Capítulo 31: Negociaciones


Itachi planeaba regresar a Konoha cuando encontró algo inusual, se trataba de un pequeño poblado en medio del desierto. Sabía que no se trataba de Suna, pues resultaba evidente para él que se trataba de una aldea en proceso de formación. La seguridad era inexistente ymuchos edificios estaban sin terminar.

—Será mejor que investiguemos —le dijo a Kisame.

—Para ser alguien que renegó de su aldea, te preocupas mucho por ella, quizás demasiado.

—Es una larga historia —el rostro de Itachi no mostró ninguna emoción ni gesto que pudiera delatarlo —, quizás demasiado larga y que ha sido contada demasiadas veces.

—Contarla una vez más no será ninguna diferencia.

Como respuesta, Kisame solo obtuvo un "hmn". Conocía a Itachi lo suficiente ara saber que no debía seguir insistiendo, pues de hacerlo no obtendría una respuesta diferente. Así había sido mientras formaban un equipo en Akatsuki y dudaba que en algún momento llegara a cambiar. Incluso lo prefería de ese modo, para él era suficiente con cumplir con su misión, los lazos de afecto no le generaban ningún tipo de interés.

—¿En dónde podría encontrar a quien está a cargo? —preguntó Itachi a una joven que pasaba por allí.

—Depende, ¿Cuáles son sus intenciones?

—Venimos en son de paz —respondió Itachi —, notamos que están formando una aldea y les ofrecemos la oportunidad de crear contactos con los otros países.

—En ese caso, síganme.

Siguieron a la joven por varios minutos hasta que llegaron a una pequeña casa. Ninguno de los dos hubiera creído que el líder de la aldea viviera en un lugar tan sencillo y es que, en apariencia, nada lo diferenciaba de las otras viviendas.

—Los encontré en las afueras, dicen que quieren hacer una alianza contigo.

—Gracias, Hotaru.

—Si no me necesita, me retiro. Utakata me está esperando para entrenar.

—En esta aldea tenemos dos líderes, yo soy Dan, uno de ellos. Mi compañero Nawaki está supervisando una construcción; debe estar de regreso cuanto antes por lo que preferiría esperar a que llegue antes de tomar una decisión.

Itachi y Kisame asintieron con un gesto de cabeza. A pesar de que Dan les dijo que Nawaki estaría de regreso pronto, decidieron recorrer el lugar. Más que curiosidad era prevención. Ambos estaban conscientes de que tenían un informe que llenar y que, cualquier paso en falso, podría hacer que esa desviación tuviera terrubles consecuencias.

Vieron varios locales. Carncierías y verdureras que estaban en proceso de construcción, pero que estaban abiertas al público. A nadie parecía molestarle el ruido o las herramientas disperas por el piso, por la forma en que la gente se desplazaba, parecían más que acostumbrados a ese estilo de vida. También resultaba curioso el grado de confianza existente entre sus habitantes.

Itachi se preguntó si ellos habrían sido perseguidos por quienes se oponían a los resucitados. Durante el tiempo que estuvo viajando con Naruto no notó demasiado movimiento, hubo atentados, pero nada que no pudieran controlar. No obstante, eso no era garantía de paz y era ese el motivo por el que la misión de Naruto era tan importante, debían mantenerse las cosas bajo control antes de que el odio fuera tan grande que no pudiese ser controlado.

—La mayoría son shinobis —comentó Kisame notablemente aburrido —, algunos serían oponentes interesantes, pero no tendrían grandes oportunidades de causar una guerra.

A Itachi no le gustaba el sake ni se consideraba especialmente aficionado a las bebidas alcohólicas, pero cuando vio el bar, decidió que debía entrar. Su experiencia como criminal le había mostrado que esos lugares eran importantes sitios de intercambio de información. No solo por el hecho de que los borrachos eran pésimos guardando secretos sino por lo fácil que es pasar desapercibido en los mismos y organizar encuentros aparentemente casuales.

Grande fue su sorpresa cuando se encontró con Hinata. No llevaba su máscara por lo que era poco probable que estuviera realizando una misión para Anbu, algo que podía descartarse si estuviera de incognita. Decidió acercarse a ella, deseoso de hablar con ella, intuyendo que ambos podían ayudarse.

—Soy Taichi ¿me recuerda? —se presentó Itachi, nombre que le habían asignado pese a que fue el mismo qu usó en una de sus primeras misiones con Hinata; ninguno de los dos consideró agregarlo en el reporte.

—Él es Kō, mi compañero — Hinata lo señaló con una mano —. Buscamos a Hyuugas.

Itachi notó la mirada desconfiada de Kō Hyuuga sobre él. Hinata no había tenido problemas en hablarle sobre lo que la había llevado a esa aldea, Kō, aunque no lucía molesto, parecía considerarlo a él como una amenaza, algo que entendería si se hubiera presentado como Itachi Uchiha. Mentalmente se dijo que debería observarlo para asegurarse de que no planeara algo.

—¿Pasa algo? Te noto preocupada.

—Solo para alguien que sepa leerte.

—Asuntos diplomáticos del clan.

