Capítulo 22: En Suna


Naruto estaba feliz de poder ver a Gaara, Hinata pudo comprobarlo al ver la enorme sonrisa en su rostro y al escucharlo gritarle saludos al kazekage en cuanto lo vio. También notó que Itachi no bajó la guardia, no había nada en él que lo delatara y con su máscara puesta era difícil, por no decir imposible, saber lo que pasaba por su mente, pero ella lo había visto más relajado y podía hacerse una idea de cuando era un shibobi y cuando era solo Itachi. Varias veces se había sorprendido deseando que fuera Itachi más tiempo, poder conocerlo más, a veces pensaba que de no ocurrir lo del clan Uchiha podrían haber sido amigos, otras que nada hubiera cambiado pero habría tenido la oportunidad de conocer una faceta diferente del mayor de los hermanos Uchiha.

Gaara los recibió acompañado de sus hermanos, Kankuro y Temari, no fue difícil reconocerlos, su capa y cabellos rojizos lo hacían destacar del resto de la gente. El kazekage extendió su mano hasta Uzumaki pero este no la tomó. En su lugar lo rodeó con sus brazos y lo abrazó con efusividad. A Hinata aquello le pareció divertido, Itachi también lo pensó pero a diferencia de su compañera no lo demostró.

—No has cambiado nada —le dijo Kankuro con una sonrisa, Gaara asintió ligeramente sonrojado.

—¿Cómo van las cosas en Suna? —preguntó Naruto mientras revolvía su cabello.

—Relativamente normal, no ha habido muchas quejas por los resucitados aunque dudo que piensen lo mismo si Sasori volviera, su nuevo puesto ha hecho que le quitaran los cargos pero no muchos confían en su redención. Hubo un resucitado asesinado pero después de algunas investigaciones llegamos a la conclusión de que fue para robarles provisiones, estamos trabajando en darles un mejor estilo de vida a los habitantes de Suna pero el hacerlos reflexionar es una tarea que te encargamos a ti.

—Me alegra escuchar eso, nos espera mucho trabajo.

—Mamá te invitó a comer —agregó Temari con una sonrisa —. Dice que quiere conocer al famoso Naruto.

Aquellas palabras provocaron que las mejillas de Gaara se tiñeran de rojo y que Temari se riera con ganas. Nadie comentó nada sobre ello, Hinata no pudo evitar recordar a Hanabi, ella solía hacer ese tipo de comentarios y cómo hacía que incluso los comentarios inocentes pudieran ser malinterpretados. Agradeció el que tuviera la máscara puesta pues consideró inapropiado de su parte reírse y difícilmente pudo contener una sonrisa, lo último que deseaba era que la nostalgia por su familia provocara un conflicto.

—Nosotros nos encargaremos de vigilar el área —le comentó Itachi, esa parecía la primera vez que notaban la presencia de ambos.

—Pueden comunicarse con Hiro —les dijo Gaara con la seriedad propia de un kazekage —. Temari podrá mostrarles el lugar donde trabajaran.

—¿No nos acompañaran? —preguntó Naruto.

—Tenemos mucho por hacer —respondió Itachi —. Aunque no hemos tenido muchos reportes en esta zona es menor no bajar la guardia.


Itachi tomó un onigiri y se lo extendió a Hinata. Él estaba acostumbrado a pasar largos periodos de tiempo sin comer, siendo miembro de una organización criminal varias veces tuvo que retirarse sin terminar su comida y no siempre tenía algo de comer aunque si era sincero eso también ocurría antes de ser un shinobi, recordaba que su madre muchas veces le reclamaba por comer poco, le causaba nostalgia pensar en ello.

—Es suyo —intentó negarse Hinata pero él insistió, necesitaba que su compañera estuviera en óptimas condiciones. Al final ella terminó aceptando, Itachi imaginó que debajo de su máscara había un enorme sonrojo.

—Gracias —fueron las palabras de Hinata antes de tomar el onigiri —. La próxima vez déjeme ser yo quien lo invite —agregó tartamudeando levemente.

