Capítulo 20: Muérdago

Itachi estaba revisando sus armas cuando Sasuke lo llamó. Lo primero en lo que pensó era que quería entrenar, se lo había pedido muchas veces en los últimos días y todos los días le daba la misma respuesta. A pesar de haber tenido varios días libres no habían podido entrenar juntos, en esa ocasión era Sasuke quien estaba ocupado, su padre y él trabajaban arduamente en la policía. Fugaku estaba determinado a devolverle al clan Uchiha su antigua gloria. A Itachi no le preocupaba que planeara otro golpe de estado, su padre le había dejado en claro que no tenía motivos para volver a intentarlo.

A él le hubiera gustado poder salir y recorrer la aldea como lo haría cualquier civil pero sabía que era algo que no podía hacer con tanta libertad como quisiera. Si bien el haber regresado le daba un voto de confianza no quería que nadie sospechara sobre los motivos para asesinar a todos os Uchiha dejando con vida únicamente a su hermano con vida. A Itachi no le importaba ser visto como un traidor si con ello lograba mantener el honor de su clan intacto, no deseaba que su clan estuviera vinculado con la traición.

—El hokage te envía una carta —le dijo Sasuke mientras le entregaba la carta de la que hablaba —. Hoy tengo el día libre, si no te asignan una misión ¿podemos entrenar?

Itachi asintió con la cabeza mientras tomaba la carta. La abrió al instante, tenía una ligera sospecha de lo que trataba la misma e incluso le extrañaba el que el hokage se hubiera demorado tanto en enviarla. Hubiera querido entrenar junto a Sasuke, pasar algo de tiempo junto a su hermano pero sabía que no era el momento para eso, todavía tenía un deber por cumplir, no podía permitir que por el odio Sasuke nuevamente volviera a estar solo.

—Será para la próxima —le dijo Itachi después de chocar sus dedos contra la frente de su hermano. Le pareció de lo más adorable el puchero que hizo.

—Ya no soy un niño —le dijo Sasuke molesto.

Itachi quiso decirle que para él siempre lo sería pero no quiso hacerlo enojar. Se despidió con un gesto de mano, no quería hacer esperar al Hokage o desperdiciar tiempo valioso para la misión. Él esperaba regresar pronto y poder entrenar con su hermano menor, no quería alejarlo nuevamente de su vida. Itachi sabía que no estaba solo y que no tenía por qué cargar con todo.

Tomó su máscara y se marchó. No tuvo problemas para pasar desapercibido por la aldea, no era ningún novato. Fue el primero en llegar pero Kakashi no le dio ninguna respuesta hasta que Usagi y Naruto se presentaron.

No tuvo que esperar mucho tiempo. Ambos fueron puntuales, Naruto parecía emocionado por tener una nueva misión. Usagi permanecía callada, la máscara ocultaba sus emociones pero Itachi pudo notar que no estaba incómoda por la actitud de Uzumaki debido a sus gestos corporales.

—Saldrán el cuatro de enero para cumplir su misión.

—¿Por qué? —se quejó Naruto —. Estás fechas son ideales para transmitir un mensaje de paz.

—Y también para las celebraciones —continuó hablando Kakashi, no parecía importarle los reclamos de Naruto —. Pocos les prestaran atención, además en algunas aldeas podrían desconfiar de su presencia. Muchos utilizan estos tiempos para infiltrarse. Además es navidad, tienen muchos regalos que entregar.

—No me recuerden eso —comentó Naruto con los ojos llorosos, no había terminado de superar el que Santa Claus no existía y que eran los ninjas quienes entregaban los regalos.

—Será divertido pasar la navidad en familia —comentó Usagi, era la primera vez que hablaba desde que habían llegado.

—¿Te conozco? —le preguntó Naruto mientras que se acercaba a Usagi, estaba a pocos centímetros de su rostro —. Hay algo en ti que me es familiar.

—Es Usagi y junto a Karasu cuidaran de ti —interrumpió Kakashi.

