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Capítulo 12: El valle de los huesos


Itachi no acostumbraba trabajar en equipo, en sus tiempos como Anbu solía trabajar pero no era algo que le molestara. Solo había una persona a la que había aceptado como su compañero en el pasado, a Shisui Uchiha, su mejor amigo y quien había inspirado su camino ninja.

No conocía a Usagi, o al menos eso era lo que él pensaba. El no saber quién estaba bajo la máscara le impedía conocer la respuesta a esa pregunta pero lo prefería de ese modo. Era una barrera entre ambos pero también los acercaba, no podía decir con certeza si ella estaría dispuesta a trabajar con él si conociera su identidad y tampoco deseaba contarle lo que lo llevó a masacrar a su clan.

Tanteo el pergamino en su bolsillo, allí se encontraba escrito el objetivo de la misión. Tenía instrucciones de no abrirla hasta que fuera el momento indicado, y ese ya había llegado. Dejó de correr y con una señal de mano le indicó a Hinata que hiciera lo mismo.

—Nos dirigimos a la aldea Takumi, conocida por ser la más grande productora de armas. Según este pergamino debemos descubrir cuáles fueron los motivos tras la masacre en una fábrica abandonada. Nuestro cliente pidió que se encontrara a los responsables del atentado y que sean asesinados de inmediato, sus motivos no nos fueron revelados.

Hinata llevó una de sus manos a la boca. Asesinar no era nada nuevo para un shinobi pero no era algo a lo que pudiera acostumbrarse, menos si la misión trataba exclusivamente de eso. Su padre se lo había advertido, los Anbus eran diferentes a los otros shinobis y las misiones que realizan, en su mayoría pueden considerarse como políticamente incorrectas.

Itachi notó el cambio en la actitud de su compañera y decidió que era el momento para tomar un descanso. Cuando Hinata le preguntó por el motivo de esa pausa él no dudo en responderle.

—Si no controlas tus emociones resultaras una carga para la misión.

Palabras frías pero necesarias pues si quería formar parte de una organización como Anbu debería dejar atrás su humanidad. Para un shinobi los lazos eran importantes, solían trabajar en equipos y estos la mayoría de veces eran duraderos pero en Anbu era diferente. Al ponerse la máscara ellos se olvidaban su pasado, de sus familiares incluso de su identidad. Itachi tuvo que hacerlo en el momento en que tuvo que cumplir con la misión de exterminar al clan Uchiha.

—Nos vamos en una hora, tenemos una larga misión por delante.

Como era un lugar espacioso y llevaban caminando por varias horas decidieron tomar un refrigerio antes de continuar. Mientras Itachi preparaba el té, Hinata repartía los onigiris que había llevado.

—Que onigiris más curiosos —comentó Itachi al momento que tomaba uno. Tan distraída estaba Hinata que no había notado que toda la comida tenía la forma del rostro de Naruto para luego agregar con tono bromista — ¿Harías algunos de cuervos?

—Sí, Karasu —respondió Hinata haciendo grandes esfuerzos para no tartamudear.

Ambos permanecían callados, el sonido del viento moviendo las ramas era lo único que rompía el silencio. Hinata no estaba acostumbrada a usar una máscara pero comenzaba a acostumbrarse, incluso a sentirse cómoda. Detrás de una máscara se sentía protegida, su identidad era desconocida, como Usagi nadie esperaba nada de ella y no decepcionaría a nadie.

Hinata activó su byakugan verificando que no había nadie en varios kilómetros. Tomaron asiento y decidieron que era el mejor momento para reunir información. Nadie podía saber que ellos eran ninjas y es que a pesar del tiempo muchos continuaban desconfiando de las naciones ninjas, especialmente de los shinobis.

—Será mejor que nuestra entrada pase desapercibida —comentó Itachi después de un largo silencio, no podía olvidarse de su verdadero objetivo —. La situación en la aldea es crítica y podría haber enemigos infiltrados. Tal vez parezca un cliché pero deberíamos hacernos pasar por un matrimonio.

Las mejillas de Hinata se tiñeron de rojo pero la máscara lo cubrió. No se imaginaba comportándose como una esposa amorosa con alguien a quien no conocía si acercarse a Naruto fue tan complicado.

—Tomando en cuenta que tenemos poco tiempo trabajando lo mejor será pretender que tenemos problemas y que el motivo de nuestro viaje es tratar de salvar el matrimonio, eso nos daría una buena excusa para separarnos.

