Capítulo editado
Capítulo 6: La Aldea del origen
Después de dejar la casa de Kyoko llegar a la zona señalada en el mapa no fue difícil, el camino fue tranquilo y no hubo ningún contratiempo. El país del Udon era un lugar tranquilo y afortunadamente tenía buenos lazos con Konoha, no era la primera vez que pasaba por allí durante una misión pero sí la primera en mucho tiempo, quizás en años, parecía tratarse de otra vida, algo que no parecía tan ajeno a su realidad. No había una marca en el mapa que indicara el nombre de la aldea o siquiera la existencia de la misma pero él sabía que era real a pesar de que no estuvo más de unas a ese lugar aldea también podría no ser lo más apropiado pues en sus recuerdos solo había visto a otra persona, un Hyuuga probablemente, esos ojos blancos lo delataban.
No usaba máscara pero no podía reconocerlo. No tenía fuertes vínculos con ese clan. Al ser uno de los más antiguos, junto al Uchiha y al Senju, sus reglas eran demasiado rígidas y sus lazos fuera del clan Hyuuga limitados.
En aquel momento el deseo por saber que había sido de Konoha lo hizo marchar pronto. Sus acciones podrían parecer precipitadas pero ciertamente formaban parte de un plan. Amegakure era el sitio perfecto para enviar un mensaje, quería mostrarle que estaba vivo y a la vez llegar a un acuerdo. No sabía porque estaba vivo de nuevo ni quién estaba detrás de todo eso pero sí tenía algo claro, nada lo haría desistir de proteger a Konoha y a su familia.
Estar allí le permitió conocer varios detalles sobre la cuarta guerraninja e incluso saber que había sido de Sasuke y Naruto. Ambos eran héroes de guerra, era normal que sus historias se extendieran con velocidad, lo malo de ello es que no todo lo que se decía resultaba ser verdad.
Los jefes de clanes llegaron y supo que todo marchaba según lo planeado, ellos conocían su historia, no sería difícil negociar con ellos. No era que confiara en sus decisiones, ellos apoyaron a Danzo en la exterminación de un clan pero no dudarían en acceder con tal de que este secreto no vea la luz, algo que no planeaba hacer pero no tenían por qué saber. De saberse la verdadera historia la imagen del clan Uchiha se vería seriamente afectada y con ello la imagen de la aldea. El que tuvieran buenas intenciones perdería importancia si era comparada con la sangre que había sido derramada. Dicen que el camino al infierno está labrado con buenas intenciones, pues ese era un buen ejemplo, nadie quería vivir en guerra pero la muerte de todo un clan era un precio demasiado alto a pagar.
Entrar a Anbu fue la mejor opción, no solo podría buscar a Sasuke y Naruto, también podría seguir cuidando de la aldea en secreto. Estaba seguro de que ambos vivían pues a pesar de estar muerto durante gran parte de la guerra ninja no le fue difícil conseguir la información que necesitaba.
Si estaba de regreso en el mundo de los vivos quería hacer algo diferente, aprovechar la oportunidad que se le brindaba y ser dueño de su propio destino. Pero había algo que le molestaba, era molesto no saber por qué seguía con vida. Antes lo había hecho pero no podría afirmar que vivía pues su cuerpo era una imitación de lo que solía ser, sin contar el hecho de que alguien lo controlaba. Nada le aseguraba que esta vez sería diferente, porque aunque fuera consciente de sus actos nada indicaba que aquello fuera el prólogo de una guerra.
Lo que sí era nuevo y algo inesperado era su compañera, Usagi. Cuando estuvo en Anbu nunca tuvo que instruir a los nuevos integrantes, ni siquiera tuvo a alguien que lo hiciera, él era nuevo, además tenía una misión que consumía todo su tiempo y que lamentablemente no pudo concluir como hubiera deseado.
Era el menor del grupo, por lo general siempre estaba ocupado con misiones pero tenía una en específico en el momento en que entró a esa organización. Era todavía un niño pero se vio obligado a dejar atrás sus juegos infantiles, era un ninja, no tenía tiempo para preocuparse de cosas triviales ni de ser un adolecente como otros de su edad.
