¡Buenas tardes mis amores! retomo mis fics desde ahora!

Lamento la demora, pero estaba ocupada con la semana de la otp de mi kokoro.

No quiero demorar más! así que les dejo el capitulo.

Perdonen mis errores!

Muuuuchas gracias por sus comentarios, son preciosos.

Disfruten de su lectura!


Rin sabía que al ser amigo de alguien como Haruka, le podría acarrear varios problemas; conocía su naturaleza seductora y como ésta era de gran eficiencia, nunca había visto a un cazador de tal magnitud, incluso la presa más inalcanzable podía conseguirla sin mayor esfuerzo; era capaz de transformar a un feroz león al más pequeño y tímido gatito con unos simples y agraciados movimientos. La verdad es que le daba igual con quien se acostara aquel depredador, pues no era de su incumbencia, pero cuando el juego avanzó a la siguiente etapa, jamás pensó que el nuevo objetivo era su amigo de la infancia. No iba a negar que Makoto tenía una belleza que la misma Afrodita envidiaría, porque hasta un ciego se daría cuenta de ello; pero había un defecto en aquel hermoso muchacho, y era que confiaba en todo el mundo; para Makoto no existían las personas con malas intenciones, su personalidad era prácticamente la de un santo, siendo amable con todo el mundo, muchos buitres se acercaban a él con motivaciones oscuras, por lo que más de una vez había tenido que protegerlo de ellos, no era que fuera sobreprotector con él (tal vez un poco); se trataba simplemente de que Makoto era un lindo idiota, y a los lindos idiotas había que cuidarlos de otros idiotas, que en sí no eran para nada lindos (en muchos sentidos). Por eso, cuando vio a Haruka entrar por la puerta del café, mucho más temprano que de costumbre, la espina que tenía enterrada en su mente le comenzó a molestar; algo le decía que el nadador no estaba ahí sólo para pedir su Expresso y el Muffin, sino que también estaba ahí para acechar a Makoto, y éste haciendo su papel de lindo idiota, lo estaba recibiendo con su preciosa sonrisa, provocando un palpitar en Haruka, refiriéndose con ello, no exactamente al frío corazón del seductor.

— ¡Buenos días Nanase-san! —Con su melodiosa voz que creaba música por sí sola, Makoto saludó al chico que lo miraba con una pequeña sonrisa, esbozada automáticamente sólo para él, aunque ignoraba ese simple hecho— Déjame recordar, era un Muffin de arándanos y un Expresso, ¿Verdad?

—Sí… —Haruka se apoyó en el mesón, quizás para comodidad, quizás para tener algo de cercanía con el adolescente más alto, Rin quien lo miraba desde su lugar, no lo sabía muy bien.

—Bien —Le dio la espalda para dirigirse a la cafetera y preparar el café, ese fue el momento en que aprovechó el pelirrojo para acercarse al muchacho de orbes oceánicos.

— ¿Por qué estás tan temprano aquí? —Preguntó mirándolo de forma sospechosa— ¿Recuerdas lo que te dije?

—Sólo me levanté antes de lo planeado —Contestó encogiéndose de hombros, no le importaba lo que pensara Rin, él no iba a dejar a Makoto simplemente porque se lo pidieran.

—Pues espero que no se te haga costumbre —El nadador de orbes escarlata frunció el ceño sin creerle mucho a su amigo, iba a advertirle que se mantuviera al margen con Makoto, pero un cliente había llegado y tuvo que atenderlo.

Haruka dejó de mirar a Rin para enfocarse en su hermoso ángel, parecía bastante concentrado para preparar un simple café, algo en su estómago revoloteó, le gustaba la idea de que Makoto le preparara especialmente a él; por un instante se imaginó al chico de hebras olivas haciéndole un delicioso café en una mañana después de haber tenido el mejor sexo del mundo, Dios… qué daría para que eso se convirtiera pronto en realidad. El olor a la cafeína lo sacó de sus pensamientos y la mirada de Makoto sobre él lo trastornó directamente a una especie de embelesamiento.

—Aquí tienes —Le entregó una humeante taza junto al Muffin— Espero te guste —Decía mientras cruzaba sus brazos sobre el mesón. Haruka bebió un poco del café, sorprendiéndose del sabor que tenía, era distinto a los que acostumbraba a beber, era concentrado, amargo pero a la vez dulce.

—Esto… Está muy bueno —Dijo de forma sincera, provocando que los hermosos orbes esmeraldas se iluminaran.