—¿Por qué? —se quejó Naruto, parecía haberse olvidado de la identidad de Usagi —. Yo puedo cuidarme solo.

—No hagas preguntas innecesarias —le interrumpió Kakashi con un gesto de mano, más que molesto se veía aburrido —. Esta misión es de gran importancia y no podemos permitir que tu inmadurez la arruine.

Cuando Naruto dejó de quejarse, Itachi no aceptó que se estuviera rindiendo. Sabía que Uzumaki era impredecible y obstinado por lo que decidió mantenerse alerta. Pero también le dio un voto de confianza pues sabía lo importante que eran para él los lazos, que podría morir por proteger a sus seres queridos y que nunca rompería una promesa.


Ese año en el clan Hyuuga se organizó una gran fiesta. Neji le había dicho que sospechaba que se trataba de algún plan del Consejo para hacer ver al clan como uno de los más grandes y poderosos de la aldea. Hinata sospechaba que era cierto, incluso había escuchado a algunos ancianos quejarse por el regreso de los Uchiha, pero no era algo que le importara. Podría pasar esa fecha tan especial junto a Naruto, sus familiares más cercanos y sus compañeros de equipo. Mirai también estaría presente, sería la primera navidad para la hija de Kurenai.

Todos en el clan trabajaron arduamente por hacer de aquella una velada inolvidable. Hanabi hizo varias bromas acerca de lo ansiosos por ser el centro de la atención o quejarse sobre el incómodo vestido que ambas tuvieron que utilizar por mandato del Consejo. Ella invitó a sus compañeros de la Academia, aquellos que la acompañaron durante la guerra. La invitación era abierta por lo que todos ellos llevaron a sus familiares más cercanos. Su madre había dicho que no recordaba una fiesta tan grande como la que estaban organizando aunque su boda se le acercaba mucho.

Hinata le pidió a su madre que le mostrara las fotografías que se tomaron durante ese evento. Las había visto en muchas ocasiones pero quería que su madre compartiera con ella esos momentos. En cuanto Hanabi supo lo que están haciendo no demoró en unirse. A la menor de las hermanas le causaba mucha emoción poder compartir esos momentos junto a su madre, antes de que regresara fue poco el tiempo que compartieron y las memorias que tenían eran borrosas.

Para atender a todos los invitados Hiashi ordenó poner un bufete. Se sirvió una gran cantidad de bocadillos y de platillos, desde los más finos hasta los más tradicionales, incluso había ramen para alegría de Naruto y de Kushina. Hinata se había encargado de ese detalle, ella y Hanabi fueron las encargadas de elegir el menú.

Hinata permaneció cerca de la entrada pero tratando de no interactuar mucho con los invitados. A pesar de los años seguía manteniendo su timidez por lo que solo hablaba con aquellos con los que tenía mayor confianza. Desde su lugar pudo ver a Kurenai acompañada por Asuma y la hija de ambos, Mirai, era tan pequeña.

Asuma fue uno de los últimos en regresar. Hanabi le había contado acerca de unos rumores sobre la aldea del Origen. Era poco lo que se sabía, quizás lo único seguro era que cada uno de los resucitados tenía un motivo para regresar pero muchos dudaban de ello, especialmente quienes consideraban que lo único que hacían era robarles a los vivos. Eran pocos, Hinata lo sabía, pero no podían permitir que ese pensamiento se expandiera, podría ser el inicio de una guerra.

Esa mañana había acompañado a Hanabi a la florería de Ino. Su hermana quería comprarle unas flores a su madre y ella también quería hacer lo mismo. En ese momento se encontró con Asuma, él había ido a comprar unas flores. Cuando supo que planeaba pedirle matrimonio a Kurenai no pudo evitar emocionarse, ella había sido testigo de lo mucho que se amaban y el dolor de Kurenai cuando Asuma no regresó de su última misión.

