Capítulo 7: Bajo el mismo cielo

Aquella aldea era extraña, más que todas las aldeas en las que había estado antes, cada minuto que pasaba allí solo confirmaba sus palabras. No era la geografía del lugar, guardaba cierto parecido a Konoha, había numerosas casas y algunos pequeños locales, varias personas caminaban por las calles y eran ellos quienes hacían la diferencia.

Tenían la apariencia de humanos, ni siquiera lucían enfermos, no era como se veían sino quienes eran. Mentiría si dijera que los conocía a todos pero Hinata estaba segura de que muchos de ellos habían muerto o al menos la mayoría.

No los conocía, de hecho solo sabía sus nombres y que murieron como héroes salando a su aldea, shinobis que no abandonaron su camino ninja y murieron siguiendo sus ideales. Gente que aunque no conocía personalmente los respetaba.

Llevó una mano hasta su pecho en un vano intento de controlar sus propios latidos. Aquello era demasiado hermoso para ser real y temía que se tratara de un sueño. Pellizcó suavemente su brazo, podía parecer absurdo pero en esos momentos no sabía de otra forma para comprobar que no se trataba de un sueño.

La alegría se convirtió en inseguridad y temor. No sería la primera vez que caía presa de una ilusión, ya lo había experimentado cuando creyó estar es una cita con Naruto. Era aspirante a Anbu, de ninguna manera podía permitirse ser presa de sus propios deseos.

Si aquello se trataba de una broma querría que acabase cuanto antes. Prefería aceptar la mentira por más dolorosa que fuera antes que vivieran un sueño nuevamente. Ser una kunoichi implicaba aceptar los desafíos y nunca abandonar su camino ninja.

—Dispersión —susurró con pesar mientras cerraba los ojos, no estaría tranquila hasta descartar todas las opciones.

Abrió los ojos esperando encontrarse con un paisaje diferente. No fue así, nada había cambiado. Si bien tenía la certeza de que no se trataba de una ilusión le era difícil aceptar que no había una trampa atrás de todo eso.

Activó el byakugan y analizó la zona. Todos los chakras tenían un aspecto normal, algunos más fuertes que otros pero nada que indicara que algo extraño pasaba. No era la primera vez que veía a alguien regresar de la muerte, en la guerra tuvo que luchar contra ellos y después de la invasión de Pain pudo presenciarlo, de hecho poco le faltó para experimentar la muerte y el regresar a la vida.

—No es un engaño — le dijo Karasu que acababa de llegar —, he hablado con varios de ellos y comprobado que son quienes dicen ser, lo que me contaron es algo que nadie más podía saber.

Aquellas palabras bastaron para que Hinata dejara de lado sus dudas. Tal vez no conocía la identidad de su compañero pero sabía que podía confiar en él. No tenía más razones para dudar y creer era más sencillo.

—Debe pensar que soy una tonta al desconfiar.

—En lo absoluto, un Anbu debe estar en un estado de alerta constante. Lo mejor será que investiguemos por separado, podremos encontrar algunas pistas valiosas.

Hinata observó como Karasu se retiraba. Hubiera preferido que ambos investigaran juntos, el tener a alguien a su lado que no fuera ajeno a ese mundo la hacía sentir segura. Pero entendía que de ese modo podrían avanzar con mayor velocidad y el hecho de que su compañero podría necesitar algo de tiempo para continuar con la misión.

Activó su doujutsu, encontrar a Naruto y Sasuke seguía siendo la prioridad de la misión. Sasuke era una de los pocos portadores del Rinnengan, no era de extrañarse que estuviera involucrado en aquellos extraños eventos.

Inmediatamente llevó su mano al pecho tratando de calmar su respiración. Comenzaba a pensar que no debió aceptar esa misión, se había dejado guiar por sus emociones e hizo uso de su temporal liderazgo para tomar esa misión.

A menos de un kilómetro se encontraban Neji, Hizashi y su madre, tres personas a quienes nunca creyó volver a ver pero deseaba de corazón volver a hacerlo. Sintió como las fuerzas la abandonaban, nunca había sido buena con las emociones fuertes, por lo general solía desmayarse.

Acudió a su encuentro lo más rápido que pudo, deseosa de volver a verlos. La muerte de Neji era algo que no había terminado de asimilar y al verlo con vida no pudo evitar hacerse miles de preguntas.