Lo primero que hizo Naruto después de que la reunión terminara, fue ir por ramen. Sabía que tenía mucho en lo que pensar, reflexionar sobre lo que se había hablado en la reunión y colaborar en la creación de un nuevo plan, pero toda la información recibida lo tenía agobiado y necesitaba relajarse, despejar su mente, aunque fuera por un rato.

—No puedes salir —le dijo el de la máscara de cerdo, Naruto quiso quejarse, pero lo que le dijo hizo que cambiara de opinión —, tienes visitas.

—¿En serio? ¿Quiénes son? —preguntó Naruto notablemente emocionado.

—Sus padres —al ver a Naruto correr, agregó —. Están en la entrada.

—¡Gacias! —gritó Naruto antes de correr hasta el lugar donde sus padres lo esperaban.

Kushina fue la primera en saludarlo. Corrió hasta él y lo abrazó con fuerza, tanta que Naruto sintió que el aire le faltaba.

—No lo abraces tan fuerte —le dijo Minato al notar la falta de aire en el rostro de su hijo.

—Cierto —se disculpó Kushina, pese a sus palabras, no lucía avergonzada.

—¿Qué los trae por aquí? No me malinterpreten, no es que me moleste que estén aquí, es solo que me preocupa que algo pasara.

—Te extrañamos, eso es todo. Terminamos de instalarnos y decidimos venir a visitarte. Además, leí tus cartas y sé que necesitas de mi ayuda.

—Es sobre Shion. A veces siento que está enojada conmigo, pero me ha acompañado a varias reuniones.

—Recuerdo que escribiste que ese era su deber.

—Es lo que ella dice, es solo que no termino de creerle.

—Tienes tanto que aprender —Kushina acarició el cabello de su hijo —, ella está esperando a que descubras por ti mismo el motivo de su enojo.

Naruto intentó recordar lo que había ocurrido durante su reencuentro con Shion, pero no logró encontrar algo que pudiera responder su pregunta. Intentó recordar lo que ocurrió la primera vez que la vio y las cosas comenzaron a tener sentido.

—Yo le hice una promesa.

—¿Qué promesa?

—Que la ayudaría a pasar su poder a la sacerdotisa de la siguiente generación o algo así —Naruto se río de forma nerviosa cuando terminó de hablar. La forma en que sus padres reaccionaron les recordó a sus compañeros en aquella misión —. Debe pensar que soy un pésimo amigo.

—Naruto, ¿Estas consciente de lo que prometiste?

—No estoy seguro, solo recuerdo que hice esa promesa porque es deber de un amigo ayudar —comentó Naruto con una de sus sonrisas zorrunas.

—Ella lo que necesita es una hija.


Para Hinata e Itachi fue un alivio el que en aquel bar también tuvieran bebidas no alcohólicas y el que hubiera disponible una mesa para cuatro personas. No fue necesario que hicieran preguntas, desde donde estaban podían escuchar a los clientes del bar hablar. El que todos ellos conversaran de temas triviales era una buena señal para Hinata. La mayoría no parecía tener problemas graves ni molestarles el fundar una nueva aldea.

—¿Recuerda el lugar dónde fue nuestra primera misión? —le preguntó Itachi —, está cerrado.

Aquellas palabras tomaron por sorpresa a Hinata. Para muchos el que los muertos regresaran se había convertido en algo cotidiano, incluso para quienes se opusieron a esto. El mundo constantemente trataba de adaptarse a esos regresos y en poco tiempo, grandes cambios se produjeron, pero también muchos problemas y es que, con la sobrepoblación, los recursos comenzaban a escacear.

—Los guardas lo confirmaron —continuó hablando Itachi —. No vi a ningún Hyuuga, pero no los busqué por lo que puede que me equivoqué.

—Gracias, lo tomaré en cuenta.

Hinata supuso que al clan le gustaría escuchar esas noticias. Con ello el que terceros se apoderaran del Byakugan era menos probable, al igual que el hecho de que el sello fuera retomado. Desde antes de la Cuarta Guerra Ninja, el Consejo había aceptado el valor de la rama secundaria, pero Hinata temía que el control sobre la misma no fuera disuelto, especialmente si a los más pequeños se les seguía inculcando el respeto y obediencia hacia los miembros de la rama principal.

—Señorita Hinata — le dijo Kō —, ¿continuamos con la misión? A los ancianos del Consejo no les gusta esperar.

—Supongo que es lo más apropiado —comentó Hinata recordando la última reunión. En esa ocasión se mostraron un tanto impacientes por su partida, tanto que le resultaba extraño el que la enviaran únicamente a ella y a Kō —, pero primero quisiera enviar una carta a mi madre, no quisiera que se preocupara por mí.

—El señor Hiro me dio instrucciones de llevar la misión con la mayor velocidad posible —insistió Kō.

—Solo me tomara unos minutos, además en lo que buscó un pergamino puedo buscar información.

Para Hinata e Itachi no pasó desapercibido el hecho de que Kō parecía aliviado ante esa negativa o que pese a la prisa que decía tener, no insistiera. Itachi incluso sospechó cuando se ofreció a acompañarla a conseguir los materiales que necesitaba, pero no dijo nada, quería esperar a estar seguro.