—No debería tartamudear —le dijo Itachi con seriedad, aunque esa característica le parecía tierna se veía en la obligación de ayudarla a mejorar en las misiones —, al menos no durante las misiones, un Anbu no debe mostrar sentimientos ni nada que lo haga diferente, un Anbu solo vive para servir a su aldea y cumplir las órdenes o al menos así será hasta que el sistema cambie.

—Naruto me ha enseñado a nunca rendirme, él lo hará y quiero estar a su lado para apoyarlo.

A Itachi no le sorprendía la fe de Hinata en Naruto, era difícil no hacerlo, él había visto a muchos dejar de desconfiar en los resucitados, creer en Naruto a pesar de durante un tiempo más que ser considerado el portador del Kyubi era visto como el demonio que albergaba en su interior. Él mismo confiaba en Naruto, desde que se enfrentó a él supo que si alguien podía salvar a Sasuke era precisamente él, al final resultó tener razón.

Hasta ese momento todo había salido bien en Suna. La gente se había mostrado más dispuesta a escuchar que en otros lugares, Itachi supuso que de seguir así podrían retirarse antes pero lo descartó al considerar que eso podría ser tomado como una ofensa para la aldea. La situación cambió al día siguiente durante el último discurso de Naruto.

—¿Por qué deberíamos aceptar a los resucitados? —escucharon una voz desde el público.

La gente comenzó a moverse para darle paso a la persona que había hablado. No era la primera vez que alguien cuestionaba a Naruto pero sí que lo ponía en aprietos. Cada vez que Uzumaki hablaba lo hacía con el corazón, él compartía experiencias vividas y sentimientos pero no de razones.

Una mujer pasó al frente, su mirada indicaba la determinación de quién no está dispuesto a ceder con facilidad. Itachi llevó sus manos hasta el porta-kunais, no tenía intenciones de usarlo y sabía que de hacerlo solo sería causar más problemas, la gente no se tomaría nada bien el que callaran a una opositora, dependían completamente de Naruto y su capacidad de tocar corazones.

—Es antinatural el que estén en este mundo, murieron, su hora pasó, deberían quedarse tal y como están, su sola existencia es una aberración.

Varias miradas se posaron sobre esa mujer. No era solo lo fuertes de sus palabras sino por el lugar en el que las había dicho. El Kazekage no había dado su opinión respecto al tema pero el que su madre hubiera regresado hacia menos difícil el deducir lo que pensaba. Otros parecían estar de acuerdo con ella, no dijeron nada pero la forma en que miraban a Naruto lo decía todo, ellos solo estaban esperando a que alguien los representara.

—Ellos no son diferentes, son amigos, conocidos, familiares, personas que tuvieron una segunda oportunidad y que están aquí con nosotros, es lo único que importa.

—He estado asistiendo a varios de sus discursos y he escuchado todo lo que tiene que decir pero nada de esto me convence. Mi padre, Shire Tokashiki, intentó hacer la diferencia, organizó un grupo para detenerlos y creí que estaba equivocado. Lo culparon por la muerte de un grupo de niños pero no fue así, él sabría lo que estaba por pasar, todas las desgracias que ocurrirían. Ayer fui al supermercado, buscaba pan y leche pero solo pude comprar pan. Quizás piensen que exagero pero no quiero que esto llegue a mayores, la comida a comenzado a escasear, hoy fue la leche pero mañana serán los huevos y luego no habrá suficiente arroz para todos, los resucitados morirán y nosotros también. El amor no se puede comer y eso incluso alguien tan estúpido como tú podría saberlo.

—Es cierto —respondió Naruto con la mirada baja y si Itachi no lo conociera habría creído que se había rendido —. Pero expulsarlos o asesinarlos no cambiaría las cosas ni nos haría mejores, ya murieron inocentes, continuar con esto no serviría de nada, ellos regresaron solo nos queda buscar nuevas alternativas.

—Lo dices como si fuera sencillo. Es difícil conseguir un trabajo, controlar a los delincuentes con la población y hay más ninjas que misiones.

