Capítulo 33: Cerrando historias
Itachi hizo una pausa para comer dangos. Después de ver el reencuentro entre Dan, Nawaki y Tsunade, tuvo el presentimiento de que las negociaciones terminarían bien. Ellos se demostraron dispuestos a establecer un trato con la Alianza Shinobi. Sabía que debía regresar a la aldea del Origen, pero también que no podía hacerlo hasta que se cumpliera el plazo señalado.
Kisame no quiso acompañarlo, alegando que ese lugar era demasiado ruidoso para él. Itachi admitía que tenía razón, pero ese era precisamente el motivo por el que le gustaba, estaba tan lleno de vida. Kisame no le dio motivos ni le di pistas sobre el lugar al que se dirigía, solo le dijo que estaría de vuelta cuando llegara el momento de retomar la misión. Itachi tenía la sospecha del lugar al que se dirigía. Como no consideraba que fuera algo arriesgado, decidió que podía dejarlo pasar.
—No te esperaba tan pronto —le dijo Shisui, el que no vistiera su uniforme le indicaba que no se encontraba trabajando.
—Hubo un cambio de planes —fue la respuesta de Itachi, no consideraba apropiado. Dudaba que algún antiresucitados estuviera cerca, pero prefería prevenir. Su experiencia como ninja le había demostrado que nunca debía bajar la guardia.
—¿Algo por lo que debería preocuparme?
—Diría que lo contrario.
Shisui se sentó al lado de Itachi y pidió unos dangos. A Itachi le recordaba los tiempos en que solían reunirse para hablar. Tenía que ocultar su identidad, pero era mejor que en el pasado. La situación con los resucitados no era tan conflictiva como lo fue la del clan Uchiha. Después de viajar con Naruto y regresar a la aldea del Origen, podía notar que sí existía una esperanza, que no sería necesario recurrir al asesinato.
Desde el lugar en el que Itachi se encontraba podía ver a todos los clientes del local, pero dudaba que alguno de ellos pudiera verlo. Era algo que le gustaba. Ver a los niños jugando, a las parejas compartir unos dangos, amigos compartir anécdotas. Itachi amaba la paz. Había ocasiones en las que había considerado retirarse. Cambiar sus armas ninjas por herramientas de trabajo e irse a vivir a un pequeño y remoto lugar de la aldea donde pudiera dedicarse a labrar los campos. Sin embargo, el mismo motivo por el que deseaba retirarse era el que lo mantenía trabajando. Quería la paz y por ello consideraba su deber trabajar para mantenerla.
—No me lo tomes a mal, pero muchas veces me he preguntado por qué sigues siendo un ninja —le dijo Shisui.
Itachi no respondió, pero volteó a verlo. Conocía a su amigo lo suficiente para saber que no había malas intenciones en sus palabras y que debía tener un buen motivo para decirlas. Era la primera vez que alguien le insinuaba algo parecido. La mayoría de los que conocían su secreto parecían pensar que retomar sus actividades shinobi había sido lo mejor que pudo hacer.
—Sé que parece extraño —continuó hablando Shisui —, es solo que te conozco, puedes ser uno de los mejores shinobis, pero odias la violencia. La guerra se terminó y, aunque la situación pueda considerarse crítica, no es tan mala. Hay ninjas poderosos, si lo deseas puedes tener esa vida tranquila que sueñas para los niños.
—Supongo que no lo sé.
Itachi se sorprendió al notar el efecto de sus palabras. Shisui se veía sorprendido, por la expresión de su rostro era como si lo desconociera. Sintió deseos de reír y lo hizo. Se sintió un poco extraño, pese al tiempo que había pasado no terminaba de acostumbrarse a tener que controlar todas sus expresiones y el temer que incluso el más pequeño gesto lo delatara. Le parecía tan irónico que, aun ocultando su identidad, se sintiera más libre que durante su primera vida.
—Quizás es porque amo esta aldea y quiero protegerla —agregó.
—Eso suena más propio de ti. Siempre has sido un idealista ¿sabes? Deberías preocuparte más por ser feliz.
—Mi felicidad está en proteger Konoha.
