Capítulo editado

Capítulo 3: Despertar


Cuando Hinata descubrió a Neji y a Hanabi espiando su cita con Naruto, vio todo desvanecerse, los colores se esfumaron, Naruto desapareció. Sus ojos se sintieron pesados y ella despertó.

Y fue el momento de enfrentar la realidad. Neji no estaba, él no volvería. Muchos murieron pero la guerra había terminado.

Su primer sentimiento fue tristeza, vacío al ver como su mundo soñado se desvanecía, incertidumbre al tener que enfrentar la realidad.

Conforme los demás shinobis despertaban ese sentimiento se convirtió en felicidad. La guerra había terminado y ellos podrían regresar a sus vidas. Fueron muchos los sacrificios, las perdidas eran incontables pero al final todo había terminado.

En medio de la multitud, Hinata comenzó a buscar a Naruto. No había rastro de él por ninguna parte y nadie parecía poder darle una respuesta. Odiaba eso, el ver el cuerpo sin vida de su primo, el desconocer el paradero de Naruto, pero principalmente odiaba la guerra.

Alguien los había liberado, eso era cierto. Sería demasiado iluso de su parte pensar que Madara se había redimido y rompiera su propia técnica. Lo había escuchado hablar, su discurso, sus ideales, el Uchiha tenía la certeza de que lo que hacía era lo correcto.

Su cuerpo estaba débil, no podría seguir buscando, poco había faltado para convertirse en un Zetsu y mucho para recuperarse. Solo podía ver los cadáveres de aliados y enemigos esparcidos por el suelo, como la sangre de estos era absorbida por el suelo.

La tierra había adquirido una tonalidad rojiza, las flores de sakura que florecieran en ese lugar también tendrían ese color. Tal y como había pasado años antes, cuando las flores de cerezo aún eran blancas.

Sus preguntas pronto serían respondidas. Como si se tratara de una invocación o de un milagro, Kakashi y Sakura hicieron acto de aparición. Ambos lucían cansados, heridos y con una tristeza marcada en los ojos, especialmente en los de la aprendiz de Tsunade.

—¿Qué ha pasado aquí? —preguntó de pronto Kiba, siendo apoyado por un ladrido de Akamaru.

—Se ha roto el Tsukiyomi infinito —respondió Kakashi —la guerra finalmente ha terminado, Madara Uchiha ha sido vencido.

Las exclamaciones de alegría no tardaron en escucharse. Quizás el panorama no era de lo más alentador pero esas palabras realmente hacían la diferencia. Esas eran las palabras que querían escuchar incluso desde antes que la guerra empezara.

—Y ¿Naruto?—preguntó Hinata, arrepintiéndose al instante, quería saber dónde estaba pero temía la respuesta que pudiera recibir.

Sus palabras fueron acompañadas de un silencio incómodo. Ni Kakashi o Sakura querían responder a su pregunta. Se veían meditabundos, demasiado para su gusto. Pasados unos minutos, finalmente el de cabellos grises respondió.

—Él está desaparecido. No sabemos lo que pasó cuando se enfrentó a Sasuke en el Valle del Fin pero no creo que haya pasado algo malo, el Tsukiyomi infinito se ha roto, probablemente haya sido el sabio de los seis caminos que lo hizo, no estoy seguro. Es hora de regresar, no hay nada que podamos hacer.

Hinata no quería regresar a la aldea, no sin buscar a Naruto antes pero sabía que no tenía otra alternativa. Naruto y Sasuke habían desaparecido, nada de lo que pudiera hacer cambiaría algo, si al menos supiera si vivía o moría pero solo tenía esa incertidumbre.

—Naruto volverá —comentó de pronto Shikamaru con determinación —, no creo que algo así lo detenga.

—Sasuke también lo hará —agregó Ino quien a pesar de lo ocurrido aún se sentía atraída por el Uchiha —. Él es demasiado genial como para desaparecer de ese modo.

Cada shinobi volvió a su aldea natal, cansado y herido pero con la satisfacción de haber dado su mejor esfuerzo por proteger a su aldea, de que al menos por un tiempo podrían vivir en paz y de haber cumplido con su deber.

El futuro de la Alianza Shinobi era incierto. Ya no tenían motivos para continuar con la misma y todo indicaba que volverían a ser las de antes. No era momento para pensar en ello, todos estaban cansados, física y mentalmente. Despertaron de un sueño pero no estaban listos para afrontar la realidad.

