Capítulo 18: Karasu y Usagi
Después de identificarse con los guardas en la entrada de Konoha, Hinata y Karasu se presentaron con los guardias se dirigieron a la oficina del hokage, entregar el informe de la misión se trataba de un asunto de alta prioridad.
—Revisaré el informe, pronto tomaré medidas, mientras tanto pueden tomar unas vacaciones, ya han tenido dos misiones seguidas y merecen descansar.
Al salir de la oficina del hokage se despidieron. Ella se dirigió a su casa y para su sorpresa se encontró con su madre en la entrada. Sabía que estaba viva, la había llevado a su casa cuando la vio en la aldea del Origen pero no esperó que la estuviera esperando.
Hanabi estaba junto a ella, aquello no era extraño, en ocasiones solía hacerlo y ella había enviado una carta poco antes de salir de la aldea Takumi. Aquella la hizo sonreír, ver a su madre viva y la felicidad en el rostro de su hermana la hacía feliz.
Pero el recuerdo de su misión hizo que ese sentimiento se viera opacado. Su madre era una de las resucitadas y temía que se viera involucrada en uno de esos crímenes de odio. Ya los había perdido otra vez y aunque pudiera ser egoísta quería conservarlos.
—Preparé una cena especial —le dijo su madre, en su rostro podía apreciarse una gran sonrisa, la había extrañado tanto —. Esta noche todos cenaremos juntos como una familia.
Hinata no recordaba la última vez que había tenido una cena familiar tan tranquila como la de esa noche. Ella y Hanabi ayudaron a su madre en la preparación de la comida, tenían empleados que podían hacerlo pero su madre insistió en que quería que se tratara de algo especial.
Neji y su padre también estuvieron presentes. A nadie parecía importarle el que quienes murieron se encontraran frente a ellos. No era la primera vez que los muertos volvían a la vida, Hinata supuso que por eso no lo veían tan extraño pero parte de ella sabía que intervenía el hecho de que estaban felices por volver a verlos cuando se creía imposible.
Fue una de las pocas veces en que se comportaron como una familia. Hanabi les contó muchas de sus misiones y sobre las cosas tiernas que encontraron. Ella fue la que más habló. A Hinata le hacía feliz ver a su hermana comportarse de una manera tan cálida, en ocasiones temía que el clan la convirtiera en alguien fría y sin sentimientos.
—Konohamaru es un tonto —se quejó Hanabi —. Cuando no estaba diciendo que sería el Octavo hokage estaba haciendo ese rídiculo jutsu pervertido, espero no tener otra misión con él.
—No deberías ser tan ruda con él —le dijo su madre —. Como compañeros debes apoyarse.
—Konohamaru es demasiado ruidoso y también presume mucho por ser el nieto del tercer hokage, yo nunca ando presumiendo pertenecer a uno de los clanes más antiguos.
A Hinata le hacía feliz sentirse en ese ambiente familiar que por muchos años no se sentía en su casa. Hubiera querido contarles de sus misiones, hacer sentir a su madre orgullosa y mostrarle a Neji que había podido protegerse sola pero no podía, al ser Anbu sus misiones debían ser absolutamente confidenciales. Había hecho cosas de las que no estaba orgullosa y sabía que tendría que hacer algunas peores por el bien de su aldea y de su familia.
Neji, Hiashi y Hizashi permanecieron callados pero a pesar de la seriedad que mostraron Hinata sabía que se estaban divirtiendo pues en ocasiones los atrapaba riéndose. Su madre era diferente, la cálida sonrisa en su rostro no desapareció y aunque pocas veces hablaba se notaba en su rostro lo mucho que disfrutaba el estar allí.
Un pensamiento triste acudió a su mente acabando con la calma que sentía al estar allí. El recuerdo de su misión seguía en ella. Junto a Karasu había descubierto una conspiración. Sabía que existía la posibilidad de que estuviera exagerando, que lo hubieran detenido todo y que no había nada de qué preocuparse pero sabía que también existía la posibilidad de que se tratara de algo grave y que los resucitados podrían pagar el que ellos no hicieran nada.
Intentó alejar esos pensamientos, le habían entregado el informe al hokage y aunque su deber no había terminado se repetía que el preocuparse no serviría de nada. Debería pensar en frío lo que haría a continuación o hablar con Karasu. En ese poco tiempo su compañero de misión se había convertido en una persona importante para ella, sentía que lo necesitaba.
Decidió enfocarse en su familia. Hanabi continúa hablando, ella era más extrovertida pero en esa ocasión notó algo diferente, le alegraba verla tan feliz.
Itachi se encontraba lavando los platos después de la cena. Ese día su madre le había preparado una cena especial para celebrar el éxito de su misión. Ver sus platillos favoritos fue le causó felicidad pero ese sentimiento no se comparaba con tener a su familia cerca. Lo habían tomado por sorpresa y aunque no le gustaban las fiestas disfrutaba el poder estar con su familia.