Hinata aceptó y ambos usaron un jutsu para cambiar de apariencia. Ninguno de los dos pudo reconocerse.

Itachi adquirió la apariencia de un hombre alto y un poco robusto. Su cabello largo y negro pasó a ser corto y rosado, supuso que nadie pensaría que un Uchiha tuviera el cabello de ese color, sus ojos adquirieron una tonalidad café.

Hinata dejó su cabello largo pero lo cambió por un rubio, sus ojos adquirieron un tono azul. No fue hasta que llegó a la aldea y pudo verse en un espejo que notó el parecido que tenía con el sexy jutsu de Naruto.

—Antes de entrar a la aldea debemos tener una historia, en caso de que nos pregunten, los aldeanos suelen ser bastante curiosos, en especial cuando se trata de visitantes.

—No tenemos muchas maletas, podemos decir que nos han asaltado.

—Y que no nos permitirán divorciarnos si no pasamos unas vacaciones juntos. Somos una pareja de civiles que se casaron por asuntos comerciales y que no se conocen realmente.

—Si continuamos de este modo tendremos nuestra segunda misión exitosa. Tal vez sea aburrido pero no extraño los tiempos de guerra.

—Ni yo. Cuando lleguemos a la aldea seré Furukawa Taichi.

—Y yo Furukawa Hinako, Tachikawa de soltera.

No estaban lejos por lo que llegaron en el mismo día. Fue inevitable que llamaran la atención, no estaban acostumbrados a los turistas y desde el incidente en la fábrica abandonada estaban más paranoicos de lo usual.

—Disculpen ¿saben si hay un hotel cerca? —le preguntó Hinata tímidamente a un par de aldeanos, un matrimonio de avanzada edad, para luego agregar —. Nos robaron las maletas y mi tonto esposo se niega a preguntar.

Itachi fingió molestarse por el comentario de su "esposa" pero no dijo nada, debían mantener la imagen de una pareja disfuncional.

—Hay un hotel cerca, cien metros al este pero no les recomiendo ir, hay fantasmas cerca, los muertos están regresando a la vida, el apocalipsis está cerca —respondió la mujer del grupo.

—Me conformo si hay un bar cerca, por los fantasmas, pueden llevarse a mi esposa, así me evitaría muchos problemas.

—Esa no es manera de tratar a una dama — le regañó la mujer mientras tomaba las manos de ambos y las unía—. Más si eres su esposo.

—Pronto no lo seremos, estamos en proceso de divorcio —respondió Itachi separando sus manos al instante, más por las apariencias que porque le molestara.

—Todavía son jóvenes ¿no creen que el divorcio es algo acelerado?

—Nunca planeamos casarnos, fueron nuestros padres y ahora estamos en un viaje para ver si esto puede continuar —agregó Itachi.

—Les deseo suerte y que triunfe el amor. Pero en serio, tengan cuidado. Cosas extrañas suceden en una aldea en especial dentro de la fábrica abandonada.

—Deberían hacer lo mismo que nosotros y marcharse cuanto antes —agregó el hombre —. Si continúan solo encontraran problemas.

Aquel grupo continuó con su camino como si nunca los hubieran encontrado. Fue una conversación corto pero ambos sabían que habían conseguido valiosa información. El Hokage no les había hablado sobre qué robaron de la fábrica abandonada pero sabían que en ese lugar se encontraron la mayor cantidad de cadáveres. Para Itachi el escuchar sobre ese lugar aumentaba las sospechas que tenía de ese lugar. Esa aldea era conocida por sus armas ¿Qué podía tener ese lugar que justificara tantas muertes?

—Deberíamos ir al hotel, allí podremos encontrar más información sobre ese incidente.

Itachi no dijo ninguna palabra pero asintió con la cabeza. Ambos se pusieron en marcha, no demoraron en llegar. Había pocos inquilinos por lo que no les costó conseguir una habitación doble para ellos, al ser una pareja en proceso de divorcio no les hicieron demasiadas preguntas.

Ambos se ubicaron en sus piezas y se dirigieron al bar. Ninguno de los dos tomaba sake pero sabían que este era el lugar perfecto para reunir información. Las personas ebrias solían hablar de más y por lo general no tenían ningún tipo de cuidado con lo que decían.