Conforme los shinobis entraban a la aldea, los aldeanos salían a recibirlos con gran alegría, tratándolos como a los héroes que lucharon por proteger a la aldea, ansiosos por escuchar sus historias.

Pero Hinata no tenía deseos de hablar. En esa guerra había perdido a las personas más importantes para ella, había visto morir a aliados y enemigos. Si bien como kunoichi se había visto obligada a asesinar a su enemigo era algo a lo que nunca se acostumbraría. Ella no se sentía como una heroína, no importaba lo que le dijeran.

El recuerdo de la muerte de su primo seguía atormentándola. Antes de partir a la guerra le había dicho que no quería ser un obstáculo para ella pero al final él tuvo que protegerla en el momento que intentó usar su cuerpo como escudo para proteger a Naruto. Neji había dado su vida por Naruto y por ella.

Por muchos años él la había odiado, incluso llegó a intentar matarla y eso dolía. Nunca pudo odiarlo, ni guardarle rencor, para ella, Neji no era alguien a quien mandar, era parte de su familia, un hermano mayor, en su corazón seguía siendo el Neji que conoció cuando tenía tres años, él que le sonreía cálidamente. Dolía recordarlo pero no por eso le guardaba rencor.

Era tan irónico que cuando recuperara esos lazos, desaparecieran tan pronto. No quería perderlo pero debía resignarse. Ella no tenía el poder para devolver la vida a los muertos. Sabía que era posible pues en varias ocasiones había visto personas que habían muerto, en la guerra y después de la invasión de Pain.

La guerra los había cambiado a todos, ella no quería que se repitiera. Tiempos de paz estaban por llegar pero sabía que no duraría para siempre. Fuera de los límites de la aldea todavía quedaban enemigos, gente que deseaba ver el mundo arder.

Al llegar a la casa lo primero que hizo Hinata fue tomar un baño. Su padre había convocado a una sesión pero ambos estaban de acuerdo en que requerían recuperar energías. La guerra había sido difícil y el Tsukiyomi les había robado energías, unos minutos más y probablemente hubieran perdido su humanidad.

Al regresar a su cuarto se encontró con Hanabi. Sonrío al verla, feliz al saber que sus esfuerzos en la guerra no fueron en vano, de que gracias al esfuerzo de ellos, especialmente de Naruto y Sasuke, el mundo había sido salvado.

—¿Cómo te fue?—preguntó Hanabi, a pesar de sonreír sus ojos escondían algo de preocupación. Ella era considerada una prodigio pero al no contar con la edad necesaria no fue tomada en cuenta para asistir a la guerra.

—La guerra terminó, es lo único que importa — respondió entre tartamudeos, regresar a casa sin Neji había abierto la herida que dejó la muerte de su primo.

—¿Y Neji?

Aquellas palabras provocaron un incómodo silencio entre ambas hermanas. Era normal que Hanabi se preocupara por Neji, él también era su primo, pero no sabía cómo responderle, ni que palabras usar para decirle que nunca lo volverían a ver ni a entrenar juntos porque había muerto.

—No volverá —respondió Hinata haciendo grandes esfuerzos por no derrumbarse.

Aquellas palabras bastaron para que Hanabi comprendiera lo que había sucedido y prefirió callar. Su hermana mayor había estado en la guerra, sería demasiado fantasioso pensar que nadie moriría. Así eran las guerras, así era la vida de un shinobi.

—Pero Neji finalmente pudo ser libre—agregó Hinata tratando de consolar a su hermana menor, no quería que el sacrificio de su primo fuera en vano —. Su muerte no fue en vano.

De manera imprevista, sin pensarlo mucho, Hanabi la abrazó. Quizás no tenían la mejor relación pero seguían siendo hermanas y los lazos de sangre son eternos, incluso dentro de un clan tan conflictivo como el de ella.

El funeral de Neji fue triste, como todos los funerales. Tradicional al ser Neji miembro del clan Hyuuga. Todos estaban reunidos, algunos por compromiso, otros porque realmente apreciaban al joven. Ciertamente Neji era muy apreciado entre los de su rama, él era un genio y había logrado poner en alto a sus miembros.

El sentimiento de incredibilidad permanecía dentro de ellos. La guerra era cruel y sangrienta pero quienes lo conocían confiaban en que sus habilidades le permitirían sobrevivir, que haría grandes cosas en el clan. Pues la sangre Hyuuga corría con mayor fuerza en sus venas.

