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Capítulo 9: El fin del equipo ocho


A pesar de que entrar a Anbu era una decisión importante y algo en lo que debía pensar, sabía que tenía otras prioridades en ese momento. Necesitaba llegar pronto a la mansión Hyuuga pues el Consejo la estaba esperando para una reunión inmediata.

Mientras caminaba por las calles de Konoha trataba de darse ánimos, no podía permitirse mostrarse débil, todo lo que había logrado durante esos años dependía de ello. Su misión había terminado y debía presentar un informe detallado sobre la misma.

El resultado de la misión no era algo que le preocupara, sabía que no tenían las expectativas más altas sobre ella por lo que no le reclamarían sobre la misma. Antes de dejar la aldea del Origen había acordado con sus parientes encargarse de su llegada.

Si bien no sería la primera vez en Konoha que se veía a los muertos regresar a la vida también lo era que no se trataba de algo cotidiano. Era su deber el asegurarse que serían bien recibidos y de hacerles ver cuál era el momento indicado para que llegaran.

Encontró a Hanabi en la entrada. Por la mochila que cargaba podía deducir que saldría en una misión pronto. Aquello no le sorprendía pues su hermana era una de las mejores kunoichis de su generación.

—Hola, hermana —la saludó Hanabi mientras le mostraba un pergamino —, Kurenai me dijo que te lo entregara en cuanto te viera.

Hinata extendió su mano aceptando el pergamino. Lo abrió rápidamente, sentía curiosidad por el contenido de la misma. No había visto a Kurenai en varios días, incluso desde antes que aceptara esa misión en Anbu.

Aquella carta no decía mucho, gran parte del contenido se encontraba oculto, tal y cómo se esperaría de una kunoichi, una carta podía ser interceptada por lo que nunca estaba de más tomar algunas precauciones.

Kurenai la había citado en su casa junto a Kiba y Shino. No decía el motivo pero asumía que se trataba de algo importante. Dirigió su mirada hasta Hanabi, debería esperar para conocer el motivo de aquella reunión, de momento su clan la necesitaba.

—¿Saldrás en una misión?

—En Kumogakure —respondió Hanabi con expresión aburrida —, debemos escoltar a un señor feudal, es demasiado sencillo pero debo esperar unos meses para las pruebas chunnins.

—Da tu mejor esfuerzo, Hanabi.

—Eso haré —respondió la castaña antes de retirarse.

Antes de seguir con su camino, Hinata se dedicó a observar como su hermana se alejaba, estaba orgullosa de ella pero temía que la marcaran, algo que sabía sucedería cuando fuera nombrada oficialmente como la líder del clan, algo para lo que no faltaba mucho tiempo pues ya había logrado la aprobación del Consejo, de esa reunión dependía que continuara de ese modo.

La mansión era grande por lo que tardó algunos minutos antes de llegar al lugar requerido. Ese era su sitio menos favorito, el recuerdo de las miradas reprobatorias seguía fresco en su memoria pero sin duda lo que menos le gustaba era el recordar las veces en que tuvo que enfrentarse con Hanabi.

Cuando entró las miradas de los miembros del Consejo se posaron sobre ella, estas eran intimidantes y severas pero debía ignorarlas, no podía permitirse el que la hicieran sentir menos pues de hacerlo fracasaría. Respiró profundo y se preparó mentalmente, debía estar lista para lo que estaba por suceder.

Buscó a su padre, lo encontró rápidamente. Estaba en el lugar que le correspondía como líder, su mirada era severa pero en ella pudo notar algo de orgullo, eso le dio el valor que necesitaba. Tomó aire y comenzó con su informe, era el mismo que le presentó al actual Hokage.

—Si rechazara ese puesto la imagen del clan Hyuuga se vería afectada, dirán que somos débiles y poco actos para aceptar un puesto de este nivel —comentó uno de los miembros del consejo, desde el lugar en el que se encontraba no podía apreciar de quien se trataba.

Escuchó varios susurros, no lograba entender lo que decía pero podía hacerse una idea, era sobre la propuesta. Los votos se encontraban divididos, algunos creían que de ingresar podría manchar el nombre de su clan, otros que sería peor rechazar tal propuesta y pocos que era digna de tal cargo.

Su padre tomó la palabra y todos callaron. Si bien no tenía mayor autoridad sobre el Consejo al ser el líder todos respetaban su palabra. Ella deseaba terminar con esa conversación cuanto antes pues ese no era el tema principal de aquel encuentro.

—Eso es algo que Hinata deberá decidir —les dijo Hiashi con una seriedad que demostraba no estar dispuesto a ceder —. ¿Algún tema que falte por discutir?