Shisui también se encontraba en ese lugar. Cuando la situación de los Uchiha se pusieron tensas pocas veces podían verse juntos, ninguno de los dos quería arriesgar la misión que tenían, no fue suficiente y fracasaron mas debían aprovechar la segunda oportunidad que tuvieron.
Lo primero que hizo al llegar a su casa fue enviar un mensaje a Yahiko. Intentó ayudar a su madre con los preparativos de la cena pero ella se negó alegando que era el homenajeado. A él no le gustaban las fiestas pero mentiría si negara el que disfrutaba pasar tiempo con su familia sin tener que preocuparse por el peso de cargar con el futuro de Konoha.
Si bien no había tratado con Yahiko antes sentía que podía confiar en él pues Nagato lo hacía y él confiaba en quien fue su compañero cuando fueron revividos por el edo tensei. Como resucitados y como Akatsukis consideraba que ellos eran los más apropiados para cumplir con esa misión.
También le escribió al hokage, fue la primera de sus cartas pues necesitaba de su aprobación antes de actuar. Confiaba plenamente en Akatsuki pues recordaba la confianza que Nagato había depositado en Naruto, todos ellos estaban involucrados y deseaban la paz, algunos más que otros, eso no lo podía negar.
A Naruto no le dijo nada. Confiaba en él, sabía lo fuerte que era pero no quería involucrarlo hasta que fuera absolutamente necesario, sabía lo impulsivo que podía ser y eso afectaría una misión que necesitaba de absoluta discreción.
Su madre interrumpió sus pensamientos avisándole que la cena estaba lista. A veces Itachi pensaba que estaba dentro de un genjutsu pues todo lo que había pasado era irreal. Antes de descubrir que una amenaza se estaba formando llegó a creer que todo era perfecto. Tenía su familia y Konoha vivía en paz.
—¿Qué hacías? —le preguntó Mikoto en cuanto se sentó.
—Nada importante —Itachi sabía que las intenciones de su madre eran buenas pero no quería preocuparla. Había aprendido a confiar en el trabajo en equipo pero quería reunir más información antes de actuar.
—¿Cuando dices nada importante te refieres a tu compañera?
—Un poco —respondió Itachi mientras tomaba un onigiri, no estaba mintiendo, Usagi estaba relacionada con la misión.
—¿Qué opinas de ella? —preguntó Mikoto curiosa.
—Es una gran kunoichi aunque algo insegura.
—Solo eso —respondió Mikoto notablemente decepcionada.
—¿Dije algo malo?
—Lo que pasa es que tía Mikoto tenía esperanzas de que te gustara.
Itachi le dedicó una mirada severa a Shisui, esperaba que su madre lo contradijera pero al verla ligeramente nerviosa supo que no sería así.
—Es que siempre has sido muy solitario —se defendió Mikoto.
—A mí hermano no le interesan esas cosas —agregó Sasuke a quien no parecía gustarle el tema.
—No seas celoso —Shisui despeinó el cabello de Sasuke —. Siempre serás el hermano favorito de Itachi, pero no el favorito, ese el papel de su mejor amigo.
Itachi continuó comiendo, tratando de pretender que la conversación no tenía relación alguna con él. Pocas veces pensaba en Usagi, ella solo era su compañera de equipo, o al menos así fue al principio. Solo habían tenido dos misiones juntos pero debía admitir que no le molestaba el seguir siendo su compañero.
—He estado pensando en reabrir la policía de Konoha —habló por primera vez Fugaku logrando que todas las miradas se posaran sobre él —. He estado hablando con el hokage y está de acuerdo, Sasuke, ¿Cuento contigo para restaurar el honor del clan Uchiha?
Itachi notó la mirada ilusionada de su hermano. Sabía que estaba feliz al ser la primera opción de su padre y él también lo estaba.
—Supongo que tendré que renunciar a Akatsuki. No quisiera que pensara que he desistido pero mi prioridad es el clan Uchiha —respondió Sasuke tratando de parecer indiferente.
—Me parece bien. Empezaremos en dos semanas —agregó Fugaku con seriedad —. ¿Crees que es suficiente tiempo para que arregles tus asuntos?
—Me parece razonable.
Itachi quería proteger a su familia. En el pasado había fracasado y tuvo que exterminar a todo su clan para proteger a su aldea. Esperaba no tener que hacerlo, poder salvarlos a todos esa vez. Haría algo diferente, en esa ocasión no cargaría con todo él solo.
Cuando Hinata volvió a ver a Naruto este la invitó a salir. Cuando llegaron a uno de los restaurantes más lujosos de la aldea notó que estaba nervioso. No quería ser irrespetuosa pero consideró necesario revisar su billetera.
Con su byakugan comprobó lo que sospechaba, no llevaba suficiente dinero para pagar una comida para dos en ese lugar. Sugirió que quería ramen, si dependiera de ella le hubiera dicho que no le importaba pagar pero temía ofenderlo.