Hiashi Hyuuga, como líder del clan y responsable de cuidar de Neji desde la muerte del padre de su padre, fue el responsable de dar las últimas palabras en honor al caído, un hombre que dejó en alto el nombre de su clan, de su aldea y cuyo legado sería la paz en el mundo shinobi.

No hubieron celebraciones pero sí un homenaje. Los sobrevivientes de la guerra se reunieron y encendieron una vela en homenaje a los caídos. Todos sus nombres fueron tallados en la piedra de los héroes como tributo.

La guerra había terminado pero el dolor seguía uniéndolos.

Dos días después la Hokage envió por Hiashi Hyuuga junto al resto de los líderes de clan. Por la forma apresurada en la que los había llamado parecía importante, más tomando en cuenta que planeaba retirarse. Y ciertamente así era. La guerra había terminado pero algo de igual magnitud estaba por iniciar, aunque las consecuencias no serían las mismas, ni siquiera similares, solo tenían en común el hecho de poder reunir a las grandes naciones shinobis, algo grande.

—Saldré en una misión —les dijo Hiashi Hyuuga a sus dos hijas—. Hinata, te dejó a cargo del clan.

—¿De qué trata la misión?

—No puedo dar mucha información pero sí les puedo decir que es sobre una aparición en Amegakure, alguien que debería estar muerto ha regresado.

—¿Edo tensei?

—No, se veía como vivo, como quienes revivieron después de la invasión de Pain.

Sin decir más palabras, el líder del clan Hyuuga se retiró. Confiaba en que su hija cuidaría del clan pero temía lo que pudiera llegar a suceder en su ausencia. Durante la guerra su ella demostró tener cualidades de líder y eso lo hacía sentir orgulloso.

Ser la cabeza de un clan era una tarea muy demandante, aún cuando era temporalmente. El Consejo no apoyaba muchas de sus ideas y quería controlar gran parte de sus decisiones. Si bien el heredero del Souke era quien ocupaba el cargo del líder sus decisiones se veían limitadas de manera considerable por los miembros del Consejo.

—¿Sabes que puedes cederme el puesto? —le dijo Hanabi con expresión distraída durante el segundo día que ejercía el puesto de líder.

—No creo que el Consejo se tome bien el renunciar, podrían incluso desterrarme.

—Si te casas con el heredero de un clan los del Consejo entenderás que tienes responsabilidades con tu futuro esposo y nadie te verá mal por ello.

—¡Hanabi! —comentó Hinata alarmada por las palabras de su hermana menor—. Tal vez te parezca cursi pero quiero casarme con alguien a quien ame y no por interés.

—Es decir con Naruto —agregó Hanabi con una mirada acusadora.

—¡Hanabi! —e reprochó Hinata a la vez que intentaba disimular, de manera inútil, su más que evidente sonrojo. El tartamudear no le servía de nada.

—Hermana, todos saben que lo amas, menos Naruto que es demasiado despistado —respondió Hanabi a la vez que hacía un puchero —. Creía que ya habías superado tus inseguridades.

Hanabi se arrepintió poco después de decir esas palabras. No por considerar que se había equivocado, era la tristeza en el rostro de su hermana. El rubio, junto a Sasuke, continuaba desaparecido y lo más probable es que estuviera herido en un lugar alejado de la aldea.

—Solo era broma —respondió la menor a la vez que se reía —. No me gustaría que me marcaran pero nunca te obligaría a nada que no quisieras.

Antes de que Hinata pudiera responder, Hanabi se había retirado corriendo. Ella podía ser más madura que muchas niñas de su edad, un genio en su clan, pero en ocasiones como esa se comportaba como una niña pequeña.

Sus pensamientos fueron interrumpidos con la voz de su guardián, Kō Hyuuga. No lo veía desde la guerra A diferencia de muchos en el clan su mirada no estaba cargada de desprecio pero sí tenía esos matices de tristeza que provoca la pérdida de un ser querido.

—Señorita Hinata, su presencia es requerida por el Consejo.

—Gracias, voy en seguida.

Las reuniones se habían convertido en algo diario desde que estaba a cargo, decían que tenían muchos temas pendientes provocados por la ausencia de su padre por la guerra pero tenía la sospecha de que solo querían vigilarla. Muchas de sus ideas habían sido rechazadas, en especial las que involucrar romper las barreras entre el bouke y el souke por considerarlas demasiado extremistas.

