Capítulo editado

Capítulo 4: Cuenta regresiva


A pesar de que podía afirmar con seguridad cuando iniciaba su misión, le era imposible evitar contar las horas e incluso los minutos que faltaban, deseaba salir en aquella misión cuanto antes. Dentro de su mente una cuenta regresiva había iniciado en el mismo momento en que la misión le fue asignada. La máscara de Anbu que descansaba sobre su cama era la única prueba que tenía de que era real, lo único que le indicaba que aquello no era un sueño.

No era entrar a Anbu lo que la emocionaba, era el poder ser útil para Naruto. Aquellos días sin saber de él habían sido dolorosos, la paz no estaba completa sin el gran héroe de Konoha. Lo quería, tanto que dolía, tanto que sentía que su vida ya no le pertenecían solo a ella.

La incertidumbre era dolorosa. No era la primera vez que Naruto dejaba la aldea pero en aquella ocasión al menos tenía la certeza de que estaba entrenando y que volvería. Podría estar muerto, lo sabía pero no quería pensar en ello.

También sentía curiosidad por su nuevo compañero ¿Quién sería? ¿Por qué tanto misterio? Ser Anbu era más complicado de lo que pensaba, todavía no era un miembro oficial pero ya tenía su primera misión de riesgo. Muchos hablaban de ellos como héroes enmascarados, un gran honor para cualquier shinobi y sin embargo quienes ocupaban ese cargo no hablaban de ello. Ahora entendía el motivo, el tatuaje en su hombre no era un reconocimiento, era un sello que le impediría hablar aún si lo deseara. De no aprobar la prueba, junto al tatuaje desaparecerían sus recuerdos.

"Ser un Anbu es renunciar a la identidad propia. Lo que se hace no debe ser dicho en voz alta ni siquiera con la familia. No es heroico pero alguien debe hacerlo"

Esas fueron las palabras de Itachi, nunca había entendido de qué hablaba pero eso era algo que estaba por descubrir. El joven Uchiha solía ser callado pero cuando hablaba solía tener algo importante que decir.

"Las máscaras no solo funcionan para proteger la identidad y dar un nombre clave. Ocultan la humanidad de quien las usa y permite borrar el sentimiento de culpa antes y después de cumplir una misión"

Llevaba tiempo sin pensar en él pero no pudo evitar hacerlo al ser llamada para formar parte de Anbu. Él era el único que conocía dentro de esta organización o al menos eso creía, nada era seguro tratándose de la rama más misteriosa del cuerpo shinobi.

Nunca había visto a Itachi sin máscara cuando se reunían, ni siquiera cuando lo veían pasar por el pueblo. Ser parte de ese escuadrón era algo confidencial pero siendo algo excepcional y más al tratarse del genio del clan Uchiha, era difícil que permaneciera como un secreto.

Al doblar el pasillo se encontró con Hanabi. Su pequeña hermana menor lucía preocupada, pocas veces la había visto de ese modo. Ella era fuerte, no por nada la consideraban mejor opción para ser líder del clan.

—Regresa con vida—le dijo Hanabi antes de que pudiera decir algo—. Si llegaras a morir no te lo perdonaría.

Abrazó a la castaña como pocas veces lo hacía, demostrándole cuanto la quería y lo mucho que le importaba ser su hermana. Las demostraciones de afecto no eran bien vistas en su clan pero en ese momento no le importaba, quizás nunca le importó.

Temía que en el momento en que la sellaran comenzara a odiarla. No podría culparla si lo hacía pues era de su conocimiento lo mucho que se había esforzado por hacer que su padre estuviera orgulloso y del hecho que de haber sido la mayor no hubieran dudado en nombrarla la heredera y futura líder.

La fecha de su partida seguía siendo un misterio pero era innegable el que tendría que dejar la aldea. Cada misión era peligrosa, incluso las más sencillas, nunca se sabía lo que se podría encontrar. Pero cuando se trataba de Anbu era diferente, este escuadrón era especial, incluso al aplicar la prueba existía una gran probabilidad de morir.

Unos pasos al final del pasillo llamaron la atención de ambas hermanas. Era Kō Hyuga quien llevaba bajo su brazo una carta. Entregar la correspondencia no era parte de sus responsabilidades pero eso cambiaba cuando se trataba de asuntos de gran importancia para el clan. Después de una reverencia y de presentarse, procedió a contar el motivo de su presencia.

—Tengo una carta para ambas —le dijo Kō a la vez que le extendía un pergamino.

Hanabi fue quien tomó el pergamino que le extendía Kō. Reconoció el papel de inmediato, era uno de los pergaminos de Hiashi Hyuuga. Tenía un buen presentimiento sobre ello.

—Suerte en su misión —le dijo Kō antes de retirarse —, ha sido un placer trabajar para usted.

Hinata podía sentir la sinceridad en esas palabras. Kō nunca la había mirado con desprecio a pesar de las diferencias del clan. Había cuidado de ella desde pequeña aún cuando esa responsabilidad, en teoría correspondía a Neji.

—Es papá —le dijo Hanabi sonriente —. Regresa pronto.

No había una fecha escrita pero ambas hermanas tenían la seguridad de que faltaban días, poco menos de una semana, tres días cuando mucho. Su padre no colocaría información tan importante en algo que podría ser robado.

—Se quedó en Suna resolviendo unos asuntos pendientes —continuó Hanabi —, dice que está arreglando los detalles de tu compromiso con el Kazekage.