Cuando Itachi entró a la cantina fue recibido por una botella de vidrio que, de no haber sido por sus reflejos hubiera chocado contra su rostro. Sabía que esa aldea había sido afectada por la guerra y que las cantinas solían ser lugares conflictivos pero ese lugar superaba sus expectativas.

A lo largo de su vida Itachi se había arrepentido de pocas cosas, una de ellas el no haber incluido a su hermano en la situación de su clan pues tenía la certeza de que Sasuke podría haber hecho la diferencia y la segunda, quizás era haber escogido el que ambos actuaran como una pareja en proceso de divorcio, o tal vez el que Usagi lo acompañara a una cantina pues uno de los clientes acosaba a la que supuestamente era su esposa.

Sin embargo no dudo en defenderla. Sabía que su compañera era fuerte, la había visto mostrar sus habilidades de combate pero en ese momento ninguno podía demostrar que era un shinobi. Tomó al hombre del cuello, estaba tan ebrio que no necesitó emplear demasiada fuerza.

La misión era lo primero, eso lo tenían claro a pesar de que las circunstancias de la misma no estuvieran claras pero Itachi también se había propuesto cuidar de su compañera incluso desde antes de que comenzaran a trabajar juntos y si estaba a su alcance lo haría ¿Qué tenía de extraño que un hombre, a pesar de tener sus diferencias con su esposa, se moleste si alguien más intenta coquetearle? Pero de no ser así ¿habría actuado del mismo modo?

—Espero que lo ocurrido no les haya causado una mala impresión —les dijo el cantinero mientras les servía dos vasos de sake —. Cortesía de la casa.

—Deberían irse ahora que tienen tiempo—les dijo un hombre que estaba sentado al lado de ellos, no se veía su rostro pues se encontraba detrás de varias botellas vacías de sake, tenía el aspecto desalineado y la apariencia de un vagabundo —. Pero si insisten en quedarse no deberían acercarse a la fábrica abandonada, ese lugar se ha convertido en un valle de huesos.

—No le hagan caso a ese viejo loco, lleva días diciendo que el final está cerca y que todo desaparecerá.

—Todo es culpa de los muertos vivientes —continuó hablando el hombre, pero esta vez gritaba y su rostro era visible, sus ojos estaban enmarcados por ojeras y en su rostro había una profunda cicatriz—. Alguien ha alterado el orden natural de las cosas, los que murieron no debieron regresar y por su culpa este mundo será el valle de los huesos.

Itachi tomó el Sake que le habían ofrecido y se lo tomó de un trago. Desde que llegaron a la aldea era la segunda vez que hablaban de los resucitados. Muchos regresaron a la vida y por lo que veía no todos lo tomaron bien pero era difícil relacionar este hecho con la destrucción de la fábrica abandonada.

—¿Pasa algo con la señorita? —preguntó el cantinero —. No ha tomado sake.

—No es nada —se apresuró a responder Hinata y se tomó el Sake de un solo trago. Su rostro adquirió una tonalidad rojiza producto del alcohol, a diferencia de Itachi su resistencia no era precisamente alta pero eso no le impidió tomar más. Era la única manera de que no sospecharan.

Pasaron varios minutos en los que nadie dijo nada. Incluso el hombre al lado de ellos permanecía callado, tomando botella tras botella. Itachi sospechaba que la única razón por la que lo dejaban estar ahí era por las grandes cantidades de alcohol que había consumido.

—Esto de la fábrica me parece interesante —comentó Hinata de manera torpe por el alcohol —. Y si la visitamos mañana.

—No debería hacerlo, bella mujer —respondió el hombre —. Porque ellos lo sabrán y la asesinaran como lo hicieron con esos niños que solo buscaban un lugar donde divertirse.

—¿Niños? —preguntó Hinata sin disimular lo mucho que esa noticia le afectaba.

—Intenté detenerlos pero no pude. Esos pequeños solo encontraron un lugar para jugar después de clases pero dijeron que era el precio a pagar por la salvación de este mundo. Los verdaderos culpables de todo son esos muertos vivientes, ellos han hecho de esta aldea un valle de huesos.

No pudieron conseguir más información pues el hombre cayó en un coma etílico. Era el momento de regresar al hotel pero había un inconveniente: el estado de ebriedad de Hinata. Si para Itachi fue complicado caminar con ella apoyada sobre su hombre eso no se comparaba con lo que sucedería esa noche.