Capítulo 21: Vigilando a Naruto
Naruto y sus custodios dejaron la aldea en la noche. Únicamente pudieron despedirse de sus familiares más cercanos. No fue porque la misión era confidencial, ellos preferían mantenerlo en secreto no porque lo consideraran un peligro sino para mantener la calma, cualquier error podría causar revuelo y era mejor mantener la calma. Esperaron a que terminaran las celebraciones y se marcharon dispuestos a proteger a todos los resucitados, esperaban que no llegara a ser necesario el uso de las armas.
Hinata había comprobado por sí misma como las cosas comenzaban a ponerse tensas. Eran muchos los que estaban felices de ver a sus seres queridos pero también lo eran quienes consideraban que los resucitados venían a robarle lo que les pertenecía. Lo había notado, los trabajos comenzaron a escasear y eso los llevó a buscar más soluciones, no todos podían ser shinobis y muchos negocios del mismo tipo los haría quebrar mutuamente.
Konoha comenzó a urbanizarse. En busca de un mejor estilo de vida se crearon nuevos trabajos. Los resucitados tuvieron que inventar nuevas formas para adaptarse a su nueva vida, observar su entorno y buscar necesidades olvidadas o simplemente inventarlas. Tsunade fue la más feliz cuando se abrió un casino en Konoha y fue la primera en acudir. Lo fue aún más después de verlo por primera vez, no solo era por la cantidad de juegos de azar que tenían sino también por las bebidas disponibles. Shizune no disimuló su decepción, en cuanto cruzó la puerta supo que tendría que lidiar muchas veces con su compañera alcoholizada.
El espacio fue un problema que se solucionó con la construcción de departamentos, la mayoría tenía más de veinte pisos. Konoha cambiaba con gran velocidad. Para algunos eso estaba bien, para otros no tanto y por eso dejaron la aldea. Hinata sabía que Naruto desempeñaba un papel importante en mantener la paz. Algunos se habían quejado por el hecho de que le asignaran a Naruto esa tarea tan importante pero ella estaba convencida de que nadie más podría hacerlo. Kakashi les había explicado a los del Consejo la cantidad de personas que encontraron la redención gracias a Naruto y no pudieron seguir quejándose.
Ella tuvo sus dudas cuando la misión inicio. Parte de ella no quería ocultarle a Naruto su identidad pero sabía que no debía hacerlo, tenía órdenes y estaban en una misión. Debían cumplir con lo que le habían pedido, como Anbu no podía permitirse cuestionar a sus superiores. Itachi no era un problema, ignoraba los motivos que lo llevaron a masacrar a su clan pero quería creer que si estaba vivo era por un motivo, los recuerdos que guardaba de sus misiones juntos y lo que vivieron en el pasado la hacían desistir de renunciar a ser su compañera.
Era poco el tiempo que había compartido con Karasu pero fue significativo para ella. Lo había visto pelear, juntos habían investigado y viajado, tuvieron una falsa pelea pero eso no los separó. Hinata llegó a pensar que era divertido el pretender que no se toleraban cuando poco a poco su compañero iba ocupando un lugar en su corazón.
Se preguntó por sus antiguos compañeros del equipo Ocho. Los había visto durante las celebraciones pero era poco lo que pudieron hablar sobre sus vidas. Con tantos cambios la vida en la aldea se había vuelto muy atareada. Pero le hacía feliz ver que ellos estaban bien y que el lazo que los unía seguía existiendo. Ellos habían elegido su propio camino y lo estaban haciendo bien, trabajando duro por sus metas y caminando hacia adelante.
Hinata no le preguntó a Itachi por sus motivos, no había encontrado el momento adecuado para hacerlo y no lo consideró necesario. Parte de ella quería olvidar al hombre que fue considerado un traidor para el mundo shinobi y enfocarse en el ninja que trabajaba junto a ella, el que trabajaba incansablemente por mantener la paz y quien descubrió la conspiración que había iniciado contra los resucitados. Sabía que Itachi era bueno mintiendo, que probablemente eran pocos los que sabían de su regreso pero ella tenía el Byakugan y era poco lo que escapaba a sus ojos.
