Flashback – Cedric y Pandora se conocen.
– Soy Cedric Diggory. –sonrió cogiendo la mano de la chica para depositar un beso sobre sus nudillos–. ¿Cuál es su nombre, bella dama?
– Pandora Malfoy. –respondió ella regalándole una mirada cargada de misterio.
– Oh, ya veo que se han conocido. –interrumpió la potente voz de Lucius Malfoy acercándose a ambos jóvenes, seguido por un hombre canoso con anteojos–. Es un placer verte de nuevo, Cedric.
– Al contrario, el placer es todo mío lord Malfoy. –contestó el castaño con acato–. No sabía que usted tenía una hija, y mucho menos tan hermosa.
– Heredó la gracia de su madre, Pandora es la hermana gemela de Draco. –explicó Lucius con orgullo–. Pero no es el momento de hablar de esto, me gustaría verlos esta noche en mi mansión para cenar. Mi familia los recibirá con gusto.
– Estamos honrados de tu invitación. –aceptó Amos Diggory encantado–. Nos veremos esta noche, querido amigo.
– Así sea. –respondió Malfoy marchándose del lugar.
Al separarse del castaño, Pandora lo observó reunirse nuevamente con sus amigos, pero antes de que se girara para seguir a su padre notó como Cedric le sonrió y le guiñó el ojo sin desistir a su gesto. Sus mejillas no se sonrojaron y su expresión seguía siendo la misma, pero pudo sentir miles de mariposas en su estómago mientras ella también le sonreía.
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En el momento de la cena estaban sentados uno frente al otro, estudiándose disimuladamente. Cedric llego a sentir verdadera pasión por los ojos grises de la chica frente a él. Por su parte, Pandora no podía dejar de pensar en la perfecta sonrisa del muchacho y como no, en sus caballerosos gestos hacia su persona.
– Entonces, ¿cómo es que una chica tan hermosa es también heredera de los Malfoy? –inquirió Amos a Lucius con curiosidad–. Es decir, solo conocía al pequeño Draco.
– Digamos que mi querida Pandora es una chica bastante osada. –respondió Narcisa con una sonrisa en su rostro–. Mientras que Draco estaba al pendiente de los invitados en las fiestas, ella buscaba esconderse en una de las habitaciones a practicar sus hechizos.
– Se parece tanto a nuestro Cedric. –agregó la señora Diggory llevando la copa de vino a sus labios–. Nunca le han gustado las reuniones demasiado grandes.
Pero a decir verdad ambos jóvenes ni siquiera estaban escuchando a sus padres, simplemente se miraban a los ojos con leves sonrisas. A los ojos de Draco se encontraban hablándose con la mirada, como unos tontos. Las señoras de cada familia se observaron pícaramente y luego a sus hijos.
– Querida, ¿qué tal si le das un recorrido a Cedric por la casa? –pidió Narcisa–. Ya han terminado de comer, deberían salir a tomar aire.
– Por supuesto, madre.
Se levantaron de la mesa con lentitud y juntos se dirigieron hacia los jardines de la aristócrata mansión. No objetaban absolutamente nada, pero caminaban en un cómodo silencio. Pronto llegaron a un pequeño puesto en donde decidieron tomar asiento disfrutando de la fría brisa del otoño.
– Es un clima bastante agradable. –sonrió Cedric iniciando conversación–. Y por supuesto tu casa es magnífica.
Pandora sonrió en respuesta.
– Es bastante aristócrata, ¿no?
– Diría que lo es, pero conserva un muy buen gusto. –la miró con una leve sonrisa–. Entonces, señorita Malfoy. Dígame la razón por la que odie la civilización.
– No la odio, pero prefiero estar practicando magia a adormecer mis mejillas con sonrisas falsas. –también lo miró–. ¿Cuál es tu razón?
– Prefiero montar mi escoba y volar un rato. –confesó y entonces una gélida brisa los golpea con fuerza–. Demasiado frío. –murmura quitándose el saco color azabache y después lo colocó sobre los hombros ajenos, cubriéndolos con sutilidad–. No será bueno si te enfermas.
La rubia le observó con detenimiento.
– No será gratificante si te resfrías también. –contratacó frunciendo el ceño–. Deberíamos volver dentro.
– ¿Cuál es tu hechizo favorito? –soltó él con curiosidad–. El mío es el Patronus.
– El Patronus es mi hechizo preferido también, pero es complicado de convocarlo si no tienes la cabeza clara en un momento feliz. –comentó–. ¿Puedes hacerlo ahora?
– Estoy teniendo un momento feliz justo ahora. –murmuró cogiendo la varita de su pantalón y luego la blandeó con sutilidad en dirección al césped–. Expecto Patronum.
El ambiente se hizo cálido y entonces los labios de Pandora se encorvaron en una leve sonrisa mientras que sus ojos apreciaban al halcón volar por libertad por lo bajo. Lentamente elevó su mano cuando el guardián de Cedric se acercó a ella con curiosidad, con el color blanco brillando en su pelaje.
– Cedric, es hermoso. . . –dice ella observando al ave con dulzura.
Por supuesto que podía notar el parecido entre el dueño con su Patronus, sobre todo la pureza de su alma en cada destello que daba el halcón. Sus espíritus valerosos y por supuesto su carisma. El animal mágico realzó nuevamente su vuelo para después desaparecer del lugar sin dejar rastro. Cuando bajó la mano con lentitud hacia su vestido sintió una mano del muchacho posarse sobre su cintura con delicadeza y entonces escuchó su voz contra su oído exclamar:
– ¿Qué tan bonito puede ser el Patronus de una dama tan refinada?
– Te sorprenderías de esta dama refinada puede convocar. –dijo con el tono de voz bajo–. ¡Expecto Patronum!
De la punta de la varita se elevó un cisne blanco con detalles en las alas color bronce, era tan delicado como su dueña. Volando sobre sus cabezas con total suavidad y lentamente se desvaneció frente suyo batiendo sus blanquecinas plumas nuevamente. Ambos jóvenes estuvieron tan entretenidos con el guardián de la chica que ni siquiera notaron que Cedric se encontraba abrazándola por la cintura con firmeza, sin querer soltarla.
Mansamente ella bajó su varita y por el rabillo del ojo observó el perfil de Cedric, él parecía todo un príncipe de los cuentos muggles que solía leer por diversión. Seguidamente sus ojos se encontraron –grises y avellana– y chocaron entre sí con sutilidad. Se hablaron con la mirada por unos cuantos segundos y entonces él la besó bajo el cielo nocturno.
A lo lejos, observándolos por uno de los ventanales, Narcisa Malfoy sonrió sosteniendo la copa de vino entre sus manos.
– Como lo sospechaba, se gustan.
Amos sonrió y Lucius –completamente sorprendido– también mostró su felicidad con una leve sonrisa.