Sobre Usagi no tenía mucho que decir, ni siquiera conocía su verdadero nombre, la forma de su máscara era la única forma que tenía para llamarla. Podría llamarla por su apellido pero no lo considero apropiado.
La máscara los separaba pero irónicamente eso los unía también. No sabía cuál sería la reacción de Usagi si viera su rostro ni cómo reaccionaría al saber lo que había hecho en el pasado. La máscara le daba anonimato, borraba su identidad al igual que sus inhibiciones.
Salir era fácil, él lo había hecho pero entrar, eso era una historia diferente, ambos lo comprobaron en el momento que llegaron a su destino. La aldea se encontraba rodeada por un muro y en la entrada un portón cuidadosamente custodiado, o al menos así era en apariencia.
Ambos se acercaron al portón, no tenían un permiso o algo parecido pero eran Anbus de Konohagakure y esto les daba mayor libertad, algo que se había dado desde que la guerra había empezado, más precisamente en el momento en que la Alianza Shinobi fue creado. Los Anbus eran temidos y respetados por igual.
No había nadie y eso era más extraño, todo en ese lugar lo era, empezando por el hecho más extraño, quienes estaban muertos regresaron a la vida. Solo había dos gárgolas custodiando la entrada, la expresión tallada en el rostro de ambas era atemorizante, pero a simple vista no parecían ser una amenaza. La única diferencia entre las dos es que la que estaba a la derecha tenía alas y la de la izquierda la luna tatuada en la frente.
—No pueden entrar —les dijo una de las gárgolas a la vez que extendía sus grandes alas.
—Deben demostrar que son dignos de hacerlo —agregó otra gárgola, estatenía una mancha con forma de luna en su frente—. Ambos serán sometidos a pruebas individuales.
—Si es que aceptan el desafío.
Dirigió una mirada a Usagi, no deseaba presionarla pero tampoco dejarla fuera, eran un equipo y eso no sería apropiado. En el pasado fue su error creer que podía hacer todo solo, no estaba en sus planes repetirlo.
—Acepto —había dicho su compañera, no parecía segura pero tampoco vacilante. Mentalmente la felicitó por ello.
—Ambos tomaremos el desafío —agregóKarasu —, si llegamos hasta aquí no nos retiraremos tan fácilmente.
Las gárgolas sonrieron, parecían haber esperado esa respuesta. Se movieron a un lado y dejaron libre la entrada. Usagi intentó entrar pero él la detuvo. Todo el lugar olía a trampa, desde la inicial resistencia a la obediencia actual.
—¿Dónde está la verdadera entrada?
—Eres listo —le dijo la gárgola con alas.
—Has pasado la primera prueba pero todavía faltan más.
—Este es el momento en que deben separarse.
—¿No será una trampa? —preguntó Usagi.
Ambas gárgolas comenzaron a reír. Aquella era una situación demasiado surrealista. No solo estaban hablando con dos gárgolas, criaturas que no solo eran inexistentes sino que lo que estaba frente a él eran estatuas de piedra. Si pensaba en ello notaría que nada en su nueva vida podría considerase como normal.
Cuando dejaron de reír las gárgolas saltaron de sus lugares. Las garras afiladas de ambas estatuas brillaban como si tuvieran luz propia, tan filosas que parecían poder cortar el aire.
—Nosotros somos su prueba—dijeron al unísono confirmando lo que en un principio Karasu había sospechado —. La puerta lleva al lugar en el que nos enfrentaremos.
Ambos shinobis se dirigieron al lugar señalado. Estaban tan cerca del final pero también en el punto más crítico. El lugar señalado estaba tan cerca y aunque no era seguro el que estuvieran allí sabía que en ese lugar estaban las respuestas que buscaba.
Usagi fue la primera en afrontar el desafío. Karasu pensó que sería interesante poder ver a un Hyuga pelear. Había escuchado de sus técnicas y habilidades pero hasta ese momento no había tenido una oportunidad de verlos en acción.
La gárgola con la luna tatuada en la frente fue la primera en actuar, se dirigió a gran velocidad contra la mujer. De no ser por los reflejos de la Hyuga aquel ataque hubiera sido suficiente para dejarla fuera de combate, incluso para herirla de muerte.