Los primeros días fueron difíciles, Naruto estaba haciendo bien su parte, se esforzaba por llegar a los corazones de los demás, hacerles ver que, aunque lo que ocurría era extraño y difícil, era una oportunidad para empezar de nuevo pero hacerlo bien, sin guerras, sin odios. Las palabras de Naruto no llegaron a todos, alcanzaron a quienes vieron a sus seres queridos regresar, a quienes deseaban vivir en paz y preferían mantenerse alejado de todos pero no para quienes veían todo eso como algo antinatural, quienes los veían como una amenaza, ladrones que deseaban quitarles lo que les pertenecía. Este último atacó a Naruto.
A pesar de que la presencia de ambos no era del todo necesaria, Hinata sabía que ellos estaban allí para asegurarse de que nadie le tendiera una trampa a Uzumaki, para indicar que estaban allí por un motivo importante e intimidar. A Hinata no le gustaba el usar su puesto para causar miedo pero prefería hacerlo si eso evitaba un conflicto, no quería lastimar a nadie aunque si le daban motivos no dudaría en hacerlo.
Quiso hablar con Itachi, preguntarle si tenía algún plan. Él se veía tan seguro de sí mismo, tan cómodo en esa situación, él era todo lo que debía ser un Anbu y ella… nuevamente se estaba dejando llevar por sus emociones. Sabía que no era el momento para reprocharse por su debilidad pero después de estar horas frente a la puerta de Naruto le era difícil no divagar.
—Analiza el lugar con tu byakugan —le ordenó Itachi.
Hinata obedeció sin hacer preguntas, no necesitaba de respuestas, estaban en una misión y debía confiar en sus camaradas. Detecto varios chakras, nada que debiera preocuparle, estos pertenecían a civiles pero había varios que le preocupaban, no eran tan fuertes como Naruto ni podían compararse con el nivel de Itachi pero eran ninjas fuertes de los que debía desconfiar. Sabía que no era extraño el que hubiera ninjas en ese hotel, era una zona turística por lo que no debía extrañarle el que estuvieran allí, ya sea de vacaciones o, al igual, que ellos, cumpliendo una misión. Le informó a Itachi, estando en la posición que estaba debía desconfiar de todo.
No sabría decir si Itachi estaba de acuerdo con ella, aún sin su máscara le era difícil saber en lo que pensaba, por no decir imposible. Desde que era un niño se había caracterizado por su seriedad y por ser un prodigio, un niño que pensaba como kage y que se hubiera convertido en uno de no haber ocurrido la tragedia del clan Uchiha.
A pesar de que Itachi dijo que podría mantener guardia durante toda la noche, Hinata prefirió hacerlo durante las primeras horas, no quería dejarle todo el trabajo a su compañero. La primera noche fue tranquila únicamente interrumpida por los sonoros ronquidos de Naruto. A Hinata le gustaba escucharlos pues eran la prueba de que Naruto estaba dormido y tranquilo. En varias ocasiones activó su byakugan para asegurarse de que no había nada extraño.
El día siguiente tuvieron más trabajo. El primer discurso no fue planeado. Naruto se paró en uno de los puntos más altos de la aldea y desde allí les habló a todos. Una botella fue lanzada en su contra pero nunca llegó a su destino, un kunai de Itachi hizo que su trayectoria se desviara. No encontraron al o a la responsable, había demasiada gente en el lugar y buscar solo causaría alboroto. El byakugan era una opción pero no muy efectiva, podía analizar a los presentes pero poca era la información que brindaba, cualquiera pudo lanzar la botella y la mayoría de los que caminaban en ese lugar llevaban uno o más.