— ¿En serio? —Haruka dirigió su mirada al adolescente frente a él; la preciosa sonrisa que le entregaba era como el sol que salía después de una tormenta— Me alegro, le puse un poco de esencia de vainilla

—Te quedó delicioso —Le sonrió levemente, él jamás mostraba una gran sonrisa a nadie, ni siquiera reía, pero con Makoto podía hacer excepciones.

—Gracias, la verdad es que en lo único que soy bueno, es en hacer café —Con cada palabra que pronunciaba Makoto, Haruka se deleitaba con su dulce voz. Su cuello descubierto lo estaba hipnotizando desde hace tiempo, quería deslizar su lengua por aquella piel y ver cómo el hermoso niño se estremecía ante el lujurioso toque— Aprendí cuando vivía solo, siempre me quedaba estudiando hasta tarde, por lo que me preparaba café de distintas formas —En muchas personas con las que se había acostado, la clavícula era una fuente para provocar dulces gemidos, se preguntaba si en Makoto quien mostraba la suya descaradamente, pasaría lo mismo.

—Eres un gran barista —Otro sorbo a su Expresso y comenzó a observar la contextura de su anhelo. Makoto era alto, más que él, pero eso no le incomodaba para nada, era delgado, con una cintura que rogaba por ser rodeada por sus brazos y unas caderas increíbles, que amaría sostener con sus manos a la hora de dar placer.

—No me halagues Nanase-san, sólo llevo dos días trabajando aquí —Y dos días en que no podía sacarlo de su cabeza ni de su libido; sin embargo, había algo que le molestaba de ese dios reencarnado y era la formalidad con que lo trataba.

—Sólo llámame Haru, así yo te diré Makoto —Dijo con suavidad, casi de forma embriagante. Sabía que apenas se conocían, pero no quería que existieran límites ni restricciones entre ellos.

—Ah… No lo sé, no me siento muy cómodo, quiero decir… No nos conocemos del todo y… —Mientras Makoto explicaba de forma dubitativa, Haruka simplemente disfrutó de ver la ansiedad del muchacho— Creo que nos falta confianza…

—Podemos tenerla —Le dio una lenta mordida a su Muffin sin dejar de mirar al chico más alto.

—Sí, pero por el momento prefiero llamarte por el apellido —Makoto ignoraba por completo las ansias del pelinegro por querer devorarlo— Pero si quieres puedes usar mi nombre.

—Lo haré —El nadador prodigio bebió rápidamente lo que le quedaba de su café— Debo irme, nos vemos… Makoto —Tomó su Muffin a medio comer y dejó el dinero sobre el mesón, dirigió su oceánica mirada a Rin quien lo miraba no muy contento, y con una especie de sonrisa arrogante, salió de la cafetería.

Caminando por las transitadas calles de Tokio, Haruka no podía dejar de concentrarse en otra cosa que no fuera Makoto, tendría que saber más de él si quería llevarlo a la cama, al parecer era algo tímido, eso le gustaba, pues lo hacía mucho más encantador de lo que ya era. Un gran suspiro salió de sus labios, nunca había sentido un deseo tan grande por alguien como lo estaba sintiendo ahora; algo le estaba provocando aquel adolescente que lo dejaba totalmente atontado, realmente parecía como si estuviera en época de celo, pues sus hormonas no estaban tan tranquilas como siempre.

Makoto ahogó un bostezo mientras leía uno de los tantos libros que le gustaba, estudiaba pedagogía en literatura y lenguaje, casi todo el tiempo pasaba en la biblioteca leyendo y estudiando, ya que su vida social era muy reducida.

— ¿No tienes que ir a tu estúpido club? —Rin interrumpió la lectura de su amigo, Makoto subió la mirada procesando las palabras del pelirrojo.

— ¡Ah, es cierto! —Se levantó de su asiento y se quitó el delantal que llevaba puesto— Nagisa y Rei me deben estar esperando —Corrió hacia el cuarto dónde los empleados guardaban sus cosas— Nos vemos en casa.

— ¡Makoto espera! —Lo detuvo del brazo, dándole una mirada seria—Si ves a Haruka… No te acerques mucho a él.

— ¿Eh? ¿Por qué? —El adolescente de orbes esmeraldas, miró confundido al de dientes de tiburón.

—Porque no —Contestó de forma agria, soltando su agarra y cruzándose de brazos.