Las manos de la Anbu se cargaron de chackra y este adquirió la forma de dos leones. Ella falló en varias ocasiones antes de que uno de sus golpes fuera efectivo. Una grieta se formó en la estatua y fue suficiente para que la batalla terminara. Era su turno.
La gárgola con las alas pasó al área de combate. Trataría de no usar sus técnicas, no era el desconocer como reaccionara su cuerpo después de revivir, no era la primera vez que lo hacía pero esta vez las circunstancias eran diferentes. Su identidad era un misterio y quería mantenerla como tal.
Llevó una mano al porta armas in que la gárgola lo notara y antes de que esta pudiera reaccionar ya la había apresado con varios papeles bomba atados a una shuriken. A pesar del tiempo y de su muerte temporal seguía siendo bueno en shurikenjutsu.
—Lo has hecho bien —le dijo la gárgola de las alas—. Pueden pasar.
Después de desactivar los papeles bomba, ambos cruzaron el portón. Ninguno volteo hacia las gárgolas, no era momento de mirar atrás, solo podían avanzar y cumplir con la misión que se les había encargado.
—Karasu… —le llamó Usagi pero al momento calló.
—¿Pasa algo?—preguntó el shinobi de la máscara de cuervo al comprender que le hablaban a él.
—Lo siento —se apresuró a decir Usagi apenada, por más que lo deseara no podía evitar tartamudear —, es que no sé su nombre y usted usa una máscara de cuervo.
—Cuando se es parte de Anbu el nombre y la identidad pierden sentido, llámame Karasu y ese será mi nuevo nombre, Usagi.
Usagi llevó su mano a la máscara, un conejo. Oficialmente no er parte de Anbu, tiempos de paz se acercaban pero no podía asegurar nada, al menos hasta que el cambio fuera una realidad, cuando portara esa máscara debía olvidarse de quién era y ser Usagi.
Anbu no era una rama ordinaria del cuerpo shinobi. Realizaban aquellas tareas que nadie más quería hacer, las de mayor peligro, eran vistos como héroes pero sus manos estaban manchadas e sangre y no tenían derecho a cuestionar las reglas existentes. Si Usagi quería ser parte de ese escuadrón sería tratada como tal El que se tratara de una prueba no le daría beneficios de ningún tipo, Anbu no era así pero no dudaba en que eso llegara a cambiar.
Ambos se separaron, de ese modo podrían cubrir más terreno. Había más personas desde la última vez que estuvo en ese lugar, había cambiado, en ese momento aquel lugar si merecía el título de aldea.
Todos sus habitantes tenían algo en común y es que en algún momento estuvieron muertos. No sabía si ellos al igual que él ignoraban lo que había pasado durante el tiempo en que permanecieron muertos o si conocían la razón por la que estaban de regreso. Aquello cada vez era más extraño.
—Esta es la Aldea del Origen —escuchó que le decían_ en este lugar los muertos regresan a la vida. La anulación del Tsukiyomi infinito y nuestro regreso todo está vinculado.
—Hablando de esa forma no pareces tú.
—No es como si fuera inmaduro, también puedo ser alguien razonable y hacer buenos comentarios.
—¿Seguro?
—¡Cállate! Arruinas mis geniales palabras.
—Sigues siendo el mismo —había dicho Karasu pero su voz no tenía reproche o burla, era felicidad al volver a verlo.
—Ven, te están esperando.
Sin decir ninguna palabra, sin oponer resistencia se dejó llevar. No estaba frente a Sasuke ni Naruto pero conocía a quien lo guiaba y sabía que él podría darle respuestas, incluso a esas preguntas que no se había planteado.
Notas Autora:
Con este capítulo se reveló más información de Karasu ero aún no se ha dicho su nombre. Podría ser Shisui, Itachi o algún Oc inclusive. Se mostraron varios detalles poco claros aunque par que el Itahina se dé, todavía falta.
Gracias por leer, por sus comentarios, follows y favoritos (/*.*)/ y que tengan un buen día.