—Itachi —Shisui colocó una mano sobre su hombro —, no te matará pensar en ti mismo, de hecho, deberías hacerlo más seguido.
—Quizás lo haga después, hay muchas cosas que quiero hacer primero.
—Lo sé, Konoha y Sasuke son primero.
Itachi no respondió y Shisui no intentó forzar la conversación. Tampoco regresaron a la casa de inmediato, sino que decidieron quedarse el resto de la tarde, comiendo algunos bocadillos y viendo a los civiles disfrutar de la paz. Itachi esperaba que esta no fuera efímera. Odiaría tener que elegir un bando, especialmente porque traicionaría al otro. Su decisión no cambiaría, desde el principio había tenido en claro a quien le pertenecía su lealtad.
Días después Itachi y Kisame regresaron a la Aldea del Origen. La seguridad seguía siendo estricta, pero no tuvieron problemas para entrar. Las gárgolas tenían instrucciones de dejarlos entrar en cuanto llegaran y eso fue lo que hicieron. Lo primero que Itachi notó es que, en apariencia, la aldea no había cambiado. No notó edificios nuevos ni tampoco edificios destruidos, pero sí en la forma en que los aldeanos se relacionaban, se veía más ordenado.
Lo primero que hicieron fue dirigirse a la oficina de Zabuza. Aunque lo hicieron con paso veloz, Itachi pudo observar lo que ocurría a su alrededor. Vio a niños jugando, adultos trabajando, niños estudiando y parejas disfrutando del día y su compañía. Itachi esperaba que la paz en la aldea no fuera solo una falsa ilusión.
Buscó con la mirada a un Hyuuga, pero no encontró a nadie que poseyera los característicos ojos blancos de ese clan. Tiempo atrás le habían dicho que no regresarían más resucitados y tenía fuertes motivos para creer que era de ese modo. No conocía a nadie que hubiera regresado sin pasar por ese lugar y dudaba que eso fuera posible. Mentalmente se dijo que debía escribirle a Hinata sobre lo que había encontrado en cuanto tuviera la oportunidad.
El pensar en Hinata le hizo recordar la actitud de su compañero. Había algo en él que le resultaba un tanto extraño. No tenía dudas de que quisiera proteger a Hinata, por lo poco que había visto, se le notaba que le tenía cariño, sin embargo, también notó algo más, algo que le pareció culpa. Tomando en cuenta que estaban buscando a otros miembros de su clan y lo que Itachi conocía de este, no consideraba absurdo que fuera el temor a la marca lo que le hiciera experimentar ese tipo de emociones.
—¿Ya tomaron una decisión? —le preguntó Kisame a Zabuza en cuanto lo vio.
—Aceptamos con una condición —respondió Zabuza, no parecía ofendido por las palabras de Kisame —. La Aldea del Origen tendrá independencia completa y será tratada como un país independiente.
—Eso no está en nuestro poder, solo somos mensajeros.
—Supuse que dirían algo así —se quejó Zabuza, parecía un tanto fastidiado con su nuevo estilo de vida —. Enviaré a Haku como representante de la Aldea del Origen.
Naruto se dejó caer contra el escritorio. Ser Hokage no resultó ser lo que había imaginado cuando era niño. No se trataba de algo que lo haría ser respetado, como Itachi le había dicho en el pasado, aquel que era respetado se convertiría en Hokage. Tampoco era divertido, si bien todos los Hokages habían sido shinobis poderosos, la mayoría de sus ocupaciones estaban relacionadas con la diplomática y el papeleo. Su padre le advirtió que como Hokage tendría que estar leyendo muchos documentos, sobre la situación de la aldea, las misiones que entraban y salían, entre otras cosas.
Su determinación no había disminuido. Ser Hokage seguía siendo su sueño, solo que le era inevitable pensar que, de haber sabido lo que sabía en ese momento, probablemente se hubiera buscado otro objetivo, uno que se ajustara más a la idea que se había hecho acerca de lo que era ser Hokage.
Cuando le dijeron que podía tomarse el día libre, creyó que podría recorrer el pueblo o entrenar. Sus planes eran bastante confusos. Eso cambió cuando su padre le preguntó si deseaba empezar su entrenamiento como Hokage. La idea de pasar tiempo junto a su padre, el ídolo de su infancia lo llenaba de emoción.