—Pero Nanase-san es muy agradable y…

—Sólo hazme caso —Advirtió sin dejar que acabara de hablar. Makoto no entendía el por qué Rin no quería que se acercara a Haruka, pero no iba a impacientarlo más, por lo que sólo asintió en silencio.

Rin se quedó tranquilo con la respuesta que le dio su amigo de la infancia, pero no sabía que una de las causas de muerte de un gato, era la curiosidad. Para el precioso chico de hebras olivas, Haruka le llamaba mucho la atención, era alguien bastante misterioso y le gustaría saber más, pues podrían ser buenos amigos. Como iba tarde, corrió hasta la estación donde tomaba el tren para ir a la universidad, la cafetería quedaba a sólo dos estaciones, por lo que el viaje no era tan largo. La universidad de Tokio era gigante, y siendo su segundo año en ella, no la conocía del todo, cosa que podría ser algo decepcionante, pero él era un chico que no era para nada popular, que se sabía el recorrido de los salones de clases y el de la biblioteca sólo porque los usaba diariamente, también conocía la piscina, ya que a veces debía buscar a Rin para pedirle las llaves del departamento porque se ha olvidado de las suyas, de otra forma no se acercaría a aquel lugar, no le gustaba el agua, le aterraba el sólo pensar en sumergirse en ella, desde pequeño le temía; Rin varias veces había intentado ayudarlo y superar su miedo, pero nunca funcionó, siempre terminaba aferrado a él, temblando al igual que un gato miedoso, como solía decirle; él lo admitía también, después de todo se asustaba con la más ínfima cosa, a veces el pelirrojo disfrutaba de asustarlo, en especial cuando lo "obligaba" a ver películas de terror con él, aunque a veces le "salía el tiro por la culata", ya que después de verla, tendría que compartir la cama con él, algo que a Rin no le agradaba pero lo terminaba haciendo igual. No podía evitar la sonrisa que se le escapaba cada vez que pensaba en su amigo, no tenían muchas cosas en común, pero tenían una gran empatía, se podría decir que su relación más que de amigos, sería la de padre e hijo, porque Rin realmente actuaba como un padre, no como el suyo, pues el adolescente era mucho más arisco y le restringía más cosas al ser sobreprotector con él (aunque lo negara), pero no le desagradaba ese lado de su amigo, la verdad es que le gustaba sentirse protegido.

Entró a una pequeña sala que estaba en el tercer piso, en ella lo esperaban, tal vez las únicas dos personas con las que hablaba en aquella gran universidad, aparte de Rin. Una de ellas era Rei, y la otra se trataba de un chico bajito, con cabello rubio y orbes de un lindo color rosa, su nombre era Hazuki Nagisa y al igual que Rei, estaba en su primer año de universidad, estudiaba turismo pues su sueño era recorrer todo el mundo, su personalidad era bastante enérgica y risueña, convirtiéndolo en un chico muy agradable. A ambos adolescentes los conoció en la biblioteca, a Nagisa lo conoció al ayudarlo a sacar un libro de astronomía que por esas grandes coincidencias también había leído y le había encantado, se entretuvieron hablando sobre él por mucho tiempo, olvidándose de que estaban en la biblioteca, siendo regañados por Rei, que al ver el libro, también empezó a hablar con ellos. Se hicieron amigos de inmediato, Makoto estaba feliz ya que ahora no sólo tendría a Rin en la universidad, no era que no hablara con sus compañeros de clase, pero prefería mantenerse algo alejado. Existían muchos clubs en la universidad, uno de ellos era el de periodismo, por lo general debían usarlo los que cursaban la carrera, pero como lo tenían abandonado, Nagisa decidió adueñarse de él; Makoto los ayudaba de en vez en cuando para editar los textos, pues amaba corregir los escritos, tal vez era uno de sus pasatiempos favoritos junto a los crucigramas, cosa que lo convertían en alguien muy interesante por supuesto. Estaba centrado en su labor, cuando Rei se sentó a su lado para decirle algo que le preocupaba desde ayer.

—Makoto-san… —Llamó la atención del mayor, Makoto inmediatamente dejó de hacer lo que estaba haciendo y miró al muchacho con una sonrisa— Bueno… Quería hacerle una pregunta.

—Claro, dime —Rei se removió incómodo en su asiento, no sabía cómo tocar el tema, pero prefirió ir al grano.