—¿Compromiso?

—Era broma, solo son asuntos diplomáticos para mantener la alianza entre clanes. La guerra terminó pero no es seguro que la alianza se no tiene problemas con Suna pero nada es seguro con las otras aldeas.

A Hinata no le parecían tan divertidas las bromas de Hanabi pero prefería no decir nada, Hanabi por lo general solía ser callada, pocas veces como esa intentaba comportarse como una joven normal de su edad, se permitía ser más extrovertida, algo que en ocasiones también quisiera hacer.

—Sí Naruto estuviera aquí, muchos lo respetan como el gran héroe de Cuarta Guerra Ninja.

—Es por eso que debes apurarte a traerlo de vuelta. Nos vemos luego, ahora debo entrenar.

Los días pasaron con relativa lentitud hasta el regreso de Hiashi Hyuuga. Todos los miembros del clan Hyuuga habían salido a recibirlo, tal y como era la costumbre en su y Hinata permanecían al frente al ser las herederas.

Después de una pequeña ceremonia todos regresaron a sus ocupaciones. Hinata ya había hecho sus maletas por lo que solo le quedaba ir a la zona de la reunión. Debía esperar a que llegara la noche para poder salir y llevar su máscara. Solo los miembros del clan Hyuuga sabían de ello y solo los más cercanos el objetivo de la misma.

Su máscara tenía forma de conejo y cubría gran parte de su rostro. Una buena forma de ocultar su identidad, si sus ojos no la delataran. Esa sería la forma con la que su compañero de misión la reconocería.

Poco después de que su padre llegara le había dicho el lugar donde su compañero la esperaría y cómo reconocerlo. Él, porque le rebeló que se trataba de un hombre, usaría una máscara de cuervo. Cuando intentó preguntar el motivo de las máscaras le dijo que no había ninguna razón en especial y que todos los miembros de Anbu debían usar una pues era la única forma de identificarlos.

Había cosas que por más que pasara el tiempo no cambiaba, estaba feliz de que su relación con su padre no fuera una de ellas. Continuaba siendo frío y pocas veces le daba palabras de aliento, pero la quería y aquella conversación que tuvieron no solo le demostró que se preocupaba por ella sino también que estaba orgulloso de lo que había logrado. No quería defraudarlo.

Cuando llegó a la salida de la aldea se encontró con el hombre de la máscara de cuervo. Se sintió ligeramente avergonzada al pensar que lo había hecho esperar. No quería causar una mala impresión y menos en su primera misión.

Su presencia era difícil de ignorar. Se encontraba apoyado sobre un árbol de forma elegante y despreocupada a la vez. Creyó que no había notado su llegada pero ese pensamiento desapareció cuando le habló. Su voz era profunda y varonil, no pudo evitar sentirse intimidada ante su presencia.

—Siento llegar tarde.

—No te preocupes por ello, yo llegué temprano ¿Nos vamos?

—Sí.

Ambos shinobis se pusieron en marcha. Saltando de árbol en árbol cada vez se alejaban más de la aldea. La noche estaba oscura pero no era un impedimento, no era la primera vez que debían viajar de noche.

Durante todo el viaje se mantuvo detrás de su compañero. No quería causar problemas ni retrasar la misión. Odiaba sentirse inútil, estar en Anbu era una forma de probarse lo contrario por lo que fallar no era una opción.

Un pensamiento invadió su mente ¿Cómo se habría sentido Itachi cuando ingresó a Anbu? Él era tan joven y tuvo que pasar por momentos tan difíciles. No pudo evitar pensar que eso fue lo que lo llevó a la locura.

Le gustaba recordarlo como el Itachi que la acompañaba a tomar el té, dejar de lado los crímenes que cometió en vida. Junto a Naruto, ocupaba un lugar importante en su corazón. A Naruto lo amaba, a él lo admiraba o al menos admiraba al Itachi de sus recuerdos, al ninja que amaba a Konoha y a su hermano menor.

Amaba a Itachi, el niño, casi adolescente, que amaba los dangos, el hombre que con sus palabras de aliento la había ayudado a marcar su camino ninja, quien la acompañaba a tomar el té. Quería pensar en él y no en el miembro e Akatsuki, el asesino de todo un clan.

Avanzaron por varias horas sin pronunciar ninguna palabra. Karasu, como había decidido llamarlo por la máscara, siempre se mantuvo en la delantera, no había dicho ninguna palabra pero por la forma en que se movía era evidente que no se trataba de un novato.

—Busca si hay algún enemigo cerca.

Hinata no esperó ninguna palabra más e inmediatamente obedeció la orden de su líder. A pesar de que la poca luz de la Luna se encontraba cubierta por las nubes su byakugan no tuvo problema en revisar los alrededores, sin embargo no podía negar que en ese punto, avanzar era complicado.

—La zona está libre, con excepción de unas lechuzas y alguno que otro animal no hay nada de lo que deberíamos preocuparnos.

—Entonces acamparemos aquí, necesitas reponer fuerzas, para mañana necesitaremos que tu Byakugan funcione con toda su capacidad.

Ambos prepararon el campamento, sumergidos en un silencio nada incómodo. La cuenta regresiva había llegado a su fin y finalmente estaba en su misión. Grandes sucesos estaban por suceder y la vida de ambos cambiaría para siempre.