—Sí, padre —agregó Hinata luego de una pausa, tratando de buscar las palabras adecuadas —. Es sobre la aldea del origen, varios Hyuuga regresaron a la vida y piden ser reintegrados al clan Hyuuga.

—Me parece razonable —respondió Hiashi, varios del consejo asintieron ante la noción.

—Los secretos del clan no deben ser expuestos —agregó el más viejo del Consejo—, aún con el sello es algo arriesgado.

Hinata sabía que el sello después de la muerte desaparecía pero no quiso contradecir al miembro del Consejo más longevo, de hacerlo podrían colocarlo nuevamente. Durante la guerra pudo ver como este desaparecía de la frente de Neji y cuando estuvo en la aldea del Origen pudo comprobar que este no había regresado.

Las tradiciones de su clan no era algo por lo que sintiera mucho aprecio. Desde niña le habían causado muchos problemas y no podía apoyar la división entre ramas pero en esa ocasión no le parecieron tan malas. La aldea del Origen era un lugar intrigante y ciertamente a los del Consejo no les convenía el que un Hyuuga estuviera fuera de la aldea. A ella solo le importaba el volver a verlos.

Se despidió con una reverencia y se retiró del lugar. Decidió visitar a Naruto, deseaba ver cómo se encontraba, conocer a su familia. Se dirigió a la cocina y preparó unos onigires, si bien estaba deseosa de ver nuevamente al rubio odiaría llegar con las manos vacías.

Planeaba retirarse rápido. Las remodelaciones en el clan Hyuuga habían empezado pero ella quería estar al tanto. Su madre, primo y tío regresarían pronto a la aldea. Hubiera querido regresar con ellos pero no se había dado la oportunidad.

Aquello parecía un sueño y las noches llorando por no tenerlos solo un amargo recuerdo, una pesadilla. Estaba tan ansiosa por ponerlos al tanto de lo que ocurrió cuando estuvieron ausentes. Tenían tanto de que hablar y tanto tiempo por delante.

No tardó en llegar al distrito Uchiha. Había pasado años desde la última vez que lo había visitado pero no tuvo problemas para ubicarse. Un escalofrío recorrió su cuerpo al adentrarse en un lugar, no era ni la sombra de lo que fue en el pasado.

No solo era el paso del tiempo sino la falta de vida. Ciertamente los Uchiha no eran las personas más animadas que conocía pero solía vérseles caminar por el lugar o escucharse algunas conversaciones.

A veces podía verse a los más pequeños entrenar, soñando en convertirse en shinobis, en ser como Itachi Uchiha. No era un lugar prefecto pero Hinata lo recordaba con nostalgia y no pudo evitar preguntarse qué había llevado a Itachi a masacrar a su propio clan.

Sus pensamientos fueron interrumpidos con la llegada de Naruto, él llevaba varias cajas que le impedían la vista pero no caminar. Reuniendo el poco valor con el que contaba tomó una de las cajas superiores.

—¡Hola, Hinata! —le saludó un efusivo Naruto en cuanto su vista estuvo despejada —. A que no adivinas quién se muda al distrito Uchiha.

—Tú —respondió Hinata ligeramente nerviosa al ver la chaqueta que sobresalía de la caja que cargaba. Agradecía que fuera eso y no la ropa interior del rubio.

—Exacto —respondió Naruto realmente emocionado —. Mientras que terminan con los arreglos de la casa de mis padres viviremos aquí. Sasuke dijo que teníamos que ayudar con los arreglos de la casa pero sé que al cabrón le agrada que estemos aquí.

Hinata sonrió al ver la felicidad del Uzumaki. Después de tantos años podría tener una familia como tantas veces había soñado. Parecía lejano ese tiempo en el que estaba solo, cuando todos veían en él al demonio que había atacado la aldea años atrás.

Ambos caminaron por los pasillos del clan Uchiha. Durante el camino Naruto le contaba cómo fue que conoció a sus padres o al menos la parte que recordaba pues el joven Uzumaki seguía ignorando la confesión de la Hyuuga a su lado.

Nunca imaginó que el padre del rubio fuera el legendario Rayo Amarillo aunque al pensarlo le era imposible no notar el parecido entre ambos.

—Gracias por la ayuda, Hinata —respondió Naruto a la vez que se despeinaba —. Si gustas puedes quedarte a cenar, Kakashi dijo que nos visitaría ¿Puedes creer que fue estudiante de mi padre?

—No lo sabía —respondió Hinata interesada por aquel tema —, debió ser toda una sorpresa para ti.

—¡Hola, Hinata! —Saludó una emotiva Kushina, quien acababa de llegar —. ¿Saben que no es correcto que dos jóvenes estén solos en una habitación? Si querían algo de intimidad al menos hubieran cerrado la puerta.

