Capítulo 26: Tiempo de decir adios


A Naruto no le gustaba el tener guardaespaldas pero el que fueran Itachi y Hinata lo hacían más llevadero. Nadie le había dicho que cambiarían a sus guardas, Naruto sabía que ellos suponían que ignoraba la identidad de sus custodios, pero él lo supo desde el primer momento en que ellos le hablaron. Consideró el pedir que le devolvieran a los otros anbus pero cambió de opinión al saber que un desliz le ocasionaría problemas a Itachi y a Hinata.

Se quejó, trató de evitar hacerles saber que estaba enterado del cambio. Repitió lo innecesario que era el que cuidaran de él y nuevamente los resultados fueron negativos pero en esa ocasión recibió una noticia que lo hizo desistir, Kakashi se había ofrecido a comenzar su entrenamiento para Hokage.

Después de avisarles a sus padres acerca de su siguiente salida ellos le encomedaron salir a comprar algo de ramen a Ichiraku. Kushina le habían dicho que querían tener una cena especial antes de que partiera. Naruto había creído que se trataba de algo pequeño, lo que encontró fue algo diferente.

Cuando regresó a su casa encontró que le habían organizado una fiesta. Sus padres habían reunido a sus amigos más cercanos para que pudieran despedirse de él. Naruto sabía que no se demoraría mucho en regresar pero agradecía el detalle. A pesar de haber estado muy cansado había extrañado a la gente de Konoha.

—¡Buen viaje! —le desearon sus amigos y familiares.

A los primeros que vio fue a sus padres. Era imposible ignorar a Kushina, su voz resaltaba entre toda la gente. Durante mucho tiempo había imaginado cómo sería tener padres, creado miles de teorías hacerca de la identidad de sus padres pero al final la realidad fue mucho mejor. Naruto se consideraba afortunado de ser hijo de Minato y Kushina. Su madre, aunque aterradora cuando se enojaba, podía llegar a ser muy dulce, y su padre, a quien admiraba incluso antes de conocerlo, resultó ser mejor de lo que había imaginado. Los dos se habían esforzado tanto en hacer algo especial para él y lo apreciaba.

Incluso estaba Sasuke. Su rostro mostraba su usual expresión huraña y lo insultó a modo de saludo como acostumbraba hacer. Shisui e Itachi lo acompañaban, este último con la apariencia que había adoptado como su identidad civil. Tuvo que contenerse a sí mismo antes de saludarlo pues estuvo cerca de decir algo que lo pudo delatar.

No era algo que le molestaba. Recibir un abrazo de sus padres le hizo sentir una calidez mayor a la que sintió cuando regresó a Konoha después de su enfrentamiento con Pain. Sabía que tendría que irse y aunque en el pasado una misión como la que tenía lo habría ilusionado en ese momento no le causaba tanta ilusión. Naruto sentía que no tenía nada que demostrar y que después de mucho tiempo finalmente había encontrado un lugar al que pertenecer.

Buscó a Hinata con la mirada, la encontró cerca del fondo. Tomó su rostro con delicadeza y la besó. Sus mejillas se tiñeron de rojo casi al instante, sabía lo tímida que podía llegar a ser Hinata pero era algo que necesitaba hacer. Estaba a punto de hacer un viaje y el resultado era incierto, quería llevarse con él algo para recordar.

Notó que Hinata se veía extraña y eso le resultó extraño. No había podido verla últimamente pues ella había estado realizando misiones con Itachi. La última vez que habían hablado ella incluso se mostró feliz. Cuando le contó lo que ocurría supo que las cosas entre ellos no volverían a ser las mismas y era una pena porque realmente disfrutó el tiempo que compartieron y había aprendido a amarla.

—¿Pasó algo? —le preguntó Naruto en cuanto se separon.

—Una misión complicada —respondió Hinata un tanto decaída —, suongo que debí notar que haría cosas de las que no estaría orgullosa pero me confíe por las misiones hechas.

—¿Qué pasó?

—No puedo decirte —respondió Hinata después de una larga pausa —, quisiera hacerlo pero está prohibido, lo siento, Naruto, he hablado demasiado.

—No, mi culpa —se apresuró en decir Naruto al notar la situación en la que Hinata se encontraba. Quiso preguntarle si tenía el sello que había visto en Sai pero desistió al considerarlo inapropiado. Sakura lo había regañado muchas veces diciendo que hablaba de más.

—No es algo de lo que debas preocuparte… Taichi y yo estamos trabajando para cambiar la organización y hacerla un mejor lugar.

Esa fue la primera vez que ambos hablaron de sus caminos ninja. Naruto había definido el suyo desde pequeño, tenía claro lo que quería hacer y trabajaba en ello. Hinata también pero algunas cosas habían cambiado desde que se unió a Anbu. Junto a Itachi tuvo que lidiar con cosas más complicadas y descubrir hasta que punto la gentileza era un obstáculo para su camino ninja.

Ninguno volvió a hablar del tema. Naruto sabía que Hinata no quería molestarlo con sus problemas y él entendía que ella no podía hablar, después de muchos años siendo amigo de Sai sabía que había cosas que un Anbu no podía contar y que en muchos aspectos formaban parte de un mundo completamente diferente al suyo.