Quería abrazarlos aunque quizás no fuera lo más apropiado. Los extrañaba, el tiempo no había borrado la herida solo había hecho que se acostumbrara a la misma. Debía ser prudente, lo sabía, en el pasado muchos shinobis de grandes talentos fueron resucitados para pelear una guerra que no les pertenecía.

Era real, lo sabía pero temía que pudiera ser una trampa. Aquello era demasiado hermoso para ser real. Activó su byakugan, no encontró ninguna trampa, efectivamente esa aldea era como cualquier otra, sus habitantes no eran hostiles pero en teoría no deberían estar allí pues todos ellos habían muerto.

Un paso adelante, no podía permitirse retroceder. Si se permitía dejar llevar por sus inseguridades estaría borrando lo que había logrado en esos años, no sería digna de caminar junto a Naruto ni de ser una Hyuuga.

Estaban sentados en aquella pequeña barbacoa, callados. No se habían visto en tanto tiempo y sin embargo ninguno se animaba a hablar. Eran miembros del clan Hyuuga, tenían una imagen que mostrar y aunque se encontraban en el lugar más peculiar les era difícil dejar atrás una vida de enseñanzas.

Retiró su máscara temerosa de las reacciones de sus familiares. No todos los días se reencontraba con quienes sabes que han muerto ni tienes que dar una noticia de tal magnitud. Nadie hablaba de Anbu pero era un secreto a voces lo que allí se daba.

No podría decir con seguridad quién estaba más sorprendido. De su madre y de su tío tenía pocos recuerdos pero tenía la certeza de que ninguna lograba visualizarla como parte del escuadrón Anbu ni siquiera Neji con el que había podido compartir más tiempo.

—Solo es temporal —respondió con unas risas nerviosas aunque ni ella creía en lo que decía. Si era aceptada, renunciar traería deshonra, a ella y al clan —, necesitaban de alguien del clan Hyuuga para cumplir con una pequeña misión.

—Sigue siendo una sorpresa —comentó Neji incrédulo —. No digo que seas débil, es solo que nunca imaginé que apoyaras la idea de ser Anbu.

—Es algo temporal, nada es seguro.

—Es solo que me sorprende ver lo lejos que has llegado en tan poco tiempo — agregó Neji y en su voz podía apreciarse sincero orgullo.

—Siempre supe que serías una gran kunoichi —le dijo su madre quien finalmente se había animado a abrazarla.

Hizashi Hyuuga a pesar de haber mantenido la distancia en todo ese tiempo no dejaba de sonreír pues se sentía satisfecho al ver la relación entre su hijo y la hija de su hermano gemelo. Neji le había contado tantas cosas durante el tiempo en el que estuvieron en esa peculiar aldea sobre cómo a pesar de ser de la rama secundaria se le otorgó un papel de gran importancia en la cuarta guerra ninja.

Era la reunión más extraña en la que Hinata pudiera haber estado y estaba segura de que eso no cambiaría en mucho tiempo sin embargo atesoraba cada minuto que estaba allí en lo más profundo de su corazón. Al poder hablar con ellos de la manera en que lo hacía sentía que lo que vivía era real y no una ilusión como tanto temía.

Quizás no era el reencuentro más afectivo ni ellos los más expresivos pero eran una familia, diferente pero una familia con un fuerte lazo que los unía.

—¿Volverán a la aldea? —se animó a preguntar la heredera del clan Hyuuga.

—Por ahora no —respondió Hizashi —, no hasta que estemos seguros del motivo por el que hemos regresado y de que nuestra presencia no generara mayores problemas en la aldea.

Aunque deseaba que regresaran Hinata comprendía las palabras de su tío. Si bien en el mundo shinobi no era tan extraño el que alguien regresará del mundo de los muertos pocas veces o ninguna había significado algo bueno. Quienes hacían uso de estas técnicas por lo general tenían intenciones de destruir Konoha.

Pero hubo una excepción, una que se parecía tanto a lo que estaban viviendo. Los que murieron en la invasión de Pain resucitaron, despertaron como si la muerte no fuera más que un sueño.

La aldea del Origen no era solo el lugar donde los muertos despertaban a la vida. Protegido por gárgolas, inexistente meses atrás, era un lugar donde los resucitados podrían adaptarse a sus nuevas vidas, ninguno de ellos tenía recuerdos del tiempo en que estuvieron muertos, muchos de ellos pasaron años en ese estado. Necesitaban tiempo para decidir qué harían con sus vidas.