— ¿Conoce a Nanase-san? —Makoto parpadeó un par de veces ante la pregunta de su amigo, el tono de voz que usó para nombrar a Haruka, no era el amable que siempre usaba.

—Bueno un poco, es amigo y compañero de Rin —Explicó sin saber por qué el adolescente de hebras azuladas desviaba la mirada como si no le gustara hablar de él— No hemos hablado mucho, pero es muy agradable.

—Makoto-san… Es mejor que mantenga las distancias con él —El chico de orbes esmeralda frunció el ceño, Rin le había dicho algo parecido.

— ¿Hablan de Haru-chan? —El pequeño rubio interrumpió la conversación de los dos adolescentes— ¡Él vive en la misma residencial que yo! Siempre me lo topo en las mañanas, pero tampoco he hablado mucho con él, siempre anda con esa actitud de "No me interesa hablar contigo" —Decía imitando la voz del pelinegro, provocando que Makoto riera un poco— Al parecer es un prodigio en la natación.

—Sí, Rin dice que es como un monstruo cuando entra al agua —Agregó el más alto volviendo su atención a las hojas frente a él.

— ¿Por qué le dices por el nombre cuando ni siquiera se conocen? —Lo regañó Rei a lo que Nagisa sólo le sacó la lengua en burla— Como sea, Makoto-san por favor tome mi consejo —Se levantó ajustando sus gafas, un gesto muy usual en él— Tengo clases ahora, debo irme —Dijo saliendo del salón que usaban para el club.

—Rei-chan estaba algo extraño, ¿No lo crees? —Decía Nagisa mientras se balanceaba en la silla.

—Sí… —Makoto mentiría si dijera que no estaba intrigado con todo el asunto— Nagisa no juegues así con la silla, te vas a lastimar.

—Sí mamá… —El más bajo obedeció a las palabras de su madre y se sentó correctamente— Mako-chan, ¿Podemos ir el fin de semana al estreno de una nueva tienda de mangas en Ikebukuro?

— ¿En Ikebukuro? —Subrayó unas palabras con un marcador rojo, para luego mirar a Nagisa— Está bien, tengo algunos planes ahí después de todo.

El día transcurrió normalmente, ya era bastante tarde y el sol estaba por irse y dejar que el cielo se oscureciera por completo, Makoto se encontraba en la biblioteca, tratando de resolver ejercicios de ecuaciones diferenciales, las que no entendía absolutamente nada. Cuando escogió estudiar pedagogía en literatura y lenguaje, lo hizo porque amaba los libros y en parte porque no tendría que ver las matemáticas, pero la Universidad de Tokio era muy exigente, y no tenía reparos en introducir en una carrera totalmente lingüística, matemáticas aplicadas, pues según su visión como institución, un buen profesor debía saber el arte de las letras y los números por igual. Un gran suspiro salió de sus labios al ver la cantidad de problemas por resolver, apenas había aprendido a resolver ecuaciones de un grado, estaba más que seguro de que reprobaría la asignatura, pues apenas había terminado la tercera ecuación de cincuentas, y ni siquiera sabía si estaban bien hechas. Estaba en su intento número seis, para resolver la cuarta ecuación, cuando sintió una respiración detrás de su nuca que lo hizo congelarse por completo, se encontraba sólo en la biblioteca, acompañado por un silencio absoluto, decidió concentrarse en su ecuación, haciendo caso omiso, pero nuevamente sintió una fría respiración detrás de su nuca.

— ¿Por qué estás aquí tan tarde? —Le susurró Haruka quien estaba detrás de él.

— ¡Woa! —Asustado, Makoto casi cayó de su silla si no hubiera sido por el pelinegro que lo sostuvo del brazo— Na-Na-Nanase-san, no me asuste así, cielos… —Suspiró mientras se llevaba una mano a su pecho.

—Lo siento —Haruka le sonrió, sin soltar el suave agarre de su brazo— Entonces… ¿Por qué estás aquí?

—Yo… Estoy tratando de hacer unos ejercicios de ecuaciones, pero… No soy muy bueno que digamos —Rió algo nervioso, ya que podía sentir la intensa mirada oceánica sobre él.

—Déjame ayudarte —El más bajo se sentó a su lado, apegándose un poco a él. Tomó el lápiz que estaba usando y comenzó a hacer unos que otros cálculos rápidos; en tan sólo cuestión de segundos, Haruka ya tenía la ecuación resuelta y a Makoto totalmente asombrado.