Cargó a Mirai en cuanto la pequeña le extendió los brazos, era una niña muy adorable. No había podido hacerlo antes pues había estado muy ocupada con sus misiones. Ver a esa pequeña niña sonreír le hizo recordar la razón por la que era una shinobi, no le gustaba pelear, era algo que le desagradaba pero estaba dispuesta a hacerlo si eso era necesario para poder asegurarle un futuro a los niños, para proteger a su aldea.

Shino, Kiba y Akamaru llegaron juntos y con un ligero retraso. Normalmente los perros no eran permitidos en la mansión y esa no fue la excepción. Kiba había disfrazado a Akamaru, si a alguien lo notó no pareció molestarle, nada le dijo algo o intentó sacarlos de la fiesta.

Cuando Ino llegó lo primero que hizo fue señalar el muérdago que estaba sobre la cabeza de Kurenai. Shikamaru negó con la cabeza y murmuró algo que sonó como "mujer problemática". Chouji no dijo nada, estaba demasiado ocupado con uno de los bocadillos que se le entregan a los invitados. Akimichi había tomado una bandeja entera.

—Es tan romántico —comentó Ino con voz soñadora cuando vio a Asuma y Kurenai compartir un beso bajo el muérdago —. Yo también quiero un beso pero no sé si esté aquí, es muy obsesivo con sus marionetas ¿Hay muchos muérdagos?

—No estoy segura, Hanabi dijo que colocaría algunos pero ninguna nos encargamos de la decoración.

—¿Sabes si son muérdagos especiales o normales?—agregó Ino de manera despreocupada.

—¿Cuál es la diferencia?

—Eres tan ingenua, Hinata. Los muérdagos especiales contienen un sello que impiden a la pareja que atraparon escapar sin besarse, son los más divertidos.

Aquellas palabras hicieron a Hinata sonrojarse. Mentiría si dijera que no había escuchado de esos muérdagos pero no les había prestado atención. Había encontrado a un grupo de civiles cuando se dirigía a la oficina del hokage hablando acerca de esos muérdagos y sus planes para conseguir al menos uno.

En varias ocasiones Hinata estuvo a punto de caer bajo el muérdago con Naruto pero en cada una de esas ocasiones había algo que la hacía cambiar de camino, la mayoría de veces era porque tenía que saludar o hablar con alguien. Era algo que la avergonzaba pero sabía que debía hacer, Hiashi le había dicho que debía comportarse de acuerdo a su posición en el clan.

La llegada del equipo de Neji no pasó desapercibida. Rock Lee y Gai Maito tuvieron una entrada muy llamativa. Ambos con gran energía compartieron sus mejores deseos a los invitados y sus propósitos para el próximo año, aunque eso no era propio de esa fecha. Neji fue el encargado de atenderlos, nadie se lo pidió, era algo que él deseaba hacer. Tenten negó varias veces, notablemente avergonzada.

La llegada de Naruto tampoco. Muchos de los invitados querían algo de la atención de uno de los grandes héroes de la guerra. A pesar de que Hinata hubiera querido pasar más tiempo con Naruto no se quejaba, le causaba orgullo ver que Uzumaki había logrado ser reconocido y admirado. Sus posibilidades para ser Hokage eran muy altas pero sabía que no le darían ese puesto hasta que adquiriera mayor madurez. Naruto era un shinobi muy poderoso pero le faltaba mucho por aprender para poder tomar el liderazgo de una aldea. Su sueño no era imposible, tenía amigos que lo ayudarían a aprender lo que necesitaba y a su padre para guiarlo.

Esa noche Hinata y Hanabi tuvieron su primer misión juntas. Karasu fue el tercer miembro del grupo, ese año fue el primero en que asignaron los equipos al azar. Hinata e Itachi acudieron con sus máscaras, Hanabi no tenía que hacerlo pero quiso hacerlo, incluso consiguió su propia máscara, ella la hizo con muchos motivos navideños.

—No quiero ser la única que no use máscara, me vería extraña —respondió Hanabi cuando le preguntaron por su motivo, en su rostro había una sonrisa que pretendía ser inocente pero que no lograba engañar a su hermana mayor—. Además me veré como una Anbu, será divertido.