—Debo seguir con mi misión —comentó Hinata algo cabizbaja —, debo buscar a Naruto pero no lo duden, volveré pronto.

—La acompaño, señorita Hinata, se dónde puede encontrarlo.

Agradecía el que Neji la acompañara porque de ir sola estaba segura que se desmayaría. La guerra se había terminado y la paz parecía haber regresado a la aldea, no había ningún motivo por el que Naruto no pudiera responderle a su declaración de amor y eso la hacía sentir nerviosa.

Cuando se declaró no esperaba recibir una respuesta, solo lo hizo porque era egoísta y porque deseaba hacerle saber de sus sentimientos. No hubiera soportado el verlo morir sin hacer nada por lo que decidió hacer una batalla en la que no consideraba tener una oportunidad de ganar.

Naruto estaba en el puesto de ramen, por los tazones vacíos a su alrededor dedujo que no llevaba poco tiempo allí. Para ninguno de los dos era una sorpresa que el rubio por sí solo hubiera terminado con diez tazones de ramen pues lo habían visto comer una mayor cantidad.

—La dejo sola, señorita Hinata —. Le dijo Neji con absoluta seriedad, no había nada en él que lo delatara.

Antes de que Hinata pudiera replicar o siquiera decir una palabra Neji había desaparecido. Debería agradecer ese detalle por parte de su primo pues sentía que tenían mucho de qué hablar. No era únicamente la posición de Sasuke pues confiaba que Karasu lo hiciera. Era lo que pasaba entre los dos, enfrentarse a ella misma y los sentimientos que tenía por el rubio.

En su mente el reencuentro era diferente. Había tenido tiempo para pensar en él y ciertamente se había creado una novela rosa en su cabeza pero al estar allí todo parecía tan distante. Quería abrazarlo, confesarse nuevamente pero las palabras parecían morir en su boca y sus pies conectarse al suelo.

Antes de que pudiera animarse a hacer algo la voz de Naruto interrumpió sus pensamientos. No había entendido nada de lo que dijo pues tenía la boca llena de comida pero aquel intento de conversación le dio el valor para acercarse a él.

No hubo un encuentro romántico de telenovela ni un beso apasionado pero sí un momento significativo para ambos jóvenes. Naruto le hizo un espacio a su lado y pidió un ramen de cerdo para ella.

El silencio se tornó incómodo pues ninguno sabía que decir. No estaban en el lugar más normal de todos y tenían tanto de que hablar, era difícil decidir con qué empezar y cómo decirlo. Tuvo que apartarse unos instantes para contestar la llamada de Karasu.

—¿Pasa algo? —le preguntó Naruto y Hinata agradeció tener algo de que conversar.

—No mucho, Karasu dice que la misión ya está terminada pero que encontró a alguien que puede aclararnos algunas dudas. Creo que todavía tengo tiempo para un tazón de ramen.

—Es una segunda oportunidad, para poder hacer las cosas bien esta vez.

Ambos se dedicaron a comer el ramen que les habían servido. El silencio ya no era incómodo al contrario, este estaba marcado por la complicidad que ambos compartían. El rubio deslizó su disimuladamente su brazo sobre los hombros de su compañera y ella no rechazó aquel gesto. No había sido el más romántico de los reencuentros, eso nadie podía asegurarlo pero fue el inicio de algo nuevo y eso era suficiente para los dos.

O al menos así fue durante un corto tiempo. A pesar de que Hinara era la que había comido más tazones de ramen fue Naruto el que presentó problemas digestivos.


En un lugar un poco apartado, dos jóvenes se encontraban platicando tranquilamente, un escenario aparentemente normal si no fuera porque ambos hombres ya habían muerto. Uno de ellos portaba una máscara con forma de cuervo y el uniforme tradicional de un Anbu.

—Es extraño verte de nuevo con el uniforme Anbu.

Bajo la máscara de cuervo una expresión incrédula tomó forma. Conocía a su primo y aunque le alegraba ver que nada había cambiado hubiera pedido algo de seriedad en él. La situación era extraña, podía ser el preludio de una de las peores tragedias pero también podía ser la oportunidad de corregir los errores del pasado.

—Ambos regresamos al mundo de los vivos ¿y lo único que te sorprende es verme de nuevo con el uniforme Anbu? —preguntó sereno, no era un intento por buscar acabar con un silencio incómodo pero tampoco un reclamo.

