Capítulo 35: Por el clan Hyuuga


Hinata esperó pacientemente por la respuesta de Kakashi Hatake. Le había expuesto la situación del clan Hyuuga sin omitir ningún detalle, incluso si estos pudieran comprometer la imagen del clan al que pertenecía. Dudaba que mantener las apariencias fuera necesario. Neji había revelado gran parte de dicho conflicto cuando se enfrentaron en las pruebas Chuunin. Hinata estaba convencida de que, entre más supiera Kakashi, era más lo que podría hacer.

—No hay algo que pueda hacer —le dijo el sexto hokage con pesar —. Los clanes tienen cierta autonomía sobre la que no puedo influir.

—Pero usted podría prohibir la imposición del sello.

—Me temo que no tengo ese poder. Desde que los Hyuuga se instalaron en Konoha han contado con la autorización para hacer todo lo necesario para proteger su doujutsu.

Hinata recordó la primera vez que la secuestraron. En aquel entonces solo tenía tres años y su padre había asesinado al captor. Quiso decir que en esa ocasión el clan tuvo que pagar un precio por esa acción, pero luego recordó lo tensa de la situación en esa época y lo que representaba el romper con un tratado de paz. El clan pudo cobrarse la ofensa, pero prefirieron callar por el bien de Konoha.

—Entonces ¿no hay nada que pueda hacer?

—Podría encarcelar a los miembros del Consejo, pero no tengo motivos ni el permiso para intervenir.

Hinata sabía que Kakashi tenía razón. El sello había estado vigente durante muchos años, el retomarlo no haría ninguna diferencia, incluso cuando la rama secundaria se rebelera. Si esto último ocurría era más probable que fueran ellos quienes murieran, el sello no les daría ninguna oportunidad de pelear. Lo único que tenía era la certeza de que algo estaba mal dentro de su clan.

—Lamento haberlo interrumpido —le dijo Hinata, tratando de mostrar una fortaleza que no sentía —. Gracias por su tiempo.

—Descuide, no es nada. Si encuentro algo que pueda servirle, se lo haré saber.

Aunque Hinata sabía que era arriesgado pasar tanto tiempo fuera de la mansión, decidió que no quería regresar. Estuvo vagando por varios minutos hasta que se encontró con Kiba, Akamaru y Shino. Había pasado tanto tiempo desde la última vez en que se habían visto. Dicho reencuentro acabó con los pocos deseos que tenía de regresar.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó Kiba, se notaba sorprendido —, no me lo tomes a mal, ayer nos dijeron que estabas fuera de la aldea cuando fuimos a visitarte.

—Acabo de regresar —respondió Hinata, preguntándose porqué ocultaron su regreso —. Estoy hambrienta ¿vamos por algo de ramen?

—Me parece una buena idea.

Lo primero que hicieron al llegar a Ichiraku fue buscar una mesa desocupada. Como no había demasiada gente, no tuvieron problemas en encontrar un lugar disponible. No tenía hambre, incluso sentía que su estómago estaba cerrado, pero quería pasar algo de tiempo con sus amigos en un lugar donde pudiera sentirse rodeada de buenos recuerdos.

—No te ves bien —le dijo Kiba.

—Es solo que estoy cansada —respondió Hinata.

Había considerado decirles a sus amigos lo que le pasaba, pero decidió no hacerlo. Estando rodeada de tantas personas, el Consejo podría enterarse de lo que ella sabía. Un pensamiento llegó a su mente de repente, la idea de que podría hacer algo si lograba encontrar una forma de remover el sello.

—Te veías perdida en tus pensamientos —continuó hablando Shino —. ¿Hay algo que te preocupe?

—Somos tus amigos, sabes que puedes confiar en nosotros.

—Lo sé —respondió Hinata.

Al decir esas palabras sintió que su apetito regresaba. Hablar con sus amigos le hizo recobrar las esperanzas que perdió después de hablar con Kakashi. Se dijo ue, si el Consejo era el problema, solo debía encontrar la forma de quitarle poder… o reemplazarlos por personas que estuvieran dispuestas a aceptar las diferencias entre los miembros del clan Hyuuga.

