Capítulo 32: Buscando


En varias ocasiones, Itachi se vio tentado a usar su Sharingan. Algo en Kō le resultaba sospechoso, demasiado quizás. Se notaba que quería proteger a Hinata, pero también que ocultaba algo. Sabía que el clan Hyuuga era severo con sus secretos, varias veces había escuchado a su padre burlarse sobre la forma en que protegían su doujutsu por lo que no le extrañaría que las medidas que Hinata quería impulsar fueran mal vistas por los ancianos del Consejo.

Lo único que lo detuvo fue la falta de pruebas. Sabía que las tendría de ingresar a su mente, pero también que, de estar equivocado, estaría en muchos problemas por lo que prefería esperar a tener algo concreto y confiar en Hinata.

—¿Continuamos con la búsqueda? —le preguntó Kō a Hinata.

—Sí, deberíamos —respondió Hinata para luego dirigirse a Itachi y despedirse —, nos vemos luego. Tratare de escribirte.

—Me recuerda a una compañera que tuve —comentó Kisame tratando de parecer casual —, ella cuidaba un rollo con información valiosa, era linda y amable, demasiado amable para su propio bien. Intentó ser mi amiga, no parecía tener miedo de mí.

—¿Qué pasó con ella? —preguntó Itachi, sospechando lo que su compañero respondería.

—Era débil así que tuve que matarla. Mi prioridad era proteger el rollo y ella era solo un estorbo.

Como respuesta, Itachi murmuró un "hnm". No consideró necesario agregar nada más. Dudaba que algo así pudiera pasarle. La mayoría de las misiones las hacían juntos, podía protegerla. Algo que no consideraba del todo necesario, pues ella le había demostrado que no era débil. Ninguno volvió a hablar hasta que tuvieron que reunirse con los líderes de esa aldea.

Dan los recibió con una sonrisa amable, algo en su gesto le hizo saber que sabía más de lo que aparentaba. Decidió dejarlo pasar, al no percibir hostilidad en él no tenía motivos para alertarse. Le contó sobre la nueva Akatsuki y su función para la Alianza Shinobi, pero habló principalmente de los beneficios que obtendrían si aceptaban las condiciones del tratado que les hizo a los habitantes de la Aldea del Origen.

—En otras palabras, lo que buscan es una seguridad de que no les declararemos la guerra —comentó Dan a modo de respuesta.

—Es una garantía para ambas partes —continuó hablando Itachi —, y también una forma de reconocer su existencia.

—Nos gustaría ir a Konoha para conocer más de este tratado —agregó Nawaki —, queremos hacerles saber que estamos dispuestos a negociar.

Itachi no necesitó que ellos se lo dijeron para saber que la seguridad de la aldea no era el principal motivo. Había algo en sus rostros que los delataban, ambos deseaban regresar a sus aldeas y ver a sus seres queridos. Eso lo consideraba una buena señal, ellos le habían dicho que estaban dispuestos a negociar y no había nada en ellos que les indicara que pudiera indicar que estaba mintiendo.

—Me parece lo más razonable, pueden acompañarme en mi viaje de regreso a la aldea.


Naruto estaba por quedarse dormido cuando escuchó la puerta abrirse de golpe. Lo primero que hizo fue ponerse en pie y crear varios clones de sombra a su alrededor. Cuando vio a Shion, tuvo miedo. Muchas veces había visto a Sakura enojada, la mayoría de las veces siendo el responsable de ello, había visto su ceño fruncirse y sus manos formar un puño antes de golpearlo, siendo más doloroso después de convertirse en aprendiz de Tsunade, pero nunca le había inspirado lo que Shion en ese momento.

—Huir es una buena idea —escuchó a Kurama.

—Ella es una amiga —le respondió.

—Se supone que habían anbus cuidándote, si están aquí, es porque debió matarlos.

—O porque confían en ella.

—Solo mírala y dime que inspira confianza.

Naruto no pudo hacerlo. La forma en que sus manos se cerraban mostrando un puño, sus ojos que parecían arder en llamas, tantas veces había sido mirado con odio que, dudaba, pudiera confundir ese tipo de miradas. Su postura parecía la de alguien listo para atacar en cualquier momento, su mirada fija prometía causarle mucho sufrimiento.