—¡Mamá! —reclamó Naruto notablemente avergonzado.

—Solo decía —se defendió la pelirroja tratando de parecer inocente —, pero tu novia se quedara a cenar ¿cierto?

—Estaba a punto de preguntarle cuando llegaste —respondió el rubio para sorpresa de ambas mujeres —y no es mi novia, ella es… una buena amiga.

—Me gustaría ayudarla con la cena, si no es mucha molestia, Kushina —comentó Hinata ligeramente sonrojada y haciendo grandes esfuerzos por no tartamudear.

—No es necesario que te tomes molestias, eres la invitada.

—No es ninguna, de verdad me gustaría ayudar, además traje algunos onigires.

—Supongo que algo de ayuda no me vendrá mal —respondió la pelirroja pensativa —, además podrás contarme algunas cosas sobre Naruto, me gustaría saber que ha sido de su vida y no te ahorres detalles, quiero saberlo todo, incluso lo más vergonzoso.

Ambas mujeres se retiraron de la habitación dejando a Naruto. En ese momento el rubio comprendía a Shikamaru y Chouji cuando decían que las madres podían dar miedo. Su madre tenía mucho carácter y era impulsiva pero sin duda estaba feliz de tenerla nuevamente a su lado.

Para la hora de la cena la comida ya estaba lista. Par Hinata el cocinar con Kushina había sido una experiencia agradable pues la mujer la había hecho sentir como parte de la familia, algo que pocas veces experimentaba en su clan.

Aquella situación parecía irreal, estaba con en la casa de Naruto, con los padres del ninja que tanto amaba. Si bien no eran novios, ella no se quejaba, estaba cerca de él, tal y cómo lo había soñado de niña, tenía esperanzas.

Kakashi llegó tarde, tal y como Naruto había predicho por lo que no fue necesario calentar la comida. Incluso tuvieron tiempo de comprar algo de ramen, algo que ambos Uzumakis amaban y que sin duda no podían dejar faltar.

—¡Buenas noches! —saludó el actual hokage, su voz era seria pero el brillo de su mirada lo delataba.

—No es necesario que seas tan formal, pasa adelante, Kakashi —le dijo Minato amablemente a la vez que le daba paso.

Ambos hombres tomaron asiento. Frente a ellos se encontraban los onigires que Hinata había traído, tomaron uno pero inmediatamente Kushina se los arrebató.

—El postre es para después de la cena —les regañó la pelirroja y ninguno se atrevió a contradecirla —, por ahora pasen a la cocina.

Kushina podía ser una mujer amable y alegre pero ambos tenían claro que hacerla enojar no era lo más conveniente, eso sin contar que el olor de aquella comida era demasiado apetecible.

Naruto y Minato habían puesto la mesa poco antes, si bien él no estaba enterado de la costumbre de quien fue su estudiante, ambos se habían demorado con las últimas reparaciones de la casa, el trabajo había valido la pena, finalmente era habitable y en poco tiempo podrían readaptarse a la vida en la aldea.

Por órdenes de Kushina, Hinata se había sentado junto a Naruto. En ocasiones se sentía extremadamente nerviosa por los comentarios de la pelirroja, si bien había admitido sus sentimientos por Naruto y no era la primera vez que alguien lo insinuaba, aquello era nuevo para ella. Y sin embargo era agradable, se sentía como parte de una familia.

—Podrán volver a hacer misiones pronto —informó Kakashi con absoluta seriedad pero feliz por volverlos a ver dentro del mundo de los vivos —, el Consejo considera que dos grandes shinobis como ustedes deben regresar cuanto antes. Por supuesto entenderán que a no ser que se dé una situación especial Namikaze Minato no volverá a desempeñar el papel de Hokage.

Para Kakashi había sido difícil el aplazar el regreso de ambos al mundo shinobi pues deseaba que ellos primero se adaptaran a su nueva vida.

Los señores feudales se encontraban divididos. Si bien no conocían todos los detalles sobre los resucitados no confiaban en ellos pero querían sus fuerzas dentro del cuerpo shinobi.

—Eso no es problema —respondió el anterior kage de manera tranquila —,estoy seguro de que harás un gran trabajo protegiendo la aldea. Pero cambiemos de tema, este no es el momento para hablar de trabajo.

—Como actual Hokage no he tenido mucho tiempo libre, desde que se descubrió la aldea del Origen he tratado de reubicarlos a todos —agregó Kakashi quien se mostraba serio pero eran sus ojos los que lo delataban, estaba feliz de volver a ver a quien estuvo a cargo de su grupo.

—Son nuevos tiempos —había dicho Minato sonriente —, será cuestión de adaptarse. Sería agradable que pudiéramos reunirnos.