—¿Cómo te fue en la misión? —le preguntó Naruto mientras esperaban que les sirvieran el ramen que habían pedido.
—Creo que bien —respondió Hinata tratando de no tartamudear —. Karasu es un gran compañero.
—Pero yo soy más genial. ¿Verdad, Hinata? —comentó Naruto con una sonrisa para luego pasar a un tono más serio —. Mamá me dijo que te invitará a comer, le caíste bien.
Teuchi interrumpió la conversación de ambos shinobis. Naruto observó con ilsuión el enorme tazón que llevaba, ilusionado por el ramen pero extrañado al ver solo un tazón.
—Tú primero, Hinata.
—No es necesario —le dijo Teuchi con una sonrisa —. Es nuestro nuevo ramen especial para enamorados.
Aquellas palabras hicieron que Hinata se sonrojara. Compartir un tazón de ramen era algo que le hacía mucha ilusión. Sintió que en cualquier momento se desmayaría pero se dijo que debía ser fuerte, no quería arruinar su momento especial de Naruto.
—Los dejo solo para que disfruten su cita —les dijo Teuchi antes de retirarse provocando una sonrisa nerviosa en Naruto.
—¿Qué somos? —preguntó Hinata después de una larga pausa.
—Supongo que novios —respondió Naruto igual de nervioso, para ambos era algo nuevo lo que estaban sintiendo era algo nuevo para ambos especialmente para él. Antes estaba seguro de amar a Sakura, en ese momento no lo estaba.
Una sensación cálida invadió a Hinata cuando escuchó esas palabras. Sintió sus manos temblar cuando tomó sus palillos. Durante mucho tiempo había admirado a Naruto desde las sombras pero no imaginó que sus sentimientos llegaran a ser correspondidos. Era muy feliz.
Jiraiya también había revivido. Su regreso no pasó desapercibido para nadie pues hizo una gran entrada. Para él fue una sorpresa ver a sus primeros alumnos con vida, el saber que dejaron atrás el odio lo hizo sentir lleno de orgullo. Hinata lo vio cuando fue a la casa de Naruto. El Sannin se encontraba orgulloso de Naruto, varias veces repitió lo feliz que era al verlo convertido en un hombre.
—No molestes a mi niño y a su novia —le regañó Kushina.
—Y yo que creí que moriría virgen —continuó Jiraiya, ignorando las palabras del Habanero Sangriento, demasiado orgulloso para notarlo —. Lee mis libros, Naruto, allí encontraras todo lo que necesitas saber.
—No perviertas a mi hijo —Kushina no gritó, no necesitaba hacerlo para ser aterradora. Todo en ella indicaba peligro.
—Solo bromeaba —respondió Jiraiya quien temía por su integridad física.
—¿Postre? —sugirió Minato logrando calmar el ambiente.
De todos ellos Naruto era el que estaba más feliz. Ya no era el marginado de la aldea ni estaba solo, tenía amigos valiosos, una novia que lo amaba y una segunda oportunidad con su familia Ero senin había vuelto a la vida, muchos lo habían hecho, Naruto quería creer que después de todo el sufrimiento por el que pasó era su turno de ser feliz.
Cuando Kakashi los llamó, Itachi supo que era el momento de actuar. Habían pasado varios días, los había aprovechado para pasar con su familia y pensar en una estrategia a seguir. Saludó a Usagi cortésmente y ella le devolvió el saludo de manera formal. A veces Itachi pensaba que su compañera era una especie de princesa, sus formalidades la delataban. Naruto también estaba, eso lo extraño, él no era Anbu y aunque no era extraño el Anbus trabajaron con ninjas de otro rango decidió esperar por respuestas. Cuando Kakashi habló supo que llegaron a una conclusión parecida.
—No atacaremos —había dicho Kakashi —. Muchos ven a los resucitados como una amenaza, le mostraremos que no es así. Naruto estás a cargo. Viajaras por el mundo y les harás saber que están en un error, Usagi y Karasu se encargaran de protegerte.
—Yo puedo cuidarme solo —comentó Naruto con seguridad —. Soy un gran ninja.
—Y nadie lo duda —respondió el sexto hokage con aburrimiento —, pero esto no es algo que debas hacer solo. Iras como diplomático, no como ninja. No puedes ser imprudente, de fallar podríamos enfrentarnos a la Quinta Guerra Ninja.
Karasu notó como Usagi se estremecía ante aquellas palabras. Nadie quería una guerra, los tres habían tenido que vivir una, habían experimentado la muerte que esta implicaba, no era algo que quisieran repetir. Para ellos la Aldea del Origen implicaba una segunda oportunidad, querían proteger a todos los resucitados.
—¿Cuándo partimos? —gritó Naruto igual de emocionado. No le hacía gracia dejar Konoha cuando había quienes lo esperaban pero su mayor deseo era protegerlos a todos.
—Mañana, será mejor que empecemos cuanto antes. Ya hemos perdido mucho tiempo.
