Capítulo 34: Lo que Kō ocultaba


—¿Has visto a algún Hyuuga?

—No que recuerde.

—¿Has escuchado que los muertos han dejado de regresar?

—Sí.

Hinata no había esperado encontrarse a Naruto durante su misión. No era algo que le molestara, simplemente no lo había considerado. Cuando terminaron creyeron que pasaría mucho tiempo antes de que pudieran volver a verse, ese había sido el motivo de su separación. Hinata se preguntó si las cosas hubieran sido diferentes de haber tomado otras decisiones, en lo qué hubiera ocurrido si ella hubiera renunciado a ser ninja. Se dijo que las cosas hubieran sido diferentes y que sus caminos no se hubieran separado tanto. Mentalmente se reclamó por el rumbo que estaban tomando sus pensamientos, hacerlo no le serviría de nada, incluso podría hacer que abandonara su camino ninja.

—Te escuché hablar —Hinata continuó hablando —, lo estás haciendo bien.

—Eso me han dicho —comentó Naruto con una de sus sonrisas zorrunas —. Aunque admito que en ocasiones puede ser muy aburrido, temo oxidarme.

—Puedo ayudarte con eso —Hinata adoptó la pose de batalla del clan Hyuuga —, sé que no soy la más fuerte, pero espero servirte al menos como calentamiento. No te contengas, estamos en campo abierto.

Hinata fue la primera en atacar haciendo uso del juuken. Naruto lo esquivó, pero ella contraatacó con Juushiwaza. Durante varios minutos atacó de manera consecutiva. Sabía que Naruto era uno de los shinobis más poderosos y que, probablemente Sasuk era el único que podía rivalizar con él, pero quería que la tomara enserio, incluso si era un entrenamiento. Dentro de Hinata seguía latente el deseo de poder alcanzarlo, de ser alguien fuerte y obtener el reconocimiento de su padre.

Naruto esquivó todos sus ataques por lo que decidió usar algo más ofensivo. Las cabezas de unos leones aparecieron en sus manos. Durante unos segundos dudó si debía convinar esa técnica con el Hakke Rokujūyon Shō, pero al ver a Naruto crear un Rasengan decidió ir con todo, de lo contrario sentía que lo estaría ofendiendo.

Los Anbu consideraron que ese entrenamiento era inapropiado para Naruto por lo que decidieron detenerlo. El que insinuaran que Hinata podría ser una enemiga infiltrada no mejoró en nada la situación. Para evitar malos entendidos, decidieron que el entrenamiento debía terminar.

Cuando Hinata se encontró con Kō le hizo saber su deseo de regresar a Konoha. Sabía que podía ser algo apresurado, pero basándose en todo lo que había descubierto, tenía la certeza de que ningún Hyuuga, aparte de los que se encontraban en Konoha, había regresado. La respuesta que obtuvo de su compañero no fue la esperada.

—No podemos regresar todavía, el Consejo espera que regresemos con resultados.

—Lo tenemos. No ha habido nuevos casos de resucitados e incluso si nos estamos perdiendo de algo importante, Naruto nos puede avisar.

Hinata notó algo extraño en la actitud de Kō. No era la primera vez que lo hacía, pero sí que le resultaba tan evidente. Quiso preguntarle por lo que le sucedía, pero no fue necesario que lo hiciera. Después de unos cuantos minutos, Kō decidió contarle lo que ocultaba.

—El Consejo no está de acuerdo con lo que ha hecho. Siente que le han dado demasiados permisos y están dispuestos a retomar el sello. Con la aparición de los resucitados sienten que es la única opción para mantener su poder y el byakugan a salvo.

—Con más razón debemos regresar. No le diré a nadie lo que me has dicho. Fingiré una enfermedad, así no sospecharan nada.

—Siendo tu guardian no tendría otra opción —respondió Kō después de una larga pausa, aunque no se veía del todo convencido se notaba dispuesto a colaborar.

Hinata sabía que sí la tenía. Podría usar esa misma excusa para quedarse más tiempo, por lo que prefirió elegir una enfermedad que le impidiera continuar con su búsqueda, pero que no la obligara a quedarse en la aldea en donde se suponía que la adquirió.

Regresó a la aldea después de despedirse de Naruto, Kushina y Minato. No tenía un plan, pero sí la certeza de que debía regresar cuanto antes. Si el Consejo la quería fuera de la aldea debía ser por un motivo importante. No pudo dormir durante el regreso a casa, cada vez que lo intentaba, imágenes de su madre, su tío, Neji y Hanabi siendo marcados aparecían en su mente. Sabía que también existía la posibilidad de ser marcada, especialmente si se tomaba en cuenta la pésima opinión que tenía el Consejo sobre ella, pero esto último no le preocupaba tanto, prefería cargar con el sello antes de que Hanabi lo hiciera.

No era la única que pasaba por esa situación. Podía notar que Kō estaba preocupado. No sabía si se arrepentía de su decisión o si lo que le preocupaba era la situación del clan Hyuuga. Ambas opciones le parecían igual de terribles. Kō tenía la marca y ella había visto lo que la marca podía hacer. De los dos, era probablemente el que tenía más que perder. Había desobedecido una orden directa y dada la situación no se podía considerar extraño que lo castigaran públicamente para hacerle saber a la rama secundaria lo que pasaría si se rebelaban.