—Estar vivo es bueno, no es como si debiera preocuparme por ello.

—Cuando me revivieron fui usado para atacar Konoha, no hay motivos para creer que esta vez será diferente.

—No podría saberlo, para mí es como si hubiera despertado de un largo sueño. No niego que sea extraño pero no siento ningún tipo de jutsu o control sobre este cuerpecito.

—Es mejor no bajar la guardia, puede ser el preludio de la guerra.

Las risas de muchos niños se escuchaban a lo lejos. Ambos sonrieron ante ello, quizás ese no era el lugar más normal pero era el lugar por el que tanto tiempo habían trabajado, la razón por la que se convirtieron en shinobis.

—¿Sabes? —comentó el que no tenía máscara de pronto, su mirada se encontraba perdida y en su voz se denotaba una seriedad no muy usual en él —. No tengo una idea de lo que hago aquí, este lugar es desconocido pero no me siento en peligro. No puedo decir con certeza si despertaran más ni cuál es el funcionamiento de este sitio pero mi intuición me dice que todo está bien.

—Como Anbu mi deber es desconfiar de todo.

—Entiendo que quieras descubrir lo que sucede y sé quién puede ayudarte. Naruto y Sasuke son los únicos que tienen la respuesta pero no te aseguro que quieran hablar.

— ¿Sabes dónde están?

—Naruto debe estar en el puesto de ramen y Sasuke... creo que está con la tía Mikoto.

Karasu calló, ya sabía que estaban allí, su primo se lo había dicho perro no se sentía listo para hablar con ellos, no después de lo que había ocurrido. En aquel momento sintió que hizo lo correcto y que no tenía otra opción pero el sentir culpa era inevitable del mismo modo en que no pudo evitar contener las lágrimas el día en que dejó la aldea.

Respiró profundo tomando fuerzas. No era momento de acobardarse, eso no iba de acorde a su personalidad. Si no lo perdonaban lo aceptaría pero nada le impediría seguir con su misión. Nunca imaginó que volvería a verlos, menos en una situación tan extraña y bizarra.

—Llévame con Sasuke.

—Sabía que dirías eso — comentó Shisui con una sonrisa burlona antes de iniciar el camino.

Llegaron en pocos minutos. La aldea no era tan pequeña como Karasu había supuesto en un principio pero si se contaba con un guía no era tan difícil orientarse.

La mirada de su padre era seria, tal y cómo la recordaba. No había muestras de rencor u odio y eso lo hizo sentirse más culpable. No podía arrepentirse por la decisión tomada, hizo lo que en su momento consideró necesario para proteger su aldea y a su hermano menor pero eso no hacía que doliera menos todo lo que le causó a su clan.

Se dirigió a Sasuke. Ya había tenido oportunidad de hablar con él, contarle la verdad de lo que ocurrió con su clan. El odio quedó en el pasado y tenían una nueva oportunidad, podría hacer lo que no pudieron hacer en el pasado, entrenar y ¿Por qué no? Hacer algunas bromas.

—¿De nuevo en Anbu? No cabe duda de que eres un Uchiha —le dijo Fugaku Uchiha sin disimular el orgullo que sentía.

Aquellas palabras lo tomaron por sorpresa. Sabía que su padre no le guardaba rencor por lo ocurrido la noche en que se dio la masacre Uchiha y que entendía sus motivos, era una lástima que lo hubiera entendido demasiado tarde.

—Esta es una nueva oportunidad, no tenemos porque desaprovecharla —comentó Mikoto Uchiha quien observaba con orgullo a su familia nuevamente reunida.

—Supongo que tienes muchas dudas —le dijo Sasuke con su usual indiferencia —. Conozco a alguien que tiene las respuestas que buscas.

—Espera un poco —le dijo Shisui—. No nos hemos visto en muchos años, creo que tenemos mucho de qué hablar.

—Llamare a Usagi, la misión es de los dos.

—Así que Usagi ¿Hay algo que quisieras contarnos?

—Solo es una compañera, Shisui, no hay nada.

—Al menos no ahora, no la conozco pero mi instinto me lo dice.

Quizás las circunstancias no eran las más normales y la incertidumbre no desaparecía. Pero nada de eso importaba porque finalmente todos estaban bajo el mismo cielo. Una nueva oportunidad se les había entregado, como si se tratara de un milagro.