Naruto tomó la mano de Hinata y la llevó hasta la mesa donde se encontraban sus padres. Ellos los recibieron con una sonrisa. A Naruto le causaba gran felicidad ver lo bien que se llevaban Hinata y Kushina. No se lo había dicho a su novia pero antes de presentarla con sus padres había temido que su madre no tuviera la mejor idea de ella, Kushina le había dicho antes de morir que no saliera con una rarita y él la había llamado de ese modo cuando eran niños.

—Creímos que no vendrías —le dijo Kushina en cuanto la vio llegar —. ¿Te han dicho que tienes una habilidad para pasar desapercibida?

Naruto pensaba lo mismo aunque pensaba que eso se debía a que él era muy distraído. Ella había intentado acercarse durante mucho tiempo, dándole su apoyo en varios momentos significativos de su vida pero fue incapaz de verla durante mucho tiempo y no fue hasta que ocurrió lo de la Aldea del Origen que pudo verla como el ser maravilloso que lo había conquistado.

—No podía faltar —agregó Hinata, no había tartamudeado pero sus mejillas delataban esa timidez que probablemente nunca perdería.

—Cualquiera que te viera pensaría que muerdo —agregó Kushina en lo que despeinaba el cabello de Hinata. Naruto conocía a varias personas que de estar en el lugar de su novia hubieran dicho que lo que hacía era peor.

El regreso de Kushina no pasó desapercibido para nadie. Varias veces le insistieron que regresara a ser una ninja activa pero ella consideró que tenía muchos asuntos por resolver. Quienes no la conocieron en vida y cometieron el error de hacerla enojar comprobaron que las leyendas alrededor del Habanero Sangriento no eran suficientes para describir lo peligrosa que podía ser esa mujer.

—No es eso —se apresuró en responder Hinata —, es solo que parecía ocupada.

—¡Eres adorable! —Kushina abrazó a Hinata con fuerza provocando que el rostro de la menor adquiriera un tono tan intenso como el cabello de la mayor.

A veces Naruto tenía la sensación de que si Kushina hubiera tenido una hija le habría gustado que fuera como Hinata. Cuando la vio por primera vez estaba agradecida por el apoyo que había significado para él e incluso tuvo la oportunidad de conocerla mejor, hablar con la Hinata que había adquirido mayor confianza en sí misma.

—Mamá, ahogaras a Hinata.

—Exageras —respondió Kushina pero a pesar de sus palabras liberó a Hinata de su abrazo.


Un suspiro escapó de los labios de Hinata. Faltaba poco para que Naruto partiera en su misión de paz y aunque ninguno de los dos había hablado sobre ello, sabía que pasaría mucho tiempo antes de que pudieran volver a tener una cita o si quiera poder conversar. Hinata no se lo había dicho a Naruto pero antes de su fiesta de despedida había tenido una misión junto a Itachi.

Fue una misión diferente a las anteriores. No tuvo que investigar nada ni siquiera infiltrarse o tener una batalla pero fue la misión más difícil para ella, su disposición a obedecer fue puesta a prueba. Ambos fueron llevados a lo que parecía ser un calabozo, las condiciones eran deplorables y quienes estaban en su interior, tenían los rostros cubiertos por lo que no podía saber si eran hombres o mujeres, estaban atados con gruesas cadenas.

La misión consistía en matarlos.

No le dieron motivos, solo le dijeron que debían asesinarlos. Itachi no parecía alterado, ella sabía que no era la primera vez que le encargaban ese tipo de tareas. No era la primera vez que debía asesinar a un enemigo, incluso como kunoichi había ocasiones en las que era necesario pero en esa ocasión no tenía motivos, solo debía obedecer.

—Es lo que ser Anbu significa —le dijo Itachi en lo que la misión terminó. Hinata lo miró sin decir nada, sabía que no lo había hecho de la mejor manera —, los Anbu somos la raíz de la aldea, los encargados de hacer lo que es necesario para la aldea pero que nadie puede saber.

Hinata sabía que tenía razón. Varias veces se lo habían dicho cuando dijo que formaría parte de Anbu pero el tener una misión como esa le demostró que no estaba tan preparada como había creído. No planeaba retirarse, era parte de su camino ninja y no estaba dispuesta a rendirse, sabía que un cambio era necesario.

—¿Crees que todavía exista un futuro para nosotros?

—No lo sé —respondió con sinceridad —, pasara mucho tiempo antes de que podamos poner en claro nuestras vidas y muchas cosas pueden pasar.

Terminar parecía ser una decisión demasiado drástica pero en ese momento ambos consideraban que era lo correcto. Sus caminos ninja se habían separado de una forma irremediable y las posibilidades de que se volvieran a unir eran muy bajas. La distancia era grande y ninguno de ellos deseaba que arruinara lo que tenían. Era tiempo de decir adiós.

Hinata dudaba que pudiera llegar a amar a alguien de la misma manera en que amaba a Naruto, el estar a su lado había sido memorable y aunque terminar no era algo que le agradaba sentía que era necesario para que los dos pudieran seguir avanzando en su camino ninja. Sabía que volverían a verse y si en ese momento nada había cambiado entre ellos sería para siempre.