Capítulo editado.
Capítulo 2: Incertidumbre
Cuando los rayos del sol dieron de lleno contra su rostro le fue imposible seguir durmiendo. Lo primero que hizo fue estirarse, tratando de recuperar la movilidad de su cuerpo, le dolía la espalda, quizás por la posición incómoda que había adquirido durante las últimas horas. Una hoja pegada en su mejilla llamó su atención, rápidamente limpió todo rastro de saliva de su rostro. En los últimos días quedarse dormida mientras revisaba los pergaminos se había vuelto una rutina.
No podía quejarse, después de tantos años finalmente empezaban a tomarla en cuenta. Eso sin contar que el poder estudiar los pergaminos del clan era considerado un privilegio y ella no quería fallar a esa confianza.
Sabía que estaba en la cuerda floja, cualquier desliz, por más pequeño que fuera podría hacerle perder todo lo que había logrado. Los ancianos del Consejo la tenían en la mira, seguían diciendo que le faltaba mucho para superar a Hanabi, incluso a Neji que era de la rama secundaria y esto era lo que más les molestaba.
Escuchó que llamaban a la puerta y trató de acomodar su cabello, no era especialmente vanidosa pero era consciente de la imagen que debía proyectar como heredera y futura líder del clan, su padre se lo había dicho en incontables ocasiones. Con un débil "pase" le dio entender a la persona tras la puerta que podía pasar. No pudo evitar reprenderse por ello, solo esperaba que no se tratara de alguien del Consejo, era demasiado temprano para sermones. Había mejorado en varios aspectos, especialmente como kunoichi pero no podía evitar temblar si tenía que hablar frente a ellos, más si era para rendir cuentas, difícilmente podía soportar la mirada fría y acusadora de los ancianos del Consejo.
—Buenos días, señorita Hinata.
—Neji ¿Qué lo trae por aquí?—preguntó Hinata sorprendida por la presencia de su primo.
—¿Lo ha olvidado?—preguntó Neji incrédulo, lo que provocó un sonrojo en Hinata—. Veo que sí, debemos reunirnos con la hokage, es un asunto de gran importancia para la aldea.
—Lo siento Neji, debe pensar que soy una tonta.
—No debería preocuparse por algo tan trivial, señorita Hinata, entiendo que se sienta ocupada por los asuntos del clan, más como heredera del clan. Además no es momento para hablar de eso, nos esperan en la oficina de la Hokage. La dejo para que termine lo que tenga pendiente pero no se tarde.
Quizás de tratarse de otro tiempo o de otra persona, Hinata hubiera pensado que aquellas palabras estuvieran cargadas de malas intenciones o resentimiento pero tratándose de Nejisolo podía sentir preocupación. Dentro del clan, era una de las pocas personas que se preocupaban por ella, aunque en años anteriores hubiera intentado matarla.
—Sí, Neji.
La vida en Konoha transcurría de manera normala pesar de que recientemente habían sido atacados por Akatsuki, una de las organizaciones criminales más peligrosas, ellos mismos podían dar prueba de ello. Gran parte de la aldea había quedado reducida a cenizas. Eran tiempos difíciles pero seguían en pie, recuperando lo perdido.
Tsunade lo había dicho, no podían permitirse ser débiles ni cesar con las misiones. La imagen de Konoha como aldea fuerte debía mantenerse. Afuera todavía quedaban enemigos, esperando el momento propicio para atacar, ellos no podían brindarle esa oportunidad, no podían saber que pasaban por un momento de debilidad.
Era extraño el que llevara tiempo sin realizar misiones. No sabía si era por el hecho de que su padre, Hiashi Hyuuga la mantuviera ocupada con asuntos del clan, ella sabía de la influencia que este tenía, no por nada era el clan más poderoso y antiguo de la aldea. O si estaba involucrado con los Akatsukis.
También había considerado el que no requirieran de sus servicios pero de inmediato rechazó esa idea. Aunque no hubo pérdidas durante la invasión todavía quedaba una imagen que mantener frente a las otras naciones, la cual podía imaginar que estaba muy afectada después de todo no se necesitó de un ejército para ponerlos en una situación crítica.
Un escalofrío recorrió su cuerpo ante ese recuerdo, en esa ocasión muchos murieron y ella estuvo cerca de hacerlo. Realmente creyó que moriría pero no le importaba, tan solo deseaba ver a Naruto por última vez, confesarle lo que sentía y morir protegiéndolo.
Fueron tiempos difíciles para la aldea. Civiles y shinobis trabajaron juntos tratando de reconstruir lo que antes fue un próspero lugar. Yamato había sido de mucha ayuda pero solo durante poco tiempo ya que él se encargaba de entrenar a Naruto.
—Señorita Hinata ¿pasa algo?
—Nada, Neji —se apresuró a responder Hinata entre tartamudeos —, solo pensaba.