—Naruto —Shion habló despacio, deletreando cada sílaba de su nombre —. ¿Qué hiciste?

—No sabía que ese ramen era tuyo —intentó defenderse.

—¡No hablo de eso!

—Si es por tu jarrón, prometo comprarte otro.

—¡Después hablaremos de eso! ¡Ahora hay otra cosa que me molesta y tú sabes qué es!

—Usa mi chakra —le dijo Kurama —, si sigues hablando, solo la harás enojar y no quiero morir por tu culpa.

—¿Por qué me conseguiste una cita? —Shion no gritó, pero la forma en que hablaba era mucho más escalofriante.

—Por la promesa que te hice. Sé que no debí prometer algo sin saber qué era, pero no quería molestarte.

—Que no se diga que no te lo advertí —se quejó Kurama.

Naruto quiso reclamarle a su amigo por lo que le había dicho, pero no tenía las palabras para hacerlo. El solo ver a Shion en ese estado le indicaba que iba en serio y él no quería lastimarla. Su compañía había sido de mucho apoyo para él y de verdad comenzaba a considerarla como una amiga.

—¿Sabes lo que es que un desconocido te pidaun bebé y que actúe como si te estuviera haciendo un favor? —preguntó Shion mientras más se acercaba a él, no le dejó responder —. ¡Claro que no lo sabes, eres demasiado idiota para ese tipo de cosas!

Contrario a lo que Naruto y Kurama esperaban, no golpeó al rubio. Su puño impactó contra la pared detrás de Uzumaki y por la expresión de la rubia no parecía haberse equivocado. No volvió a intentar levantar su puño y por varios segundos permaneció mirando el suelo.

—Debí haberme dado cuenta antes —continuó hablando, parecía estar hablando consigo misma —, debí haber notado que Naruto no sabe nada de mujeres, pero que es incapaz de romper una promesa. No importa ¡Te libero! Pero a cambio quiero que me hagas otra promesa, prométeme que no volveras a interferir en mi vida amorosa.

Naruto murmuró un "sí" que pareció haber logrado que Shion se calmara un poco. La sacerdotisa dejó su habitación un poco más calmada, pero eso no lo hizo sentirse mejor. Se sentía culpable por no haber podido ayudarla, por no ser sincero con ella y consultarle de sus planes. Se dijo que Shion debía tener razón, pues había terminado con Hinata pese a seguir queriéndola y no la había notado hasta que ella se le declaró.


Cinco días pasaron desde que se había despedido de Itachi y seguía sin encontrar el rastro de ningún Hyuuga. Recorrió la aldea en formación y nadie supo darle respuesta acerca de usuarios del byakugan. Ese día recibió una carta de Naruto y la respuesta no era diferente a lo que ella había descubierto.

—¿Crees que mi mamá, tío Hizashi y Neji fueran los únicos Hyuugas en regresar? —le preguntó a su compañero mientras hacían una pausa para almorzar.

—Es lo más seguro —respondió Kō un tanto pensativo.

—¿Te pasa algo? —preguntó Hinata preocupada —, te notó pensativo.

—No es nada —respondió Kō de manera atropeyada —, debemos enfocarnos en nuestra misión, el Consejo se molestará si no nos apresuramos.

—Lo sé —respondió Hinata preocupada —, no han vuelto a colocar el sello, pero sé que solo necesitan de una excusa para volver a usarlo.

—Eso es gracias a ti y Neji —le dijo Kō, más pensativo de lo usual —, es por eso que la ven como a una amenaza.

—¿Por qué dices eso?

Kōla miró durante algunos segundos, parecía querer decirle algo; no pudo. Se limitó a guardar los utensilios en los que habían comido y continuar con su camino. Esa reacción hizo que las preguntas y dudas de Hinata se multiplicaran. No sabía si estaba siendo paranoíca o si el Consejo se estaba aprovechando de su última sálida.

"Debo darme prisa en regresar y estar atenta", fue el pensamiento de Hinata antes de seguir a su guardián.