—En Konoha estamos usando edificios muy altos, varias familias viven en uno y cuando se necesita espacio construyen más pisos, no hay mucha diferencia con los trabajos pero han buscado nuevas formas y puesto sus propios negocios. Suna también puede buscar sus propios métodos, han hecho muchas cosas y pueden hacer más.

Varias personas aplaudieron pero Itachi no bajó la guardia. Naruto había logrado conquistar los corazones de la gente pero dependía principalmente de Gaara el que no se desanimaran y no sería sencillo pues muchos de los puntos que había expuesto la hija de Shire Tokashiki no estaban tan alejados de la realidad. También notó que esa mujer se alejó despacio, aquello lejos de tranquilizarlo le hizo suponer que planeaba algo y es que el que le preguntara en ese momento no le parecía coincidencia.

No era solo el hecho de que hasta ese día habían tenido tranquilidad durante sus reuniones o el que alguien le hiciera frente a Naruto de una forma tan directa, eran la suma de pequeñas detalles, los incidentes que aunque no pasaron a mayores parecían ser una forma de observarlos. Durante el primer enfrentamiento que tuvieron contra ellos pudo ver que eran peligrosos y que estaban dispuestos a todo con tal de lograr sus objetivos.

Naruto no parecía notarlo y él no hizo el intento por hacerlo cambiar de opinión. El protegerlo era su trabajo y el de Hinata. Además consideraba innecesario el que Naruto estuviera alerta cuando su principal tarea era ser mediador. Todavía quedaba mucho que recorrer, aún si lo de la conspiración no era cierto la cantidad de resucitados aumentaba y con ello el disgusto general.


No deberían revelarle su verdadera identidad a Naruto, eso Hinata lo sabía. Cuando tenía la máscara puesta ella era Usagi pero a veces le era difícil olvidarse de que era Hinata. Varias veces se descubría queriendo hablar con Naruto o Itachi con naturalidad y en todas ellas debía repetirse que tenía un deber que cumplir. Debía estar orgullosa del puesto que tenía pero había veces en que no estaba segura del mismo, Anbu parecía ser un mundo tan diferente al suyo y ajeno a lo que era su camino ninja. Incluso había considerado renunciar antes de que tuviera una de esas misiones que no podían nombrarse en voz alta y de las que difícilmente podría sentirse orgullo.

Cuando Itachi le había dicho que le contarían a Naruto sobre su identidad no dudó ni un instante, no solo porque confiaba en el criterio de su compañero sino también porque era algo que deseaba hacer. En los últimos días Naruto no había dejado de intentar descubrir quiénes estaban debajo la máscara aunque había sido mucho más sutil en sus intentos.

Ese día partirían de Suna, Temari había organizado una cena para despedirlos y ellos planeaban asistir sin su máscara. Solo estarían ellos, Naruto, Temari, Gaara y Kankuro por lo que podrían continuar con el plan sin ninguna preocupación. Itachi le había dicho que todos los posibles escenarios estaban cubiertos y ella sabía que no lo habría dicho de no estar seguro de sus palabras.

—Naruto lo ha hecho muy bien —le comentó mientras guardaba su máscara.

A su lado Itachi preparaba sus armas. Ambos habían compartido habitación durante su estancia, Kankuro había dicho que el estar cerca facilitaría la tarea que estaban cumpliendo y ella lo creía así. Con su byakugan podía abarcar más terreno pero no intercambiar información con Itachi ni establecer los planes a seguir.

—Pero el revelarle nuestros rostros no será un premio, lo de hoy no es un incidente aislado, deberemos tomar medidas, ellos empezaron desde antes.

Hinata asintió, sintiéndose un poco culpable por haberse olvidado de la misión. Mentalmente se repitió que no estaban allí para estrechar lazos y que al usar máscara su individualidad desaparecía para ser reemplazada por la pertenencia a algo más grande. No fue algo que le sorprendió, desde el principio supo que se trataba de algo delicado.