—Eres increíble Nanase-san, yo me habría demorado toda la noche tratando de resolverla —Lo halagó el precioso muchacho, el de ojos azules sólo se encogió de hombros restándole importancia al asunto, lo que más le importaba era la cercanía que estaban teniendo en ese dulce momento.

—Puedo enseñarte si quieres —Dijo rozando su rodilla con el muslo del adolescente de hebras olivas, y aunque todo pareciese natural, cada movimiento que hacía el nadador, tenía una doble intención.

— ¿En serio? —Los orbes esmeraldas que parecían los más hermosos bosques encantados, se iluminaron haciendo que el corazón de Haruka comenzara a latir y su sangre correr.

—Lo haré si sólo me llamas Haru —Insistió, apoyando su mentón en la palma de su mano. Makoto se quedó en silencio unos segundos antes de asentir.

—De acuerdo Na… Quiero decir, Haru —El pelinegro se lamió el labio inferior al escuchar por fin su nombre salir de aquella boca, escuchar aquella dulce voz pronunciándolo, era como una especie de afrodisíaco al que podría volverse adicto de inmediato, se preguntaba si sería un afrodisíaco más potente si escuchaba a esa dulzura algo más agitado y poseído por el placer.

Haruka se acercó un poco más al muchacho que tanto deseaba tener, nuevamente rozó su rodilla con el muslo de Makoto, haciendo que éste se removiera un poco en su asiento. Se quedaron alrededor de dos horas más en la biblioteca, mientras que Haruka le explicaba, Makoto iba resolviendo las odiosas ecuaciones. La noche iluminaba Tokio, ambos adolescentes caminaban por sus calles de regreso a casa, estaba bastante frío, el chico de orbes esmeralda se refregaba sus brazos para darse calor, cosa que notó el nadador.

— ¿Tienes frío? —Preguntó lo evidente, mirando como la piel de ese hermoso cuello se erizaba.

—Uhm… Un poco —Sonrió abrazándose y deseando querer volver a casa pronto, además de que ya era tarde y Rin probablemente estaría molesto.

—Puedes usar mi bufanda si quieres —Desató el nudo y le entregó la acogedora tela; sus dedos se tocaron provocando un choque electrizante, había algo en él que desconcertaba a Makoto.

— ¿Estás seguro? ¿No tendrás frío? —Haruka negó tranquilamente, le quería proporcionar calor a su hermoso ángel, aunque le hubiera gustado hacerlo de otra manera— Gracias, olvidé la mía al salir temprano —Caminaron un poco más hasta llegar a la estación, Makoto se detuvo frente a ella, dándole una hermosa sonrisa a Haruka— Creo que aquí nos separamos.

—Está bien, te acompañaré hasta tu departamento —Dijo entrando a la estación, el adolescente de hebras olivas lo siguió algo confundido.

—No tienes que hacerlo —Se detuvo a su lado a espera del tren.

—Tokio por la noche es peligroso —Explicó con su monótona voz, conectando su mirada con los hermoso orbes esmeralda— Además… Eres muy bonito para irte solo a esta hora —Le sonrió coquetamente.

— ¡N-no digas esas cosas! —Makoto se sonrojó furiosamente, trató de ocultar su rubor con la bufanda de Haruka, pero era en vano; el pelinegro ya lo había visto y grabado en su mente.

El tren llegó a los pocos minutos, el viaje fue silencioso, Makoto aún avergonzado por el comentario del pelinegro, decidió centrarse en lo que veía en la ventana, aunque sólo pudiera presenciar la oscuridad de la noche. Haruka por su parte, estaba encantado observando el sonrojo del ángel a su lado, quería tocarlo ahí mismo, besar esos labios y provocar un rojo más fuerte en sus mejillas, escucharlo gemir su nombre cada vez que llegue a su punto dulce en lo profundo de su calor interno y llevarlo al éxtasis del placer. Sin embargo, no podía inquietarse, debía contenerse, sabía que tenía que ir lento con el precioso chico, pues una presa que se come lentamente, se sentía su sabor mucho mejor.


Es todo mis amores! Espero les haya gustado.

Preciosas criaturas les deseo una muy feliz navidad y un prospero año nuevo! que tengan unas hermosas fiestas con sus familias y les lleguen todos los regalos que pidieron, y si no, pues sólo disfruten de la compañía de sus cercanos.

Nos leemos en el prox capitulo!

Hasta entonces, se despide su servidora.

Airi.

¡Muchos kissus llenos de amor virtual!