—No debería andar tan distraída.
—Lo sé, Neji.
Varios niños pasaron corriendo por su lado, se veían tan felices, tan ingenuos. A Hinata le alegraba el que la aldea se repusiera de la invasión de Akatsuki pero no podía evitar sentir una opresión en su pecho y la llamada de Tsunade solo reafirmaba sus temores.
El más pequeño del grupo había caído. Por la forma en que frotaba su rodilla y las lágrimas en su rostro debía dolerle mucho. Uno de los niños que lo acompañaba se acercó a él y limpió la zona herida, Hinata sonrió ante el gesto.
Solo una vez había hecho algo similar con Hanabi. Desde que ella era niña había mostrado una imagen de fortaleza. Agradecía el hecho de que las veces que se tuvieron que enfrentar de niñas no hubieran hecho que la odiaran, no podría soportar que algo así pasara.
Aunque a veces sentía que era inevitable el que se enfrentara a su hermana. Ser la líder del clan no era su principal objetivo pero deseaba el que reconocieran su fuerza, ser fuerte como su padre pero amable como su madre. En el clan comenzaban a notar sus esfuerzos pero temía perjudicar a Hanabi, si ella no había recibido el sello de sumisión era porque seguían considerando que ella era la mejor opción para tomar la cabeza del clan.
—Ven, te llevaré a casa.
—Eres el mejor hermano mayor del mundo —respondió el menor a la vez que se aferraba a la espalda de su hermano.
Le fue inevitable pensar en Itachi, en una ocasión lo había visto hacer lo mismo con Sasuke. Eso había ocurrido años atrás, cuando Itachi era visto como un ninja genio y el clan Uchiha vivía en la aldea.
Ella había salido con Hanabi a hacer las compras cuando vio a Itachi pasar. Él llevaba a Sasuke sobre su espalda. Varias chicas se habían detenido solo para verlo pasar, las más atrevidas incluso le pedían un hijo. Años después Sasuke tuvo el mismo problema pero solía ser más cortante con aquellas mujeres que se animaran a pretender algo con él.
Su hermana menor le había pedido que la cargara y ella no pudo evitar hacerlo. No avanzaron mucho, con dificultad pudo avanzar algunos centímetros pero eso no evitó que Hanabi se divirtiera.
Recordaba a Itachi sonreír ante las palabras de su hermano. En aquel entonces Sasuke era un niño tierno e inocente ¡Cómo ha había cambiado! Después de la muerte de todo su clan aquel niño pareció haber muerto, solo quedaba un hombre deseoso de venganza y lleno de rencor.
No podía culparlo ni decir que lo entendía. Ella tenía su clan y aunque muchas veces la menospreciaron nunca les desearía la muerte. Pero sabía lo que era ser odiado por alguien cercano, el que alguien cercano muriera por culpa de alguien del clan, aun así estaba a kilómetros de entender al Uchiha menor.
Los recuerdos que tenía de Itachi, en su mayoría eran agradables. Lo recordaba cómo alguien de pocas palabras pero amable y gentil. Un shinobi excepcional pero ante todo un caballero. En las ocasiones que solían reunirse nunca la hizo sentir inferior por su timidez.
¿Cómo alguien que podía ser tan afectivo con su hermano menor llegaría a hacer algo tan horrible como masacrar a un clan completo? No tenía idea y ciertamente dudaba poder conseguir esa respuesta. Uchiha Itachi era el único que la conocía y dudaba que quisiera decírselo a ella precisamente. En Konoha lo ocurrido con el clan Uchiha era un tabú.
Cuando salió del mundo de sus pensamientos ya se encontraba en el despacho de Lady Tsunade y por lo que veía, llevaba mucho tiempo en ese estado. Sus mejillas rápidamente se tiñeron de rojo lo que solo la puso en evidencia, quería que se la tragara la tierra o que al menos pasara algo que desviara la atención sobre ella.
Su mirada se desvió hasta las botellas de Sake en la esquina. Estaban llenas y eso le provocó un mal presentimiento. Si había alcohol cerca y la Godaime seguía sobria era que algo grave estaba sucediendo, o sucedería.
Llevaba varios minutos allí pero no se sentía molesta. Deseaba que la Hokage hablara para poder acabar con esa incertidumbre que la estaba ahogando. Buenas o malas noticias prefería estar preparada.
—¡Qué problemático! —comentó Shikamaru con voz aburrida —. Llevamos casi media hora aquí y no nos han dicho el motivo por el que nos llamaron.
—Qué bueno que lo mencionas, porque ya iba a ese punto —respondió Tsunade notablemente molesta—, muchos de ustedes estarán enterados de la invasión de Akatsuki poco antes, pues bien, es momento de que sepan el motivo de esta.
—Los Akatsuki son criminales de rango S ¿cierto?