Hinata lo sabía, no temían por el byakugan o se alarmaban por contradecir años de tradición, muchos de ellos, la mayoría quizás, temían perder los beneficios con los que contaban por ser miembros de la rama principal.

Sería ingenuo de su parte pensar que en unos días podría cambiar tradiciones y costumbres centenarias, leyes tan antiguas como el mismo clan. Pero quería hacer un esfuerzo, cambiar algo, por más pequeño que fuera este.

De lo que estaba orgullosa era de haber logrado evitar que sellaran a Hanabi, o al menos retrasarlo lo suficiente para tratar de encontrar una respuesta definitiva. No quería ni imaginar lo que sucedería con su hermana después de ser sellada, era su familia, no soportaría su odio. Su familia ya se había fragmentado demasiado, era momento de recuperar esos lazos rotos.

Fue una sorpresa encontrarse con la Hokage, sabía de la influencia del clan Hyuuga pero en tiempos de relativa paz era extraño que estuviera allí. La guerra había terminado recientemente pero nada aseguraba un cambio en el mundo shinobi, sin embargo no esperaba conflictos tan pronto.

—La estábamos esperando, Hinata.

—Siento la tardanza, vi… _ las palabras de Hinata se vieron interrumpidas por las miradas severas de los ancianos del Consejo, le habían dicho tantas veces que no debía disculparse pues eso era rebajarse, algo inaceptable para un Hyuuga pero no lo podía evitar.

—De hecho acabo de llegar así que no hay ningún problema. Probablemente estés enterada de la desaparición de Naruto y Sasuke.

—Sí, Hokage.

—Tenemos una pista pero es demasiado pequeña por lo que requerimos del byakugan del clan Hyuuga. Pero por la gravedad de la situación, enviaremos a un grupo Anbu.

—¿Solicita permiso para que un integrante del clan participe en la misión?

—Sí y no. Queremos que tú seas la encargada. Si la misión se completa exitosamente podrás formal parte oficialmente de Anbu.

—¿Yo?—preguntó Hinata, demasiado sorprendida para tartamudear o si quiera intentar disimularlo.

—Durante la guerra y en ocasiones anteriores demostraste ser capaz de muchas cosas por proteger a Naruto y eso es lo que necesitamos en esta misión. No solo es solo el byakugan, son tus habilidades lo que te hizo calificar para este puesto, al igual que muchos de tus compañeros de generación.

No había nada seguro pero había una esperanza y eso la hacía feliz. Anhelaba volver a ver a Naruto, invitarlo a comer ramen aunque muriera de vergüenza al preguntárselo. Disfrutar junto a él de los pequeños placeres de la vida.

—¿Cuándo partimos?

De responder negativamente gran parte de lo logrado en esos años se hubiera perdido, ser convocado a Anbu era todo un honor. Neji había sido llamado antes de la guerra, pero lamentablemente había muerto en la misma.

El honor era algo que poco le importaba en ese momento. Su prioridad era volver a ver a Naruto con vida. Quería estrechar su mano, estaba enamorada de él, su corazón lo gritaba cada vez que su mente lo recordaba.

—Cuando Hiashi Hyuuga regrese, con él viene quien será tu compañero de misión.

—¿Quién es?—preguntó Hinata sin poder evitar tartamudear, recordando que esa era la misión en la que buscaban a quien regresó de la muerte.

—Información clasificada, solo puedo decirte que la historia lo ha juzgado equivocadamente y es alguien que daría su vida por la aldea.

No preguntó más, sabía que la Hokage no diría nada. Tenía curiosidad pero debía confiar en la godaime, de lo contrario podría ser excluida de la misión y eso era lo último que deseaba. Solo se retiró no sin despedirse con un gesto formal. Faltaba para esa misión pero no quería cometer errores, debía entrenar cuanto antes.

Si hubiera ocurrido antes la situación hubiera sido diferente. Con la guerra lo hubieran considerado un enemigo, antes de la invasión de Pain que era imposible. Su padre había sido enviado a buscar respuestas, buscó a alguien que volvió de la muerte, un aliado, se animaría a apostar.

No había pasado mucho tiempo desde el despertar, no faltaba mucho para que su misión comenzara.

Y nada volvería a ser igual.