—¿Pueden visitarme mañana? —preguntó Hinata mientras trataba de aparentar normalidad —, sé que suena extraño, pero necesito que nadie lo sepa —lo último lo dijo en un susurro.

—¿Qué planeas? —le dijo a Hinata en un tono burlón.

—Nada —respondió Hinata sin poder evitar tartamudear, poco le faltó para desmayarse.

—Solo bromeaba, no tienes que tomártelo tan en serio.

El escuchar esas palabras de Kiba no hizo que Hinata se sintiera mejor. En un intento por deshacerse de sus nervios comenzó a comer ramen. Después de comer cinco tazones se sentía un poco más tranquila.

—Deberías contarnos tu secreto —continuó hablando Kiba —, ni siquiera Chouji o Naruto pueden comar tanto como tú.

Kiba y Shino señalaron las fotografías que se encontraban en la pared de Ichiraku. En ellas se mostraban a los clientes que más tazones de ramen habían comido, siendo Hinata la que tenía el título de la Reina comedora. Muchos habían intentado quitarle ese título, nadie lo había logrado. Algunos decían que solo Hinata podría romper el récord que ella misma impuso.

—Será mejor que me retire, se suponía que debía regresar a la casa en cuanto hubiera regresado a Konoha.

Aunque Hinata tenía intenciones de contarle la verdad a sus amigos, decidió que ese no era el momento apropiado. No quería preocuparlos y sabía que de decir que había escapado tendría que explicar el motivo de su salida, algo que en ese momento no podía hacer. El solo estar en un lugar como Ichiraku ya era exponerse demasiado por lo que era de gran importancia mantener un perfil bajo.

Utilizó su byakugan para encontrar el camino de regreso a su casa. Tomó un pequeño desvío para hacerle saber a Neji de su regreso y agradecerle por su ayuda. Su primo le hizo saber que nada había pasado durante su ausencia. Hinata no sabía si eso era bueno o malo, el que el Consejo pasara tanto tiempo reunido le generaba un mal presentimiento.

—¿Crees que planeen algo?

—Sí. Se han reunido en demasiadas ocasiones y he notado que están deseosos por ponernos el sello.

—¿Sabías que me querían fuera de la aldea?

—No. Ellos son muy reservados con sus asuntos.

Hinata sabía que era cierto. Aún siendo la hija mayor del líder del clan, eran pocas las veces en que era invitada a formar partes de las reuniones del Consejo, incluso antes de que decidieran que era indigna del puesto de heredera. En ese entonces podría asumir que al ser una niña lo consideraban como algo poco apropiado. Había crecido, contaba con la madurez para participar en esas reuniones y su padre había demostrado estar orgulloso de ella, pero no sabía si eso era suficiente para ser admitida en esas reuniones. Su lucha a favor de la rama secundaria podría ser uno de los motivos por los que no la invitaban.

Regresó a su habitación. Trató de descifrar qué era lo que los ancianos del Consejo planeban. Estaba segura de que el que el les ocultaran a sus amigos su regreso debía significar algo, pero no lograba entender cuál era el motivo por el que la querían incomunicada. No recordaba haber sido atacada recientemente por lo que, consideraba, podría descartar un intento de asesinato.

No podía descartar el que quisieran hacer algo en su contra. Neji era un genio, pero el tener el sello lo colocaba en una posición de desventaja. Ese último pensamiento le hizo considerar que el motivo por el que la querían mantener aislada era porque querían marcarla. Si ella perdía el poder con el que contaba sería poco o nada lo que podría hacer para borrar las diferencias entre los Hyuuga.

Entre más lo pensaba, más se convencía de que debía descubrir lo que los miembros del Consejo planeaban. Si no hacía algo, todo lo que se había logrado a favor del clan sería reducido a nada. Incluso existía la posibilidad de que el Consejo estuviera de su lado, algo que dudaba, le resultaba bastante evidente lo mucho que le desagradaban esos cambios.

—Señorita Hinata, la buscan —le dijo Kō.

—En seguida voy —se apresuró en responder, le resultaba extraño que le permitieran una visita.

De todas las posibilidades que llegó a considerar, ninguna se acercaba remotamente a la realidad. Itachi Uchiha la había ido a visitar usando su máscara Anbu.