—Ser Hokage no es solo diversión —le dijo Minato al notar que Naruto tenía varios problemas para permanecer despierto —, es proteger a la aldea desde las sombras y trabajar para que esta sea prospera.
—Entiendo —Naruto restregó sus ojos en un intento por alejar el sueño, no era del todo efectivo. Trabajar tanto tiempo en diplomacia hacía que se sintiera un tanto oxidado.
—Como Hokage debes conocer a todos en la aldea, a tus shinobis y saber qué tipo de misiones asignarle.
Minato calló durante algunos instantes. Parecía estar pensando en algo, suponía, por su expresión, que no debía tratarse de un recuerdo agradable. Había sido Hokage poco tiempo, pero sabía que ese no era un motivo para descartar el que fuera una misión lo que le hiciera sentirse de ese modo. Decidió no hacer ninguna pregunta, Naruto prefirió esperar a que su padre decidiera contárselo.
—También negociar con otras aldeas, aunque no dudo que ya tengas experiencia con esto último. Tu voz se ha recorrido entre muchas aldeas y has inspirado a muchas personas.
Kushina acababa de llegar. Se encontraba apoyada sobre la puerta y en sus manos llevaba una bandeja con tres tazones de ramen y unos vazos con té. Naruto no estaba seguro, pero tenía la certeza de que uno de loz tazones contenía su ramen favorito. Tanto estudio le había abierto el apetito.
—Gracias —respondieron Naruto y Minato al unísono.
Naruto fue el primero en tomar uno de los tazones de ramen. Estaba hambriento, pero no había tenido la oportunidad de buscar algo de comer. Su padre en ningún momento le impidió ir a la cocina, el problema fue la falta de tiempo, demasiados documentos para leer y consejos que escuchar.
—¿Cómo va el estudio? —preguntó Kushina mientras tomaba asiento al lado de su esposo.
—Vamos avanzando, pero todavía nos falta mucho.
Naruto sintió deseos de terminar sus estudios en ese momento. Comenzaba a comprender a Tsunade y sus múltiples escapadas. Konohamaru le había dicho que su abuelo se la pasaba trabajando, pero nunca había pensado realmente ello, consideró que eso era un detalle sin importancia que podría evitar cuando llegara el momento.
—Naruto me recuerda a ti cuando me preparaba para el puesto de Hokage.
—No estoy segura de que eso sea una buena señal Kushina revolvìó el cabello de su hijo de manera afectuosa —, pero confío en ti, eres mi hijo, lo harás bien.
Después de comer, Naruto retomó sus estudios. Durante unos pocos minutos logró concentrarse en el papeleo. Pocos minutos después se quedó dormido. Minato y Kushina no intentaron despertarlo, al contrario. Cargaron a su hijo y lo llevaron hasta su dormitorio. Después de verlo trabajar por tanto tiempo, consideraban que se merecía un descanso.
Al día siguiente, Naruto continuó con su viaje. En cuanto llegó a la aldea vecina, participó del conversatorio que se realizaba en el mismo. Todos los kages y líderes se habían reunido en este lugar para determinar las medidas que se tomarían. Si bien las palabras que Naruto había compartido con el mundo fueron escuchadas, aún persistían algunas dudas y temas que merecían ser tratados.
Grande fue su sorpresa cuando se encontró con Hinata. Ella no parecía haber visitado la aldea para formar parte del conversatorio. Cada vez que la veía podía notar que parecía buscar algo con su mirada. El que tanto ella como Kō activaran su byakugan en varias ocasiones confirmaba sus sospechas.
Se dijo que debía hablar con Hinata en cuanto tuviera una oportunidad. En ningun momento consideró un problema el rompimiento entre ambos o que su exnovia pudiera planear algo. Solo pensó que ella podría necesitar de ayuda y el deseo de conversar con quien consideraba una valiosa amiga. La ocasión se dio durante uno de los recesos que hicieron para comer algo. Notó que Hinata estaba nerviosa, no tanto como lo había estado la primera vez que la vio después de su entrenamiento con Jiraiya fuera de la aldea.