—Escuché que ItachiUchiha es parte de esa organización.
La tensión podía sentirse en el aire. El ataque de Pain fue uno de los momentos más oscuros en Konoha dentro de los últimos años, muchos murieron y aunque habían revivido eso no borraba el sufrimiento y la impotencia que sintieron en esa ocasión.
—Akatsuki está detrás de Naruto y nosotros debemos evitar que lo capturen — agregó Tsunade con absoluta seriedad.
Hinata sintió como aquellas palabras la golpeaban fuertemente. Ya sabía que iban tras Naruto, ella misma lo había presenciado pero el que lo confirmaran solo incrementaba sus temores. También sabía que Naruto era especial, tenía un chacra diferente, lo había visto en varias ocasiones, una ventaja de su byakugan, la forma en que lo miraban años atrás era prueba de ello. Pero nunca creyó que eso lo convertiría en objetivo de los Akatsukis. No comprendía qué interés podía tener una organización criminal tan peligrosa en Naruto, qué era lo que lo hacía tan especial.
—¿Por qué lo buscan?
—Los Akatsukis están recolectando a los bijuus y Naruto es el jinchuuriki del nueve colas. Si logran apoderarse de todos los bijuus las consecuencias serán nefastas. Deberán prepararse porque la guerra se acerca.
Las expresiones preocupadas no se hicieron esperar entre los presentes. Todos compartían esa misma incertidumbre. A pesar de ser shinobis nunca habían presenciado un relato, lo único que conocían era por los relatos de los adultos.
De niños muchos de ellos escucharon que no debía acercarse a Naruto, vieron como muchos lo marginaban pero hasta ese momento no les habían dicho el motivo. Nunca creyeron que se tratara de algo tan oscuro, que dentro del joven Uzumaki estuviera encerrado el asesino de tantas personas, amigos, familiares y conocidos.
Ella podía recordar la vez que Itachi le había hablado sobre la guerra. Fue en una de sus acostumbradas reuniones, ella estaba preocupada por ser una kunoichi y de manera casual salió a relucir el tema de la guerra.
Inmediatamente se arrepintió de haber pronunciado esa palabra. La forma en que la mirada de Itachi se oscureció le hizo comprender la profundidad de esa palabra. El heredero del clan Uchiha había experimentado en carne propia los horrores de una guerra.
Tan solo tenía cuatro años pero tuvo que pelear, asesinar y ver morir a aliados y a enemigos por igual. La vida del joven Uchiha había sido entregada por completo a la aldea desde pequeño. Anbu a los trece años, un ninja excepcional, incluso dentro de un clan conocido por genios, como Madara y Shisui.
—Un shinobi vive para proteger a su aldea, debe obedecer lo que se le ordene sin cuestionar. Pero al final lo más importante es saber que se protege a los niños, los que nacieron y los que no. Son ellos quienes podrán disfrutar de la paz producto de nuestros esfuerzos.
—Quiero proteger Konoha, ser fuerte como mi padre y gentil como mi madre —había dicho Hinata con una determinación poco común en ella —. Quiero que sea un lugar seguro y pacifico para Hanabi.
Itachi no respondió pero la mirada cálida que le dedico la hizo sonrojar y sentirse con más confianza. Aun así no dijo nada y el resto de la velada permanecieron en no era alguien de muchas palabras y ella difícilmente podía hacerlo.
Años después Hinata seguía odiando la guerra pero el deseo de proteger a su hermana, a los niños que corren por la aldea y los que aún no nacen, seguía latente en su pecho, incluso se había hecho más fuerte, en esos años había creado vínculos que deseaba proteger. Daría su mejor esfuerzo en aquella guerra y si debía morir para proteger a Naruto, estaba preparada para hacerlo.
El enemigo era fuerte, muy fuerte, incluso más que ellos pero eso no debía detenerlos. Debían luchar para asegurar un futuro, dar lo mejor de sí misma para proteger a Naruto.
La aldea seguía igual que cuando iba de camino a la oficina de la Hokage pero para ella algo cambió. Cada sonrisa, cada instante podría ser el último para la aldea, la guerra era oficial y algo inevitable.
—Neji, quisiera seguir con el entrenamiento —le dijo Hinata con voz decidida, apresurando a agregar al ver la mirada incrédula de su primo—, no quiero que te sientas obligado a protegerme.
—No lo hago por obligación.
—Pero quiero luchar a tu lado. Es una guerra, no puedo convertirme en un estorbo. Prométeme que no te arriesgaras por mí.
Tiempo después Neji rompería esa promesa. Junto a su padre y Hinata se encargaron de proteger a Naruto, pero sus fuerzas no fueron suficientes, se quedaron sin chakra y Neji convirtió su cuerpo en un escudo. Él fue el pájaro que los condujo a la libertad.
