Lucius acercándose con ímpetu–. Te han hechizado y si tu madre no te hubiese encontrado no estarías aquí.
Pandora recuerda claramente la luz color verde y el susurro del Desmaius antes de ser arrojada contra el suelo, inconsciente. Alrededor puede notar la severa presencia de Minerva Mcgonagall y la de la Señora Pomfrey, ambas mujeres observándola a una distancia considerada de la camilla.
– Por favor salgan de la habitación, mi hija tiene mucho que explicar. –ordena Lucius con severidad a las ancianas, quiénes se retiran con un asentimiento–. Puedes responder ahora.
– Estaba leyendo el diario de Cedric Diggory. –informó sosteniendo la mirada, pero con el corazón bombeando con fuerza en el pecho–. Me escapé del baile porque pensé que estaría sola en los dormitorios, pero veo que no ha sido así. –suspira entrelazando su mano con la de Narcisa–. El susurro que he escuchado ha sido claramente femenino, estaba tan concentrada en los párrafos que no pude defenderme.
– ¿Se puede saber qué hacías con el diario de Diggory?
– Lo robé del despacho de Minerva hace un par de noches.
– Pandora. –bufa la señora Malfoy con el ceño fruncido–. Estoy decepcionada de ti.
– Ni que lo digas. –prosigue su marido–. Dame una buena razón por la que hayas manchado tu apellido buscando ese dichoso diario.
– Bellatrix está viva y usando a una de los estudiantes de Hogwarts fue la causante del renacimiento de Voldemort. –comienza la chica echando su cabello hacia atrás–. Desde que salió ese artículo en el periódico no he estado convencida de los hechos, es por eso que robé el diario para investigar aún más. Descubrí que la caligrafía de Cedric era demasiado punzante como para alguien que gozara del triunfo, entre sus páginas leí un hechizo del que jamás había escuchado hasta ahora. Corporis Possessioum se repetía una y otra vez en las hojas.
Narcisa no dice absolutamente nada, solo sostiene la cálida mano de su hija con suavidad. Pero no podía decir lo mismo de su padre, quien se paseaba alrededor de la cama con los dientes apretados.
– Es lo más estúpido que has soltado en tu vida, Pandora. –escupe el hombre–. Bellatrix Lestrange está más que muerta, no hay probabilidades que haya regresado ni siquiera como fantasma. ¡Sácate esas tontas ideas de la cabeza!
– ¡No son tontas, padre!
— No quiero saber nada más de este jodido tema, porque ese chico está muerto. Jamás volverás a verlo porque se encuentra en una tumba. Es momento que dejes tu maldita obsesión con él y búscate un esposo antes de que lo haga yo.
Algo dentro de Pandora Malfoy se rompe en miles de fragmentos, pero se niega a que las lágrimas se deslicen por sus mejillas. No iba a llorar, porque no podía.
– ¡Cedric está muerto, joder! –termina su griterío con firmeza.
– ¡Lucius Malfoy! –exclama en reproche su esposa incorporándose de la silla con rapidez, pero en ningún momento deja en libertad la mano de su primogénita–. Cierra la boca, ¡ahora!
La enfermería queda completamente en silencio, la gemela se dedica a observar el techo sin ninguna expresión en la cara. El patriarca de la familia se obliga a inspirar profundo antes de echar un vistazo a su única hija.
– No debí haber dicho eso, me disculpo.
– Tienes razón, Cedric está muerto. –admite la rubia con un leve asentimiento–. Fue mi error robar ese diario del despacho de Mcgonagall y asumiré las consecuencias de mis actos. Ruego tu perdón, padre.
– No es momento de preocuparte por eso. –contradice Narcisa cogiendo su mano y dedicándole una sonrisa sincera–. Lo que debemos hacer es investigar quién te ha lanzado el hechizo y llevado consigo el diario.
– Narcisa tiene razón. –habla Lucius–. Debemos hacer pagar a la sucia sabandija que se ha atrevido a tocarte, no permitiré que manchen tu nombre de ese modo. Por favor descansa mientras que papá se encarga de todo.
La señora Malfoy asiente volviendo a tomar asiento y continuar brindando suaves caricias en el rostro de su hija, Pandora inspira con tranquilidad ante los toques hasta que finalmente vuelve a caer dormida.
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A la mañana siguiente Pandora se desliza por los pasillos hacia el Gran Comedor para tomar desayuno, con la cabeza en alto como si no hubiese sucedido absolutamente nada. Al llegar al vestíbulo deja escapar un leve gesto cuando observa a Narcisa hablar plácidamente con Astoria, Lucius escuchaba atentamente la conversación y Draco visualizaba a ambas mujeres con una sonrisa.
– Buenos días, ¿puedo sentarme? –inquiere la rubia con una leve sonrisa.
– Por supuesto. –responde Lucius indicándole un asiento junto a él, la chica toma asiento en el lugar correspondiente para luego observar como aparece el plato con los alimentos ante ella–. Buenos días, Pandora Narcisa, ¿cómo has pasado la noche?
– De maravilla, ¿y ustedes?
– Admito que he pasado la noche muy preocupada por ti, cariño. –dice Narcisa echándose hacia adelante para tomar su mano entre las suyas–. Hoy en descanso, me encantaría que pasáramos un tiempo juntas por los alrededores del castillo. También puedes venir, Astoria.
– Será todo un placer, señora Malfoy. –agradece la castaña con una leve inclinación de cabeza.
Los dos enamorados de la mesa conectan sus miradas, Pandora puede sentir una chispa resplandeciente en los ojos de ambos. Amor. Hasta un ciego podía darse cuenta del amor que existía entre Draco Malfoy y Astoria Greengrass. Lo demostraban en cada una de sus miradas, gestos e incluso palabras. A decir verdad, la gemela mayor también sabía que la pequeña de la familia Greengrass causaba agrado a sus suegros.
– Draco y yo estaremos en el campo de Quidditch. –informa Lucius–. No toleraré que no sea el capitán del equipo.
– Madre, con permiso Astoria y yo debemos retirarnos a buscar un documento en la biblioteca antes de que se agote. –comunica su primogénita incorporándose de su asiento–. ¿Podemos retirarnos?
– Vayan con cuidado, las veo en la sala común en diez minutos.
Pandora le dedica una reverencia con la cabeza.
– Gracias, madre. Vamos, Astoria.
La castaña se levanta de su propio asiento imitando el gesto de cabeza de Pandora, entonces comienzan a andar fuera del vestíbulo con elegancia.
– Tus padres son realmente fantásticos. –especula Astoria con una sonrisa–. Creí que realmente iban a ser una pesadilla.
– Eres Slytherin, sangre pura, te han adelantado un año por tu inteligencia y has conquistado tú sola a mi hermano. –enumera la mayor de ambas–. Es normal que les seas de gran agrado.
Continúan caminando hacia la biblioteca en medio de una interesante plática.