No hubo más incidentes durante ese discurso. Aquello reforzó la teoría de que se trataba de un civil. Si bien Itachi era un genio del shurikenjutsu no había mostrado del todo sus habilidades, lo que hizo solo bastaría para sorprender a un civil. Hinata pudo ver como la expresión del rostro en muchos de los que estaban cerca cambiaba, algunas se suavizaban otras se endurecían pero estas eran una minoría.
Poco antes del segundo discurso Naruto intentó descubrir la identidad de los Anbus que lo custodiaban. Colocó unas cubetas llenas de pintura sobre la puerta. Itachi no tuvo problemas para descubrirlo, incluso antes de abrir la puerta sabía que había una trampa oculta. Con una rapidez propia de un genio logró evadirla.
Ese fue solo el primer intento, Naruto les mostró porque era conocido como el ninja más impredecible de Konoha. La segunda broma no fue tan elaborada. Les dejó unos panecillos en una habitación aparentemente desocupada. En esa ocasión fue Hinata quien detectó la broma, había activado el byakugan para localizar a Naruto y lo encontró escondido en uno de los armarios.
Ambos pretendieron no haberlo visto. Hinata con dificultad pudo esconder sus deseos por reír y sí lo hizo fue por la máscara que estaba usando. Itachi sacó unos pergaminos de su mochila y comenzó a revisarlo, era la agenda de Naruto y el mapa de la aldea. Entre los dos se encargaron de revisar las posibles rutas de escape, entradas y tuberías, todo lo que pudiera representar una amenaza o una oportunidad para ellos. Después de un periodo no muy largo empezaron a escuchar unos ronquidos, aquella era la señal que esperaban, en ese momento tomaron los pastelillos.
Tuvieron que despertar a Naruto para que cumpliera con su agenda. Lo primero que hizo fue revisar los panecillos y quejarse al descubrir que no estaban. Únicamente se detuvo al saber que se estaba delatando, tenía órdenes de no cuestionar a los Anbus que lo custodiaban y menos interrumpir el trabajo que realizaban.
—¿Qué pasara si alguien los reemplaza? —preguntó Naruto tratando de ser casual —. Si no sé quiénes son podrían engañarme.
Ese era un buen punto y ambos lo sabían. Hinata consideró mostrarle sus ojos, no revelaría su nombre o una clave que solo ellos conocieran pero sabría que era ella pero no fue necesario, Itachi encontró una solución. Él le extendió una pluma a Naruto y le pidió que escribiera lo primero que le pasara por la mente en las palmas de sus manos.
Cuando Hinata vio su palma lo primero en lo que pensó fue en que Naruto la había descubierto. En su palma se encontraba escrito su nombre. Trató de mantenerse inexpresiva, pensando en lo que Itachi haría en su lugar, quería a Naruto pero sabía que gritar como él lo haría no sería la mejor de las opciones.
—Tus ojos me recuerdan los suyos —le dijo Naruto, Hinata se sintió más tranquila.
No volvieron a hablar del tema durante un largo tiempo. Naruto fue buscado por muchas personas que querían conocer su opinión acerca de la situación. Siendo el protagonista de la Cuarta guerra ninja y el héroe al que todos admiraban su palabra tenía mucha importancia para ellos, razón por la que se le encomendó esa tarea.
Al finalizar el discurso Hinata tuvo que repetirse que debía controlarse, que por más que lo deseara no podría felicitar a Naruto. Cuando tenía la máscara era Usagi y a Usagi solo le preocupaba el cumplir con su misión. En momentos como ese odiaba el puesto que tenía, odiaba el sentir que solo era un arma. Como kunoichi tenía un camino ninja que proteger, luchaba para proteger su aldea, a sus seres queridos, como Anbu seguía protegiendo la aldea pero también debía obedecer sin cuestionar nada, hacer las cosas de las que nadie hablaba y nadie quería saber.
El siguiente discurso fue el último que dieron en el lugar y cuando descubrieron a los shinobis que se habían quedado hospedados en el mismo hotel que ellos. No fue difícil hacerlo, estos se presentaron al final, atacaron cuando creyeron tenían la guardia baja sin saber que los estaban esperando.