—Tsunade ha estado insistiendo en eso, dice que debemos organizar un gran festival aunque en lo personal pienso que es una excusa para beber y apostar.

—Es una gran idea —gritó de pronto Naruto, estaba más que emocionado —. Parece que en ocasiones la abuela tiene buenas ideas.

—Naruto —le regañó Kushina —, debemos asegurar que no falta el ramen.

—Pero ni siquiera he aprobado el festival.

—Debe hacerlo, Kakashi —reclamó Naruto —después de la guerra mereceremos algo de diversión, además esta vez sí tenemos un motivo para celebrar.

—Supongo que no tengo otra opción, no son los únicos que han insistido con el tema —respondió Kakashi con aparente pereza pero ciertamente se trataba de una idea que aprobaba.

El resto de la comida transcurrió en silencio, o al menos casi. Los comentarios ocasionales de Kushina y Naruto era lo que le daban algo de ambiente a esa reunión, ambos compartían un gran parecido. Kakashi fue el primero en retirarse pues aseguraba tener mucho trabajo pendiente.

Hinata se sintió especialmente alagada cuando Naruto decidió acompañarla hasta su casa. Si bien ambos sabían que no era necesario, Naruto insistió en que era lo menos que podía hacer y ella no pudo negarse.

Ambos se encontraban en la entrada de su casa, era momento de despedirse pero no sabía cómo hacerlo, ninguno de los dos tenía experiencias en citas y eso no era ninguna cita.

—¿Hay algo que te preocupa? —preguntó finalmente Naruto.

—Debo decidir si ingreso a Anbu—respondió Hinata muy nerviosa, luego de un incómodo y largo silencio. No debería hablar sobre su misión pero confiaba ciegamente en Naruto.

—No dudo que serías un valioso miembro en Anbu. Eres fuerte, Hinata.

Ella sabía que muchos esperaban que aceptara el puesto, especialmente los integrantes del consejo, pero también que habían otros que deseaban lo contrario pues Anbu funcionaba de manera diferente a las otras fuerzas shinobis.

—¿Qué es lo que quieres hacer? —le preguntó Naruto y ella no sabía qué hacer.

Había hecho una misión, pasó la prueba. Había escuchado tantos rumores sobre Anbu pero tenía la certeza que al finalizar la guerra gran parte del mundo shinobi había cambiado no obstante no había considerado el impacto que los resucitados causarían.

—Le dije a Neji que sería temporal —respondió Hinata entre tartamudeos —. Siento haberle mentido.

Las palabras de Naruto la ayudaron a tomar una decisión. Sabía que podría arrepentirse pero también que lo haría si no lo intentaba. Su camino ninja era no retroceder y no estaba dispuesta a hacerlo por más inseguridades que tuviera.

—Nos vemos luego—le dijo Naruto antes de retirarse.

El tiempo pasó rápidamente y llegó el momento de reunirse con Kurenai y su equipo. En el camino no dejó de pensar en cómo darle la noticia a su equipo. Por mucho tiempo ellos fueron sus únicos amigos por lo que le dolía la separación.

—Renuncio a mi trabajo como kunoichi y como instructora del equipo ocho—les dijo Kurenai poco después que tomaran asiento—, mi embarazo no me permite estar en condiciones para continuar y podría convertirme en un estorbo. De verdad lo siento.

—Lo primordial es su salud y la del futuro niño —comentó Shino de manera inexpresiva mientras acomodaba sus lentes—, me temo que también tengo noticias que afectaran al equipo, he sido aceptado como instructor en la Academia Ninja.

Hinata sabía que Shino era alguien extremadamente introvertido pero no le sorprendió el que quisiera ser instructor. Cualquiera pensaría que preferiría viajar por el mundo descubriendo nuevas especies de insectos pero ellos, sus compañeros de equipo sabían que estaría mejor en una academia, educando a las nuevas generaciones.

Y se alegraba por él.

—Parece que del equipo ocho solo quedarán Kiba y Hinata —comentó Kurenai con cierto pesar.

—No cuenten conmigo —comentó Kiba pesadamente a la vez que alimentaba a su fiel compañero Akamaru —. Mi madre insiste en que debo ocupar mi lugar como líder del clan Inuzuka, Hana no puede hacerlo ya que trabaja en la veterinaria.

—¿Qué será de Hinata? —preguntó Shino quien aparentaba calma pero el movimiento de sus manos lo delataba.

—Ingresaré a Anbu—comentó Hinata logrando que todas las miradas se posaran en ella.

Ya no había equipo ocho, ellos habían elegido su propio camino, uno que los llevaría en diferentes direcciones.