Hinata sonrió al ver la felicidad de su hermana. Le emocionaba el poder tener una misión junto a ella y más una en la que no tendrían que temer por su vida. Durante mucho tiempo la diferencia entre clanes las había separado y aunque no sabía lo que le depararía el futuro deseaba aprovechar el tiempo juntas.

Karasu fue el primero en llegar a la misión. Hinata no se sorprendió. Tenía poco trabajando con él pero las misiones que habían tenido juntos le había hecho crear un perfil sobre él. Era un gran shinobi, de eso no tenía duda, no solo era fuerte, era inteligente y con una gran capacidad de liderazgo.

En cuanto el grupo estuvo listo se dirigieron a la bodega para recoger los regalos que repartirían esa noche. Varios shinobis se encontraban esperando que les entregaron los obsequios. Sabían que debían apresurarse pues la misión debía ser finalizada antes del amanecer, cuando los niños despertaran y buscaran los regalos.

No se trataba de una misión complicada pero sí de gran importancia. Su misión consistía en asegurarse de que ningún niño los viera y entregar los regalos a la persona adecuada, de fallar romperían las ilusiones de los pequeños que creían en Santa Claus. Había una razón por la que los equipos eran de tres integrantes, mientras que uno de ellos se encargaba de vigilar que todos los niños estuvieran dormidos, los otros dos se encargaban de dejar el regalo correcto en el lugar adecuado.

Ellos se turnaron sus tareas. Hanabi fue la primera en vigilar a los más pequeños de la casa mientras que Hinata y Karasu se encargaban de entregar los regalos. Las galletas y la leche que les dejaban también se las repartían. Esa era otra de las tareas que tenían, no podían dejar las galletas que los niños les dejaron pues eso los podría deprimir.

En esa ocasión Hinata se encontró con uno de los muérdagos especiales de los que Ino le había hablado. Fue en la última en la lista de casas que le asignaron. Hanabi estaba comiendo las galletas que dejaron los niños mientras que Hinata y Karasu se encargaban de repartir los regalos. En el momento en que planeaban retirase notaron que no podían moverse, bastó una mirada para que ambos comprendieran el motivo, un muérdago que colgaba sobre la cabeza de ambos.

Karasu besó la frente de Hinata, eso bastó para que el muérdago los dejara en libertad y para que ambos conocieran su identidad. Hanabi fue la primera en saberlo, había detectado a un niño despierto por lo que los buscó para hacérselo saber. Quizás de no haber llegado en ese momento la identidad de ambos hubiera continuado como un misterio.

—Creo que llegué en mal momento —comentó Hanabi un tanto divertida por la situación para luego retomar una expresión más seria —, pero debemos irnos, hay un niño en camino.

Ellos se retiraron antes de que el niño bajara a la sala. La misión había terminado por lo que podrían marcharse a su casa y dormir durante el resto del día. Hinata no pudo hacerlo, saber que Itachi Uchiha era su compañero despertó muchos sentimientos en ella. No sabía si era más fuerte el terror que le causaba saber lo que años antes hizo con su clan o admiración por los momentos que compartieron.

Cuando llegaron a la casa, Hanabi fue la primera en ir a dormir. No era la primera vez que se desvelaba pero toda la leche que tomó comenzaba a surgir efecto. Hinata hubiera hecho lo mismo de tener su mente clara.

—Tienes mucha suerte, tu compañero es muy fuerte —le dijo Hanabi antes de irse a dormir —. No sé cuáles fueron los motivos que Itachi Uchiha tuvo para actuar de ese modo pero el que regresara debe significar algo.

Aquellas palabras hicieron sentir a Hinata mejor. Sabía de todos los crímenes por los que Itachi Uchiha fue juzgado y que le dieron un lugar en el libro bingo pero también había trabajado con él durante un tiempo. Karasu fue su compañero y confiaba en él, estaba dispuesta a darle un voto de confianza y a esperar el momento en que quisiera hablar con ella, si es que algún día lo hacía.