Naruto se había presentado en uno de los puntos más concurridos del lugar. Había escuchado que en ese lugar servían uno de los mejores ramen de puerco y estaba ansiosa de probarlo junto a Naruto. Recordaba que en una ocasión antes de la guerra se habían encontrado en Ichiraku, ella había tenido una reunión con el clan y Naruto había regresado de un entrenamiento. Ambos pidieron varios tazones para comer, a Hinata le hubiera gustado poder hablar más con Naruto pero Uzumaki tuvo que retirarse antes, en aquellos días estaba determinado a hacerse más fuerte pero lo que lo hizo marcharse fue su estómago, había comido más ramen del que podía digerir. Ese pensamiento la hizo detenerse en su tercer tazón, no estaba llena pero temía que eso le permitiera a Naruto reconocerla.
—No sabía que una señorita pudiera comer tanto —le susurró Itachi en cuanto le cedieron un espacio a Naruto para que hablara.
Hinata no pudo responder, estaba demasiado avergonzada como para pensar en algo coherente. En ese momento agradeció tener una máscara pues, imaginó que sus mejillas debían estar sonrojadas, no estaba equivocada. Bablbuceó varias palabras y se reclamó por su torpeza, más cuando escuchó a Itachi reírse. Sabía que no lo hacía con mala intensión pero le molestaba el ser débil, el que a pesar de los años no hubiera cambiado. También estaba sorprendida, no recordaba haber escuchado a Itachi reír de ese modo. Pequeños momentos como ese reforzaban su decisión de seguir siendo su compañera.
Itachi sabía que no debía sonreír cuando tenía la máscara puesta pero le causaba ternura la actitud de Hinata. Había pasado tanto desde la última vez que la había visto comportarse de ese modo que le hacía sentir nostálgico. Shisui le había dicho que debía ser más relajado, preocuparse menos por ser un shinobi y más por él mismo, que estaban en tiempo de paz y que debía preocuparse más por ser feliz.
Cuando Naruto comenzó a hablar todas las miradas se posaron sobre él. Era imposible que no lo hicieran, él era el héroe de la Cuarta guerra ninja, el hombre que los había salvado a todos. No era tan optimista para esperar que todos los recibieran con los brazos abiertos pero sí confiaba en que Naruto podría hacer un cambio, él le había demostrado que era capaz de grandes hazañas, de llegar a los corazones de quienes lo rechazaron en el pasado.
Durante ese discurso hubo más personas dispuestos a escuchar, había quienes se habían abierto a la posibilidad de un cambio. Sin embargo Itachi notó más problemas que en los anteriores discursos, no todos estaban felices, había una pequeña minoría que estaba más que enojada y que se veían cansados de esperar a que todo fracasara.
Atacaron cuando la gente se marchó y el restaurante cerró. Creyeron poder emboscar a Naruto pero Hinata, quien había activado su byakugan de manera regular, pudo localizarlos e Itachi los hizo caer en un genjutsu. Nada fuerte pero sí lo suficiente para engañarlos. Habiendo tanta gente no era difícil hacerles creer que perdieron a Naruto entre la multitud.
El que Naruto estuviera agotado al finalizar el día no hizo que se detuviera. Antes de dormir cambió la pasta dental de los Anbus por somníferos, nada efectivo porque Itachi la detectó en cuanto percibió su olor. No la había usado en sus misiones pero sí la conocía, muchos de sus compañeros las tenían cerca.
—Deberías descansar —le dijo Itachi —. Tendremos varios días largos por delante y necesitamos que estés preparado para cumplir con tu tarea.
Naruto asintió notablemente avergonzado. Por ese día se limitó a descansar. Itachi sabía que a Uzumaki le importaba cumplir con su deber y que quería salvarlos a todos pero también que no era de los que se rendían y que descubrir sus identidades era uno de sus propósitos. Él no quería que lo cuidaran así que esa era su forma de revelarse.