Las horas que pasó desvelada habían marcado su rostro, dándole un aspecto enfermizo que ayudó con su mentira. Pidió permanecer encerrada en su habitación hasta sentirse mejor. Consideró decir que lo que tenía era contagioso, pero lo descartó. Eso evitaría que recibiera visitas inesperadas, pero que también podría ser motivo para que la llevaran al hospital, algo que dificultaría mantener su mentira.

—Será mejor que permanezcas en tu habitación —le dijo Hiro —, no queremos que no se encuentre en condiciones.

El anciano no dijo nada más. Hinata y Kō agradecieron por ello. Mantenerse calmados frente a uno de los Hyuugas más severo había sido difícil. El anciano no parecía tener dudas acerca de lo que ellos le habían dicho y ninguno quería darle motivos para desconfiar. Entre más hablaran, más posibilidad había de que dijeran algo que los comprometiera.

Usar el byakugan estaba prohibido dentro de las instalaciones del clan Hyuuga. Si alguien de la rama secundaria rompía esta regla se arriesgaba a que el sello fuera activado. Hinata decidió arriesgarse, estando encerrada en su habitación era lo único que podía hacer. No podía estar segura, pero sospechaba que las visitas le fueron prohibidas.

No había dicho que lo que tuviera fuera contagioso. Justificaron su regreso diciendo que era una mezcla de cansancio y estrés por lo que solo necesitaba descansar. Sin embargo, la trataban como si fuera de ese modo. Homura, una Hyuuga de una rama secundaria, le dejaba comida, pero nunca se quedaba para hablar con ella, ni siquiera le preguntaba si necesitaba algo. Si Kō no le hubiera hablado de los planes del Consejo se habría sentido culpable, pensando que había hecho algo malo.

No encontró a nadie cerca de su habitación. Las personas a las que pudo localizar en la mansión parecían ocupadas con tareas cotidianas. Si no hubiera localizado a los ancianos del Consejo reunidos hubiera pensado que estaba siendo paranoica. Todo parecía tan normal, tan tranquilo.

Colocó unas almohadas sobre su cama para generar la ilusión de que se encontraba dormida. Sabia que ese truco no funcionaría si alguien deseaba ver más de cerca, pero dudaba que eso llegara a pasar. En los últimos días la habían estado evitando por lo que esperaba que las cosas no cambiaran durante su ausencia.

Nuevamente activó su byakugan. En esa ocasión lo utilizó para buscar una ruta despejada. Ella no era la líder del clan por lo que su poder dentro del mismo era limitado. Aunque dudaba que la situación pudiera mejorar si ocupara ese puesto. La influencia del Consejo era fuerte, su padre, aún siendo el líder no había podido salvar la vida de su hermano. El que Hizashi estuviera dispuesto a sacrificarse tampoco le fue de ayuda. Hinata estaba segura de que si quería salvar a su clan debía recurrir a alguien con el poder suficiente para intervenir.

Ocasionalmente activó su doujutsu, buscando la presencia de un Hyuuga. En cuanto vio a Neji sus planes cambiaron un poco. Lejos de ser un inconveniente, consideraba que eso era lo que necesitaba. Seguía convencida de que debía acudir al Hokage, pero también de que su primo podría ayudarla a que no fuera descubierta tan pronto.

—Debería estar en su habitación —le dijo Neji. Su voz mostraba más preocupación que enojo.

—Estoy bien —Hinata le restó importancia con un gesto de mano —, me he enterado de que el Consejo planea algo y debo hablar con el Hokage para impedirlo.

—¿Crees que funcione? —Neji no se veía del todo convencido. Hinata sospechó que estuviera enterado de los planes del Consejo por lo dispuesto que se veía dispuesto a colaborar.

—Tiene que funcionar, es nuestra única esperanza ¿podrías ayudarme a que nadie note mi ausencia.

Si Neji estaba o no de acuerdo con ese plan, no hizo nada por hacérselo saber. En vez de eso le dijo que estaba dispuesto a hacer lo que ella le había pedido. Hinata no estaba segura de qué era lo que lo impulsaba, pero tenía la certeza de que no era la obediencia que los integrantes de la rama principal les había impuesto.

—Regrese antes del anochecer. El señor Hiro puede ser un anciano, pero no es un viejo decrepito y tiene sus medios para deshacerse de quienes le estorban.

—Lo sé —respondió Hinata, pensando en todos los años en los que Hiro había ejercido su puesto, en el temor que la rama secundaria le tenía a los de la rama principal —, pero es algo que debo hacer. Si todo sale bien, la diferencia entre las ramas desaparecerá, pero si no es así —Hinata hizo una pausa e imaginó las posibles consecuencias de fallar, las formas en que el Consejo podría tomarse una rebelión —, no quiero pensar en lo que pasaría.

Hinata no dejó de usar su byakugan hasta que se encontró en la oficina del Hokage. No fue hasta que llegó a la torre que se reclamó por la apresurada de su llegada. No tenía que entregar ningún reporte y probablemente fuera visto de mal modo el que llegara sin anunciarse. Lo único que la hizo avanzar fue el recuerdo de las palabras de Kō y la última reunión de los ancianos del Consejo. Ella lo había notado, Hiro no estaba nada contento con los cambios que ella y Neji habían implementado.


Notas autora:


Juuken: Puño suave.

Juushiwaza: Patada suave.

Hakke Rokujūyon Shō: Ocho trigamas, sesenta y cuatro palmas.

Gracias por leer.