Capítulo editado

Capítulo 11: La determinación de Hinata


Poco después de que amaneciera, Hinata y Hanabi se habían dirigido a la entrada de Konoha pues ese día regresarían su madre, Hizashi y Neji. Ninguna de las dos pudo dormir en la noche, la espera se les hizo eterna.

Días antes comenzaron con la preparación de las habitaciones, querían que todo estuviera listo para el momento en que llegaran. Tenían tanto de que hablar. No era necesario pero querían hacerlo.

La primera en llegar fue la madre de las hermanas Hyuuga y también la que más feliz se mostraba por el reencuentro. Tomó a sus hijas en brazos y las abrazó como no había podido hacer en años.

—Hanabi, te has convertido en una mujer —le dijo la mujer llorando, la última vez que había visto a su hija menor era una bebé.

Neji y Hizashi observaban la escena sonrientes hasta que la esposa de Hiashi Hyuuga los obligó a unirse al abrazo alegando que también eran parte de la familia y debían estar en ese momento.

Hinata les extendió una banda a Neji y a Hizashi, ninguno tenía la marca y no quería arriesgarse a que los volvieran a sellar. Si bien las diferencias entre clanes ya no eran tan marcadas el sello maldito no era algo que había desaparecido en su totalidad.

Lo siguiente que hicieron fue ponerse en marcha. Hanabi les contaba sobre todas las misiones que había tenido ese tiempo y los amigos que había hecho. Había tanto de que hablar y toda una vida por delante para hacerlo.

Fueron recibidos como héroes y ciertamente ellos lo eran. Murieron para salvar a sus seres queridos pero eso no les había impedido regresar a su hogar. Todos vestían sus mejores trajes y se organizó una reunión para conmemorar su regreso.

Antes de partir a la misión, Hinata decidió comprar algo de ramen en Ichiraku. No esperaba encontrarse a Naruto allí aunque no era algo que debiera sorprenderle pues muchos sabían que la comida favorita del Uzumaki era el ramen y ella también, quizás esa era la razón por la que le gustaba a ella también.

—¡Hola, Hinata! Siéntate a mi lado, yo invito al ramen —la saludó Naruto en cuanto la vio.

La joven Hyuuga se sentó al lado de Naruto. Seguía sintiendo nervios cuando Naruto estaba cerca de ella pero poco a poco los iba superando, últimamente había pasado mucho tiempo con Naruto y eso la hacía feliz.

—Dos porciones de ramen de cerdo — les dijo Teuchi mientras les entregaba los tazones —. ¡Buen provecho!

Hinata sabía que pronto tendría que ir en una misión, no sabía si sería más peligrosa ni tendría la absoluta certeza de lo que podría llegar a suceder pero quería que antes de irse no dejar asuntos pendientes. Sentía la determinación en su interior para decirle a Naruto lo que por mucho tiempo había callado.

—Mamá y papá salieron en una misión, regresan mañana —le dijo Naruto sonriente —. Cuando regresen papá dice que podremos hacer lo que quiera por todo un día.

—Eso es bueno —le dijo Hinata y en verdad se sentía feliz por él. Por experiencia propia conocía el sentimiento de volver a ver a quien se creía perdido.

—¿Cuál es tu sabor de ramen favorito? —preguntó Naruto al finalizar su tercer tazón.

—Me gustas, Naruto —respondió Hinata exteriorizando sus pensamientos sin ser consciente de ello, cuando lo hizo ya era demasiado tarde.

Sus mejillas se tiñeron de rojo y todo a su alrededor comenzó a dar vueltas. La sensación que la acompañaba cada vez que estaba por desmayarse se hizo presente y con ello toda la determinación que tenía desapareció.

En ese momento tres de las admiradoras de Naruto aparecieron reclamando la atención del héroe de Konoha, momento que aprovechó para desaparecer. No estaba lista para obtener una respuesta aun sabiendo que no podría huir por siempre.

En momentos como ese agradecía la misión que le habían encargado como Anbu, era la excusa perfecta para abandonar la aldea por un tiempo y poner en claro sus pensamientos pero también lo era para que Naruto pudiera asimilar la información que le había dado.

Al llegar a la casa Hanabi notó su estado y se reprendió por ser tan transparente. Esa fue la primera vez, en muchos años, que su madre le dio palabras de aliento. Hanabi la había llamado y con té y onigiris les contó sobre su declaración.

—Ya era hora de que te confesaras —la felicitó Hanabi —. Enorgulleces a tu clan.

—Me fui antes de que pudiera responderme —agregó Hinata apenada.

—Eso es malo, si le das tiempo no corresponderá tus sentimientos —le dijo la menor de las hermanas pero al ver su expresión agregó —. Era broma, Naruto estará feliz de poder corresponder tus sentimientos.

—Me gustaría conocerlo —agregó la mayor —. Si mi hija lo ama tanto debe ser un gran hombre. No te sientas mal por haber confesado lo que sentías ni por haberlo dejado, cuando esté listo él te buscara y te dará una respuesta.

Poco después se despidió. Tuvo que decirle a Neji que había ingresado oficialmente a Anbu pues sabía que tarde o temprano él lo descubriría y prefería ser ella quien se lo contara. Él quiso acompañarla y protegerla pues temía por el rango de la misión pero al final ella lo convenció de que no era necesario pues ese era su camino ninja.