The Malfoy Twin 18.
Las puertas se abren de par en par causando que todos los estudiantes giren su mirada a las mismas, es entonces cuando una apresurada Narcisa Malfoy ingresa al Gran Comedor directo hacia la mesa de Slytherin. Con la varita en la mano se detiene ante sus hijos y sin medir el tono de su voz dice:
– ¡Debemos irnos de aquí ahora mismo! –chilla tomando a ambos de la muñeca y levantándolos de sus lugares, el lugar permanece completamente en silencio ante tal escena–. Sabía que era mala idea que vinieran a Hogwarts este año.
– Mamá, ¿qué es lo que está pasando? –inquiere Pandora completamente confundida, observa el rostro de su madre y puede notar sus ojos nublados por las lágrimas que amenazan por salir. Antes de que pueda comentar algo Narcisa inmediatamente limpia su rostro con las mangas del vestido.
– Tenías razón, hija. –suelta–. Mi hermana, Bellatrix Lestrange, está viva y se oculta en algún lugar de este castillo. ¡A saber qué nos hará si nos encuentra! Nos vamos ahora mismo.
Es justo en ese momento cuando un pequeño rayo de luz verde se ilumina, seguido de un Avada Kedavra en toda plenitud. La maldición iba en dirección a la familia. Pandora Malfoy empuja a su progenitora y hermano a un lado, causando que el encantamiento impacte vilmente contra el muro del castillo. El lugar se llena de gritos causando que los profesores observen con detenimiento a la persona que ha lanzado el conjuro.
Cho Chang permanecía de pie sobre la mesa Ravenclaw con su varita en la mano y las pupilas dilatadas a tal manera que parecía un demonio, Narcisa se recompone rápidamente y sin una pizca de remordimiento exclama:
– ¡Depulso!
El hechizo se desvanece contra una barrera mágica que protege a la alumna, justo cuando Lucius Malfoy apunta con su varita para exclamar su propio hechizo es arrojado fuertemente en contra del muro, Draco y Narcisa corren hacia él en busca de socorrerlo.
– ¡Señorita Chang, baje la varita ahora mismo! –se escucha la voz de Minerva ingresando a la habitación–. ¡Es una orden!
Como respuesta la asiática blandea su varita en contra de la directora, Mcgonagall no tiene tiempo de sacar su varita cuando un Desmaius se lanza en su contra. Entonces el encantamiento se desvanece en el camino y todos observan a Pandora Malfoy sujetar su varita con la mano izquierda. De forma defensiva Cho comienza a arrojar varios hechizos que son exitosamente bloqueados por la bruja.
– ¡Es ella, ella es Bellatrix Lestrange! –grita Pandora desviando los hechizos–. ¡Ella es Bellatrix!
Los hechizos paran de inmediato para dar paso a una risa macabra –y conocida por muchos–, aun así ninguna de las tres brujas echaba a un lado su varita. En medio de la distracción Pandora alza su varita y exclama con gran fuerza: ¡Protego Maxima! Encantamiento que encierra a todos los presentes –menos a ella– en una barrera indestructible, dejándola completamente desprotegida.
– ¡Pandora! –exclama Narcisa intentando destruir la barrera–. ¡Por lo que más quieras, ven aquí!
– ¿Qué demonios está haciendo, señorita Malfoy? –razona Mcgonagall en completo apoyo a la madre de su alumna–. Debe dejar que los adultos nos encarguemos de la situación, ¡la señorita Chang no debe sufrir ningún tipo de daño!
– No lo hará, profesora. –contesta la rubia sin desviar su atención de la mujer–. Me he estado preparando durante semanas para esto, no hay manera en la que pueda desistir de esta batalla.
– ¡Es demasiado peligroso! –grita Draco golpeando la barrera–. ¡Entiendo que quieras vengar a Cedric, pero esta no es la forma más sensata de hacerlo!
Narcisa grita cuando un hechizo se lanza contra su primogénita, intenta volver a inspirar cuando nota lo perfectamente bien que la rubia responde y desvía los hechizos. Sus movimientos poseen elegancia y sutilidad. Lanzaba sus propios encantamientos como si estuviera bailando una delicada danzo, su cabello y túnica continúan intactos. Draco toma la mano de su madre con fuerza.
Ambas brujas se sostienen la mirada fijamente sin mover un músculo, como si se estuvieran estudiando mutuamente. Minerva Mcgonagall mantenía la varita en su extremidad derecha, fortaleciendo el escudo de protección sobre los estudiantes para evitar cualquier daño. Por el contrario, tía y sobrina seguían sin objetar nada, hasta que finalmente la macabra voz de Bellatrix captó la atención de todos los presentes.
– Pero miren quién está aquí, es la niñata Malfoy que hace muchos años desapareció del mundo mágico. ¿Dónde es que estabas? Oh, sí. Ya lo recuerdo. Estabas escondiéndote como una cucaracha de la magia de nuestro señor Voldemort.
Pandora no se toma la molestia de responder.
– Es un placer verte de nuevo, querida. –saluda con una burlona reverencia–. No recordaba lo hermosa que eras, y sin duda continúo envidiando tus ojos. Me recuerdan al alguien. . . –dice llevando una mano a su rostro de forma pensativa, después muestra una expresión sorprendida y vuelve a carcajear–. ¡Ya sé, ya sé! Son del mismo color que el cielo que vio el asesinado de Cedric Diggory.
La rubia ni siquiera se palideció ante tal insulto.
– Está bien, ¿qué tal si me das una sorpresa? –sus labios se tuercen en una leve sonrisa–. Sorpréndeme, di algo inteligente.
La risa de la mortífaga es silenciada de un solo golpe y es remplazada por una mirada fulminante y asesina.
– Fue tu error demostrarme que continuabas con vida. –comienza la menor de ambas–. Durante el duelo que mantuvimos utilizaste el característico movimiento de muñecas que posees, ni siquiera cuidaste tus acciones pensando que jamás me daría cuenta que poseías el cuerpo de Cho Chang desde tu muerte. –sonríe socarrona–. Aunque eso no es completamente cierto, ¿o sí? Ya habías usado esa maldición imperdonable con esa misma chica durante el torneo de los tres magos, manipulaste a Cedric Diggory con el hechizo prohibido de Tom Riddle. Y fuiste tú quien le hizo escribir blasfemias en su diario para inculparlo.
Sobre su hombro Pandora observa las expresiones encandiladas de los estudiantes, y los observa también murmurar contra los otros sobre tal discurso. La risa macabra de Bellatrix vuelve a tronar en el ambiente captando la atención de la chica de forma inmediata.
– No eres tan inútil como creía. –felicita–. Estuviste escondida todo este tiempo por culpa de tus padres, pero aun así no perdiste esa jodida inteligencia. Tal como dices, ¡yo fui quien manipuló a tu prometido con la maldición imperdonable para que llevara a Potter a ese cementerio!
– Me arrebataste a quien más amaba en el mundo, Bellatrix. –escupe Pandora y sostiene su varita con determinación–. Y eso es algo que nunca te voy a perdonar, maldita bruja. –de momento a otro comienza a agitar su varita como si estuviera trazando un dibujo, sus ojos color tormenta se intensifican y es entonces cuando un símbolo color blanco se marca en el aire, justo frente a Pandora.
Eran las alas de un halcón, el patronus de Cedric Diggory.
